LEYENDAS Y SECRETOS DEL VIEJO MADRID


Creo que los patrones de Madrid no tienen suerte con sus calles. Me refiero a que los santos patrones de una ciudad se supone que deben de tener calles importantes, que no pasen desapercibidas.

En el caso de Madrid ocurre justamente lo contrario. Madrid tiene dos santos patrones: San Isidro Labrador y La Almudena, y ambos, poseen dos calles en la ciudad. Pero esas dos calles son pequeñas y yo diría que casi insignificantes. Ambas están situadas más o menos cerca, aunque pertenecen a barrios diferentes. La calle dedicada a San Isidro Labrador es una pequeña calle del Barrio de la Latina (situada muy próxima a la Iglesia de San Francisco el Grande) y la calla de la Almudena se encuentra al otro lado del Viaducto sobre la calle Segovia, en este caso en el conocido como Barrio de Palacio, entre el Palacio de Oriente y la calle Mayor.

La verdad es que no sé por qué la calle de san Isidro Labrador es precisamente ésa y no otra, pero sí que conozco la razón por la que precisamente esta pequeña calle, entre las calles de Mayor y Bailén recibe el nombre de Calle de la Almudena. Y ésa es la historia, junto con alguno de sus secretos, que vengo hoy a contaros a través de esta opinión.


LOS ORÍGENES DE LA VIRGEN DE LA ALMUDENA.


La Virgen de la Almudena es la patrona de Madrid. Su nombre, Almudena, proviene del vocablo árabe Al Mudaina, que significa en la muralla o en la ciudadela. Dicen que la imagen de esta virgen fue encontrada en la muralla, escondida por cristianos. Como toda leyenda, a saber si es cierto o no…

Hay un dato en el que la gente no suele caer, y es el hecho de que Madrid no fue reconquistada por los cristianos, sino que fue conquistada. ¿Por qué? Muy sencillo, porque Mayrit fue inicialmente un asentamiento árabe y ese primitivo Madrid se asentó precisamente en las orillas del río Manzanares, en concreto en la orilla norte del río, la zona próxima al Palacio de Oriente y toda esa parte de la vega del río.


Una parte de la antigua muralla que aún se conserva, se encuentra precisamente a los pies de la Cripta de la Almudena, muy cerquita de lo que hoy es la Catedral de la Almudena, erigida a la virgen supuestamente encontrada en la muralla. Yo no soy nada creyente, y menos aún en cuanto a historietas y leyendas se refiere. Queda muy poético lo de que la Virgen de la Almudena fuese encontrada en la muralla, y es cierto que otras imágenes
 de vírgenes fueron encontradas en lugares raros, escondidas de los árabes por los cristianos y que, cuando fueron encontradas siglos después recibieron el nombre del lugar donde estaban escondidas. Se me ocurren por ejemplo La Virgen de la Encina en Ponferrada, encontrada en el interior de una encina; o La Virgen Soterraña es Santa María la Real de Nieva (Segovia), cuyo nombre se refiere a que fue encontrada bajo tierra.

Podría ser que la Almudena fuese escondida en la muralla, pero ¿en qué muralla? Mayrit fue un asentamiento árabe, no una población cristiana tomada por los árabes. La primera muralla fue árabe y en esos tiempos, en un enclave árabe donde no había cristianos, parece difícil que un cristiano escondiese la imagen de la Virgen dentro de la muralla. Cuando Mayrit fue conquistada (que no reconquistada) por los cristianos, ya tampoco tenía ninguna importancia el tener que esconderla, ¿o no?...


Pero la leyenda dice más, la Virgen estaba bien tapiada entre la muralla y los cristianos, sabedores de su existencia porque mucho tiempo atrás había sido un cristiano quien la había escondido hicieron una procesión por la denominada Cuesta de la Vega. Y mira tú qué casualidad, que cuando la procesión pasaba justo por delante de donde estaba escondida la Virgen, entre las plegarias entregadas del pueblo, se cayó un trozo de muralla y quedó la imagen de la Virgen a la vista de todos…

Otra variante de la leyenda mete al mismísimo Cid Campeador en la misma, diciendo que la Virgen se le apareció al Cid diciéndole que debía conquistar Madrid y descubrirla a ella. Ocurría en esta versión exactamente lo mismo que en la otra. En este caso, el fragmento de muralla se desprendía precisamente cuando el Cid Campeador pasaba por delante del lugar donde se encontraba escondida la Virgen.


Sea como fuere, ésa es la leyenda de la patrona de Madrid.

LA CALLE DE LA ALMUDENA.


Puede ser paradójico que la patrona de Madrid tenga dedicada esa calle tan pequeña, apenas un callejón en recodo que une la actual Calle Mayor y la calle Bailén, muy cerca de la propia Catedral de la Almudena y del Palacio de Oriente. Pero tiene su razón de ser y su historia detrás, y es de esa historia y de este lugar del que hoy quisiera hablaros.


