MAS DE 100 MENTIRAS... QUE VALEN LA PENA

Tic tac, tic tac… meses esperando, pero por fin llegó el gran día.

Desde que a principios de verano me enteré que a inicios de octubre iban a estrenar en la Gran Vía madrileña un Musical basado en las canciones de mi adorado Joaquín Sabina tuve muy claro que no me lo perdería por nada del mundo. Pero además, cuando a los pocos días recibí una oferta de atrápalo con entradas a un precio exclusivo para el preestreno del día 29 de septiembre, no lo dudé ni un instante. En seguida hice click sobre el email, aproveché la oferta y por supuesto la oportunidad de conocer de primera mano este espectáculo incluso unos días antes de que se estrenase de manera oficial.

A los pocos instantes, tenía mi reserva efectuada y pagada, y apuntado en rojo en el calendario la fecha del 29 de septiembre, que no debía perderme por nada del mundo. Eso sí, la espera se hizo laaaarga, muy laaaaarga. Cada cierto tiempo, mi compañera de trabajo y yo comentábamos: quedan tantas semanas para el gran día, quedan cuantas semanas para el día X, hasta que sólo quedaron horas.
Tic, tac, tic tac… nerviosss, nerviossssss, que parece que ya ha llegado el gran día… Apenas quedan unas horas...

YA OLVIDÉ LA DIMENSIÓN DE LAS COSAS, SU OLOR, SU AROMA...

Hacía mucho tiempo que un libro no era capaz de emocionarme tanto, de sacudirme por dentro como la historia real contenida en Decidme cómo es un árbol lo ha hecho. Una lectura que es incapaz que deje indiferente a nadie con un mínimo de sensibilidad. Pero también una lectura con un innegable corte político que quizá no guste a todos, pero que lo queramos o no, existió, y además en un futuro no muy lejano.
El poeta Marcos Ana tiene en su haber un récord nada agradable, el haberse convertido en el preso que más tiempo pasó encarcelado durante la dictadura franquista, en concreto la escalofriante cifra de 23 años... años… lo decimos y parece que no son nada, pero si un solo día privado de libertad ya es un infierno, ¿cómo no la van a ser más de 8.000? Y no solamente eso, sino que durante su largo cautiverio estuvo condenado a muerte en varias ocasiones, vio morir a cientos de amigos y camaradas, fusilados por sus ideas políticas contrarias al régimen franquista; además, nunca supo cuándo iba a terminar su larguísimo cautiverio, una juventud entera arrebatada entre cuatro muros de diferentes cárceles españolas.

Pero Marcos Ana nunca sucumbió a lo largo de su cautiverio, ni durante las largas noches que preludiaban al alba en el que muchos compañeros serían ejecutados, ni durante los largos días en los que esperaban que los carceleros pudiesen pronunciar su nombre para la ejecución del día siguiente. Fiel a sus ideales, nunca dejó de luchar por una humanidad fraterna, por unirse a sus compañeros frente a la desgracia.

Su tesón le mantuvo vivo, escribiendo desde la cárcel numerosos poemas que hicieron conocer la cruenta realidad de los presos políticos españoles. Se convirtió en un símbolo, forjándose una auténtica leyenda en el exterior. Pero no solamente en el exterior de la prisión, sino en el exterior de España, ya que muchos de los disidentes políticos de la época franquista se vieron obligados a abandonar España, su patria, y diseminados por medio mundo (principalmente por Europa y Sudamérica) montaron numerosas asociaciones fraternales para la defensa de los presos políticos y sus familias, los miles de asesinados por la dictadura franquista, convirtiéndose en puntos clave de la resistencia.


A este tipo de grupos pertenecerían personalidades como Rafael Alberti, María Teresa León, Pablo Neruda… u otros menos conocidos como Teodulfo Lagunero, Ángela Grimau o cientos de almas buenas que quisieron a través de grupos y convenciones paliar o ayudar la situación que se vivía en la España franquista con la represión política a todos los disidentes.


DE LA SOLEDAD DE LA CELDA A LA VUELTA AL MUNDO PARA DENUNCIAR LA SITUACIÓN DE LAS CÁRCELES ESPAÑOLAS.



Marcos Ana se convirtió en un símbolo, un símbolo muy peligroso para los franquistas, pero que estaba constituido por un hombre bueno, honesto, que no quiso ser profeta ni mártir, sino que después de 23 largos años encarcelado injustamente por crímenes que no había cometido, se dedicó a recorrer el mundo contando a quien le quisiera escuchar la penosa situación de aquella España desvencijada y sometida bajo el yugo de la Dictadura.

