EL TERCER FELIPE: EL REY PIADOSO


Soy Felipe III, el hijo varón que heredó el trono de España y que mi padre, Felipe II, nunca creyó que podría llegar a tener. Y si queréis conocer todo lo que tengo que contaros, os invito a leer todo lo que tengo que deciros.
No sé si conocéis la historia de Felipe II, Hijo del Emperador Carlos V y gran Rey de las Españas, en cuyos territorios jamás se ponía el sol. Pero creo que es imprescindible conocer la historia de mi padre para entender la mía.

Felipe II, hijo del Emperador Carlos V, gobernó con mano férrea los destinos del Imperio Español desde su ascenso al trono tras la cesión que le hizo su padre el 16 de enero de 1.556 hasta su muerte el 13 de septiembre de 1.598 en sus aposentos privados en el Monasterio de El Escorial, obra a la que dedicó gran parte de su vida. Durante más de 40 años, mi padre defendió a capa y a espada su país y su corona y no dudó en emprender grandes guerras contra otros países, como su incursión con La Armada Invencible contra Inglaterra.

Mi padre además se casó cuatro veces, en busca del heredero varón al trono español, que tantas décadas tardaría en llegar. Primero se casó con su doble prima (por parte de padre y de madre) Manuela de Portugal, con quien engendraría un único hijo varón, el Infante Don Carlos, su madre, Doña Manuela, moriría en el parto. Mi hermano, a quien yo no llegué a conocer, al parecer sufría una importante enfermedad mental, y dice la leyenda negra que mi padre lo encerró en una torre, hasta que se murió de inanición. Pero hay quien dice que mi padre nunca se recuperó de la pérdida de su hijo varón.
La segunda vez, mi padre se casó con su medio prima la reina María I de Inglaterra (conocida como Bloody Mary ). Aquel matrimonio tampoco funcionó, duró cinco años, hasta que ella se murió, convivieron muy poco tiempo (mi padre se pasó años viajando por Europa) y nunca tuvieron hijos.

A la muerte de María I, mi padre se casó con una princesa francesa, Isabel de Valois, quien siempre se ha dicho que fue el gran amor de mi padre. Con ella sí logró tener descendencia; tuvo dos hijas bellísimas: Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela, a las que mi padre amó por encima del cielo y de la tierra. Se dice que anhelaba que fuese Isabel Clara Eugenia quien heredase el trono de España, pero a la prematura muerte de Isabel, siguió recibiendo presiones para que volviese a casarse y engendrase por fin un hijo varón que heredase el trono español.
Por ello, se casó por cuarta vez ya con mi madre, Ana de Austria, que era sobrina de mi padre (hija de su hermana María). Con ella tuvo cinco hijos: cuatro varones y una niña, Fernando, Carlos Lorenzo, Diego Félix, Felipe (Yo) y María, pero todos murieron en la infancia, excepto yo, que llegué a convertirme en el siguiente rey de España a la muerte de mi padre, ascendí al trono como el Tercero de los Felipes.

Desgraciadamente, mi madre también murió joven y, eso sí, una vez conseguido su propósito de conseguir un heredero varón al trono. Felipe II sabía que su futuro y el de su dinastía estaban en juego, y trabajó con ahínco para conseguir su sucesor a un hijo varón.

Mi vida y mi reinado he de reconocer que tal vez pasaron más bien sin pena ni gloria (aunque visto lo que ocurrió después, creo que no estuvo mal). Pasé a la historia con el sobrenombre de El Piadoso por caracterizarme por ser una persona de fuertes creencias religiosas. Al contrario que mi padre, y al igual que hiciera mi abuelo, me casé una sola vez, con el gran amor de mi vida. Mi esposa,Margarita de Austria-Estiria, me dio ocho hijos, de los cuales cinco llegaron a la edad adulta. El varón mayor de ellos, mi hijo Felipe, sería mi sucesor y se convertiría en Felipe IV.

Muchas veces pienso que no me merezco este emplazamiento tan regio, en plena Plaza Mayor de Madrid, ya que fui yo quien decidió, durante unos años, llevarme la capital de España desde Madrid hasta Valladolid. Mi padre, Felipe II, había instaurado la Corte y la Capital de España en Madrid, pero bajo mi reinado, influenciado por el Duque de Lerma, decidí trasladar la Corte, durante unos años, a Valladolid. Como se dice ahora, me temo que la lié parda, creo que fui en gran parte responsable de la primera gran burbuja inmobiliaria que se formó. La especulación salpicó a casi todos, incluido a mi valido.
El Duque de Lerma fue mi principal valido. Hasta entonces, los Reyes habían gobernado por ellos mismos, pero yo instauré la figura del valido, que disponía de mi autorización para ejercer mi poder. Desgraciadamente, el Duque de Lerma era un oportunista que, en la mayoría de las ocasiones, utilizó mi poder para su propio beneficio y no se preocupó del verdadero bienestar de España.

