EL ALCALDE DE ZALAMEA EN EL TEATRO DE LA COMEDIA

La semana pasada tuve el inmenso placer de disfrutar de un gran clásico, El alcalde de Zalamea, y además protagonizado por Carmelo Gómez. Tener a una amiga como Beti desde los lejanos años de colegio hace que conozca muy bien mis debilidades; y por ello, que acierte plenamente en sus regalos. Como me dijo por mi cumpleaños: "Te voy a regalar las entradas para ver a El alcalde de Zalamea  por tu cumpleaños, pero no porque me toque sino porque quiero regalártelas para que veas a Carmelo". Normalmente, pagamos las entradas de teatro cada vez una, no hacemos cuentas, es una costumbre muy asturiana, pero ella tenía especial interés en regalarme esas entradas porque sabe de mis pasados amores por Carmelo Gómez. Justo cuando empezó la representación, ya a oscuras, me susurró: ¡Feliz Cumpleaños!

Carmelo fue mi primer amor platónico actoral. Me enamoré perdidamente de él con quince años, tras su interpretación del Magistral Don Fermín de Pas. Una, que es carbayona de cuna, obviamente se conoce la historia de La Regenta de principio a fin, y qué decir que si lees esa historia y eres chica, te enamorarás irremediablemente de esa figura de amor imposible del Magistral Don Fermín de Pas, como lo hace la propia Ana Ozores. Quizá podría haber interpretado Carmelo a Álvaro Mesía y quizá yo no me hubiese enamorado de él a los quince años, quizá... Pero interpretando al Magistral de la Catedral de Oviedo y además con la planta y buen ver que tenía Carmelo hace veinte años… uno más uno igual a dos.

En cualquier caso, ese amor platónico se me pasó hace tiempo, pero siempre me quedó esa simpatía hacia Carmelo, que me ha hecho ir a verlo varias veces a los teatro madrileños (me vienen a la cabeza dos obras: Días de vino y rosas, con Silvia Abascal en el Teatro Lara –mi teatro fetiche- y Elling, con Javier Gutiérrez en el Teatro Galileo). La primera me gustó, la segunda me desagradó bastante, más aún desde la butaca en primera fila que teníamos. Por eso, estaba predestinada a que El alcalde de Zalamea me gustase, lo necesitaba como agua de mayo.


Carmelo Gómez sigue siendo uno de los grandes actores contemporáneos y es un lujo ir a verlo sobre las tablas, mucho más aún en el papel de Pedro Crespo. Sentía además curiosidad por conocer en primera persona el Teatro de la Comedia, porque he ido muchas veces a lo largo de los últimos años al Teatro Pavón, pero el Teatro de la Comedia ha estado cerrado durante toda mi vida en Madrid, y verlo con estos ojitos se convertía ya en una necesidad. Llamativo también el hecho de ver esta obra contando con el grandísimo actor Joaquín Notario entre el elenco, quien había protagonizado la obra en el Pavón hace unos cuantos años, que en su día disfruté intensamente y de la que guardo un especial recuerdo.

Y ¿cómo se habla sobre un clásico como El Alcalde de Zalamea? Tarea difícil sin duda, siendo como es una de las obras de dramaturgia más conocidas del Siglo de Oro español. Esta gran obra de Calderón constituye un gran drama de honor; narra la historia de un buen hombre del pueblo llano, Pedro Crespo, labrador sin ningún tipo de hidalguía, pero de familia de gran honra. Un día ha de alojar en su casa a un Capitán del ejército del Rey Felipe II y con tanto soldado revoloteando, decide esconder a su bella hija y su sobrina en una de las estancias de la casa, donde los soldados no las verían. Pero lo prohibido siempre, absolutamente siempre, despierta las más profundas pasiones, el capitán y sus soldados urdirán un plan para entrar en tales estancias y el propio capitán decide que Isabel, la hija de Pedro Crespo ha de ser suya.

La tragedia está servida, con rapto de por medio y todos los elementos imprescindibles que han convertido esta historia en uno de los grandes clásicos. Deshonra, honor y un desenlace que, aunque previsible, no deja de ser, ninguna de las veces que la ves representada, arrebatador e intenso como pocos.  


Creo que ha sido un gran acierto reabrir el Teatro de la Comedia, después de tantos años, precisamente con este montaje de El alcalde de Zalamea. Y siempre es un placer volver a reencontrarte con dos grandes como son Joaquín Notario y Carmelo Gómez, por ese orden. Porque, para mí al menos, teatro clásico en Madrid y Joaquín Notario son casi sinónimos. La adaptación anterior que vi en el Pavón hace cinco años estaba protagonizada precisamente por Joaquín Notario y resulta cuanto menos curioso verlo ahora de nuevo, no en el papel de Pedro Crespo, sino en la piel de Don Lope de Figueroa, y los diálogos entre Notario y Gómez son un lujo para un espectador.


