DE PASEO CON EL ABUELO ANTONIO

Abuelo Antonio… tú de paseo por la Plaza Mayor de Segovia… Ya era hora (demasiados años han tardado) de que el Ayuntamiento de esta ciudad contemplando la Catedral, justo frente al Teatro Juan Bravo y al lado del Ayuntamiento de Segovia, emblemático lugar donde aquel rememorado 14 de abril enarbolaste la bandera republicana. Curioso que ese acontecimiento sucediera precisamente aquí, en la conservadora y recia Segovia.

¿Te apetece dar un paseo por esta ciudad que un día habitaste? Podríamos caminar tranquila y sosegadamente, recorrer la Plaza Mayor, la calle Real, bajar al Acueducto, volver a subir y perdernos por la Judería Vieja, rodear la Catedral, bajar hasta el Alcázar, contemplar las maravillosas vistas sobre la Vera Cruz y el Parral, y luego volver tranquilamente hasta aquí. Venga, vamos…

Empezemos por la Plaza Mayor. Aquí podemos ver, un poco retranqueada, la torre de la Iglesia de San Miguel, donde se casaron mis abuelos. También cuentan las crónicas que cuando el rey Enrique IV murió en Madrid, su hermana Isabel estaba en Segovia, un jinete salió de Madrid y en pocas horas llegó a Segovia para anunciar la noticia a la infanta, y ésta, inmediatamente, se autoproclamó Reina de Castilla precisamente en este lugar.

No es cerrada la Plaza Mayor de Segovia, pero no por ello deja de tener un cierto encanto caduco, con el Ayuntamiento a cuyo balcón tú te subieras un día, el Teatro Juan Bravo, que lleva el nombre del Comunero Segoviano, o la mismísima Catedral con sus diecisiete capillas si no me equivoco.

Si quieres, podemos coger la calle Real hacia abajo, llegar a la Iglesia de San Martín y contemplar la estatua del comunero Juan Bravo, natural de estas tierras, enmarcada con el Torreón de Lozoya al fondo. También él se levantó por la libertad, como tú lo hicieras en otro contexto histórico siglos después. Me gustan especialmente estos dos levantamientos segovianos, tan extraños y únicos en estas tierras yermas…

Pero dejemos la política, abuelo, y continuemos caminando. No sé si quieres pararte a descansar, reposar el cuerpo en un banco e imbuirnos de la magia de este lugar empedrado. Con los arcos románicos de San Martín, el empedrado de la plaza y Juan Bravo, indolente al paso de los tiempos, enarbolando la libertad por bandera… No sé si lo conoces, pero allí arriba han abierto hace años el Museo Esteban Vicente, te lo digo porque no estaba aún aquí cuando tú paseabas por estas calles. Y es que Segovia posee un encanto especial de piedra callada. En ella existen iglesias maravillosas: San Martín, San Millán, San Esteban, San Justo, San Miguel...

Seguimos caminando Calle Real abajo, dejamos la Casa de los Picos a nuestra izquierda, quieres asomarte al mirador desde el que se ve la Iglesia de San Millán y la Mujer Muerta al fondo… Hace un soleado y maravilloso día primaveral del invierno de Segovia. Estamos teniendo suerte, abuelo, ya sabes qué frío suele hacer por estos lares…Pero hoy no hace frío ni en el ambiente ni en nuestros corazones. Por aquí pasaron también los Reyes Católicos en su día, aquí estaba la Puerta de San Martín. Fíjate en la placa que lo indica, rememora aquel día en que ambos la traspasaron y juraron antes de entrar los fueros de la ciudad.

Como veo que estás cansado y no quieres seguir bajando hacia el Acueducto y la Plaza del Azoguejo, si quieres mejor damos la vuelta y volvemos a retomar la Calle Real, vamos hablando de tus experiencias en esta ciudad, y yo te cuento cómo he seguido tus pasos por media España y parte del extranjero.

Sí, no te extrañes, he seguido tus pasos en tu Sevilla natal, incluso he estado en capilla una madrugá ante tu Cristo de los Gitanos, al que le dedicaste tu hermosa Saeta. También he estado en Baeza, donde empezaste tu actividad como profesor, y luego más tarde en tu adorada Soria, donde conociste el amor de tu pequeña Leonor. Recuerdo haber paseado por el sendero del río, de camino a San Saturio, el mismo lugar donde tú tantas veces paseases, haber visitado la iglesia donde os casasteis y haber seguido tus huellas por la ciudad del Duero…

Pero también he recorrido muchas veces esta ciudad de Segovia tras tus pasos, e incluso te presenté mis respetos ante tu tumba en Colliure, un lugar lleno de nostalgias, mágico, intenso, único...

No hablemos de cosas tristes, abuelo, hoy toca disfrutar de este paseo y del placer de estar juntos. Sigamos caminando, dejando la Plaza del Corpus y la Sinagoga atrás, encaminando nuestros pasos por la Judería Vieja, rodeemos la catedral por su girola y volvamos de nuevo al punto de donde comenzamos este paseo, a la Plaza Mayor.