Otra de las cosas que me llamaron poderosamente la atención fue el brutal choque que sufrió la vida de Marcos Ana. En realidad fueron varios los choques brutales que sufrió este hombre, que no sé ni de dónde sacó las fuerzas para resistir y seguir luchando.

Primero, fue encarcelado siendo apenas un adolescente, no un adulto. Por crímenes que no había cometido y que le tuvieron 23 larguísimos años entre cuatro paredes. 23 años, qué barbaridad si te paras a pensarlo. Yo misma no lo hubiese resistido, me habría dejado mecer por los brazos de la locura, pero él fue fuerte y resistió. Fue fuerte viendo morir a sus compañeros día a día, viendo cómo todos los presos políticos eran torturados, denostados, desprestigiados antes la opinión pública, cómo muchos resistían y encaraban su destino con firmeza, pero otros no podían con semejante peso.

Pero si difícil fue resistir durante más de dos décadas, de prisión en penal, sobreviviendo como se podía en aquellas terribles circunstancias de frío, hambre y miseria, viendo cómo los padres de aquellos presos morían a las puertas de la cárcel sin que nadie se apiadara de ellos, no menos difícil fue volver a la libertad. Pensemos por un momento cómo tiene que ser vivir encerrado durante dos décadas, y de pronto ser lanzado al mundo real, un mundo que ya no conoces, que te es hostil. España seguía bajo la dictadura, por lo que lo primero que tuvo que hacer fue huir, irse lejos, salvar su vida y así poder llevar su palabra y su experiencia (la voz de los presos políticos españoles) más allá de nuestras fronteras.

Pero es que, además, Marcos Ana era un hombre que no había vivido como un hombre. Era apenas un niño cuando lo encarcelaron, y el propio mundo, o las mujeres, eran un enigma demasiado infranqueable para él. Pero también a todo eso hubo de enfrentarse.

Más aún, a los pocos meses de haber salido de las cuatro paredes de la cárcel, se vio viajando por medio mundo. Por Europa primero, donde visitó numerosos países y se entrevistó con numerosas personalidades (calan especialmente los relatos que incluye en su libro sobre la Reina Madre de Bélgica y La Pasionaria en la URSS), luego por Sudamérica, donde visitó varios países, pudo conocer a personalidades como los Castro, Allende o Neruda. En la mayoría de los países tuvo una respuesta unánime de acogida por la gente, pero en otros vio como el Régimen Franquista quería de nuevo manchar su nombre utilizando subterfugios y mentiras en la prensa más rancia.

Pero Marcos Ana no quiso entrar en más polémicas. Vivió durante décadas (y aún sigue haciéndolo) comunicando al mundo cuál era la verdadera realidad de las cárceles españolas. Hay que ponerse por un segundo en la piel de este hombre, intentar imaginar cómo ha sido su vida, y si se tiene un poco de sensibilidad, resulta imposible no admirarlo. Puede ser que haya personas a las que no les guste un libro como Decidme cómo es un árbol o una vida como la de Marcos Ana. Pero lo cierto es que, políticas aparte, guste o no, ésta fue una realidad que existió y no hace tanto tiempo, en un pasado nada remoto.


DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL, UN LIBRO QUE NO PUEDE DEJARTE INDIFERENTE.

Hacía mucho, pero muuuucho, muchísimo tiempo que un libro no me sacudía como éste lo ha hecho. Me ha sacudido internamente, me ha hecho llegar a las lágrimas, a una emoción fortísima que nace del corazón. Según comencé su lectura, decidí hacerlo a pequeños sorbos. Tomé la decisión de tardar semanas en leerlo, apenas 10 o 15 páginas cada día, para poder aprehender cada una de sus palabras, cada uno de sus significados… Y he de decir que muchas veces acabé llorando.

Porque la historia de Decidme cómo es un árbol es una historia tristísima, pero lo es más si tenemos en cuenta que es una historia real, y que su autor aún está vivo para contarla. Terrible todo lo que tuvo que pasar Marcos Ana, pero él no deja de ser ni más ni menos que la voz de los oprimidos por el régimen franquista, frente a tantas y tantas miles de voces acalladas y sesgadas de raíz, fusiladas por sus creencias.


Marcos Ana solamente nos relata su vida y la de sus compañeros. Se agradece el tono totalmente imparcial de su relato, no juzga, ni siquiera hace apreciaciones personales, lo que creo que es muy difícil, especialmente con alguien que ha sufrido tanto. Yo, por supuesto, en esta opinión, subjetiva, no llego a su altura y sí vierto juicios y apreciaciones, lo siento. Pero insisto en que este libro me ha sacudido profundamente por dentro, no me ha dejado en absoluto indiferente y ha hecho surgir en mí tantísimos sentimientos, tan fuertes, que soy incapaz de obviarlos ni verterlos sobre mi opinión.