Me gustó mucho esta obra pero no me enamoró. Le doy un 8, que está francamente bien, pero no fue capaz de encandilarme. Quizá porque aunque Joaquín Notario borda el papel de Don Lope, viejo, cansado, con cojera… le falta pasión. Aquella tarde no nos embriagó como otras tardes, algo que compartimos Beti y yo al salir del teatro. Y sobre Carmelo, aún sigo dándole vueltas… en este papel es capaz incluso de darle un toque de humor, eso sí, muy negro y muy de Castilla, a Pedro Crespo. Es algo increíble y muy difícil de hacer en mi opinión, pero no tengo claro que Pedro Crespo necesite ese enfoque, ya que la figura que dibujó Calderón creo que no guardaba resquicios para el humor, ni siquiera el más negro del mundo.

Pero la adaptación es buena, la obra es magnífica, los actores y actrices están francamente bien en sus papeles. No me creo a Nuria Gallardo en el papel de Isabel Crespo, no por interpretación, sino por edad. Me resulta curioso que a alguien como Carmelo, con su estupenda planta y su buen ver no le ofrezcan papeles por su edad (o al menos de eso se ha quejado recientemente) y que nos quieran colar por su hija a alguien a quien le lleva cinco años y que si se descuida el hijo podría ser él. Ya sé que en el arte del teatro debería poder quitarme de la cabeza la imagen física y creerme el papel sin más, pero me cuesta.

Mención especial y maravillosa a Clara Sanchís, en el papel de La Chispa, sin duda la mejor interpretación de toda la obra. Está maravillosa en ese papel tan difícil por otra parte, a pesar de ser un papel secundario, ¡menuda secundaria de lujo!. Un registro muy alejado de las otras interpretaciones que yo haya podido conocer a esta actriz. Sencillamente fantástica, un trabajo impresionante.

Aludir también al papel de la música en esta adaptación, recurso del que Helena Pimenta suele echar mano en sus trabajos. En esta ocasión la presencia de la música es constante y hace aún más especial este montaje. Ha confiado para ello en Rita Barber, a la que conocí por casualidad en una pequeña obra musical en el Teatro Galileo hace casi diez años y que se titulaba Lágrimas y sonrisas y fue capaz de enamorarme. Rita tiene una gran voz sin lugar a dudas, pero las expresiones faciales que suele poner (exageradas para mi gusto), creo que chirrían, más aún en un montaje como ése. Por ello, mi recomendación es disfrutar de su excelente voz y fijar nuestra mirada en los actores.

Por último, y sobre filias y fobias, Jesús Noguero está bien en su papel del Capitán don Álvaro de Atayde, pero a mí me resultó inevitable recordar la interpretación de Ernesto Arias en ese papel en el Pavón hace cinco años.

En cualquier caso, muy recomendable este montaje, para el que hay entradas agotadas en todas las sesiones que les restan en Madrid. Pero la buena noticia es que luego se van de gira a Sevilla, Valladolid, Valencia, Barcelona o Santander entre otros lugares, así que aún estáis a tiempo de disfrutarlos.

Y gracias a mi amiga Beti, por quererme y soportarme durante tantos años sobre todo, pero también por regalarme esa tarde con Carmelo y el gran teatro clásico.

NOTA FINAL: Las imágenes son las oficiales, sacadas de la web de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. 


VIERNES VITALES 36: EL DOLOR FÍSICO (ME PARALIZA).

Hoy quería escribir un Viernes Vital sobre la confianza, especialmente sobre la confianza de los amigos de verdad, por una cosa muy curiosa que me ocurrió esta semana. Pero me temo que lo voy a dejar para la semana que viene. 

Me siento absolutamente dolorida (según el traumatólogo cervicalgia con dolor agudo, junto a la coletilla de “pero esto seguro que te ha pasado muchas otras veces") porque una vez más mi cuerpo y mi mente, por mucho que me esfuerzo en mandar mensajes positivos, han decidido ir a su aire y castigarme.

Sí, tengo dos puntos débiles en mi cuerpo. Uno es la garganta y el otro las cervicales. Por todo lo demás, puedo dar gracias por la buena salud que tengo casi siempre. Pero cada invierno me quedo sin voz en varias ocasiones (literalmente, con lo que me gusta hablar) y las cervicales me juegan muy malas pasadas. Entre la fase de estrés laboral que “de nuevo” estoy atravesando, mi querido ratón que me regala una contractura cuasi-permanente y el frío que tan mal me sienta, en definitiva estoy hecha unos zorros. Así que mi compra de Black Friday va a consistir en una manta eléctrica, y no, no es coña.


