AVENTURAS DE UNA GUIRI POR TRIANA

No sé lo que pensarán mis amigos sevillanos, pero yo siempre he creído que un extranjero que haya estudiado español cae por primera vez en España en Sevilla y piensa que o se ha equivocado de país o de idioma (de costumbres ya ni hablamos). Y es que a mí Sevilla me apasiona, pero reconozco que es peculiar, mucho más tiene que serlo por tanto para un guiri.

Este libro, La Tesis de Nancy, recoge precisamente esa experiencia. Nancy es una chica americana que llega a Sevilla y decide imbuirse al máximo de la cultura hispalense. Para ello, ¿hay algo mejor que empezar una relación con un gitano de Triana de nombre Curro para más señas? Pues no, porque si quieres conocer la Sevilla profunda, ésta es una de las mejores maneras.

Nancy irá acumulando conocimientos de este nuevo mundo para ella, tan diferente a su vida norteamericana (cualquier parecido entre ambos no puede dejar de ser mera -muy mera- coincidencia). La chica pone todo lo que está en su mano para aprender y aprehender, pero nadie dijo que fuese fácil. De hecho, irá dejando constancia de sus progesos, lo que entiende, lo que se imagina y a veces lo que verdaderamente era a lo largo de diversas cartas que le escribirá a su prima en USA.

Definitivamente, este libro no tiene desperdicio. Te ríes a carcajada limpia, pero lo mejor es que cualquiera de las situaciones que puedan leerse en él podrían ser perfectamente reales en un lugar como Sevilla. De hecho, no puede pasar de moda, está escrito hace décadas y la verdad es que podría haberse escrito ayer sin ningún tipo de problemas (hay cosas que nunca cambian). Y digo yo... una película tampoco estaría de más, la historia es buena, la ciudad de Sevilla es preciosa y las carcajadas están aseguradas...

Una vez más debo dar las gracias a ami amiga Espe Migratoria, por descubrirme esta joya literaria.

FRENTE A LA GIRALDA

Estoy segura, empiezo a tener nostalgia de la primavera sevillana. Y es que en esta primavera tan invernal que seguimos viviendo en Madrid, ya pienso en semana santa, en el olor a azahar, a incienso, en el solecito, el pescaíto frito, la gente en la calle, la alegría... Y también en la procesión del Cristo del Cachorro en Triana. Y pensando, pensando, he recordado la copita que nos tomamos frente a la Giralda el año pasado, en la Terraza del EME Hotel, un sitio muy pijo pero con unas vistas impresionantes, donde pasamos un rato de lo más majete.

Lo reconozco, yo adoro Sevilla, y aún más en Semana Santa con el intenso olor a azahar e incienso en sus calles. Ya no puedo entender una Semana Santa lejos de allí tras tantos años asistiendo puntual a mi cita con esta ciudad. Pero si hay un día especial para mí en estas fechas, se trata de la tarde del viernes santo, el momento en que el Cachorro sale de Triana para recorrer la ciudad y volver ya de madrugada a su barrio. Desgraciadamente, la climatología no ha sido benévola con nosotros ni con el Cachorro en más de la mitad de los años de la última década. Y eso, aún hace más especial ese anochecer del viernes santo, cuando ya quedan atrás las aglomeraciones de la Madrugá, hay menos gente en la calle, se respira otro ambiente, y además el Cachorro desciende desde la Catedral a Triana con orgullo y devoción. No hay nada comparable con la estampa de este crucificado cruzando el Guadalquivir por el puente de camino a su recogida en Triana. Es uno de esos momentos mágicos, que se te quedan grabados en la retina, en la memoria y en el corazón.

Pero la tarde del Viernes Santo del año pasado, mientras el Cachorro entraba en la Catedral, nosotros nos subimos a la Terraza del Hotel EME, daikiri en mano, dispuestos a disfrutar de la tarde-noche.

Siempre he sentido fascinación por las terrazas y azoteas, si fuera rica, no dudaría en comprarme un ático con una gran terraza y buenas vistas, probablemente en Madrid, pero desde luego no le haría ningún asco a Sevilla. Uno de mis amigos me comentó que las buhardillas de esa zona de Sevilla (plenísimo centro, por supuesto) se habían vendido por dos duros hace cosa de diez años, antes de ponerse de moda. De acuerdo con que una buhardilla no es un ático, también con que según mi amigo eso es un cocedero en verano y que allí no puedes estar (ya buscaríamos alternativas, no hay tanto problema), pero desde luego las vistas a la Giralda desde allí son impresionantes, no hay palabras para describirlas.

Como no vivo en Sevilla, ni tengo tanto dinero como para comprarme un ático, ni para alojarme en el EME, pero sí puedo permitirme una copa frente a la Giralda iluminada en la que probablemente es la terraza más chic de todo Sevilla, allí estaba yo encaramada en pleno viernes santo. Y desde luego las vistas no podían ser mejores.

Y es que, a ver quién es el guapo al que no le gustaría tener semejante terraza y con esas vistas, para disfrutar de los atardeceres y amaneceres de la ciudad más bonita del Guadalquivir y una de las más bonitas de España.

