TAN ROJO, TAN OVIEDO, TAN ZASCANDIL...

MENOS DOS ALAS. Joaquín, eso no se hace, y se lo dices igualmente a tu amigo Luis (García Montero), quien por cierto, te ha hecho un prólogo de disco soberbio, como suele ser habitual en él. No dudo de que ambos quisisteis mucho a Ángel (González), poeta y además asturiano y carbayón como yo. Pero es que eso no se hace, media vida con él y le dedicáis dos joyas después de muerto: tu canción que nunca podrá escuchar, el libro de Luis (“Mañana no será lo que Dios quiera”) que nunca podrá leer. Cuando escribí sobre ese libro, ya dije que la figura de Ángel González formaba parte de los escenarios de mi infancia, porque en Oviedo era muy conocido. Disfruté muchísimo con el libro, se me cayeron las lágrimas en algunas de sus páginas, y pensé que era una pena que Angel no lo hubiese leído, que los homenajes post mortem deberían estar prohibidos. Cuando escuché esta canción, creí que se me atenazaba la garganta, que por unos instantes me quedaba sin respiración, porque tú habías cometido la misma herejía. Otra obra maestra poética y musical que Angel no llegaría a contemplar nunca, que jamás podría escuchar. Porque rojo, zascandil, carbayón e incrédulo como yo, no creo que él esté en ningún más allá, la gente se muere y se acaba, lo que nos queda es su recuerdo.


“González era un ángel menos dos alas,
González era un santo por lo civil,
un dandy con un ojo a la funerala,
tan rojo, tan Oviedo y tan zascandil.


Hilaba en los garitos de mala nota
boleros de Machín con Juanín de Mieres,
apurando los whiskys en los que flotan
las lunas de las golfas y los crupieres. (…)


Verde por la vergüenza que no tenía
hasta ayudó a Caronte a quemar sus naves,
decía que morirse no era tan grave
y agonizó en voz baja por cortesía.”


Creo que a él le habría gustado escuchar esta canción, a mí también me gustaría escuchar algo así si alguien llegara a escribir tanta belleza para mí. Es una faena que no pueda hacerlo, una tristeza que su voz se haya apagado, un homenaje y una canción preciosos, un nudo en la garganta cada vez que escuchas “un santo por lo civil, tan rojo, tan Oviedo…” Deberías haberla escrito antes, él se merecía escucharla.
"Menos dos alas" es la canción que Sabina le ha dedicado a Angel González y que forma parte de su último disco, "Vinagre y Rosas".

TOMANDO UN CAFÉ CON EL RECUERDO DE KAFKA




Caminaba por Praga en medio del frío invernal de octubre, aún no sabía que al día siguiente nevaría, pero de algún modo lo presentía entre los dedos. Desde la plaza principal encaminé mis pasos hacia el Barrio Judío, para mí uno de los lugares con más encanto de esta ciudad. Buscaba un sitio donde guarecerme, donde tomar un café calentito y retomar fuerzas frente a una taza humeante, para continuar mi jornada descubriendo maravillas praguenses. Recordé que en algún lugar había leído que existía un café, el Café Kafka. También en algún lugar leí que Praga no puede ser entendida sin Kafka, ni Kafka sin esa bella ciudad en la que vivió. Kafa, lector impenitente, escritor de historias irrepetibles, asiduo a los cafés… Ésa es la imagen de este literato que se me viene a la cabeza, con sombrero y abrigo largo, ambos de color oscuro, intentando guarecerse del frío que hiela los huesos y que en esta mañana de octubre ya se siente de un modo intenso, el mismo frío que mis pasos entumecidos sufren en estos momentos.


Me encamino por una calle, dejo una sinagoga a la derecha, tuerzo en la siguiente esquina y ahí se alzan frente a mí las cristaleras del café Kafka, detrás de las cuales, sentado a una de sus mesas, en ese ambiente que no ha cambiado con el paso del tiempo, me imagino al propio Kafka leyendo, escribiendo o simplemente viendo la vida pasar al otro lado de las cristaleras. Kafka era judío, probablemente transitó mucho por estas calles, cerca de aquí, al lado de una sinagoga, se alza la Estatua que su ciudad, Praga, le dedicó hace ya tiempo. Porque quien piensa en Kafka piensa irremediablemente también y asociado a él en la ciudad que tantas veces paseó, en las calles empedradas de la memoria de Praga.


Este café sale en alguna guía, pero no en muchas, por eso aún conserva un poco de la autenticidad que tuvo cuando Kafka se asomaba a sus ventanales. También influye que estamos en octubre bajo un frío pelón y que el número de turistas se reduce considerablemente comparado con los del verano. Aún así, son las 11 de la mañana, seguro que la mayoría de los turistas están ensimismados esperando a que el reloj astronómico de la plaza empiece su cansino repertorio, siempre el mismo cada hora, y aún así, parece que si no vas a verlo una vez al día, no estás viviendo y sintiendo Praga como se supone que un turista debe hacerlo. Y desde allí continúan en manada Puente Carlos hacia adelante, haciéndose fotos delante de las horrorosas estatuas barrocas, oscuras, feas y sucias que lo jalonan. Por allí se supone que pasa el camino del buen turista que visita Praga. Los viajeros preferimos perdernos por el Josefov en dirección contraria, entrar en un café y pedirnos un humeante café latte mientras conjuramos nuestros recuerdos y nuestras ilusiones mirando a los adoquines a través de las cristaleras. Es otra forma de vivir los viajes, de sentir las ciudades, de parar el tiempo y captar el instante…


Era la primera vez que me disponía a entrar en aquel lugar, había bastante gente, pero no demasiada. Gente de Praga, gente de fuera, pero los foráneos éramos viajeros, se nos notaba en la mirada, no había ningún turista dispuesto a terminar con el encanto que pudiera tener aquel lugar a golpe de guía y voz en grito. Aquel lugar era… ¿cómo definirlo? Parecía estar colgado de algún punto de la memoria, como si el reloj hubiese parado sus manillas el último día que Kafka se tomó un café allí, en el momento en que salió por aquella puerta para no volver jamás. En ese tiempo detenido, si cerrabas los ojos, podías imaginar aún a Kafka leyendo sentado a cualquiera de las mesas de alrededor.


El café tiene dos partes, una sala frontal desde la que puedes ver a la gente pasar a través de los ventanales, y una parte posterior con dos pequeñas salas que dan a la parte trasera del edificio. Cada una tiene su encanto, en una ves la vida pasar, en otra sientes la literatura envolverte. Se agradece que casi todo lo hayan dejado igual, las mesas y los bancos de madera, la barra centenaria, el ambiente del local… Quizá se echa de menos una remodelación en los servicios en la planta de abajo, especialmente en la oxidada escalera de caracol de hierro que parece transportarte al inframundo, a una especie de bunker a medio camino entre lo sucio y lo ajado, que te devuelve como un bofetón las penurias que el pueblo judío sufrió también en Praga durante la Segunda Guerra Mundial. Y es que hay lugares a los que la atrocidad les marca, les deja una huella indeleble y dolorosa. Pero en contra de lo que algunos piensan, es bueno tener presente el dolor, afrontar las cicatrices de nuestra historia, precisamente para recordarla y no cometer el error de volver a repetirla. El Josefov es un laberinto de calles intrínsecas de la memoria, y el Café Kafka, forma también a su modo parte de ello.


Me pido un café latte y me asombro al recibir una réplica exacta de los cafés latte que bebía cuando vivía en Italia. Si cierro los ojos, me teletransporto a una de las tardes de domingo de otoño, en la terraza del Ariosto en la Piazza l’Ariostea ferraresa. Recuerdo llama a recuerdo, vida llama a vida al fin y al cabo… Retomo fuerzas, evoco a Kafka, a los judíos que murieron, a los habitantes de Praga que hoy subsisten… Pienso en a dónde me llevarán mis pasos al salir de aquí, el frío que hace fuera, la tienda de relojes de la esquina de la calle de al lado que me tiene fascinada. Incluso pienso que este lugar está lleno de emociones contenidas, y que al volver a España espero ser capaz de condensarlas en un texto y publicarlo, para que sean otros quienes leyéndolo evoquen a su vez mis propios recuerdos, se transporten hasta este lugar, hasta el frío que hace en Praga en octubre, hasta los recuerdos de un Kafka desconocido, los sabores de este café latte que parece verdaderamente italiano, el calor de este lugar como un refugio en el camino.


