SIEMPRE QUISE SER UNA CHICA ALMODOVAR


Ayer Silvia me contó que Juanjo por fin se había marchado. Bueno, en realidad yo diría que nunca había llegado del todo, al fin y al cabo él en realidad era un chico pijo del barrio de Salamanca, que opinaba que vivir en una atestada calle del centro era jugar a ser chica Almodóvar. Donde se encontrase Goya, no lo comparemos con un sucio callejón. Pero Silvia y yo estamos hechas de otra pasta, nos gustan las casas abuhardilladas, las habitaciones un poco destartaladas y que incluso al salir de casa por la mañana el travesti de la esquina te pida fuego y te sonría. Hay muchos Madriles en este Madrid, tan grande y tan pequeño al mismo tiempo. El de Juan José (lo de llamarle Juanjo nunca le ha gustado, que él siempre ha tenido más clase) eran los grandes pisos de las calle Serrano, y que cuando sales de casa por la mañana de camino a su estupendo despacho, tuviese a la puerta al portero con librea que le entregase las llaves de su último y flamante descapotable. Pero claro, en esta calle del centro donde nosotras vivimos, ni cabe un coche ni mucho menos un descapotable, éste es otro Madrid del que él siempre renegó.

En fin, no sé si Silvia lo echará de menos; yo desde luego no. No me gustaba nada ese aire de autosuficiencia y esa sonrisa de "pobrecita, mírala que pinta", que se le adivinaba en los labios cuando las raras mañanas en que estaba en casa, me miraba desde el sofá mientras yo me preparaba ese primer café tan necesario con mi pijama de rayas y mis pantuflas de ovejas. Si tanto te disgusta ésto, ¿por qué no te vas?, dios, cuántas veces lo he pensado. Pero no se iba, o mejor dicho, iba y venía a ese piso con tan poco gusto en el que el Deseo podría producir una de sus horrendas películas. Encima no le gustaba Almodóvar al cabrón, ¿qué le va a gustar a ése?.

Su último gesto magnánimo ha sido decirle a mi amiga que le tenía que devolver sus pertenencias. A él, al chico rico y pijo que viaja en descapotable por Castellana, que toma el vermut en el Jose Luis los domingos, a él que estaba tan por encima de esa buhardilla en la que a veces se veía obligado a pernoctar... Sí, a él, el que se jactaba del dinero que tenían sus papis, que no entendía la vida sin un abrigo de Burberrys, a ese Juan José que espero nunca volver a encontrarme en mi salón, mi amiga le tenía que devolver sus pertenencias. Al loro, éstas consistían en un cepillo de dientes, unas zapatillas medio rotas, una camiseta que tenía más años que yo y un pantalón desgastado de un pijama que no recuerda sus orígenes. Porque claro, para eso él tiene más clase que el resto.

Silvia, -le dije-, ¿no pretenderás acceder también en eso a sus arbitrios?.

¿Qué quieres que haga? - me dijo ella-

Se me acaba de ocurrir una cosa.

Subí a la buhardilla, cogí las cuatro cosas que eran su legado en aquella casa, salí a la terraza y las tiré a la calle. Desde un quinto en una fría noche de diciembre, aquello era digno de una escena de una película de Almodóvar, su ropa cayendo hacia la calle y alrededor nuestros amigos los travelos.

A éste no le gustaba Almodóvar, - le dije a mi amiga-, pues esta última escena se la dedicamos a su falta de sensibilidad. Y saca ese champán que tenías para Nochevieja, que hoy sí que tenemos algo que celebrar. Sonríe mujer, que hoy empieza una nueva historia...

LA MELANCOLÍA DE CALLES PERDIDAS QUE HUELEN A MAR

El domingo por la tarde visité de nuevo la Alfama. No importaba el frío, ni el viento, ni la lluvia que a veces caía y otras veces sólo amenazaba. Desde el Miradouro das Portas do Sol, de cara a ese río que ya sabe y huele a mar volví a sentirme como en casa, perteneciente a ese lugar que tanto me ha marcado. Desconozco si existen las vidas anteriores, pero si fuera así, sin duda yo viví en la Alfama, recorrí sus calles, me enamoré de sus ausencias y me empapé de la nostalgia de sus fados...


