AL BORDE DE LA BANCARROTA SENTIMENTAL

El viernes pasado fuimos al teatro a ver Venecia bajo la nieve y puedo comenzar diciendo que hacía mucho tiempo que no me reía tantísimo. Y mucho menos aún en el teatro.

La verdad es que vi anunciada esta obra hace ya unas cuantas semanas, e incluso recibí alguna newsletter de atrápalo que incluía muy buenas ofertas para ver esta representación. Sin embargo, creo que porque no me encajaban las fechas, en principio lo dejé para más adelante, aunque me quedé con el gusanillo de tener que verla más adelante.

Pues bien, el viernes pasado llegó el “más adelante” y por fin pudimos ir a disfrutar de esta magnífica representación. La cita era a las 10 de la noche en el Teatro Lara, un céntrico teatro madrileño situado muy cerca de la Gran Vía, en concreto en la Corredera baja de San Pablo. Tengo muy buenos recuerdos de este teatro, ya que en él he disfrutado de obras llenas de encanto como por ejemplo Descalzos por el parque hace unos años. Además, me parece un teatro precioso, está como cuando fue inaugurado a finales del siglo XIX. Sólo por verlo, ya en sí merece la pena.

El caso es que con dichos antecedentes y además teniendo en cuenta que Pablo Carbonell se encontraba entre el elenco de actores de esta obra, tenía claro que quería ir a verla. La elección no pudo ser mejor, salimos de allí encantados. Fuimos dos parejas (una pareja de amigos de mi marido y nosotros), y todos quedamos fascinados por la obra. La verdad es que sabíamos poco del argumento antes de ir y nos sorprendió muchísimo.


DOS PAREJAS ENCONTRADAS: LOS EMPALAGOSOS CHU-CHU Y LA PAREJA AL BORDE DE LA BANCARROTA EMOCIONAL DE LA RELACIÓN.

Una de las cosas que os gustarán de Venecia bajo la nieve es que recoge una situación que podemos llamar “habitual”. Dos antiguos compañeros de la facultad se encuentran tras años sin verse y uno de ellos invita al otro a cenar esa noche a su casa. Será una cena de parejas, en la que saldrán a relucir muchas cosas.

Supongo que, quien más y quien menos, se ha visto en alguna ocasión cenando en casa de una pareja amiga de su novio/marido/pareja o lo que sea, a los que no habías visto nunca antes (siempre hay una primera vez para todo). Ese tipo de cenas son algo así como una bomba de relojería, pueden acabar de cualquier manera. Por un lado, es posible que las dos parejas se caigan genial y empiecen a hacer planes juntos. Pero por otro, puede ser que no tengan nada en común y aquello sea insostenible. Da igual, en el peor de los casos jamás sucederían las circunstancias tan extrañas, y a la vez tan desternillantes, que se dan sobre las tablas del Teatro Lara en Venecia bajo la nieve.


Por un lado tenemos a Natalia y José Luis son los Chu-Chu, los acaramelados tortolitos en su nidito de amor, a punto de casarse y que resultan sumamente empalagosos. Empezamos porque ven la vida de un rosa que no existe, viven en una buhardilla destartalada (que es en realidad la unión de cuatro trasteros viejos) pero que les resulta muy bohemia. En lugar de llamarse por sus nombres reales se llaman cariñosa y empalagosamente “Chu-Chu” el uno al otro a lo largo de toda la cena y pueden llegar a ser insoportablemente perfectos.

Por otro lado, tenemos a Ramón y a Patricia, que llevan ya seis años juntos y no están atravesando por su mejor momento. Ramón y José Luis eran compañeros de facultad, y tras encontrarse esa misma mañana, Ramón no puede decir que no a la invitación de su antiguo amigo de ir a cenar a casa esa noche. Pero no ha contado con Patricia, a la que no le apetece nada. Además, de camino a la cena han tenido una bronca monumental y ella está tan enfadada que se pasa media cena sin pronunciar ni una sola palabra. Están en ese punto en que parecen darse un ultimátum, van a cenar juntos por última vez y después de la cena decidirán si continúan con su relación o si rompen para siempre.