Y aquí me volverán a traer mis pasos varias veces más mientras me aloje en Praga, mientras me pierda en sus mercadillos y en las calles de Malastrana, en el parque que Kafka tanto amó, entre las calles adoquinadas, entre las tumbas del cementerio judío y las nubes grises que amenazan tormenta. Praga es como un cuento de hadas con un toque tenebroso, si le borraran el barroco de un plumazo sería mucho más bonita. Se asemeja en parte a brujas, que parece un cuento de hadas con un toque mágico. Aún así, existen rincones maravillosos en esta ciudad, aquellos en los que las hordas de turista aún no han pisoteado las margaritas que se esconden entre los adoquines. Si piensas que nunca has visto una de esas margaritas, quizá debas replantearte lo que te permiten ver tus ojos, si sólo ves lo evidente o si eres capaz de ir más allá, si sólo visitas lo que te dice una guía o si tu alma de trotamundos se dispara dispuesta a descubrir tesoros en cada viaje.


El frío se incrementa cada día que transcurre en Praga, el invierno se adivina cruento, difícil… Cada vez aferro con más ganas mi humeante vaso de café latte, intento que su líquido contenido me proporcione fuerzas para seguir adelante, para abrir bien los ojos, ver margaritas, descubrir tesoros, vivir intensamente todo lo que esta ciudad tenga a bien ofrecerme. Franz Kafka, sé que me estás mirando desde los recuerdos, desde tu cara estampada en los sobres de azúcar, desde las páginas de tus libros que no he leído, desde la desmemoria de los que sí leí, desde tu alma de viajero en Praga, a pesar de habitarla durante décadas. También a ti te gusta ser evocado en este escrito, recordar o evocar vagamente tú también el sabor de los cafés que tú un día lejano también te tomaste en este lugar, es posible que incluso sentado en el lugar donde yo ahora me siento. Y es que a los dos nos ha gustado siempre ver la vida pasar a través de las cristaleras, fijarnos en los detalles, buscar personajes para las historias que escribimos y las que no llegaremos a escribir nunca. Por eso me gusta pensar en ti, evocar tu recuerdo, pensar que estuviste aquí, soñar con que bajo los adoquines hay arena de playa y entre ellos margaritas, aunque suene cursi o por lo menos raro.


He venido tres veces y hoy es mi última tarde en Praga, mi último café latte en el Café Kafka. Al final nos hemos comprado tres relojes en la tienda de la esquina de la calle de al lado que tanto me llamaba la atención: uno de pared con caja, otro de pared sin caja y otro de bolsillo. Parece una locura, encima pasearlos por media Europa aún, porque desde aquí proseguimos camino. Pero los pequeños tesoros también forman parte de los viajes. De algún modo quería que las paredes del Café Kafka formaran parte de mi despedida de Praga. Mañana nuestro vuelo sale por la mañana, nos iremos directamente desde el hotel, por lo que esta última tarde-noche la considero nuestros últimos momentos en esta ciudad de cuento de hadas tenebroso. Con mi humeante café entre las manos, vuelvo a entrar en calor, fuera hace frío, cada día se intensifica más, dicen que mañana va a nevar… He estado tres días recorriendo tu ciudad, Kafka. He visitado algunos de sus monumentos, me he perdido en sus callejuelas, intentando siempre ir en dirección contraria a las hordas de turistas. Me he sentado en sus tabernas y en sus cafés, he husmeado en sus mercadillos en busca de pequeños tesoros, he leído y he soñado, me he sentido aterida de frío pero con el corazón caliente, he comido en puestos callejeros, he hecho un poco de turista y me he parado a ver cómo el reloj astronómico daba las horas y representaba su papel entre flashes. He hecho algunas fotos, se me ha encogido el alma en el cementerio judío, me he perdido entre las callejuelas del Josefov, he cruzado el puente Carlos, me he sentado frente al río, he amado, he soñado…


Me gusta sentarme aquí y evocar estos recuerdos recientes que me llevo en mi mochila de viajera ligera de equipaje, como decía Machado. Probablemente a él también le hubiera gustado esta ciudad y el otoño de Praga. Ojalá hiciese sólo un poquito menos de frío. Pero aquí me siento bien, entre el tiempo detenido y tu recuerdo, organizando mi equipaje mental y las vivencias que me llevo de esta ciudad. Hoy me toca cerrar la puerta de este café tras de mí, oír el clack, con la esperanza de volver algún día, no sé si cercano, no sé si lejano. Y ese día, volveré aquí a sentarme contigo y con tu recuerdo, con tu figura que puedo soñar entre sombras en cualquiera de los rincones de este lugar.


Adiós Kafka, adiós Praga… Hasta siempre!

EL CIRCO PRICE

Thomas Price tenía un sueño, desde las alturas de su trapecio soñaba con abrir un circo estable, un lugar de referencia en el que pequeños y mayores recuperasen sus ilusiones y cuyas puertas estuviesen abiertas todo el año, lloviera, nevara o hiciera un sol sofocante. Él, que llevaba toda la vida de aquí para allá en un absoluto mundo de pasiones circenses, soñaba con echar raíces y que el circo echase también raíces en las pasiones de la sociedad madrileña. Quería que generaciones y generaciones creciesen con el circo como una de las historias de su vida, y no una historia itinerante que llegase a la ciudad una vez al año, sino que todos los días tuviesen la oportunidad de disfrutar del espectáculo, porque ocurriese lo que ocurriese en la vida, el espectáculo siempre debía continuar.


Y el “ocurriese lo que ocurriese en su vida” fue precisamente su muerte. Thomas Price no llegó a ver cumplido su sueño, pero su memoria sería siempre recordada en un circo que llevó su nombre. Price murió en 1878 y su yerno abrió dos años después el Circo Price en la Plaza del Rey. Y una vez más ocurrió lo que ocurrió, un año después el espectáculo sufrió un incendio y despareció, pero William Parish, el yerno de Price, no se dio por vencido, persiguió hacer realidad el sueño de su suegro una y otra vez, y en 1880 abrió el mejor circo del mundo, el Circo Price en un edificio de nueva construcción. Y este circo siguió en pie hasta sesenta años después, convirtiéndose en un lugar de referencia para generaciones y generaciones de madrileños.


Hasta que llegó la Guerra Civil, no eran buenos tiempos para el circo ni para la alegría. Madrid era republicana y los nacionales querían asolarla como fuera, acabar con su alegría y con su pasión de libertad, incluido con el circo. Bombardearon el edificio, pero en cuanto los madrileños empezaron a recuperarse un poco de las heridas (las cicatrices quedarían para siempre), en 1940 reconstruyeron su circo, el Circo Price. Y volvió a abrir sus puertas, en medio de las tormentas políticas que durarían 35 años más. Pero él sólo duró 30, treinta años de funciones ininterrumpidas, de agarrarse a la vida en medio de la adversidad, hasta que en 1970 las especulaciones capitalistas acabaron con él y se convirtió en un banco. Los vaivenes de la vida, el ocurriese lo que ocurriese, han hecho que el solar que un día albergó el Price sea hoy sede de un Ministerio, pero al menos el de Cultura.


Madrid se volvió a quedar sin circo durante más de treinta y seis años, y a finales del 2006 el Circo Price volvió a abrir sus puertas, haciendo de nuevo realidad el sueño de Thomas Price. Desde diciembre de 2006 es posible acudir a él a reconciliarse con la vida y disfrutar del espectáculo. Yo sólo espero que generaciones y generaciones de madrileños sigan disfrutando de él, y que si algún día tengo hijos, ellos también disfruten del Price.
Nota: Ayer conocí por fin el Circo Price.