Hasta este lugar llegaba precisamente la primera muralla árabe, hasta aquí por tanto se extendía el terreno de lo que podíamos llamar La ciudadela (Mudayna árabe significa muralla o ciudadela). Y aquí se levantó la primera Mezquita de Mayrit. Cuando los cristianos conquistaron Mayrit, huelga decir que como solía pasar con los conquistadores, no debieron de tardar mucho en hacer desaparecer la Mezquita y construir, precisamente en ese lugar la Iglesia de la Almudena, donde colocaron la imagen de la Virgen, que había sido encontrada en la muralla según la leyenda que queramos escoger a tal efecto.

Parte de las ruinas de ese templo (en concreto sus cimientos) aún se conservan y pueden verse en esta calle de la Almudena. De hecho, se han mantenido y tapado con un acristalamiento, de manera que se encuentran a la vista de todos. Al lado de ellos, podemos ver una estatua muy curiosa, que lleva precisamente el nombre de El vecino curioso y que representa a un hombre mayor, que pudiera ser vecino del barrio, que apoyado sobre la barandilla, observa los cimientos de lo que fue en su día La Iglesia de la Almudena.


Esta iglesia fue derruida en 1868 por las obras de remodelación de la calle Mayor. Pero si nos fijamos, en la propia Calle Almudena podemos contemplar una maqueta a escala, realizada en bronce, que nos permite hacernos una idea de cómo era esta iglesia. Os adjunto fotos de todo ello, para que podáis imaginarlo si no lo habéis visto por vosotros mismos.

LA MUERTE DE JUAN ESCOBEDO.


Este lugar, que a priori pudiera pasar desapercibido, sin embargo también forma parte de la historia por otros motivos. Y es que precisamente en este lugar, fue donde encontró la muerte, acuchillado, Juan Escobedo, el que fuera secretario de Don Juan de Austria, hermano de Felipe II. Escobedo moriría allí la noche de un lunes santo, el 31 de marzo de 1578.


Este episodio, conocido como La conjura del Escorial es uno de los episodios más apasionantes de nuestra historia. Hace unos años, se puso de moda y se rodó una película y una miniserie de televisión, igual lo recordáis. Recopilo lo que en su día escribí sobre esta historia:

Ana de Mendoza de la Cerda, La Princesa de Éboli, fue una aristócrata de la época de Felipe II. Fue casada en la adolescencia con Ruy Gómez de Silva, a recomendación del rey Felipe II durante el reinado del emperador Carlos I. Cuando Felipe II fue rey, el Príncipe de Éboli se convirtió en uno de sus ministros, y siempre sería uno de los hombres de confianza del monarca. Con él tuvo diez hijos y una vida bastante tranquila, hasta la muerte de éste. Es entonces cuando entra en escena Antonio Pérez, quien se convertirá en el nuevo secretario real y del que la princesa se enamorará perdidamente. Será ese amor el causante o al menos el inicio de todas sus desgracias.


Como todas, la época del reinado de Felipe II no dejaba de ser una época de conspiraciones. El propio rey tenía cierto temor de su hermano Juan de Austria, cuyo secretario, Juan de Escobedo, podría suponer un peligro para el monarca. Lo que nunca ha quedado claro en la Historia (por eso de que la Historia no depende de sí misma sino de cómo sea contada) es que el rey Felipe II ordenara el asesinato de Juan de Escobedo. Lo que sí está claro es que quien gestionó que se llevase a cabo fue el secretario real, Antonio Pérez, además archienemigo de Escobedo.

Juan Escobedo había sufrido dos intentos de envenenamiento en la casa de Antonio Pérez pero que no habían fructificado. Finalmente, Escobedo encontraría la muerte en la madrugada de aquel lunes de pascua en la Calle de la Almudena, recibiendo seis cuchilladas cuando volvía de cenar en casa de La Princesa de Éboli, con quien además estaba emparentado. Se sabe que tanto Antonio Pérez como la propia Princesa de Éboli tuvieron que ver en aquel asesinato. Antonio Pérez sería destituido como secretario y caería en desgracia, y con él caería también la Princesa, a quien el Rey Felipe II también acusaría de traición, al creer que conspiraba con Antonio Pérez.


Nunca se supo hasta qué punto, todos o cada uno eran culpables, ni siquiera si el propio Rey Felipe II tuvo que ver en la muerte del secretario de su hermanastro. Pero Juan Escobedo murió acuchillado por una conjura real o de parte de la Corte y sucedió precisamente en este pequeño recodo de Madrid. Y a tal efecto, el Ayuntamiento ha tenido a bien colocar una placa recordándolo.

LA EXPERIENCIA DE ITACA.


