LOS OJOS GRISES DE IZARBE


Hoy, como Día del Libro que es, se hace imprescindible publicar un post sobre un libro. Y no sobre uno cualquiera, sino sobre uno que me ha cautivado.

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Si evoco mis recuerdos de la ciudad de Bilbao de hace aproximadamente 20 años, yo también habría definido Bilbao como una ciudad de ojos grises. Sin embargo, volví a visitar Bilbao el año pasado, tras tantos años de ausencia, y me quedé absolutamente maravillada por su nueva cara, una ciudad moderna, limpia, llena de luz... y además en las fiestas de agosto más bonita y radiante. 

Después de estos pequeños recuerdos atesorados en mi memoria sobre Bilbao, la ciudad donde se desarrolla la mayor parte de la trama de La ciudad de los ojos grises, me gustaría comenzar a hablaros sobre este libro. Había oído y leído muy buenas críticas sobre esta novela y tenía claro que quería incluirla entre mis lecturas del 2013. Aunque no tenga todo el tiempo que me gustaría para poder leer, intento seguir cultivando este noble hábito con asiduidad y esta novela era un nombre obligado dentro del listado de libros de mi 2013, por corto o largo que éste termine siendo.

PARÍS, BILBAO, Y LOS OJOS GRISES DE LA MUJER AMADA.

Dicen que los primeros amores no se olvidan nunca. Que dejan una marca indeleble en nuestras almas, que no se quita con nada y que nos perseguirá durante toda nuestra vida. Esto ocurre de un modo especial, más pronunciado, cuando aquel primer amor fue un amor imposible y esos ojos (grises) siguen formando parte de tu propia alma…

He necesitado de unas cuantas semanas para poder dejar reposar el sabor que me ha dejado este libro. Tenía muchas, muchísimas ganas de leer este libro. Y cuando se tienen ganas, se tienen también las expectativas altas, y eso, a veces, puede llegar a ser un problema. Lo es cuando tus expectativas superan a lo que te encuentras en el libro, ya que entonces el sentimiento que aflora es la decepción. Nada que ver con La ciudad de los ojos grises, un libro que me enamoró desde las primeras páginas, con una prosa llena de sensibilidad y una historia de la que resulta imposible no enamorarse.
Alfredo Gastiasoro es un bilbaíno afincado en París. Abandonó su Bilbao natal para establecerse en la capital francesa e imbuirse del espíritu bohemio y soñador de aquellas primeras décadas del siglo XX, cuando París hervía entre pintores y soñadores. Alfredo ama París pero guarda en el recuerdo unos ojos grises de los que se enamoró cuando era apenas un niño y que nunca ha podido olvidar.

Su huida de Bilbao tuvo mucho que ver con la dueña de esos ojos grises: Izarbe, quien el destino caprichoso e infiel hizo que se convirtiese en su cuñada, a pesar de ser el gran amor de su vida, o precisamente por eso. Izarbe era una mujer luchadora, romántica, que nunca desfallecía, siempre dispuesta a ayudar a los más necesitadosÂ… hasta que esto le costó su propia vida. Llegada a París la noticia de la muerte de Izarbe, Alfredo encuentra la razón por la que regresar a Bilbao, donde todo tiene ese aire gris y melancólico de los ojos de ella.

El vagón restaurante estaba cubierto de madera y de melancolía. Unos pocos comensales, ataviados con elegancia, salpicaban las mesas colocadas bajo el cortinaje púrpura de las ventanillas. 

Con absoluta certeza, ninguno de ellos habría adivinado en su niñez que una Nochebuena cenarían solos en un tren.

Era el día de Navidad cuando Alfredo volvió a pisar Bilbao después de tantos años de ausencia. Se encontró con una ciudad fría, gris… una ciudad demasiado diferente a la que guardaba en sus recuerdos. Bilbao era Izarbe y ella ya no estaba, por lo que el frío lo cubría todo.

Él no sentía frío. Nunca lo había sentido… o eso quería creer, porque tampoco ignoraba que aún buscaba el calor en los brazos ajenos.


Volver a Bilbao incluía volver a las peores pesadillas del pasado: al recuerdo de Izarbe, a la relación rota entre Alfredo y su hermano Javier, a la ausencia de ama, a las tristes paredes de la casa de Portugalete que Alfredo un día construyese para las dos mujeres… También le proporcionará momentos buenos, como el reencuentro con su amigo Fernando y la evocación de recuerdos de infancia y juventud, no todos ellos tristes. ¿O sí?



La bruma de la mañana se había disipado al igual que se disipaba la niñez de Alfredo y de Fernando, quien nunca más volvió a jugar a las canicas. Y es que uno pierde la inocencia cuando se enamora.

El primer beso, por pequeño que sea, nunca se borra, tal vez porque traza la primera línea del amor en una página que está en blanco.

Pero Alfredo necesitaba ese viaje, quizá el último que haga en su vida a Bilbao, antes de regresar a París, donde continuar su vida. Su pasado tiene muchos más interrogantes de los que él mismo pueda plantearse. Deberá ir recogiendo cada una de las respuestas en el aire, hilvanando recuerdos, entendiendo por qué determinados acontecimientos ocurrieron de una forma que él nunca pudo comprender, pero que ahora entenderá sin dificultad. Normalmente, casi todo tiene una explicación, el problema es que las explicaciones suelen estar demasiado ocultas.