Como podréis ver, sentimentalmente hablando, ambas parejas no tienen absolutamente nada que ver. Y en el resto de las cosas, probablemente tampoco, por lo que la situación se presta a que al final pase a convertirse en un enredo casi imposible. Pero aún echándole imaginación, nunca os podréis imaginar lo que sucederá.


VAMOS AL LÍO: A DESTRIPAR UN POQUITO LA HISTORIA.

Voy a destripar un poquito la historia, pero no demasiado, que lo que quiero es hacer que os pique el gusanillo y vayáis a ver la obra, que realmente merece la pena. Así que no voy a desvelar mucho más de lo que podríais concluir de los textos que incluye la página oficial de la obra: veneciabajolanieve.com.

Decía que Patricia está indignada, acaba de discutir con Ramón y lo único que desea es escapar de ese ambiente insoportable tan empalagoso de la casa de los Chu-Chu, a quienes no conoce de nada y además tampoco tiene ningún interés. Por ello, no pronuncia ni palabra. Y claro, a los iluminados de los Chu-Chu les da por pensar que no habla porque es extranjera.

¿De dónde?

De Chuvenia

De Chu… qué?

A los Chu-Chu les da por pensar que ha salido poco menos que de un campo de refugiados, que es una sin-papeles entre las garras de Madrid y que tienen que regalarle todos los chismes rotos y viejos de su casa para que se los lleve a su tierra.

El enredo va cada vez a más, se forma una pelota tan graaaaande que nadie podrá deshacer el entuerto. La obra va a más según van pasando los minutos, termina siendo hilarante, sencillamente desternillante. Y creedme cuando os juro que hacía mucho, muchísimo tiempo, que no me reía tanto, y menos en el teatro. Es sencillamente genial.


REPASEMOS EL ELENCO DE ACTORES.

De los cuatro actores (dos actores y dos actrices) que conforman el elenco que representa esta obra, para mí tres de ellos eran bastante o muy conocidos.


PABLO CARBONELL VERSUS RAMÓN.

Por supuesto, la estrella de la función es Pablo Carbonell, que interpreta a Ramón y con el que es imposible no reírse a carcajada limpia (me cae tan bien este actor…). Me encanta todo lo que hace, desde su papel de reportero dicharachero en Caiga quien caiga a su participación en diferentes películas con diferentes partenaires. Recuerdo con especial cariño la película Atún y chocolate, que interpretó junto a María Barranco. Este hombre polifacético, que le pone una sonrisa a todo, es capaz de hacer bien muchas cosas: de reportero dicharachero a cantante, de cantante a actor, y ahora nos sorprende sobre las tablas del teatro.

Nunca lo había visto como actor en teatro y he de decir, que una vez más, me ha encantado su interpretación de Ramón. No me voy a meter en su interpretación técnica, ya que Carbonell, con sus más y sus menos, siempre es Carbonell. Pero es capaz de darle un toque de descacharre puro y duro a esta obra, convirtiendo el enredo con su sola presencia en algo aún más desternillante. Tanto es así, que en determinados momentos de la obra, mientras los otros tres actores interpretaban sus papeles en esta historia anegada en lágrimas de pura risa, él mismo se sentaba a la mesa y no podía evitar desternillarse. Lo dicho, es que me encanta Carbonell.


EVA ISANTA VERSUS PATRICIA.

A Eva Isanta la recordaremos sobre todo de series de televisión como Aquí no hay quien viva, La que se avecina o Farmacia de guardia (de ésta hace ya un tiempecito). Siempre me ha caído bien esta actriz, a pesar de su papel de pija insoportable en La que se avecina. Además, me parece bellísima. No sólo la he visto sobre las tablas del Teatro Lara sino que también la he visto en dos ocasiones por las calles de Madrid y me parece que tiene una elegancia especial.

Cumple a la perfección el papel de Patricia en Venecia bajo la nieve. Creo además que su papel es el más difícil de todos, al menos el que más matices tiene y el que experimenta diversas fases a lo largo de la obra. No en vano se tiene que hacer pasar nada más y nada menos que por chuvena y lo hace a la perfección (signifique lo que signifique ser eso). Fantástica esta actriz, a quien me gustaría ver más veces en teatro.


