EL CAMINO Y LO QUE PIERDES EN ÉL (REFLEXIÓN VITAL, AUNQUE NO SEA VIERNES).

Esta mañana he tenido un punto nostálgico. Y como me ha hecho pensar, me apetece desarrollarlo en forma de post, a ver si alguien lo lee y me cuenta qué le parece (necesito feedback, aunque sea a nivel emocional).

El sábado pasado se casó una amiga a quien perdí la pista hace años. En su día fue una gran amiga y muy querida, pero el tiempo supongo que separa a las personas o que simplemente nosotros nos dejamos separar sin poner mucho de nuestra parte. El caso es que yo me casé hace algo más de cinco años, por supuesto la invité a mi boda, por supuesto vino (y se hizo unos cuantos cientos de kilómetros para ello) y fue a la persona a la que le entregué mi ramo de novia.

Pues bien, se casó y yo no asistí a su boda, ni me invitó, ni siquiera hablamos en los últimos años… Y me preguntó por qué dejamos de tener contacto y no creáis que encuentro mucha explicación para ello. Supongo que el tiempo, supongo que la distancia… El caso es que un par de años después de mi boda ya habíamos dejado de tener mucho contacto. Ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que hablamos. Y cuando lo hiciésemos, seguro que fue por redes sociales, o por whatsapp o cualquier otro tipo de mensaje a distancia que deshumaniza todo.

Entiendo que no me haya invitado, sé lo que es una boda y tener que “recortar” la lista de invitados. Tampoco sé si de haberme invitado habría ido, porque como os digo, la relación a día de hoy es inexistente. Pero lo cierto es que da pena, mucha pena… Piensas en los buenos tiempos, en aquellos momentos en los que fuimos grandes amigas y no entiendes por qué nos hemos dejado vencer por el tiempo y la distancia, porque sin duda lo hemos hecho, las dos.

Y no es culpa de nadie, o quizá sí. Pero en la vida, debemos aprender de nuestros errores y también debemos aprender a dejar ir… tanto a las cosas como a las personas. Yo me alegro mucho porque mi amiga haya disfrutado de su gran día y me da penilla no haber estado allí, pero lo entiendo y lo asumo. Con el paso de los años, como nos ha ocurrido a todos, yo también he perdido amigos, me he desligado de ciertas personas, a veces queriendo y otras, como ésta, sin querer ni sin ser consciente de las brechas… Pero la vida es eso, personas que van y vienen y que en determinados momentos compartieron parte del camino.



No debemos castigarnos por ello, ni tampoco estar tristes. La vida es el propio camino y encontrar siempre la mejor sonrisa para seguir adelante. 

UN AÑO DESPUÉS DEL COACHING

Hace demasiadas semanas que no escribo, y lo cierto es que podría poner un listado de razones para ello. Razones que sin duda son reales, pero que al final no son más que excusas. ¿Por qué? Porque simplemente no me pongo a escribir. Sí, en parte es por falta de tiempo, pero sin duda también es por falta de ganas, o de simplemente ponerme a ello. Y la verdad es que me acabo de decir a mí misma que ya basta y que, aunque no me lea nadie (los supuestos lectores de este blog se habrán aburrido de no tener noticias mías desde el principio de los tiempos...), me encanta escribir porque me sirve de terapia, me ayuda a recapacitar, a meditar, a intentar ir hacia algún sitio y/o encontrar mi camino. Sí, al final, todos los blogs son egoblogs, aunque queramos ponerles otras etiquetas. 

Hace unos días recibí un whatsapp de mi coach. Os diré que me frustró bastante, ya que desde que acabé mis sesiones con él hace casi un año no había vuelto a saber de él. Cuando me preguntó qué tal me iba me hizo mucha ilusión, pero cuando realmente me expuso que lo que quería era captarme como cliente para un nuevo proyecto,  me desilusioné. Entiendo que tiene un negocio, pero yo con esa persona traspasé tantas barreras, me hizo crecer tanto como persona... que el valor sentimental supera al económico, y sentirme como una billetera no me hizo ninguna gracia. Es una chorrada, pero tengo que decirlo. 

El caso es que he estado pensando en cómo he cambiado yo y cómo ha cambiado mi vida. La verdad es que, si lo pienso, mi vida no ha cambiado gran cosa, lo que sí ha cambiado es mi percepción. Creo que en eso precisamente consiste la magia del coaching, en encontrarte a ti mismo, en recapacitar quién eres, qué estás haciendo, qué quieres hacer y a dónde quieres llegar. Y que el coach te ayude a desarrollar herramientas o habilidades para conseguirlo, para ver qué quieres hacer, para conocerte mejor a ti mismo. 

No a todo el mundo le funciona el coaching, en la vida además las cosas no suelen ser fuegos artificiales preciosos ni nadie te soluciona la vida, pero después de un proceso de coaching (duro y doloroso sin duda, pero también reconfortante) sales siendo una nueva persona, si te ha funcionado. 


¿Qué pasa un año después? Que a mí, al menos personalmente, me toca tiempo de reflexión y sobre todo de redirección. Creo que he crecido mucho a nivel personal, que he logrado reobjetivar mis metas, volver a ser luchadora y vital, pero también muchas cosas siguen siendo iguales y no siempre tengo mi mejor sonrisa a mano. Entre otras cosas porque no me creo que el mundo sea de color de rosa y sigo teniendo la mala costumbre de ver las cosas con realidad y no hacerme la gilipollas. Es una mala costumbre, lo sé, sobre todo porque no les suele gustar a aquellos que en realidad quieren que nos hagamos los gilipollas. 

Y ese tipo de gente, sigue en su línea. Lo que cambia es lo fuerte que tú te encuentres para que sus cosas no te afecten. Ellos no van a cambiar, suelen estar arriba en la pirámide jerárquica y consideran que tienen derechos por ser quienes son, mientras que tú sólo tienes obligaciones, por ser quien eres. De lo único que se olvidan es que la vida es otra cosa, la verdadera vida suele pasar mucho más fuera de la oficina que dentro. Mi vida son las tardes con mi hija, tener el placer de ir a buscarla al cole y subirnos en el teleférico a las 5 de la tarde, contar historias, comernos a besos y abrazos (ésos que cuando crezca probablemente ya no quiera)... Pero es que además me permite tener tiempo para mí algunas veces, poder ir al cine o al teatro, cenar con amigas y reírme. 

Además, aún a día de hoy (que nunca se sabe cuándo se acaban estas cosas), me gusta mi trabajo, disfruto pensando en los contenidos de los que puedo hablar en el trabajo, preparando eventos, conociendo gente... Y me siento una afortunada por haber encontrado mi verdadera vocación. Obviamente, no todos los días son maravillosos, pero lo importante es disfrutar del camino. Y lo que digan otros, creedme, no tiene más importancia que lo que tú quieras darle  :)