Quizá por todo ello, debería ser mi padre quien se erigiera en forma de estatua en un lugar tan fundamental de Madrid. Aunque éste es un tema que, por lo que me han contado, está efervescente ahora mismo. Ha habido en las últimas semanas una consulta popular para erigir una estatua de mi padre en Madrid (actualmente sólo hay una y no está expuesta al público, sino que se encuentra en el Museo del Prado). Finalmente, se ha decidido que el gran Felipe II se erija en medio de la Plaza de la Villa, muy cerca de la Plaza Mayor donde mi estatua se erige, en mitad de la misma, en medio de edificios tan míticos como el de La Panadería y La Carnicería.


Seré feliz el día que sepa que mi padre está tan cerca, aunque no pueda verlo. También sé que mi hijo se encuentra inmortalizado en estatua un poco más allá, en los jardines frente al actual Palacio Real y donde se erigió en su momento el Alcázar de los Austrias, que yo mismo habité.

Nuestras tres estatuas me temo que nada tendrán que ver entre sí. Mi padre, el rey Felipe II, se erige de pie, férreo, con la mirada al frente y apoyado firmemente en el suelo.
Por mi parte, yo he sido inmortalizado en una estatua ecuestre, pero mi caballo levanta una única pata (la delantera izquierda) del suelo.


Mucho más espectacular resulta la escultura de mi hijo Felipe IV, también ecuestre. Pero en su caso, el caballo levanta majestuoso sus dos patas delanteras y mi hijo, sobre él, parece demostrar sus excelentes dotes como jinete, dotes que creo que no las tenía especialmente, pero así lo han representado. El caballo puede levantar sus patas delanteras porque Galileo Galilei ya había conseguido lograr este tipo figuras con un cálculo de pesos, manteniendo las patas delanteras huecas para evitar que el caballo, y toda la estatua, cayese hacia adelante. Como en mi época aún no se había descubierto, mi caballo puede levantar apenas una pata.
Sea como fuere, tres generaciones de hombres de la misma familia, que regimos, como mejor supimos o pudimos, los destinos del gran Imperio Español, aunque la decadencia de nuestra familia y nuestro país terminase siendo inevitable.

Y es que, no puedo tener un lugar de ubicación mejor que donde me encuentro, en pleno corazón de Madrid, en el epicentro de la Plaza Mayor. Es cierto que muchos turistas ni siquiera me reconocen, que muchos caminantes saben de la existencia de una estatua de un rey a caballo en la plaza, pero no saben que soy yo (ni tampoco de qué rey se trata). Pero bueno, aún así, siempre hay alguien que terminar acercándome y contándome algunas cosas para mantenerme al día. O me preguntan por mis regios recuerdos de Madrid, aunque esta ciudad poco o nada tiene ya que ver con aquélla que yo habité hace cuatro siglos.
He de reconoceros que me gusta el ambientillo de la Plaza Mayor, me encanta que siempre haya gente cruzándola en una y otra dirección, los puestos de monedas los domingos, los guías turísticos comenzando sus charlas, o sus terraas castizas donde casi siempre se sientan guiris, escuchar al fin y al cabo todo tipo de idiomas y todo tipo de historias... Pero si alguien me preguntase qué echo de menos como estatua y qué me gustaría hace si pudiera, os sorprendería de qué es lo que más echo de menos, algo que no parece enganchar con mi regia presencia. Pero lo que más echo de menos es poderle echar el diente a un estupendo bocadillo de calamares, que además, no sabéis qué bien huele por estos lares, y yo pasando ganas de comerme uno de ésos cada día...

A ver si tú, que me has estado escuchando todo lo que tenía que decirte, me traes un bocata de calamares la próxima vez... No hay nada que desee más en el mundo, ya ves qué fácil...
Pero, sobre todo, la próxima vez que pases por aquí, mira hacia arriba, fíjate en mi regio perfil recortado sobre el intenso azul del cielo de Madrid y recuerda a este Rey Piadoso que aquí está día y noche, llueva o haga calor, presidiendo este lugar tan especial de nuestro Madrid.

