LA CIUDAD VIEJA DE CÁCERES


Uno llega a la Plaza Mayor de Cáceres y puede contemplar desde ella los perfiles de la Ciudad Vieja, pero no se imagina ni de lejos lo que verdaderamente va a encontrar dentro de sus murallas. Nunca ninguna otra ciudad española ha conseguido esa atracción perpleja en mí, porque no hay otra como ella. Cáceres parece una dormida ciudad medieval italiana, con la única salvedad de que está en España y es nuestra. Uno nunca se cansa de recorrer sus calles y sus recovecos, de contemplar la figura recortada al atardecer de una y mil cigüeñas sobre sus torres, uno de los grandes símbolos de la ciudad actual.


La Ciudad Vieja de Cáceres es un auténtico poema en piedra que se descubre verso a verso al viajero que la recorre con ojos como platos, frotándoselos cada poco, sin llegar a creer que un conjunto histórico y monumental como éste puede estar ahí, al alcance de nuestras manos, sumido en el olvido. Las tardes de primavera o de verano son una ocasión especialmente buena para pasear la ciudad y perdernos en ella. El sol en su letargo comienza su descenso, consiguiendo en los cielos tonalidades infinitas de rosados, y dotando a la rubia piedra de los monumentos cacereños un baño en oro que parece elevarlos un poco del suelo, convertirlos en una aureola un poco mística incluso.



Atravesando la primera arcada de piedra es casi imposible no arribar a la puerta de la Catedral, fortaleza entre fortalezas, con sus torres serenas mirando el atardecer. Quizá los pasos te guían sin saberlo a la Iglesia de la Compañía, desde cuya plaza podrás obtener una de las mejores imágenes doradas de una de las torres de la Catedral. Creo que el edificio de la Compañía de Jesús (los Jesuitas, tan imponentes como orden como ese edificio que se impone en tu ascenso por la Ciudad Vieja) es probablemente el más feo de toda la Ciudad Vieja, por sus paredes blancas que no disfrutan de ese bello dorado al atardecer que posee la piedra cacereña.



La ciudad está salpicada de Palacios, casas solariegas, escudos de arma, luces y sombras, dorados, ocres y rosados al atardecer, perfiles recortados y miles de pájaros sobrevolando muy alto tu cabeza, en la algarabía que lleva a la noche y precede al solemne silencio que preside cada rincón de la Ciudad Vieja cuando cae la noche. Casi puedes sentir los espíritus entre las sombras, los perfiles no ya recortados sino simplemente intuidos, el ulular del viento, los faroles encendidos reflejados sobre la piedra. Cáceres despierta tus sueños, cuando cruzas el arco de entrada a la Ciudad Vieja tu propio mundo se transforma, parece que te has trasladado a otra época, a otra dimensión, a otra historia.

3 comentarios:

  1. Extremadura es la gran olvidada, donde hay muchos tesoros dignos de visitar.

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  2. que voy la semana que viene! te lo había dicho ya en alguna parte no? vaya lio, jeje, por cierto que te había contestado en mi propio libro de visitas, por eso no lo habías visto.. besos!

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  3. Goyo y yo estuvimos hace casi dos años por allí y nos gustó mucho... Un beso

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