Como no me gusta empastillarme, estoy atravesando esto como puedo. El lunes tengo hora en el fisio pero luego me van a meter en un tratamiento de dos semanas intensivas con un fisio que me va a hacer saltar las lágrimas. Ante eso, cierro los ojos y respiro… vuelvo a respirar… y le pido a la providencia que sea benévola (no tengo a quien más pedirle) y que me haga pasar este rato lo mejor posible. De momento, llevo una semana sin zumba, ni aerobic, ni gimnasio… intentando no coger peso, ni frío y dormir al menos siete horas por las noches. También le digo constantemente a mi mente que deje de obsesionarse con el macroevento (laboral) que estoy organizando para el 14 de diciembre y que me quita el sueño (literal), pero a tenor de las veces que me despierto soñando con ello, y cómo me está castigando mi espalda, no surte efecto.

Está claro que mi cuerpo me está pidiendo, a gritos, que me baje del tren, que pare el ritmo y descanse. Y me resulta tremendamente difícil poder hacerlo. 

Este finde me voy a la casa del pueblo. Prometo que voy a ir de la cama a la chimenea y viceversa, muy poquito más. Si me lo permite mi hija (que no creo, para qué engañarnos), me gustaría meditar algo, ponerme a hacer yoga e intentar mejorar un poquito. Pero como voy a estar allí en el medio de la nada, me llevaré pastillas…. (y otro principio a la mierda).

Este viernes vital no es tan happy flower como otras veces, ¿qué hacéis cuando vuestro cuerpo dice basta? Es difícil pensar en positivo en medio del dolor, especialmente el físico. Cuando me mejore un poco, intentaré reflexionar sobre esto, a ver qué aprendizaje puedo sacar de este nuevo reto.


Buen finde a todos. 

LECTURAS INSPIRADORAS 2: LA EMPRESA MÁS FELIZ DEL MUNDO, DAVID TOMÁS

Como (casi) siempre, voy tarde escribiendo este post, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de recomendaros una gran lectura, que además es el primer libro de una persona a quien admiro. Pero no sólo eso, su autor, David Tomás no ha tomado la ficción y la ha convertido en esta historia, sino que lo que narra La empresa más feliz del mundo es la historia de su propia empresa, Cyberclick, que él mismo montó desde el minuto cero con unas bases claras, que ponen a las personas por encima de todo, incluso a veces por encima del propio negocio. Esto es algo sencillamente inaudito: aunque he tenido la oportunidad de conocer alguna que otra empresa que valora a las personas, nunca llega a tanto.

El caso de Cyberclick es efectivamente único en el mundo, la empresa más feliz del mundo o al menos la empresa del mundo donde las personas importan más que el resto de las cosas. No sorprende que el año pasado ganaran el primer puesto de los Best Work Places, pero los premios, premios son. No tienen mas importancia que la que quiera dárseles, pero la verdadera importancia reside en las cosas maravillosas que hacen en Cyberclick cada día en una nave capitaneada por David pero en la que todos los miembros de la tripulación tienen el mismo peso en las decisiones.


Pero La empresa más feliz del mundo no es un manual para empresas, sino una bonita novela, que se lee muy bien y que nos deja claros mensajes y enseñanzas. David Tomás, metamorfoseado en la piel del protagonista, Félix, nos cuenta las vicisitudes de cómo tomar las riendas de una empresa zozobrante, a punto de hundirse, y no sólo recuperarla a través de las personas que trabajan allí y la construyen cada día, sino convertirla en una empresa rentable que consigue hacer las cosas de manera diferente.


Para ello, David toma prestado el recuerdo de La isla del tesoro, de Robert Louis Stevenson; qué mejor que un mapa del tesoro para llevarnos de isla en isla, de enseñanza en enseñanza, hasta llegar  al final, al tesoro, que no es ni más ni menos que las personas. La felicidad es el propio camino y el  motivo que guía toda la travesía de Félix, y que guió y sigue guiando la de David en la vida real. Pero la felicidad también es una consecuencia del verdadero valor: poner a las personas en el eje de todo.

Los guiños a La isla del tesoro son además constantes. Félix ha de capitanear dos librerías al borde de la quiebra, heredadas de su padre, que llevan por nombre El capitán Flint y John Silver. Nos mostrará a lo largo de la historia muchos guiños de hitos que demuestran en el buen hacer de Félix que si sitúas a las personas en el centro de todo, las cosas terminan saliendo, precisamente por el esfuerzo y la magia que generan esas mismas personas.