EL MAESTRO DEL PRADO: PROFECÍAS INCREÍBLES

Últimamente, había escuchado a varias personas hablar sobre El maestro del Prado y decirme que lo habían incluido entre sus últimas lecturas. Yo tenía mentalmente este libro como perteneciente al grupo de los "prescindibles"; sin embargo me llamaba la atención que la novela se desarrollase en el Museo del Prado de Madrid. Muchas veces suelo reflexionar sobre la suerte que tenemos de disponer de una pinacoteca tan increíble y maravillosa como ésta y sin embargo, lo poco que la visitamos. me toca entonar el mea culpa. Cuando vine a vivir a Madrid solía aprovechar muchas tardes de domingo para acercarme al Prado (y muchas tardes de sábado para ir al Reina Sofía, algún día os contaré mi fascinación por El Guernica de Picasso). Pero el caso es que cuando quitaron la entrada gratuita los domingos y la pusieron todos los días a última hora de la tarde, dejé de ir. La última vez que fui al Prado fue en el verano del 2011, recuerdo que estaba embarazada y fui con un par de amigas sevillanas que estaban en mi casa aquel fin de semana. Pero había demasiada gente y no disfruté nada la visita. Tengo que intentar sacar tiempo para pasar más buenos ratos en el Prado.
Cuando supe que este libro hablaba del Museo del Prado pero que además se fijaba en la historia de algunas de las obras que cuelgan de las paredes de este fantástico museo, mentiría si no dijese que me picó la curiosidad. Teniendo en cuenta que tenía su versión electrónica descargada en el kindle y que además no era un libro muy extenso (alrededor de 250 páginas) decidí hacerle un hueco y colarle unos cuantos puestos en la lista de pendientes.


EL MAESTRO DEL PRADO, UNA NOVELA DE JAVIER SIERRA.


Javier Sierra es el autor y además el protagonista de esta historia tan sui generis contenida en la novela El maestro del Prado. Lo primero que tengo que decir es que no conocía en absoluto a este autor. He leído que ésta es su novela número diez y buceando entre los títulos de las mismas, me suena lejanamente otro de sus
 títulos, El ángel perdido, publicado hace un par de años.  El maestro del Prado ha sido mi primera lectura (y muy posiblemente la última) de Javier Sierra.
Al parecer, a Javier Sierra le gustan los misterios y lleva muchos años escribiendo novelas que desarrollan diferentes misteriosa lo largo y ancho del mundo y de la historia. No en vano, en su curriculum constan muchas colaboraciones en programas de televisión tipo Cuarto Milenio, en el que sigue colaborando actualmente.

En este caso, El maestro del Prado se desarrolla en mi adorado Madrid y más concretamente en el Museo del Prado. Siento adoración por esta ciudad y me encanta recorrerla entre las páginas de un libro, aunque en éste, quitando algunos escenarios como el Monasterio del Escorial, la Ciudad Universitaria y poquito más, la mayoría de la trama se desarrolla en las salas del Museo del Prado. Nos adentraremos en el estudio histórico de algunas de las grandes obras que cuelgan de las paredes de este museo y puedo asegurar que nos llevaremos alguna sorpresa con muchas de ellas. Otro significado, telúrico o trascendente, puede ser posible.

¿UNA NOVELA PARA AMANTES DEL ARTE?

En esta novela, Javier Sierra evoca sus años de estudiante en Madrid. Mientras estudiaba su carrera universitaria, comenzó a frecuentar el Museo del Prado y quedarse fascinado con muchas de las obras que se encontraban en este museo. Sin embargo, un ente extraño se cruzó en su camino, un Maestro que le enseñó a ver algunas de las obras de arte del Prado de otra manera, con un significado oculto que muchos grandes maestros del arte quisieron imprimir a sus obras. Pero un significado que, aunque esté ahí, frente a nuestros ojos, no es fácil de identificar. Hay que estar abiertos a otro tipo de sabiduría, conocer algunos enigmas de la historia, y así poder descubrir lo que muchos cuadros quisieron decirnos en realidad.

Visto así, esta novela podría llegar a ser fascinante para los amantes del arte. Bien, lo que yo creo es que los amantes del arte probablemente la puedan disfrutar algo, ya que muchas cosas de las que cuentan sobre obras tan conocidas como El jardín de las delicias del Bosco, varias de las pinturas de Rafael, La Gloria o algunas obra de El Greco suena interesante. Confieso que al tener un kindle en blanco y negro, mientras leía algunos de las explicaciones telúricas de algunas de esas obras de arte, me picó la curiosidad y las busqué en Google, fijándome en los pequeños detalles que el Maestro le iba contando en el Prado a Javier Sierra.
Sin embargo, si no te gusta el arte, me temo que estás perdido. Gustándome el arte, no le daría más de dos estrellas a este libro, si ya no te gusta, seguro que te aburrirá. Las explicaciones son demasiadas, los cuadros estudiados son demasiados y al final pierdes el hilo. Eso, suponiendo que exista un hilo porque esta novela tiene un hilo conductor demasiado fino, una historia que no nos dice casi nada y un final... ¿rocambolesco?

Con novelas como ésta me temo que se hace palpable la afirmación de que la sombra del Código Da Vinci es demasiado alargadaEl Maestro del Prado no hace otra cosa que buscar otros significados ocultos en muchas obras de arte a lo largo de la historia. Pero por lo menos el libro de Dan Brown era entretenido, éste me temo que ni eso. Y ya si hablamos de fantasmas, almas del más allá, personas que parecen tener doscientos años... personalmente, prefiero a Dan Brown. Javier Sierra no es más que una mala imitación de la saga del Código Da Vinci, ¡y eso ya es decir!