Sin embargo, no me sientía más chic ni más cool con un daikiri aguado en la mano que me ha costado 12 euros y medio. No, no me creo una nueva rica, de hecho creo que ya se podían haber estirado un poco más, que con lo que cobran el chorrito de ron debería haber sido un poco mayor, que le sobra trozos de lima y por supuesto la mitad de los hielos. A los tres sorbitos, y digo sorbitos, bien en –ito, bien en pequeño, ya se ha acabado lo que se daba. Y ni te sube ni nada, qué te va a subir si te han puesto cinco centilitros!!!! ¿Cuánto alcohol puede tener eso??? Luego te pasas veinte minutos esperando a que el hielo se deshaga y mordisqueando los trocitos de lima y limón.

Pues bien, merece la pena la experiencia simplemente por las vistas. Vale que el sitio es caro (pidas lo que pidas lo es, y el cuenquito de frutos secos que te ponen para cinco no lo hace más barato), incluso es demasiado chic para mi gusto (pero a gustos, colores, ya se sabe) y encima te quedas con sed si es que la tenías. Sin embargo, las vistas son es-pec-ta-cu-la-res!!!!! Y sólo por eso, ya merece la pena. Si además no hay agobios de gente, puedes sentarte más o menos donde tú quieres, no te azuzan para que consumas y te vayas y puedes disfrutar por el mismo precio de las agradables sensaciones del anochecer del viernes santo en Sevilla, envuelta por aromas de incienso y azahar.

Al fin y al cabo, la vida está hecha de pequeños momentos, de sensaciones agradables, de disfrutar del aquí y del ahora, y eso exactamente es lo que hice yo aquel anochecer frente a la Giralda iluminada, y se lo recomiendo a cualquiera que quiera probar la experiencia. Recomiendo fervorosamente que, si vais a Sevilla, como seguro que llegaréis hasta la Catedral, paréis un ratito en esta terraza, especialmente al atardecer o ya de noche. Acordaros del Carpe Diem romano, que aún hoy no ha pasado de moda, porque hay que atrapar el instante, disfrutar del momento, embelesarte con la belleza de la Giralda, multiplicada primero por la luz del atardecer y luego por la iluminación nocturna. Es otro modo de ver Sevilla y de disfrutar de ella desde las alturas, otra perspectiva muy diferente de el pie de calle.

Y es que, aunque no haga falta que lo diga ninguna canción, ni tampoco que yo lo escriba y lo vuelva a escribir hasta la saciedad, Sevilla tiene un color especial y además sigue oliendo a azahar, ese olor intenso y característico, que mezclado con el olor también intenso y característico del incienso, la hacen aún más especial que nada. Y allí sentados frente a su símbolo, la Giralda, en una tarde de Viernes Santo, una siente a Sevilla más cerca que nunca, y se da cuenta de que esta ciudad deja huella, te enamoras perdidamente de ella y cuando recoges en tu memoria recuerdos como los de aquel momento, no puedes evitar esa honda sensación de nostalgia por estar tan lejos de ella.

SIEMPRE NOS QUEDARÁ MANHATTAN

Manhattan, un caluroso agosto de hace ya algunos años. Un hombre tristísimo y desolado está viendo por enésima vez la escena final de Casablanca, cuando Ilsa Laszlo termina finalmente por coger el avión que la sacará de la ciudad, la llevará a los brazos de su marido y la separará para siempre de Rick Blaine. Este final, además de triste es desolador, y al hombre destrozado que vemos sentado en el sofá de su casa, cuando apenas hace horas que su mujer le ha abandonado sin darle ninguna explicación, ver Casablanca, y especialmente el final de la misma, no le puede hacer ningún bien, todo lo contrario. Se siente tan horriblemente fatal que incluso sufre alucinaciones y cree ver en el salón de su casa al fantasma de Humprey Bogart, con su sempiterna gabardina y su gesto congelado, dejando marchar al amor de su vida, que se acaba de subir al avión que la llevará lejos de allí.

Pues bien, casualmente, a la que suscribe le encanta Casablanca y se le ponen los pelos de punta cada vez que evoca el final de la película, pero tiene muy, pero que muy, muy, muy clarito, que jamás vería esta película (y mucho menos el final) si estuviese pasando una crisis amorosa con tristeza infinita incluida. Pero claro, Tócala otra vez, Sam es una película de mi adorado y a la vez histriónico Woody Allen, por lo que cualquier cosa pudiera esperarse de él. La película fue protagonizada en su día por el mismísimo Woody Allen en el papel del histriónico y desolado protagonista, de nombre Allan, y por una de sus grandes musas, Diane Keaton, en el papel de la amiga también medio lunática (o lunática entera) que lo reconforta y con la que termina teniendo una historia, de nombre Linda. Estos dos papeles protagonistas son los que interpretan Luis Merlo y María Barranco respectivamente en el montaje del Teatro Maravillas. No son papeles fáciles ni por el texto, ni por la personalidad de los propios personajes ni mucho menos aún por el recuerdo que el espectador puede tener en su cabeza de los grandísimos Woody Allen y Diane Keaton en dichos papeles, y la magnífica magia que había entre ellos en aquella época. Pero Luis y María lo bordan, y además demuestran una química muy especial sobre el escenario, algo doblemente digno de reconocimiento.




