YA OLVIDÉ LA DIMENSIÓN DE LAS COSAS, SU OLOR, SU AROMA...

Hacía mucho tiempo que un libro no era capaz de emocionarme tanto, de sacudirme por dentro como la historia real contenida en Decidme cómo es un árbol lo ha hecho. Una lectura que es incapaz que deje indiferente a nadie con un mínimo de sensibilidad. Pero también una lectura con un innegable corte político que quizá no guste a todos, pero que lo queramos o no, existió, y además en un futuro no muy lejano.
El poeta Marcos Ana tiene en su haber un récord nada agradable, el haberse convertido en el preso que más tiempo pasó encarcelado durante la dictadura franquista, en concreto la escalofriante cifra de 23 años... años… lo decimos y parece que no son nada, pero si un solo día privado de libertad ya es un infierno, ¿cómo no la van a ser más de 8.000? Y no solamente eso, sino que durante su largo cautiverio estuvo condenado a muerte en varias ocasiones, vio morir a cientos de amigos y camaradas, fusilados por sus ideas políticas contrarias al régimen franquista; además, nunca supo cuándo iba a terminar su larguísimo cautiverio, una juventud entera arrebatada entre cuatro muros de diferentes cárceles españolas.

Pero Marcos Ana nunca sucumbió a lo largo de su cautiverio, ni durante las largas noches que preludiaban al alba en el que muchos compañeros serían ejecutados, ni durante los largos días en los que esperaban que los carceleros pudiesen pronunciar su nombre para la ejecución del día siguiente. Fiel a sus ideales, nunca dejó de luchar por una humanidad fraterna, por unirse a sus compañeros frente a la desgracia.

Su tesón le mantuvo vivo, escribiendo desde la cárcel numerosos poemas que hicieron conocer la cruenta realidad de los presos políticos españoles. Se convirtió en un símbolo, forjándose una auténtica leyenda en el exterior. Pero no solamente en el exterior de la prisión, sino en el exterior de España, ya que muchos de los disidentes políticos de la época franquista se vieron obligados a abandonar España, su patria, y diseminados por medio mundo (principalmente por Europa y Sudamérica) montaron numerosas asociaciones fraternales para la defensa de los presos políticos y sus familias, los miles de asesinados por la dictadura franquista, convirtiéndose en puntos clave de la resistencia.


A este tipo de grupos pertenecerían personalidades como Rafael Alberti, María Teresa León, Pablo Neruda… u otros menos conocidos como Teodulfo Lagunero, Ángela Grimau o cientos de almas buenas que quisieron a través de grupos y convenciones paliar o ayudar la situación que se vivía en la España franquista con la represión política a todos los disidentes.


DE LA SOLEDAD DE LA CELDA A LA VUELTA AL MUNDO PARA DENUNCIAR LA SITUACIÓN DE LAS CÁRCELES ESPAÑOLAS.



Marcos Ana se convirtió en un símbolo, un símbolo muy peligroso para los franquistas, pero que estaba constituido por un hombre bueno, honesto, que no quiso ser profeta ni mártir, sino que después de 23 largos años encarcelado injustamente por crímenes que no había cometido, se dedicó a recorrer el mundo contando a quien le quisiera escuchar la penosa situación de aquella España desvencijada y sometida bajo el yugo de la Dictadura.

Otra de las cosas que me llamaron poderosamente la atención fue el brutal choque que sufrió la vida de Marcos Ana. En realidad fueron varios los choques brutales que sufrió este hombre, que no sé ni de dónde sacó las fuerzas para resistir y seguir luchando.

Primero, fue encarcelado siendo apenas un adolescente, no un adulto. Por crímenes que no había cometido y que le tuvieron 23 larguísimos años entre cuatro paredes. 23 años, qué barbaridad si te paras a pensarlo. Yo misma no lo hubiese resistido, me habría dejado mecer por los brazos de la locura, pero él fue fuerte y resistió. Fue fuerte viendo morir a sus compañeros día a día, viendo cómo todos los presos políticos eran torturados, denostados, desprestigiados antes la opinión pública, cómo muchos resistían y encaraban su destino con firmeza, pero otros no podían con semejante peso.

Pero si difícil fue resistir durante más de dos décadas, de prisión en penal, sobreviviendo como se podía en aquellas terribles circunstancias de frío, hambre y miseria, viendo cómo los padres de aquellos presos morían a las puertas de la cárcel sin que nadie se apiadara de ellos, no menos difícil fue volver a la libertad. Pensemos por un momento cómo tiene que ser vivir encerrado durante dos décadas, y de pronto ser lanzado al mundo real, un mundo que ya no conoces, que te es hostil. España seguía bajo la dictadura, por lo que lo primero que tuvo que hacer fue huir, irse lejos, salvar su vida y así poder llevar su palabra y su experiencia (la voz de los presos políticos españoles) más allá de nuestras fronteras.

Pero es que, además, Marcos Ana era un hombre que no había vivido como un hombre. Era apenas un niño cuando lo encarcelaron, y el propio mundo, o las mujeres, eran un enigma demasiado infranqueable para él. Pero también a todo eso hubo de enfrentarse.

Más aún, a los pocos meses de haber salido de las cuatro paredes de la cárcel, se vio viajando por medio mundo. Por Europa primero, donde visitó numerosos países y se entrevistó con numerosas personalidades (calan especialmente los relatos que incluye en su libro sobre la Reina Madre de Bélgica y La Pasionaria en la URSS), luego por Sudamérica, donde visitó varios países, pudo conocer a personalidades como los Castro, Allende o Neruda. En la mayoría de los países tuvo una respuesta unánime de acogida por la gente, pero en otros vio como el Régimen Franquista quería de nuevo manchar su nombre utilizando subterfugios y mentiras en la prensa más rancia.