PERSONAJES.

Personalmente, creo que una novela, para ser buena tiene que tener tres cosas: una buena historia, personajes interesantes, bien definidos y creíbles, y un buen estilo. Creo que El maestro del Prado no tiene ninguna de esas tres cosas.



La historia es inexistente, un hilillo sin pies ni cabeza que empieza como termina, es decir, en nada.
El estilo tampoco arregla demasiado, o casi nada, las cosas.


Ésta es una novela de pocos personajes, apenas cuatro o cinco personajes fundamentales y algún extra que pasaba por allí. Dentro de los extras llama la atención por ejemplo la mención a la actriz Lucía Bosé y el Museo de los Ángeles que tiene en Turégano, Segovia, que no tengo el gusto de conocer.



Pero en cuanto los personajes fundamentales, tenemos dos protagonistas: el propio Javier Sierra como joven estudiante en su segundo año de facultad en Madrid y Luis Fovel, el Maestro del Prado, una suerte de fantasma o de hombre que parece haber traspasado la puerta de la frontera de las dos realidades y que tiene mucho que enseñar al joven Javier, pero que también le dejará con demasiados interrogantes de por vida.
Creo que, para que un personaje sea bueno, tiene que estar bien trazado, bien definido. Y para eso, es muy importante que la prosa del autor se detenga en enseñarnos cómo es por dentro y por fuera, de manera que el lector pueda hacerse una idea clara de cómo es ese personaje y su relación con los otros. Me temo que en el caso de El maestro del Prado su autor tampoco es capaz de delinear y perfilar bien a los personajes de esta novela, ni siquiera siendo él mismo uno de ellos. Estoy segura de que el personaje de Luis Fovel, de haber caído en otra pluma mejor, habría dado mucho más de sí. En este caso, se convierte en un personaje hueco y muy poco creíble.

Además, existen algunos otros secundarios que tienen algo que ver con la trama. Pero si Javier Sierra no se ha parado a trazar bien las personalidades de los personajes principales, pedirle que hiciera lo propio con los secundarios se me antoja pedirle peras al olmo. Os podéis imaginar: una compañera de estudios (aunque ella hacía Farmacia y él Periodismo) que ayuda a Javier, un monje de El Escorial que parece tener las claves de muchas incógnitas y otra especie de fantasma que parece perseguir, siempre sin lograrlo, al Maestro del Prado.

LA EXPERIENCIA DE ITACA.

En la vida tiene que haber de todo, debes leer novelas malas para así poder apreciar las buenas. Esta novela para mí es mala, rozando lo malísimo, pero no me arrepiento de haberla leído. Ya que parece estar tan de moda y tantas personas la están leyendo, al menos al leerla personalmente he podido formarme mi propia opinión y estoy dispuesta a debatirla con quien quiera.
Desgraciadamente, la sombra de "El Código Da Vinci" es demasiado alargada, y tantos años después hacen que florezcan "perlas" como esta novela. Una novela que no tiene historia, que no cuenta casi nada, que tiene unas pajas mentales que rozan lo absurdo desde la tercera página y que al final aporta muy poquito. Es cierto que detrás de muchas obras de arte se esconden significados ocultos pero ni son tan fáciles de encontrar ni se puede hacer un copia-pega en una novela que llega a aburrir más que otra cosa.



Si me hacéis caso, una novela totalmente prescindible. Si no la leéis, no os perderéis absolutamente nada.
Esta novela la puedo incluir dentro del Reto de las 25 lecturas de autores españoles para este 2013. En concreto, con El Maestro del Prado voy por el 5/25 de mi reto.


MI 4ª SEMANA INSTAGRAMIZADA: 28 DE ABRIL.

Aquí estoy de nuevo, dispuesta a instagramizar otra semana. La verdad es que resulta divertidísimo ir por ahí, móvil en ristre, captando los pequeños momentos para publicar estos posts cada domingo. Instagramizadas, las semanas creo que se ven de una manera muy diferente. Allá vamos con la última...

Empezamos la semana tomando notas en mi agenda, muchos planes por realizar, demasiadas cosas por hacer...


El martes fue el maravilloso Día del Libro, y fieles a la tradición, aquí tenéis mis regalos en forma de Libro y Rosas.


Y eso que a mí no me gusta el rosa... pero 
¡¡me encantan mis nuevos auriculares chachi-cutre-fashion!!


Si te traen para desayunar una cosa tan bonita como ésta, 
es imposible no ponerle tu mejor sonrisa al día (gracias a Yolita's Kitchen). 



Un buen paseíto por el centro, siento fascinación por el Edificio Metrópoli, ¿será por los cuadros de Antonio López? Podría ser...





Un día de parque en el que todos nos lo pasamos bomba!!!



Éste es el gran culpable de la parte terrorífica de la semana. 
Sí, tiene cara de bueno, pero mi hija no sabe vivir sin él, se nos perdió unas horas y ¡¡¡ardió Troya!!!



