SIEMPRE QUISE SER UNA CHICA ALMODOVAR


Ayer Silvia me contó que Juanjo por fin se había marchado. Bueno, en realidad yo diría que nunca había llegado del todo, al fin y al cabo él en realidad era un chico pijo del barrio de Salamanca, que opinaba que vivir en una atestada calle del centro era jugar a ser chica Almodóvar. Donde se encontrase Goya, no lo comparemos con un sucio callejón. Pero Silvia y yo estamos hechas de otra pasta, nos gustan las casas abuhardilladas, las habitaciones un poco destartaladas y que incluso al salir de casa por la mañana el travesti de la esquina te pida fuego y te sonría. Hay muchos Madriles en este Madrid, tan grande y tan pequeño al mismo tiempo. El de Juan José (lo de llamarle Juanjo nunca le ha gustado, que él siempre ha tenido más clase) eran los grandes pisos de las calle Serrano, y que cuando sales de casa por la mañana de camino a su estupendo despacho, tuviese a la puerta al portero con librea que le entregase las llaves de su último y flamante descapotable. Pero claro, en esta calle del centro donde nosotras vivimos, ni cabe un coche ni mucho menos un descapotable, éste es otro Madrid del que él siempre renegó.

En fin, no sé si Silvia lo echará de menos; yo desde luego no. No me gustaba nada ese aire de autosuficiencia y esa sonrisa de "pobrecita, mírala que pinta", que se le adivinaba en los labios cuando las raras mañanas en que estaba en casa, me miraba desde el sofá mientras yo me preparaba ese primer café tan necesario con mi pijama de rayas y mis pantuflas de ovejas. Si tanto te disgusta ésto, ¿por qué no te vas?, dios, cuántas veces lo he pensado. Pero no se iba, o mejor dicho, iba y venía a ese piso con tan poco gusto en el que el Deseo podría producir una de sus horrendas películas. Encima no le gustaba Almodóvar al cabrón, ¿qué le va a gustar a ése?.

Su último gesto magnánimo ha sido decirle a mi amiga que le tenía que devolver sus pertenencias. A él, al chico rico y pijo que viaja en descapotable por Castellana, que toma el vermut en el Jose Luis los domingos, a él que estaba tan por encima de esa buhardilla en la que a veces se veía obligado a pernoctar... Sí, a él, el que se jactaba del dinero que tenían sus papis, que no entendía la vida sin un abrigo de Burberrys, a ese Juan José que espero nunca volver a encontrarme en mi salón, mi amiga le tenía que devolver sus pertenencias. Al loro, éstas consistían en un cepillo de dientes, unas zapatillas medio rotas, una camiseta que tenía más años que yo y un pantalón desgastado de un pijama que no recuerda sus orígenes. Porque claro, para eso él tiene más clase que el resto.

Silvia, -le dije-, ¿no pretenderás acceder también en eso a sus arbitrios?.

¿Qué quieres que haga? - me dijo ella-

Se me acaba de ocurrir una cosa.

Subí a la buhardilla, cogí las cuatro cosas que eran su legado en aquella casa, salí a la terraza y las tiré a la calle. Desde un quinto en una fría noche de diciembre, aquello era digno de una escena de una película de Almodóvar, su ropa cayendo hacia la calle y alrededor nuestros amigos los travelos.

A éste no le gustaba Almodóvar, - le dije a mi amiga-, pues esta última escena se la dedicamos a su falta de sensibilidad. Y saca ese champán que tenías para Nochevieja, que hoy sí que tenemos algo que celebrar. Sonríe mujer, que hoy empieza una nueva historia...

LA MELANCOLÍA DE CALLES PERDIDAS QUE HUELEN A MAR

El domingo por la tarde visité de nuevo la Alfama. No importaba el frío, ni el viento, ni la lluvia que a veces caía y otras veces sólo amenazaba. Desde el Miradouro das Portas do Sol, de cara a ese río que ya sabe y huele a mar volví a sentirme como en casa, perteneciente a ese lugar que tanto me ha marcado. Desconozco si existen las vidas anteriores, pero si fuera así, sin duda yo viví en la Alfama, recorrí sus calles, me enamoré de sus ausencias y me empapé de la nostalgia de sus fados...


Qué raro es el tiempo, qué extraña la manera que tiene de transcurrir, a veces tan rápido, otras veces tan lento. Pero apostada frente a ese azul intenso, el frío no me importa, ni siquiera lo siento. Contemplo los contornos de ese barrio que guarda en su memoria tantos tristes secretos, algunos de ellos sepultados bajo los adoquines de sus estrechas callejuelas. La belleza del lugar aún es mayor en esta tarde de invierno, sólo las campanas de las iglesias marinas interrumpen el silencio, o el traqueteo lejano del eléctrico 28 al doblar la esquina. Todo lo demás es silencio, abrumador y a la vez melódico, silencio detenido en un lugar donde el tiempo hace mucho que se ha parado en un momento indeterminado. Hace tanto frío en esa tarde de domingo que ni siquiera hay gente en este lugar, el más bello de Lisboa. Pero aunque me queden sólo unas horas en esta ciudad, no puedo irme de ella sin despedirme de mi Alfama.

Lisboa, menina e moça. Alfama de mis amores... te echo tanto de menos que tu recuerdo me hace daño en el alma







ENFRÉNTANTE A TUS MIEDOS

Una de las cosas que estoy trabajando últimamente es el Miedo. Si, así como suena, no hace falta que pongáis esa cara de extrañeza, que no es para tanto. Me va por rachas, pero en los últimos años siempre he tenido un especial interés por la psicología en general. Primero me dió por leer revistas de psicologia (casi todas las que salían al mercado), después me dió incluso por matricularme en Psicología en la Uned (pero después de estudiar como primera carrera Derecho y estar ya trabajando desde hace años, no podía tomármela tan en serio), más tarde llegaron los libros de autoayuda, y en la actualidad compagino la lectura de libros de autoayuda con la realización de cursos sobre Inteligencia Emocional, Coaching etc. Todo esto me ha servido para sacar algunas conclusiones que creo que son de gran ayuda en la vida diaria, os las iré contando poco a poco.


El otro día comentaba con mi amiga Olga que nuestra generación es la de la búsqueda de la felicidad. Sonará a chorras, pero es verdad. La generación de nuestros abuelos tenía como meta no morirse de hambre, o salir de la pobreza y hacer su vida un poco mejor. En gran medida lo consiguieron, pero no estudiaron, por lo que lo que querían para sus hijos, nuestros padres, es que estudiasen. La generación de nuestros padres estudió y encontró un trabajo mejor que el de sus padres, lo que les permitió vivir más desahogadamente. Sin embargo en su infancia, la época en que sus padres luchaban por salir adelante, echaron de menos muchas cosas, por lo que a sus hijos, es decir nosotros, nos dieron más caprichos, nos enviaron a estudiar a Inglaterra, nos compraron deportivas Adidas que ellos nunca tuvieron y en definitiva nos dieron los caprichos que ellos no tuvieron. Y nosotros... puff, podríamos hablar tanto sobre nosotros... Nosotros estudiamos, tuvimos una infancia bastante buena y cuando llegamos con nuestra carrera, nuestra responsabilidad, nuestros idiomas, el piano, el tenis etc, después de muchos años nos encontramos con un trabajo gris para el que no sería necesario estudiar, en el que nos tenemos que matar a codazos, que nos produce estrés y que nos deja para el arrastre. Y en medio de esa vida gris, intentando llegar a fin de mes pero con vuelos low cost e internet hasta en la sopa, vemos que todo lo que hemos hecho hasta ahora no nos ha servido casi de nada. Y ¡cuidado!, que estamos en crisis e igual perdemos el trabajo. Nos puede el estrés, la desazón, esa sensación de infelicidad... porque lo que nuestros padres nunca nos enseñaron es a luchar por ser felices, y en eso somos autodidactas. Nos dedicamos a la meditación, el taichí, la autoayuda, el psicoanálisis, lo que haga falta... simplemente por encontrar nuestro lugar en el mundo y sentirnos un poquito mejor. Creo que lo que nuestra generación transmitirá a sus hijos es la idea de buscar la felicidad desde pequeñitos, eso que nos está costando tanto a nosotros de adultos.