Qué raro es el tiempo, qué extraña la manera que tiene de transcurrir, a veces tan rápido, otras veces tan lento. Pero apostada frente a ese azul intenso, el frío no me importa, ni siquiera lo siento. Contemplo los contornos de ese barrio que guarda en su memoria tantos tristes secretos, algunos de ellos sepultados bajo los adoquines de sus estrechas callejuelas. La belleza del lugar aún es mayor en esta tarde de invierno, sólo las campanas de las iglesias marinas interrumpen el silencio, o el traqueteo lejano del eléctrico 28 al doblar la esquina. Todo lo demás es silencio, abrumador y a la vez melódico, silencio detenido en un lugar donde el tiempo hace mucho que se ha parado en un momento indeterminado. Hace tanto frío en esa tarde de domingo que ni siquiera hay gente en este lugar, el más bello de Lisboa. Pero aunque me queden sólo unas horas en esta ciudad, no puedo irme de ella sin despedirme de mi Alfama.

Lisboa, menina e moça. Alfama de mis amores... te echo tanto de menos que tu recuerdo me hace daño en el alma







ENFRÉNTANTE A TUS MIEDOS

Una de las cosas que estoy trabajando últimamente es el Miedo. Si, así como suena, no hace falta que pongáis esa cara de extrañeza, que no es para tanto. Me va por rachas, pero en los últimos años siempre he tenido un especial interés por la psicología en general. Primero me dió por leer revistas de psicologia (casi todas las que salían al mercado), después me dió incluso por matricularme en Psicología en la Uned (pero después de estudiar como primera carrera Derecho y estar ya trabajando desde hace años, no podía tomármela tan en serio), más tarde llegaron los libros de autoayuda, y en la actualidad compagino la lectura de libros de autoayuda con la realización de cursos sobre Inteligencia Emocional, Coaching etc. Todo esto me ha servido para sacar algunas conclusiones que creo que son de gran ayuda en la vida diaria, os las iré contando poco a poco.


El otro día comentaba con mi amiga Olga que nuestra generación es la de la búsqueda de la felicidad. Sonará a chorras, pero es verdad. La generación de nuestros abuelos tenía como meta no morirse de hambre, o salir de la pobreza y hacer su vida un poco mejor. En gran medida lo consiguieron, pero no estudiaron, por lo que lo que querían para sus hijos, nuestros padres, es que estudiasen. La generación de nuestros padres estudió y encontró un trabajo mejor que el de sus padres, lo que les permitió vivir más desahogadamente. Sin embargo en su infancia, la época en que sus padres luchaban por salir adelante, echaron de menos muchas cosas, por lo que a sus hijos, es decir nosotros, nos dieron más caprichos, nos enviaron a estudiar a Inglaterra, nos compraron deportivas Adidas que ellos nunca tuvieron y en definitiva nos dieron los caprichos que ellos no tuvieron. Y nosotros... puff, podríamos hablar tanto sobre nosotros... Nosotros estudiamos, tuvimos una infancia bastante buena y cuando llegamos con nuestra carrera, nuestra responsabilidad, nuestros idiomas, el piano, el tenis etc, después de muchos años nos encontramos con un trabajo gris para el que no sería necesario estudiar, en el que nos tenemos que matar a codazos, que nos produce estrés y que nos deja para el arrastre. Y en medio de esa vida gris, intentando llegar a fin de mes pero con vuelos low cost e internet hasta en la sopa, vemos que todo lo que hemos hecho hasta ahora no nos ha servido casi de nada. Y ¡cuidado!, que estamos en crisis e igual perdemos el trabajo. Nos puede el estrés, la desazón, esa sensación de infelicidad... porque lo que nuestros padres nunca nos enseñaron es a luchar por ser felices, y en eso somos autodidactas. Nos dedicamos a la meditación, el taichí, la autoayuda, el psicoanálisis, lo que haga falta... simplemente por encontrar nuestro lugar en el mundo y sentirnos un poquito mejor. Creo que lo que nuestra generación transmitirá a sus hijos es la idea de buscar la felicidad desde pequeñitos, eso que nos está costando tanto a nosotros de adultos.


