MI QUERIDA ESPAÑA, ESTA ESPAÑA MÍA, ESTA ESPAÑA NUESTRA...


El miércoles pasado tuve la oportunidad de ir de nuevo al Teatro María Guerrero, a disfrutar, con precio de día del espectador (10 euretes) de su montaje Transición. En este caso, no íbamos a ver ninguna adaptación de un clásico (como sucedió por ejemplo en enero cuando fuimos a ver Yerma, de Federico García Lorca), ni tampoco ninguna adaptación teatral de una novela (este año hay un ciclo específico en la Sala de la Princesa del María Guerrero de obras que son adaptaciones teatrales de novelas, por ejemplo hemos ido a ver Atlas de geografía humana, de Almudena Grandes, o Rendición ). La obra era contemporánea y habla de un momento histórico y político muy importante en España: La Transición, a finales de los años 70, y específicamente gira en torno a una de las figuras fundamentales de la Transición: el Presidente Adolfo Suárez y su amistad con el Rey Juan Carlos I.

MI QUERIDA ESPAÑA: ESTA ESPAÑA MÍA, ESTA ESPAÑA NUESTRA…

Mi querida España,
esta España mía,

esta España nuestra.
De tu santa siesta
ahora te despiertan

versos de poetas.

¿Dónde están tus ojos?
¿Dónde están tus manos?
¿Dónde tu cabeza? 
Mi querida España,
esta España mía,

esta España nuestra.

Esta canción de la desparecida y tan recordada cantante Cecilia se erigirá en banda sonora del montaje teatral de Transición, aunque aviso que otras muchas canciones de la época, darán un repaso que nos llevará desde el Al vent de Raimon al Mediterráneo de Serrat, pasando por otros muchos temas inolvidables que pusieron la banda sonora a ese período convulso y apasionante que constituyó la Transición Política Española a la Democracia a finales de la década de los 70 del siglo pasado.

Aquella España que despertaba del letargo de una dictadura que tocaba a su fin. La misma España que acudió a la urnas de manera democrática por primera vez desde hacía mucho tiempo y que le devolvió el voto a las mujeres. La España que soñaba con Europa, que soñaba con despertar de la pesadilla, y que luchaba a brazo partido por la libertad. Una generación de personas que salieron a la calle, que elevaron sus gritos al cielo y que no dejaron de luchar durante muchos años.
Reviviendo esa transición política que yo no viví porque aún no había nacido, me da por pensar en el momento actual, que necesita una revolución social igual o quizá aún mayor que la que tuvimos hace casi cuarenta años. ¿Se nos ha olvidado a los españoles la capacidad de rebelarnos, de luchar, de sobrevivir?

Transición, en el Teatro María Guerrero, habla de sueños y de luchas, de una España que había que construir de nuevo. Y gira en torno a la figura política y personal de Adolfo Suárez, primer presidente de la Democracia, a quien España tanto debe y a quien España tanto ha olvidado.




ADOLFO SUÁREZ Y JUAN CARLOS I, ¿DOS HOMBRES Y UN DESTINO?

Adolfo Suárez fue Presidente del Gobierno Español entre el 3 de julio de 1976 y el 29 de enero de 1981, aunque aún era presidente en funciones (lo sería hasta el 26 de febrero de 1981) en el 23-F, el día del Golpe de Estado de Tejero en el Congreso. Adolfo Suárez fue uno de los pocos diputados que se mantuvo sentado en su escaño cuando comenzaron los tiros, en una imagen que pasaría a la Historia con mayúsculas.


Suárez recibió el encargo del Rey Juan Carlos de formar el segundo gobierno bajo el reinado del mismo (el primer presidente había sido Arias Navarro, pero en una continuación del régimen franquista). El Rey quería conseguir con ese segundo gobierno la ruptura y el total demantelamiento de las estructuras franquistas. Y lo logró, con alguien que para entonces era casi un desconocido para el pueblo español, pero que fue capaz de guiarlo hasta la Democracia. Suárez fue capaz de lograr un grupo de políticos de convicciones democráticas, acabando definitivamente con el régimen franquista, con la colaboración de fuerzas políticas de izquierdas como el PSOE e incluso el Partido Comunista, que él mismo legalizó. Además, consiguió convertirse en el primer Presidente electo de la Democracia española mediante su victoria en las elecciones generales del 15 de junio de 1977. Las Cortes salidas de aquellas elecciones se convirtieron en Cortes Constituyentes, al aprobar la actual Constitución Española el 6 de diciembre de 1978.

