HUÉRFANOS DE LA LENGUA MADRE


Hay obras que emocionan...
Otras hacen pensar...
Otras en cambio, desgraciadamente, no nos hacen sentir nada de nada...

Llevo varios días, creo que demasiados, intentando empezar con la crítica de una de las últimas obras de teatro que he visto, La lengua madre en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Los que me conocéis un poco sabéis que normalmente, cuando quiero hablar de algo lo suelo hacer rápidamente, y si se trata de escribir, ocurre lo mismo. Llego, me pongo y escribo y escribo... Cuando tardo en hacerlo, si no es por falta de tiempo, es que ocurre algo.


Ese "algo" suele ser que no encuentro el enfoque, no encuentro las palabras o sencillamente hay "algo" (valga la redundancia) que me ha fallado en mi yo interior (aunque no es esto último lo que me ha ocurrido en esta obra, ni muchísimo menos).

Hay ciertas obras, ciertos momentos, ciertas sensaciones que son extremadamente difíciles de expresar en palabras. La lengua madre es sin lugar a dudas una de ellas. Es una de esas obras que según se van desarrollando te van fascinando, y lo hacen desde la sencillez. Pero a la hora de explicarlo, no encuentras las palabras para hacerlo.


Paradójico, sobre todo porque se refiere a una obra que habla precisamente de palabras.

LA UNIÓN DE DOS DE LOS GRANDES: JUAN JOSÉ MILLÁS Y JUAN DIEGO.


Lo confieso: no puedo ser objetiva. No puedo serlo con dos hombres y dos nombres como los de Juan José Millás y Juan Diego. No sabría decir cuál me gusta más de los dos, porque los dos me parecen absolutamente fantásticos, cada uno en lo suyo. Con los dos comparto ideas y eso siempre es importante. Pero es que además, independientemente de sus ideas y sus ideales, los dos me parecen unos monstruos en lo que hacen.


Millás lo leí mucho en mi época universitaria, he perdido la cuenta de la cantidad de novelas suyas que leí por aquel entonces, muchas de ellas ambientadas en nuestro Madrid, cuya adoración compartimos. Luego, dejé de leerlo como novelista pero sigo siendo asidua a sus artículos en El País. Y digamos que suelo reconocer el universo Millás cuando se pone delante de mí. En el caso de La lengua madre, sabía perfectamente que el texto era de él, pero creo que puedo sostener la afirmación de que lo hubiese reconocido. Un texto que habla de palabras y desde ese universo de Millás precisamente de palabras, ese bien tan preciado y único. A lo largo del mismo, encuentras infinidad de giros que te recuerdan al estilo Millás pero cuando sale ese término tan suyo del “matrimonio de las palabras” ya no te queda duda.

La lengua madre es un texto muy de Millás por todos los costados: en la estructura, en la forma de narrarlo, en la temática, y en el giro de la obra. Pero no contaré más antes de tiempo…


En cuanto a Juan Diego, no hace falta que yo diga que es uno de los grandes actores de este país, porque está claro que lo es. Me parece un actor magnífico haga lo que haga: cine, televisión… pero si encima hablamos de verlo sobre las tablas de un escenario teatral… eso ya son palabras mayores. Nunca antes había visto a Juan Diego en el teatro y es que desde el año 2005 no se subía a las tablas de un escenario. Y muchos años antes, allá por 1984, habría interpretado El Tenorio de Zorrilla.

Juan Diego te deja muda. Comienza su interpretación casi de un pobre hombre que está dando una conferencia sobre las palabras y que se va sorprendiendo poco a poco a lo largo de su discurso. Comienza con un texto plano en cuanto a sentimientos, hablando de palabras y termina haciendo una absoluta y mordaz crítica a la situación actual, en un in crescendotan típicamente JuanDieguiano (si me permitís este palabro en un mucho de palabras), que nos enamora.


Leí en Twitter un tweet sobre una persona a la que sigo habitualmente, crítica teatral, que venía a decir que no le había enamorado esta obra, sino todo lo contrario, que la había dejado fría, que no había conseguido emocionarla en aboluto. No puedo entenderlo, quizá no sea una de esas obras emocionantes de principio a fin, pero es una de esas obras que te hacen pensar y reflexionar, algo que no logra cualquiera. Y además, con el sello Millás-Juan Diego detrás, ¿se puede pedirle más al noble arte del teatro y las palabras?
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LA LENGUA MADRE.


He leído que el origen de esta obra no deja de ser curioso. Al parecer, Juan Diego recibió unos textos de conferencias del propio Juan José Millás y al leerlos decidió contactar con el propio Millás creyendo que de ahí se podía sacar material para una obra de teatro. Me parece rara la explicación, pero pudiera ser plausible. El caso es que Millás accedió, y bajo la dirección teatral de Emilio Hernández hicieron posible el monólogo de La lengua madre.