Madrid tiene un montón de rinconcitos llenos de historia, como éste. Rincones que a menudo pasan desapercibidos. Hace años, cuando aún no vivía en Madrid, un día, paseando por la zona del Palacio de Oriente, pasé precisamente por este lugar. Me llamó la atención la estatua de El vecino curioso y pedí que me hicieran una foto junto a él. Seguro que si la buscase la encontraría, recuerdo que era un día frío de febrero y que llevaba un abrigo negro.


Sin embargo, tardé mucho tiempo en conocer la historia de esta pequeña calle. La historia de la mezquita, de la posterior iglesia, las leyendas sobre la Almudena y sobre todo la historia de la muerte de Juan Escobedo. Hace años se puso de moda ese episodio histórico La conjura del Escorial pero creo que ni siquiera entonces imaginaba que lo hubiesen matado, precisamente aquí…


Madrid tiene mucho que ofrecernos, mucho que contarnos, y esta callejuela, que pasa desapercibida, es un buen ejemplo de ello.


Ya sabéis, yo personalmente, adoro mi Madrid.
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LA PRIMAVERA SABE QUE LA ESPERO EN MADRID

En Ciao se ha celebrado una vez más la convocatoria de Amigo Invisible. Su funcionamiento es el mismo que cualquier Amigo Invisible, pero en este caso, el regalo tiene que ser un texto escrito expresamente para esa persona. Me parece siempre una iniciativa estupenda, pero es que además, en esta ocasión, he tenido el inmenso placer de poder escribirle dicho texto a mi amigo Pedro, del blog El búho entre libros 

El regalo en este caso ha sido para mí, que me ha brindado la posibilidad de soñar un texto para Pedro. Y ahora, quiero compartirlo aquí, con los lectores de mi blog:


LA PRIMAVERA SABE QUE LA ESPERO EN MADRID

El lector empedernido bajó de su coche, sin olvidar meterse en el bolsillo el libro que estaba leyendo entonces. Cierto que se había pasado al Kindle meses atrás, pero seguía siendo un enamorado del olor de papel de los libros.


Aquella tarde hacía un frío intenso en Madrid, su querido Madrid, esa ciudad en la que había nacido y que le tenía robada el alma. Pero a pesar del frío, hacía un día luminoso, con ese cielo de un intenso azul que tiene nuestro adorado Madrid y esa luz tan radiante, que si no fuera por la importante diferencia de temperaturas, si te presentasen sólo una foto, no sabrías decir si es invierno o verano.



Mientras ascendía por una calle empedrada de la zona de los Austrias, pensaba que quizá tuviese luego un rato para sentarse al sol en un banco, a pesar del frío, y disfrutar de la lectura. O si no, por qué no sentarse en una terraza, o adentrarse en el interior de uno de esos lugares del Madrid de toda la vida (¿por qué no quizá el Café del Nuncio?, donde paraba Pérez-Reverte en su día?) y sentarse a leer, tomar un café y ver llover por la ventana. ¿Llover? No, esa tarde no llovería, hacía un frío helador, pero ni una sola nube que manchase el horizonte del intenso azul de la ciudad.


Pero, aunque adoraba leer, adoraba perderse entre esas calles del Madrid viejo. Algunas de ellas formaban parte de su infancia. Se había criado muy cerca de la Puerta del Sol y había crecido correteando por esas calles. Aunque desde que se casó abandonase Madrid por una ciudad del sur de Madrid, el kilómetro cero lo tenía tatuado en lo más profundo de su alma. Y eso se notaba.



Él era un hombre extraordinario, pero quizá si te cruzases con él por la calle, no lo notarías. Pero no se sentía extraordinario, ninguna estridencia de ningún tipo se habían hecho para él, un hombre reservado, discreto y, aunque se empeñase en no querer asumirlo, extraordinario.


Con él podrías tener mil conversaciones intensas, te podría hablar de mil historias leídas o soñadas en los miles y miles de libros que había leído en su vida. Sentía predilección por dos géneros en especial: la novela histórica y la novela negra, pero no le hacía ascos a ningún libro que estuviese bien escrito y que emocione a quien lo lea.



Ama las palabras, ama la lectura, ama los viajes, los restaurantes, los museos, los pequeños rincones de su Madrid... En definitiva, ama la vida. Y alguien que ama la vida y que ama compartirla con los demás, se convierte ya de per se en esa persona extraordinaria, ese amigo extraordinario que cuando uno lo conoce, sabe que nunca quiere dejar de tenerlo como amigo.


Yo tengo la inmensa suerte de tener por amigo a ese hombre extraordinario. Lo conocí precisamente a través de Ciao hace ya unos cuantos años, pero he tenido la excepcional oportunidad de conocerlo personalmente y compartir con él cafés y conversaciones, eso sí, nunca aún en el Café del Nuncio. Pocas son las cosas que nos separan y muchas en cambio aquéllas que nos unen, gustos y pasiones comunes por cosas tan variopintas como Madrid, Serrat o Lorenzo Silva por ejemplo.



