MIS 10 MOMENTOS DE AGOSTO

El mes pasado me animé a escribir un post que me parecía especialmente útil a nivel de satisfacción y de felicidad (sí, esos dos términos se trabajan, no nacen solos). Fueron Mis 10 momentos de julio y recogían un listado de 10 cosas que habían sido capaces de hacerme feliz. Probablemente la mayoría de ellas son insignificantes, pero son precisamente esas pequeñas cosas las que conforman nuestra vida. Y la vida es lo que te pasa en el día a día, no lo que podríamos llamar "grandes momentos vitales", que con suerte pasarán tres o cuatro veces en toda nuestra existencia. 

Ahora que me enfrento a escribir este post sobre Mis 10 momentos de agosto obviamente juego con ventaja, ya que en un mes en el que alrededor del 60% de los días he estado de vacaciones, es fácil encontrar 10 cosas que me han hecho felices. Pero el agradecimiento de la vida ha de ir más allá y la conciencia plena de disfrutar de las cosas me hace plantearme en este post un doble objetivo: mis 10 momentos de felicidad en agosto en tiempo de vacaciones (algo muy sencillo) y mis 10 momentos de felicidad de agosto en tiempo de no vacaciones (más difícil, claro, y ahí reside el reto). Así que empezamos... Lo difícil primero, para quitarlo de en medio ;)


MIS 10 MOMENTOS DE AGOSTO EN TIEMPO DE NO-VACACIONES

1. La tarde/noche teatral con Pilar, en la que volví a disfrutar de Ayuda en el Teatro Lara (a ella, como estaba previsto, le encantó) y luego reímos y lloramos en una cena llena de confidencias a corazón abierto. 

2. Encontrarme a Óscar de la Fuente cuando volvía a por la moto, la pequeña conversación y el abrazo. Cuando admiras a alguien sobre las tablas y el azar te lo cruza, teniendo la oportunidad de charlar con él y además de que es un gran actor (cosa que ya sabías) descubres que es una gran persona, eso es un lujo y un gran momento que la vida te ha regalado. 

3. Vespear por Madrid. Si por mí fuera, lo incluiría todos los meses, esa sensación con el aire en la cara... pero en verano en un placer y en invierno a veces un suplicio. Viva la Vespa Veraniega! (aunque la utilizo todo el año). 

4. La tarde de compras con Virginia. Si tengo una amiga fiel donde las haya, ésa es ella y el tiempo a su lado siempre vuela. Pero si encima vamos de compras entre cotorreo va y cotorreo viene... 

5. Los abrazos de mi hija después de una semana en Madrid. Ese Mami, te quiero mucho, me puede... aunque diez minutos después tenga una rabieta que me saque mi espíritu de #malamadre. Pero ese momento es puro amor. 

6. Mis días de Rodríguez, que si lo pienso en algunos aspectos me cunden más que las vacaciones. Son impagables y este año he disfrutado de tres semanas (dos en julio y una en agosto, al #buenpadre le voy a tener que poner una estatua o algo así...). 

7. Una noche de cena con mi costillo. Algo tan sencillo como esto, una cena a solas con tu pareja es algo prácticamente impensable en mi día a día. Pero aprovechando que una amiga ha pasado unos días en casa, nos hizo de canguro y nos escapamos dos días seguidos: uno a cenar y otro a ver el ballet de Víctor Ullate. Todo un lujo.

8. Una tarde de lluvia de selfies con el Athejos. Si es que yo con mi perro me lo paso muuuuuuuuuuy bien, y si diluvia y el #buenpadre y la #buenahija se han ido de excursión al campo (hacen unas cosas más raras...) pues nosotros nos hacemos selfies. Y nos lo pasamos como los indios. 


9. Ese momento en que estás sola y puedes ver un capítulo entero de Castle sin que te interrumpan 387 veces!!!!! #Malamadre total, lo sé. 

10. Tener a mi amiga Molli estos días en casa. Y además escaparnos algún rato las dos solas :) 


MIS 10 MOMENTOS DE AGOSTO EN TIEMPO DE VACACIONES

1. Lisboa. Yo en otra vida viví en Lisboa, lo tengo clarísimo. Cada vez que la visito (una vez al año, nunca fallo), vuelvo a tener esa sensación. Me encanta perderme por sus callejuelas estrechas con ropa tendida en las ventanas y olor a mar. Y peco de turista en el Eléctrico 28, que me tiene absolutamente embelesada. Adoro esta ciudad y siempre, absolutamente siempre, la echo de menos. 

