MINGOTE EN MADRID


La calle de la Sal es una pequeña, pero sin embargo transitadísima calle (sobre todo por guiris) que es muy fácil ser la elegida para desplazarse desde la Puerta del Sol a la Plaza Mayor. Si vienes de Sol es muy posible que elijas precisamente ese camino (el más recto por otra parte) para llegar hasta la Plaza Mayor. Probablemente, andarás con prisa, o habrá mucha gente para que te fijes en los detalles. Pero es una verdadera pena, ya que en la esquina de esta calle con la Calle Postas hay una verdadera obra de arte.
Y esta obra de arte, frecuentemente pasa desapercibida (no entiendo cómo, se ve perfectamente, pero pasa). O si no, como mucho la gente mira un poco hacia arriba, identifica (si no por la estética de los dibujos en sí, que ya sería suficiente, por las firmas) que esos dibujos los hizo el Genio Antonio Mingote (uno de los mejores caricaturistas de esta España nuestra, recientemente fallecido hace unos meses).
Pero no sirve con mirarlos de pasada. De verdad que merece la pena pararse frente a ellos y estudiarlos a fondo, aún a riesgo de que más de algún viandante te mire con cara rara. Quizá incluso seas el responsable de que algún guiri levante la cabeza y los vea, por lo que habrás hecho tu buena obra del día.
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LOS TRAMPANTOJOS DE LA CALLE DE LA SAL.

Un trampantojo es ni más ni menos una técnica artística que significa, literalmente, trampa para el ojo. O lo que es lo mismo, crees estar viendo una realidad que no es tal, sino que es un dibujo. Curiosamente, en la zona centro de Madrid hay muchos trampantojos (especialmente por la zona de La Latina conozco varios edificios que los tienen) y, como suele suceder, pasan desapercibidos. Algunos de ellos son tan discretos y están tan bien hechos que, aunque te des cuenta del engaño, tus mismos ojos te hacen dudar. Por ejemplo, estoy pensando en un edificio de La Latina que tiene dibujadas en su fachada una serie de ventanas y que, si no prestas toda tu atención, pensarás que son de verdad, porque son exactamente iguales que las de verdad que tiene ese mismo edificio.
En el caso de la calle de la Sal, el recientemente desaparecido Antonio Mingote realizó también una serie de trampantojos, aunque éstos no engañan al ojo, sino que se ve claramente que se trata de dibujos. Pero eso sí, dibujos hechos con muy buen tino, mucha gracia y ese humor y salero especial que caracterizaba el estilo único e inconfundible de Mingote.
En este edificio de la calle de la Sal esquina con Postas podemos ver cuatro balcones pintados por Mingote, a los que se asoman personajes de lo más variopinto. Si os parece bien, hagamos un recorrido por cada uno de ellos para conocerlos un poquito mejor:
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1. GALDÓS CON FORTUNATA, JACINTA Y JUANITO SANTA CRUZ.

Se trata del balcón pintado en la parte más inferior de la hilera de los cuatro balcones y por tanto, el que mejor ve el caminante al pasar debajo de él. No es baladí su situación, no en vano recoge probablemente uno de los dibujos más interesantes (si no el que más) de los cuatro realizados por Mingote en esta pared.
Mingote quiso representar en este dibujo una de las escenas más castizas de este Madrid literario. Todo el mundo conoce a Benito Pérez Galdós y, con toda probabilidad, su obra más conocida es Fortunata y Jacinta. Pues bien, en este dibujo de Mingote están ahí todos representados: el autor, Don Benito, con sus dos musas: Fortunata y Jacinta, y el galán de ambas, Juanito Santa Cruz.
No me voy a poner aquí a relatar todo lo que acontece en la novela galdosiana, sólo decir que obviamente la historia va sobre un trío amoroso. Juanito Santa Cruz, siendo joven, se encapricha de una bella chica pobre: Fortunata, con quien vivirá tórridos romances e historietas de ida y vuelta a lo largo de muchos años. Pero fiel a su clase, con quien se casa es con Jacinta, quien no es capaz de darle descendencia (algo que sí hace Fortunata).
En el dibujo de Mingote resulta facilísimo identificar a la bella Fortunata, tan salerosa ella, mujer morena de rompe y rasga, bella, folclórica… Sentada a la derecha, en primer término, se encuentra sentada Jacinta, nada explosiva, recatada, pero sin embargo con la finura, la elegancia y la cultura que le faltan a Fortunata. Entre ambas, el galán, Juanito Santa Cruz. Y a mano izquierda Galdós, que mira hacia el suelo, hacia el goteo constante de transeúntes en la calle, acompañado de sus personajes más famosos.
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2. LOS BURGUESES DECIMONÓNICOS Y EL GALANTEADOR DE SEÑORAS.

Mingote era único para reflejar en sus dibujos el Madrid de hoy… y el de ayer. Y así queda patente en los dibujos de la calle la Sal. En el segundo piso, justo encima de donde se asoman al balcón Galdós y sus personajes, se asoman igualmente una pareja de burgueses decimonónicos, que bien pudieran haber vivido por estos lares hace ya unas cuantas décadas.
Estamos a finales del siglo XIX, con el gran auge de la burguesía, que viven a cuerpo de reyes desde su acomodada situación económica. Ella, emperifollada, se deja que le coma la oreja elgalanteador de señoras, de hecho, se la ve encantada. Mientras, su marido, el burgués, a lo suyo, mirando para el lado contrario, con un ejemplar de El Imparcial en la mano. Este periódico existió en la realidad, fue fundado en la década de los 60 del siglo XIX y desapareció durante la Primera República. Era un periódico de ideología liberal donde escribirían muchos de los grandes representantes de la Generación del 98, como Baroja, Unamuno o Azorín por ejemplo.
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3. EL MILITAR MÁS O MENOS GOLPISTA Y EL POETA ROMÁNTICO.