A NOITE ESCURA DE ALFAMA




Llega el mes de junio y con él mi cita anual en la Alfama. Me enamoré de Lisboa hace años y ahora no puedo concebir la vida sin ella, necesito volver a sus calles y a sus luces como una pequeña droga. Lisboa y sus fados, Lisboa y sus nostalgias, Lisboa y sus calles perdidas que huelen a mar… Casi dos años después de que esta ciudad me robase el corazón, por casualidades del destino, la visité en un mes de junio. Me encontré con la tremenda sorpresa de que junio es el mes de las fiestas de Lisboa, donde la ciudad vive aún más en la calle, en una continua algarabía de vida y fiesta. En realidad, es toda Lisboa la que está de fiesta, comenzando por la efeméride de su patrón San Antonio el día 13 y continuando con San Juan y San Pedro. Son casi tres semanas de fiesta continua a lo largo y ancho de la ciudad, llenas de bellos momentos, folclore popular y mucha vida por doquier. El ancho sol y el buen tiempo invitan a vivir los días, pero más aún a vivir las noches, esas noches especiales lisboetas de mediados de junio, con el sonido de un fado nostálgico en la lontananza y el olor a flores en el ambiente.




Pero si Lisboa festeja sus santos, su historia y sus señas a su modo tan especial, más aún lo hace el barrio marinero de Alfama. No hay que olvidar que San Antonio nació entre sus estrechas callejuelas de olor a mar. Aunque la historia lo haya rebautizado con el nombre de San Antonio de Padua, no fue esta triste ciudad del norte de Italia quien le vio nacer y vivir su infancia y adolescencia. San Antonio nació y creció en la Alfama, y llevó este lugar en su memoria y su corazón hasta el último de sus días, al igual que sus vecinos lo siguen llevando a él en el corazón día tras día. No hay callejuela de la Alfama que no tenga una hornacina para el santo patrón de Lisboa y mucho más aún de este barrio marinero; nunca le faltan una flor, una oración o un fado de quien pasa por allí. San Antonio es la Alfama y la Alfama es San Antonio, mucho más aún durante las noches de junio, y especialmente el día 13, en que sus gentes se echan a la calle, dispuestos a evocar al santo y brindar a su salud y eterna memoria en una noche de vino y rosas, olor a mar y a sardinas asadas.




Quiero hacer algo así como un diario de viaje, una recolección de las emociones profundas que se viven en la Alfama y especialmente en sus noches de fiesta. No creo que hubiese muchos más guiris que nosotros allí, seguro que en todas las guías viene que es muy peligroso adentrarse en la Alfama de noche. Sí, para los portugueses nosotros también somos una suerte de guiris, no tanto como otros, pero extranjeros al fin y al cabo. Los turistas normales se quedan cerca del Castillo de San Jorge, cenan en el Chapitó mirando el horizonte del otro lado del río, cogen el eléctrico 28 sólo para llegar al mencionado castillo y como mucho se asoman sobre las balconadas de la Alfama desde el Miradouro de las Portas du Sol.


Yo adoro este lugar, no hay ningún rincón en Lisboa con más encanto que el Miradouro das Portas du Sol, con los perfiles blancos de la Alfama ocupando el horizonte. Desde allí, puedes sentir la nostalgia, la morriña, el dolor… tantas y tantas almas de marineros que salieron de la Alfama en busca del nuevo mundo, algunos de ellos para no regresar nunca jamás… En esas calles se vivieron separaciones, se truncaron vidas y familias enteras, los llantos llegaron a ese río convertido en mar. De tanta tristeza no había más remedio que naciese el fado, una canción que es pura melancolía hecha música en su absoluta belleza.







En las noches de junio, todos los lisboetas salen a la calle, el barrio de la Alfama se olvida de la inmensa nostalgia que siempre le ha habitado y se echa a la calle, a comer sardinas a la barbacoa en sus plazoletas, vino del pueblo, espíritu y alma de fiesta… De lejos sobrevuelan las últimas gaviotas, se oyen los sonidos del mar, que hasta allí despliega sus poderes y sus aromas, en cualquier esquina un valiente se arranca con un fado y el tiempo se detiene… Las noches se hacen interminables, largas noches de vino y rosas, donde el marinero que nunca volvió, la anciana que nunca ha salido de Alfama, la niña despreocupada que ve el mundo con sus grandes ojos, o el propio San Antonio, se sientan todos a la misma mesa. Las mesas son destartaladas, simples tablones de madera sobre borriquetas, bancos hechos a mano, sillas traídas de las casas de alrededor… Es algo así como la noche de San Juan que canta Serrat en “Fiesta”: “hoy el pobre y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha… juntos los encuentra el sol a la sombra de un farol, empapados en alcohol, abrazando a una muchacha…”
Eso exactamente es lo que ocurre en las fiestas de Alfama, yo nunca sería capaz de expresarlo con palabras como mi primo el Nano lo hace con su canción. Pero sí que sé sentirlo, empaparme de las sensaciones, de los olores, de los sabores, de los sonidos de esas noches inolvidables… Allí, el caminante que llega, que se acerca y se atreve a traspasar las fronteras de las guías de viaje y de sus recelos, se encuentra acogido como un amigo más. Se sienta a la misma mesa, come y bebe lo mismo que el resto, escucha los mismos fados y se empapa de la nostalgia que invade el ambiente y que esa noche se ha convertido en fiesta.




Ya desde la parte superior del barrio, desde el Miradouro das Portas du Sol, puedes sentir la música de la verbena, ver los patios y las plazoletas llenas de mesas y de gente disfrutando de estos días de fiesta. Aquí se acaban los problemas, o por lo menos se olvidan durante unas horas o unos días. No se necesita casi nada para ser feliz y la consigna en esos días es reírse y pasárselo bien, aniquilar la tremenda tristeza que en otros tiempos lo ahoga todo. Aquí, las disputas se olvidan, todos somos hermanos sentados a la misma mesa, disfrutando de alimentos tan simples como sabrosos: pan, ensalada, o sardinas, panceta y chorizo a la parrilla. Estamos en un fantástico restaurante improvisado para la ocasión, con vistas al mar, a las calles empedradas, a las fachadas encaladas de este barrio milenario… La cúpula celeste y sus miles de estrellas nos contemplan desde allí arriba, las luces de la ciudad, la noche enamorada de junio, el aroma del mar que escucha nuestras risas, y el vino que corre en cada mesa, reconciliando las fricciones, haciéndonos más hermanos que nunca.




Quien ama la vida, tiene que amar la Alfama. A veces alguien me pregunta por qué me gusta tanto este lugar. En realidad no lo sé, es como si una parte de mi alma perteneciese a estas calles y a esta gente, como si tantas veces hubiese perdido mis pasos en la Alfama que el olor de su mar y su nostalgia se me hubiese quedado en las entrañas. Me gusta todo de ella, mujer enamorada y arrebolada tras una verja o una puerta. Tiene esa belleza excelsa en medio de la pobreza, brilla por sí misma sin necesitar joyas, sus ojos del azul del mar intenso, las luces de las estrellas que la contemplan y la iluminan… Alfama es pobre, pero no le importa. Se sabe rica en afectos, hasta el propio San Antonio está enamorado de ella y la protege. Estos días, o más aún estas noches, son sus días y sus noches, sus momentos de alegría, en los que ella es la protagonista, iluminada por las estrellas y las luces del alba que rozamos con los dedos frente al mar, tras una noche más de vino y rosas, de vida intensa.




Qué pena del turista que no traspasa sus fronteras, que no se atreve a ir más allá de los límites, que le da miedo intentar vivir. Sé que son la mayoría, pero cuando uno llega a las Portas du Sol y escucha la música, ve las guirnaldas de colores, las mesas y sillas apuntaladas, los ríos de vino, las risas, los fados, las nostalgias… siente una atracción irremediable a correr escaleras abajo, a juntarse con el resto del mundo, a disfrutar de la noche donde se olvidan los prejuicios, donde la fiesta lo invade todo. Mañana será otro día, quizá despertemos del sueño, pero hoy todo esto nos pertenece, la posibilidad de gozar, de vivir, de sentir, de empaparnos de las emociones, de bañarnos en una melancolía que hoy nos muestra su cara de alegría.



