RECAP PREVACACIONAL: LO QUE NOS HA DEPARADO EL 2015 (HASTA AHORA)

Hoy es 31 de julio, una fecha en el calendario que bien nos sirve para hacer recapitulación de lo que llevamos de año. 2015 está siendo un año intenso, a veces demasiado duro, un año de crecimiento y también un año que me está dejando bastante cansada. Pero en este punto creo que necesito echar la vista atrás (no tanto adelante, me dan vértigo muchas cosas) y asentar emocionalmente algunas de las cosas que nos han pasado. 

Enero comenzó siendo un mes frío aunque un mes de ilusiones. Los Reyes Magos se convierten de nuevo en algo extraordinario con la ilusión de una niña como Henar y aquellos días fueron intensamente bellos. En seguida llegó la rutina del invierno de Madrid y en ésas estábamos cuando mi abuela materna nos dejó inesperadamente, sin darnos siquiera tiempo a despedirnos. Es cierto que había estado con ella unas semanas antes, pero me queda la carga emocional de no identificar aquella última vez, de las cosas que no dije... Seis meses después creo que el hueco sigue y seguirá pero que la herida está bastante cerrada

No fue la única pérdida (como os decía, 2015 está siendo un año duro), ya que a finales de mayo falleció mi abuelo paterno. He tenido la inmensa suerte de tener tres de los cuatro abuelos hasta mis 34 abriles, y en 4 meses dos de ellos se fueron. Mi abuelo quería irse y se fue como siempre ha vivido, con carácter y mucho humor. Las últimas semanas estuvo muy malo pero vivió una vida larga e intensa, 91 años con una gran calidad de vida y se fue con alegría. Era primavera, una época con esperanza; a veces pienso que tu forma de vivir se traslada incluso a la fecha en la que te mueres y mis dos abuelos se han ido en épocas muy diferentes a nivel de naturaleza y lo han hecho también de manera diferente. 



El invierno frío pasó.... Hubo buenos momentos, tardes con Henar, noches de teatro, charlas con amigas, paseos por el parque, buena sintonía familiar, buena relación de pareja, cosas que pensé y no llegué a escribir... y mucho trabajo, demasiado. Llegó la primavera, un viaje por el norte, unos días en Semana Santa en Sevilla después de cuatro años de ausencia, el reencuentro con grandes amigos, y los días que iban pasando en el calendario. Más teatro, cada vez más teatro, y la sensación de estar bien, de que a pesar de las cosas malas todo lo que necesito para ser feliz lo tengo al alcance de los dedos, a mi alrededor. 

Y llegó el verano... Unos días en Santoña a finales de junio que personalmente me dieron la vida entera, unas vacaciones familiares de playa, de buenos desayunos, paseos frente al mar, perro, niña, marido, padre, arena, sal, escapada a Donosti... No necesito más. Me sirvió para recargar las pilas y sin ese viaje probablemente no hubiese aguantado la tremenda primavera y parte de verano que he tenido a nivel laboral: estrés, no llegar, estar continuamente cansada, tener la espalda contracturada permanentemente... Con mi jefa de vuelta en la oficina tras su baja confío en que las cosas cambien. 

Y el mes de julio, para mí uno de los meses más duros del año, aquél en el que tachas en el calendario los días y parece que no pasan, que el día en que te vas de vacaciones al mundo de la fantasía nunca llega. Un julio de calor intenso, como si estuviésemos en medio del desierto, de rodajes interminables, de cierre de etapas en el que Henar dejó la guardería (veremos que nos depara septiembre y el cole de mayores), en el que no he leído nada, pero he disfrutado del teatro, de las buenas compañías y de las tardes y las noches de Madrid (y dos semanas de Rodríguez impagables). 

Ése es mi 2015, al menos hasta hoy. En la maleta he metido una libreta, con el ánimo de hacer recapitulación y plantearme el futuro cuando lleguen los días de asueto. Veremos si lo hago, no quiero prometer cosas que luego nunca me pongo. 

Estoy agradecida a la vida por tantos buenos momentos. 

Gracias a mi hija Henar, que llena mi vida (también de una manera muy intensa), a mi marido Eulogio por soportarme y quererme sin fisuras y darme la libertad sin la que sabe que si no me ahogaría; a Athos, mi saco de pelos y amor que me regala momentos únicos. 