Al final del libro encontraremos 11 claves que construyen la empresa feliz. Vienen en una infografía de un mapa del tesoro (como no podía ser de otra manera) y aparecen impresas dos veces. Una para el dueño del ejemplar del libro y otra para que éste se la regale a la persona a quien creas que este mapa pueda servir y ayudar.

Como espero que alguno de vosotros se anime a leer este libro, porque merece realmente la pena, no os voy a contar las 11 claves, ya que creo que debéis descubrirlas por vosotros mismos. Pero sí quiero hablaros de algunas de ellas, o al menos de los aprendizajes básicos que yo he hecho a través de esta lectura.

Lo primero, es hablar de pensamiento. Párate y piensa, qué haces, por qué, dónde te lleva, dónde querrías llegar en realidad, aprende de ello, simplifica las cosas y haz lo que mejor se te da, con ello, te acercarás mucho más al triunfo sin dejarte la vida en el camino.

Después está la confianza, algo básico para el engranaje no sólo de las empresas, sino de nuestra propia vida. Confianza en ti mism@ pero también en los demás, déjate ayudar y ayuda, confía en que las cosas van a salir bien.

Por último, hablemos de valores y de sociedad. Merece la pena reflexionar sobre qué haces y cómo lo que haces llega a la sociedad. Mejorar la sociedad y alinear tus valores personales a tus valores empresariales es algo imprescindible que te permitirá estar en un lugar en el que quieres estar. Esto es aplicable a todos los puntos de nuestra vida, y no siempre es fácil hacerlo, al menos si la empresa no es tuya. Pero si los valores de tu empresa friccionan con tus valores personales, cambia de rumbo.  


La verdad es que he de reconocer que partía con ventaja, ya que tengo la suerte de conocer personalmente al autor de La empresa feliz, David Tomás, desde hace un par de años; y no solamente eso, sino que he tenido más suerte aún de poder compartir con él varias jornadas y muy buenas conversaciones, en las que he aprendido mucho, y sigo haciéndolo. Debo confesar que siento una gran admiración por David y su trabajo, para mí es un referente y ojalá su ejemplo fuese seguido por más empresas en este país, que falta nos hace. 


Su primera novela es un libro muy fácil de leer, que en un par de ratos te dejará un gran sabor de boca y muchas buenas enseñanzas para aplicar en tu día a día. Ojalá muchos CEOs siguiesen su ejemplo y aplicasen muchas de las cosas que David comparte con nosotros en este libro, porque estoy convencida de que otro tipo de empresa, diferente a la empresa media actual (Cyberclick es una rara avis clarísimamente) es posible en España, donde el foco en las personas, que al fin y al cabo somos las que construimos todo, sea lo fundamental.





VIERNES VITALES 36: TU SALUD SE RESIENTE CUANDO VES EL MUNDO DE COLOR NEGRO

El domingo pasado se publicó en El País Semanal un artículo fantástico de la psicóloga deportiva Patricia Ramírez. A Patricia la sigo desde hace años, cuando la descubrí en un Congreso de Mentes Brillantes, y aunque está especializada en psicología deportiva, escribe cosas muy interesantes y que frecuentemente es capaz de hacerme click en mi cabecita y plantearme muchas cosas. Precisamente, Somos lo que pensamos,  ese artículo del domingo pasado, con el que me sentí tan identificada y fue además el que me hizo pensar y el que ha inspirado este viernes vital (gracias, Patricia).

Hace ya bastantes años, yo era una adicta al trabajo. Cuando eres pequeña siempre tienes el camino marcado, simplemente tienes que seguirlo, esforzarte, y se supone que conseguirás ¿el éxito? Primero el colegio, luego la universidad, un curso tras otros… y al final llegas al mercado laboral, donde el esfuerzo dará resultados. La teoría es muy bonita, la práctica no tanto. Y sobre todo, que quizá deberíamos replantearnos qué es el éxito en realidad y qué es la vida. Especialmente por la fugacidad de la vida y el tiempo que perdemos buscando el éxito que nunca encontramos y la vida y la energía que perdemos, muchas veces haciendo cosas que nos hacen infelices. 

Y luego está el estrés, ese inevitable estrés que nos hace polvo, a nosotros y a nuestra salud. Un estrés físico que termina siendo también emocional, crea frustración, negatividad… y al final todo es negro. Lo que más se resiente es nuestra salud, pero cuando estamos en ese pozo de estrés, oscuridad, frustraciones, cansancio, búsqueda de eso a lo que llaman éxito y demás, no vemos más allá. Os lo dice alguien que ha hecho un largo viaje por esos lares y que no está dispuesta a regresar por ahí. He pagado (y sigo pagando) precios altos por haber vuelto del lado oscuro y mi vida, mi familia, mi tiempo, mi mundo, van mucho antes que la búsqueda de ese éxito (profesional) que se supone que todos debemos de tener.

