REINVENTARSE O MORIR (REFLEXIÓN VITAL, AUNQUE HOY NO SEA VIERNES).

Últimamente no paso por aquí tanto como me gustaría, pero no quiero dejar de lado este particular cuaderno de bitácora y sobre todo utilizarlo como lugar de reflexión sobre las cosas que me ocurren o que se me ocurren.

Empecé el 2015 superando una adicción: el Candy Crush. Un cambio de móvil, que me hizo aterrizar de nuevo en el primer nivel del juego (después de haber superado el 400) fue la oportunidad perfecta para borrarlo. Y con ello, conseguí “ahorrarme” un montón de tiempo que antes perdía de manera diaria en intentar superar niveles. Curiosamente, dejé el Candy Crush como quien tira un envase vacío a la papelera, a los tres días ni me acordaba de él y nunca lo eché de menos.

Pero el hueco dejado por la adicción (perdida) del Candy Crush dio margen a la adquisición de una nueva adición. Sí, los humanos somos así de gilipollas, yo la primera. En este caso, se trata de Wallapop, una app en la que vender y comprar cosas de segunda mano y que me tiene enganchada. Llevo utilizándola unas cuatro o cinco semanas y en este espacio de
tiempo he vendido 14 cosas diferentes y ya he comprado dos cosas nuevas.

Hablar de Wallapop me podría llevar horas, contando las ventajas y desventajas de esta aplicación que, aunque mejorable, a mí me parece que resulta francamente útil y que viene a llenar una necesidad de los usuarios. Tenemos nuestras casas llenas de cosas, algunas de ellas nunca han sido usadas. Y lo que no nos sirve a nosotros, probablemente le sirva a otros y viceversa. Creo que con la crisis estamos empezando a superar los complejos de hidalgo español que no tiene dos duros en el bolsillo pero se las da de terrateniente. El comercio de segunda mano cada vez está más en alza y Wallapop es una oportunidad para adquirir productos que nos interesen a muy buen precio y a su vez monetizar las cosas que tenemos por casa y a las que no les damos ningún uso. Tienen valor, nos da pena tirarlas y así, aunque poquito a poquito, podremos sacar un dinero por ellas.

Pero esta reflexión no va exactamente de Wallapop, aunque sí viene por un momento vivido gracias a esta aplicación. Mi segunda compra fue una americana de H&M prácticamente nueva y que adquirí a un precio de risa. Quedé con la persona que la vendía para recogerla en mano y me encontré con un perfil que, a priori, quizá no nos encajase en el tipo de usuario que vende cosas por internet. Se trataba de una señora súper elegante y bien vestida, que residía en uno de los mejores barrios de Madrid, había traspasado recientemente la barrera de los sesenta (según ella misma me contó), acababa de tener a su primer nieto y llevaba en el paro un par de años. Un perfil de los que la crisis ha hecho aflorar.

Pues bien, aquella señora, por cierto encantadora, me contó que aún no se podía jubilar, que ya no recibía el paro y que además seguía cotizando una alta cantidad de dinero al mes, de cara a su jubilación. Y que desde que se había quedado en el paro, se había puesto a vender todo lo vendible por internet. Había utilizado páginas como segundamano, milanuncios, o incluso páginas especializadas en antigüedades. Ahora, también utilizaba Wallapop, y precisamente por este medio la conocí yo. Consultando su perfil, efectivamente vende de todo. Vende mucha ropa buena, de calidad y en perfectas condiciones (entre otras cosas porque, según me contó, ha engordado unos kilos), cosas de casa, accesorios e incluso un montón de juguetes de un sobrino suyo que se fue de España y que le dejó a su tía, la que lo vende todo por internet, el arsenal de su infancia, para que pueda monetizarlo. Y ella lo hace, vaya si lo hace. Vende, es encantadora, envía cosas fuera de Madrid…