Y como la semana pasada acabamos con S.M. Felipe III, hoy traigo aquí a su hijo, S.M. Felipe IV :)

CARTAS A FELICE


Estoy segura de que ya os he confesado en otras muchas ocasiones que, además de ser una absoluta y fervorosa amante del teatro, me gustan de un modo especial las obras que se representan en el Centro Dramático Nacional. En el CDN frecuentemente suelen llevarse a cabo montajes diferentes, a veces incluso arriesgados. Suelo ir mucho más a su sede en el Teatro María Guerrero que a la del Teatro Valle Inclán, simplemente por una cuestión de distancias, ya que el María Guerrero me queda mucho más cerca. Pero especialmente, siento algo cercano a la fascinación por la Sala de la Princesa en el Teatro María Guerrero. Una sala de pequeñas dimensiones, muy recogida, con pocas localidades, donde la cercanía entre las butacas y el escenario hace que lo vivas todo más intensamente, más desde dentro. Te introduces absolutamente en la historia que están representando, hasta formar parte de ella.
Además, a lo largo de esta temporada 2012-2013 están desarrollando en la Sala de la Princesa un ciclo sobre novelas llevadas al teatro. Si no recuerdo mal, es la tercera vez que acudo a una representación dentro de este ciclo. No he ido a todas las representaciones por tanto, pero sí a un buen porcentaje de las mismas. A finales del año pasado, disfruté maravillada la adaptación de Atlas de geografía humana, de mi querida Almudena Grandes. Luego, volví a ir a la misma sala a disfrutar de La Rendición, una obra que no conocía y que no había recibido muy buenas críticas en dicha representación, pero que sin embargo me fascinó. Esperaba con ganas ir a ver la adaptación de Kafka enamorado, pero desgraciadamente, no salí tan encandilada como en el resto de las ocasiones.


KAFKA ENAMORADO.

Creo que todos conocemos a Franz Kafka, el autor de muchas historias, probablemente la más famosa aquélla de La Metamorfosis, en la que un hombre despertaba convertido en cucaracha. Pero la figura real de Kafka, lo que le aconteció durante su vida, no resulta tan conocido entre el público en general.

Cuando visité su ciudad, Praga, y más concretamente el Barrio Judío (que era donde él vivía, ya que pertenecía a esta raza), vi que Kafka era, y sigue siendo, un icono en esta ciudad. En el propio Barrio Judío existe una escultura a su memoria (un monumento con una figura extraña, como casi todo lo que tiene que ver con él). Incluso me tomé varios cafés calentitos, huyendo del frío de octubre de la calle, en el Café Kafka, que dicen que él tantas veces frecuentó.
Pero poco o nada sabía de la vida de Franz Kafka, apenas que había sido un hombre enfermo, aquejado de muchas dolencias, con un gran don para escribir y otro gran don para destrozar casi todo lo que tenía a su alrededor por sus manías devastadoras. Evoco su figura de hombre flaco, con su traje y muchas veces su sombrero oscuro… y poco más sé de él. Murió antes del Gran Holocausto Nazi, por lo que, a su manera, pudo escapar de él. No escaparían dos de sus hermanas, quienes terminaron muriendo años después en Auschwitz.

Eso era todo lo que sabía sobre la historia de Kafka y su familia anteriormente a ver esta obra. Sin embargo, la historia de Kafka enamorado nos narra la historia de amor de Kafka, la relación amorosa que Franz Kafka mantuvo en su vida real con una mujer, Felice Bauer. Felice Bauer era una mujer muy moderna para la época en que le tocó vivir, directiva de una empresa comercial alemana, conoce a Kafka en la casa de Max Brod. Max Brod era algo así como el Mecenas de Kafka, quien intentaba protegerle y además daba alas a su talento como escritor. Pero aquella historia no acabó bien.

LA HISTORIA TRUNCADA ENTRE FRANZ KAFKA Y FELICE BAUER.

Franz Kafka era un hombre gris: bajo el yugo y la autoridad de su padre, con una salud debilitada y una vida aburrida y monótona con un puesto de trabajo de funcionario, Kafka probablemente no fuese un hombre feliz y con toda seguridad, era ese tipo de hombre en el que no te fijarías si te cruzases con él en una calle de Praga. Sin embargo, en su interior habitaba un don: el de imaginar mil y una historias inimaginables y ser capaz de reflejarlas sobre el papel, en forma de palabras, de escribir obras maravillosas que nos dejó como legado en su corta vida.