Pero Marcos Ana no quiso entrar en más polémicas. Vivió durante décadas (y aún sigue haciéndolo) comunicando al mundo cuál era la verdadera realidad de las cárceles españolas. Hay que ponerse por un segundo en la piel de este hombre, intentar imaginar cómo ha sido su vida, y si se tiene un poco de sensibilidad, resulta imposible no admirarlo. Puede ser que haya personas a las que no les guste un libro como Decidme cómo es un árbol o una vida como la de Marcos Ana. Pero lo cierto es que, políticas aparte, guste o no, ésta fue una realidad que existió y no hace tanto tiempo, en un pasado nada remoto.


DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL, UN LIBRO QUE NO PUEDE DEJARTE INDIFERENTE.

Hacía mucho, pero muuuucho, muchísimo tiempo que un libro no me sacudía como éste lo ha hecho. Me ha sacudido internamente, me ha hecho llegar a las lágrimas, a una emoción fortísima que nace del corazón. Según comencé su lectura, decidí hacerlo a pequeños sorbos. Tomé la decisión de tardar semanas en leerlo, apenas 10 o 15 páginas cada día, para poder aprehender cada una de sus palabras, cada uno de sus significados… Y he de decir que muchas veces acabé llorando.

Porque la historia de Decidme cómo es un árbol es una historia tristísima, pero lo es más si tenemos en cuenta que es una historia real, y que su autor aún está vivo para contarla. Terrible todo lo que tuvo que pasar Marcos Ana, pero él no deja de ser ni más ni menos que la voz de los oprimidos por el régimen franquista, frente a tantas y tantas miles de voces acalladas y sesgadas de raíz, fusiladas por sus creencias.


Marcos Ana solamente nos relata su vida y la de sus compañeros. Se agradece el tono totalmente imparcial de su relato, no juzga, ni siquiera hace apreciaciones personales, lo que creo que es muy difícil, especialmente con alguien que ha sufrido tanto. Yo, por supuesto, en esta opinión, subjetiva, no llego a su altura y sí vierto juicios y apreciaciones, lo siento. Pero insisto en que este libro me ha sacudido profundamente por dentro, no me ha dejado en absoluto indiferente y ha hecho surgir en mí tantísimos sentimientos, tan fuertes, que soy incapaz de obviarlos ni verterlos sobre mi opinión.

Ojalá disfrutase de la templanza que Marcos Ana vierte en cada una de las líneas de este libro, su imparcialidad a pesar de todo lo malo que le ha ocurrido en la vida.

Incluso, como perteneciente al PC, después de todos los momentos vividos, reconoce que hubo cosas en las que se equivocaron, pero que incluso sus errores fueron dictados por su intención de hacer el bien y defender la libertad.

Pero hay historias dentro del libro, historias reales, que te dejan sin palabras. Creo que el propio Almodóvar quiere utilizar alguna de ellas para una próxima película, y la verdad es que son historias llenas de sentimientos, capaces de hacernos llorar de emoción. Prefiero no desvelarlas, pero os diré que también sacuden por dentro, como aquella noche que ya libre en Madrid Marcos Ana conoció a una mujer y el símbolo de los inmensos ramos de flores que le envió al día siguiente por la deuda contraída (contada así no dice nada, pero quien la haya leído sabrá reconocerla); o la madre de aquel preso, también de nombre Ana (como la madre del propio poeta), que murió de frío y de pena tras varios días a las puertas de la prisión donde estaba encerrado su hijo, sin que ningún carcelero se apiadase de ella.

Cuántas historias así habrá visto este país, olvidadas, denostadas, sepultadas a conciencia por los que quisieron sumirlas en el olvido. Pero insisto, no debemos olvidar nuestra historia porque estaremos condenados a repetirla.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.

No sé si identificaréis esa sensación, cuando las palabras no son suficientes para expresar el caudal de sentimientos que has experimentado ante una obra. Pues eso es exactamente lo que me está ocurriendo al escribir esta opinión, que siento que mis palabras no son capaces de transmitir, que Decidme cómo es un árbol te dejará totalmente sin palabras pero con muchos sentimientos intensos y profundos revoloteando a tu alrededor e impactándote.

Porque este libro no sólo no te dejará indiferente, sino que será capaz de enamorarte. Creo que le debemos una lectura atenta y con tiempo, en la que ponernos en la piel de aquéllos que fueron protagonistas sin quererlo. Es muy importante conocer qué hemos hecho en nuestra historia, aprender de ella, intentar no volver a repetirla.

Pero además este libro está escrito desde el corazón, con las mejores intenciones posibles, sin querer juzgar ni ser juzgados, con toda la objetividad que es posible reunir alrededor del sufrimiento. Y con él estoy segura de que aprenderemos muchas cosas que desconocíamos, algo que siempre es importante.

Gracias, Marcos Ana, por escribir finalmente tus memorias, por todo lo que has aportado a este mundo en todos estos años. Por tu saber estar, por tu resistencia, por tu amor infinito.

Y qué mejor que dejaros sus propias palabras en los versos del poema que da nombre a este libro y que escribió durante su cautiverio, en el que entre cuatro paredes evocaba cómo debía ser un árbol, algo que casi había olvidado, como tantas otras cosas:


DECIDME CÓMO ES UN ÁRBOL

Decidme como es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
ecidme como es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
o lo recuerdo.

Aún las noches se perfuman de enamorados
ue tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
a luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario.

1 comentario:

  1. Ya tengo ganas de leer este libro, aunque estoy convencida de que el mal rato que pasaré cuando lo haga no me lo quitará nadie...

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