POR EL BOULEVARD DE LOS SUEÑOS ROTOS


La pasada primavera, el Teatro Español estrenó un musical de manufactura norteamericana, que se convirtió en todo un éxito de crítica y público. Se trataba de Follies y estuvo en cartel durante ocho semanas consecutivas, colgándose el cartel de “no hay entradas”. Aquí la menda y su amiga teatrera por excelencia (Beti) se quedaron sin entradas. Pero como cuando una puerta se cierra, se abre una ventana (aunque no estoy muy segura de que esta frase esté bien aplicada en este caso) los del Teatro Español, ante el éxito cosechado han decidido ampliar las funciones, o más bien hacer una “segunda ronda” desde el pasado 8 de junio hasta el próximo 21 de julio.

Las entradas salieron a la venta hace ya semanas, pero esta vez, Beti y yo no estábamos dispuestas a dejar pasar la oportunidad. Así que, desde que salieron a la venta, nos hicimos con nuestras localidades para tal ocasión, aprovechando además la promoción de un 25% en las funciones de martes y miércoles, que a nosotras nos gusta ir entre semana y de paso ahorrarnos unos eurillos.

Pues bien, después de haber asistido a este espectáculo con mayúsculas, aquí vengo, dispuesta a cargar las tintas y contaros mi crónica sobre el mismo.


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QUE TREINTA AÑOS NO ES NADA.


Ya lo decía la canción:
Que veinte años no es nada, que febril la mirada…
Ups, ahora que lo pienso no son veinte años, son treinta. Bueno, un 150% de nada, que según los puristas matemáticos seguirá siendo cero, o eso creo, que yo siempre he sido de letras.

Treinta años han pasado desde que unas jovencísimas coristas trabajaban cada noches en Follies en un teatro neoyorkino. Durante estos treinta años, han envejecido inexorablemente, han hecho sus vidas separadas unas de las otras, en muchas ocasiones nunca han vuelto a verse… Pero treinta años después, el dueño del teatro las convoca a una gran fiesta de despedida: el teatro va a ser convertido en un parking (la aniquilación de los sueños y las artes por la gran ciudad, que se come todo). Ésta es la última noche, en la que todas se reunirán, evocarán los recuerdos del Follies y, por unas horas, olvidarán el paso el tiempo y sentirán que vuelven a tener veinte años.

Pero remover el pasado a veces trae consecuencias funestas. Los sentimientos que creías enterrados por la rutina y el paso del tiempo de pronto afloran y te tiemblan hasta las manos. Aunque a veces también un toque de atención te sirve para darte cuenta de lo que tienes y apreciarlo, luchar por ello.


Esta es la historia de Follies, de los sueños rotos, del paso del tiempo, de re-encontrarse a sí mismo y a los que un día formaron parte de tu vida… Y es una historia fascinante, que enamorará al espectador desde el minuto uno.
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UN MUSICAL DE BRODWAY EN EL ESPAÑOL.


Decían algunos artículos de la prensa que este musical ha tardado cuarenta años en llegar a los escenarios españoles. De hecho, fue estrenado en 1971 y es precisamente en esa fecha en la que se desarrolla la historia. A España ha llegado ahora, de la mano de Mario Gas a las tablas del Teatro Español.


Este musical fue escrito por Stephen Sondheim basándose en un libro deJohn Goldman. Tal como os comentaba antes, la historia sucede en la última noche de un teatro de Follies antes de ser convertido en un parking. En aquella noche de fiesta tan especial, se produce el reencuentro de muchas coristas que compartieron escenarios, miedos, ilusiones y frustraciones sobre las tablas de ese teatro y que hoy, treinta años después, vuelven a reunirse.

Por las tablas del Teatro Español, en la escenificación de Follies pasa la flor y nata de actores y bailarines de nuestro país, incluso algunas viejas glorias. Luego os haré un repaso al elenco de los principales que pasan por el escenario, incluso el propio Mario Gas, que sube a escena convertido en el dueño del teatro donde se representaba Follies y que mañana comenzará su demolición.


Ha tenido tanto éxito que esta obra fue representada en el Teatro Español durante varias semanas hace unos meses. Se vendieron todas las localidades y le gustó tanto al público que asistió a las representaciones, así como hubo muchos que se quedaron sin entradas (entre otras, nosotras mismas), que decidieron prorrogarlo y volver a representarlo durante unas cuantas nuevas semanas más.

Por si a alguien le interesa, os dejo los datos:


Del 8 de junio al 21 de julio. Todos los días hay funciones a las 20 horas, con una duración de cada sesión de tres horas (con intermedio incluido).