Nuestra mente puede ser nuestra principal aliada, pero a menudo se convierte en nuestra peor enemiga. Tendemos a ser negativos, a gozar de las sombras (sí, como suena), a culpar al mundo, a valorar siempre las cosas malas o darles mucho más peso que a las buenas e interpretar casi todo de una manera más negativa que positiva. Cuando ejercitas tu mente para lo contrario, para dar valor a las pasiones, para dar valor a la VIDA, el mundo cambia. Llega un punto, inexplicable, en que haces click, empiezas a recibir fogonazos, te entregas a la vida y dejas las profundidades oscuras. Tú las dejas, ellas a veces vuelven, pero como me dijo una amiga en una ocasión: “Eres capaz de permanecer menos tiempo en el sótano y salir antes de ahí”.

Patricia Ramírez nos decía que nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones. Es absolutamente cierto. Son capaces de influenciarnos y de cambiar nuestra vida, para bien y también para mal. Pero también nos daba dos grandes noticias: que nosotros somos los responsables de lo que sentimos (no el entorno ni los demás, ni los hados del destino) y que podemos cambiar nuestro estilo cognitivo cuando entrenemos otra forma de pensar. Tal cual, cuando empiezas a ejercitar el pensamiento positivo de la vida, la vida se vuelve más bonita, las cosas empiezan a salir mejor, comienzas a valorar las pequeñas cosas que hay a tu alrededor y que antes no eras capaz de ver y sientes esa sensación de bienestar llamada felicidad.

Esto no quiere decir que pasemos a ser happy flowers pegando saltos por la vida. Porque no, por mucho que se empeñen los anunciantes de compresas, la vida dista mucho de ser de color de rosa. Pero sí podemos tomar las riendas de nuestra mente, aplicarla a cosas que merecen la pena y vivir.
  

Para ello, Patricia Ramírez nos daba unas cuantas claves en su artículo, que os recomiendo que leáis. Pero básicamente yo os diría que (casi) todo pasa por la aceptación, el dejar de dar vueltas al lado oscuro, dar valor a lo que realmente tiene valor (la vida) y dejar de dárselo a tantas cosas que no lo tienen en absoluto y que seguimos dándoselo y reírse de uno mismo y de nuestros propios miedos. No son pocas tareas para llevar a cabo, y así escritas del tirón parecen sencillas, pero no lo son en absoluto. Sin embargo, poco a poco se van construyendo y logrando. A veces muy poco a poco, pero lo importante es continuar en tu camino.

He tardado años en darme cuenta de esto. Después de leer el artículo de Patricia Ramírez me he preguntado qué hubiese pasado si lo hubiese leído años atrás. Sobre todo por el hecho de verlo todo tan claro ahí escrito, expresando en palabras lo que a mí me ha llevado un arduo camino y que aún me lleva. Pero también creo que para entender hay que haber abierto los ojos y leer con entendimiento. Si permaneces con ojos y oídos cerrados, si no has sido capaz de reeducarte emocionalmente, probablemente las palabras se queden en tristes signos mojados que no sean capaces de decirte nada.

En cualquier caso, seguro que el tremendo y magnífico texto de Patricia inspira a muchas personas.


¡Buen viernes! 

MADRID CON NIÑOS 20: LA BIBLIOTECA DE LOS RATONES EN LA SALA BULULÚ2120

Este  fin de semana he pasado mucho tiempo con Henar y hemos hecho cosas muy divertidas e intensas. El sábado estrenamos el día recorriéndonos media ciudad para descubrir una sala pequeñita pero con mucho encanto cerca de Embajadores, llamada Bululú2120 y que nos encantó. Abrir una sala de teatro en este país y conseguir mantenerla a flote es casi una utopía, por eso estos lugares se convierten en algo mágico y más aún por las personas que lo hacen posible. Bululú2120 está en la calle Canarias (paralela a la calle Ferrocarril) y además es escuela de actores. Según llegamos, invitaron a Henar a coger tizas y pintar en la entrada del local, que con pintura de pizarra en su pared y una caja de tizas hace las delicias de cualquier niño y los entretiene hasta que empiece la función. Me encantó este gesto, sólo por eso ya me tenían ganada para la causa.

Un rato después accedimos a la sala donde disfrutaríamos de una función muy especial: La Biblioteca de los Ratones, una obra dirigida al público infantil (a partir de un año, pero para niños de 3 a 5 años es ideal) y que fue capaz de robarnos el corazón. Nos sentamos en la parte delantera de la escalinata de localidades, en unas cómodas colchonetas a disfrutar de la representación y nos encontramos con un mundo absolutamente encantador.