Pero no hablemos de mí, sigamos hablando de él. Tararea una canción de Sabina. Aunque quizá prefiera a Serrat, Sabina es el más importante trovador de Madrid y mientras asciende la calle Segovia de camino a San Pedro el Viejo, le da por tararear algunas estrofas sabineras. El propio Sabina vivió cerca de donde él se encuentra ahora, no cree que se acercase a misa a esta iglesia precisamente. Pero a nuestro amigo, hoy, le apetece ver la imponente torre de San Pedro el Viejo, algo no muy difícil, ya que ha decidido, por fin, poner rumbo al Café del Nuncio, que está casi, casi... al lado.


Mira el reloj, no tiene prisa. Cierto que dentro de unas horas tiene que ir a un lugar a donde nunca ha ido, donde nunca se había planteado ir... No quiere pensarlo fríamente, quizá le den demasiadas ganas de dar marcha atrás sobre sus pasos, coger el coche y conducir hasta su casa, tranquilo hogar y fortaleza que nos salva de locuras ajenas... pero no de las propias. Pero él no suele tener muchas locuras ni muchos pájaros en la cabeza. Quizá lo que le ha faltado en esta ocasión fue decirle a su interlocutora aquella mañana que no, que aquella idea le parecía ridícula. Pero en el fondo, también le picaba la curiosidad, y al fin y al cabo, no le hacía daño a nadie...



Pasó delante de la Torre de San Pedro el Viejo. Pensó que hacía muchos años que no se acercaba a aquella puerta en el fervor de las noches frías de Semana Santa donde sacaban en procesión la imagen que guardaba esa iglesia y recorrían aquellas calles serpenteantes. Cierto que Madrid no era Sevilla, ni falta que le hace. Cada cual, a su estilo.


Se fijó en la grieta de la torre, y pensó los siglos que contemplaban aquella torre, lo que aquellas piedras habrían contemplado, si sería verdad la leyenda sobre la campana que lucía orgullosa allá arriba. Esperaba que aquella grieta no fuese a más, que no se quebrase y nos quedásemos sin torre, aquel Madrid no sería igual sin ella.



Un poco más adelante, en la calle del Nuncio, giró a mano izquierda y bajó las escaleras. Abrió la puerta y pidió un café humeante. Por delante le quedaba más de una hora para leer, para pensar, para escribir... Entre sorbo y sorbo de café, le dio un rápido repaso a la semana, intentando no reparar demasiado tiempo en el trabajo y cederle más tiempo aún, ya que aquella tarde era suya, sólo suya. Al menos, lo que quedaba de tarde hasta la hora X. Ay, aquella chica, aquella alocada chica...



Abrió el libro, leyó unas cuantas páginas, entre sorbo y sorbo de café. Le gustaba aquella historia de aquel bailarín que quizá su autor había fraguado en su cabeza precisamente en aquel lugar. Sabía que Reverte solía parar por el Nuncio, al menos cuando no era tan conocido. Pensaba qué parte de Max Costa habría sido imaginado allí, quizá mientras su autor miraba por la ventana, imaginando el horizonte azul de Madrid que desde allí no veía, pero soñaba.



Aquel bailarín.... y aquellas pasiones insensatas con Buenos Aires, Niza o el sur de Italia como telón de fondo.


No, él poco tenía de personaje de novela, menos aún de personaje canalla y vividor. Su interlocutora de aquella mañana, su pareja de baile con dos pies izquierdos tampoco creía que él tuviese nada de canalla ni de vividor, pero insistía en que tenía que explorar su faceta de bailarín.



¿Bailarín yo?


Le daba la risa floja sólo de pensarlo. O le salía una sonrisa socarrona, sí, en esa sonrisa quizá se pareciese lejanamente, muy lejanamente, a cualquier protagonista de novela de aventuras, por bailarín que fuera. Pero sus dos pies izquierdos... No, aquello no encajaba.



Claro que bailarín tú!!!


Su interlocutora no le dio tregua en la corta e intensa llamada telefónica de aquella mañana. Ahora le parecía casi un sueño... o una pesadilla.



Aquella chica era un Guadiana que entraba y salía en formato comentario en una página web en la que ambos colaboraban, o en los blogs que ambos escribían, leían y viceversa, o incluso algún email perdido en la lontananza... Pero lo de aquella mañana había sido de traca. ¿Cómo narices se le había ocurrido apuntarse a un curso de bailes de salón? Bueno, ella podía apuntarse a lo que quisiera, pero... ¿apuntarlo a él? Es más, arrastrarlo con ese ímpetu de palabras encadenadas y tiradas con escopeta, sin darle margen de maniobra... obligándole al sí o sí.... Aquello era un atropello en toda regla. Y él aún estaba a tiempo de dar marcha atrás sobre sus pasos...