2. La playa (especialmente Cascais). Hace años hacíamos viajes a Lisboa de manera más urbana, pero con Henar hemos optado por vacaciones de playa. Es un buen plan, puedes disfrutar un poquito de la ciudad y mucho de sus playas: Caparica, Estoril, y especialmente Cascais. Este verano ha sido en Cascais donde más he desconectado, a pesar de que no sea precisamente la mejor playa de todas, pero ahí, frente a la desembocadura del Tajo es donde consigo ponerme morena.

3. El tren de vuelta a Lisboa al atardecer. El tren que te lleva desde Cais do Sodré a Cascais y de vuelta es una auténtica maravilla. Discurre en paralelo al Tajo en su salida al mar y te deja unas postales maravillosas en la retina, especialmente al atardecer.

4. Dormir en un Pazo. Y de Lisboa, a Galicia. Cada año somos fieles también a nuestra escapada al Pazo do Souto, en Carballo, cerca de la Costa da Morte. Este año no hemos tenido suerte con el tiempo pero aún así la tranquilidad y la belleza de este lugar son absolutas. Es el único sitio donde me relajo del todo y el tiempo se detiene, aunque desgraciadamente el reloj sigue corriendo y este paréntesis suele pasar rápido. Pero me encanta.


5. Los desayunos con Rosario en el Pazo do Souto. El Pazo es un lugar único pero Rosario también lo es, y yo comparto desayunos y cotorreo en la barra del bar, con una excelente conversación y unos bizcochos que hace y que están maravillosos.

6. La comida gallega. Galicia y su comida... Además de los bizcochos de Rosario Galicia me recuerda al pulpo, los chipirones, berberechos, mejillones... todo tipo de marisco en realidad, y también pimientos del Padrón (aunque casi nunca piquen), churrasco, flan de café... Vamos, pura gula.

7. Leer. Algo tan sencillo y sin embargo tan difícil. Yo, que antes de ser madre era una ávida lectora y que cuando me quedé con un 20% de mi tiempo libre de antes lo dediqué a otras cosas, por lo que leo muy poco. Pero este verano he disfrutado de tres novelas estupendas, no puedo quejarme.

8. Pasear con mi amiga Carmen por La Coruña. Mi amiga Carmen es de Oviedo y nos conocemos desde hace casi veinte años, aunque ella ya lleva al menos diez en La Coruña. Sólo estuve una tarde con ella, pero hablamos, nos reímos, nos contamos de todo... y eso con el incomparable marco de esta ciudad azul.

9. Escuchar a Sabina y a Serrat en el coche. Sí, no os lo vais a creer, pero además del Señor Don Gato, el Grillito Cri-cri-cri y demás hits infantiles, he conseguido que mi hija me deje escuchar, de vez en cuando, algo de Sabina y de Serrat. Poquita cosa, a las dos o tres canciones se cansa, pero a sus tres años y medio me doy por satisfecha, ya le iré enseñando que hay vida más allá de los cantajuegos y que la música merece mucho la pena.

10. Hacerme la longui y dormir "un poquito más". Yo me suelo hacer la longui todos los fines de semana, pero en vacaciones más. Además, aquí Doña Cloti, es decir mi hija, ha decidido no dormir siestas, con lo que está más cansada y duerme mejor por la noche. Yo le cubro el turno a su padre a la hora de la siesta y él me cubre ese poquito más de las mañanas que no tengo que trabajar. Y cómo se agradece! 


DEL CINE LUCHANA AL TEATROS LUCHANA: ¡VEN A DESCUBRIRLOS!

Hoy quiero hablaros (¡por fin!, llevo casi dos meses queriendo escribir esta opinión y sin ponerme a ello) de un lugar especial. Se trata de unos viejos cines de toda la vida de Madrid que conocí hace muchos años y que hace ya tres primaveras cerraron sus puertas dejándonos un huequecito en el corazón. Sin embargo, hace un par de meses nos llevamos la alegría de ver de nuevo abierto el local, reconvertido no en una tienda (como suele ser el caso) sino en unas salas de teatro. Y aquí está mi pequeña historia/relación que tuve en su día con los cines Luchana, ahora Teatro  Luchana, y que quisiera compartir con vosotros.