Pero volvamos al miedo, que es de lo que hablábamos. Hace más o menos un mes hice un curso sobre Inteligencia Emocional (ya os hablé de él en su momento), y de él saqué muchas conclusiones, pero una de las que saqué es que debía trabajar más el Miedo: el concepto del miedo, mis propios miedos, las consecuencias de ese miedo etc. Me dijeron una frase que creo que lo ilustra todo. Os la dejo para que vosotros penséis también en ella:


"El miedo es un monstruo que inventamos nosotros mismos y luego nos asusta y nos persigue".


A veces es bueno tener miedo. El miedo es capaz de hacernos reaccionar ante un peligro, salvando a veces nuestra propia vida. Ésta es la parte positiva del miedo, pero la parte negativa es mucho más grande y nos perjudica infinitamente más. La parte negativa del miedo nos hace anquilosarnos, ns paraliza, nos impide proseguir adelante. En ocasiones es nuestro propio miedo, muchas veces es el miedo de los demás el que guía nuestras acciones.


Conocer el miedo es fundamental para poder controlarlo. La gran mayoría de las veces el miedo que sentimos es infundado, no existe sino que lo creamos nosotros, o de existir, no es como nosotros lo pintamos, sino que la realidad es mucho mejor de lo que nosotros creíamos.


1. IDENTIFICA TU MIEDO. ¿A qué le tengo miedo?

2. PROCEDENCIA DEL MIEDO. ¿De dónde proviene mi miedo?

3. CONSECUENCIAS DEL MIEDO. ¿Qué me impide hacer mi miedo?

4. SITÚATE EN LA PEOR SITUACIÓN. ¿Qué sucedería si nuestro peor miedo se hiciese real?

5. ENFRÉNTATE AL MIEDO. Si lo peor ha sucedido, ¿qué puedo hacer?

6. PREVIENE LAS CONSECUENCIAS DE LA REALIDAD. Áhora que sé todo lo anterior, antes de que suceda, ¿qué puedo hacer para hacer que no se produzca?. O en el caso de que se produzca, ¿qué puedo hacer para asumirlo y que me duela lo menos posible?.


Seguro que muchos habéis leído hablar de "¿Quién me ha robado mi queso?, y en el caso de no haberlo hecho, seguro que alguien os ha hablado de él. Cada uno saca sus conclusiones de este libro, la mía es que tienes que enfrentarte a tus miedos. Resumiendo la historia: hay dos ratoncitos y dos personitas encerradas en un inmenso laberinto y necesitan encontrar queso para sobrevivir. Un buen día encuentran un montón de queso y todos se habitúan a esa situación, entendiendo que se merecen el queso, ya que han trabajado muy duro para conseguirlo. Un buen día el queso se acaba. Los ratones en seguida reaccionan y sin pensárselo dos veces se lanzan al laberinto a buscar más queso, lo terminan encontrando y es un queso mejor que el anterior. Pero las personitas se quedan paralizadas, tienen miedo, no saben qué hacer... Una de las dos personitas nunca superará su miedo, la otra terminará superándolo, pero mientras lo hace y no tendrá que enfrentarse a sus propios miedos, replantearse su vida, no hacer caso a los miedos que su compañero le infunda. Pero al final lo conseguirá, saldrá al laberinto, vencerá sus miedos, se adaptará a las circunstancias y terminará encontrando el queso.


Y es que quien la sigue la consigue, lo difícil casi siempre es ponerse en marcha, vencer nuestros miedos, enfrentarnos.


Ya sé que estamos en época de crisis y que los ánimos cada vez están más bajos, pero precisamente por esto tenemos que poner más de nuestra parte. Los orientales, que de felicidad saben muchísimo más que nosotros, nos sacan años luz, tienen una palabra para el significado de nuestra palabra crisis. Es una palabra que tiene dos significados: mala fortuna y oportunidad. Y es que cuando una puerta se cierra una ventana se abre, o lo que es lo mismo, si se acaba tu queso, busca otro y quizá encuentres uno incluso mejor. Por eso, a enfrentarse a nuestros miedos. No debemos dejar que sigan haciéndose más grandes y nos asusten cada día más y más. Tenemos que mirarles de frente, asumirlos y superarlos. Ahí está el futuro y ahí estamos nosotros, y el propio miedo nos tendrá miedo.


(La imagen es de Kukuxumuxu)


LOS COLORES DE LA VIDA

Hay una canción de Sabina, seguro que todos la conocéis, es la del Pirata Cojo, y habla de las cosas que nunca seremos, pero a veces es agradable echar la imaginación a volar ¿no?.

Yo quisiera ser cosas normales. De hecho, si me tocara uno de esos botes de los euromillones a los que nunca juego, haría algo tan simple como cogerme el primer avión a Lisboa, desembarcar en la Alfama y buscar una casa con los balcones orientados al mar. Una casa de fachada de cal, descascarillada, a medio caerse, pero llena de la nostalgia de este rincón único en el mundo. Allí establecería mi universo, invitaría a mis amigos, abriría las ventanas para que entrase el olor del mar, escucharía fados y nostalgias y olvidaría todo este mundanal ruido que me rodea.

Allí me dedicaría a pararme a pensar en las cosas en las que a veces no pienso, las que me cuesta afrontar, las que evito y las que no quiero conocer. Y escribiría mis pensamientos en forma de historias, de libros, de relatos que el gris mundo que me rodea no me deja hacer ahora. Subiría y bajaría casa día las colinas de la bella Lisboa, a bordo del eléctrico 28 que adoro. Y sobre todo me dedicaría a plantar allí mi campamento base, mi verdadero hogar, el lugar de la serenidad donde ser yo misma y olvidar todas las cosas que hoy soy no quiero ser. Cosas tan sencillas como dedicarse a algo que realmente te gusta, no tener que levantarte cada día en este mundo gris para ir a un trabajo gris que encima muchos se pasan el día amenazándote para que lo conserves a pesar de quemar tus esperanzas en él. Yo sólo quiero ser yo misma, coger Mi Vida y vivirla como se merece, sin estridencias, simplemente dedicarme un poquito más a mí, recordar las pequeñas cosas verdaderamente importantes de la vida, pensar, en definitiva vivir y sobre todo intentar ser feliz con lo que haces y con quien eres, todos los días de tu vida.


Uff, esto parece un relato de autoayuda, pero es que hoy he tenido un día un poco malo. Bueno, en realidad no, para que los días fueran malos tendrían que serlo en la parte importante de mi vida, en la que soy yo realmente, cuando salgo del trabajo gris y me meto en mi mundo a medio color entre Amodóvar y un arcoiris sui generis. Y como no pienso renunciar a esto, mientras los días siguen siendo grises, yo seguiré pintándolos de colores, aunque sea en mis pequeños trocitos, en los que yo puedo intervenir. Como por ejemplo el hecho de escribir esta pequeña entrada, que quizá no tenga mucho sentido, pero al fin y al cabo éste es mi diario virtual, no hay olvidarlo.