Ojalá disfrutase de la templanza que Marcos Ana vierte en cada una de las líneas de este libro, su imparcialidad a pesar de todo lo malo que le ha ocurrido en la vida.

Incluso, como perteneciente al PC, después de todos los momentos vividos, reconoce que hubo cosas en las que se equivocaron, pero que incluso sus errores fueron dictados por su intención de hacer el bien y defender la libertad.

Pero hay historias dentro del libro, historias reales, que te dejan sin palabras. Creo que el propio Almodóvar quiere utilizar alguna de ellas para una próxima película, y la verdad es que son historias llenas de sentimientos, capaces de hacernos llorar de emoción. Prefiero no desvelarlas, pero os diré que también sacuden por dentro, como aquella noche que ya libre en Madrid Marcos Ana conoció a una mujer y el símbolo de los inmensos ramos de flores que le envió al día siguiente por la deuda contraída (contada así no dice nada, pero quien la haya leído sabrá reconocerla); o la madre de aquel preso, también de nombre Ana (como la madre del propio poeta), que murió de frío y de pena tras varios días a las puertas de la prisión donde estaba encerrado su hijo, sin que ningún carcelero se apiadase de ella.

Cuántas historias así habrá visto este país, olvidadas, denostadas, sepultadas a conciencia por los que quisieron sumirlas en el olvido. Pero insisto, no debemos olvidar nuestra historia porque estaremos condenados a repetirla.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.

No sé si identificaréis esa sensación, cuando las palabras no son suficientes para expresar el caudal de sentimientos que has experimentado ante una obra. Pues eso es exactamente lo que me está ocurriendo al escribir esta opinión, que siento que mis palabras no son capaces de transmitir, que Decidme cómo es un árbol te dejará totalmente sin palabras pero con muchos sentimientos intensos y profundos revoloteando a tu alrededor e impactándote.

Porque este libro no sólo no te dejará indiferente, sino que será capaz de enamorarte. Creo que le debemos una lectura atenta y con tiempo, en la que ponernos en la piel de aquéllos que fueron protagonistas sin quererlo. Es muy importante conocer qué hemos hecho en nuestra historia, aprender de ella, intentar no volver a repetirla.

Pero además este libro está escrito desde el corazón, con las mejores intenciones posibles, sin querer juzgar ni ser juzgados, con toda la objetividad que es posible reunir alrededor del sufrimiento. Y con él estoy segura de que aprenderemos muchas cosas que desconocíamos, algo que siempre es importante.

Gracias, Marcos Ana, por escribir finalmente tus memorias, por todo lo que has aportado a este mundo en todos estos años. Por tu saber estar, por tu resistencia, por tu amor infinito.

Y qué mejor que dejaros sus propias palabras en los versos del poema que da nombre a este libro y que escribió durante su cautiverio, en el que entre cuatro paredes evocaba cómo debía ser un árbol, algo que casi había olvidado, como tantas otras cosas:


DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL

Decidme como es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
ecidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
o lo recuerdo.

Aún las noches se perfuman de enamorados
ue tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
a luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

ROCÍO

Rocío atravesó la pantalla del ordenador y llegó al mundo real, a las intensas calles de Madrid de un día de finales de verano. Acompañada por Miguel esperaban a una Itaca transformada, que también había decidido traspasar los umbrales seguros de la pantalla del ordenador y aterrizar en el mundanal ruido de su querido Madrid, para conocer por fin en persona a su amiga virtual en cuyos ojos podría notar al instante la ternura y la amistad.

Porque la amistad, la de verdad, es muy difícil de lograr, pero a veces se forja de la manera más extraña, o a través de las nuevas tecnologías, nunca se sabe… De aquí te dejo unas líneas, de aquí te comento un post, de allá me preguntas, de aquí te saludo… Pero después de los años esas personas virtuales se convierten en tus auténticos amigos y, con el tiempo, vas sabiendo quién es quién en el juego cibernético, quién merece realmente la pena, quién se ha convertido en tu amigo en el mundo virtual y puede, quizá, convertirse en tu amigo en el mundo real. Sólo falta dar ese paso de traspasar la pantalla, a veces tan difícil como un paso de gigante.