ÉRASE UNA VEZ, HACE YA UNOS CUANTOS AÑOS…

Madrid, un verano de mis años universitarios. Me temo que no consigo recordar la fecha con exactitud, pero fácilmente pudo ser 2001, quizá 2002… Yo solía escaparme por aquel entonces desde Oviedo a pasar unos días en casa de mi tío, que vivía en Chamberí, y disfrutar del calor sofocante (por aquel entonces no me importaba en absoluto) de unos veranos de Madrid en los que disfrutar de cultura a raudales, paseos, conversaciones, buenos amigos y muchas risas. En contrapartida hacia la familia que siempre me dio cobijo y mucho cariño, solía hacer de canguro para mis entonces primos pequeños y me los llevaba a ratos al parque, al cine, a tomar una Fanta, o a lo que ellos quisieran…
Pues una de esas veces, una tarde de cine, me los llevé a los entonces Cines Luchana, en la calle homónima, en el corazón del Barrio de Chamberí. Recuerdo perfectamente que era la primera vez que iba a esos cines, unos cines de toda la vida, y que vimos La película de Tigger (sé que si busco en internet cuándo se estrenó podría localizar la fecha que en el fondo me obstino en recordar, pero como perdería la magia, no voy a hacerlo). Pasamos un rato de dibujos animados y palomitas en la que los peques (y yo misma) disfrutamos mucho.
Años después (no muchos, llevo en Madrid diez años), me vine a esta maravillosa ciudad a vivir. Y por aquel entonces, siendo inmensamente feliz y teniendo los bolsillos frecuentemente deshabitados (como decían los tebeos de los Zipi y Zape de mi infancia), mis principales inversiones culturales consistían en ir a los museos casi siempre en los días de entrada gratuita y disfrutar de películas en pequeños cines de barrio. Sí, que yo no dudo que en los grandes cines la imagen y el sonido serán mucho mejores, pero qué queréis que os diga, sentimental que es una, pero a mí esos grandes cines nunca me han gustado y siguen sin gustarme, no dudo que tendrán características técnicas mucho mejores, pero les falta personalidad y especialmente encanto. Desgraciadamente, muchos de aquellos pequeños cines de barrio (ahora me vienen a la cabeza por ejemplo el MorasolLuchanaRenoir Cuatro Caminos...) pasaron a extinguirse y hoy me veo abocada a tener que llevar a mi hija a los Cinesa, Yelmo y demás grandes cadenas, perdiéndose la magia de aquellos pequeños lugares.
Uno de esos lugares mágicos fue precisamente el Cine Luchana. A este cine me acerqué muchas tardes de domingo a disfrutar de algunas películas, ya no eran de dibujos animados. Una de las últimas que recuerdo fue una historia de amor (cuyo nombre ahora mismo no recuerdo) interpretada por Eduard Fernández e Irene Visedo y que destapaba desde la época actual, y a través de un cuadro colgado en una de las paredes del Museo del Prado una pasión histórica vivida por las dos mismas personas que se encuentran en el siglo XXI pero que al parecer se habían amado intensamente en la Flandes del siglo XVI. Ahora que la recuerdo, recupero las ganas de volver a verla.


En la primavera del 2012 (recuerdo la fecha, había tenido poco antes a mi hija), los cines Luchana echaron el cierre, otro de los muchos cines de Madrid de toda la vida que desaparecían, y los que aún quedarían por desaparecer… Una pena que la cultura de Madrid se vaya desangrando y que lugares donde hemos pasado tantos buenos ratos vayan desapareciendo.



REAPERTURA EN LA PRIMAVERA DE 2015: TEATRO LOS LUCHANA.

Y así se quedaron los cines Luchana, cerrados y desolados. Cuando pasabas por Luchana, ahí seguían, en la misma esquina, cerrados sine die y daba tanta penita... Hasta que hace unos escasos meses (no recuerdo la fecha exacta, fue durante la primavera), las puertas se volvieron a abrir y este local de antiguo cine se abrió de nuevo al público reconvertido en salas de teatro.
En concreto podemos encontrar en él cuatro salas de diferentes tamaños, de entre 100 y 340 localidades respectivamente cada una de ellas. La verdad es que las dos veces que he estado en este teatro curiosamente he asistido a dos representaciones en la misma sala (una de ellas para ver Topos y otra un espectáculo infantil), y creo que era una de las más pequeñas. Son salas amplias con buena sonoridad y buena visión desde cualquier localidad, algo muy de agradecer; un lugar estupendo donde disfrutar de magníficos espectáculos teatrales tanto para público adulto como infantil (y lo digo porque, como os decía, ya he ido en dos ocasiones: la primera para disfrutar de una obra de teatro para adultos y la segunda una para niños).
Creo que ya lo habréis imaginado si me habéis leído hasta aquí, pero confieso que me causa muchísima alegría que lugares de siempre de la cultura de Madrid que tuvieron que cerrar sus puertas en su día por la crisis puedan hoy volver a abrirlas de cara a una nueva vida y mucho más aún si además esa vida sigue siendo cultural y es teatral. Desgraciadamente, muchos cines y teatros que han cerrado sus puertas no tienen la suerte de volver a abrirlas y cuando lo hacen es porque los han reconvertido en una tienda o algo peor. En este caso, en los Teatros Luchana podemos disfrutar de cuatro salas con una programación dinámica y propuestas teatrales que cautivarán a grandes y pequeños, así como un estupendo bar con una estética que nos lleva de viaje a Nueva York y que resulta un lugar estupendo donde tomarse algo antes o después de la función.
En este proyecto empresarial han participado algunos actores como el gran Juan Diego, Víctor Ullate o Fran Perea, entre otros. Según dijeron en el comunicado que lanzaron a los medios hace unos meses su intención es acercar la cultura teatral de gran calidad a un precio asequible a todos los bolsillos. El hecho de que los precios sean asequibles (entradas desde 5 euros, todas ellas con estupenda visibilidad), todavía ayuda más a que te animes a ir y disfrutar del espectáculo. Estoy segura de que a lo largo del nuevo curso teatral me dejaré caer más de una vez por los Luchana, tanto para disfrutar de teatro para adultos como de la oferta infantil, que tiene un pintón.