En escena, la Abuelita Mencía dormitaba, junto a su encantadora casita. Pronto conoceríamos a su nieta Sofía, una niña con gran ilusión y alegría contagiosa a la que le encantan los cuentos. Entre las dos nos descubrirán la habitación más mágica de toda la casa: La Biblioteca de los Ratones y aprovecharán para contarnos dos cuentos maravillosos, todos ellos, cómo no, protagonizados por los pequeños roedores: La ratita presumida y La serpiente y los ratones.

Esta representación, basada en cuentos populares, hace las delicias de los niños (y de los padres, yo la disfruté como una niña). Los niños y los padres participaremos cantando, escondiendo ratones de la serpiente que se los quiere comer, jugando y pasándonoslo fenomenal de principio a fin. Es tan bonito e intenso que se te pasa volando. Y no es que lo diga yo (que también), pero una valoración de 9 sobre 10 en atrápalo es por algo, podéis verlo con vuestros propios ojos aquí.


La Biblioteca de los Ratones se seguirá representando en la Sala Bululú2120 los sábados y domingos de noviembre en horario de 11.30 y 12.30 de la mañana; el sábado 28 además tendrán una sesión a las 17.30 horas. Aún tenéis varias oportunidades para ir a verla y disfrutarla.

Pero además, nos has chivado una ratita que volverán después de Navidades, a la SalaMontacargas, en inglés, todos los domingos de enero a las 18 horas. Un espectáculo tan bonito y además en inglés, seguro que es una ocasión estupenda para que Henar y yo volvamos a ver a nuestros amigos los ratones, y por supuesto a la Abuelita Mencía y a su nieta Sofía.


Isabel Justamante es la actriz que da vida a Sofía y el alma pasional que se encuentra detrás de este espectáculo y de La Caseta. Me encantó su desparpajo, su alegría y el inmenso cariño que ha volcado en La biblioteca de los ratones. Las dos actrices lo hacen francamente bien, el espectáculo es ameno, divertido y muy bonito (la casa y la biblioteca de los ratones es una monada, si fuese más apañada intentaba hacer algo parecido en casa con goma Eva).


Me encantó especialmente el trato tan cariñoso que tuvieron con todos los niños de la función, a quienes invitaron para sacarse fotos con las actrices, visitar y conocer todos los entresijos del decorado de La Biblioteca de los Ratones y por supuesto jugar con todos los animales de peluche que pueblan este cuento. Pero además, incluso se animaron a pintarles los bigotillos y naricillas de ratón a los niños. Una mañana estupenda en la que entramos con niños en la Sala Bululú2120 y salimos con ratones. 



VIERNES VITALES 35: EL TEATRO

Una gran amiga me ha pedido que recupere los viernes vitales, así que allá voy. Eso sí, no mantengo las promesas durante mucho tiempo, porque no soy precisamente una persona de hábitos. Creo más bien que, llegada a determinada edad, uno tiene que hacer las cosas que le salgan de dentro, dejar que mande más el corazón que la cabeza (al menos en la vida personal). Las listas de tareas que se las quede la oficina.

Los viernes vitales comenzaron como ejercicios de coaching. Bueno, no directamente durante el proceso de coaching en sí, pero sí meses después, como resultado de la meditación y la reflexión sobre las pequeñas cosas de la vida. Hoy es su edición 35 (en un año y medio no está ni tan mal) y como coincide con mi edad actual, me voy a plantear una reflexión especial.

En la última edición del Congreso de Mentes Brillantes, una de las ponencias que más me impactó fue la de la psiquiatra Rafaela Santos, que hizo un emotivo discurso sobre la resiliencia, pero que nos explicó algo tan simple y a la vez tan complejo como que nuestro cerebro cambia en un mes y nosotros no somos los que fuimos un mes atrás. Si lo piensas, da verdadero vértigo. Por la evolución de mis 35 viernes vitales (tienen su propia etiqueta, por si hay algún frikie en la sala), se puede ver la evolución de mi forma de pensar en un año y medio. He tocado temas tan dispares como la perspectiva, el pataleo, saber decir adiós y dejar ir, mis planes en 5 años, mi dificultad con los hábitos (los termino abandonando), la organización, el positivismo, las pequeñas cosas, o la procrastinación (que tan bien se me da), entre otros…

Y me surge una duda, me pregunto a mí misma: 

¿Cómo es posible que nunca haya hablado de teatro en un viernes vital? 