Izarbe no ha muerto por muerte natural como él creía, tiene que entender por qué se ahogó en la ría de Bilbao, aquella misma ría por la que tantas veces pasearon su amor y sobre todo su inocencia cuando eran tan jóvenes. Ella guardaba muchos secretos, los antepasados guardan demasiados secretos con su indolente silencio per saecula saeculorum. Y Alfredo deberá descubrir esos secretos, responder sus propias preguntas y qué ocurrió realmente con la triste historia de Izarbe. Volver a Portugalete y enfrentarse a sus miedos y sus interrogantes más profundos:

Mientras las chispas reverberaban en sus pupilas, el profesor pensó que no existía nada como un reloj parado ante el mar o ante el fuego para encontrarse con uno mismo, quizá para recuperar los fragmentos de su alma desperdigados por aquella casa.


El fuego y el mar despreciaban el tiempo. Por ello eran capaces de detenerlo, de jugar con él, de confundir el presente con los recuerdos.

Hipnotizado por el embrujo de las llamas, no se percató de que su memoria regresaba con Izarbe.


Recuerdos repartidos por repisas y rincones que se podían ver, que se podían tocar. Sin embargo, lo que más le dolían eran esos otros que el polvo cubría, lo que el tiempo no ajaba.



UN LIBRO ABSOLUTAMENTE IMPRESCINDIBLE.

La historia de amor truncada entre Izarbe y Alfredo es una historia tan triste como preciosa y el verdadero hilo conductor de La ciudad de los ojos tristes. Pero no es sólo que este libro cuente con una historia maravillosa, sino que además, lo que más enamora de esta lectura es precisamente el estilo narrativo de su autor, Félix G. Modroño. He leído que ésta es su tercera novela, y solamente por ese estilo, tengo muchas ganas de leer sus otras dos obras, porque ha sido capaz de fascinarme.
Es fascinante el estilo narrativo, la trama, incluso los perfiles de cada uno de los personajes. Aunque Izarbe esté muerta, su recuerdo es lo que preside todo, lo que hace posible todo lo demás. Alfredo deberá sacudirse como pueda sus recuerdos, lamerse las heridas, asumir sus descubrimientos y al final, seguir adelante, porque el único camino posible es el presente.


Aquellas palabras indelebles, aquellas imágenes grabadas a fuego en su memoria que no lograba olvidar, que no quería olvidar, porque olvidar… es traicionar.
Me parece fascinante el personaje de Izarbe, casi como una diosa terrenal, magnánima, justa, cuya muerte debe de ser vengada. Pero también me gusta Alfredo, con muchas papeletas para ser un antihéroe pero con el que resulta sencillo empatizar. Pero incluso los personajes menores (Fernando, la ama de Alfredo, la madre de Izarbe) también están bien dibujados y encajan todos entre sí como en un puzle. Y los malos de la historia, sería inevitable que no los hubiese (el comisario Paredes, Javier, los que están detrás en lo oscuro) son doblemente fascinantes.

He disfrutado mucho con todos ellos, con los giros que da la novela y que en muchos momentos no te esperas, o más bien no te esperas que los derroteros que vaya a seguir hayan sido ésos y no otros. También he disfrutado evocando mis parcos recuerdos sobre Bilbao y mis más extensos recuerdos de París, la ciudad donde quizá el amor entre Alfredo e Izarbe fuese posible, aunque sólo fuese durante unos días.
Esta novela y su estilo narrativo son de ese tipo de obras que se te quedan grabadas a conciencia en tu memoria literaria. Una de esas historias que puede que se borre de tu memoria, pero no de tu recuerdo, que evocarás con cariño y que no te importaría en absoluto volver a leer dentro de algunos años. Pero lo que estoy segura de que nunca olvidarás es ese color gris, intenso y melancólico de los ojos de Izarbe, que aunque nunca los hayas visto, sin duda los has imaginado a través de las palabras de este libro de una manera tan real que su recuerdo te acompañará. Bilbao ya nunca podrá ser otra cosa que la ciudad de los ojos grises de Izarbe.

Todas las fuerzas de la naturaleza parecían haberse confabulado para teñir de gris el mar, para teñir de gris el viento. Alfredo elevó la mirada y sonrió, como agradeciendo el guiño. Ese gris no era otro que el de los ojos de Izarbe.


Nota: Aunte lenta, continúo con mi Reto de los 25 españoles. No sé si lo conseguiré (¿lenta pero segura?) pero de momento éste es mi libro 4/25 de este reto. Voy a tener que ponerme las pilas y/o dejar de leer libros extranjeros si quiero lograr este reto. 



9 comentarios:

  1. Una reseña preciosa para un libro buenísimo. Mi mejor lectura del año pasado.
    Besotes!!!

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  2. ¿Puedes creerte que lo sigo teniendo pendiente?

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  3. Tengo que leerlo pero ya, que todas las reseñas que he leído son de lo más entusiasta así que caerá. No sé cuándo, pero caerá.

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  4. Quien no lo haya leído, tiene que hacerlo. Es un libro maravilloso e imprescindible :)

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  5. He conocido tu blog por la iniciativa del san jordi de kayena y me quedo por aquí ^^

    Pues me leí este libro a finales del año pasado...y me encantó, es precioso.
    Un beso!

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  6. Me encantó este libro, para mí también es un imprescindible, de lo mejor que leí el año pasado
    besos

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  7. Me alegro de que disfrutaras con esta lectura, para mí también es un libro imprescindible. Besos.

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  8. Gracias por elegir mi novela para reseñarla en un día tan especial y, además, hacerlo de una manera tan cariñosa.
    Un afectuoso saludo.

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