Y así llegó Rocío, presagiando el otoño, presagiando ese mes de octubre de hojas amarillas que caen al suelo e invaden el ambiente de nostalgia. Pero llegó con alegría, con ternura, con una amistad forjada sin ser muy conscientes, con ilusión, con ganas de sentarse a hablar, reír, abrazarse, como si nos conociéramos de siempre… Pero ahora ya nos conocemos, ya nos ponemos cara, ya sonreímos al reconocernos, ya volveremos a vernos espero que muy pronto.

Y tras ese halo de alegría y de buenas vibraciones, de la buena gente que se encuentra, se reconoce y se abraza, me dejó una hoja de otoño para mecer las nostalgias de ese octubre presagiado que nos embruja y que su recuerdo nos traerá a cada momento el recuerdo de esta amistad.

Gracias, Rocío.

DE LIBROS, SOLES Y PASIONES

Domingo por la mañana, finales de verano… ¿qué hacemos? Pues se me ocurre ir a la Cuesta Moyano a brujulear y ver qué tesoros literarios encontramos, y luego, por qué no, pasear tranquilamente por El Retiro y tomarnos un helado disfrutando de la mañana soleada.

Madrid está lleno de rincones llenos de encanto y las mañanas soleadas de domingo (independientemente de la estación en que nos encontramos) constituyen un momento magnífico para rescatarlos del olvido y disfrutarlos. Y digo lo de rescatarlos del olvido porque Madrid a veces es tan grande que nos engulle, que olvidamos sus pequeños rincones y hacemos que pasen meses y meses sin disfrutar de esos lugares y esos momentos tan únicos. Y creo que El Retiro y la Cuesta Moyano constituyen parte de este tipo de lugares… lugares capaces de enamorarnos, lugares en los que pasamos momentos intensos y bonitos bajo el sol, pero lugares que a menudo olvidamos entre la rutina, las prisas, la desidia… y el propio olvido que lo cubre todo con su manto.

Hacía muchos meses que no iba a la Cuesta Moyano. Recuerdo que la última vez fue también una mañana de domingo… de domingo al sol. El domingo de hace un par de semanas había sol, de finales o de mediados de verano, porque la verdad es que hacía bastante calor, pero no sofocante. Lo suficiente para que disfrutásemos del día, nos imbuyésemos de ese tiempo detenido, de esa atmósfera de siempre que rezuman los libros y que rezuma también la propia Cuesta Moyano. Porque da igual el tiempo que dejes pasar, al reencontrarte con este sitio, sentirás que el tiempo no ha pasado, que ayer estuviste allí, rebuscando entre las casetas, intentando encontrar ese título que te llame la atención, o ese libro que hacía tantos años que no veías y que ahora podrás volver a disfrutar de su lectura.


¿QUÉ ES LA CUESTA MOYANO?


La Cuesta Moyano es algo así como una feria del libro viejo, un lugar donde las librerías de anticuario ubicadas en sus casetas sacan a la calle libros olvidados. Muchas y grandes bibliotecas particulares acaban desgraciadamente en la Cuesta Moyano. Y digo lo de desgraciadamente porque se ven deshechas, sesgadas, rotas, descompuestas, perdidas aquí y allá.

Es un lugar donde impera la nostalgia, porque cuando coges entre tus manos un libro viejo, muchas veces piensas qué historia vivirá entre sus páginas. Y no me refiero a la historia que cuente el libro en su lectura, sino a la historia en sí del propio tomo, a qué manos habrá pertenecido, qué ojos lo habrán leído y disfrutado enormemente con su lectura, o en qué estanterías de olvido y polvo habrá yacido durante años…



¿QUIÉN ERA CLAUDIO MOYANO?

Somos un pueblo que olvidamos nuestra historia. La Cuesta Moyano, ¿pero quién era Moyano? Nadie parece recordarlo… Claudio Moyano, un zamorano que ya en el siglo XIX reformó la enseñanza y la educación mediante una ley conocida como la Ley Moyano y que estuvo vigente nada más y nada menos que un siglo en esta nuestra tierra tan convulsa. Reformó la educación tal como hoy la conocemos, instituyendo una educación libre, gratuita y no secularizada.

Desgraciadamente, ya casi nadie recuerda a Moyano, ni siquiera quién era, ni qué significó su ley en nuestro país. Pero ahí está esta calle empinada, esta cuesta que lleva su nombre y que es al fin y al cabo un elogio a su persona, a la educación, a la formación, a la cultura… representada en los libros que cada día se venden y que viven una nueva vida en manos del apasionado lector que decide acercarse hasta allí a llevarse en la mochila nuevos tesoros literarios con los que disfrutar absolutamente de su lectura.