SINOPSIS.
Allan acaba de ser abandonado por su mujer y se hunde en su propia soledad, sentado en el sofá de su casa en un apartamento de Manhattan. Regocijándose en su propio dolor, no puede parar de ver una y otra vez las inolvidables escenas finales de Casablanca, cuando la Bergman y Bogart se despiden para siempre y ella sube finalmente al avión que la llevará tan lejos de su historia de amor.

Allan, interpretado originariamente por el mismísimo Woody Allen y en esta adaptación por un Luis Merlo que brilla con luz propia, es un histriónico, hundido en sus propias tristezas, consumiendo una pastilla tras otra y autocompadeciéndose de sí mismo a cada instante. Se siente una absoluta piltrafilla en la que ninguna mujer del mundo podría fijarse.


En esta situación tan absolutamente autodestructiva se encuentra, cuando recibe la visita de sus amigos Frank y Linda, quienes intentarán por todo los medios levantarle la moral y sacarla de su soledad. Intentarán al principio conseguirle una cita a ciegas, que termina irremediablemente fatal, y especialmente Linda le propondrá mil planes para sacarle de casa, subirle la moral e intentar que conozca alguna chica que pueda interesarle y hacerle olvidar el abandono de su esposa. Pero todos los planes parecen salir mal uno tras otro, y Linda, que en el fondo es igual de histriónica e hipocondríaca que Alan, terminará sintiéndose atraída por ésta, y él por ella. Y como dirían en el Un, dos, tres … hasta aquí puedo leer. Nos meteremos de lleno en una comedia del absurdo en el quiero, no debo, no puedo? donde la amistad, la conexión y en el fondo la esperanza tendrán mucho que decir en esta historia.

Inicialmente, esta historia tomó forma de obra de teatro, y los mismísimos Woody Allen, Diane Keaton y Anthonny Roberts la interpretarían en Broadway, dando vida respectivamente a Allan, Linda y la reencarnación de Bogart interpretando al espíritu de Rick Blaine en el salón de Allan. En este caso, tales papeles son interpretados en el Maravillas, también respectivamente, por Luis Merlo, María Barranco y Javier Martín. Contemplan el elenco de actores José Luis Alcobendas en el papel de Frank y Beatriz Santana interpretando a todas las mujeres que aparecen en la obra y con las que Linda intenta infructuosamente que Allan termine ligando.

 
LUIS MERLO EN EL PAPEL DE ALLAN.
Me lo habían avisado, pero yo no podía creérmelo del todo hasta que lo vi. Me dijeron que el parecido de Luis Merlo en este papel al mismísimo Woody Allen era absoluto, y vaya si lo era, que si no llega a ser porque Luis Merlo probablemente le saque casi 50 centímetros a Allen, me hubiese creído que era aquél sin dudarlo. Desde el segundo uno, cuando lo vemos sentado en el salón de su apartamento, mirando fijamente al público con una absoluta desolación en su mirada, tenemos clarísimo que él solo será capaz de llenar el escenario y meterse al público en el bolsillo. Y es que de verdad este montaje merece muchísimo la pena, pero especialmente por Luis Merlo, que literalmente se sale, demuestra ser un actorazo como la copa de un pino y ser un digno sucesor de las dos sagas de sus dos apellidos (Los Miralles/Larrañaga y los Merlo, especialmente su abuelo Ismael).

Luis Merlo lo hace genial, resulta imposible no quedarte embelesada con todos sus matices. Da el perfil del propio Allen: hipocondríaco, histriónico, histérico, con una depresión de caballo que te la crees… ¡Fantástico Luis Merlo en este papel que le viene que ni anillo al dedo!!!!! Si cierras los ojos y abres tu imaginación, sin lugar a dudas podrás creer que es Allen el que está ahí sobre las tablas.


MARÍA BARRANCO EN EL PAPEL DE LINDA.

No me gusta especialmente esta actriz, sobre todo por algo que queda patente en esta obra: habla tan rápido y además con un acento andaluz tan marcado que en muchos de los pasaje no se la entiende. Pero aún así hay que reconocerle que interpreta magistralmente a Linda, especialmente su intensidad y su absoluto carácter hipocondríaco. Además, creo que hay una química especial entre Luis Merlo y ella, algo que se nota a lo largo de toda la obra y que es muy de agradecer ya que es uno de los puntos más positivos de este montaje.

Linda es el fondo una romántica empedernida, que mientras se empeña en ayudar a su amigo Allan se da cuenta cada vez más de las deficiencias de su propia vida y su matrimonio, y que ella también necesita amar y ser amada. Me encantan los matices que desarrolla María Barranco sobre el escenario en una actuación de diez si no fuese en ciertos momentos por su dicción.