Es que aquella chica decía, muy convencida ella, que él era su partenaire perfecto de baile, que llevaban años pisándose uno al otro. Era cierto, pero sólo metafóricamente. Los dos escribían en una página de internet. Durante más de seis años, habían leído muchos libros en común, habían visitado los mismos lugares, visto las mismas películas, escuchado los mismos discos... No todos, pero sí algunos. Incluso en alguna ocasión, habían coincidido, sin proponérselo y sin haberlo comentado previamente, en alguna que otra visita por ese Madrid que ambos querían y conocían tan bien.


Se habían dado pisotones de todos los colores, opinión arriba, opinión abajo... Pero una cosa eran esos pisotones y pasos de baile virtuales entre palabras, y otra cosa era la clase de bailes de salón, esa tortura a la que se veía abocado en veinte minutos, qué rápido corre el reloj... Aún estaba a tiempo de pensárselo mejor. Pudiera ser que un vals.... un hombre elegante como él... o un pasodoble o un chotis como los que se bailan en las verbenas de verano del Madrid más castizo. Todo podría ser cuestión de probar... Esperaba que aquella chica no se volviese más loca de lo que estaba y terminase diciéndole que quería bailar un rap, que se podía esperar cualquier cosa.


Tan ensimismado estaba en sus pensamientos, pensando en si seguir allí, acudir a su cita o dar marcha atrás sobre sus pasos y hacer mutis por el foro. Tan concentrado estaba en sus pensamientos, que no la oyó llegar. Se sentó y pidió un café al camarero. Él la miró... con alegría pero también con escepticismo, pero la sonrisa radiante de ella no admitía réplicas.



Pedro, Pedro.... vamos a bailar un tango


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¿Un qué...? balbució como pudo.

¿Qué haces aquí?¿cómo sabías que estaba aquí?



Ella sonrió, con esa sonrisa con cierto punto maléfica.

Ya ves, intuición que tiene una....



La chica se acabó el café, se anudó la bufanda al cuello y le instó a irse a la clase de .... ¿Tango?


Pero estás segura... ¿Tango?

Balbuceaba, seguía balbuceando...


Yo, yo.... yo no puedo

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Claro que sí, el Tango de la Guardia Vieja, ¿te suena?

.


Él iba como podía, callejuela arriba, nada convencido de esa clase de baile.... de tango... ¡qué ocurrencias.....!.........



En Madrid la tarde cada vez estaba más fría, más intensamente fría. Se apagaba el sol y la temperatura iba cayendo en picado según pasaban los minutos. El lector empedernido, quizá algún día bailarín empedernido (cosa que personalmente dudaba mucho de que algún día llegase a suceder), se levantaba la solapa del cuello del abrigo, intentando paliar el intenso frío.


De nuevo, le vino a la cabeza un verso de Sabina...



La primavera sabe que la espero en Madrid...


Vamos que si la esperaba, vamos que si la esperaban...



NOTA: Creo que el Amigo Invisible es una iniciativa preciosa y le doy las gracias a Cay11 por organizarlo. Pero es que además, he tenido la oportunidad de dedicarle este texto a un gran amigo y compañero de baile. Aunque él no lo diga, o no lo crea, baila maravillosamente bien, y yo llevo bailando entre sus opiniones y las mías, a cuatro pies (aunque a veces tengamos más izquierdos que derechos) muchos años. Y no se me ocurre una mejor pareja de baile que él.


Espero, Pedroemilio, que te haya gustado este amigo invisible tan sui generis, con el que espero haberte arrancado una sonrisa. Eso sí, una sonrisa de hombre bueno y extraordinario, que eso es precisamente lo que tú eres.

CUSTOMIZA BOLSAS DE PAPEL

Ya que estamos a finales de semana (laboral), voy a publicar un post facilito y curioso: cómo customizar bolsas de papel y utilizarlas para regalo

Hace un tiempo os escribí este post sobre cómo customizar libretas con bolsas de papel bonitas. En aquel caso utilicé una de las bolsas de papel de la tienda A loja do gato preto, que me encantan. 

En este caso, se trata más o menos de lo contrario: coger una bolsa de papel lisa de un color, de esas que no dicen nada (también podrías utilizar bolsas tipo Zara, siempre que tapases el nombre comercial) y customizarla, pegándoles recortes de dibujitos y otras cosas divertidas

Resulta muy fácil de hacer, pasas un rato entretenido y además colaboras con el Medio Ambiente, ya que en el fondo estás reciclando y reutilizando papel. 

En este caso, yo cogí un par de bolsas de papel lisas de color marrón y decidí customizarlas a mi gusto pegándoles recortes de unos muñequitos muy simpáticos que saqué del catálogo de Navidad de la marca Eureka Kids. 