LA EXPERIENCIA DE ITACA TEATRERA (Y MÁS).

En general, me parece que la remodelación de este local ha sido muy acertada. Me gusta la estética y también la funcionalidad, estoy segura de que será una de esas salas a las que acudiremos (tanto yo como mi hija) en muchas ocasiones.
Sin duda la programación teatral es clave, porque al fin y al cabo a un teatro se va a disfrutar de los espectáculos. Pero los teatros Luchana disponen de otros muchos alicientes, como un buen cuidado bar con tintes neoyorquinos (una apuesta de Pedro Gómez, promotor del Mercado de San Miguel). Además de tomarte “algo” mientras esperas a que empiece la obra, este bar/restaurante ofrecerá menús degustación junto con la entrada. Me parece un plan francamente bueno, que espero disfrutar a lo largo del otoño en alguna ocasión.
También he podido leer que Los Luchana pretenden ser un espacio multidisciplinar al que añadir formación y este verano ya han ofrecido varios campamentos para niños, pero además piensan desarrollar talleres y cursos de formación en artes escénicas de la mano de Víctor Ullate, un auténtico lujo que huelga decir que aquí a una servidora le apasionaría poder participar.
El hecho de que tengan una oferta variada es muy de agradecer y que los precios acompañen aún lo es más. Hace tiempo que no llevo un control de mis gastos en espectáculos (si lo llevase, lo tendría que recortar, así que ojos que no ven…) pero agradezco los buenos precios y las invitaciones de vez en cuando. Además de mi propia agenda cultural, también tengo que incluir la de mi hija, a la que procuro llevar a muchos sitios, para que le vaya picando el gusanillo del teatro, el cine, y en general de la curiosidad por la vida.
En definitiva, tengamos en mente los Luchana como otro de los teatros de referencia de la agenda madrileña (de vuelta de mis vacaciones ya estoy llenando mi agenda de otoño con muchas cosas interesantes y por supuesto muchas propuestas teatrales que no debo perderme). Estoy muy contenta de que nuestro añorado cine Luchana se haya reconvertido en este espacio escénico y teatral que sin duda será un éxito y se convertirá en un espacio de referencia para los amantes de la cultura madrileña. Un espacio que aúna arte, ilusión y otras formas de explotación como bar – restaurante y espacio de formación. ¡Me encanta! Les deseo muchos éxitos desde aquí y espero poder disfrutar la gran oferta cultural que ofrece este nuevo teatro muchas veces.

Para consultar su programación o comprar entradas, os podéis enterar de todo aquí

RESUMEN DE VACACIONES INSTAGRAMIZADAS 2015


Confieso que estoy escribiendo a regañadientes esto. ¿Por qué? Porque son las 11 de la noche de un jueves 20 de agosto, estoy en mi cama, en mi casa en Madrid y me pellizca el alma pensar que el verano, las vacaciones estivales como tales ya se han acabado. Y confieso que me da una tremenda pereza pensar en septiembre, la vuelta al cole, la rutina, el fin de ciclo, el recap... Aunque también es verdad que voy a hacer trampa, con premeditación, nocturnidad y mucha alevosía, ya que me quedan dos días de vacaciones: lunes y martes de la próxima semana, que sumados al finde me van a dar para desconectar del mundanal ruido, ¡lo juro por Tutatis! Pero voy a seguir escribiendo esta bitácora, porque hoy, en esta noche de verano madrileña, silenciosa y solitaria simplemente me apetece. Aunque también me siente mal, contradictoria que es una. Hace tiempo que dejé de aspirar a entenderme a mí misma al 100% así que no pretendo que nadie lo logre. ¡Allá vamos! 