“¡Gloria a Dios en las alturas!, recogieron las basuras de mi calle ayer a oscuras y hoy sembrada de bombillas. Y colgaron de un cordel de esquina a esquina un cartel, y banderas de papel lilas, rojas y amarillas…”




Ésas son las guirnaldas que se ven desde las Portas du Sol, y a la gente despreocupada bajo ellas, brindando por el santo y por las fiestas de Alfama, por esta noche que hoy se presenta interminable.




“Y al darles el sol la espalda revolotean las faldas bajo un manto de guirnaldas, para que el cielo no vea en la noche de San Juan como comparten su pan, su tortilla y su galán gentes de cien mil reales…”




También en la Alfama se celebra San Juan, pero sobre todo se celebra San Antonio. Sin embargo, el espíritu es exactamente el mismo, la fiesta bajo las guirnaldas, la sensación de pertenencia a un grupo, aunque no conozcas de nada a las gentes de tu alrededor. En esas noches todos somos hermanos sentados a la misma mesa, bebiendo el mismo vino, iluminados por las mismas estrellas, compartiendo nuestras alegrías y nuestras penas debajo de las guirnaldas de colores.



“Apurad, que allí os espero si queréis venir, pues cae la noche y ya se van vuestras miserias a dormir…. Vamos, subiendo la cuesta, que arriba MI CALLE SE VISTIÓ DE FIESTA”.


Sólo que al revés, vamos bajando la cuesta, que abajo mi plaza empedrada, con el repiqueteo de las campanas de la Iglesia, se vistió de fiesta…




“Hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano sin importarles la facha. Juntos los encuentra el sol a la sombra de un farol, empapados en alcohol, abrazando a una muchacha”.




Porque toda la vida es ahora, porque estamos en el hoy, en esta noche de fiesta que mientras dure será eterna. Donde todos somos hermanos, aquí y ahora, solamente hoy.




“Y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas. Se despertó el bien y el mal, la zorra pobre al portal, la zorra rica al rosal y el avaro a las divisas.




Se acabó, el sol nos dice que llegó el final, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual….Vamos, bajando la cuesta, que arriba EN MI CALLE SE ACABÓ LA FIESTA…”



Como todo en la vida, es muy triste cuando llega el final, cuando todo se acaba, cuando los buenos momentos se rompen en pedazos. Sólo nos quedará entonces su recuerdo, un recuerdo intenso y único, fantástico y doloroso, que nos perseguirá hasta el próximo año. En las tardes de otoño, soñaremos con las noches de fiesta de junio en Alfama, también en las mañanas de invierno cuando la soledad de la gran ciudad nos ahogue, o en nuestros propios momentos de calma frente a cualquier otro mar…




La noche se ha acabado, los rayos de sol nos condenan a volver a la realidad. Durante esa noche hemos bebido, hemos comido, hemos bailado, hemos reído, hemos llorado, nos hemos abrazado, nos hemos besado, nos hemos enamorado… Las noches de Alfama son siempre mágicas, pero éstas más. Las estrellas nos contemplaban mudas desde el cielo, conociendo nuevos secretos que seguirán guardando durante toda la eternidad, la luna nos envidiaba en su soledad, el mundo parecía haberse detenido durante esas horas. No nos duelen los pies después de tanto baile, después de tanta intensidad, nos duele el alma porque nos están echando de nuestro particular paraíso. Un paraíso que no tiene precio, porque está hecho de sueños, de colores, de olores, de sensaciones… de esa materia inconsistente con la que se construye la felicidad.



El eléctrico 28 traquetea calle abajo, apartándonos de la Alfama, devolviéndonos a nuestro mundo de realidad, llevándonos lejos de ese mundo de sueños y fantasías. Alfama, cada vez te quiero más, cada vez me pierdo más en tus nostalgias, cada vez te añoro más. Evocando tu imagen y tus horas, tu tiempo detenido, tu absoluta soledad, tu nostalgia… mientras escribo estas líneas mi corazón me oprime, si en la lontananza sonase un fado, no podría evitar las lágrimas.




Ya sé por qué tu horizonte es tan azul, frente a ti el Tajo no lleva agua, lleva las lágrimas que tantas y tantas almas han vertido entre sus calles, lágrimas que recorriendo tus callejuelas empedradas bajando al mar, han terminado vertiéndose en él y confundiéndose. Lágrimas a veces de alegría, otras de tristeza, como las que yo vertí en tu noche infinita que ahora toca a su fin.




¡Ay, mi Alfama!




Uno a uno o todos de golpe... SUBE LOS 39 ESCALONES




¡¡¡¡¡Todavía estáis a tiempo!!!!!

En el Teatro Maravillas (c/Manuela Malasaña, al ladito de la Glorieta de Bilbao) están representando los 39 Escalones de Hitchcock en versión teatral. Yo ya llevaba meses queriendo ir a ver esa obra, pero los 25 euritos de la entrada me echaban para atrás. Pues bien, están hasta final de mes y ¡¡¡¡han bajado los precios!!! Podéis encontrar entradas en la propia taquilla a 12,5€ y los miércoles a 10€, un precio mucho más asequible.

Mi consejo es ¡¡¡¡coge la entrada y corre!!! o ¡¡¡¡corre a coger la entrada!!!! Pero hagas lo que hagas, tienes que ir a verlo, aún te quedan dos semanas. Yo que soy muy teatral, pero más de género trágico que del cómico, creía que no me quedaban lágrimas ¡¡¡¡de risa!!!! tras todas las que derramé en la función. Es una comedia hilarante, fascinante, extravagante…. Y muchas más palabras que acaben en ante.

Telón bajado, empieza la película de Hitochcock… Se levanta el telón, en escena aparece el actor Jorge de Juan interpretando a Richard Hannay, un soltero de oro que se aburre en su apartamento del West End londinense. Decide ir al teatro a distraerse un rato, a ver a un cerebrín llamado Mr. Memory e interpretado por el imitable y extravagante Gabino Diego (yo soy fan desde el Rey Pasmado, no puedo evitarlo). Allí, el azar hará que Hannay se cruce con una espía británica, interpretada por Beatriz Rico”, que poco antes de morir asesinada, le hablará de una conspiración y de los 39 escalones. A partir de ahí, el ritmo es tan trepidante como estrepitosamente cómico. Hannay tiene que huir de la policía que le está siguiendo los talones, encontrar al Profesor, que parece tener la clave de los 39 escalones…

El reparto se completa con Diego Molero, que junto a Gabino Diego dan vida a un total de trece actores, muchos de ellos totalmente desternillantes. No puedes dejar de reír, aunque lo intentes, la risa se te escapa casi hasta por las orejas, ¡increíble!, yo que me tenía por una persona seria, o cuanto menos de humor irónico, pero es que con esta adaptación de los 39 steps es imposible que no te rías.

¿Lo mejor? Todo, pero Gabino Diego se lleva la palma. Cuando él y Diego Molero interpretan a dos ancianos escoceses que regentan un hotel… eso ya es el clímax, te reirás como no eres consciente que eres capaz de reírte.

Y no digo más, que luego todo se sabe. No se trata de espachurraros el contenido de la obra, se trata de convenceros. Por 12€ veréis una obra que os encantará.
¿Qué haces ahí leyendo? ¿a qué estás esperando?

LA CIUDAD VIEJA DE CÁCERES


Uno llega a la Plaza Mayor de Cáceres y puede contemplar desde ella los perfiles de la Ciudad Vieja, pero no se imagina ni de lejos lo que verdaderamente va a encontrar dentro de sus murallas. Nunca ninguna otra ciudad española ha conseguido esa atracción perpleja en mí, porque no hay otra como ella. Cáceres parece una dormida ciudad medieval italiana, con la única salvedad de que está en España y es nuestra. Uno nunca se cansa de recorrer sus calles y sus recovecos, de contemplar la figura recortada al atardecer de una y mil cigüeñas sobre sus torres, uno de los grandes símbolos de la ciudad actual.


La Ciudad Vieja de Cáceres es un auténtico poema en piedra que se descubre verso a verso al viajero que la recorre con ojos como platos, frotándoselos cada poco, sin llegar a creer que un conjunto histórico y monumental como éste puede estar ahí, al alcance de nuestras manos, sumido en el olvido. Las tardes de primavera o de verano son una ocasión especialmente buena para pasear la ciudad y perdernos en ella. El sol en su letargo comienza su descenso, consiguiendo en los cielos tonalidades infinitas de rosados, y dotando a la rubia piedra de los monumentos cacereños un baño en oro que parece elevarlos un poco del suelo, convertirlos en una aureola un poco mística incluso.