¡¡¡¡Póngamonos a pintar nuestras vidas!!!!, así serán más bonitas, más como a nosotros nos gusta...


En este trocito actual, mi universo es azul, como el azul intenso del cielo de la Alfama que la semana que viene veré de nuevo y el horizonte intenso e infinito de ese mar que la besa.

EL DIARIO NO HABLABA DE MI (NI DE TI)

Hay una canción de Sabina que habla de las cosas que nunca salen en el periódico, de las vidas que nunca quedarán reflejadas entre sus páginas... Leyendo un post sobre recuerdos asociados a la música (gracias por la idea cris), no sé cómo me vino a la memoria los acordes de esa canción, una de tantas de las de Sabina que de un modo u otro marcaron y siguen marcando mi vida.


Ayer por la tarde fui a ver a mi amigo Pepe, que cantaba en la Saña Gayarre en el Palacio Real. Después del concierto, tomando un vino enfrente del teatro, en el Alabardero, Pepe me presentó a una amiga suya, y le dijo refiriéndose a mí : "ésta es Eva, una amiga de toda la vida.." Y tanto, hace doce años que le conocí, doce años de amistad, un tiempo que probablemente para algunos sea corto, pero que a mis veintiocho abriles matarile, es casi media vida (al menos para mí). Allá por aquella época yo era muy distinta a lo que soy ahora en algunas cosas, sigo siendo la misma en otras. Y también por aquel tiempo más o menos, escuchaba Mentiras pidosas de Sabina y esa canción: "Pero nada decía el programa de hoy de este eclipse de mar,de este salto mortal, de tu voz tiritando en la cinta del contestador,de la manchas que deja el olvido a través del colchón..."

En todos estos años creo que mi vida nunca ha salido en un periódico, ni la mía ni la de las miles de personas anónimas que me cruzo cada día en este Madrid también anónimo y que he adoptado como mi verdadero hogar. Escuchando a Sabina y viendo películas de Almodóvar, creo que imaginaba mi vida de una manera un poco diferente a lo que es hoy (a dios gracias), pero en el fondo de ella alguna vez he tenido alguna noche sabiniana y algún episodio almodovariano. Pero en el resto, aún no he tenido que salir en la página de sucesos de ningún periódico, y por ello el diario seguirá sin hablar de mí.

Hoy amor, como siempreel diario no hablaba de ti, ni de mí.Hoy amor, igual que ayer, como siempre el diario no hablaba de ti, ni de mí.

VESTÍAS DE AZUL

Muchas veces en la vida las cosas dependen en gran medida del color que tengan, o del color con el que las quieras ver. Hay colores que se quedan grabados en nuestras retinas en un recuerdo imborrable, simplemente basta con cerrar los ojos para volver a verlos.


Esta tarde he acabado de leer "La flor de mi secreto". Sí, no es un error tipográfico, lo he acabado de leer, porque aunque casi todos conoceréis la película de Almodóvar, lo que he estado leyendo estos últimos días fue el guión en que se basó. Escrita y remodelada por nuestro querido Pedro, quizá esta película es la que más me gusta de toda su filmografía. Casualmente, hace años que no la veo. Recuerdo que le tenía en Oviedo, cuando vaya en navidad tengo que recordar buscarla y tráermela a Madrid, me apetece volver a verla. Este guión recoge el texto de la película en sí, y al final del libro un Epílogo que contiene las reflexiones del autor. No sé si debe a que Almodóvar es libra como yo, o a que la fascinación que siempre he sentido por sus películas hace que me sienta aún más identificada con él y su forma de sentir, pero es que sus reflexiones podrían ser mías.


Almodóvar dice algo así como que las películas no son lo que son sino los recuerdos que has guardado de ellas. Yo tengo muchos recuerdos de La Flor de mi Secreto después de tantos años, retazos de aquí y allá que probablemente no existan en la cinta original sino en mi cabeza. Pero hay un recuerdo intenso, el momento en que Echanove y Marisa Paredes se cruzan en medio de una manifestación, ella está huyendo de sí misma, él buscando ni sabe qué. Mucho tiempo después él le dirá "De azul vestías tú el día que huyendo de tu vida, te chocaste con la mía". Me ha alegrado ver que esta frase era una de las que Almodóvar quería resaltar de toda la película, esa escena del encuentro en medio de la huída, ya que mis recuerdos selectivos otra vez han sido almodovarianos. Porque Almodóvar nos dice en el epílogo del libro que es cuestión de colores.


Curiosamente esta escena se basa en una escena de la inolvidable Casablanca. Cuando Bogart vuelve a ver a Bergman ella le pregunta si recuerda el día que los alemanes ocuparon París, el último día que se vieron. Él le constesta: "Los alemanes vestían de gris y tú de azul

BÚSCATE A TI MISMO Y BUSCA LA FELICIDAD



Vuelvo de nuevo a la carga, con una sensación de hoy es domingo, pero en realidad es lunes. Resulta que estoy haciendo un curso requeteinteresantísimo sobre Inteligencia Emocional, curso que por cierto me está encantando. Pero ay, es los viernes de 4 a 9 de la tarde y los sábados de 9.30 a 14.30 horas, por lo que el fin de semana es visto y no visto, y por eso ayer estaba cabreada porque pensaba que era sábado (o tenía esa sensación) y en realidad era domingo. La parte positiva es que si hoy ha sido lunes, mañana, cuando crea que es lunes, en realidad será martes, y eso que le he sacado ya a la semana. Para que alguien se atreva a decir que no le estoy cogiendo el tranquillo al curso, que precisamente consiste en sacar el punto positivo de las cosas. Sí, ya sé que la inteligencia emocional es mucho más que eso, pero como aquí hablamos como de andar por casa (que para es es mi diario virtual), pues las entradas, también son así, en zapatillas. Quizá cuando termine el curso me dedique a escribir una entrada como dios manda sobre la inteligencia emocional, pero de momento, simplemente divago sobre ella.

El caso es que ya aprovecho para deciros que la Comunidad de Madrid tiene unos cursos maravillosos para trabajadores y además son gratuitos. Os dejo el link para que les echéis un vistazo, porque creo que merecen realmente la pena. http://www.ceim.es/formacion/

Y concretamente, los de técnicas y habilidades personales, que ahora están tan de moda, merecen especialmente la atención. Así que yo que soy un culo inquieto y que además me nacen intereses sobre las cosas más raras de este mundo, me he visto metida de lleno en el maravilloso mundo de la inteligencia emocional.

Recapitulemos... muchas veces estamos hartos de nuestras vidas, de esta rutina en esencia que llena nuestras horas, del trabajo que soportamos como podemos, de la familia, de las obligaciones, de la hipoteca o de la suegra (en esta lista podéis añadir lo que vosotros queráis). Entre ese panorama que tenemos a nuestro alrededor y nuestro propio cerebro, ya tenemos el lío armado. Sí señores, porque nosotros, somos nuestro principal enemigo, eso es lo primero que tenemos que aprender. Os sorprenderá saber que nuestro cerebro emite miles de mensaje subliminales cada día y que alededor del 80% de ellos son negativos, por lo que hay que poner mucho de nuestra parte para buscar la felicidad y aplicar las técnicas de inteligencia emocional. Igualmente, si somos negativos, las células de nuestro cerebro se cargarán de negatividad y cada vez resultará más difícil salir de ella. Sé que a muchos os parecerá una tontería lo que estoy diciendo, pero es totalmente real y está demostrado empíricamente, aunque los científicos que han hecho todas estas estadísticas, seguramente lo enunciarían de una manera mucho más técnica que la mía. Pero no debemos olvidar que esto es un blog de andar por casa, no pretende ser nada más.

