VÉRTIGO

Miró hacia abajo y vio las olas del Cantábrico chocar con estruendo sobre las piedras del fondo del acantilado. A un lado el verde, al otro el azul infinito del mar y el cielo que se dan la mano. La brisa marina la envolvía, la sumergía, la empujaba. Pensó por un momento en la locura momentánea, fugaz, única. En cómo en un segundo podía volar sin alas, en cómo la brisa marina la abrazaría en su encuentro con el azul infinito.

Se dio la vuelta, vio los seguros verdes de su tierra firme. Volvió a andar lentamente y olvidó la locura transitoria de aquellos segundos.

Sintió Vértigo. El mismo que se siente en un primer beso.


1 comentario:

  1. Precioso. :-) Veo que estás más animada que el lunes.

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