Atravesando la primera arcada de piedra es casi imposible no arribar a la puerta de la Catedral, fortaleza entre fortalezas, con sus torres serenas mirando el atardecer. Quizá los pasos te guían sin saberlo a la Iglesia de la Compañía, desde cuya plaza podrás obtener una de las mejores imágenes doradas de una de las torres de la Catedral. Creo que el edificio de la Compañía de Jesús (los Jesuitas, tan imponentes como orden como ese edificio que se impone en tu ascenso por la Ciudad Vieja) es probablemente el más feo de toda la Ciudad Vieja, por sus paredes blancas que no disfrutan de ese bello dorado al atardecer que posee la piedra cacereña.



La ciudad está salpicada de Palacios, casas solariegas, escudos de arma, luces y sombras, dorados, ocres y rosados al atardecer, perfiles recortados y miles de pájaros sobrevolando muy alto tu cabeza, en la algarabía que lleva a la noche y precede al solemne silencio que preside cada rincón de la Ciudad Vieja cuando cae la noche. Casi puedes sentir los espíritus entre las sombras, los perfiles no ya recortados sino simplemente intuidos, el ulular del viento, los faroles encendidos reflejados sobre la piedra. Cáceres despierta tus sueños, cuando cruzas el arco de entrada a la Ciudad Vieja tu propio mundo se transforma, parece que te has trasladado a otra época, a otra dimensión, a otra historia.

MUERTE A LOS POETAS

Hoy he ido a Crisol, sé que no debía haberlo hecho, pero me resistía a olvidarme de ese pequeño templo a la lectura que pronto desaparecerá. Yo he sido en estos tres años y medio que llevo viviendo en Madrid una habitante habitual entre sus estanterías de libros. Crisol era una librería diferente, donde poder ver, tocar, leer, elegir el libro que llevarte contigo y que siguiera habitando tus sueños. Normalmente no podías hacer eso en ningún otro lugar, salvo en el Corte, pero esa tienda es tan impersonal...
Crisol era el paraíso de los lectores, de los grandes y los pequeños, de los que empezaban, de los que llevaban toda la vida leyendo. En él habitaban los poetas y los cantos de sirena, las historias inacabadas, los fantasmas y damiselas, las tardes de lluvia... en definitivia la propia vida.
Hace un par de semanas leí por internet que los dueños de Crisol habían decidido cerrar sus librerías. ¿Cómo es posible?, cuestión de la crisis sin más. No, señores, sólo eso no. Nos quejamos de que la gente no compra libros, la cultura no es rentable, no da dividendos ni grandes cuentas a fin de año. La que aquí suscribe puede leer unos cuatro libros al mes. Si tenemos en cuenta que un libro de cuatrocientas páginas y tapas duras cuesta como mínimo 20€, y ese mismo libro en tapas blandas 10€, ¿pongamos como media unos 600€ al año por algo menos de 50 lecturas? Mi presupuesto para las vacaciones de verano. Y todavía quedarían la música, el teatro, el cine, la cultura en general...
Sí, lo que tendrían que hacer es acercar la cultura al pueblo, abaratar los costes, enseñar a la gente que vivir sin leer no es vivir del todo, y así aumentará la demanda y todos sabremos un poquito más, que seguro que no nos vendría mal.
Este domingo cierran mi Crisol y con él se mueren las tardes de invierno, las historias olvidadas, algunos de mis sueños y todos los poetas que habitan mis versos inconclusos.
Hemos oído el canto de las sirenas, y esta vez es de verdad.

Su 18 de julio, MI 14 DE ABRIL!!!

Aunque sólo sean dos líneas, no puedo dejar pasar el día de hoy sin recordar aqul momento histórico en el que mi adorado poeta, el gran Antonio Machado, subió al balcón del Ayuntamiento de Segovia y enarboló la bandera republicana, en pos de la libertad. Han pasado muchos años desde entonces, y aún seguimos buscando una España libre. Ojalá algún día acabe el conservadurismo de las mentes de este país y hallemos un camino de tolerancia y libertad.

TACÓN Y MANTILLA

Perdonad por la ausencia de noticias... Últimamente se han producido tantos cambios en mi vida que hace semanas que no paso por aquí. Como os contaba hace unas tres semanas, me he embarcado en una nueva aventura. He dejado mi trabajo anterior (en el que llevaba más de tres años y del que estaba aburridísima) y me he cambiado a otra empresa. He aceptado un reto muy diferente, pero no exento de emoción. Aunque actualmente estoy como un pulpo en un garaje, intentando encontrar mi sitio y diseñar mi nuevo puesto (que es de nueva creación además, por lo que estoy aún más perdida), lo estoy viviendo con mucha ilusión, muchas ganas y muchas expectativas.
Eso sí, las últimas semanas he estado un poco ploff. Días en el hospital por una intervención familiar, luego me cogí una gripe, los nervios de los primeros días en el nuevo trabajo... En fin, que mis defensas dijeron "hasta aquí hemos llegado" y me dejaron a la deriva hecha polvo, me tenían que recoger con pinzas. Pero tras una cura de sueño de las mías el pasado fin de semana, parece que ya voy mejor, y con muchas ganas de nuevo.
Esta tarde, fiel a mis tradiciones, cojo el ave camino a Sevilla, y como dice la canción "luna, sol, flor y mantilla", o en mi caso, "mantilla y tacón". También con muchas ganas de vivir la Semana Santa y de ver a mis amigos, especialmente a mi Silvia y mi Sergio. Ya os contaré a la vuelta qué tal...
Muchas gracias por leerme, y que disfrutéis de estos cuatro días de descanso, que nos van a venir muuuuuy bien a todos.

UN NUEVO RETO PERSONAL

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Vuelvo a la carga con mi diario virtual para contaros algunas novedades que han surgido en mi vida...
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Llevaba tiempo un poco aburrida del trabajo, siempre haciendo a, b y c (algo que me sabía de pe a pa). Necesitaba un cambio, quería hacer cosas nuevas, hacer un trabajo más dinámico, seguir aprendiendo... Así que intenté quemar todos los cartuchos a mi alcance: pedir un cambio de departamento dentro de la empresa, presentarme a los escasos procesos de promoción que podían ir surgiendo dentro de la misma empresa etc, pero ya se sabe que con la crisis... todo está parado. Así que decidí seguir formándome, hacer cursos de técnicas y habilidades y buscar trabajo fuera.
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Ya sé que la situación económica no es la mejor, pero también sé que quien algo quiere, algo le cuesta. Por eso, puse todo lo que estaba en mi mano (sobre todo infinitas ganas) y afronté el buscar un nuevo trabajo como una carrera de fondo, poco a poco pero intentando todas las semanas dedicarle un hueco para que se hiciera realidad. No me faltaron voces que me quisieron echar para atrás, amenazándome con todo tipo de lobos y crisis... Pero el mundo es de los valientes, de los que se arriesgan, y en el caso de que te equivoques o que la apuesta te salga mal, tienes también la oportunidad de aprender de la experiencia y sobre todo de seguir intentándolo.
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Ya lo decía Bocaccio:
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"Más vale arrepentirse de haber hecho algo que arrepentirse de no haberlo hecho"
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(una verdad como un templo)
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Al final, he encontrado un trabajo bastante mejor, con unas condiciones infinitamente mejores a las que tengo en el trabajo actual. Me ha costado trabajo, ya que en esta pequeña cruzada personal llevo prácticamente un año, pero aún así lo ha conseguido. Sé que es un riesgo, pero también es una apuesta personal y os puedo asegurar que me lo tomo con todas las ganas que puedo reunir. Me hace muchísima ilusión afrontar este reto y embarcarme en una nueva aventura que confío en que me sea muy fructífera a nivel personal. El próximo día 1 quemos las naves y me embarco en un nuevo viaje personal y profesional.
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Por eso, a mis escasos pero muy queridos lectores de este blog, quería haceros partícipes de estas novedades y compartir mi alegría con vosotros. Muchas gracias por todo.
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Eva-Ítaca
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MIMÁNDONOS A TODOS

Ayer me daba por pensar en este blog, y pensaba que se está convirtiendo en algo así como un "cajón de sastre", o por qué no "cajón desastre", porque es un desatre de batiburrillo donde voy metiendo las cosas que se me van ocurriendo, lo que voy viviendo día a día, mis impresiones... eso sí, cuando me acuerdo, porque no es algo que haga regularmente, sino según me va dando...