Pero además, la Cuesta Moyano está jalonada a su inicio y su fin con dos estatuas llenas de encanto. La primera, la que se sitúa casi en el Paseo del Prado, recuerda precisamente a Claudio Moyano, el olvidado. Al final de la Cuesta, ya casi frente a la verja del Retiro, se encuentra la estatua del gran literato Pío Baroja, con quien recorrimos Madrid de mano de algunos de sus personajes y sus libros como por ejemplo sus inolvidables Andrés Hurtado y el tío Iturrioz de una de sus novelas más renombradas: El árbol de la ciencia.


¿DÓNDE ESTÁ LA CUESTA MOYANO?

La Cuesta Moyano ha sufrido además muchas vicisitudes a lo largo de toda su existencia, estando ubicada en varios lugares del centro de Madrid, siempre en la zona del Paseo del Prado, muy cerquita de la Glorieta de Atocha. De hecho, el germen de este lugar se inició precisamente en Atocha, donde en el siglo XIX existía un mercado donde se vendían todo tipo de objetos. De este lugar, se disgregó una rama, la de los libros, que se mudó frente a las verjas de la entrada del Botánico, hasta que se mudaron a diferentes lugares cercanos. Desde hace unos pocos añitos (cuatro o así) la Cuesta Moyano, tras numerosas reformas y traslados, ha recuperado todo su esplendor.

Dispone de una calle empinada (de ahí lo de cuesta), totalmente peatonal, donde las casetas de madera en color azul se disponen una al lado de otra y cada día puedes ver el ambientillo del mercado de libros viejos y de segunda mano (aunque hay ediciones nuevas, lo mejor de la Cuesta Moyano es descubrir pequeñas joyitas en libros viejos olvidados y regalarles una nueva vida).

Pero ha sido difícil conocerla como ahora podemos verla. Recuerdo que hace unos años, cuando vine a vivir a Madrid (allá por el años 2005, 2006…) íbamos también los domingos a la Cuesta Moyano, pero no era lo mismo. No era una cuesta, sino unas cuantas casetas de aspecto casi de papel con tenderetes montados en el propio Paseo del Prado. Se había producido un importante incendio en el 2004 y la zona fue remodelada, hasta abrirse de nuevo al público que acogimos esta Cuesta Moyano renovada en todo su esplendor en el año 2007.

DE PASEO BAJO EL SOL.

Es muy agradable acercarse una mañana soleada a la Cuesta Moyano, con todas las ganas y la intención de encontrar pequeños tesoros en forma de libros que nos hicieran soñar. Y para allá nos fuimos los tres, la familia Telerín, mi maridete, mi querido Athejos reguapo y yo misma. El Athos además iba contento de excursión y se dejaba mimar por todo aquel que quiso pararse con él durante nuestro paseo por la Cuesta Moyano, que fue lento y con mucho tiempo, porque si a mí me encanta husmear entre libros, a su amito ni os digo. De allí salió pertrechado con dos bolsas llenas de libros, después de husmear y rebuscar casi en todas las casetas.

En mi caso, yo salí de allí con un par de libros, tras husmear algo pero mucho menos que el sabueso de mi marido. El pobre Athos ya de vez en cuando se sentaba como aburrido de tanto esperar, y su querido amito seguía a lo suyo. De vez en cuando los dos nos acercábamos a su amito y Athos se le ponía de patas como diciendo que estamos aquí aburridos, que te olvidas de nosotros.

Pero cuestiones perrunas aparte, pasear por la Cuesta Moyano (a pesar de su inclinación y lo que a veces cuesta subir con todo el cargamento de libros) es un verdadero placer. Es uno de esos lugares en los que todo el que va allí no suele ir para husmear sin más (algún turista despistado hay, pero poco), sino para buscar tesoros entre las pilas de libros. No esperéis encontrar grandes joyas de libros que cuesten una fortuna, porque sobre todo abundan los libros de bolsillo, ediciones normalitas ya un tanto ajadas con muchos años de polvo a sus espaldas, pero normalmente todo el mundo encuentra algo a buen precio y sales de allí con una sensación muy gratificante.

La mayoría de los libros de la Cuesta Moyano son libros baratitos (podréis encontrar ejemplares a partir de 1€), sobre todo libros viejos, con ya alguna que otra mano a sus espaldas. Pero a veces hay pequeñas joyas a precios también muy populares. En alguna de las casetas podréis encontrar ediciones actuales, y no digo yo que si pensabais comprar el último libro del autor de moda de turno, en lugar de hacerlo en el Corte Inglés, ya que estáis en la Cuesta Moyano, no aprovechéis para llevároslo desde aquí. Pero creo que la Cuesta Moyano no es para eso, sino para bucear entre sus montones de libros y encontrar aquel ejemplar ya ajado que te estaba esperando, que estaba destinado a ti sin que tú lo supieras.