 
JAVIER MARTÍN EN EL PAPEL DEL ESPÍRITU DE BOGART.

he leído que este chico es un gran actor y no lo pongo en duda, pero yo cuando lo vi en el escenario del Teatro Maravillas, se me vino irremediablemente a la cabeza imágenes suyas, corriendo detrás del famoso de turno para convencerle de que se pusiese las gafas de sol de CQC. En esta obra interpreta la voz de la conciencia, el personal Pepito Grillo que aporrea la cabeza de Allan, intentando que retome las rienda de su vida y que por una vez haga las cosas bien. Siempre me ha encantado Bogart y especialmente su papel en Casablanca, por lo que aunque este actor no da ni de lejos el registro, con su cara de Fragel Rock y su gran vozarrón también le pone su contrapunto.


JOSÉ LUIS ALCOBENDAS EN EL PAPEL DE FRANK.

Frank es el marido de Linda, un auténtico work alcoholic que sólo vive para trabajar y que ha perdido el norte de su vida personal en pos de la laboral. Él también aprenderá mucho a lo largo de la historia, dándose cuenta de lo que realmente merece la pena en la vida. Creo que nunca antes había visto a este actor, realiza correctamente su papel aunque ni es determinante ni tiene los matices de los dos protagonistas.



BEATRIZ SANTANA EN EL MULTIPAPEL DE TODAS LAS MUJERES QUE SE CRUZAN CON ALLAN.

La última vez que había visto a esta actriz, si la memoria no me falla, fue precisamente sobre estas mismas tablas del Teatro Maravillas, en concreto en otra obra de Woody Allen: Misterioso asesinato en Manhattan. En esta ocasión no hace ningún papel especial, pero sí puede presentarse con una absoluta actitud camaleónica para interpretar a seis o siete prototipos de mujer con las que Allan no consigue ligar ni a tiros, a pesar de los intentos de Linda para que lo logre.


En general, podríamos decir que Tócala otra vez Sam es una historia fantástica, en un montaje maravilloso, con un elenco de lujo y bajo la dirección de Tamzin Townsend, probablemente la directora teatral más de moda actualmente en España. Desde luego, creo que es una oportunidad magnífica para disfrutar del teatro en Madrid, por lo que yo os recomiendo que, si podéis, vayáis a verla, estoy segura de que os encantará. Además, podéis encontrar entradas desde 15€ más comisión (0,50€) en taquillaultimominuto.com, que fue donde las compramos nosotros. Ése es el precio para los viernes en cualquiera de las dos sesiones, 18€ los domingos y 20€ los sábados, entre semana cuestan 14€. Por 15 eurillos, ¿cómo vais a dejar pasar la oportunidad de ver esta obra tan fantástica.

 
RESUMIENDO...

Ya sabéis que me encanta ir al teatro y que procuro poner todos los medios a mi alcance para disfrutar la fantástica oferta teatral de la que disponemos en Madrid (el otro día me dijeron que actualmente hay 85 espectáculos teatrales en representación ahora mismo). En el caso de Tócala otra vez, Sam hacía meses que quería ir a verla, y por unas cosas y otras, no terminaba encajando fechas, pero por fin las encajé, que ya era hora, y nos fuimos allí dispuestos a disfrutar del espectáculo, y vaya si lo hicimos.

Me encanta Woody Allen, me encanta Luis Merlo, siempre disfruto con todos los espectáculos representados en el Teatro Maravillas,  ¿qué más se puede pedir? Pues eso, que a pesar de la noche de perros que hacía, pasamos una noche maravillosa de teatro, disfrutando de Woody Allen, de Luis Merlo, de la dirección de Tamzin Townsend, del fantástico elenco, de la historia, de las reminiscencias de Bogart y Casablanca… Todo, todo y todo, nos reímos, nos emocionamos, salimos de allí con la esperanza en nuestras mentes y disfrutamos de una maravillosa noche de teatro, que luego continuamos cenando y disfrutando cada instante.

Estamos ante una de las mejores obras de teatro que actualmente se están representando en Madrid, en uno de los templos del teatro (el Maravillas) y encima con un Luis Merlo que literalmente se sale, y las entradas desde 15€ los viernes,


¿te lo vas a perder?


 

NOCHE SABINERA: SUBE A CANTAR CON LA BANDA DE SABINA

Oye, Beti, que estaba pensando yo, que la próxima vez que hagan una Noche Sabinera en la Sala Galileo podíamos ir.


La noche Sabiqué?

La Noche Sabinera. Anda, no me irás a decir que con lo sabinera que tú eres no la conoces.

Cómo?????? Cuenta, cuenta, primera noticia…

Hace ya más de una semana que fuimos a disfrutar de nuestra última Noche Sabinera hasta el momento, pero es que últimamente tengo retraso en el blog para hablaros de todos los espectáculos a los que estoy asistiendo estas semanas. Una vez más, en la Sala Galileo Galilei en Madrid, pasamos una noche absoluta y maravillosa con toda la banda de Sabina, que a pesar de extenderse hasta la medianoche (como Cenicienta, nos tocó volver a casa) nos supo a poco.