Continuemos después nuestro paseo por la calle Daoíz en dirección al Alcázar. Seguro que has pasado muchas veces por este lugar, abuelo Antonio. Precisamente aquí, a mano derecha, empieza la calle de los Desamparados, donde se encontraba la pensión en la que viviste varios años aquí en Segovia. Es una pena, sólo una pequeña placa indica su ubicación, y a pesar de que muchos turistas bajan la calle Daoíz desde la Catedral hasta el Alcázar, pocos se fijan en la placa, y menos aún deciden bajar hasta tu casa, hoy convertida en museo. Del museo, mejor ni hablemos, ya sabes el poco espíritu comercial castellano. Yo misma, me he encontrado varias veces el museo cerrado, así que visitarlo se hace ciertamente difícil. Una verdadera pena, deberíamos conocer más de tu vida y del lugar donde moraste aquellos años.

Pero regresemos a nuestro paseo, es bonito bajar esta calle empinada hasta el Alcázar, no me digas que no. También hay historia callada bajo sus adoquines atemporales. Empezando por su nombre, el Capitán Daoíz, quien estudiaría aquí, en la Academia de Artillería de Segovia, y quien luego se levantaría contra los franceses en aquel memorable 2 de mayo de 1808 en Madrid abriendo el cuartel de Monleón. Otro levantamiento por la libertad, abuelo Antonio, lo que demuestra que este país no está muerto , aún seguimos luchando por lo que merece la pena.

Y por fin llegamos al Alcázar,este magnífico edificio que siempre me ha maravillado. Qué decir además de sus jardines, y de las vistas magníficas que se captan desde él. En su torre estudiaba astronomía el mismísimo Alfonso X el Sabio. Y desde una de sus paredes se despeñó aquel infante, nieto de los Reyes Católicos, llamado a heredar la corona conjunta de sus abuelos, y que la perdió junto a su vida en su más tierna infancia.

Siempre me ha gustado este lugar, y especialmente sus maravillosas vistas. Desde él podemos contemplar en el horizonte el magnífico y desconocido Monasterio del Parral, La Iglesia de la Virgen de la Fuencisla, patrona de la ciudad, o la magnífica y sobre todo mágica iglesia templaria de la Vera Cruz… Por aquellos parajes caminaría en su día San Juan de la Cruz, a quien incluso el pueblo de Segovia le ha hecho un Via Crucis para honrar su memoria…

Ésta es también en su pequeña medida tu ciudad. Sé que estuviste más ligado a Soria, donde siempre has dicho que pasaste los mejores momentos de su vida. Pero la recia Segovia también tiene su encanto, no se lo neguemos. Y sobre todo su historia bajo sus puertas cerradas y sus adoquines, sus silencios y sus nostalgias… y sus escasos, pero sonoros, gritos y alzamientos por la libertad.

No fue fácil tu vida, abuelo Antonio, tampoco en la fría Segovia. Pero al fin y al cabo aquí estuviste unos cuantos años, desde aquí viajabas en tren a Madrid cada fin de semana para tus reuniones en el Ateneo y tus visitas clandestinas a Guiomar… Seguro que podrías contarme tantas cosas de cómo era Segovia y cómo era España en aquellos convulsos momentos…

Y yo podría, y debería, contarte tantas cosas. Cómo has sido siempre el abuelo Antonio, con quien aprendí a disfrutar la poesía en el tránsito de la infancia a la adolescencia. Apuesto a que podría recitarte de memoria más de una veintena de tus poemas y muchos pasajes de otros de ellos. Cómo he querido seguir tu estela por todos los lugares en los que estuviste y de los que queda constancia.

Por eso, hoy más que nunca, me siento totalmente feliz al haber podido pasear de tu brazo por Segovia. Doy gracias a que, por fin, te hayan honrado como mereces, con tu estatua en la Plaza Mayor. Y es que nunca resplandeció tanto este lugar, ni probablemente fue tan importante como aquel 14 de abril. Tú estabas allí, tú enarbolaste la bandera…. Y a ti, abuelo Antonio, España y los españoles te debemos mucho, más de lo que algunos se imaginan. Porque fuiste un hombre bueno que quería hacer el bien. Un librepensador, alguien con los brazos abiertos a la libertad y la democracia.


No se me ocurre mejor manera de expresar tu forma de ser y de pensar y lo que significaste para España que como lo hizo Serrat: profeta, ni mártir, quiso Antonio ser, y un poco de todo lo fue, sin querer… Sí, fuiste todo ello y mucho más, incluso has sido el abuelo de una parte de mi generación. Abrazarte, pasear de tu brazo por Segovia hoy, es para mí un sueño.

Abuelo Antonio… ¿me dejas que te invite a un chato y una tapita en el Jose María? Venga… qué mejor manera de acabar este maravilloso paseo en esta agradable tarde primaveral de invierno.


2 comentarios:

  1. Qué feliz se te ve ahí con el abuelo Antonio... Y qué bonita es Segovia, por cierto. :-)

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  2. Hay que ver lo bien que te lo pasas tu sola con poca cosa, hija, que felicidad de mujer, jejejeje

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