Pero es que además en este lugar existe una idiosincrasia particular. Podría hacerse un particular animalario (monstruitos incluidos) sobre los libreros de la Cuesta Moyano y por qué no sobre los prototipos de sus clientes. Y si habéis ido alguna que otra vez a la Cuesta Moyano, estoy segura de que entenderéis por dónde van los tiros y a qué me estoy refiriendo. Abrir bien los ojos y fijaros en los detalles, en un sitio realmente interesante donde podréis descubrir muchas cosas. Pero sobre todo, por encima de lo demás, está el amor a la lectura de la inmensa mayoría de los que pululamos de una u otra manera por la Cuesta Moyano.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.

La Cuesta Moyano es un lugar especial; uno de esos pequeños rinconcitos de mi Madrid del alma al que hay que visitar de vez en cuando, dejarse caer por allí en una mañana de sol e imbuirnos de su espíritu, disfrutar de la aventura de encontrar ese libro olvidado durante tantos años por su anterior propietario y que nos está predestinado. Hay que volver de vez en cuando a la Cuesta Moyano, aunque durante meses las prisas y el olvido nos mantengan alejados de allí, volveremos a este lugar sin duda.

No recuerdo el número de veces que la habré visitado, ¿veinte, treinta?, la última hace apenas ocho días. Pero sigue siendo la misma, con el mismo espíritu, especialmente bonita en las mañanas de otoño con las hojas cayendo. Aún no ha llegado del todo el otoño, pero ya había algunas hojas por el suelo, por lo que aprovechando el sol y el calor, con todos nuestros libros a cuestas, salimos de allí los tres en dirección al Retiro, otro de los lugares con encanto de Madrid. Y allí Athos corrió a sus anchas y nosotros nos sentamos tranquilamente bajo un árbol disfrutando de un sabroso helado. A veces, qué cosas tan insignificantes se necesitan para ser feliz…

Pero antes de irnos de la Cuesta Moyano, decidimos pararnos a saludar al amigo Pío Baroja, y Athos y yo posamos salerosos delante de su estatua.

Espero que muchos más domingos al sol de mi vida estén destinados a esos momentos llenos de encanto en la Cuesta Moyano.




LOS TORTUOSOS CAMINOS DE LA LOCURA

HAY MUCHOS TIPOS DE LOCURA.

El Dr. Robert Ledgard es un cirujano que perdió a su mujer, quemada, en un accidente años atrás. Todos sus intentos médicos por recuperarla no consiguieron los resultados que él esperaba, y desde la muerte de su esposa, y después la de su hija vive obsesionado con poder realizar cuantos experimentos médicos sean necesarios para replicar la piel humana. Entre dichos experimentos está las transgénesis, prohibida en humanos por la Comunidad Médica Internacional, una regla que Ledgard no está dispuesto a acatar. Conseguirá su propia cobaya humana, a quien recluirá entre las cuatro paredes de una habitación en El Cigarral, una auténtica casa de lujo que es en realidad una jaula de oro.

La persona recluida es Vera, en ella Ledgard ha reproducido el rostro y el cuerpo de su esposa muerta. Ella ha perdido en los últimos seis años hasta su propia piel, pero resiste, convencida de que la espera se convertirá en la única posibilidad de escapar de su cautiverio. Dentro de ella pervive su propia identidad, a pesar de todas aquellas pruebas a las que ha tenido que enfrentarse a lo largo de su cautiverio.

El círculo de El Cigarral lo cierra Marilia, la persona que crió a Ledgard y fiel a él siempre hasta sus últimas consecuencias. Sólo ellos son consientes de cuál es la verdadera realidad que existe entre las paredes de El Cigarral.

Está claro que Ledgard está loco, que no ha superado la muerte de su mujer ni de su hijo, del rencor que le invade contra todos… Pero su locura nos sorprenderá más aún. Desde su frialdad a la hora de pertrechar su venganza, hasta la ausencia total de miedo para apretar el gatillo contra sus enemigos. Pero su invento, como una suerte de Dr. Jeckyl y Mr. Hyde termina volviéndose en su contra de un modo que él nunca pensó. El amor y la locura tienen esas cosas, que muchas veces se cruzan sin quererlo y habitualmente en el momento más inoportuno de todos.