Para quien no lo sepa, toda la banda de Sabina a excepción del mismísimo Flaco suelen subirse a los escenarios de media España para hacer que los sabineros de pro como una servidora pasemos una magnífica noche de vino y rosas en la que corear, bailar, berrear y emocionarnos con muchos de los temas de la discografía de Sabina. Capitaneados por el mismísimo Pancho Varona y con el magnífico Antoñito García de Diego recogiendo el testigo en algunos momentos, todos ellos (Jaime Arsúa, Pedro Barceló y José Romero) hicieron las delicias de todos los sabineros congregados en la Sala Galileo, que coreábamos cada nota, cada estrofa, cada canción...

Llegamos pronto a la entrada de la Sala Galileo, demasiado pronto, pero es que teníamos que hacerlo si queríamos reservar canción. Mi amiga me peguntó por qué narices teníamos que estar allí haciendo cola antes de que abriesen, sobre todo si ya teníamos no sólo la entrada sino mesa reservada.

Ejem, ejem… Es que tenemos que reservar la canción.

¿Reservar la canción? Y eso que narices se supone que es?

(Otra vez) ejem, ejem… Verás…. (más ejems) es que hay que subirse al escenario a cantar una canción en plan karaoke con la banda.

En la primera parte del concierto, la banda de Sabina canta en solitario. Y digo lo de en solitario porque la sorpresa final para mi amiga aún estaba por llegar, ya que en la segunda parte de la Noche Sabinera, cualquier sabinero de pro que quiera hacerlo, puede subirse al escenario y cantar a pleno pulmón con la Banda de Sabina. Y es que subirse allí y cantar entre Pancho Varona y Antonio García de Diego es una oportunidad que no podemos dejar pasar. Como no teníamos miedo al ridículo ni pánico escénico allí nos subimos a berrear (no había mucho que perder, en aquella noche de perros ya llovía suficientemente sobre mojado en la calle). Y a falta de video que refleje nuestros berridos sobre el escenario, os pongo un video de youtube donde ellos solitos (la banda de Sabina e incluso el mismísimo Ismael Serrano) lo hace tan tan bien...


Muchas gracias por otra Noche Sabinera maravillosa.




DUELE VERTE REMOVIENDO LA CAJITA DE CENIZAS QUE EL PLACER TRAS DE SÍ DEJÓ

El domingo pasado fuimos a ver otra obra al Teatro de la Abadía (aprovecho para adelantar que me encanta este lugar), en concreto “La Mujer Justa” de Sandor Marai, cuya adaptación teatral corría a cargo de Eduardo Mendoza (a quien me une una relación de amor-odio, hay obras suyas que me han enamorado y otras que me parecen infumables, pero en esta adaptación lo ha hecho bien.

Antes de ir a ver la obra, poco o nada sabía de la historia que me iba a encontrar, apenas la pequeña sinopsis que habían colgado en la página web del Teatro La Abadía. Sabiendo de antemano que esta historia era una suerte de triángulo amoroso, mi imaginación hizo el resto, pensé que la mujer justa se refería a la justicia de la mujer engañada (se puede entender en cualquiera de sus variantes). Sin embargo, el concepto de mujer justa en torno al que gira la obra se refiere a la mujer idónea, a la indicada. Dicen que en algún lugar del mundo existe nuestra media naranja perfecta, la persona con la que encajaríamos al máximo, que se convertiría en nuestra pareja ideal. Otra cosa es tener la suerte de encontrarla. Sin embargo, los seres humanos nos asociamos frecuentemente en parejas que se convierten en medias naranjas, pero que a veces no encajamos del todo, hay cosas que nos separan, que nos enfrentan…

Ésta es la historia de “La mujer justa” de Marai. El burgués húngaro protagonista se casa con una mujer burguesa, pero sigue enamorado de la criada que trabaja en casa de sus padres y el inevitable triángulo amoroso resurge años después. Su primera mujer, la burguesa, está obsesionada con la pérdida del afecto de su marido y el distanciamiento que provoca lo inevitable; sin embargo, se obsesiona también en encontrarle la mujer justa, la idónea, la que encaje con él, ya que ni ella ni la criada parecen serlo.

Vemos amor y desamor, sufrimiento… pero sobre todo parece que el autor nos quiere transmitir que esa media naranja perfecta, esa mujer justa no existe. No es verdad que en algún lugar del mundo exista alguien que encaje con nosotros al 100% y que todo merezca la pena para encontrarla. Hay momentos y circunstancias, que nos hacen converger o por el contrario separarnos. Nosotros mismos y nuestras circunstancias evolucionamos, hay momentos en que las relaciones son más proclives, otras veces no lo son. Por ello, quizá aunque realmente existiese esa media naranja perfecta, esa mujer justa, quizá las circunstancias no nos amoldarían, y quizá ya no sería esa persona idónea.


SOBRE LAS TABLAS.

