VIERNES VITALES 9: PORQUE VERSUS PARA

Como ya os he contado, estoy inmersa en un proceso de coaching. Me está viniendo fenomenal porque estos procesos están orientados a reorganizar tu mundo y tu visión y sobre todo a tomar decisiones de una manera rápida. Resulta casi increíble porque sesión a sesión vas abriendo los ojos, tomando decisiones y desbloqueando situaciones. Eso sí, también es un proceso duro y doloroso, porque remover los focos de dolor y las infecciones internas cuesta mucho.

Pero hoy, en este viernes vital, quiero compartir con vosotros uno de mis primeros aprendizajes en el mundo del coaching, la diferencia entre el “porque” y el “para”.

La realidad a menudo no cambia, pero la forma en que tengamos de verla y de afrontarla la puede hacer más fácil, más llevadera y mejor o convertirla prácticamente en un infierno. Y la actitud ante la realidad, a menudo pasa por el lenguaje. La forma en que nos expresamos, las palabras que utilizamos, pueden hacernos ver y expresar que el vaso está medio lleno o que el vaso está medio vacío. El impacto emocional, si nos decantamos por el primero o por el segundo, es muy diferente.

Lo del vaso medio lleno versus el vaso medio vacío lo sabía desde hace tiempo, al fin y al cabo es vox poopuli, pero lo que desconocía es la diferencia entre el porque y el para.

El porque conlleva autojustificación y nos sitúa en un plano negativo. Cuando utilizo “porque” quiero justificarme, explicar las razones, en el fondo hacer que mi interlocutor entienda mi perspectiva y no me condene. A menudo (aunque no siempre), cuando utilizamos porque estamos poniéndonos a la defensiva desde el momento inicial, queriéndonos justificar por adelantado. Y muchas de las razones a las que aludimos con el porque suelen ser negativas.

Sigo en el mismo trabajo porque la situación económica del país es difícil, porque hay mucho paro, porque necesito llegar a final de mes, porque tengo una hija, porque tengo una casa que pagar, porque dónde voy a ir con la que está cayendo.

La perspectiva es mayoritariamente negativa. Me justifico en que los condicionantes externos me impiden ser valiente y buscar algo que me haga más feliz. Realmente, estoy dejando que el miedo me paralice.

Obviamente, si estoy en el trabajo de mi vida, me encanta lo que hago y todo es maravilloso (a algunos creo que les pasa), puedo aludir justificaciones positivas: Sigo en el mismo trabajo porque me encanta lo que hago, porque es mi vocación, porque soy feliz. Pero, desgraciadamente, las situaciones idílicas, ocurren pocas veces y tienen la fea costumbre de durar poco.

Sin embargo, por difícil o dura que sea la situación que vivamos (tanto a nivel profesional, como personal), siempre habrá algo positivo. Utilizar el para en lugar del porque, nos permite afianzarnos en esas cosas positivas y darles valor.

Sigo en el mismo trabajo para aprender, para salir a las 3 y pasar las tardes con mi hija, para demostrarme que puedo desarrollarme en este puesto, para pagar mi casa, para llegar a fin de mes.

Pongamos el ejemplo de llegar a fin de mes, que es un razonamiento muy neutro porque, en menor o mayor medida, todos tenemos facturas que pagar y todos debemos llegar a final de mes.

Si utilizo el porque y digo:  Sigo en el mismo trabajo porque tengo que llegar a final de mes,
¿qué os provoca esta frase?

Si utilizo en cambio el para y digo: Sigo en el mismo trabajo para llegar a final de mes,
¿qué sentís?

La primera es justificación y en cierto modo tristeza o frustración. Lo tengo que hacer, si no lo tuviese que hacer quizá podría pensar en buscar otros caminos, en probar suerte, en intentar hacer algo que me hiciese más feliz. Pero no lo hago porque el peso de llegar a final de mes puede más que mis sueños.

La segunda frase encierra una finalidad y en cierto modo una esperanza. Lo hago para llegar a final de mes, pero si lo pienso, quizá pueda llegar a final de mes de otro modo, o ir buscando nuevos caminos y, mientras no los encuentro, seguir en el que estoy, pero sin mirar mi perspectiva, mi horizonte.

La realidad, llegar a final de mes, es la misma. Pero mi actitud no. Y esa actitud puede hacer que mi realidad sea fea y gris o que vaya teniendo colores.

¿Con qué colores quieres pintar tu vida?

¿Quizá con los azules de un horizonte hermoso?


¡Lucha por ello!

1 comentario:

  1. Me encanta tu reflexión, y me alegra que compartas con nosotros lo que vas aprendiendo a través de esa experiencia. Un beso y a disfrutar del domingo PARA llegar al lunes con las pilas puestas.

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