LA ADAPTACIÓN DE JULIO CÉSAR DE SHAKESPEARE EN EL TEATRO BELLAS ARTES.

El Teatro Bellas Artes suele ser un teatro al que vamos con cierta asiduidad. Rara es la temporada en la que no acudimos al menos a un par de sus montajes teatrales. Además, con frecuencia suelen hacer descuentos interesantes que nos hacen más fácil tomar la decisión para ir a verlos. Antes de navidades sacaron precisamente uno de esos descuentos. En enero estrenarían la obra Julio César con un elenco de excepción y rebajaron mucho las entradas en el caso de que las compraras antes de Navidad. Por supuesto, decidí aprovechar la oferta y sacar las entradas entonces y la semana pasada, fuimos por fin a disfrutar de la obra.
 EL JULIO CÉSAR DE SHAKESPEARE. UN CLÁSICO QUE NUNCA PASA DE MODA.
William Shakespeare nos ha dejado obras imprescindibles: Romeo y Julieta, Hamlet, El rey Lear y Julio César entre otras. En sus tiempos (probablemente hace unos 15 años o más), me leí unas cuantas obras teatrales de Shakespeare. Pero con el paso del tiempo, ya no recuerdo casi nada de esas lecturas. Sin embargo, la historia de Julio César en la obra de Shakespeare la tenía muy reciente, ya que hace apenas un par de años (en diciembre del 2011, para ser más exactos), asistí a una representación teatral precisamente de esta obra en el Teatro Galileo, por lo que me acordaba bastante no sólo de la historia en sí, sino de los giros de la misma desde la perspectiva shakespeariana.
La historia de Julio César es vox populi, desde su pertenencia al triunvirato junto con Cayo y Pompeyo, su ascenso a un poder casi absoluto y el temor que llevó a algunos a hacer una conjura contra él para acabar con su vida, ya que creían que se autoproclamaría Emperador  y acabaría con la República romana. Entre los conjurados estaba su propio hijo  adoptivo, Brutus, aunque los motivos de Brutus para acabar con César eran mucho más loables que los del resto de los conjurados (si es que puede haber motivos loables de algún tipo para cometer un asesinato). Y la conjura consiguió su fin, Julio César cayó por el precio del poder, pero este hecho no pudo evitar que la República llegase a su fin y el heredero nombrado por César en su testamento, Octavio, fuese proclamado primer emperador de Roma: Octavio Augusto. Casualidad o no, los primeros cinco emperadores de Roma (Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón) pertenecían a la familia  de César, instaurando la dinastía Iulia-Claudia.
Aunque la obra de Shakespeare se titule Julio César, pues narra como hecho principal el asesinato de éste, César no es el protagonista de la historia, sino más bien el motivo de la misma. Los protagonistas son más bien los conjurados, ese grupo de hombres que atentó contra César y acabó con una leyenda, los motivos que les llevaron a ello y también Marco Antonio, amigo de César y quien desarrolla el gran monólogo de la obra.
La principal razón para acudir a ver esta obra fue precisamente el reclamo de Sergio Perís-Mencheta en el papel de Antonio. De hecho, si vemos el cartel de la obra, este actor aparece en la parte superior en el centro de los tres grandes actores de la obra: Mario Gas (en el papel de César), el propio Sergio Perís-Mencheta (en el papel de Antonio) y Tristán Ulloa (interpretando a Bruto). Esta disposición deja claro que probablemente el personaje con más peso, o al menos con un peso muy específico en su monólogo frente al pueblo de Roma frente al cadáver de su amigo César, es el de Antonio, interpretado magistralmente por Sergio Perís-Mencheta y que, para mí, es sin lugar a dudas lo mejor de la obra.
 Me ha pasado lo mismo dos veces. Esta obra es una obra clásica y sin embargo, en los dos montajes a los que he ido, la representan de una manera renovada, con una estética actual e incluso chocante.
EL MONTAJE DE JULIO CÉSAR EN EL TEATRO BELLAS ARTES: ELENCO.
En la historia de Julio César creo recordar que aparecía alguna mujer, en concreto Calpurnia (la última mujer de César) y Porcia (la mujer de Bruto). Sin embargo, en este montaje no aparece ninguna mujer, sino que son todos actores masculinos.
En concreto el elenco está presidido por tres grandes actores: Mario Gas en el papel de César, Sergio Perís-Mencheta como Antonio y Tristán Ulloa como Bruto. Como os decía antes, para mí, el mayor reclamo es ver a Sergio Perís-Mencheta sobre el escenario. Siempre me ha gustado mucho este actor y creo que, con el paso del tiempo, mejora. Perís-Mencheta no defrauda, su gran monólogo en los funerales de César es el punto álgido de la obra. Perís-Mecheta es un actor brillante, pero más aún en los papeles bélicos, de hombre fuerte. Me enamoró en su papel del Gran Capitán en la serie de televisión _Isabel_ y en el caso del papel de Antonio, vuelve a hacerlo. Su grito desgarrador tras haber dado la vuelta a la opinión del pueblo de Roma es alucinante. Un momento que merece la pena verlo.
Pero ver a Mario Gas sobre el escenario también tiene su importancia. Este hombre, gran director teatral, es difícil de ver sobre las tablas. De hecho, yo he podido ver varias obras dirigidas por él, pero ésta era la primera vez que lo veía sobre el escenario. En la anterior adaptación que vi de la obra de Shakespeare Julio César (hace dos años en el Teatro Galileo), me chirriaba la apariencia física del actor que interpretaba a César. Mario Gas encaja perfectamente en el papel de César, tanto físicamente como en su actuación, dotando al personaje de templaza, credibilidad y hondura moral.