MARINA SAN JOSÉ VERSUS NATALIA LA CHU-CHU.

No la delata su apellido (pocos saben que el cantante Víctor Manuel, asturiano como la que suscribe, se apellida San José) sino que a Marina San José la delata el asombroso parecido que posee con su madre, la cantante Ana Belén. Como opinión personal diré que, al igual que le ocurre a la propia Ana Belén, está mucho más guapa con el pelo largo, y que el corte de pelo que luce actualmente para interpretar a Natalia La Chu Chu no le queda especialmente bien.

La chica no quiso ser cantante, pero le va la farándula familiar y decidió dedicarse a la interpretación (cosa que ya hiciera su madre), con bastante buen tino, por cierto. Es difícil ser la hija de, pero a pesar de todo ella, poco a poco, demuestra que vale para esto. La hemos visto en Amar en tiempos revueltos y me consta que en los últimos años ha participado en varios montajes teatrales, pero esta vez era la primera vez que yo la veía sobre las tablas. Está bien en su papel de la Chu-Chu, aunque para mi gusto resulta demasiado empalagosa y niña perfecta (aunque quizá luego al final lo de vivir en un mundo rosa no salga tan bien) pero al fin y al cabo es de lo que se trata en este papel.

CARLOS HEREDIA VERSUS JOSÉ LUIS EL CHU-CHU.

A este actor yo personalmente no lo conocía de nada y aunque he buceado por los maravillosos mundos de internet, no he sacado gran cosa. Interpreta a José Luis, el Chu Chu, empalagoso enamorado de Natalia, con una vena muy grunge de informático viviendo en una buhardilla en el centro. Da bien en su papel y colabora para que se cree la atmósfera del lío monumental que se vivirá sobre las tablas.

¿OS LA VAIS A PERDER?????

COGE UNA SONRISA Y ¡¡¡ACUÉRDATE DE SONREÍR!!!

Hoy no es noviembre, aún es octubre… Pero no creo que existan tantas diferencias: el otoño va llegando, los suelos se van cubriendo con ese manto dorado de nostalgia y hojas secas, vamos cambiando a ropa más de abrigo y las melancolías al lado de la chimenea vuelven a formar parte de nuestras vidas.

En realidad, no creo que exista tanta diferencia no ya entre octubre y noviembre, sino entre mayo, enero, agosto… ¿qué más da? Cualquier día es un momento fantástico para sonreír y necesitamos la sonrisa tanto como el oxígeno, el problema es que a veces lo ignoramos y otras veces lo olvidamos.

La foto que voy a incluir ha sido un pequeño guiño del destino, una sonrisa al fin y al cabo. Y he tenido el placer de encontrármelo en este día gris. Hoy es viernes, no debería ser un mal día (aunque ninguno debería serlo) y sin embargo, mientras esperaba el autobús veía las caras de hastío de la gente. Gente con sueño, gente con frío, gente que ha perdido las ilusiones…

No podemos perder la ilusión, ni en los peores momentos. Y cualquier día es bueno para sonreír, para afrontar el futuro, para mirar con ilusión… Pero insisto, a veces se nos olvida.

Por eso, entre ese ambiente gris y taciturno, en aquella cola del autobús en que casi nadie sonreía, de repente vi un guiño del destino pegado en la marquesina. Una simple hoja (ver foto) en la que se nos recuerda que precisamente en los momentos más grises es cuando la sonrisa es más necesaria.

Por eso, simplemente el autor de este precioso regalo escribía:

"Si te has levantado con el pie izquierdo, si llevas días sin sonreír, si lo necesitas, si quieres regalarle una sonrisa a aquella persona… si simplemente quieres recibir una sonrisa, por favor, coge una y acuérdate de sonreír.”

