A CORAZÓN ABIERTO: ESCOGE EL CAMINO CORRECTO


Existen encrucijadas vitales… encrucijadas que no son fáciles de entender desde fuera y que, cuando pasas por ellas, ni siquiera puedes estar segura de estar haciendo lo mejor. Pero la vida no es ni más ni menos que eso, caminos que se bifurcan. Escoger uno es abandonar el otro y que la vida vaya en un sentido y no en el sentido que hubiese ido de haber escogido el otro camino. Lo mejor o lo peor (nunca se sabe) es que pocas veces llegas a saber qué habría pasado si hubieses tomado el otro camino en lugar del que finalmente escogiste.

Tengo 32 años (cumplo 33 en octubre), estoy casada, tengo una hija de poco más de un año y de momento (que tampoco nunca se sabe) puedo decir que tengo trabajo estable. Mi salario me permite llegar a fin de mes, pagar las facturas, pagar la guardería de mi hija, e incluso soy una privilegiada en el sentido de que con cierta frecuencia me da para ahorrar algo e incluso para darme algún pequeño capricho.

Si me preguntas si soy feliz, te diría que sí lo soy. Es algo de lo que estoy segura, aunque también creo que la felicidad, en un alto porcentaje, depende de lo que la trabajes, y a veces es difícil trabajarla y conseguirla. Parte de ella viene por el conocimiento de uno mismo, aceptarte como eres y ser capaz de vivir, en mayor o menor medida, la vida que quieres vivir, y sobre todo ser quien quieres ser.

En la vertiente personal, lograr ser quien quieres ser no es fácil, pero sí es posible. Sin embargo, en la vertiente profesional, cada vez lo es menos.

No sé por qué, pero hoy me he levantado con la necesidad de escribir este post, de plasmar sobre el papel (o más bien sobre el teclado del ordenador) todas estas cosas que me rondan la cabeza. Perdón por el atrevimiento, aunque no tienes ninguna obligación de leerlo si no quieres.

Desde que nació mi hija y me reincorporé al mercado laboral (cuando sólo tenía cuatro meses), trabajo 7 horas al día en lugar de 8, con la consiguiente reducción de salario. Pero eso no es lo importante, sino que lo es la reducción de tus expectativas laborales y sobre todo de tus sueños. En este mundo en el que cada vez importa menos lo que sienta el de al lado, a nivel de empresa es difícil entender lo que es la conciliación. Es difícil entender que alguien como yo, sin padres ni suegros, nadie que le eche una mano, ni tampoco una señora interna en casa, se le hace muy cuesta arriba el día a día. Suelo caer redonda en la cama cada noche, me quedo dormida sin quererlo, porque llevo desde las 7 de la mañana corriendo de aquí para allá. Ésa es mi vida, con todas sus dificultades y también con todas sus felicidades. Me levanto-llevo a la niña a la guardería-voy a trabajar-trabajo 7 horas sin parar-voy a casa a sacar el perro y no como la mitad de los días-recojo a la niña de la guardería-me la llevo a casa o al parque-estoy con ella toda la tarde- su padre llega y la bañamos+biberón+cama--- conclusión: Las 10 de la noche, ¿dónde se ha quedado mi vida? Llega el fin de semana y lo mismo pero en un Abierto 24 horas.

Todo esto me hace estar permanentemente cansada. Sigo saliendo una noche entre semana al teatro o a cenar con amigas. La mayoría de las veces estoy cansadísima y lo que preferiría sería dormir, pero necesito esas salidas, si no, me quedaría sin oxígeno vital. 

Pero cuando mi hija se pone mala (cosa normal en un bebé), no puedo coger vacaciones porque ese día tengo reunión, termino pagando más que lo que gano porque la hija de mi portero se quede con ella, y llevo la congoja en el alma todo el día, siento que el mundo se me viene encima. Mi marido trabaja todo el día y aparte de él, no tengo a nadie que me eche una mano. 

En conclusión, para una empresa (cualquier empresa del mundo a nivel estadístico), ya no soy un producto excelente, sino que soy una trabajadora con cargas personales, algo que no le gusta a ningún jefe. Todos los jefes quieren que des el 500% de ti misma, que no te importe salir dos horas tarde, que cuando haya que viajar, pues viajes, que cuando haya que estar tres días fuera de casa pues estés. Y que no haya ninguna carga familiar que pese más en tu conciencia que la siguiente reunión que tienes dentro de diez minutos con el siguiente proveedor o cliente.