Hoy me he acercado por aquí y descubro que mi querida Virginia-Svarada me ha regalado un MIMO. MUCHÍSIMAS GRACIAS REINA, ERES UN CIELO!!!!!


Así que, aunque no lo tenía previsto, hoy toca incluir otra entrada en este cajón desastres, sí sí, desatre desastroso...

Las normas dicen que debo incluir ocho deseos:


1- Que no nos falte la ilusión (sin ella, la vida no es vida)

2- Que tampoco nos falte la salud, algo en lo que no pensamos hasta que estamos mal.

3- Seguir teniendo el amor que tengo a mi alrededor.

4- Que la nueva aventura en la que me voy a embarcar me salga bien (ya os hablaré de ella..)

5- Que me salga algún viajecillo (algo que me encanta).

6- Que la situación general de todos mejore.

7- Que Athos llegue a mi vida.

8- Que muchas personas lean mi blog.



Y ahora toca nominar a mis ochos blogs... bueno, aún no conozco a mucha gente por aquí, pero haré lo que pueda.


La primera... A SVARADA, muchas gracias por tu regalo, como prueba de amistad, yo también te envío uno (creo que ya tienes tres).



La segunda... LUCÍA, a quien aún no conozco mucho pero que me encanta leer su blog.



La tercera... MI QUERIDA TITUBA, para que me perdone no haberla llamado cuando fui a Coruña y a quien espero volver a ver pronto.



La cuarta... MAPACHITO, paisana mía de Oviedín, que siempre nos da buenos consejos en su blog



La quinta... LEIRA, quien siempre ha sido una lectora fiel de mi blog. Muchísimas gracias por tu apoyo, guapa!!!



La sexta la CRIS, a quien conozco también de hace poco por estos lares, pero con su blog me lo paso genial, le pasa de todo a esta chica tan simpática




Y de momento, ahí lo dejo, quedan dos por nominar... ya me lo iré pensando. Uno sería para mi GeminisDespechada, pero desde que nos ha abandonado... cuanto la echo de menos!!!!



UN MIMO PARA TODOS, TAMBIÉN PARA TI AMIGO LECTOR, COMO SEA QUE HAYAS LLEGADO HASTA AQUI

LA PRIMAVERA SABE QUE LA ESPERO EN MADRID

Me encanta la primavera, sobre todo esos primeros días de calorcito sin que llegue a ser sofocante (luego viene el verano y casi nos hace odiar el calor) justo después del frío invierno. La verdad es que ya se gradece, eso de poder andar por la calle sin abrigos y bufandas, y pasear debajo de un sol inmenso y los árboles que ya empiezan a florecer...
Estos días estoy algo así como de break-hollyday-impass. Ayer me sacaron la muela del juicio (por lo que tengo aún menos juicio que normalmente) y hasta el lunes me han dado un pase médico para disfrutar de la primavera. Como casi no puedo hablar y a mí me pagan precisamente por eso, ahora tengo que estar en silencio, pero puedo disfrutar de la primavera de Madrid, y parezco un girasol buscando los rayitos y caricias del solecillo en la cara...
Ya lo decía Sabina: "La primavera sabe que la espero en Madrid"
...y yo y la he encontrado

AL ABUELO ANTONIO. IN MEMORIAN


Hoy se cumplen setenta años de la muerte del gran poeta Antonio Machado, y desde aquel aciago día España permanece huérfana del hombre que nos enseñó lo que verdaderamente significaban las palabras Respeto y Libertad. No podía dejar pasar este día sin honrar la memoria de este hombre que ha sido algo así como un abuelo para mí. De su mano aprendí a recitar versos y a recorrer los campos de Castilla en pos de ese sol que siempre se esconde tras el horizonte. Cuando fui mayor, aprendí a valorar el inmenso trabajo político que realizó en aquella España dividida y herida, de la que aún hoy sufrimos sus ecos.

Machado nació en Sevilla, pero tras pasar más de veinte años de su juventud en Castilla, su alma se volvió en cierta medida castellana. Nadie como él habló de estas tierras, ni de los anhelos del hombre, ni defendió la libertad tras una bandera tricolor. El abuelo Antonio, el hombre bueno que un día como hoy de hace muchos años nos abandonó y nos dejó huérfanos para siempre.

Pero aunque hayan pasado setenta años y puedan pasar otros muchos más, su estela de hombre bueno no se olvidará nunca. Sigue cuidando de nosotros como una estrella iluminada a lo lejos, sobre el horizonte de esas tierras castellanas que tanto amó. A su tumba, aunque parezca mentira, siguen llegando cada día decenas de cartas, cientos de flores y visitas de personas que nunca lo conocieron y en los que sin embargo su poesía y sus ideas siguen anidando aún hoy.

Él, que nunca persiguió la gloria, ni dejar en la memoria de los hombre su canción, lo ha hecho mejor que nadie.

¡¡¡Cuánto te echamos de menos, querido abuelo Antonio!!!


QUE NO TE VENDAN AMOR SIN ESPINAS

Yo soy de las que piensan que en muchos retazos de nuestra vida el azar juega un papel predominante. En cuestión de las lecturas, estoy totalmente segura de ello (en el resto de cosas también, la verdad), hay libros que se cruzan en tu camino de repente y se saltan todas las colas de pendientes, y otros que coletean durante años hasta que acabas por leerlos. La lectura es una de mis grandes pasiones, y últimamente más aún, ya que gran parte de mi tiempo de ocio que antes destinaba a otro tipo de cuestiones, ahora lo destino aún más a leer.

Hos os quiero hablar de uno de los libros que he leído más recientemente, "El libro del amor esquivo", un libro que cayó en mis manos por casualidad; nunca había oído hablar de él, pero leyendo la contraportada, me pareció interesante. Después, a lo largo de su lectura, se reveló como mucho más interesante aún. El hecho de que tenga un premio (en este caso ha sido finalista al premio Nadal en la edición de este año) suele echarme para atrás. Es algo así como un acto reflejo, simplemente que un libro haya obtenido un premio me hace desconfiar de él, ya que en muchas ocasiones el premio no es merecido, sino que se otorga por razones de otra índole. Sin embargo, en ocasiones ocurre el milagro y te encuentras con un excelente libro además de un premio literario. Esto es precisamente lo que me ha ocurrido a mí leyendo "El libro del amor esquivo", que me he llevado una maravillosa sorpresa con un libro que no conocía de nada (ni siquiera había oído hablar de él) y que me ha encantado. Con ello, compenso en buena medida el gran fiasco sufrido hace unos tres años con un Premio Nadal, "Llámame Brooklyn", que me resultó totalmente infumable.

Lo primero que me llamó la atención fue la ilustración que consta en la portada, una mujer desnuda mirando no se sabe hacia dónde, y detrás un hombre pertrechado tras un periódico abierto. Detrás de la mujer existe un árbol, de manera que los cabellos de ésta y las hojas del propio árbol parecen confundirse al menos en la primera visión. Fijándote con más detalle, te das cuenta de que es una ilusión óptica, pero en esa primera impresión, me vino a la memoria la imagen de Dafne escapando de Apolo y convirtiéndose en laurel para así poder escapar de los brazos del dios. Eso sí que fue un amor esquivo, y tan esquivo, Dafne tuvo que salir corriendo y renunciar a su propia vida para esquivar a Apolo, en esa historia que inmortalizó tan magníficamente Bernini en una de sus esculturas más famosas. Ya desde la propia portada me gustó, así que una buena edición, una buena portada, el atisbo de una historia interesante en la contraportada? y de pronto surgió la magia, empecé a leer el libro y aún me gustó más, me enganchó de principio a fin.