Pero volvamos al miedo, que es de lo que hablábamos. Hace más o menos un mes hice un curso sobre Inteligencia Emocional (ya os hablé de él en su momento), y de él saqué muchas conclusiones, pero una de las que saqué es que debía trabajar más el Miedo: el concepto del miedo, mis propios miedos, las consecuencias de ese miedo etc. Me dijeron una frase que creo que lo ilustra todo. Os la dejo para que vosotros penséis también en ella:


"El miedo es un monstruo que inventamos nosotros mismos y luego nos asusta y nos persigue".


A veces es bueno tener miedo. El miedo es capaz de hacernos reaccionar ante un peligro, salvando a veces nuestra propia vida. Ésta es la parte positiva del miedo, pero la parte negativa es mucho más grande y nos perjudica infinitamente más. La parte negativa del miedo nos hace anquilosarnos, ns paraliza, nos impide proseguir adelante. En ocasiones es nuestro propio miedo, muchas veces es el miedo de los demás el que guía nuestras acciones.


Conocer el miedo es fundamental para poder controlarlo. La gran mayoría de las veces el miedo que sentimos es infundado, no existe sino que lo creamos nosotros, o de existir, no es como nosotros lo pintamos, sino que la realidad es mucho mejor de lo que nosotros creíamos.


1. IDENTIFICA TU MIEDO. ¿A qué le tengo miedo?

2. PROCEDENCIA DEL MIEDO. ¿De dónde proviene mi miedo?

3. CONSECUENCIAS DEL MIEDO. ¿Qué me impide hacer mi miedo?

4. SITÚATE EN LA PEOR SITUACIÓN. ¿Qué sucedería si nuestro peor miedo se hiciese real?

5. ENFRÉNTATE AL MIEDO. Si lo peor ha sucedido, ¿qué puedo hacer?

6. PREVIENE LAS CONSECUENCIAS DE LA REALIDAD. Áhora que sé todo lo anterior, antes de que suceda, ¿qué puedo hacer para hacer que no se produzca?. O en el caso de que se produzca, ¿qué puedo hacer para asumirlo y que me duela lo menos posible?.


Seguro que muchos habéis leído hablar de "¿Quién me ha robado mi queso?, y en el caso de no haberlo hecho, seguro que alguien os ha hablado de él. Cada uno saca sus conclusiones de este libro, la mía es que tienes que enfrentarte a tus miedos. Resumiendo la historia: hay dos ratoncitos y dos personitas encerradas en un inmenso laberinto y necesitan encontrar queso para sobrevivir. Un buen día encuentran un montón de queso y todos se habitúan a esa situación, entendiendo que se merecen el queso, ya que han trabajado muy duro para conseguirlo. Un buen día el queso se acaba. Los ratones en seguida reaccionan y sin pensárselo dos veces se lanzan al laberinto a buscar más queso, lo terminan encontrando y es un queso mejor que el anterior. Pero las personitas se quedan paralizadas, tienen miedo, no saben qué hacer... Una de las dos personitas nunca superará su miedo, la otra terminará superándolo, pero mientras lo hace y no tendrá que enfrentarse a sus propios miedos, replantearse su vida, no hacer caso a los miedos que su compañero le infunda. Pero al final lo conseguirá, saldrá al laberinto, vencerá sus miedos, se adaptará a las circunstancias y terminará encontrando el queso.


Y es que quien la sigue la consigue, lo difícil casi siempre es ponerse en marcha, vencer nuestros miedos, enfrentarnos.