Pero es que Vera también está loca, o al menos en algún momento lo ha estado. Si yo fuese ella, no sé cómo, pero haría ya mucho tiempo que me habría suicidado, incapaz de soportar ese destino tan atroz, cruento e injusto. Sin embargo, ella regresa de la locura, y aunque todo en ella y en su mundo haya cambiado, decide agarrarse a la espera como a un clavo ardiendo, consciente de que ésa es su única y última esperanza… Ni siquiera su piel es ya su propia piel, pero no sé ni cómo, ha conseguido no perder su identidad.

Y Marilia… Marilia también tiene otro tipo de locura, una locura llena de pasados y de engaños, de oscuridades… Locura llama a locura, desde la propia sangre… Y parece que todo lo que tiene que ver con el siniestro Cigarral tienen que tener un punto absurdo de sangre y venganza, loco de atar… Desde la interrupción de Zeca, que lo trastocará todo, hasta el último minuto en que todas las piezas del engranaje parecen estar desgranadas.


INTERPRETACIONES MAGISTRALES.

Una vez más, las interpretaciones de los actores y actrices que dan vida a los diferentes personajes que viven en La piel que habitó te dejan sin aliento. Con vuestro permiso, realizo una revisión de los mismos:

ANTONIO BANDERAS VS. DR. ROBERT LEDGARD.

No es que me encante precisamente Antonio Banderas. Reconozco que con los años ha madurado como actor y como hombre, pero no acaba de encandilarme en ninguno de sus papeles. En La piel que habitó interpreta además al malo de la película, un malo malísimo, pero también en el fondo un pobre loco.

El Dr. Robert Ledgard roza los límites que no deberían ser traspasados… los límites de la locura, los límites de la ciencia, los límites de la razón. Es sin duda el personaje más completo de toda la trama, tiene una razón detrás de cada una de sus acciones, no la simple locura, aunque creo que es ésta quien le empuja a la venganza. No ha superado sus propios traumas, la muerte de su mujer y su hija, y le echa la culpa a quien quizá no la tiene del todo.

Impecable la actuación de Banderas encarnando a un Dr. Jekyl que juega con fuego (ya lo dice el refrán, quien juega con fuego…), frío, calculador, táctico, paciente… Es capaz de no olvidar jamás que la venganza es un plato que se sirve frío y que para que se enfríe se necesita mucho, pero mucho, tiempo. Y como no tiene nada mejor que hacer en el mundo, nadie que le quiera, nadie a quien amar… él todo tiene el tiempo del mundo para sus obsesiones, para la ciencia y la experimentación, para los oscuros laberintos por los que discurre la historia de La piel que habitó.

ELENA ANAYA VS. VERA.

Vera es joven, bella, casi perfecta… Hecha a golpe de bisturí por una mente calculadora y endemoniada, capaz de reproducir en ella a la esposa muerta.

Vera debería ser una persona atormentada, deshecha, un rastrojo de sí misma, o de lo poquito que queda de ella. Todo en ella ha cambiado, ni siquiera su piel es la misma, pero en contra de todo pronóstico es capaz de mantener su interior, de reconocerse a sí misma después del cautiverio y la injusta venganza, de reponerse, de esperar a que le llegue el turno de ser libre y escapar.

Ya lo dije antes, yo en su caso me habría vuelto loca, habría sido débil, sin dudarlo habría perdido la razón. Pero ella no lo hace. Y Elena Anaya da vida a una Vera llena de matices, con demasiados interrogantes no resueltos en la trama, pero un papel difícil, magnánimo, que oscila entre la desesperación y la ternura, la razón y la pasión, quizá también la locura… La bellísima Vera encerrada en su jaula de cristal, como el ave más bonito del mundo privado de su libertad.

MARISA PAREDES VS. MARILIA.

No sé qué tiene Marisa Paredes, pero no lo pierde con los años. Es esa forma de ser, esa manera de mirar a la cámara, oscilando también hacia la locura, pero con una serenidad y una elegancia innata, que traspasa hasta el espectador.

Su personaje, Marilia, también vive al borde de la locura, intentando mantenerse firme a lo que ama, siendo fiel siempre al Dr. Robert Ledgard, a pesar de su locura o quizá más aún precisamente por ello. No es un papel tan importante ni tan vertebral como los dos anteriores en la trama, pero esa forma que tiene Marisa Paredes de mirar a la cámara…. te traspasará.

JAN CORNET VS. VICENTE.

La vida le cambiará a Vicente sin saberlo, por unas copas de más, o unas pastillas de más, por besar a la chica equivocada… Y lo pagará muy caro en un camino sin salida, o por lo menos sin vuelta atrás. Jan Cornet está correcto en este papel, tampoco su papel tiene tanto peso en la historia al fin y al cabo.