"El libro del amor esquivo" se divide en tres historias o relatos largos. Entre los tres relatos existe una ligera conexión en la figura de Félix, el protagonista del primero de ellos, que sirve de eslabón al resto de los relatos. En estos otros dos relatos, los protagonismos de los mismos son personas que tienen una relación más o menos tangencial con el propio Félix. Siguiendo con los recuerdos y con las conexiones mentales, esto me recuerda a las trilogías de Baroja, donde los protagonistas nunca eran los mismos, pero que existía una conexión directa o tangencial entre todos ellos. Es una buena forma de contar historias.


DEL AMOR Y OTRAS HISTORIAS.

Si el azar campa a sus anchas en el mundo, especialmente en el caso del amor es mucho más intensa su influencia. El amor no solamente es ciego, sino que a veces está loco, pero loco de remate. Los amores vienen y van, a veces ni siquiera llegan del todo, o se van pronto, o en el mejor y más raro caso, se quedan siempre. Pero muchas veces el amor es totalmente esquivo, pasa por nuestro lado y no nos enteramos, siempre nos enamoramos de quien no se fija en nosotros y viceversa: en quien se enamora de nosotros, ni siquiera nos fijamos.

Este libro habla de historias paralelas, de historias de amor que no llegan a cuajar, de vidas que se cruzan y se separan, de historias de amor que empiezan y acaban, de aquéllas que no empezaron y que años después de pronto tienen lugar. En definitiva, un absoluto enjambre de historias paralelas entre las calles de Madrid, con personajes que de algún modo tienen conexiones entre sí, que a veces se cruzan en la calle sin conocerse y que un día coinciden y toman conciencia unos de otro. Madrid es una ciudad maravillosa donde muchas veces ocurren este tipo de cosas; en ocasiones cuando voy en el metro pienso en ese tipo de cosas, en la cantidad de personas con las que nos cruzamos cada día y que son totales deconocidos hoy y que quizá dentro de algún tiempo se conviertan en nuestros amigos, vecinos, parejas, compañeros de trabajo etc. Es lo que tiene vivir en una ciudad grande donde casi nadie se conoce. Otras veces los encuentros y desencuentros se producen por mero azar. A veces no coincidimos con alguien por espacio de escasos segundos, o sí coincidimos precisamente por ese azar que hace que nuestros pasos o nuestras miradas se crucen en un mismo instante. Es la omnipresencia del azar en nuestras vidas y nuestro mundo, prácticamente todo sucede por azar, y el paso que damos hoy quizá haga que mañana demos otro paso relacionado o cambien de una u otra manera el curso de nuestras vidas.


LOS RELATOS DEL LIBRO DEL AMOR ESQUIVO.


1. PRIMER RELATO: "CUANDO ERA OTRO".

El primer relato te engancha desde su primera página. Comienza con la historia de amor entre Félix y su primera novia, que nacieron en el mismo hospital y a la misma hora, y desde entonces no se han separado. Pero las cosas cambian un poco cuando terminan la carrera, su novia saca las oposiciones y él se queda en Madrid estudiando para esas mismas oposiciones que no ha aprobado. Después viene la ruptura, y tras una etapa oscura Féliz vuelve a salir a la calle y retomar las riendas de su vida, mientras sigue preparando las oposiciones. Una vez más, el azar hará que en su vida se cruce un nuevo amor en la figura de Luz, una chica a la que conoce por Eduviges, una viejecita encantadora, antigua vecina de los padres de Félix.
Este relato habla en un primer momento de la casualidad, de cómo en la vida se cruzan y se descruzan caminos, del tan mencionado como cierto dicho de que cuando una puerta se cierra, otra se abre. Félix conoce a Luz y empieza a vivir una vida sencilla y alegre a su lado, en una historia que al principio arranca poco a poco, pero que luego termina por estabilizarse a todos los niveles. Sin embargo un buen día, en un bar al que suelen acudir juntos con frecuencia, una persona enciende en ellos la llama del desasosiego. Gabriel es una persona que trabaja de algo parecido a relaciones públicas en ese bar, y una de las cosas que habitualmente hace es desvelarles su porvenir a los clientes. En esta ocasión es él quien con una frase dicha a cada uno de los amantes, a Féliz por un lado y a Luz por otro, desencadena las sombras de la traición, y los caminos una vez más se cruzan y se descruzan a veces por puro azar y otras veces por hilos y conexiones que desconocemos.

Se trata sin lugar a dudas de un relato trepidante desde el inicio hasta el fin, que te hace ir cayendo más y más en su historia y enredarte en ella. Lo que al principio parece una historia como tantas otras, termina complicándose y a la vez desvelándose poco a poco según vas leyendo. El final se presenta trepidante, aunque muchas de las cosas que no sabías las irás descubriendo en el segundo relato, donde las piezas empezarán a encajar una tras otra. De ahí que los tres relatos del libro estén encadenados, como una peculiar trilogía presidida por el azar.


2. SEGUNDO RELATO. "LA NIEBLA".

El protagonista del segundo relato es Gabriel, el relaciones públicas del bar al que muchas tardes acudían Luz y Félix. El personaje de Gabriel prácticamente no tiene peso en el primer relato, es un mero secundario que de alguna manera influye en la historia entre Luz y FéliX, pero poco más. Sin embargo, en este segundo relato, Gabriel es el absoluto protagonista de la historia. Conoceremos su infancia en una pequeña aldea gallega, las vueltas que ha dado por el mundo hasta recalar en el Madrid de los Austrias. Él cree que su pasado está totalmente olvidado, hasta que un buen día entra en el bar Flora, una vecina y un amor imposible y desvencijado de su adolescencia. Ella le traerá los mejores y los peores recuerdos de su aldea y su pasado.

Pero las cosas empezarán a complicarse poco a poco, en este caso los caminos que en el pasado no tomamos vienen a buscarnos en el presente. Y veremos cómo las cosas no son lo que a primera vista podrían parecer. Las conexiones con la historia de Félix y Luz son más de las que antes pensábamos ya que personajes que formaron parte del pasado de ellos vienen a formar parte tangencial pero inexorablemente de la historia actual de Gabriel y Flor.

Creo que este relato sin duda es el más duro de los tres, el que más se ajusta a la novela negra, una historia de intriga, de celos, de miedo, de intentos de escapar. Me gustó mucho, al igual que los otros dos, pero he de reconocer que fue el que me gustó quizá un poco menos. Probablemente porque con el resto de las historias del libro me sentía identificada de una u otra manera, y con ésta no. Aún así, la historia es buena y además no sólo desvela los secretos de la vida del propio Gabriel, sino que nos desvela algunos detalles relacionados con la historia de Félix y Luz, que no habíamos llegado a comprender del todo.


3. TERCER RELATO: "MOMENTOS ROBADOS".

El tercer relato fue sin duda el que más me gustó de todos, quizá porque la protagonista, Eva, se llamaba como yo, y también porque no podía evitar sentirme reflejada en algunas cosas en los rasgos de su personaje. Eva es una chica de un pueblo pequeño que ha venido a Madrid a ganarse la vida y malvive trabajando en una tienda de revelado de fotografía. Allí conocerá a un hombre que en gran medida le hará perder la cabeza y también modificar el curso de lo que ha sido su vida hasta ese momento, y con él empezará una relación amorosa que también tendrá un camino.

Eva encuentra en la fotografía uno de sus hobbys, el hallazgo casual de una cámara en sus manos en medio de la Plaza Mayor le abrirá los mundos de la fotografía y lo que empezó siendo un simple entretenimiento, terminará convirtiéndose en su profesión. Eva hace fotografías en cualquier esquina de Madrid y entre sus cientos de ellas un día hará una a un cantante famoso, por lo que venderá esa foto a una revista del corazón y se verá involuntariamente inmersa en el mundo de los paparazzi, convirtiéndose en una de ellos. Por medio de ese trabajo descubrirá involuntariamente las partes oscuras de la personalidad de su pareja, haciéndole en cierta medida cambiar de rumbo sentimental. Entre medias, aparecerá una tercera persona, un compañero de trabajo, también paparazzi, con el que comenzará una relación mucho más sosegada. Y ése es el punto de su vida, aunque ha habido anteriormente otro, en el que su camino se cruzará, pero de manera muy tangencial, con Félix, el protagonista de la primera historia. Y es que en este Madrid tan grande a veces las coincidencias se multiplican y parece que todo se reduce a las cuatro calles de un pequeño pueblo donde todos se conocen.
Para mí éste es el mejor de los tres relatos del libro sin lugar a dudas, es una historia que engancha, tremendamente interesante, aunque en el caso del primero de los relatos también posee una historia que engancha. En cualquier caso, la personalidad de Eva es arrebatadora, una versión de una heroína moderna muy sui generis.


