EL RUMOR DEL MAR

Perdón por el abandono, hace semanas que no pasaba por aquí a dejaros un trocito de mi vida dentro de esta botella blogera que tan pronto está varada como va dando tumbos ola aquí y ola allá. Últimamente he estado liadilla con cosillas que van surgiendo también ola aquí y ola allá, o como estoy en tierra firme y bastante lejos del mar por cierto, pues esquina aquí y esquina allá, nada que reseñar especialmente, la verdad.
Y hoy me he acordado del viaje que hice a Coruña a mediados de enero. Eso de cogerse un vuelo low cost y de pronto desvanecerte de las prisas de Madrid y verte frente al mar disfrutando del sol de invierno y del buen marisco a partes iguales, no tiene precio (para todo lo demás, ya sabéis, la tarjetita esa de débito que anuncian). También me he acordado de cómo rompían las olas en el espigón al lado de Riazor, antes del temporal eso sí, que después creo que rompían demasiado. Y yo que soy de tierra de mar (aunque ahora viva en secano), sé que cuando el Cantábrico se encrespa, es realmente peligroso. Pero es bien bonito ver romper el oleaje contra la costa y pasear frente al mar, y dejar que los pensamientos fluyan y se pierdan en el horizonte...

Hoy mi vida recoge una calma pacífica mientras ahí fuera ruge la tempestad y las olas encrespadas se estrellan vete tú a saber dónde.

¿Qué habrá sido de mi botellita intrépida que andaba ola alante y ola atrás intentando llevar mis pensamientos al otro lado del océano??

5 comentarios:

  1. Yo siempre quise tirar una botella al mar con un mensaje dentro...

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  2. Que te voy a contar yo del Cantábrico... es vida. Al menos es lo que yo siento. El olor del mar es indescriptible.
    Pero lo de A Coruña, es otro cantar, más bravo.

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  3. Yo conozco bien el cantábrico... me crié a su lado... Te puedes creer que yo no conozco A Coruña? Un besote

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  4. Jo! me da corte ahora haberte reñido :S. Sobre todo porque yo llevo más de una semana vagueando...

    Bueno, que sí, que mola eso de subirse en un avión y aparecer a la orilla del mar, es que Madrid está lejos del mar y eso se nota...

    Besitos.

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  5. Seguirá igual, tu botellita, digo. Los mensajes en las botellas se vuelven atemporales, creo.

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