Uno a uno o todos de golpe... SUBE LOS 39 ESCALONES




¡¡¡¡¡Todavía estáis a tiempo!!!!!

En el Teatro Maravillas (c/Manuela Malasaña, al ladito de la Glorieta de Bilbao) están representando los 39 Escalones de Hitchcock en versión teatral. Yo ya llevaba meses queriendo ir a ver esa obra, pero los 25 euritos de la entrada me echaban para atrás. Pues bien, están hasta final de mes y ¡¡¡¡han bajado los precios!!! Podéis encontrar entradas en la propia taquilla a 12,5€ y los miércoles a 10€, un precio mucho más asequible.

Mi consejo es ¡¡¡¡coge la entrada y corre!!! o ¡¡¡¡corre a coger la entrada!!!! Pero hagas lo que hagas, tienes que ir a verlo, aún te quedan dos semanas. Yo que soy muy teatral, pero más de género trágico que del cómico, creía que no me quedaban lágrimas ¡¡¡¡de risa!!!! tras todas las que derramé en la función. Es una comedia hilarante, fascinante, extravagante…. Y muchas más palabras que acaben en ante.

Telón bajado, empieza la película de Hitochcock… Se levanta el telón, en escena aparece el actor Jorge de Juan interpretando a Richard Hannay, un soltero de oro que se aburre en su apartamento del West End londinense. Decide ir al teatro a distraerse un rato, a ver a un cerebrín llamado Mr. Memory e interpretado por el imitable y extravagante Gabino Diego (yo soy fan desde el Rey Pasmado, no puedo evitarlo). Allí, el azar hará que Hannay se cruce con una espía británica, interpretada por Beatriz Rico”, que poco antes de morir asesinada, le hablará de una conspiración y de los 39 escalones. A partir de ahí, el ritmo es tan trepidante como estrepitosamente cómico. Hannay tiene que huir de la policía que le está siguiendo los talones, encontrar al Profesor, que parece tener la clave de los 39 escalones…

El reparto se completa con Diego Molero, que junto a Gabino Diego dan vida a un total de trece actores, muchos de ellos totalmente desternillantes. No puedes dejar de reír, aunque lo intentes, la risa se te escapa casi hasta por las orejas, ¡increíble!, yo que me tenía por una persona seria, o cuanto menos de humor irónico, pero es que con esta adaptación de los 39 steps es imposible que no te rías.

¿Lo mejor? Todo, pero Gabino Diego se lleva la palma. Cuando él y Diego Molero interpretan a dos ancianos escoceses que regentan un hotel… eso ya es el clímax, te reirás como no eres consciente que eres capaz de reírte.

Y no digo más, que luego todo se sabe. No se trata de espachurraros el contenido de la obra, se trata de convenceros. Por 12€ veréis una obra que os encantará.
¿Qué haces ahí leyendo? ¿a qué estás esperando?

LA CIUDAD VIEJA DE CÁCERES


Uno llega a la Plaza Mayor de Cáceres y puede contemplar desde ella los perfiles de la Ciudad Vieja, pero no se imagina ni de lejos lo que verdaderamente va a encontrar dentro de sus murallas. Nunca ninguna otra ciudad española ha conseguido esa atracción perpleja en mí, porque no hay otra como ella. Cáceres parece una dormida ciudad medieval italiana, con la única salvedad de que está en España y es nuestra. Uno nunca se cansa de recorrer sus calles y sus recovecos, de contemplar la figura recortada al atardecer de una y mil cigüeñas sobre sus torres, uno de los grandes símbolos de la ciudad actual.


La Ciudad Vieja de Cáceres es un auténtico poema en piedra que se descubre verso a verso al viajero que la recorre con ojos como platos, frotándoselos cada poco, sin llegar a creer que un conjunto histórico y monumental como éste puede estar ahí, al alcance de nuestras manos, sumido en el olvido. Las tardes de primavera o de verano son una ocasión especialmente buena para pasear la ciudad y perdernos en ella. El sol en su letargo comienza su descenso, consiguiendo en los cielos tonalidades infinitas de rosados, y dotando a la rubia piedra de los monumentos cacereños un baño en oro que parece elevarlos un poco del suelo, convertirlos en una aureola un poco mística incluso.



Atravesando la primera arcada de piedra es casi imposible no arribar a la puerta de la Catedral, fortaleza entre fortalezas, con sus torres serenas mirando el atardecer. Quizá los pasos te guían sin saberlo a la Iglesia de la Compañía, desde cuya plaza podrás obtener una de las mejores imágenes doradas de una de las torres de la Catedral. Creo que el edificio de la Compañía de Jesús (los Jesuitas, tan imponentes como orden como ese edificio que se impone en tu ascenso por la Ciudad Vieja) es probablemente el más feo de toda la Ciudad Vieja, por sus paredes blancas que no disfrutan de ese bello dorado al atardecer que posee la piedra cacereña.



La ciudad está salpicada de Palacios, casas solariegas, escudos de arma, luces y sombras, dorados, ocres y rosados al atardecer, perfiles recortados y miles de pájaros sobrevolando muy alto tu cabeza, en la algarabía que lleva a la noche y precede al solemne silencio que preside cada rincón de la Ciudad Vieja cuando cae la noche. Casi puedes sentir los espíritus entre las sombras, los perfiles no ya recortados sino simplemente intuidos, el ulular del viento, los faroles encendidos reflejados sobre la piedra. Cáceres despierta tus sueños, cuando cruzas el arco de entrada a la Ciudad Vieja tu propio mundo se transforma, parece que te has trasladado a otra época, a otra dimensión, a otra historia.