Porque el teatro forma parte imprescindible de mi vida, y por ello, debería formar parte de mis viernes vitales. De hecho, si miro atrás, en los últimos años (casi) nunca lo he abandonado, es una de las pocas cosas que se deben de quedar en mi cabeza con ese cambio neuronal absoluto que sufrimos cada pocas semanas. Es cierto que hubo una época en la que me colapsé de teatro y que, aunque nunca he sido de comedia, he tenido mis rachas (ahora estoy en una en la que huyo de la comedia y busco historias que me remuevan por dentro –y la comedia pocas veces lo logra). Pero, con sus vaivenes, el teatro siempre ha estado ahí, al menos en mi edad adulta en la que las elecciones han sido mías. Y como ésta es mi vertiente personal, me permito el lujo de seguir eligiendo.

Hoy estoy muy cansada, porque arrastro horas de falta de sueño acumulado. ¿A qué viene este salto al vacío? Pues a que el miércoles, me salté los hábitos que no tengo y en lugar de irme a dormir a una hora decente me acosté a media noche (mientras el implacable despertador no perdona a las 6.15). Lo estoy pagando aún, pero hoy es viernes. Y aunque lo esté pagando… ¡bendito precio! Porque el lunes tuve la inmensa suerte de compartir un café y una conversación muy humana con alguien del mundo del teatro al que admiro profundamente. Si eso no es ser afortunada y no tener magia en la vida… (gracias, gracias, gracias!). 

Estoy descubriendo el teatro desde perspectivas que antes nunca me había planteado. Quizá los razonamientos que hago no son lógicos y en cambio sí bastante erróneos, pero me planteo cosas que antes no me planteaba, y digo yo que eso tiene que ser bueno (aunque erres en el tiro del pensamiento). El caso es que en un momento determinado de esa conversación, esa persona me preguntó sobre mi relación con el teatro, más o menos qué significaba el teatro para mí… y ni supe ni quise contestar porque simplemente no encuentro palabras para hacerlo.

El teatro lo es todo… al menos en esa parcela de mi vida despegada de todo lo demás y que le da gasolina al resto. Me resulta muy complejo explicarlo, pero como me dijo mi amiga Beti un día, Cuando estás en el patio de butacas, en esos instantes previos a que se abra el telón… sabes que no volverás a Oviedo

Mi amiga Beti es probablemente mi amiga más antigua, 30 años de amistad dan para mucho, somos amigas desde los muy lejanos inviernos de lluvia de un colegio de monjas en Oviedo, allá por los ochenta. Compartimos ese tronco común carbayón, pero también esa pasión común por muchas otras cosas: el teatro, los libros, los viajes, Sabina… y nuestro Madrid. Yo adoro Madrid, me siento madrileña de devoción (algunos me cerrarían el paso por Pajares y el Huerna, lo sé). Y sé que éste es mi lugar. Pocas veces lo siento más mío o de manera más intensa que probablemente en esos instantes previos a que se abra el telón, aunque muchas veces no hay telón, y es una pena por cierto.


No me llama en absoluto la interpretación. Creo que es un trabajo bellísimo y admiro profundamente el mundo actoral, pero desde fuera, desde el otro lado del telón. Me gusta que me cuenten cosas sobre las sensaciones al otro lado, pero mi sitio está en el patio de butacas. Y cuando digo mi sitio, es mi sitio de verdad. En el patio de butacas siento un bienestar, una pertenencia, paz, necesidad, flotación… que creo que no siento en ningún otro lugar físico. Y con eso no quiero decir que me guste todo tipo de teatro, ni que lo aguante (en ocasiones me he dormido y en otras, me he llegado a ir), pero es una especie de droga. Me da bienestar, pero a veces también lo contrario. Me da motivos para pensar, me revuelve por dentro, me hace plantearme en mi vida algunas de las preguntas que se plantean ciertos personajes. No siempre sucede, por supuesto que no, pero cuando lo hace es mágico.

Me resulta imposible imaginar (ingenua de mí) cómo la gente es capaz de vivir sin teatro. Cómo viviendo en Madrid, con la oferta que hay, muchas personas jamás van al teatro, o van a disfrutar obras que, con todos mis respetos, son de risa fácil y profundidad chiquitita. No lo logro entender, pero está claro que sucede, por lo que quizá el planteamiento, de nuevo, es erróneo por mi parte. Bueno, si pienso en mí misma, ratón de ciudad que soy, a mí el campo... para los bichos que lo habitan, y hay quien no sabe vivir sin senderismo… supongo que cada uno tenemos nuestra propia droga. Y la mía, en gran medida, es el teatro.

Me parece un tema de reflexión interesante, ¿cuáles son tus drogas? ¿cuál es aquélla o aquéllas que has mantenido, con sus más y sus menos, a lo largo de los años? ¿por qué? ¿qué te aportan? ¿son drogas buenas?