Pero un buen día, en casa de su amigo Max Brod conoció a la que probablemente fuese el gran amor de su vida. Se trataba de Felice Bauer, una mujer de negocios alemana de visita en Praga. Con ella, comenzaría una relación amorosa con sus idas y sus venidas, con sus claros y sus sombras. Felice era una mujer de su tiempo, que no se arrendaba ante nada y que sabía lo que quería. Luchó por su amor con Kafka, pero la historia acabó con la muerte de él. Durante años se escribieron cartas apasionadas que, después de la muerte de Kafka, serían publicadas como Cartas a Felice. Pero los terribles miedos de Kafka, las imposiciones de su severo padre, su enfermedad… todos estos factores hicieron que Kafka rompiese el compromiso matrimonial con Felice no una sola vez ni dos, sino hasta tres veces. Luego él se moriría y ella reharía su vida lejos de la vieja Europa, en Estados Unidos, donde terminó estableciéndose.
La historia de amor truncada entre Franz Kafka y Felice Bauer es el nudo central de la novela Kafka enamorado, de Luis Araujo, así como de la adaptación teatral en la Sala de la Princesa del Teatro María Guerrero. Además, en torno a esta historia, según he leído, gira un musical centrado en la figura de Kafka.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.

Desgraciadamente, esta obra no me gustó en exceso. En general, diría que resulta demasiado plana, y eso que las representaciones en la Sala de la Princesa, quizá por la proximidad, suelen emocionarme más, pero ésta no lo logró.
Me gustó la escenografía, el montaje, la proximidad… también el formato, los retazos de las cartas que Kafka le escribió a Felice, los que Felice le escribió a él… el duelo interpretativo cara a cara y en la distancia… Pero sin embargo, no fue capaz de emocionarme. Y si una obra no emociona… malo.


El actor que interpretaba a Kafka, Jesús Noguero, me sonaba de alguna serie de televisión. Me parece que da el perfil de Franz Kafka y que está bien en su papel, pero no transmite especialmente. En el caso de la Felice Bauer interpretada por Beatriz Argüello, también estaba muy bien en su papel de mujer independiente y segura de sí misma, dispuesta a luchar por lo que quiere. Pero en el conjunto del duelo interpretativo parece que falta la magia. Además, esta actriz interpreta en la obra otro pequeño papel, el de Grete.
Por último, Chema Ruiz da vida a Max Brod (el amigo que presentó a Kafka y a Felice) pero también interpreta otros varios papeles menores como de sastre, botones de hotel etc. Su(s) papel(es) en la obra son más bien menores.


Es una verdadera pena, no sabría identificar una razón clara, pero esta historia, que a priori podría interesar y enamorar al espectador, no acaba de cuajar. La representación es corta, apenas una hora y poquito, por lo que no te da tiempo a aburrirte. Pero la obra parece plana en demasiados momentos. Y sobre todo, tiene un vicio inexcusable, el hecho de que no es capaz de emocionar al espectador. Y el teatro, por encima de todo debe emocionar y nunca, absolutamente nunca, puede dejarnos indiferentes.
Curiosa y triste vida la de Franz Kafka, un hombre con un don único para las palabras escritas pero al que le faltaba personalidad y muchas veces esas mismas palabras en la vida real. Fue un hombre triste, manejado por su padre y por la rutina, enfermo, cansado de la vida... y probablemente se fue a la tumba con el recuerdo de Felice, la persona que pudo haberle dado la verdadera felicidad, y a la que sin embargo renunció por no saber rebelarse para defender lo que realmente importa en la vida.

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COSAS QUE ME CHIFLAN. 26 DE ABRIL.


Vuelvo de nuevo a la carga con un nuevo post sobre Cosas que me Chiflan. En este caso, voy a volver a retomar la temática manualidades y enseñaros algunas cosillas que he ido encontrando por la red y que no me parecen que sean especialmente difíciles de hacer (otra cosa es ponerse). Las pongo aquí y así me dejo una nota mental para ver si algún día me animo a hacer algo parecido. 



1. DECORAR CON BOTONES

Lo confieso, yo soy de las que van guardando botones para luego hacer con ellos postales navideñas y cositas así (esta manía tiene su razón de ser por eso de reutilizar lo que tenemos, aunque teniendo en cuenta que en el chino hay miles de botones monísimos por dos duros, no tengo yo nada claro que merezca la pena por el coste, pero yo sigo haciéndolo). Pero lo que nunca había visto y tampoco se me había ocurrido es que se podrían hacer incluso cuadros con ellos. Por eso me encantó esta propuesta, tan sencilla y a la vez tan bonita que vi en el blog de Lau Creativa, aunque realmente la idea original salió de esta WEB





2. MANOLETINAS DE RATONCITO. 

Estas manoletinas empiezan a quitarme el sueño... Las vi por primera vez en un blog hace alrededor de un año, cuando estaba de baja maternal. Y desde entonces, ni me las he quitado de la cabeza ni he intentado hacerlas. Y ya se sabe, lo que se queda en el tintero parece que te persigue como un fantasma. Al parecer, ell modelo original es de Marc Jacob y teóricamente customizarlas a la manera casera no debería ser especialmente difícil, pero no sé, el miedo al fracaso me echa para atrás. Quizá me anime a hacer un apaño con fieltro sin que resulte muy complicadillo. Algo tendré que hacer, porque además ¡me encantan! Si queréis ver el tutorial completo sólo tenéis que pinchar AQUI