Juan José Millás bucea en el diccionario de las palabras y el significado de cada una de ellas. Las palabras, que son, como dice el propio Millás el único tesoro que es patrimonio de todos porque lo hemos construido entre todos. Juan Diego reflexiona sobre el escenario sobre el origen de las palabras, su uso y su significado. Según van avanzando sus pensamientos y reflexiones, resulta inevitable llegar al pensamiento de que, actualmente, los medios de comunicación corrompen las palabras. Utilizan términos que pocos entienden y los usan en el lugar equivocado, de una forma errónea, diciendo teóricamente una cosa pero en realidad queriendo decir algo diferente. Y no sólo los medios de comunicación, sino los propios gobernantes.

En los tiempos que corren, parece inevitable referirse a la crisis que nos azota, a la forma en que la están tratando los de arriba, a esas palabras ambivalentes, esa forma de llamar ajuste al recorte, crecimiento negativo (el súmmum de lo absurdo) a lo que es puro decrecimiento. Y tantos términos de cariz económico a los que no estábamos habituados hace un tiempo y que ahora esas palabras conviven con nosotros como antes lo hacían mesa, puerta, libro…


Son palabras a veces inventadas, otras veces rescatadas por el poder que mueve los hilos ahora mismo y que no hacen otra cosa que la herejía de dejarnos huérfanos de la lengua madre.

UNA CRÍTICA LINGÜÍSTICA, SOCIAL, MORAL Y POLÍTICA.

Es inevitable la crítica. Creo que en momentos como éstos, en los que se nos vapulea vilmente, debemos ser críticos, especialmente críticos, más que nunca. Debemos comenzar por la autocrítica y continuar por una crítica pero no destructiva, sino constructiva, que nos salve de la desesperanza y que nos haga seguir adelante, como se pueda. Porque esto es nuestra vida y éste el tiempo que nos ha tocado vivir.

En esta obra está clara la crítica. Lo que aparece como una crítica lingüística termina deviniendo en una inevitable crítica social, crítica moral y crítica política. ¿Son éstos los políticos que queremos a día de hoy que nos gobiernen? ¿están gestionando correctamente la crisis? ¿de dónde viene la crisis? ¿se trata de una crisis… o más bien de una estafa? De los de siempre, de los poderosos, de los que hace mucho que perdieron los escrúpulos.

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LA EXPERIENCIA DE ITACA.


Quien sepa pensar, quien se atreva a reflexionar, a darle una vuelta de tuerca a las cosas, probablemente amará esta obra. Y lo hará por múltiples razones:

Porque es un texto francamente bueno. Millás es mucho Millás y hay que saber paladear su humor, su ingenio, su crítica sublime.


Porque tener precisamente a Juan Diego interpretando este monólogo es un auténtico placer de dioses. Este hombre es un animal escénico por antonomasia, que se deja la piel en el escenario, que nos emociona, que nos hace reír en este texto, que nos pone el vello erizado con una interpretación llena de matices y cuyas palabras nos hacen pensar, salir del teatro, rumiar las ideas, darle vueltas de tuerca a las cosas, crecer como personas y amar la vida y el maravilloso y único universo de las palabras, la lengua madre de la que no queremos quedarnos huérfanos por nada del mundo.

Sé que esta obra no gustará a todo el mundo pero quizá éste es un punto que la hace todavía más especial. Yo desde luego no puedo hacer otra cosa que recomendarla con absoluta devoción, pero recomendando al espectador que vaya con espíritu de crítica pero también de autocrítica (una, aunque no nos lo parezca, no puede ser posible sin la otra). El texto de Millás no puede ser mejor, la actuación de Juan Diego, como siempre, te deja sin palabras y te llega a lo más profundo del corazón y las palabras… ¿verdaderamente creéis que seríamos capaces de vivir sin ellas? Las palabras son, junto a la vida, lo más preciado que tenemos.

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Esta obra se está representando actualmente en el Teatro Bellas Artes de Madrid. Estará únicamente unas semanas allí. La primera representación fue el día 9 de enero (pude asistir a ella y coincidir con gente a la que admiro como Trinidad Jiménez o Cristina Almeida entre otros) y podéis disfrutarla hasta el día 3 de febrero. No es mucho tiempo, pero es una oportunidad que creo que no deberíais dejar pasar.


Hacía mucho tiempo que Juan Diego no se subía a un escenario y esta obra es una oportunidad maravillosa para disfrutar de este actor magnífico y su interpretación tan profunda y sentida en este texto de Juan José Millás. No olvidemos además que se trata de un monólogo, algo nada sencillo para un actor, y él es capaz de dotar a su personaje de todos los matices del mundo, hacer que te rías, hacer que te emociones, hacer que pienses... Ése es el gran valor de las palabras.


4 comentarios:

  1. Pues habrá que hacer un poder, como decía mi abuela.

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  2. Ya sólo ver a Juan Diego encima de un escenario merece la pena, besos

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  3. Como articulista no tiene precio Millás. Mi duda es cómo resultará en este texto

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  4. Qué envidia me da cuando leo las obras de teatro maravillosas a las que vas... Aquí no llega nada de nada :(

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