EN COLLIURE

En esta noche de invierno tan extraña, que más bien pareciera una noche del inicio de la primavera, vuelven a la retina de mi memoria aquellas tardes de verano en Colliure. Cuán distinta estará la pequeña localidad costera mediterranea en esta noche a como lo está en el verano efervescente, llena de turistas en sus terrazas, con alegría y risas en las calles en esas noches de vino y rosas estivales. Pero sé que en esta noche Colliure estará silenciosa y olvidada, con sus calles desiertas, sus contraventanas cerradas y su silencio nostálgico que todo lo inunda. No es tan diferente Colliure de otras villas marineras en invierno, como Biarrtiz o cualquiera de las localidades costeras del Levante español en las largas noches de invierno pintadas de azul por el Mediterráneo.

Quizá fue así la primera noche que el poeta llegó a ver tus perfiles por primera vez, con la estocada en el alma partida, derrotado, exiliado, enfermo... Una noche que sería una de sus últimas noches en este mundo, pero aún nos queda su recuerdo. En Colliure moriría, allí reposaría para siempre esperando a que nosotros, huérfanos de sus palabras, acudiésemos a llorar su memoria junto a la tumba tantos años después.

Pero en esos últimos días, el poeta tuvo que hacer balance en medio del desastre; mirar atrás a su España desvencijada, como una nao con el mástil partido a la deriva. Y sorbo a sorbo, amargos sorbos de la derrota y el exilio, debió beberse su pasado. Allí estaba nuestro abuelo Antonio, con su nostalgia reflejada sobre el azul del mar, quizá incluso en una noche con viento del sur como la de hoy, una noche de invierno que recordaba a la primavera.

Al menos nos queda el consuelo de saber que en sus últimos días al abuelo Antonio no le abandonaron ni la luz ni el infinito azul, así lo dejó reflejado en su último verso: "Estos díaz azules y este sol de la infancia".

Azul... azul del Mediterráneo, azul intenso de la nostalgia. Recuerdo el sabor de las lágrimas sobre los labios frente a la losa gris que vela el sueño del hermano Antonio. Ese sabor a sal, tan parecido al agua del mar, a ese azul al fin y al cabo...

1 comentario:

  1. Me he vuelto a emocionar leyendo esto, igual que cuando leí tu opinión sobre tu visita a la tumba del abuelo Antonio...

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