Lo del militar “más o menos golpista” al parecer es un título que le dio el propio Antonio Mingote. Y es que en el tercer piso de esta esquina, se asoman igualmente al balcón tres personajes: un militar, más o menos golpista y el poeta romántico, ambos flanqueando a una bella damisela, que también se deja mimar por ellos, mientras se muestra acodada sobre la barandilla del balcón, oliendo una hermosa rosa roja.
El militar se cuadra ante la bella damisela mientras que el poeta romántico le lee un texto escrito en un papel, posiblemente un bello poema con apasionadas palabras de amor. Estamos en el siglo XIX, la época del Romanticismo y su expresión en todas las artes (literatura, pintura…). Y este dibujo es un guiño fantástico de Mingote a esa parte de la historia.
Pero no debemos olvidar que el siglo XIX fue una época convulsa donde las haya en aquella España de charanga y pandereta (que diría Machado algunos años después). El reinado isabelino sufrió grandes convulsiones políticas, económicas y sociales. Militares hubo muchos y también muchos de ellos fueron golpistas en más o menos medida, por lo que este dibujo da en el clavo al retratar aquel momento histórico.
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4. LA VIDA BOHEMIA Y LA ESTRECHEZ ECONÓMICA.

No debemos olvidarnos de los bohemios, que vivían, o más bien malvivían, en los pisos superiores de los edificios. Normalmente se trataba de buhardillas incluso insalubres y no tenían balcón al que asomarse, pero Mingote los ha querido traer aquí, a ocupar la última planta de este edificio que retrata tan fielmente el Madrid del XIX.
Pienso en la bohemia, en las estrecheces económicas, en la vida de los artistas… y no puedo evitar que se me venga a la cabeza Luces de bohemia, probablemente la obra más conocida de Valle Inclán. Los artistas no vivían, malvivían. Y artistas eran muchos: los escritores, los músicos, los pintores, los escultores, los poetas… En el dibujo de Mingote, una vez más acertadísimo, no le falta detalle. El artista bohemio, en este caso tocando la flauta travesera. Al lado suyo, su mujer, con cara de hastío. El niño en primera línea agarrado a los barrotes de la barandilla (quizá a punto de meter la cabeza entre dos de ellos y liarla parda), el perro, el pájaro en su jaula, incluso la cabeza de la abuela asomando en el pasillo. No le falta detalle una vez más a este dibujo de Mingote, tan acertado.
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EL MADRID DEL XIX VISTO POR MINGOTE.

Los trampantojos de la Calle de la Sal son sorprendentes. Es una pena que pasen demasiado desapercibidos para la mayoría de los viandantes, porque no solamente merece la pena echarles un vistazo sino que, más aún, merece la pena fijarse en cada uno de sus detalles, porque son prácticamente perfectos.
El Madrid del XIX a través de los ojos de Antonio Mingote queda sin duda representado en estas pinturas murales. Todas las clases sociales, desde las más altas a las más bajas, se asoman a los balcones ideados por Mingote en esta esquina de Sal con Postas, un lugar tan castizo. Están todas bien ubicadas, a excepción del primer piso, que es un claro guiño al que probablemente es uno de los escritores más importantes de ese siglo, sino el que más, quien tan bien representase a ese Madrid tan castizo y sus clases sociales precisamente enFortunata y Jacinta. Es a él y a los personajes de esta novela a quienes Mingote desea hacer su particular homenaje en este mural.
Si eliminamos mentalmente ese primer piso dedicado a Galdós y sus personajes, las clases sociales están perfectamente representadas y correctamente ubicadas.
En el que sería el primer piso (el segundo realmente al estar debajo Fortunata, Jacinta y demás) se ubicaría el matrimonio burgués. Los burgueses ocupaban los primeros pisos de los edificios céntricos, pisos enormes donde disfrutar de su recientemente adquirida posición social y fortuna.
Sobre ellos, la gente de clase media-alta, con una posición no tan acomodada pero que no pasaban penurias: militares, poetas con fortuna y bellas damiselas de buena posición.
Arriba del todo, normalmente en buhardillas sin balcones, los pobres. Normalmente pertenecientes a la bohemia, artistas sin fortuna, más pobres que las ratas, que malvivían como podían con demasiadas estrecheces. Y es que la cultura nunca se la ha valorado como realmente merecería.
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LA EXPERIENCIA DE ITACA.




Me gusta la obra de Mingote, me gusta el sentido del humor de este viñetista tan único y especial, y en Madrid, si se saben buscar, existen muchas huellas de Mingote aquí y allá. La pena es que, muchas de ellas, no son nada conocidas. Por eso me gusta hablaros de esos pequeños rinconcitos de Madrid, con tanto encanto… y éste es uno de ellos. Uno de esos lugares que pasan desapercibidos y que sin embargo cuentan la historia de Madrid y sus secretos.
A mí, personalmente, me encantan estos dibujos. Os pongo algunas fotos mías, pero otras son sacadas de Internet, para que podáis ver mejor los detalles, ya que desde abajo, a pie de calle, y con un Iphone, no se puede pedir milagros precisamente. Pero os servirá al menos para conocer este lugar y espero que, si algún día pasáis por allí, hagáis por verlo. Y fijaos en los detalles. Merece la pena.
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NOTA: Las dos primeras fotos (las del edificio entero) son mías, las otras son sacadas de internet.