A mis amigos, a los grandes y a los pequeños, me siento tan afortunada... a Virginia, mi cómplice teatral y de la vida; a Beti y los ratos Madrileando y compartiendo esa amistad que nos une de cuando éramos unas guajas en el cole en el lluvioso Oviedo; a Molli por hacer de madre, de amiga y de pilar; a Elvi y sus conversaciones hasta las mil y una, aunque al día siguiente haya que madrugar; a mi puercoespín sevillano, que llena de sal mis días laborales; a Luciana, por poner algo de orden en esta vida tan desesperada que a veces llevamos; a Antonio, al que veo menos de lo que quisiera pero que siempre está ahí; a mi Sergio, que es pura energía y arte; a Patri y Carlos, a los que también veo menos de lo que me gustaría pero que me hacen tanta falta; a Carmen, Silvia, a Ángel L y sus benditas locuras... a mi Pilar y a mi Elena, que hacen que el trabajo salga y no nos peguemos un tiro algunas veces, además de ser a día de hoy dos amigas estupendas. 

Gracias a esos lugares con los que he compartido un trocito de vida en estos meses. A mi Madrid, que nunca me falte; a mi Sevilla añorada que he podido pasear con intensidad; los días lluviosos de Oviedo, los días tranquilos de Santoña, los paseos por los adoquines de Segovia, Barcelona intensa en un viaje relámpago, incluso el Londres al que iba a ir y no fui. 



En estos meses he visto obras de teatro que me han hecho emocionarme: El pianista del océano, Enrique VIII y la cisma de Inglaterra, Katie y el hipopótamo, No somos nadie, El Diario de Adán y Eva, Ayuda... Gracias al Teatro Lara, a la Abadía, al Galileo... los grandes actores y actrices que me han hecho emocionarme, especialmente tres que me han hecho incluso llorar: Miguel Rellán, Perís Mencheta y Ernesto Arias, por tres tardes maravillosas. 

He leído poco, he soñado mucho, he dormido poco, he trabajado demasiado, me he reído, he llorado y he seguido adelante, que no es poco. 

Y ahora, toca descansar, o al menos pararnos por unos días, bajarnos del tren, mirar de frente al azul del Cantábrico y dejar que la brisa nos mime y nos dé fuerzas para volver. 




MIS 10 MOMENTOS DE JULIO

Confieso que últimamente tengo poca inspiración, pero aunque creo que las musas tienen mucho que ver en ello (y las mías, como las de Serrat, creo que hace mucho tiempo que se han ido de vacaciones), también pienso que el movimiento se demuestra andando. Y que, por ello, si quieres escribir tienes que ponerte a ello, veremos si entonces la inspiración viene o no. Pero que si no lo haces, seguro que cuando pase cerca tú estarás a otras cosas y pasará de largo. 

Así que aquí me veis, practicando in situ mi búsqueda de inspiración e intentando que a este blog no le coman las telas de araña. No hace falta que os reconozca el estado en que se encuentra y es que, además del aplatanamiento que gasto últimamente, nunca me ha gustado limpiar los regalos de los arácnidos. Por ello, se van a quedar por ahí, pero yo, al menos hoy, tengo el firme propósito de escribir. 

¿Y escribir sobre qué? Sobre cosas bonitas, de qué si no... El mes de julio es un mes que nunca me ha gustado. Suele hacer demasiado calor, solemos estar demasiado quemados por todo lo que llevamos ya de año, necesitamos un descanso y nos afanamos en tachar días del calendario esperando las anheladas vacaciones (yo no tacho días en ninguna otra época de año, pero en julio me temo que sí). Pero julio también es un mes estupendo en el que una servidora ha vivido ratos maravillosos. Y para que no se me olviden, os cuento mis 10 pequeñas grandes cosas de este mes de julio. Igual hasta abre una sección en el blog, quién sabe... (no prometo nada). 

1. Rozar el césped mojado con los dedos de los pies cada mañana al sacar a Athos. Adoro las sandalias y el verano. 

2. Reírme a carcajadas con los Minions en una estupenda tarde de cine y confidencias con mi hija

3. Pasear Madrid con dos grandes amigas en dos ratitos diferentes (quizá debieran tener dos momentos diferentes, pero los uno porque quiero, que al fin y al cabo yo pongo las reglas) y embelesarnos con sus atardeceres amarillos

4. Dormir con manta en Oviedo (algo que se agradece mucho tras el calor de este mes en los Madriles). 

5. Enamorarme de nuevo del teatro, como cada vez. Destacaría Ayuda en mi querido fetiche Teatro Lara y con un actor como Ernesto Arias, que siempre me deja sin palabras con sus interpretaciones y a veces también sin respiración (y además es paisano, no se puede pedir más). 