¿Y tú cómo te sientes? Pues como un trapo tirado. Porque sabes que no vas a medrar profesionalmente, sabes que todos los años que has dado el todo por el todo son papel mojado, sabes que no se te presentarán oportunidades, e incluso que si se te presentan tendrás que decir que no. Porque la conciliación en este país es una quimera, y una mierda si se me permite la expresión. Y si quieres llegar a tener un puesto relevante, o bien no tienes familia, o bien haces lo que hacen otras, viajar, trabajar, dar la vida por su trabajo y tener alguien en casa que se ocupe de sus hijos, que con llevarlos en la pantalla del móvil o del ordenador, parece que ya los tienen lo suficientemente presentes y que ya han hecho por ellos todo lo que tienen que hacer como padres.

¿Dónde estoy yo? En un trabajo seguro, que no es poco. Desde mi mesa miro por la ventana y pienso en demasiadas cosas… Sé que de momento esto es lo que hay y que mis aspiraciones están aparcadas en un cajón. No puedo quejarme, con la crisis que hay podría ser peor, mucho peor. Pero sé que no habrá oportunidades para mí, que escogí un camino y no otro, que escogí tener unas convicciones personales y no otras. Y que muchas veces, para llegar a algunos lugares, es indispensable pisar callos y yo no estoy por la labor.

¿Me estoy equivocando? No lo sé. Creo que nadie podría saberlo. Pero soy muy consciente de ser quién soy. De qué quiero ser y sobre todo de qué no quiero ser. Profesionalmente podrán lastrar mis alas, los días podrán ser grises sin que el horizonte jamás se abra en arcoíris. Pero personalmente sé que no renunciaré a mis valores, a lo que pienso, a lo que soy y a lo que quiero ser.


Y cuando veo sonreír a mi hija cada tarde, cuando me abraza, cuando vemos juntos a Mickey Mouse en la tele, paseamos por el parque o veo en su mirada que puede disfrutar de la compañía de su madre, cada vez lo tengo más y más claro. Éste es el camino que quiero seguir, el que quiero vivir, el que quiero elegir. Sé que estoy pagando y pagaré un precio muy alto, que muchos no lo entenderán y que creerán que estoy tirando mi vida profesional a la basura. Pero mi hija no tiene la culpa. Ella se merece un mundo mejor, una infancia feliz y la presencia de su madre. No puedo dejarla sola y darme cuenta un día de que ya es mayor, no sólo ya no me necesitará sino que se dará cuenta de que para mí ella no fue lo importante. Y sí lo es. Lo es más que nada en el mundo.

Porque ella me necesita, pero yo también la necesito a ella.

Éste es el camino que he elegido. Ver crecer a mi hija y hacerla feliz. 

4 comentarios:

  1. Plas, plas, plas!
    Me ha encantado la entrada y coincido totalmente contigo, aunque no tenga hijos.
    Pero para mi poder estar con mi pareja y mis bichines es lo mejor del día y ningún trabajo por bueno que sea se le puede comparar...
    Y de hecho mi pareja está pasando por un mal momento laboral y yo he rechazado una oferta de lo mío (que era eventual) por seguir como dependienta pero fija para que no haya problemas de dinero en casa.
    Y con hijos más...que luego ese tiempo que pierdes no se recupera tan fácil.
    Y un halago más por tu último párrafo, me has mandado mucha energía positiva y la necesitaba.
    Un beso!

    ResponderEliminar
  2. Será cosa de la primavera, pero nunca te había visto tan ¡plof! Menos mal que los hijos (causantes de muchas de nuestras penas) son tmbién los que nos hacen tira pra adelante.
    ¡Ánimo! Por tí y por tu hija

    ResponderEliminar
  3. Si es que en este país la conciliación laboral es una quimera total, como bien dices. Y desde luego has optado por el mejor camino, que estos momentos que vives con tu hija, no se van a repetir. ¡Mucho ánimo!
    Besotes!!!

    ResponderEliminar

Este blog no es nada sin tus comentarios :)