¿Sabéis por ejemplo que también estadísticamente está demostrado que la cantidad de veces que la humanidad intenta algo es de 0,8? Sí, ni siquiera nos mojamos e intentamos las cosas una vez, sino que como presuponemos que no lo vamos a conseguir, no le damos ni una sola oportunidad.

Pues bien, esto de la Inteligencia Emocional ya sabía yo que me iba a encantar, ahora creo que me engancharé a todo lo que tiene que ver con ella. Es una realidad que si luchamos contra la negatividad siendo optimistas y positivos, veremos que nuestra vida mejora, aunque sea en pequeñas parcelas. Hay que saber buscar la parte positiva de todas las cosas, que seguro que está ahí, aunque haya que escarbar un poquito. Y si uno quiere algo, tiene que intentarlo, tiene que poner todo de su parte. Os dejo también el link de la web del profesor que me está dando este curso que me está viniendo tan bien: http://www.davidcru.com/, cuya página seguro que os gustará mucho y será capaz de pensar que otro mundo es posible, y que hacerlo posible o al menos hacerlo un poco mejor, depende en gran manera de nosotros.

Una última curiosidad, ¿habéis oído hablar del hombre más feliz del mundo?. Es un monje budista, que vive sin ninguna posesión terrenal y que empíricamente tiene dentro de su cerebro los mayores porcentajes de optimismo que se han podido descrubir en un ser humano. Sin embargo, decir que un monje budista es el hombre más feliz del mundo, ni siquiera nos llama la atención, ya sabemos que los orientales en eso de la búsqueda de la felicidad están mucho más desarrollados que nosotros. Pero es que lo que verdaderamente llama la atención es que se trata de un occidental, Matthieu Ricard, que de hecho vivió en París hasta que tenía unos treinta años. Hijo de un filósofo, desrrollaba una importante carrera científica dedicada a la investigación, con una vida occidental de primer nivel, hasta que un día se dio cuenta de que no era felix, y se fue al fin del mundo es busca de esa felicidad y la encontró.

Por eso, amigos míos, tenemos que buscar la felicidad, pero dentro de nosotros mismos, poner toda nuestra fuerza en que la balanza se incline hacia lo posotivo, para mejorar nuestras propias vidas y conocernos mejor a nosotros mismos y así poder vivir más felices con nosotros y con todo lo que nos rodea, relativizar las cosas, intentar comprender, buscar la parte positiva de las cosas...

Un empuje positivo siempre hace las cosas un poco más fáciles.

LA ZAPATILLA QUE SE ESFUMÓ

Una de mis zapatillas se ha suicidado, se ha volatilizado, aunque yo sospecho que ha caído libremente desde un decimotercer piso, envuelta en una de las alfombras. Me baso es que ya otras cosas han caído por la ventana en semejantes circunstancias, menos mal que caen a un parquecito del edificio, no a la calle directamente. En esta ocasión ya echaba de menos la zapatilla derecha desde hace unos días, pero hoy me he vuelto loca buscándola y no está en ningún sitio, por lo que lo único que se me ocurre es que días atrás se haya suicidado en un vuelo sin paracaídas hacia el jardín, y después de la lluvia y este horrible tiempo que tenemos, no quiero ni saber qué ha sido de ella.

Así que mi otra zapatilla se ha quedado sola en el mundo. ¿Y para qué sirve una zapatilla si no tienes la otra para formar un par y ni siquiera tienes un perro que se la coma o que juegue con ella? Buscaré por internet, igual existe algún depósito especial de reciclaje de zapatillas, o se la pueda hacer un regalo anónimo a algún perro necesitado, ¿quién sabe?. Pero ahora estamos nosotras dos solas, la zapatilla izquierda y yo, mirándonas una a la otra sin saber qué decirnos.



Es estupendo esto de tener un blog, un diario virtual en el que escribir lo que quieres, y lo que no quieres no. Quizá sea absurdo hablar de una zapatilla que se ha suicidado o se ha largado a recorrer mundo, como los enanitos del padre de Amelie. Pero pensándolo bien, nuestra vida es un poco absurda, y a veces o lo único que nos pasa es que se nos suicida una zapatilla, o aunque nos ocurran otras cosas, la verdad es que no nos apetece hablar de ello. Por cierto, eso me recuerda a que el otro día mi jefe me preguntó que si hablaba de él en mi blog. Aunque con este comentario le estoy aludiendo, aunque sea de pasada, lógicamente le dije tajantemente que no. La vida de una persona tiene que ser muy reducida para tener que hablar de su jefe en su blog personal, yo prefiero hablar de mi zapatilla desaparecida, que quizá esté corriendo peligros y aventuras allende los mares, bienaventurada ella que puede...

Como es invierno, no tengo vacaciones ni tampoco un duro, y además hace frío, no viajo, pero eso sí, sentada en mi sofá leo y sueño con viajes lejanos. Ahora estoy con "Todo bajo el cielo", de la Asensi, que me lleva teniendo enganchada desde las últimas veintisiete o veintiocho horas... Un libro interesantísimo, de los que enganchan, encima habla de un lugar tan lejano como China, lo justo para que yo eche mi imaginación a volar. Y allí estaba yo, enganchada al libro, volví de casa de mi abuela de pasar el fin de semana, llegué a mi casa, abrí de nuevo el libro pensando en qué le seguiría sucediendo a Elvira y sus compañeros... Todo iba bien, hasta que fui a sentarme en el sofá, busqué mi zapatilla y vi que se había perdido por el mundo, quizá a estas alturas esté en China, lugar que tiene muchas papeletas de ser su lugar natal. Una cosa llevó a la otra, y hasta aquí llegamos, hasta una entrada absurda de este blog que es una mezcla de retazos de esta vida mía a veces tan insípida y otras tan extraña...

Buenas bloggeras noches...

ATHOS




Desde que era pequeña me han encantado los perros, de hecho aprendí a andar entre dos de ellos, aunque resulte difícil de creer. Mi abuelo tenía dos pastores alemanes, que se llamaban Duque y Ray, y además de hacerles perrerías mil (no sé cómo me aguantaban, pobrecitos míos), me sirvieron de taca-taca para que, apoyadando mis manos en sus lomos, aprendiera a dar mis primeros incieros pasos en este incierto mundo. Después de estos perros vendrían otros: Prin, Sir, Duque segundo y sobre todo Dumbo. Dumbo fue el último regalo que me hizo mi abuelo, era un mastín negro precioso, con las patas blancas, parecía que llevase calcetines. Era tan bueno, aunque como buen mastín que era también tenía mala leche si te metías con lo suyo, pero como yo siempre fui parte de "lo suyo", nunca tuve problemas con él ni mucho menos, sino que siempre nos adoramos mutuamente.


Cuando voy por la calle, no puedo evitar pararme con todos los perros, ellos me miran, yo los miro, nos entendemos sin palabras. A veces ni siquiera eso, yo ni los he visto, y de repente veo cómo vienen trotando hacia a mí o me se me suben directamente a modo de saludo. Y es que los adoro, mucho más que a los humanos, no puedo evitarlo.