6. Una interminable jornada de rodaje de spots con una bellísima persona y gran profesional como es Carles Lázaro. No sé si ésta será la última vez que trabajemos juntos pero la he disfrutado intensamente. 

7. Vespear por Madrid. Me encanta esta ciudad y me gusta muchísimo andar en mi vespa fucsia por ella, pero en las tardes de calor de verano aún mucho más. 

8. Madrugar (sí, a algun@ le dará por mirarme la fiebre) y vivir intensamente mis días de Rodríguez

9. Tirar media casa y poner en orden provisional y efímero mis siempre desordenados cajones (hay cosas que no cambian). 

10. La ilusión de mi hija con su nueva cocina, nos ha nacido una chefa fusión, como dice el Abu. No os riáis, que algún día igual nos saca de pobres.... 

Porque hay que vivir cada día intensamente y agradecerle a la vida esas cosas maravillosas que nos pasan... 


EL ÚLTIMO DÍA DE GUARDE: EL FIN DE UNA ETAPA

El otro día leí sobre la importancia de dejar reflejados por escrito nuestros sentimientos en momentos o pequeños hitos de la vida. Muchas veces no lo hacemos y tiempo después se difuminan en nuestra memoria. Una pena, porque de hacerlo podremos releerlos y de algún modo revivirlos. Tengo muy abandonado este cuaderno de bitácora y, siendo sincera, aún no he decidido qué quiero hacer con él ni cómo. Supongo que será una de las cosas que deberé consultar con la almohada en el parón estival o quizá con la vuelta a la rutina. Pero lo que no quiero dejar pasar es el último día de la guarde, o del cole de pequeños, de mi princesa. 

Hoy he dejado a Henar por última vez en su guarde, en su pequeño cole en el que ha compartido toda una vida (la pobre entró allí con 4 meses y ya han pasado más de tres años). A estas alturas del curso, como es normal, ya está muy cansada; yo también lo estoy, así que no me voy a asombrar de que ella lo esté. Pero me da mucha pena, aunque ella, con su santa inconsciencia, no sabe que empezar las vacaciones (para lo que tiene muchas ganas) y abandonar la guarde supone cerrar una etapa y que ese espacio que ha sido en parte su casa durante todo este tiempo, lo perderá para siempre... Bendita inocencia, ¡quién la tuviese a estas alturas de la vida! 


La dejé hace algo más de tres años y confieso que aquel primer día me fui llorando. Era demasiado pequeña, lo pensaba entonces y ahora aún lo pienso más. Si fuese hoy, no actuaría así, me cogería una excedencia de dos o tres meses y la hubiese llevado después del verano. Aquel día no dijo ni mu, estuvo todo el día observando, pero no lloró y no parecía que se lo hubiese pasado mal. De hecho, en seguida se encariñó con su profe, Menchu, que era un amor. Y poco a poco empezó a cogerle gusto a la guarde y a ir con muchas ganas y alegría. La verdad es que no puedo quejarme, creo que sólo habrán sido dos o tres días los que se quedó llorando y el resto siempre se quedó muy contenta. 


Y en estos tres años ha sido alucinante lo que ha crecido... lo que ha aprendido... casi está convertida en una señorita. Allí aprendió a hablar, a conocer los colores, las formas, los animales, los números... incluso ya conoce muchas letras. Empezó a nadar en la pisci con sus compañeros, descubrió la música como una de sus grandes pasiones y disfrutó mucho con el inglés. Ha aprendido a pintar, a soñar, a jugar... a compartir con sus amigos, a comer, a quitarse el pañal y controlar esfínteres... Vamos, que no puedo estar más orgullosa de ella y de todo lo que ha evolucionado desde aquel bebé pequeñito al que dejé un día hasta la pequeña señorita que es hoy. 


Sé que va a echar de menos a sus profes, a Lidia, Elena, Menchu, Sara, Sonia, Begoña, Merry... y por supuesto a Patri, su preferida. Tendremos que hacer alguna visita que otra pero después de que estemos adaptados al cole de mayores, que es nuestra siguiente etapa que exploraremos y seguro que superamos con nota a partir de septiembre. Su papá y yo no podemos estar más agradecidos a Tábata Escuela Infantil por estos años, por todo lo que han hecho con Henar y sobre todo por el cariño e infinito amor con el que siempre la han tratado. Qué pena me da escribir este post... Pero la vida sigue y hay que continuar el camino, aunque sea con pena. Muchas gracias chicas y un abrazo muy fuerte, no os olvidaremos.