Marika y Peter un día constituyeron un matrimonio. Vivían en Budapest desde su cómoda posición social de burgueses. Tienen un hijo que parece reconciliar las diferencias entre ambos, pero poco a poco se van separando. La muerte de su hijo abre una brecha demasiado grande entre ambos, y poco tiempo después Marika encuentra en la cartera de su marido una enigmática cinta morada, de procedencia desconocida, capaz de hacer retornar el pasado y se separarlos como pareja. En una historia de dos, cuando se cuela el simple recuerdo de una tercera persona, todo se destruye. Marika indagará a través de Lazard, el amigo escritor de su marido, la procedencia de esa cinta morada y de la mujer a la que pertenece hasta dar con ella. El triángulo se muestra al público, y es que aunque Peter nunca le ha sido infiel con Judith, el recuerdo de aquélla ha sido siempre demasiado poderoso, y en su matrimonio, un fantasma velaba sus sueños. Marika y Peter se divorciarán, éste intentará a su vez que su historia con Judith por fin cuaje, pero el destino nunca muestra sus cartas hasta que resulta demasiado tarde.


En esta obra conviven dolores soterrados, una suerte de monólogo a tres voces, en el que los tres personajes protagonistas (Marika, Peter y Judith) se enfrentarán al patio de butacas y desgranarán su historia (la de cada una de ellos) según su punto de vista. Una de las peculiaridades es que cada uno retomará la historia donde el otro la dejara anteriormente, por lo que hasta el final de la obra no podremos ver todas las piezas del puzle encajadas.

No sé si conocéis una canción de Sabina titulada Amor se llama el juego. Viene a decir que el desamor también pasa, sólo es cuestión de tiempo, aunque mientras transcurre y no todo sea tan lento, tan doloroso y tan difícil. Probablemente a alguno os suene el estribillo:

El agua apaga el fuego y al ardor los años.
Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.
Y cada vez peor y cada vez más rotos.
Y cada vez más tú y cada vez más yo, sin rastro de nosotros.

Pero sobre todo hay un verso que a mí no se me quitaba de la cabeza mientras asistía a la representación de “La mujer justa”: Duele verte removiendo la cajita de cenizas que el placer tras de sí dejó. Y es que eso es lo único que hacen los tres papeles protagonistas de esta obra, remover cenizas una y otra vez, cada uno a su modo, cada uno en un sentido, pero probablemente ninguno de ellos es capaz de pasar página.



PERSONAJES E INTERPRETACIONES.

Los tres principales papeles de la obra son los que he mencionado: Marika, Peter y Judith, quienes a su modo son capaces de desarrollar ese triángulo tan sui generis. Además de ellos, existe un cuarto elemento: Lazard, el amigo escritor de Peter, quien viene a hacer de enlace en toda esta historia. En la adaptación de La Abadía estaremos también acompañados por la música de un maravilloso violín, tocado con virtuosismo por Oriol Algueró.

Marika versus Rosa Novell.

Una de las actrices protagonistas era la propia mujer de Eduardo Mendoza. Se trata de Rosa Novell, quien interpreta a Marika, la mujer que comienza la historia y que durante una hora dialogará con el público contándole su historia: la de su matrimonio con su Peter, cómo descubrió los secretos olvidados de su marido y quién era la dueña de la cinta morada y lo que significaba. He de reconocer que desconocía totalmente a Rosa Novell, ni siquiera sabía que la mujer de Eduardo Mendoza fuese actriz. Al parecer tiene cierta fama en Cataluña y ha interpretado en el teatro muchas de las historias noveladas de su marido. A ella le toca interpretar en “La mujer justa” el papel más complicado, no por matices (creo que en este aspecto Judith es mucho más interesante) sino por la longitud de su texto. Marika será quien nos introduzca en la historia y quien monologará durante cerca de una hora contándonos quién es ella, cuál fue su vida con Peter y por qué se truncó.

Voy a ser totalmente sincera con lo que me pareció la interpretación de esta actriz. En primer lugar, y como algo totalmente subjetivo, creo que para interpretar el papel de Marika hubiese sido preferible una mujer más joven. Rosa Novell, además de cercana a los sesenta años, no está demasiado bien conservada precisamente, por lo que creo que hubiese sido mejor una actriz de cuarenta y tantos años, pero se trata de una apreciación totalmente subjetiva.

En segundo lugar, su interpretación me pareció la más tediosa de todas, pero es cierto que es la más larga y también la más densa de las tres. Mientras que los monólogos de Peter y Judith duran entre los dos, cuarenta y cinco minutos, el monólogo de Marika dura por sí solo una hora. En el libro, ésta también la parte más larga y tediosa era la primera, y que aunque la adaptación era buena, no lo paliaba. Por ello, no puedo juzgar tanto a Rosa Novell como a la densidad de su papel, pero lo cierto es que en ocasiones su monólogo fue demasiado lento y denso, se nos hizo largo y en muchos tramos desconectamos.

Peter versus Camilo Rodríguez.

Tampoco conocía al actor que daba vida a Peter, el exmarido de Marika. He buscado referencias suyas por Internet, pero la verdad es que no he encontrado apenas nada, con su nombre he encontrado a un actor de doblaje colombiano, que por lo visto no tiene nada que ver. Este actor de mediana edad interpretaba a Peter, un personaje con muchos matices y situado en medio de dos mujeres y de dos mundos.


Judith versus Ana Otero.