Por su parte, Tristán Ulloa, con la cara de buena persona que siempre ha tenido, encaja perfectamente en el papel de Bruto. Es necesario recordar un punto importante de la historia de la muerte de Julio César, ya que Bruto, al contrario que el resto de los conspiradores, no mata a César por envidia ni por venganza. Lo hace por convencimiento de que la República realmente está en peligro y que Julio César, quizá sin quererlo, ha acumulado demasiado poder, por lo que para salvar la República (un fin mucho más elevado) es necesario sacrificar a César. Y en base a este convencimiento y a estas buenas intenciones, no duda en suicidarse cuando cree que ha llegado su momento y que el fin de salvar la República ya no está en sus manos, aunque él ha luchado con todo su valor por ello.
El resto del elenco, los conspiradores, está interpretado por los siguientes actores: José Luis Alcobendas en el papel de Casio, Agus Ruiz como Casca, Pau Cólera interpretando a Decio y Carlos Martos en el papel de Metelo.
Además, al final de la obra aparece Pedro Chamizo, que da vida a Octavio, el heredero de César por testamento, un joven que vengará la muerte de César y se convertirá en el primer emperador de Roma.
Poco más hay que decir del resto de las interpretaciones. El que más me sonaba era José Luis Alcobendas, que interpreta a Casio, el principal conspirador. A este actor lo he visto en teatro, concretamente en la obra Tócala otra vez, Sam.
ESTÉTICA Y MONTAJE NO CLÁSICO.
La estética de este montaje también resultan diferentes. El atrezzo consiste únicamente en 10 sillas negras junto a un obelisco con una gran base. Nada más, tampoco es necesario. Únicamente, en algún momento, saldrá una gran mesa que representará el despacho de Bruto y al final todo el atrezzo saldrá por los aires, en la gran guerra.
Los personajes van ataviados con ropas actuales, nada que ver con el estilo romano y con un punto demasiado macarra. Personalmente, es de las cosas que menos me han gustado de la obra.  Más aún si tenemos en cuenta que es un montaje del Festival Romano de Mérida y entiendo que lo hayan querido hacer como algo rompedor pero a mí no me gusta el resultado. El único que viste un poco más clásico es el personaje de César, ataviado con el manto rojo con el que se dice que murió.
REFLEXIÓN SOBRE EL PRECIO DEL PODER.
La historia de la muerte de Julio César es una historia real. Acaecida hace más de 2.000 años, sigue estando totalmente de actualidad. Detrás de su muerte existen razones de poder.
Poder: el que Julio César atesoró en vida.
Poder: el que ambicionaban los conjurados que atentaron contra él y consiguieron sus propósitos.
Poder: el que recogieron los defensores de Julio César tras la batalla frente a sus conjurados. Uno de ellos, el propio Octavio Augusto, que terminaría siendo Imperator, lo que César no pudo ser. A rey muerto…
Por poder se mata, por poder se muere. Por poder, cualquier cosa es posible, incluso las mayores atrocidades.
La mayoría de los conjurados conspiraron para matar a Julio César únicamente porque ambicionaban su poder. Aunque parece que no todos. Brutus, el hijo adoptivo de César, decide conspirar para matar a su padre adoptivo pero no por ambicionar su poder, sino por creer que realmente la figura de César ponía en peligro la República romana, que él siempre había defendido.
Esta obra invita a reflexionar sobre el poder y la ambición en este mundo en el que vivimos. Mucha gente es capaz de vender a su madre por poder, de pisar a sus compañeros por un aumento, de no tener vida personal simplemente por medrar profesionalmente, cueste lo que cueste. Creo que la vida es más que eso y que los que no son capaces de verlo son unos desgraciados, por mucho poder y dinero que posean. Pero lo dicho, el precio del poder ya era así hace dos mil años y hoy, parece que la humanidad no ha evolucionado en absoluto, seguimos igual… o peor.
 DATOS PRÁCTICOS. 
Si tenéis interés en ver esta obra, aún estáis a tiempo. Las representaciones en el Teatro Bellas Artes continuarán hasta el día 2 de marzo, por lo que tenéis unas cuantas semanas para verla. El precio oficial de las entradas oscila entre los 18 y los 26 euros, aunque podéis encontrar descuentos interesantes en páginas de descuento tipo Atrápalo, Letsbonus etc.
LA EXPERIENCIA DE ITACA.
No me ha gustado esta representación. De hecho, no iría a verla si hubiese sabido antes cómo era. Supongo que influirá el hecho de que tenía bastante reciente la historia, ya que la había visto hace escasos dos años. Y sí, teniendo en cuenta que conseguimos entradas a buen precio, era fácil picar. Máxime si tenemos en cuenta que quería ver a Sergio Perís-Mencheta sobre el escenario y además Mario Gas sobre las tablas también era un buen reclamo.
Lo mejor de la obra es, con diferencia, la interpretación de Antonio por parte de Perís-Mencheta. De hecho, creo que lo único que realmente mereció la pena fue su monólogo y su grito desgarrador en el funeral de César. Lo siento mucho, pero prescindo de todo lo demás y me quedo con esto.
No me gustó la estética, tampoco me dijo nada especialmente la actuación de la mayoría de los personajes, especialmente los conspiradores, que pasan más bien sin pena ni gloria. Me pareció muy lenta en determinados momentos y demasiado agresiva, con sillas volando por los aires y momentos que tranquilamente se los podían haber ahorrado.
Menos mal que no la he visto en el teatro romano de Mérida. Tengo un recuerdo precioso de Héctor Alterio interpretando allí el Yo, Claudio y esta obra me hubiese destrozado los buenos recuerdos.
No la recomiendo.

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