MI EXPERIENCIA.

Básicamente mi valoración del libro es muy positiva, razón por la que sólo puedo recomendároslo. Fue una auténtica sorpresa inesperada, uno de esos regalos que el propio azar trae hasta tus manos y que vas descubriendo poco a poco, hoja a hoja. Creo que las historias de los tres relatos son realmente buenas y no sólo el contenido sino la forma de desarrollo. Su autor, Rubén Abella, posee una prosa ágil y fácil de seguir, que sabe atrapar al lector desde las primeras páginas y mantener su atención hasta el final. Curiosamente, lo mío no son precisamente los relatos, ya que prefiero las novelas, en las que una historia se presenta realmente desarrollada, no con la sensación de que se ha quedado a medias. Es cierto que los relatos contenidos en "El libro del amor esquivo" no son relatos cortos, sino relatos de una extensión media, con las páginas suficientes para desarrollar cada una de las historias que en ellos se cuentan. Es cierto también que cualquiera de las historias de los tres relatos habría servido para una historia de una novela. Aún así, me gustó todo del libro, lo disfruté, lo paladeé y me convenció; a pesar de ser un desconocido para mí, a pesar del premio que en lugar de aportarle valor se lo quita, a pesar de todo lo que queramos oponer.

EL RUMOR DEL MAR

Perdón por el abandono, hace semanas que no pasaba por aquí a dejaros un trocito de mi vida dentro de esta botella blogera que tan pronto está varada como va dando tumbos ola aquí y ola allá. Últimamente he estado liadilla con cosillas que van surgiendo también ola aquí y ola allá, o como estoy en tierra firme y bastante lejos del mar por cierto, pues esquina aquí y esquina allá, nada que reseñar especialmente, la verdad.
Y hoy me he acordado del viaje que hice a Coruña a mediados de enero. Eso de cogerse un vuelo low cost y de pronto desvanecerte de las prisas de Madrid y verte frente al mar disfrutando del sol de invierno y del buen marisco a partes iguales, no tiene precio (para todo lo demás, ya sabéis, la tarjetita esa de débito que anuncian). También me he acordado de cómo rompían las olas en el espigón al lado de Riazor, antes del temporal eso sí, que después creo que rompían demasiado. Y yo que soy de tierra de mar (aunque ahora viva en secano), sé que cuando el Cantábrico se encrespa, es realmente peligroso. Pero es bien bonito ver romper el oleaje contra la costa y pasear frente al mar, y dejar que los pensamientos fluyan y se pierdan en el horizonte...

Hoy mi vida recoge una calma pacífica mientras ahí fuera ruge la tempestad y las olas encrespadas se estrellan vete tú a saber dónde.

¿Qué habrá sido de mi botellita intrépida que andaba ola alante y ola atrás intentando llevar mis pensamientos al otro lado del océano??

¡¡¡¡VIVA LA NIEVE!!!!

Supongo que ayer y hoy muchos blogs de este país habrán hablado de la nieve, y no me extraña, es un tema recurrente. Lo cierto es que la gran nevada parece que nos pilló a todos por sopresa. Yo estaba trabajando, sentada en mi mesa en la oficina en Tres Cantos, un pueblo de la sierra norte de Madrid, y comenzó a nevar de tal forma y a tal velocidad que pensé que nos tocaba quedarnos allí el fin de semana completo. De hecho, casi fue lo que pasó, terminó cerrando la empresa a las cinco porque los del turno de tarde no pudieron llegar a trabajar, y los de la mañana lo tuvimos chunguillo para salir de allí, nos fuimos a las cinco a la estación, que estaba totalmente abarrotada, y el tren pasó a las 17.50, casi una hora después, pero por lo menos pasó y nos pudimos ir a casita.

El espectáculo de la nieve es grandioso, vale que casi haya paralizado el país, pero no se le puede negar su belleza. Ayer por la tarde, justo antes de entrar en casa me encontré con este simpático muñequito de nieve que habían hecho los niños del bloque de enfrente. No se les puede negar el talento, la verdad es que les quedó monísimo, no le faltaba de nada.

Hoy al abrir la ventana el parque que hay frente a casa se veía totalmente nevado, y como es sábado, yo no tenía que salir de casa, podía quedarme tranquilamente a ver el espectáculo desde aquí, calentita (qué bien). Que lo de burrear a bolazo limpio de nieve ya lo hicimos ayer por la tarde. Lo siento, pero no me había llevado la cámara al trabajo y desgraciadamente no hay fotos para ilustrar y rememorar ese momento, así que os dejo las vistas desde mi ventana.


Y como hace frío, ya no nieva y ha hecho un día de sol espléndido pero frío, por lo que la nieve se ha helado y ahora sí que tiene que estar fastidiado eso de ir por la calle, como yo me puedo quedar en casa hoy, pues calentita entre las mantas llevo todo el día. Este fin de semana pensaba ir de rebajas, por lo que eso que me ahorrado, que tal y como está todo. He de reconocer que llevo un día fantástico y calentito en casa en el que me he leido una novela, he visto dos películas, he estado interneteando y ahora escribiendo en el blog. Eso sí, empecé el día con buen pie, os pongo una foto del fantástico desayuno que me han traido hasta la cama (esto de la nieve está teniendo muuuuuchas ventajas).


Así que a disfrutar de la nieve, que es un espectáculo grandioso. Y yo que pensaba que la única nieve que iba a ver era la de la bola de cristal del Winnie the Pooh y el Tigger que me había comprado el otro día en las rebajas de la tienda Disney... Pero no, grandiosa nieve la que ayer cubrió media España, y el caos que provocó.


DE VUELTA

Bueno, ya estamos de vuelta a la rutina (por decirlo de alguna manera), las navidades se han acabado y yo no les he dedicado ni una mísera línea en mi blog. Y ahora que terminan es cuando yo me acuerdo de ellas, como todo en mi vida... No es que me apasionen estas fechas, aunque reconozco que tienen cosas bonitas: el ambiente en general, las lucecitas de navidad en las calles, las vacaciones si las tienes, volver a ver a tu gente... Pero no soy una apasionada de la navidad, creo que se nota. Pero hoy, 7 de enero, un día más de trabajo (porque trabajé el 29, 30, 31 de diciembre, 1 y 5 de enero, por lo que salvo la semana de navidad, he pringado el resto), me he encontrado de nuevo con el tráfico, el estrés, las calles sin luces... todo muy poco zen, estábamos mejor en Navidad.

A sus Majestades los Reyes Magos, los vi a través de la ventana de un bar en Segovia, donde estábamos maravillosamente bien tomando nuestras cañitas y nuestras tapitas, mientras el resto salía a la calle a ver la cabalgata a bajo cero. No se han portado mal conmigo, aunque tampoco hemos tirado cohetes, será cosa de la crisis. El sábado me voy de rebajas, a ver si enmendamos sus errores...

Y sobre el 2009... veremos qué nos depara. Podría hacer mil propósitos que seguro que luego no cumpliré, así que me ahorro la lista. Es un año nuevo y vendrá cargado de cosas, algunas buenas y otras malas, habrá que ir viviéndolas poco a poco... De momento que me quede como estoy, que de momento tengo salud, tengo amor, no tengo dinero pero sí trabajo, y tengo ilusiones. Espero que el año me dé la oportunidad de hacerme algún viajecito que otro (cuantos más mejor), de leer, conocer gente nueva, vivir cosas novedosas e interesantes (el blog surgió en el 2008, a ver qué se me ocurre en el 2009) y sobre todo no sólo sobrevivir sino vivir intensamente....


A ver qué nos deparas, 2009, en ti pongo mis ilusiones!!!!