Pero desde hace muchos años, no tengo ningún perro. Me muero de ganas por tener uno, de hecho mientras estuve en casa de mi madre lo intenté durante años, pero me di de bruces contra una pared infranqueable. Hace casi tres años me independicé, cogí mi maleta y mis sueños y me vine a Madrid, no a empezar una nueva vida, sino a empezar mi vida de verdad lejos del nido. Ya que esto va de animales, no es descabellado a aludir al dicho de que los pájaros tienen que aprender a volar por sí mismos. El caso es que este pájaro se vino a Madrid y alquiló un estudio de 27 metros cuadrados, como una habitación de hotel con vistas a la piscina municipal, casi a la sombra de las torres KIO. Y esa casita se convirtió en su pequeño palacio, en la primera casa que era realmente suyo, su propio nido. Lo llenó de recuerdos y de nuevas vivencias, de cuadros coloristas de su amigo Sergio Cruz y de cientos de libros apilados en cualquier rincón, eso sí, muy estructurados, que vivir en ese espacio necesita un orden.


Mi casa cumple mis expectativas, al menos por ahora. En ella soy feliz, desde ella planeo mis viajes, abro esta ventanita virtual al resto del mundo y dejo que los rayos de sol se cuelen en las ventanas. Pero hay algo que echo de menos, y ese algo es un perro. No un perro cualquiera, sino Athos. ¿y quien es Athos?, pues el cocker que siempre quise tener y que aún no tengo. Si hay un perro que me encanta es el cocker spanier, concretamente el de color canela, con esos ojos tristes y esa alegría desbordante, tan elegantes, tan bonitos, tan llenos de vitalidad. Son perros que te llenan la vida, que te dan alegría y hacen que todos los días sean de colores, y que si alguno de ellos es gris, Athos lo hará un poco más tenue.


¿Dónde estará Athos?, ¿cuántos meses o años le quedará para nacer y llegar a mis brazos?. Todavía no me atrevo a tener a Athos, a salir en su búsqueda. Un perro no es algo que se deba tomar a la ligera y después de dos meses, en las primeras vacaciones deshacerse de él. Además, a un perro hay que cuidarlo, hay que mimarlo, sacarlo a pasear, que corra, que sea feliz. No podemos tenerlo metido en casa todo el día, triste y desamparado, aunque con los horarios de trabajo que tenemos y viviendo en un lugar como Madrid, esto se plantea difícil. Pero algún día llegará.


Cualquier día, tendré a Athos ladrándome mientras escribo este blog, dándome su cariño, llenando esa pequeña parcela de mi vida y de mi corazoncito que serán para él y que siempre han estado esperándole. Mientras, tendré que conformarme con el cariño prestado de todos los perros que se cruzan en mi camino cada día, que me cruzo por la calle, a los que acaricio, con los que intercambio miradas de cariño.


Pero algún día, Athos estará aquí conmigo, algún día...





No lo he dicho, pero por supuesto (los bibliófilos ya lo habrán adivinado), el nombre de Athos es por mi mosquetero favorito, el más noble de todos.

NAVIDAD EN OCTUBRE

Señores, hoy es 14 de octubre, al menos que yo sepa, pero por un momento me he quedado pensando si no sería 14 de diciembre y yo no me habría enterado. Hombre, a veces no sé muy bien ni en qué día vivo, pero de ahí a saltarme dos meses en el calendario, me parece un triple mortal demasiado grande incluso para mí. Pero sí, esta tarde, o mejor dicho ya casi esta noche, porque aunque eran las ocho ya había anochecido, en uno de los pisos del edificio que hay enfrente de mi casa he visto un árbol de navidad. Sí, sí, os lo podéis quedar, un enoooorme y magnífico árbol de navidad, que además, para difundir más si cabe su existencia y su alegría, estaba iluminado. Así que imaginaros mi cara.... hummm, ¿estamos en octubre?, ya hasta lo dudo. Pero eso es un árbol de navidad, el primero que veo, y es que estos vecinos míos se han dado tanta prisa que incluso se han adelantado a la temporada de los grandes almacenes. Y yo que cuando vivía con mi madre nunca me dejaba montar el árbol antes del puente de la constitución, cuando a mediados de noviembre ya tenía ganas, pero lo de mediados de octubre, eso ya me ha dejado descolocada.

¿Cómo será nuestra navidad este años?, pues supongo que más o menos como siempre. Si hay crisis, los Reyes Magos este año serán un poco más tacaños, pero en general todo seguirá igual. Hoy mi compañera Conchi me ha recordado que estamos en crisis. El comentario venía a que el viernes tenemos pensado hacer una excursión al Outlet multimarca que se celebrará durante dos días, jueves y viernes, de 10 de la mañana a 9 de la noche, en el Mercado de Puerta Toledo. Podía haberle dicho que precisamente porque estábamos en crisis había que aprovechar estas oportunidades de oulets y mercadillos, que nunca se sabe. Pero lo que le dije fue mucho más simple: ésta es la vida que tenemos y será sólo una, con o sin crisis, así que lo que tenemos que hacer es intentar vivirla de la mejor manera que se deje. Podremos tener crisis económica, pero lo que no podemos es permitirnos una crisis de espíritu.

Con estas divagaciones pseudo filosóficas no quiero analiza económicamente la situación actual, que ya bastante mal está. Si lo que queréis es un listado de consejos para ahorrar ésta no es la página que necesitáis leer. Lo que quiero decir, habitantes del mundo, es que tenemos que luchar por nosotros mismos y salir del agujero, que sin duda salir, saldremos (no hay mal que cien años dure). Pero mientras tanto, tenemos que molestarnos en vivir, en levantarnos cada día y mirar a la vida con los mejores ojos posibles, en agudizar el ingenio si es necesario, pero sobre todo en luchar por nosotros mismos y en definitiva vivir.

No sé muy bien cuál es la razón por la que me ha dado por hablar hoy de esto, pero si no me equivoco, un blog es una ventanita al mundo virtual, un pequeño diario donde contar nuestras experiencias, sentimientos, sensaciones, o las cosas que nos pasan cada día. Y a mí ese árbol de navidad en octubre me ha dado alegría. Dentro de un mes seguro que estoy harta de navidades, luces de colores, villancicos y anuncios de juguetes en la tele. Pero ahora que agosto parece que se fue hace un par de días, de repente encontrarse con esas luces parpadeantes y alegres en este mundo gris donde todo el mundo habla de crisis, de tristezas, de agobios, de deudas..., encontrarse ese árbol tan bonito por sorpresa ha sido una alegría. Ya veis, así de tonta soy. La realidad no es lo más bonito del mundo, pero a veces unas simples luces de colores le dan un guiño a nuestra vida. Para que sigamos soñando, que es lo más importante, porque en el fondo es lo que nos mantiene vivos.


LO QUE HA PASADO EN UN MES


Más de un mes sin escribir... Madre mía, esto no se puede consentir, ¿en qué estaba yo pensando? Pues en muchas cosas, sí señor... Lo primero, lo de un mes sin escribir no es rigurosamente cierto, ya que junto a mi querida Chusina me pasé prácticamente tooodo el mes de septiembre escribiendo el blog completo de labodadecarmenymarcos.blogspot.com, que dedicamos a nuestro amigüitos Carmencita y Marquetes en honor a la boda tan maravillosa que celebraron y que compartieron con todos nosotros. Como Chus y yo somos conocidas por no callar ni debajo del agua, en este caso escribimos como posesas durante casi un mes en ese blog, razón por la que mi escaso tiempo bloggero se redujo ostensiblemente, y por esa razón no he podido venir por aquí tanto como espero venir a partir de ahora. Pero el blog quedó simpático, así que os recomiendo que si queréis cotillear un poquito, os déis una vueltecita por él.