3. VILLA CARTÓN: A PINTAR SE HA DICHO.

He visto en algunas tiendas (El Corte Inglés y Tiger si no recuerdo mal) algunos productos hechos en blanco y negro y que luego hay que pintarlos. Sobre todo muñecos que luego pueden meterse en la lavadora y ser lavados (si no recuerdo mal). El caso es que a través del blog de Mamis y Bebés me enteré de la existencia de Villa Cartón y me encantó. Se trata de una web holandesa en la que poder comprar productos para que luego puedas pintar por ti mism@. La mayoría de sus productos son de cartón (casas de muñecas, puzzles, mecedoras, castillos, barcos-piratas...) pero también los hay de tela (como los disfraces y los muñecos). Vienen en blanco con las rayas en negro y hay que echar un buen rato (o unos cuantos buenos ratos) en pintar, y pintar, y pintar.... A los peques les encanta y además se tiran semanas pintándolos para que queden perfectos. Mi renacuaja aún es muy pequeña, pero os puedo asegurar que cuando crezca un poquito terminará recibiendo como regalo más de un producto Villa Cartón y nos lo vamos a pasar fenomenal pintándolos!!! Además  tienen unos precios de lo más asequibles, lo que se agradece la verdad...



¿Qué os han parecido las cositas que os traigo hoy? ¿Os gustan? 

VISITA AL INTERIOR DE LA ABADIA

La semana pasada os comentaba que iba a hacer una visita guiada al Teatro La Abadía y hoy vengo con la crónica de la misma, diciendo por adelantado que me ha encantado descubrir los secretos y entresijos de este mágico lugar. 


EL TEATRO LA ABADIA.


El Teatro la Abadía es algo más que un teatro; se trata de un centro de creación escénica fundado hace casi veinte años con la colaboración de la Comunidad de Madrid pero gestionado por una Fundación Cultural Privada y dirigido por el actor José Luis Gómez. El Teatro de la Abadía produce montajes teatrales y acoge los trabajos de otras compañías, pero además realiza talleres y encuentros con importantes maestros de la interpretación. 


Fue inaugurado el 14 de febrero de 1995 con el montaje de la obra de Valle Inclán Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte. A lo largo de estos 18 años, La Abadía ha desarrollado más de 40 espectáculos de producción propia, en los que ha aunado voces de autores clásicos y contemporáneos: desde Cervantes a Brecht, Lorca o Shakespeare entre otros muchos. 

La Abadía ha recibido numerosos premios en su trayectoria, entre los que destacan el Premio Nacional de Teatro, el Premio de la Crítica de Madrid, La Distinción a la Excelencia Europea 2002 de la Comunidad de Madrid o el Premio del Festival Internacional de Teatro, Música y Danza de San Javier en reconocimiento a la trayectoria del Teatro de La Abadía.



UN POQUITO DE HISTORIA.

Cuando te sientas por primera vez en cualquiera de las butacas de la Sala Juan de la Cruz, te asalta la gran pregunta sobre qué fue esa sala antes de ser teatro. La sala tiene forma de iglesia, eso sí, una iglesia muy especial, ya que tiene forma de A (la A de la Abadía). En el video que nos proyectaron durante la visita, con una voz en off de José Luis Gómez, nos explicaba toda la profunda historia de este lugar.
De lo primero que se tiene constancia es de su utilización como camposanto. Hay que tener en cuenta que los terrenos que hoy conforman La Abadía estaban situados en las afueras de Madrid allá por el siglo XVIII, de manera que resulta muy lógico su utilización como cementerio. Cuando la ciudad fue creciendo y su población fue estableciéndose cerca, se deshizo el cementerio, aunque durante años los niños de la zona jugaron en ese lugar.


Posteriormente, se construirían varios edificios que tuvieron diversas finalidades: hospital, colegio, iglesia de colegio… Pero curiosamente nunca fue una abadía. El nombre de La Abadía fue un pequeño chascarrillo del grupo que fundó el Teatro La Abadía. Cuando estaban poniendo en marcha el proyecto y buscando una localización para el mismo, recibieron la noticia de que estaban disponibles las instalaciones de un antiguo colegio y su iglesia, donde quizá podría llevarse a cabo el proyecto del nuevo teatro, al más puro estilo europeo. Se enamoraron del lugar porque en seguida captaron la magia, casi mística, que inunda ese lugar y más concretamente el interior de la iglesia, lo que hoy conforma la Sala Juan de la Cruz, y en seguida empezaron a decir Vamos a La Abadía, quizá sin ser conscientes de que ése sería finalmente el nombre para el lugar y el proyecto.
Esta sala es peculiar ya como iglesia, mucho más como sala de teatro. El patio de butacas está separado en dos alas, lo que hace que el edificio tenga forma de A. Tenían una razón de ser: la separación entre ambos sexos para las representaciones a las que acudían los alumnos del colegio.