Lo que necesitas es simplemente tijeras, pegamento y un poquito de imaginación. 

Y voilá, aquí tenéis el resultado final...


No me digáis que no quedan preciosas las bolsas, le encantarán a quien reciba el regalo. Dentro, simplemente tienes que introducir el regalo en cuestión, que no necesitará ir envuelto además en papel de regalo, sino que puede ir simplemente dentro sin más, o envuelto en un papel pinocho o de seda, y quedará precioso. 

Seguro que acertarás, ¿te animas a hacerlo tú mismo?

Venga, échale imaginación, que el mundo del reciclaje es sólo eso: imaginación, un poquito de gusto, buenas ideas y tiempo. Y ahora, ¡¡¡¡a divertirse!!!

LATA DE SAL, UNA EDITORIAL QUE IMPRIME SUEÑOS

Hace un par de semanas, el día anterior a la mágica noche de Reyes, tuve el placer de compartir café y conversación con Irene, el alma mater junto a su socio Juan, de Lata de Sal. Lata de Sal es una editorial que acabo de descubrir recientemente y que me parece que hace un trabajo precioso, así que quiero publicarles este post para que mis lectores la conozcáis. Yo la conocí gracias al sorteo que hizo Walewska, de Mamis y Bebés en Navidad y que nos llenó a todos de ilusión. Además, tuve la inmensa suerte de resultar agraciada con un premio, en concreto con los dos libros que hasta el momento había publicado la Editorial Lata de Sal y así pude conocer esta idea tan preciosa de primera mano. 

Como en el fondo soy una liante, y además tenía muchas ganas de conocer a la dueña y una de las impulsoras de esta editorial tan bonita, le dije que en lugar de que me enviara los libros por correo, al estar la editorial en Madrid, prefería acercarme un día y recogerlos yo misma. Irene, la creadora de Lata de Sal, fue majísima conmigo y me dijo que sí, que podíamos quedar a tomar un café y que así nos conocíamos y me daba los libros en mano. Dicho y hecho. Y de los retazos de esa conversación y de ese rato tan bueno que echamos aquel día, vengo hoy a hablaros. Y de paso a presentaros y recomendaros Lata de Sal y sus magníficas publicaciones. 

Lata de Sal es una editorial de reciente creación pero lleva en la cabeza y el tesón de Irene desde hace años. Ella, lleva mucho tiempo persiguiendo su sueño, crear una editorial de libros ilustrados basada en la excelencia, que publique libros muy curiosos y editados con mucho mimo y cuidado, auténticas joyas que descubrirás asombrado en cuanto los tengas en tus manos. Irene y su socio Juan hicieron realidad ese sueño. 

La editorial Lata de Sal está especializada en álbum ilustrado destinado a niños entre cero y ciento y pico años; porque el libro ilustrado no es sólo cosa de niños y todos conservamos un poco de nuestra infancia en nosotros. Sólo publican libros muy especiales, elegidos tras una laboriosa y cuidada selección, en la que Irene lo hace prácticamente todo, investigando exhaustivamente para encontrar esas pequeñas joyas de cuentos en papel, que han triunfado en otros países pero que nunca se habían editado (hasta ahora) en España. 

Tienen dos colecciones únicas: Gatos y Vintage

La colección Gatos se compone de libros ilustrados en los que los felinos son los protagonistas de cada una de las historias. Con el primer libro de esta colección, "Amigos", de Michael Foreman, te emocionarás. Se trata de una historia preciosa, con unas ilustraciones realmente bonitas. Un libro del que te enamorarás desde su primera página. 

La colección Vintage, por su parte, reproduce por primera vez en nuestro país libros con una antigüedad de más de treinta años y que nunca antes habían sido editados en España, son libros para siempre. "Un canguro por navidad", de James Flora, es el primer libro de esta colección, que te transportará hasta otras épocas y que te encantará. 

Pero éstos son los primeros y dentro de poco vendrán muchos más. De hecho, la propia Irene me contó que el próximo libro saldrá a la luz en el mes de febrero y después de todo lo que he disfrutado con los dos títulos que han publicado hasta ahora, ¡¡¡me muero de ganas por conocer su siguiente maravilla ilustrada!!! 

Si queréis comprar sus libros, podéis encontrarlos a un precio estupendo (ninguno de ellos superan los 15€) en las principales librerías, pero también podéis comprarlos directamente por internet a través de su web. Os recomiendo que le echéis un vistazo a www.latadesal.com estoy segura de que os encantará. 

Son libros maravillosos, auténticas joyas para toda la vida, libros que podrán pasar de generación en generación... Y encima Irene es un sol de chica. Me alegro de que haya hecho su sueño realidad, y desde aquí les deseo a ella y a su socio todos los éxitos del mundo. Se lo merecen!!!