BLANCA SUÁREZ VS. NORMA.

Si hay una interpretación que te deja sin palabras es la de Blanca Suárez interpretando a Norma, la hija del Dr. Ledgard. Norma es una chica con muchísimos problemas, no ha vivido una infancia fácil, su propia madre se lanzó desde la ventana cayendo a sus pies, y ella, tan frágil, nunca lo ha superado.

No sé si será cuestión de genes o de educación, pero la locura también le toca muy a fondo. Hay un antes y un después, una noche de fiesta donde los acontecimientos se suceden y se pone en marcha la palanca que la envolverá definitivamente en una profunda locura. Blanca Suárez interpreta a una Norma que aparece muy poco en escena, apenas unos minutos. Pero sus alaridos, su miedo extremo, sus gritos, su desesperación que rasga el aire, te deja precisamente así, sin aire. Impresionante esta actriz en este papel.

RESTO DEL REPARTO.

Aquí hay un poco de todo, como en botica, o como en las películas de Almodóvar, para qué negarlo. Hasta el propio Agustín Almodóvar (hermano del director, además productor de esta y muchas de las películas de su hermano) decide hacer un cameo y aparecer en escena apenas unos segundos. Aparece en escena sin venir a cuento, como un guiño un tanto extemporáneo o absurdo, un pegote que estará bien precisamente para que él aparezca, pero nada más.

Pero también recordaremos al Almodóvar de la Movida Madrileña, quien pone en escena a un Roberto Álamo (al que probablemente conozcamos por su papel de médico en una famosa serie de Televisión) que da repulsión, miedo, asco. Encarnará al malvado, absurdo y totalmente loco Zeca, quien será el detonante de casi todo. Vestido de tigre aparecerá en acción en una escena grotesca, muy típica del Almodóvar de antes, pero que con todos mis respetos ni viene a cuento ni se entiende (aunque está claro que ha de actuar de palanca para que la historia termine como termina). Me dio tanto asco este papel que ni siquiera quiero valorar los valores artísticos del actor que la interpreta, que sin duda son muchos.

Además, veremos a rostros conocidos como Eduard Fernández en el papel de Fulgencio, el médico amigo del Dr. Ledgard; José Luis Gómez en el papel de Presidente del Instituto de Biotecnología; Bárbara Lennie (a quien recordaremos también por algunos de sus papeles en la pequeña pantalla) en el papel de Cristina, la dependienta de la tienda de la madre de Vicente; o Susi Sánchez en el papel de la propia madre de Vicente.


En general, un elenco muy atractivo y que lo hace francamente bien.

LA EXPERIENCIA DE ITACA.

Vaya por delante que me gusta Almodóvar, que muchas veces me encanta, y que me considero una almodovariana de pro. Sin embargo, hay cosas de su cine que me encandilan y otras que me horripilan (todavía no me he recuperado del todo del bodrio de La mala educación por ejemplo, y eso que ya han pasado unos cuantos años). En este caso, esta película me ha gustado, pero no me ha encantado, sobre todo porque me ha dado muy mal rollo, y es que la historia no es para menos.

Creo que es una historia terrible, pero además tremendamente difícil. Me ha resultado precisamente eso, muy muy difícil, no hablaros demasiado y daros pistas, no estoy segura de haberlo conseguido del todo. Y ha tenido que ser tremendamente difícil imaginarla y más aún reproducirla en forma de película. Porque aunque se basa en una novela, está claro que en esta película se ve claramente la impronta de Almodóvar.

Está maravillosamente bien rodada, te enamorarás del metraje, aunque para mí tiene fallos, o quizá mejor dicho inconexiones, cosas que no se explican, o que son demasiado casualidad, o que hay que mirarlos muy por alto para no darte cuenta. Quizá sea yo que me fijo mucho en los detalles, no lo sé…

Creo que no dejará indiferente a nadie, pero creo que sea una película no apta para cualquier tipo de público (y obviamente no hablo de que no esté recomendada a menores de cierta edad). No todo el mundo entiende a Almodóvar, por eso no a todo el mundo tampoco le gusta Almodóvar, e incluso a los que nos gusta, sabremos reconocer el talento del director en esta cinta, pero aún así, ni te dejará indiferente, y es muy posible que te dé algo de mal rollo, sobre todo si lo piensas en profundidad…

Pero eso ya lo dejo a la elección de cada uno.


Una última pregunta a los que terminéis viéndola ...

¿qué hubieseis hecho vosotros de haber sido Vera?