La princesa y el cachorro. Mi pequeña princesa y un cachorro precioso. 
Nuestro primo E tenía este verano cinco cachorritos preciosos que sobamos y disfrutamos muchísimo, aunque a Henar le gustaba "la marrón", es decir, la madre. Me parece una foto preciosa, un recuerdo mágico de ese principio de verano en el que mi princesa empezó a disfrutar de #veranoenelpueblo y yo iba los findes. 



Y si queréis conocer el verdadero significado de #veranoenelpueblo, atentos a esta foto. 
Cierto que mi hija ya ha demostrado que le gusta más el pueblo de lo que a mí me gusta o me ha gustado en toda mi vida (es decir, nada, yo soy ratón de ciudad), pero esas trazas de niña de ciudad adaptada como puede al mundo rural.... Lo que me reí al recibir por whatsapp esta imagen de parte de mi reportero de #veranoenelpueblo. 


Un paso fugaz por Oviedo, pero paso al fin y al cabo. Sí, el señor Athos se quedó con Molli, mi gran amiga y su amita asturiana, que por supuesto le mimó todo lo que quiso y más mientras nos escapamos a Lisboa (en avión desde Ranón, por cierto, qué acierto el quitarnos el caos del aeropuerto de Madrid en verano), él tan contento y yo también de dejarlo en las mejores manos. 
Pero antes de irnos: el clásico del momento, foto con Mafalda enfrente de los patos en el Campo. Parece mentira que la estatua lleve allí menos de un año. 


Lisboa.... primera foto nocturna desde nuestra ventana. Se me hizo corto el viaje, como todos los años. Pero vamos, que se me haría corto aunque me quedase allí a vivir, no sé lo que tiene esa ciudad, pero me vuelve loca (más aún). 



Ni qué decir de su playa, esos momentos de relax en Caparica, Cascais, Estoril... 
Porque si algo he hecho este verano es relajarme (o al menos intentarlo), necesitaba parar.


Pero relax, lo que se dice relax para mí es sinónimo de Galicia, y más aún del Pazo do Souto, 
auténtico paraíso donde llevo diez años perdiéndome durante una semana cada verano. 
Salgo de allí con la reserva hecha para el año siguiente, no digo más. 
Dormir en un pazo, con un trato inmejorable y desconectar como en ningún otro lugar. 
Adoro esos días, en muchas cosas los mejores de todo el año. 



Y como una imagen vale más que mil palabras, 
no me negaréis que dormir aquí no es un auténtico lujo (y una maravilla). 




Adoro Galicia, sus mares, sus tierras, su gente... y su gastronomía!



Y como seguro que llega algun@ a decir que el problema es el tiempo, que llueve, no hay playa... pues comparto este pequeño mix de fotos de días nublados o medio nublados en los que vamos igualmente a la playa y lo disfrutamos. Y cuando no podemos bañarnos, pues paseamos por la orilla, recogemos conchas, leemos, nos paramos a mirar el horizonte...




En resumen, con sus más y sus menos, y sin que mi vida sea perfecta ni probablemente estas vacaciones tampoco, os puedo asegurar que las hemos vivido intensamente y hemos intentado disfrutarlas momento a momento, siendo conscientes de dónde estábamos, que estábamos de vacaciones y lo afortunados que somos por ello. Y con todo eso me quedo. 

PAIN IS TEMPORARY, PRIDE IS FOREVER. AYUDA EN TEATRO LARA.

Ayer volví al Teatro Lara, uno de mis teatros fetiche de Madrid. Ya sabéis que es un lugar con el que siento una afinidad especial, ese teatro mágico, de otro tiempo, en el que he pasado momentos tan intensos y tan llenos de emociones. Curiosamente repetía obra, la misma que había visto y disfrutado semanas atrás desde aquel mismo patio de butacas. 

Se trataba de Ayuda, una producción de Los Lunes Teatro, con dos grandes de la escena sobre el escenario como son Óscar de la Fuente y Ernesto Arias, dirigida por Fefa Noia y que es la tercera obra producida por Los Lunes junto a Wild, Wild, Wilde y Cuerdas (que os adelanto que no he visto y que voy a estar muy atenta para poder disfrutarlas en cuanto vuelvan a representarse en Madrid y/o alrededores).

Me gusta el buen teatro, pero especialmente las historias que te hacen pensar y sin duda Ayuda tiene ambas cosas. Es un texto magnífico de Maria Goos, que nos regala dos personajes maravillosos, cada uno a su estilo: Lukasz y Arnold. 