Pero la Sala Juan de la Cruz, además de ser curiosa en cuanto a disposición, es un lugar mágico, casi místico… Se ha recuperado el lugar (casi en ruinas a principios de los noventa) manteniendo su espíritu. Sus paredes fueron pintadas de un azul oscuro, manteniendo su cúpula y cerrando con contraventanas los vidriales (aún conservados tal y como se encontraban hace veinte años, algunos de ellos rotos). Normalmente, la sala se encuentra en oscuridad para las representaciones pero nos comentaron que durante los ensayos resulta habitual abrir las contraventanas para que entre la luz natural a través de las vidrieras.



UN RECORRIDO POR LA ABADÍA.

Nuestro recorrido se inició en el patio de La Abadía, para acceder en seguida a la Sala Juan de la Cruz, donde disfrutamos de un ameno vídeo que nos hizo conocer muchas de las vicisitudes históricas de La Abadía y de cómo fue fraguándose el proyecto que hizo posible el actual Teatro de La Abadía. Después de visionar el vídeo, nos invitaron a subir al escenario y sentirnos protagonistas por un momento, dejar volar nuestra imaginación y creernos actores sobre el escenario. La visión desde ahí es radicalmente diferente a la visión que tienes como espectador y resulta sumamente interesante.



Acto seguido, entramos en la antigua sacristía, hoy reconvertida en camerinos. Llama la atención que el espacio para camerinos es muy limitado y especialmente el espacio para vestuario, atrezzo o cosas personales de los actores y actrices. Además, los camerinos conectan entre sí y hacen conectar internamente las dos salas: la mística sala de Juan de la Cruz y la sala José Luis Alonso. En esta sala se está representando actualmente la obra Juicio a una zorra, en la que dicen que Carmen Machi está literalmente que se sale. Esta sala era inicialmente una sala de ensayos para el Grupo de La Abadía, pero actualmente se utiliza como sala de ensayos y sala de representación, ya que su estructura de butacas permite agruparlas y jugar con la disposición de la misma. Está dedicada a uno de los grandes directores de escena durante el siglo XX, que fue capaz de vencer a su modo a la censura, defendiendo el noble arte del teatro por encima de otras consideraciones.

Durante el recorrido, una simpatiquísima Lidia Otón nos fue explicando amenamente muchas historias y curiosidades sobre La Abadía. Por ejemplo, llama la atención que los actores y actrices no disponen de maquilladores y peluqueros, sino que ellos mismos se preparan para las funciones. Es norma de la casa, de manera que incluso cuando la transfiguración en un personaje es difícil, contratan a un maquillador que enseña durante unos días (los de ensayo) a los actores y luego son éstos quienes se automaquillan y autopeinan para cada función.



Al final de la visita, ya sentados en el patio de butacas de la Sala José Luis Alonso, además contestó gustosamente a todas nuestras preguntas y curiosidades.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.


Me encantó descubrir de primera mano La Abadía. Es un lugar al que he ido en varias ocasiones como espectadora a varias obras de teatro e incluso a algunos recitales. Recuerdo con especial cariño dos momentos: los conciertos que Amancio Prada dio hace un par de años en la Sala Juan de la Cruz y la representación en la Sala José Luis Alonso hace también unos años de La mujer justa, adaptación de la novela homónima de mi adorado Sandor Marai.



Pero descubrir los entresijos de La Abadía, lo que puedes imaginar pero nunca has visto, me ha parecido una experiencia alucinante. No era la primera vez que veía un teatro “por dentro”, ya que tuve la suerte de visitar el Teatro Valle Inclán hace algo más de un año. Recuerdo cómo me impactaron los camerinos entonces, quizá los de La Abadía no me han impactado tanto porque son similares (supongo que todos los camerinos de teatro serán parecidos) pero resultan muy curiosos cuando los ves por primera vez.


Aún estáis a tiempo de realizar estas visitas, conocer de primera mano un lugar tan especial como La Abadía y conocer su trabajo desde dentro. Os gustará conocer cómo funciona la compañía, su vinculación con el Corral de Comedias de Alcalá (gestionado actualmente por La Abadía) y ver la pasión en los ojos de Lidia Otón cuando os habla de su proyecto, porque ella lleva muchos años formando parte de La Abadía.



In the other hand (como dirían los ingleses), la mano triste, por llamarlo de algún modo está el hecho de que el mundo de la cultura lo está pasando mal, y La Abadía no es una excepción. Por ello, hoy más que nunca necesitan nuestro apoyo como espectadores y también quizá como pequeños mecenas. Puedes colaborar con ellos de muy diversas formas y podrás encontrar toda la información en su página WEB.




Me encantó descubrir los entresijos de La Abadía. Y vosotros, ¿no os apuntáis?-