¿Y dónde está mi reflexión? Pues aquí, ahora voy. Como quizá os haya pasado a vosotros si habéis leído hasta aquí, me sorprendió. Esa señora, salvando las distancias, podría ser mi madre, de hecho podría parecerse mucho a mi madre. Y yo a mi madre no la veo. Pero ya no a ella sino a la mayoría de las madres de ese tipo. Sin embargo, ¿por qué no?, ¿por qué tener la casa llena de cosas que no utilizamos y no intentar sacar un dinero por ellas? Su truco, vender barato pero entregar en mano al lado de su casa, cero costes de desplazamiento. Y si quieres que te lo envíe, los costes los asume el comprador. Lleva años haciéndolo, ha vendido centenares de cosas (es increíble todo lo que puede llegar a venderse por internet) y sigue haciéndolo. Obviamente, no va a hacerse rica con ello, pero liberará su espacio, sacará dinero (que no le dará para vivir pero que es un dinero que realmente no tenía como tal y que le servirá para sobrellevar otros gastos) y sobre todo, se ha adaptado al nuevo mundo y a su nueva situación, echando mano del ingenio y utilizando todas las armas y habilidades posibles, entre otras los maravillosos mundos de internet. Chapó por ella.

Los seres humanos, por mera naturaleza, no somos afines a los cambios, no nos gustan y solemos resistirnos a ellos, pero muchas veces resultan inevitables, nos pongamos como nos pongamos. Sin embargo, la vida sigue y hay que continuar haciendo camino y seguir adelante. El ejemplo de esta persona me pareció maravilloso, esperanzador y de una persona que lucha y sigue adelante. Ojalá venda muchas cosas más, se lo merece ya sólo por el hecho de echarle tanta pasión y tantas ganas. De hecho, creo que tiene muchas más cosas de mi talla y hemos quedado en que después de Semana Santa hablaremos para que me enseñe más cosas que me puedan interesar. Yo mientras, intentaré seguir vendiendo cosas que no utilizo pero que creo que pueden servirle a muchas personas, algunas totalmente nuevas y sin estrenar. E intentaré sacar un dinerillo extra, que nunca viene mal. Con mis trece primeras ventas conseguí hacer una hucha que me permitió tener un dinerillo extra para unas pequeñas vacaciones que mi familia y yo nos tomamos aprovechando el puente del 19 de marzo en Madrid. Quizá no fuese demasiado dinero, pero fue un dinero extraordinario. Y además, en el camino, entregando algunas de las cosas que he vendido he conocido a gente estupenda.


Ya lo dice el dicho reinventarse o morir. 

5 comentarios:

  1. Pues no, tampoco veo a mi madre haciendo estas cosas... Si aún está luchando para entenderse con el móvil... Pero sí, reinventarse o morir. Y voy a curiosear esa aplicación, que no la conocía. A ver si vendo algo.
    Besotes!!!

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  2. Pues no, tampoco veo a mi madre haciendo estas cosas... Si aún está luchando para entenderse con el móvil... Pero sí, reinventarse o morir. Y voy a curiosear esa aplicación, que no la conocía. A ver si vendo algo.
    Besotes!!!

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  3. Tienes toda la razón, olé por ella y por todos los que se reinventan. Yo lo hice conmigo misma hace diez años y nunca me alegraré lo bastante.
    Un beso
    PD: cómo mola este recaptcha que solo hay que hacer clic :D

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  4. Conocía esta aplicación, aunque aún no me la he bajado... ya me has picado el gusanillo!
    Genial el ejemplo de esta mujer, y algo a aplicar en cada uno de nosotros, porque todos tenemos cosas que nos quitan tiempo y espacio y con las que no sabemos bien qué hacer. Ya te contaré cómo me va a mí... aunque me da miedo, porque también me costó desengancharme al Candy, jajaja!!
    Besotes!

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  5. Curioso lo del enganche al juego, yo no tengo ni un solo juego en el móvil, y nunca he jugado al Candy Crash, pero en general a mi no me gustan esos juegos, soy más de juegos de mesa de toda la vida. En cuanto a vender cosas, yo llevo años haciéndolo por internet vía ebay. Cada vez que hago limpieza o pongo orden en los armarios clasifico las cosas, unas las regalo, otras las llevo a "Entre todos", la última vez a Cruz Roja y otras las vendo por ebay y me saco un dinerillo que suelo reinvertir en algún caprichito. Aquí en la Costa del Sol son muy habituales los mercadillos de ese tipo (hay mucho extranjero)y en ellos sí que veo a muchas señora con ese perfil que comentas. Tengo unas amigas que se reunen en Sevilla y hacen el mercadillo de los chochos, aunque el nombre es un poco ordinario, la idea es muy buena, se reunen en casa de alguna a tomar café y merendar e intercambian prendas y complementos que ya no usan. Besos y feliz semana.

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