Lukasz, interpretado por un vibrante, entregado y magnífico Óscar de la Fuente, es un inmigrante venido de un país del Este que como tantos otros sufre las desigualdades de las reglas del juego de este mundo en que vivimos. Lukasz es farmacéutico pero lleva nueve años en España como ayuda doméstica de señores ricos y poderosos y mujeres frívolas y ociosas, intentando encontrar ese golpe de suerte, esa persona generosa que recompense sus esfuerzos y le proporcione el billete para una vida mejor, la vuelta a su tierra donde poder abrir su propia farmacia y poder vivir la vida que querría. 

En la otra cara de la moneda tenemos a Arnold, ese banquero poderoso, gurú de las finanzas y que se cree por encima del bien y del mal, que vive una de esas vidas que se suponen perfectas y llenas de dinero, con una mujer, dos hijas y una casa despampanante, ganando dinero y jugando con los sueños y el dinero de otros, sin remordimientos. Pero esa vida perfecta un buen día se viene abajo, le echan del banco, su mujer le abandona y se encuentra solo, en plena convalecencia física y emocional con un extraño como ayudante doméstico, preguntándose a regañadientes sobre el verdadero sentido de lo que creía que era su vida estupenda. A Arnold le da vida Ernesto Arias, un actor carismático que es capaz de mostrar las dos facetas de la personalidad de Arnold, sus dudas, sus fantasmas y sus silencios. 


Pero en la vida nada es blanco ni negro y aquí tampoco lo es. Vistos así Lukasz es un pobrecito y Arnold tiene lo que se merece con un castigo de esa justicia divina que muchas veces esperamos y que nunca llega. Sin embargo, ambas personalidades tienen sus luces y sus sombras y sufren una convulsa evolución y transformación sobre el escenario, y ahí reside la grandeza de estos dos actores, por separado y en el conjunto. Consiguen una química especial. El personaje de Arnold era interpretado anteriormente por David Luque y confieso que me pica el gusanillo de ver su interpretación (puestos a ver dos veces una obra y comparar, no hay dos sin tres...) y sobre todo la simbiosis con Óscar de la Fuente. 

Óscar sin duda está brillante, fantástico, no deja hueco a ninguna duda. Supongo que para un gran actor como él, el personaje de Lukasz es una gran oportunidad, ya que tiene pliegues, recovecos, frustraciones, ambiciones... y resulta sorprendente. Además, Óscar lo interpreta con un acento maravilloso, que hace que te lo creas desde el minuto uno. Y no sólo eso, sino que nos regala sus geniales interpretaciones de otros personajes como Connie, Sophie y Bernardette, respectivamente la mujer y las hijas de Arnold, así como el médico. Sencillamente genial. Hace unas semanas, cuando vi Ayuda por primera vez no hacía más que preguntarme desde mi butaca dónde lo había visto antes. Hasta que caí en que había sido en Los cuentos de la peste, obra que no me gustó, pero de la que mantengo un recuerdo magnífico de la interpretación del propio Óscar de la Fuente, su partenaire Marta Poveda y por supuesto el gran Pedro Casablanch. A partir de ahora, os puedo asegurar que seguiré su trayectoria y procuraré ir a verlo en las obras en las que vaya actuando, me parece un actor con muchísimo que ofrecer. 

De Ernesto Arias, ni qué decir. Digamos que a él lo tengo fichado desde hace tiempo: Veraneantes hace unos años en La Abadía, sus papales en teatro clásico en el Pavón y recientemente su actuación en Kathie y el hipopótamo. El curso pasado quise ir a verlo en Cómicos de la lengua pero esa agenda laboral que a veces se cruza en nuestros planes me lo impidió, espero que repita y poder hacerlo. Si habéis visto a este actor alguna vez, creo que sobran las palabras. Su presencia lo llena todo y sus interpretaciones son sólidas y brillantes, con Arnold sin duda lo logra y nos muestra a un hombre ¿perfecto? con una personalidad sin fisuras que ve cómo la que creía su vida se desmorona, cómo se ha engañado a sí mismo durante demasiado tiempo y que, aunque a él le pese, somos humanos, no códigos de barras, y a veces los propios fantasmas que habitan en nuestro interior nos provocan los miedos más reales y poderosos de nuestra vida. 


La obra, el atrezzo (sencillo e impecable), la música, la luz, la escena, la dirección... todo encajan. Y más aún en un lugar como el Lara. Y la historia te hace pensar, en la sociedad en la que vivimos y en qué hay de lo bueno y lo malo de Lukasz y Arnold en nuestro propio interior. Como anécdota os puedo decir que en la función de ayer muchas cosas no salieron bien: un Papá Noel hinchable que no se hinchaba, una música que no quería sonar... y precisamente en esos fallos o cosas del directo es dónde la verdadera improvisación, el buen arte de los actores aparece o no. No cabe duda de que con estos dos grandes, Óscar de la Fuente y Ernesto Arias, sin duda apareció, como no podía ser de otra manera, y salvaron esos pequeños fallos del directo con maestría. 