HUÉRFANOS DE LA LENGUA MADRE


Hay obras que emocionan...
Otras hacen pensar...
Otras en cambio, desgraciadamente, no nos hacen sentir nada de nada...

Llevo varios días, creo que demasiados, intentando empezar con la crítica de una de las últimas obras de teatro que he visto, La lengua madre en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Los que me conocéis un poco sabéis que normalmente, cuando quiero hablar de algo lo suelo hacer rápidamente, y si se trata de escribir, ocurre lo mismo. Llego, me pongo y escribo y escribo... Cuando tardo en hacerlo, si no es por falta de tiempo, es que ocurre algo.


Ese "algo" suele ser que no encuentro el enfoque, no encuentro las palabras o sencillamente hay "algo" (valga la redundancia) que me ha fallado en mi yo interior (aunque no es esto último lo que me ha ocurrido en esta obra, ni muchísimo menos).

Hay ciertas obras, ciertos momentos, ciertas sensaciones que son extremadamente difíciles de expresar en palabras. La lengua madre es sin lugar a dudas una de ellas. Es una de esas obras que según se van desarrollando te van fascinando, y lo hacen desde la sencillez. Pero a la hora de explicarlo, no encuentras las palabras para hacerlo.


Paradójico, sobre todo porque se refiere a una obra que habla precisamente de palabras.

LA UNIÓN DE DOS DE LOS GRANDES: JUAN JOSÉ MILLÁS Y JUAN DIEGO.


Lo confieso: no puedo ser objetiva. No puedo serlo con dos hombres y dos nombres como los de Juan José Millás y Juan Diego. No sabría decir cuál me gusta más de los dos, porque los dos me parecen absolutamente fantásticos, cada uno en lo suyo. Con los dos comparto ideas y eso siempre es importante. Pero es que además, independientemente de sus ideas y sus ideales, los dos me parecen unos monstruos en lo que hacen.


Millás lo leí mucho en mi época universitaria, he perdido la cuenta de la cantidad de novelas suyas que leí por aquel entonces, muchas de ellas ambientadas en nuestro Madrid, cuya adoración compartimos. Luego, dejé de leerlo como novelista pero sigo siendo asidua a sus artículos en El País. Y digamos que suelo reconocer el universo Millás cuando se pone delante de mí. En el caso de La lengua madre, sabía perfectamente que el texto era de él, pero creo que puedo sostener la afirmación de que lo hubiese reconocido. Un texto que habla de palabras y desde ese universo de Millás precisamente de palabras, ese bien tan preciado y único. A lo largo del mismo, encuentras infinidad de giros que te recuerdan al estilo Millás pero cuando sale ese término tan suyo del “matrimonio de las palabras” ya no te queda duda.

La lengua madre es un texto muy de Millás por todos los costados: en la estructura, en la forma de narrarlo, en la temática, y en el giro de la obra. Pero no contaré más antes de tiempo…


En cuanto a Juan Diego, no hace falta que yo diga que es uno de los grandes actores de este país, porque está claro que lo es. Me parece un actor magnífico haga lo que haga: cine, televisión… pero si encima hablamos de verlo sobre las tablas de un escenario teatral… eso ya son palabras mayores. Nunca antes había visto a Juan Diego en el teatro y es que desde el año 2005 no se subía a las tablas de un escenario. Y muchos años antes, allá por 1984, habría interpretado El Tenorio de Zorrilla.

Juan Diego te deja muda. Comienza su interpretación casi de un pobre hombre que está dando una conferencia sobre las palabras y que se va sorprendiendo poco a poco a lo largo de su discurso. Comienza con un texto plano en cuanto a sentimientos, hablando de palabras y termina haciendo una absoluta y mordaz crítica a la situación actual, en un in crescendotan típicamente JuanDieguiano (si me permitís este palabro en un mucho de palabras), que nos enamora.


Leí en Twitter un tweet sobre una persona a la que sigo habitualmente, crítica teatral, que venía a decir que no le había enamorado esta obra, sino todo lo contrario, que la había dejado fría, que no había conseguido emocionarla en aboluto. No puedo entenderlo, quizá no sea una de esas obras emocionantes de principio a fin, pero es una de esas obras que te hacen pensar y reflexionar, algo que no logra cualquiera. Y además, con el sello Millás-Juan Diego detrás, ¿se puede pedirle más al noble arte del teatro y las palabras?
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LA LENGUA MADRE.


He leído que el origen de esta obra no deja de ser curioso. Al parecer, Juan Diego recibió unos textos de conferencias del propio Juan José Millás y al leerlos decidió contactar con el propio Millás creyendo que de ahí se podía sacar material para una obra de teatro. Me parece rara la explicación, pero pudiera ser plausible. El caso es que Millás accedió, y bajo la dirección teatral de Emilio Hernández hicieron posible el monólogo de La lengua madre.