Ya sé que estamos en época de crisis y que los ánimos cada vez están más bajos, pero precisamente por esto tenemos que poner más de nuestra parte. Los orientales, que de felicidad saben muchísimo más que nosotros, nos sacan años luz, tienen una palabra para el significado de nuestra palabra crisis. Es una palabra que tiene dos significados: mala fortuna y oportunidad. Y es que cuando una puerta se cierra una ventana se abre, o lo que es lo mismo, si se acaba tu queso, busca otro y quizá encuentres uno incluso mejor. Por eso, a enfrentarse a nuestros miedos. No debemos dejar que sigan haciéndose más grandes y nos asusten cada día más y más. Tenemos que mirarles de frente, asumirlos y superarlos. Ahí está el futuro y ahí estamos nosotros, y el propio miedo nos tendrá miedo.


(La imagen es de Kukuxumuxu)


LOS COLORES DE LA VIDA

Hay una canción de Sabina, seguro que todos la conocéis, es la del Pirata Cojo, y habla de las cosas que nunca seremos, pero a veces es agradable echar la imaginación a volar ¿no?.

Yo quisiera ser cosas normales. De hecho, si me tocara uno de esos botes de los euromillones a los que nunca juego, haría algo tan simple como cogerme el primer avión a Lisboa, desembarcar en la Alfama y buscar una casa con los balcones orientados al mar. Una casa de fachada de cal, descascarillada, a medio caerse, pero llena de la nostalgia de este rincón único en el mundo. Allí establecería mi universo, invitaría a mis amigos, abriría las ventanas para que entrase el olor del mar, escucharía fados y nostalgias y olvidaría todo este mundanal ruido que me rodea.

Allí me dedicaría a pararme a pensar en las cosas en las que a veces no pienso, las que me cuesta afrontar, las que evito y las que no quiero conocer. Y escribiría mis pensamientos en forma de historias, de libros, de relatos que el gris mundo que me rodea no me deja hacer ahora. Subiría y bajaría casa día las colinas de la bella Lisboa, a bordo del eléctrico 28 que adoro. Y sobre todo me dedicaría a plantar allí mi campamento base, mi verdadero hogar, el lugar de la serenidad donde ser yo misma y olvidar todas las cosas que hoy soy no quiero ser. Cosas tan sencillas como dedicarse a algo que realmente te gusta, no tener que levantarte cada día en este mundo gris para ir a un trabajo gris que encima muchos se pasan el día amenazándote para que lo conserves a pesar de quemar tus esperanzas en él. Yo sólo quiero ser yo misma, coger Mi Vida y vivirla como se merece, sin estridencias, simplemente dedicarme un poquito más a mí, recordar las pequeñas cosas verdaderamente importantes de la vida, pensar, en definitiva vivir y sobre todo intentar ser feliz con lo que haces y con quien eres, todos los días de tu vida.


Uff, esto parece un relato de autoayuda, pero es que hoy he tenido un día un poco malo. Bueno, en realidad no, para que los días fueran malos tendrían que serlo en la parte importante de mi vida, en la que soy yo realmente, cuando salgo del trabajo gris y me meto en mi mundo a medio color entre Amodóvar y un arcoiris sui generis. Y como no pienso renunciar a esto, mientras los días siguen siendo grises, yo seguiré pintándolos de colores, aunque sea en mis pequeños trocitos, en los que yo puedo intervenir. Como por ejemplo el hecho de escribir esta pequeña entrada, que quizá no tenga mucho sentido, pero al fin y al cabo éste es mi diario virtual, no hay olvidarlo.


¡¡¡¡Póngamonos a pintar nuestras vidas!!!!, así serán más bonitas, más como a nosotros nos gusta...


En este trocito actual, mi universo es azul, como el azul intenso del cielo de la Alfama que la semana que viene veré de nuevo y el horizonte intenso e infinito de ese mar que la besa.