Y el resto del tiempo, ¿qué he hecho? Hummm, recapitulemos... vivir, que no es poco. Me he ido de viaje dos veces, lo que no suele pasar en mucho tiempo, así que estoy contenta por ello. El puente de Santa María de La Cabeza en Madrid fue elegido para descubrir dos lugares de nuestra geografía que aún no conocía y que tenía muchísimas ganas de visitar. El primero de ellos fue Soria, una ciudad simplemente maravillosa que creo que se merece una entrada específica en este blog y que es una de las "cosas pendientes" para hacer en este mes de octubre. Después de Soria fue San Sebastián, que aunque parezca mentira, tampoco lo conocía. Así que en esos cuatro días me hice una ruta a San Sebastián desde Madrid pasando por Soria, Olite y Pamplona y como los hoteles en San Sebastián eran carisísisimos y estamos en época de crisis, a la vuelta dormimos en Burgos y comimos en Lerma. Así que fueron unos cuatro diiitas muy condensados en los que visité muchas cosas y me lo pasé francamente bien.

El otro viaje es el que acabo de finalizar ahora, acabo de volver ayer mismo. La idea inicial era ir a Turquía, pero como se salía de presupuesto, nos fuimos al sur en una ruta en coche que nos llevó a Jerez, Sevilla, Córdoba y Granada. También tendré que hablaros de este viaje en otra de esas entradas pendientes. Poco a poco...

Veamos, ¿qué mas ha pasado? Sí, que voy a ser tía. Bueno no tía en sí estrictamente, pero sí tía de cariño, ya que mis amigos María y Guillermo van a tener un@ niñ@ y estamos haciendo apuestas sobre el sexo del bebé. La verdad es que a María le pega más una niña, a mí me da en la nariz que va a ser niña, pero hasta noviembre no lo sabremos. Sea lo que sea yo estoy encantadísima y muuuuuy feliz por ellos y por ser tía de nuevo, qué alegría!!!!


(La foto es de Anne Geddes)


Y el resto del mes, pues... Ah sí, que mi amiga Carmencita (la del blog de labodadecarmenymarcos) estuvo en Madrid unos días en los que aprovechamos para ponernos al día y cotillear. Uno de esos días fuimos a cenar con Tania, otra amiga de Oviedo, a un restaurante cuquísimo y monísimo que se llama el Recuerdo y que aprovecho para recomendaros. Está en Comandante Zorita, en la zona entre Cuatro Caminos y Nuevos Ministerios, un sitio fantástico. Pero antes de ir a cenar fuimos a ver "Espinete no existe" y eso ya fue lo más de lo más. Yo había ido a verla hace dos años y medio y desde entonces no ha cambiado prácticamente en nada, pero dió igual, porque me pasé toda la tarde riendo a carcajada limpia, y yo cuando me río lo hago en tecnicolor y sobre todo en estéreo. Es genial, hacía mucho tiempo que no me reía tanto, es volver a la infancia en una nave espacial y recuperar los mejores recuerdos de aquellos maravillosos años. Ay, Espinete...


Y el resto del tiempo, pues aquí y allá. Me he enganchado al Bookmooch gracia a mi amiga Belén, más conocida en los mundos bloggeros como Geminis Despechada, he seguido escribiendo en ciao, he seguido trabajando (qué remedio), he ido a la boda de mi queridísimo primo Queco, estoy esperando a que las chicas de ciao quedemos una noche para cenar todas juntas, he probado la experiencia del Cliente Misterioso (también gracias a Belén), he ido a la feria de Salamanca a tomar pinchos y vinos (como no podía ser de otro modo), he leido El Corazón Helado de Almudena Grandes y me he quedado sin palabras, me he vuelto a enganchar a las tiras de Mafalda....



La verdad es que así visto, ha dado para bastante este mes ¿no?. A veces pienso lo difícil que es escribir una entrada diaria, o varias semanales, porque casi no tienes nada que contar, pero si recuentas lo que ha pasado en las últimas semanas, ya la cosa cambia. Pero resumiendo, que he vuelto a los mundos bloggeros y a mi querido blog de ItacabuscandoaUlises con muchas ganas, espero conservarlas. Que además octubre es mi mes favorito, el de mi cumpleaños, el del otoño en que las hojas empiezan a caer, el de los sueños y las melancolías, el de las baladas de otoño de Serrat...




Llueve, detrás de los cristales llueve y llueve...





SI ALGUNAS PALABRAS HACEN PENSAR

Cada libro es un pequeño tesoro, un universo entero por descubrir, lleno de secretos, lleno de ilusiones, una historia que te hará soñar y que su recuerdo te seguirá a lo largo de tu vida. En un viaje a Lisboa, en esa ciudad llena de nostalgias y que adoro tantísimo, encontré en una callejuela una furgoneta en la que hablaba del poder de los libros.



Simplemente decía:


"SI ALGUNAS PALABRAS HACEN PENSAR, IMAGINE UN LIBRO".









Precisamente los libros están para eso, para pensar, para aprender, para crecer, para desarrollarnos, para tener sueños...
Y si algunas palabras, te hacen pensar, imagina lo que puede hacer un libro....
La relación con un libro es inexorable, un buen día cae en nuestras manos más o menos por casualidad, lo cogemos, acariciamos su lomo y sus páginas y lo abrimos de pronto por una de ellas y empezamos a leer. Y allí en el libro, entre los misterios de su lectura vamos cayendo atrapados en sus redes, vamos haciéndonos parte de él y haciéndolo a él parte de nosotros mismos.
No sé cómo hay tanta gente que puede vivir sin leer. Si yo no leyese, simplemente no viviría, o no lo haría del modo intenso en que intento hacerlo cada día.

ATARDECE EN LA ALFAMA






MI ADORADA LISBOA...










Atardece en La Alfama, en el Miradouro de la Porta du Sol, y mis recuerdos atraen a otros recuerdos de otros tiempos ya pasados. Siempre me ha impresionado la vocación de estrella que tiene esta ciudad, con esa luz infinita que se refleja sobre los visos del agua de ese Tajo que la besa y la acurruca con sus cantos de sirena; esa luz que recorre las calles estrechas y empinadas de una Alfama que suena a fado y que huele a saudade.



Lisboa… la última ciudad romántica de Europa, la bella mujer que se esconde tras los lamentos de un río que ya anuncia el mar. Lisboa… la de las historias de navegantes perdidos que nunca olvidaron sus luces, sus amaneceres, sus ocasos, su paz… Si alguien supiera cantarte y embotellar tu belleza entre palabras que el viento no se pudiera llevar con un solo soplo, como se va la vida… como se aleja el mar. Cada vez que llego a tu puerto mi mochila es más pequeña y mi mente más abierta. No quiero recordar, ni saber lo que aprendí, quiero aprender a captar las esencias de tu aroma, las partículas de vida que si abres tus manos se posarán entre tus dedos. Te visité hace muchos años pero hace unos meses te conocí de verdad, te reconocí entre unos recuerdos quizá jamás vividos pero sin duda soñados. Y desde entonces me enamoré de ti de tal forma que por lejos que esté no puedo olvidarte. La canción de Pasión Vega repica en mi memoria como las campanas de las iglesias de la Alfama en los atardeceres de invierno: "la melancolía de calles perdidas que huelen a mar, gente que camina y luces de luna de barcos que parten…, si cierro lo ojos puedo ver las calles por donde anduvimos y escuchar canciones que hablan del destino que nunca tuvimos…", como los recuerdos de esa Lisboa de la que estoy tan lejos pero que sin embargo la siento tan cerca.


