RECUERDOS DE AMISTAD POSITIVA

Hace unos meses mi amiga Ale me contó una experiencia maravillosa. Lo más curioso de todo es que la experiencia había sido horrenda (al menos para ella) pero sin embargo le sirvió para focalizarse en ella, aprender y mejorarla cuando se volviese a dar una situación similar. Os la cuento (espero que no le importe, aunque no le he pedido permiso, si no le parece bien, borraré este post):

Hará unos siete u ocho años (ufff... qué rápido pasa el tiempo y que mayor me hago) Ale, Diana y yo hicimos un viaje fantástico por las provincias de Salamanca y Cáceres, llegando incluso a ir hasta Mérida (Badajoz) a ver a Héctor Alterio interpretar su magnífico Yo, Claudio. Tengo recuerdos realmente maravillosos de esos días, nos cogimos un coche alquilado e hicimos un viaje fantástico, en la que la amistad que nos unía (y nos sigue uniendo) se palpaba en el aire. Lo pasamos genial, estuvimos en Ciudad Rodrigo, en La Alberca, Candelario, Guijuelo, Plasencia, Cáceres, Mérida e incluso la propia Salamanca. Hacía buen tiempo, hicimos turismo, condujimos casi hasta el amanecer y nos lo pasamos realmente fenomenal. No miento si digo que fue uno de los viajes más bonitos de mi vida, que espero que lo repitamos algún día y que todo lo que guardo de él son fantásticos recuerdos.

Pues bien, uno de los días (el primero de ellos, el que íbamos a visitar Ciudad Rodrigo, La Alberca, Candelario...) planeamos salir a una hora y por una serie de circunstancias salimos más tarde. Recuerdo que a mí no me importó demasiado, de hecho me levanté y me fui a desayunar a la Plaza Mayor de Salamanca mientras hacía tiempo. Hacía una mañana espléndida de verano y la Plaza Mayor es un espectáculo grandioso, un desayuno para disfrutar de estar vivia. Como os decía, al final salimos, con un poco de retraso, pero salimos. El caso es que a Diana y a mí no nos importó y decidimos aprovechar el resto del día. Pero a Ale le mortificaba aquel retraso, y yendo en coche no hacía más que quejarse por haber salido tarde, porque no nos iba a dar tiempo, porque los planes...

Me recuerdo a mí misma en el coche diciéndole que no importaba. Que lo verdaderamente importante era disfrutar de ese tiempo, de esa maravillosa experiencia que nos deparaba la vida, y del viaje realmente fantástico que terminamos haciendo. Pero no recuerdo mucho más de ese momento.

El caso es que, hace relativamente poco, me confesó que en unas jornadas de coaching, cuando le preguntaron por un momento en que su actitud había sido negativa y cómo poder mejorar su actitud en situaciones similares, se acordó de mí en la parte de atrás del coche, disfrutando de la vida y diciéndole que lo que había pasado no importaba, que teníamos el hoy por delante. Y que aquella experiencia, y mi actitud, le había servido de mucho.

¿Qué queréis que os diga? A mí me pareció un regalo del cielo que una excelente amiga como Ale pudiese utilizar un recuerdo y una actitud mía para ser más positiva. Y es que ella misma ya es un regalo del cielo, una de esas amigas de verdad, con las que siempre puedes contar, cuya amistad está ahí siempre, a pesar de las distancias y de los pesares, contra viento y marea. Y esa amistad tan fuerte ya estaba presente en aquel coche y en aquel viaje, y hoy, tantos años después, sigue siendo igual de fuerte que entonces, aún más.

Hoy he tenido un pequeño choque con una persona con la que no encajo ni yo con ella ni ella conmigo. He decidido pensar en positivo y me ha venido a la cabeza cómo mejorar mi actitud. De repente se ha colado en mi mente este doble momento maravilloso: el recuerdo de una magnífica amistad que tuve y tengo tanto con Ale como con Diana, el absolutamente maravilloso viaje que hicimos tantos años atrás, y lo orgullosa que estoy de que mi amiga Ale se haya acordado de ese momento, convirtiendo lo negativo en lo positivo.

Muchísimas gracias a Ale, a Diana y a todas las personas maravillosas que tengo la inmensa suerte de tener como amigos, que sois muchos y muy buenos, soy muy afortunada por ello.


Y ya que me pongo pastelera... mejor lo dejo y propongo... Chicas, ¿por qué no planeamos un viaje como aquel para primavera u otoño? Sería genial :)

2 comentarios:

  1. Me recuerda bastante a los viajes que organizabamos un grupo de amigos cada verano y las mil y una peloteras que teniamos. Siempre se solucionaban con una parada técnica y una ronda de cervezas (o las rondas necesarias). Y es que no hay problema en el mundo que no se pueda solucionar discutiendolo delante de unas cañas.

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  2. Que bueno :D Si yo lo digo siempre, otra cosa no, pero positiva si que eres un rato, siempre hablas de las cosas como si todo fuera estupendo y maravilloso, da gusto, jajajajaja. Lo que cuentas me recordo a cuando yo fui a Londres: un par de cosas no salieron según lo previsto y acabamos no divirtiéndonos porque había quien no era capaz de cambiar de planes... Besos!

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