Hacía tiempo que no veía a esta actriz, a la que recuerdo en una serie de televisión de hace mil años con Cristina Higuera y Fiorella Faltoyano. Sé que hace unos años participó en “Amar en tiempos revueltos” pero como no es una serie que siga mucho (por cuestiones de horarios) reitero que a esta actriz no la tengo muy vista últimamente. Era sin embargo la única de todo el elenco a la que conocía, y además interpreta el que para mí es el papel más interesante de esta historia. El personaje de Judith es ambivalente, puede parecer una cosa en un momento y llegar a ser todo lo contrario al siguiente. A pesar de ser un personaje corto, la intensidad es absoluta.

Aunque esta actriz no me dice ni fu ni fa a priori, creo que la interpretación del papel de Judith por su parte fue fantástica, cargada de erotismo, de fuerza, con cierto carácter sibilino. Para mí, sin dudarlo, lo mejor de toda la función.

Lazard versus Ricardo Moya.

Tampoco conocía a Ricardo Moya, quien también realiza una interpretación muy creíble en un papel también ambivalente y nada claro, el del escritor Lazard, amigo de Peter y quien en su momento tuvo poder para urdir sobre los destinos de su amigo. Un papel corto y no determinante, pero sí bien realizado y desarrollado.




AMBIENTACIÓN, ESTÉTICA, ILUMINACIÓN…

Me gustó especialmente la ambientación de esta obra, con apenas un atrezzo consistente en tres sillones y tres grandes espejos que eran en realidad tres grandes pantallas en las que aparecían imágenes magníficas, que te ayudaban a entrar en la historia. El juego de luces y de sombras era de nuevo magnífico, y es que todas las obras que he tenido el placer de ver representadas en el Teatro de La Abadía se caracterizan por su calidad como texto y como representación, su juego de luces, su iluminación, su ambientación, su sonido… Y ésta no fue una excepción en ese sentido.


ME GUSTÓ…

Me gustó mucho esta obra, para mí hasta entonces desconocida, y también esta adaptación. De hecho, espero poder leer el libro dentro de unas semanas y poder cotejar la versión teatral con la versión original del libro de Marai. La historia en sí tiene muchos bordes y matices, especialmente en el personaje de Judith, y creo que el elenco de actores y actrices lo hacen en conjunto francamente bien. Eso sí, probablemente si fuese posible acortar un poco el monólogo inicial (el de Marika) y desarrollar un poco más los otros dos monólogos (el de Peter y el de Judith) probablemente la obra mejorase, aunque quizá perdiese un poco el espíritu que buscó Marai al escribirla.

Es una historia profunda, contundente, de ésas que hacen que puedas pensar en ella y en lo que quiere transmitir: en si existe o no esa media naranja, la mujer idónea en un momento y un lugar, o si como tal no existe y depende de las circunstancias, de que dos puntos lleguen a converger… o no.

EL TIC-TAC DEL CORAZÓN

A mi amiga Espe (Espe Migratoria), en agradecimiento por sus desvelos literarios, por los buenos momentos, las risas y los libros.


La Mecánica del corazón, un nombre evocador para una novela cuya historia recordarás vagamente durante mucho tiempo, estoy segura. Ya la portada de este libro es capaz de subyugar, recordándote inexorablemente a un cuento de tintes góticos con el subtítulo de dirigido por Tim Burton. Y si no, al tiempo, que esta historia reúne todos los elementos para que nuestro querido e histriónico director se decida a rodarla (que torres más altas han caído).

Y es que este libro de algo más de 150 páginas se lee en tres patadas (como diría mi amiga Estrella), yo lo leí en un viaje de avión al norte y un ratito de espera en el aeropuerto. Y es que la historia engancha… de principio a fin…


Jack es el protagonista de la historia, un niño que llega al mundo en Edimburgo, la noche más fría de todos los tiempos, y que nace con el corazón helado. Abandonado por su madre, será rescatado por la doctora que lo trae al mundo, quien le opera y le inserta un reloj como corazón. Ese tic-tac le acompañará toda su vida, pero Madeleine, la doctora que se convertirá también en su madre, tiene miedo de que un día se enamore, ya que ese día su reloj-corazón tendrá problemas y Jack podría morir.

En cualquier cuento con tintes góticos como éste se necesita irremediablemente una historia de amor. Y en La mecánica del corazón estaba cantado que sucedería. Jack conocerá a una pequeña cantante, Miss Acacia, de quien se enamorará perdidamente, abandonando su Edimburgo natal y recorriendo media Europa hasta llegar al sur de España para reencontrarla y vivir, con sus más y sus menos, el amor cegador.

Como os decía, se trata de un cuento con tintes góticos, por lo que no esperéis encontrar en él una historia de un mundo de rosas, sino que aunque se trata de una historia tierna y en momentos muy sensible, en otros pasajes resulta dura e incluso difícil, con muchos tintes agridulces. Luego está el final, que puede gustar o no, pero no deja indiferente a nadie.


Pero claro, para eso, tendrás que leerlo…

CRISIS, JÓVENES Y LICENCIADOS

Este post está llamado a ser una pateleta más que otra cosa, pero me apetece escribirlo. Por ello, aunque no sirva de nada, me voy a dar el gusto y voy a escribirlo.