Precios de 8 a 30€. Si vais martes o miércoles, se aplica un descuento del 25% sobre el precio habitual de las entradas. Se venden directamente a través de la web del Teatro Español o en sus taquillas. No os molestéis en buscar ofertas en webs de Internet tipo atrápalo o entradas.com, porque no los hay.


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UN ELENCO DE EXCEPCIÓN.


Como os comentaba antes, hay un elenco de excepción en esta obra, la flor y nata… y algo más.

Empezamos por el mismísimo director, Mario Gas, quien sube a escena para interpretar al dueño del viejo teatro.


Pero los verdaderos protagonistas de la historia son cuatro: dos parejas que se conocieron precisamente en el Follies. Por un lado Sally Durant Plummer, una pelirroja corista del Follies con un desparpajo espectacular. Y por otroPhyllis Rogers Stone, la amiga de Sally, con quien compartía trabajo, bailes y apartamento, incluso el amor del mismo hombre.

Sally se casó con Buddy Plummer y Phyllis con el amigo de él: Benjamin Stone. Los primeros se fueron a vivir a Fénix y llevaron una vida tranquila, hogareña, llena de rutina… tuvieron dos hijos, se supone que a su manera fueron, o son… felices. Por su parte la pasión entre Phyllis y Ben hace tiempo que se ha convertido en desprecio. Siguen casados, sin hijos, con demasiada rutina y demasiado desprecio entre ellos.


Phyllis es interpretada por la actriz Vicky Peña, la mujer del director Mario Gas y probablemente su actriz fetiche. Vicky Peña tiene una dilatada carrera como actriz a sus espaldas y muchas tablas sobre el escenario, que demuestra una vez más en su papel de Phyllis.

Su partenaire no es ni más ni menos que el excepcional Carlos Hipólito, que realiza una interpretación magistral sobre el escenario. Solamente ver sus caras ya es suficiente para enamorarte de su actuación, es increíble todo lo que es capaz de transmitir simplemente con sus gestos faciales. Da vida a Ben Stone, supuestamente un hombre triunfador pero también hundido en sus miserias.


Sally Durant es interpretada por la actriz catalana Muntsa Rius, que posee un torrente de voz y realiza unas interpretaciones maravillosas a lo largo de las canciones. Sally sigue siendo una romántica, que no es feliz en su vida y se aferra demasiado al pasado y a lo que podría haber sido…

Buddy Plummer, el marido de Sally, es el cuarto protagonista. Interpretado porPep Molina era el amigo de Ben, quien le presentó a Phyllis. Hacía décadas que las dos parejas no volvían a coincidir y cuando lo hacen en el Follies… pueden pasar demasiadas cosas.

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Es famosa la interpretación musical de la incombustible Asunción Balaguer, que a sus 87 años (que se dice pronto), sigue con toda su fuerza y su alegría sobre el escenario, y lo demuestra una vez más en Follies. En la representación de ayer (y supongo que como en todas) se llevó una intensísima ovación del público.


Por último, reseñar también la presencia de Massiel, una vieja gloria de nuestro país, muy avejentada, pero que también da un toque de humor al elenco.

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LA EXPERIENCIA DE ITACA.


Tenía mis reticencias sobre esta obra, aunque público y crítica la ponían muy bien, que fuese un musical, que fuésemos un martes (que al día siguiente hay que madrugar), que durase tres horas… hacía que me tirase un poco para atrás. Sabía que lo iba a disfrutar aún así, pero ¿¿¿¿tanto??????


Después de tres horas, salimos de allí total y absolutamente fascinadas. Es un espectáculo realmente sublime, que no me extraña que se lleve representando cuatro décadas por los escenarios de todo el ancho mundo, con gran éxito y afluencia de público. Y es que, aunque resulta un poco largo (si recortasen un poco las tres horas de duración y los veinte temas), no le vendría mal. Creo que con unas dos horas y media y unos quince temas musicales, habría más que de sobra.

Pero es una obra sorprendente, con excelentes actores y excelentes bailarines que hacen que el espectáculo sea realmente redondo.


Estoy segura de ello y no sólo yo, sino las cientos de personas que estábamos ayer en El Español, con el público enfervorecido, en pie, aplaudiendo unánimemente y con total intensidad, una y otra vez, hasta que ya dolían las manos.

Ah, y qué decir de la orquesta, que tocaron en directo una música maravillosa, haciendo el espectáculo aún más redondo.


En definitiva, una obra totalmente recomendable que, si podéis, no deberíais perderos por nada del mundo.

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Palabra de Itaca teatrera.



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1 comentario:

  1. A ver si me animo a ir a verla, aunque me da que a estas alturas ya no habrá entradas.

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