Para entender el espíritu de Lisboa, para encontrar la razón íntima de su nostalgia uno tiene que entregar su tiempo, sin prisas, a recorrerla en el eléctrico 28. A subir y bajarse cuantas veces haga falta a ese traqueteo de curvas sobre el río, de colinas que tan pronto ascienden al infinito como caen en picado. "Poemas del aire vendrán hasta aquí, lejos de Lisboa y lejos de ti, tristeza sin fin, lejos de Lisboa y lejos de ti…" De principio a fin te llevará alrededor de una hora y descubrirás en el traqueteo de ese tranvía las mil caras de una ciudad que te sorprenderá. Para mí lo esencial de Lisboa es sin duda la Alfama, pero Lisboa es mucho más que esas calles donde nació el fado, la única canción capaz de recoger en poesía la esencia de esa saudade, nostalgia, morriña, o como quieras llamarlo, que siempre nos embriaga al pisar sus calles. Pero Lisboa es la ciudad de las mil caras, todas ellas bellísimas, de la Alfama a Baixo-Chiado, desde el Bairro Alto hasta Belem, de Mouraira a Estrela, de Rossío a Graça. Tantas ciudades en una, tantas formas de ver la vida, tan distintas todas ellas, y el Eléctrico 28 uniéndolas en su camino de sueños y nostalgias.Si uno cierra los ojos y evoca el recuerdo de la ciudad vieja de Lisboa irremediablamente verá la figura del eléctrico subiendo y/o bajando las pendientes. Un universo de piedra y nostalgias en la que la figura del tranvía amarillo, el mismo color del sol que siempre ilumina Lisboa y la hace resplandecer, ilumina también las calles de esa Lisboa enamorada de un mar que al final siempre la deja sola.











El tranvía es un símbolo de Lisboa sin lugar a dudas pero si hay un tranvía sencillamente imprescindible en Lisboa sin lugar a dudas es el número 28 que tiene un recorrido de por lo menos 8 kilómetros. El eléctrico 28 es prácticamente patrimonio del viajero que se asoma a los balcones de una Lisboa por descubrir, dejándose mecer por el traqueteo del vagón entre las estrechas y empinadas calles, parándose a disfrutar de un pastel en cualquier rincón o dispuesto a que el sol, siempre amable, le acaricie la cara. Personalmente os recomiendo que os saquéis la tarjeta de un día completo, que tiene el ridículo precio de 3,85€ diarios y que podréis conseguir en cualquier estación de metro. Con esta tarjeta podréis utilizar todos los transportes urbanos de la ciudad (metro, autobús y por supuesto el tranvía) las veces que queráis. El billete individual de tranvía, que se puede pagar directamente al conductor, tiene un precio de 1,30€. Por ello, os recomiendo que con la tarjeta subáis y bajéis del eléctrico 28 las veces que haga falta, que os toméis vuestro tiempo, bajéis a hacer esa foto que os parece bonita al pasar desde el tranvía, que llevéis vuestro cuaderno de viaje para apuntar todas las sensaciones que os lleguen de pronto y que luego conformarán vuestros recuerdos… y sobre todo que viváis, que sintáis Lisboa como parte de vosotros.


Una vez con la tarjeta de día completo en el bolsillo dispongámonos a subir al eléctrico 28 que ya vemos asomarse al doblar la esquina al final de la calle. Lo más normal es cogerlo en pleno centro, al lado de la Praça do Comerço, concretamente en la Rua da Conçençao, que es prácticamente el punto medio del recorrido. Suele ser lo que nos queda más cómodo, porque normalmente uno suele estar alojado en un hotel cercano a la Plaza del Marqués de Pombal y puede cogerse el metro hasta Baixa-Chiado y desde allí acercarse a esta calle y coger el tranvía. Una vez allí hay que decidir en qué sentido cogerlo. En este punto cada uno puede tomar la decisión que más estime conveniente, sólo apuntaros que lo más habitual es cogerlo en dirección a la Alfama, fijaros en la Iglesia da Conçençao, que veréis haciendo esquina en la misma calle y coger el eléctrico 28 en esa dirección. Es quizá la parte del recorrido más bonita de todos, porque ascendiendo esa misma calle y torciendo la iglesia ya veréis la imponente figura de la Sé, o Catedral de Lisboa, fortaleza medieval del siglo XII, que a pesar de los terremotos se mantiene imperturbable con su magnánima presencia a los pies de la Alfama, a pesar de las reconstrucciones que tuvo que sufrir a causa de los seísmos. . En la Catedral ya podréis encontraros de frente con la luz que nunca os abandonará ya jamás.


Continuando con el vaivén del vagón del tranvía calles arriba pasaremos al lado del Miradouro de Santa Luzía, primera ventana al Tajo en este recorrido. Si nos bajamos aquí podremos disfrutar de unas buenas vistas y éste es el punto en que es necesario bajarse si lo que queremos es visitar el Castillo de San Jorge, gran fortaleza de Lisboa que nos proporciona probablemente una de las vistas más bellas de toda la ciudad, divisando las siete colinas, que no son sólo patrimonio de la ciudad de Roma sino que la bella y misteriosa Lisboa también posee. Pero si seguimos con el traqueteo del eléctrico, nada más doblar la curva descubriremos lo que para mí es el punto más especial de toda la ciudad: el Miradouro de Porta du Sol, el magnífico escenario donde la vida campa a sus anchas. En ese punto el mundo se detiene, la vida cobra sentido, los recuerdos y las emociones afloran y uno encuentra a Lisboa más que nunca como parte de sí mismo. Desde allí se ve la Alfama, bajando hasta el Tajo con su saudade por bandera, el olor de la mar y los rumores de un fado que te eriza la piel. Al fondo Graça y el Monasterio de San Vicente da Fora, delante del cuál el eléctrico también tiene su parada. Pero en la Porta du Sol hay que bajarse, cada vez que paso por ahí no puedo resistir la tentación de bajarme del eléctrico, de tomar un café mientras el sol acaricia mis ojos y me recuerda que estoy viva. Si algún lugar del mundo debiera llamarse tranquilidad, calma, sosiego, serenidad… sería sin duda éste. Podréis ver fotos, os lo podrán explicar una y mil veces pero hasta que no estéis allí nunca podréis sentir lo que de verdad se siente y se vive con un café humeante entre las manos, mirando a ese traicionero río que ya es más mar que otra cosa, pensando en toda la gente que salió de la Alfama y nunca volvió, reflexionando sobre lo que significa vivir y lo que significa luchar por ser feliz.Como decía aquella canción popular portuguesa que mi querida Pasión Vega canta tan bien: "poemas del aire vendrás hasta ti, lejos de Lisboa y lejos de ti…" (…) "la ropa tendida al sol de la tarde, banderas de nadie, las calles en cuesta que suben a un cielo de azules que arden, plazas con palomas, puestos con claveles y de rosas blancas, la ciudad antigua guarda la memoria de un tiempo que escapa…"