Juan José Millás bucea en el diccionario de las palabras y el significado de cada una de ellas. Las palabras, que son, como dice el propio Millás el único tesoro que es patrimonio de todos porque lo hemos construido entre todos. Juan Diego reflexiona sobre el escenario sobre el origen de las palabras, su uso y su significado. Según van avanzando sus pensamientos y reflexiones, resulta inevitable llegar al pensamiento de que, actualmente, los medios de comunicación corrompen las palabras. Utilizan términos que pocos entienden y los usan en el lugar equivocado, de una forma errónea, diciendo teóricamente una cosa pero en realidad queriendo decir algo diferente. Y no sólo los medios de comunicación, sino los propios gobernantes.

En los tiempos que corren, parece inevitable referirse a la crisis que nos azota, a la forma en que la están tratando los de arriba, a esas palabras ambivalentes, esa forma de llamar ajuste al recorte, crecimiento negativo (el súmmum de lo absurdo) a lo que es puro decrecimiento. Y tantos términos de cariz económico a los que no estábamos habituados hace un tiempo y que ahora esas palabras conviven con nosotros como antes lo hacían mesa, puerta, libro…


Son palabras a veces inventadas, otras veces rescatadas por el poder que mueve los hilos ahora mismo y que no hacen otra cosa que la herejía de dejarnos huérfanos de la lengua madre.

UNA CRÍTICA LINGÜÍSTICA, SOCIAL, MORAL Y POLÍTICA.

Es inevitable la crítica. Creo que en momentos como éstos, en los que se nos vapulea vilmente, debemos ser críticos, especialmente críticos, más que nunca. Debemos comenzar por la autocrítica y continuar por una crítica pero no destructiva, sino constructiva, que nos salve de la desesperanza y que nos haga seguir adelante, como se pueda. Porque esto es nuestra vida y éste el tiempo que nos ha tocado vivir.

En esta obra está clara la crítica. Lo que aparece como una crítica lingüística termina deviniendo en una inevitable crítica social, crítica moral y crítica política. ¿Son éstos los políticos que queremos a día de hoy que nos gobiernen? ¿están gestionando correctamente la crisis? ¿de dónde viene la crisis? ¿se trata de una crisis… o más bien de una estafa? De los de siempre, de los poderosos, de los que hace mucho que perdieron los escrúpulos.

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LA EXPERIENCIA DE ITACA.


Quien sepa pensar, quien se atreva a reflexionar, a darle una vuelta de tuerca a las cosas, probablemente amará esta obra. Y lo hará por múltiples razones:

Porque es un texto francamente bueno. Millás es mucho Millás y hay que saber paladear su humor, su ingenio, su crítica sublime.


Porque tener precisamente a Juan Diego interpretando este monólogo es un auténtico placer de dioses. Este hombre es un animal escénico por antonomasia, que se deja la piel en el escenario, que nos emociona, que nos hace reír en este texto, que nos pone el vello erizado con una interpretación llena de matices y cuyas palabras nos hacen pensar, salir del teatro, rumiar las ideas, darle vueltas de tuerca a las cosas, crecer como personas y amar la vida y el maravilloso y único universo de las palabras, la lengua madre de la que no queremos quedarnos huérfanos por nada del mundo.

Sé que esta obra no gustará a todo el mundo pero quizá éste es un punto que la hace todavía más especial. Yo desde luego no puedo hacer otra cosa que recomendarla con absoluta devoción, pero recomendando al espectador que vaya con espíritu de crítica pero también de autocrítica (una, aunque no nos lo parezca, no puede ser posible sin la otra). El texto de Millás no puede ser mejor, la actuación de Juan Diego, como siempre, te deja sin palabras y te llega a lo más profundo del corazón y las palabras… ¿verdaderamente creéis que seríamos capaces de vivir sin ellas? Las palabras son, junto a la vida, lo más preciado que tenemos.

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Esta obra se está representando actualmente en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Estará únicamente unas semanas allí. La primera representación fue el día 9 de enero (pude asistir a ella y coincidir con gente a la que admiro como Trinidad Jiménez o Cristina Almeida entre otros) y podéis disfrutarla hasta el día 3 de febrero. No es mucho tiempo, pero es una oportunidad que creo que no deberíais dejar pasar.


Hacía mucho tiempo que Juan Diego no se subía a un escenario y esta obra es una oportunidad maravillosa para disfrutar de este actor magnífico y su interpretación tan profunda y sentida en este texto de Juan José Millás. No olvidemos además que se trata de un monólogo, algo nada sencillo para un actor, y él es capaz de dotar a su personaje de todos los matices del mundo, hacer que te rías, hacer que te emociones, hacer que pienses... Ése es el gran valor de las palabras.