Aún tenéis la oportunidad de disfrutarlos. La última función es el próximo lunes 24 de agosto y podéis encontrar entradas aquí. Os prometo que es una de las obras con las que más he disfrutado en los últimos tiempos, que me ha hecho pensar y a la que aún le sigo dando vueltas... 

NOTA: La foto es oficial y entiendo que pertenece a la campaña publicitaria de la obra. Si fuese necesario retirarla, por favor envíen un email a itacabuscandoaulises@hotmail.com.

Otras obras que disfruté en su día en el Lara (me acabo de dar cuenta de lo poco que escribo):

El pianista del Océano.
Los miércoles no existen.

LAS EMOCIONES PONDRÁN TU MUNDO DEL REVÉS (INSIDE OUT).

Un verano da para mucho... y este verano está siendo largo e intenso, con muchos planes para hacer con Henar, y entre ellos no podía faltar el cine. Hemos disfrutado de varias sesiones cinéfilas en pantalla grande: primero fuimos a ver la película de Campanilla y la leyenda de la Bestia (que no nos gustó nada), unas semanas después la película de los simpáticos Minions (que sí disfrutamos mucho) y por último, la semana pasada, no pudimos resistirnos a descubrir el último gran éxito de Pixar: Inside Out, o en su traducción al español así de aquella manera… Del revés.
Reconozco que había oído mucho sobre esta película, y especialmente había leído mucho sobre ella. Y os confieso que me llamaba la atención y tenía muchas ganas de verla (no me podía resistir). De hecho, probablemente no sea una película para público infantil, ya que tiene un trasfondo que sólo podemos entender los adultos. Pero aún así, y aprovechando el formato de dibujos animados, decidí llevar a Henar, que a sus tres años largos puedo decir que la disfrutó mucho y que la aguantó muy bien, aunque creo que yo la he disfrutado mucho más que ella. Estamos sin duda ante una de las grandes películas de Pixar de todos los tiempos, capaz de tocarnos la fibra sensible pero sin ñoñerías y recordándonos lo que es verdaderamente importante en la vida. Yo era de las que creía que Pixar había logrado el culmen con Up , pero después de ver Inside Out, creo que han logrado superarse a sí mismos y desbancar a la primera. Vamos, que como veis me he hecho rápidamente fan de esta película porque creo que tiene mucho que aportarnos.


INSIDE OUT: SOMOS EMOCIONES. 


Las personas somos emociones, más que eso, nos regimos por emociones. Desgraciadamente, y con demasiada frecuencia, en este mundo las emociones están mal vistas o al menos no se les da el valor que deberían tener, especialmente a la tristeza. En esta sociedad en la que se supone que todos debemos de vivir como happy flowers constantemente, reparar en los sentimientos y emociones que mueven nuestro mundo interior (y por ende también el exterior) creo que no está de más.



Para mí, esta película es prácticamente redonda, perfecta. El argumento podría ser sencillo, nos cuenta el crecimiento de una niña, Riley, desde que era un bebé hasta sus alrededor de doce años actuales. Su vida ha sido mayoritariamente feliz, por eso la emoción de la alegría es la que ha monopolizado casi todos sus recuerdos y especialmente los más importantes, los que son capaces de forjar nuestra verdadera personalidad: los recuerdos esenciales. Sin embargo, el traslado a otra ciudad propiciado por el nuevo trabajo de su padre hace que la vida de Riley se desmorone, o al menos ella lo siente así. Ya no existe felicidad, sino que las otras emociones, y especialmente el caos, parece adueñarse de todo.


Estamos regidos por cinco grandes emociones, que viven en nuestro interior: la alegría, la tristeza, la ira, el asco y el miedo. Las emociones no son por sí mismas ni buenas ni malas, y aunque parece que debamos exigirnos siempre a nosotros mismos la alegría, también el resto son necesarias, especialmente la tristeza. Nosotros mismos no somos ni más ni menos que el ying y el yang y no debemos negarnos la tristeza, porque es el contrapunto de la alegría y probablemente una no podría existir sin la otra.