Si continuamos el recorrido del eléctrico 28 bajaremos y subiremos tortuosas y estrechas callejuelas llenas de ropa colgada en las ventanas, balcones llenos de claveles, azulejos de San Antonio (de Padua), que nació en la Alfama y allí vivió su infancia y parte de su juventud. Pasaremos a las puertas del Monasterio de San Vicente da Fora y subiremos y bajaremos mil y una montañas hasta llegar al centro de la ciudad. Pero el recorrido del eléctrico no es circular, sino un péndulo que sube y baja con su cadencia incesante, por lo que en este punto hay quehacer el camino de regreso desde sus asientos que huelen a nostalgia y a pasado, y recorrer de nuevo en sentido inverso todo lo ya recorrido, seguir maravillándose con la magia de una ciudad que nunca deja de sorprenderte, con una belleza serena y milenaria que transmite la Alfama y cuya luz una vez que la sientes nunca más podrás olvidarla. Hasta llegar al punto del que salimos y recorrer otras Lisboas muy diferentes a las que hemos visto en esta parte de trayecto.Si ascendemos hasta Chiado sin duda iremos a otra ciudad diferente, a otras muchas ciudades que conviven bajo un mismo nombre y un mismo sentimiento. Chiado es la patria de los poetas y los bohemios, con su plazas anchas desde las que Camoes reina sobre la ciudad, y Pessoa, sencillamente sentado frente a Brasileira, nos saluda al pasar. Ascendiendo subiremos hasta la Basílica de la Estrela, dejando antes a nuestra derecha el Palacio de San Bento y mucho antes aún el Miradouro de Santa Catalina, otra maravillosa ventana al Tajo que merece pararse y hacerle una visita. Seguiremos subiendo y bajando mil calles empinadas, algunas estrechas, otras más modernas, algunas residenciales, otras decadentes, todas intensas. Pero esta Lisboa ya no es la ciudad vieja, ya es una Lisboa renovada que no llora a pasado y a saudade. Y ascendiendo y ascendiendo al final llegaremos al Cementerio de Lisboa, un lugar de cuento de brujas como sacado de una Leyenda de Bécquer, tan precioso como inquietante, y que ya que allí finaliza el recorrido y es inevitable tener que bajarse (aunque luego la vuelta la hagas con el mismo eléctrico, te obligan a bajarte) creo que sí que merece la visita ya que estás justo a sus puertas. Y como estás en el otro extremo del péndulo, vuelve a subirte al eléctrico 28 y baja hasta el centro, la ciudad vieja, la Alfama, o la Porta du Sol, lo que prefieras.



Estoy segura de que en otra vida yo fui lisboeta y viví en la Alfama, respiré saudade y canté fados bajo los cielos azules e intensos de este barrio al que adoro. Si me tocase la lotería me compraría una pequeña casita en la Alfama, en una callejuela estrecha pero luminosa, con los adoquines que huelen a mar, a nostalgia y a sueños truncados. Una casita a medio caer que pintaría de colores brillante y restauraría yo misma, abriría todas su ventas y sus balcones para que entrase la luz y el olor del mar y siempre tendría las puertas abiertas para todo aquél que quisiera llegar a compartir un café o un vaso de vino y una buena conversación.
El año pasado, cuando redescubrí Lisboa me enamoré de ella, de todas la ciudades que la conforman, de todas sus ilusiones y sus desengaños, y si pienso en ella pienso en la nostalgia y en su vocación de estrella cuya luz lo traspasa todo. Me he hecho la firme promesa de acudir a recorrer sus calles y sus misterios por lo menos una vez al año. Y en cada visita se hace inevitable subir y bajar de ese eléctrico 28 que aúna pasado y presente, con su figura amarilla, nostálgica y familiar que te hace sentir como en tu propia casa. Lo que hay que hacer es subirse a él con la vocación de viajero, no la de simple turista que hace muchas fotos y no se entera de nada. Hay que saber captar la esencia de lo que vivimos y visitamos, pararnos una y mil veces, disfrutar del propio traqueteo del vagón, mirar por la ventana, dejar que el sol nos acaricie la cara, recordar nuestros sueños y vivir intensamente cada segundo. Ese tipo de cosas son a las que podemos aferrarnos en los días grises de rutina y de sueños frustrados, los que nos mantienen vivos y nos dan razones para continuar siempre hacia adelante.Lisboa no se explica, Lisboa se siente y se vive. Uno tiene que llegar allí con la mochila vacía y la mente abierta, dispuesto a llenar ambos de experiencias, de sensaciones, de vida al fin y al cabo. Y sobre todo disfrutar de todo el tiempo que el destino nos haya regalado para disfrutar en este ciudad, sea poco o mucho, si se siente, se disfruta y se paladea, al final tendrás la sensación de haber hecho mucho más que una visita a una ciudad cercana, un viaje trascedente donde la historia y el hoy se dan la mano y tú eres uno de sus protagonistas.


Y ahora, como despedida, os dejo los versos de esa canción "Lejos de Lisboa", que si no habéis escuchado, tenéis que escuchar. Y en cuanto el destino os brinde la oportunidad, no dejéis de ir a Lisboa y perderos por la Alfama, recuperaréis una parte perdida de vosotros mismos:




LEJOS DE LISBOA



"La melancolía de calles perdidas que huelen a mar

Gente que camina y luces de luna de barcos que parten,

Si cierro los ojos puedo ver las calles por donde anduvimos

Y escuchar canciones que hablan del destino que nunca tuvimos.

Poemas del aire vendrán hasta aquí

Lejos de Lisboa y lejos de ti.

Amor recordado, trsiteza sin fin,

Lejos de Lisboa y lejos de ti.


La ropa tendida al sol de la tarde, banderas de nadie,

Las calles en cuesta que suben a un cielo de azules que arden,

Plazas con palomas, puestos con claveles y de rosas blancas,

La ciudad antigua guarda la memoria de un tiempo que escapa.

Poemas del aire vendrán hasta aquíLejos de Lisboa y lejos de ti.

Amor recordado, tristeza sin fin,Lejos de Lisboa y lejos de ti."










VENTANITA AL MUNDO VIRTUAL


Hola a tod@s:

Ésta es mi primera entrada de verdad en este blog, que por fin ya tengo uno, no me lo creo!!!! La verdad es que llevaba tiempo queriendo tener mi propio blog, pero me echaba para atrás el hecho de tener conocimientos muy básicos de informática en general, pero por lo que veo no resulta nada difícil (veremos qué nos depara el futuro...). Y ya está, por fin tengo mi propio blog, mi propia ventanita desde la que asomarme al mundo virtual y que otros se asumen virtualmente a mi mundo (jueguecito de palabras que me ha salido sin buscarlo).


Bueno, antes de nada me presentaré. Mi nombre es Itaca, aquí en las redes. Tengo 27 años (ya me queda poco para que me caiga otro más), vivo en Madrid pero soy asturiana. Y sobre todo soy una persona llena de vitalidad, de ideas, siempre queriendo aprender cosas, siempre buscando novedades y siempre interesándome prácticamente en todo, y sobre todo en las cosas más raras que podáis imaginaros. No sé muy bien si podré cumplir las expectativas de mis futuros e hipotéticos lectores, intentaré ir colgando aquí las cosas que se me vayan ocurriendo, los trocitos de vida, que al fin y al cabo es lo que tenemos. Espero no defraudaros demasiado.


Itaca buscando a Ulises, ¿de dónde ese nombre?, pues también de un juego de palabras. Realmente la historia nos la cuentan al revés, era Ulises quien buscaba el camino para regresar a su tierra, la isla de Ítaca, y en ese camino invirtió 20 largos años que le llenaron de experiencias y sabiduría. ¿Qué es Itaca entonces? Ítaca es el camino, las vivencias, las experiencias, los éxitos y los errores, la vida misma. Pero Ítaca a su modo también buscaba a Ulises y aquí Ítaca, o sea yo, busco un poco de todo.


Hoy es un nuevo día para mí, un nuevo proyecto, abrir esta pequeña ventanita al mundo y desde ella mirar al ancho mar azul, esperando que mi mensaje en una botella llegue a alguien que quiera contestarme y devolverme a su vez su propio mensaje en una botella. Y para iniciar este blog con este primer comentario, en seguida me vino a la cabeza aquel cuadro de Dalí en el que una chica se asomaba a una ventana, de frente al mar, y dejaba que sus pensamientos volaran libres entre las nubes y las olas. Hoy, me identifico más que nunca con ella, soy una Itaca esperando a Ulises, esperando a todos los que queráis pasar por aquí y dejar vuestros propios mensajes.