Bien, voy a comentar cuál es mi perfil, de manera pública en internet. Tengo 30 años, soy licenciada, llevo más de siete años trabajando de manera ininterrumpida (un año con un contrato de colaboración sin cotizar a la seguridad social y el resto en Régimen General de la Seguridad Social, pagando religiosamente a la Tesorería de esta entidad y por supuesto a Hacienda). Puedo considerarme una absoluta privilegiada porque he tenido trabajo e incluso porque he tenido la oportunidad de cambiarme de empresa en varias ocasiones y crecer profesionalmente. Digamos que la crisis no me ha afectado tan duramente como les ha afectado a otros, pero aún así no todo el campo es orégano.

Mis padres hicieron un esfuerzo económico para que hable dos idiomas y chapurree otros dos, me costearon cinco años de Universidad, un Máster, una carrera completa de música, me enviaron a estudiar fuera de España, me pagaron cursos de informática y todo lo que estuvo en su mano. A cambio, yo me maté a estudiar durante años, con jornadas maratonianas de clases y actividades que hacían que saliese de mi casa a las 7 de la mañana y no volviese hasta las 10 de la noche. Saqué todos los cursos (incluyendo la Universidad) año tras año, lo que implicó que tuviese que decir que no muchas veces a planes que me apetecían más y quedarme encerrada estudiando.

En la Universidad fui becaria de uno de los departamentos de la facultad, colaboré en varios periódicos universitarios y tuve infinidad de trabajillos varios como dar clases particulares, hacer de canguro, trabajar en el guardarropa de una discoteca... Después, vendí seguros por teléfono, fui pasante en un despacho de abogados, y empecé a trabajar duramente en varias empresas con contratos de prácticas. Tuve épocas en que no tenía vacaciones, he ido a trabajar con 40 de fiebre y me he matado por hacer todo lo que se me pedía e intentar hacerlo bien.

Y sí, ahora mismo tengo un trabajo mucho mejor que el de un porcentaje muy importante de mi generación, trabajo en el que deposito mi ilusión y mi esfuerzo día tras día, al que acudo nieve o truene o tenga una fiebre de caballo. Y es un trabajo que no estoy exenta de perder en cualquier momento, porque la situación económica es la que hay y pertenezco a una generación que vamos a tener que redecorar nuestras vidas (nos guste o no) muchas veces de aquí a esa lejana jubilación.

Y es que los jóvenes de mi generación engrosamos uno de los colectivos a los que esta crisis les está afectando más, así como los mayores de 50 años. Soy consciente de que mi Gobierno y mi País están haciéndolo lo mejor que se puede, pero eso no quita para que, basándome en la reforma laboral, no esté exenta de quejarme. Y es que además de joven, pertenezco a esa generación que nos hemos dejado los cuernos para aprobar, para salir adelante, para construirnos un futuro... Nos lo pintaban muy de rositas y al final ha acabado siendo de un color que no se le parece en absoluto.

Mientras, otras personas de mi edad, se lo pasaban bomba de aquí para allá mientras nosotros estábamos estudiando, mientras nuestros padres nos seguían no solamente manteniendo, sino también pagándonos todas nuestras clases, nuestros libros, nuestros desplazamientos... lo que hiciese falta.

No tengo nada en contra de quienes escogieron otro camino, ni tampoco les envidio en absoluto, porque me siento muy orgullosa de ser quién soy, lo que soy, y de los padres que he tenido. Pero cuando con 20 años yo tiraba como podía con la paga que me daban, había otras personas de mi generación que tenían coche, tenían dinero, no se habían esforzado en estudiar como yo y que ganaban 3.000€ en la obra. Cuando la burbuja explotó se quedaron sin trabajo y ahora viven malos tiempos, pero malos tiempos que la generación de licenciados de 30 años o menos siempre hemos vivido, y nosotros no hemos tenido burbujas.

El caso es que en la reforma laboral se incluye una bonificación para las empresas, entre otros supuestos, para menores de 30 años pero siempre que no tengan estudios. Y si los tienes, probablemente tu empresa te contrate en práctica si tienes suerte (maldito contrato de prácticas pero bendito porque hoy por hoy al menos es un contrato) y luego ya verán si te hacen indefinido para cobrar una bonificación. Y digo yo... ¿qué pasa con los licenciados que llevamos años estudiando y matándonos? Pues eso, que la reforma no cuenta con nosotros, a pesar de los altos índices de paro. Y no todas las empresas lo tienen  en cuenta, pero sí hay algunas que si no tienen bonificación, no te contratan.

Reitero: no es mi situación, doy gracias porque a mí aún no me ha pasado, pero eso no quita para que me siente indignada como perteneciente a esa generación de licenciados que nos hemos matado por serlo, cuyos padres se han matado para que lo fuésemos, y que seguimos saliendo a luchar cada día llueve o nieve. Pero parece ser que no contamos demasiado...

Y digo yo, ¿sabrá España lo que es la fuga de cerebros y lo que puede suponer a medio plazo? Yo creo que no, pero ésta es únicamente mi opinión, nada más.