Adolfo Suárez volvió a ganar en marzo de 1979 las segundas elecciones generales. Sería su tercer mandato como Presidente del Gobierno, un mandato muy difícil, ya que en las elecciones municipales sería la izquierda quien ganaría por goleada. El PSOE terminó presentándole una moción de censura en el Congreso de los Diputados en 1980, que no prosperó pero sí que fue capaz de deteriorar la imagen del Presidente. La falta de apoyos, incluso en el seno de su propio partido, desembocó en su, inevitable, dimisión en enero de 1981.
Hay voces que dicen que dentro de las razones de su dimisión se encuentra la falta de apoyo del Rey Juan Carlos I en esta etapa, al que sin embargo se le presupusieron lazos de amistad con Suárez durante muchos años.
Desde hace 10 años, Adolfo Suárez vive retirado de la vida pública. Sufre un Alzheimer avanzado y al parecer no reconoce a nadie. Probablemente, sus últimas fotos son las que aparecieron en una visita que le hizo hace unos años el Rey Don Juan Carlos. Ambos aparecen, fotografiados de espalda, paseando por el jardín de su casa, mientras el Rey le pasa la mano cariñosamente por la espalda. Ese momento y esa imagen marcan el final en la ficción de Transición en el Teatro María Guerrero.


EL MONTAJE EN EL MARÍA GUERRERO.

Como os decía antes, se trata de un montaje diferente. No es un montaje musical, aunque sí hay escenas musicales; tampoco es un montaje al uso. Al inicio, asistiremos a la grabación de un programa en el plató de una televisión. Junto al entrevistador aparece una joven de treinta y pocos años, que vivió la Transición desde la cuna, y un hombre que vivió la Transición en primera persona: Adolfo Suárez.


Empezaremos un viaje vertiginoso que nos llevará casi esos años llenos de actividad en los que España fue capaz de llegar a la Democracia, todo con la figura de un Adolfo Suárez que, a día de hoy, aquejado de Alzheimer, apenas recuerda nada. Entre la nebulosa del pasado y el presente, de la realidad y la ensoñación, los actores sobre el escenario revivirán algunos de los momentos políticos e históricos más importantes de esa época, entonando algunas de las canciones del momento que más que canciones se convirtieron casi en himnos de libertad.
Sin duda un montaje atrevido, diferente y muy bien hecho en el que podremos disfrutar a fondo del espectáculo y rememorar ese tiempo pasado, pensando en si quizá hoy necesitaríamos una revolución parecida. Y con sus más y sus menos, con sus aciertos y sus errores, no creo que lo que tenemos hoy gobernando esté a la altura de los políticos de raza (Felipe González, Carrillo o el propio Adolfo Suárez) que tuvimos durante la Transición.
Me temo que llego tarde a hablar de esta obra, ya que su representación en el Teatro María Guerrero finalizó el domingo 7 de abril. Se representó en el María Guerrero, en la Sala Principal, desde el 8 de marzo hasta el 7 de abril. La obra duraba aproximadamente una hora y media larga y los precios de las entradas eran de 20 euros excepto los miércoles, a 10 euros.


LA EXPERIENCIA DE ITACA TEATRERA.

Me gusta el María Guerrero, es un teatro precioso, con una acústica excelente. Además, me encanta casi todo lo que hace el Centro Dramático Nacional y los montajes del María Guerrero casi nunca defraudan. Suelen ser montajes atrevidos, diferentes y éste sin duda lo ha sido.
Además, la época histórica de la Transición Política Española, a finales de los años setenta, siempre me ha resultado tremendamente interesante. Y creo que sé poco de muchos de sus protagonistas, entre ellos de Adolfo Suárez, a quien este montaje le hace un homenaje muy sui generis, mezclando lo que fue y lo que es, dejándolo en la nebulosa de los recuerdos perdidos, donde no sabe si soñó ser presidente o si lo fue en realidad.

Me gustó especialmente el final, el abrazo del Rey… ese mismo Rey que dicen que le dio la espalda. Habría tantas cosas, buenas y malas, que decir de ese Rey, de aquel joven príncipe que, en su momento, fue capaz de cambiar el triste destino de España.

Y sobre todo, esa reflexión final cuando sales del teatro… ¿no necesitamos ahora otra transición, otra lucha por la libertad y los derechos sociales?

Ahí queda el interrogante en el aire, cada uno que recapacite al respecto…

1 comentario:

  1. Muy buena tu reflexión final, y el interrogante. Yo creo que sí, que ahora es el momento de luchar, pero parece que nos hemos acostumbrado a lo malo, y estamos acomodados en nuestra casita, apechugando cada uno por lo nuestro, sin luchar por los derechos de todos (que al fin y al cabo, también son los nuestros).

    Un beso.

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