Inside Out consigue mezclar momentos de comedia con situaciones que nos tocan la fibra sensible y nos llegan a lo más profundo del corazón. Además, aunque el peso de la emoción de la alegría (un auténtico huracán de buenas vibraciones) es innegable, también explica perfectamente la necesidad de las otras emociones, y especialmente el valor de la tristeza, que incluso la propia alegría termina por entender y compartiendo con ella los recuerdos, también los esenciales, ya que en la vida no suele haber cosas blancas o negras y las vivencias –y por ende también los recuerdos- muchas veces incluyen cosas bonitas y alegres y otras más tristes.


En el interior de Riley, como en el interior de cualquiera de nosotros, existe un cuadro de mando capitaneado por las emociones. La vida, desde ser un simple bebé, genera continuamente infinidad de vivencias, encapsuladas en forma de recuerdos y éstos se van almacenando y con el paso del tiempo perdiendo. Muchos de ellos, terminan en el olvido, una especie de otro mundo donde desaparecen, dejan de existir al no tener sentido por no poder ser recordados más por Riley (memoria selectiva que podríamos llamar).



LA MEJOR PELÍCULA DE PIXAR HASTA HOY. 


Al menos para mí, y sin ser una experta, creo que ésta es sin duda la mejor película de Pixar hasta el momento. Me parece una película redonda, con unos personajes muy bien definidos y a los que en seguida les coges cariño. Esa dualidad entre el mundo real y el mundo de las emociones, las ideas y los sueños, me parece fantástica. Pero sobre todo creo que su verdadero éxito se debe a que no deja de ser un enfoque sencillo de algo tan complejo y difícil de definir como son las emociones y los sentimientos, y sin duda lo logra rotundamente.



Resulta imposible no sentirte identificado con algunas o muchas de las situaciones de la película, las sensaciones de Riley, el laberinto de emociones que comandan su vida (sin que ella sea consciente de ello). De hecho, si dentro de nosotros mismos hubiese un equipo de emociones representado por los personajes de Inside Out creo que sería mucho más fácil de entender casi todo. Porque en muchas ocasiones resulta francamente difícil entender y descifrar las emociones que nos embargan, más aún poder explicarlas con palabras.


Pero no podemos olvidarnos de los personajes de esta película, sin duda todos ellos muy logrados, tanto los humanos (Riley, mamá y papá) como especialmente los personajes que encarnan a las respectivas emociones. Alegría es un huracán que intenta que todo salga perfecto, de color amarillo, como el sol; Tristeza es dulce y melancólica, con eses azul y esa media melenita y sus gafas de pasta, imposible no tomarle ternura; Ira es un pequeñajo rojo que arde en cuanto se enfada, lo que sucede habitualmente; asco es una elegante chica verde y pijilla a la que le dan asco (y nunca mejor dicho) muchas cosas; miedo es un personajillo poco agraciado y temeroso del mundo. Y entre todos ellos, dependiendo del peso que cada uno asuma en su momento, se forja la personalidad de alguien y también en lo que se convierte su vida. En cualquier caso, todos ellos a su manera poseen un encanto único, más especial aún en las personalidades de Alegría y de Tristeza, protagonistas además de la gran aventura que se cuenta en Inside Out. Sin olvidarnos de Bing Bong, el amigo imaginario de Riley que nos dará una auténtica lección y al que querremos con locura.


LA EXPERIENCIA DE ITACA.


En esta ocasión, y para la alegría de espectadores que disfrutamos esta película, no ha habido Ley de Murphy. Aunque la idea sin duda era buena, creo que existían muchas posibilidades de no ejecutarla bien, de que terminase siendo un pastelón, cayendo en topicazos o que simplemente todo pareciese forzado. Sin embargo, no es así en absoluto y creo que ésa es precisamente la magia que embruja al espectador.



Para mí, Inside Out es sin ninguna duda una película maravillosa, redonda, en ocasiones divertidísima y que es capaz de llegarte al corazón. Posee un buen guión, unos excelentes personajes, una buena dosis de aventura y además estéticamente resulta muy bonita. Pero además, precisamente al tocar con su magia nuestro corazoncito, nos hacen pensar e intentar ir un poquito más allá. Salimos del cine preguntándonos sobre el verdadero sentido de la vida, las cosas que hacemos, las que sentimos, cómo nos comportamos, a qué le damos valor y a qué no… Y quizá haya cosas que no estemos haciendo bien del todo, o que debamos cambiar, o simplemente escuchar más a nuestras pequeñas emociones que habitan en nuestro interior.


Una película sin duda recomendable para todos: mayores y pequeños. A los peques les gustará, aunque hay una parte que obviamente no entenderán, para lo que se necesita un poco más de edad y de vida. Pero sin duda una historia maravillosa y que será capaz de ganar nuestros corazones y de hacernos pensar un poquito sobre nosotros mismos y quiénes somos.