No me podía creer que hubiese tanta gente a mi alrededor, esperando al autobús, y que nadie se hubiese parado a leer este maravilloso mensaje. Las caras a mi alrededor seguían grises, taciturnas, hastiadas… pero a mí una sonrisa enorme me iluminaba por dentro y por fuera. Como cualquier momento es bueno para sonreír y aquel desconocido me había regalado una sonrisa, ni corta ni perezosa acepté su ofrecimiento y cogí mi sonrisa de aquel anuncio. No se trataba de un número de teléfono al que llamar, un simple dibujito que era capaz de alegrarme el día. Qué cosa tan sencilla y sin embargo a veces qué complicado lo hacemos todo.

Con mi sonrisa en el bolsillo, decidí adornar mi boca también con otra. Y así me vine a trabajar, sonriendo en el autobús, sonriendo por la calle, sonriendo al entrar por la puerta… Porque a veces los pequeños gestos valen más que todas las palabras del mundo y una simple sonrisa invita a sonreír, a pensar que las cosas nunca son tan horribles y que sobre todo, después de la peor tormenta posible, absolutamente siempre sale el sol.

¿¿Os parece poco motivo para sonreír??

¿A ti qué te hace sonreír?

Haz una lista, piensa en cosas positivas, intenta fijarte en los pequeños detalles con los que cada día te sorprende el mundo y sobre todo, esfuérzate en sonreír.

Empapelemos las marquesinas y los postes del mundo con nuestras sonrisas. Regala sonrisas, regala esperanza… y seguro, seguro, seguro que este día de otoño será más especial con ese simple gesto.

QUIÉN ME HA ROBADO EL MES DE ABRIL???

Os escribía hace pocos días que esperaba con ansia la llegada del Día D a las hora H para disfrutar del pre-estreno del Musical de Sabina. Algunos esperabais que al día siguiente os hablase de las mil maravillas que pude ver extasiada desde el patio de butacas. Pero no lo hice, ¿por qué? Sencillamente porque salí de allí muy defraudada. De hecho, ni siquiera pensaba escribir este post, pero creo que algún sabiniano de pro que quiera ver el musical sólo por nuestra fe y nuestra fidelidad a Sabina, hará bien en estar informado (si quiere). Por ello, os dejo aquí mis (malas) impresiones sobre este musical.

Y no es que a los chicos que lo interpretan les falten ganas, pero no funciona, le falta algo, le falta la magia... Explicaba el otro día que, según mi humilde opinión, a este musical le sobra tiempo (las dos horas y media que dura se hacen demasiado largas) y creo que se equivoca en el enfoque. Un sabiniano de pro (como la que suscribe) busca encontrar al genio de Úbeda en estado puro. Sabemos que no está él, pero sí su alma en cada canción, como puede estarlo por ejemplo en las fantásticas Noches Sabineras del Galileo. Pero no, aquí no hay Sabina, por tanto tampoco hay magia.


La elección de las canciones no está mal, todo es discutible pero también resulta muy difícil escoger entre un repertorio tan amplio y magnífico como el del Flaco. El atrezzo también tiene su punto, incluso la historieta ésa que se han montado sobre personajes salidos teóricamente de las canciones de Sabina (clubes nocturnos, delincuentes, putas de barrio, amigos vencidos y traicionados), pero hay algo que le falta.

De Sabina sólo queda sobre ese escenario las (magníficas) letras de sus canciones, y un guiño que le hace uno de los personajes constantemente a través de la obra, con su sempiterno bombín y su alma de poeta. Pero a los directores/productores de este espectáculo parece que han querido mejor hacer un espectáculo con fines más comerciales, que pudiera recordar por ejemplo al musical de Mecano. Resultado: aquí no hay Sabina, los sabinianos de pro nos sentimos estafados y los que no comparten la pasión sabinera, dudo muy mucho que vayan a verlo.

Ojalá me equivoque, pero con esos precios, con la competencia más férrea enfrente (que el Rey León no es cualquier cosa) y esa historia aguada olvidada entre dos mares, que ni es sabiniana ni no, sino todo lo contrario, no les auguro muy buen futuro.

Pero cuando uno sale de allí tiene esa sensación frustrada, que en palabras del gran Flaco diría algo así como Quién coño me ha robado el mes de abril?