Sigo sin saber expresar qué significa el teatro para mí, pero lo que sí sé es que está directamente relacionado con mi verdadero lugar en el mundo, el lugar al que en realidad pertenezco. 

WALLAPOP

Hace un tiempo os dije que quería escribiros sobre mi experiencia con Wallapop, y por fin me he decidido a hacerlo. Empecemos por una pequeña guía sobre lo que es, su funcionamiento etc., por si alguien aún no la conoce.

¿Qué es Wallapop?

Wallapop es una aplicación (no funciona como página web) para dispositivos móviles. En ella aparecen artículos de venta de particulares ordenados por cercanía (proximidad geográfica) y también por novedad (aparecen antes los artículos que hace menos tiempo que han sido subidos). Eso permite encontrar a simple vista en su muro artículos que te puedan interesar y que puede ser que los venda hasta tu vecina del sexto.

¿Cómo funciona?

Su funcionamiento es muy sencillo. Simplemente debes decargarte la aplicación, crear tu perfil (te piden pocos datos: alias, lugar de ubicación, email, contraseña para la aplicación y foto si quieres) y podrás empezar a vender y a comprar. Porque hay quien utiliza la aplicación para vender cosas, otros para comprar… aunque lo más habitual es que si empiezas con ella para vender, termines utilizándola también como comprador.
Puedes utilizar su buscador para encontrar aquel artículo que quieres encontrar. Cuando lo hagas, contacta directamente por el vendedor mediante el chat de la misma aplicación y pacta con él un lugar donde quedar para comprar el producto o incluso el envío en el caso de no poder quedar o que no estéis cerca. Como vendedor el proceso es igual pero a la inversa.


¿Es gratis?

De momento sí. Y digo de momento porque está claro que antes o después la empresa que hay detrás tendrá que sacar beneficio, bien sea mediante cánones al usuario, mediante venta de la aplicación (pago por descarga), publicidad  etc. Pero de momento no debes pagar ni por la venta ni por la compra de artículos ni tampoco por la descarga de la app.

¿Qué puedo vender o comprar por Wallapop?

Te sorprendería la cantidad de cosas diferentes que se compran y venden mediante esta aplicación. De hecho, por internet hay varios artículos sobre las cosas más raras que puedes comprar por Wallapop pero puedes encontrar prácticamente de todo: muebles, ropa, libros, películas, cosas de bebés y niños, juguetes, cosméticos, accesorios, productos de todo tipo…

Personalmente, he vendido muchísimas cosas: ropa de mi hija (a veces incluso sin estrenar), juguetes que se nos han quedado pequeños o repetidos, libros, colonias, ropa mía, collares y demás accesorios, cosméticos, Dvds, incluso entradas a espectáculos, una maleta que no usaba o un reloj con unos cuantos años.

Pero también he comprado bastantes cosas, por ejemplo un abrigo de Desigual que hacía años que quería, tres o cuatro vestidos a cada cual más divino y por un precio estupendo (me he comprado un vestido de seda de Jesús del Pozo hace un par de semanas que quita la respiración), un par de collares, un bolso, un par de cojines y varias cosas para mi hija, entre ellas unos cuantos audio-cuentos Disney (que no podéis haceros una idea del partido que les estamos sacando), o una colección de Littlest Pet Shop que a mi hija le van a encantar la próxima navidad. Pero además la semana pasada me compré una vajilla Disney de unas 60 piezas por 50 euros, un chollo absoluto que vamos a disfrutar muchísimo.

En realidad puedes vender y comprar lo que quieras. Muchas veces tenemos nuestras casas llenas de cosas que ya no usamos, nunca llegamos a estrenar y que sin duda no necesitamos. Lo que ya no te sirve y que lo único que hace es coger polvo y olvido en tu casa, seguro que a alguien le puede interesar. Ponle un precio y no te pases. Cuanto más ajustado sea, antes lo venderás. Y vale que todos pensamos en el precio real que costó en su día ese artículo, pero no tenemos en cuenta que guardado en un cajón durante años no vale nada y que incluso ocupa un espacio que sí vale dinero (llenar nuestra vida de trastos tiene un coste a todos los niveles, aunque nos empeñemos en ignorarlo).

Una App mejorable

Supongo que los de Wallapop sabrán las mejoras que necesita su aplicación, pero por si alguno lee esto, les hago mis propias recomendaciones. Creo que la idea es fantástica pero la app es muy mejorable. Por ejemplo, yo incluiría lo siguiente:
- Productos favoritos. Marcas tus productos y cuando estén disponibles te avisa la propia aplicación.
- Búsqueda de usuarios. Resulta imposible ahora mismo.
- Alarmas de cambio de precio.
-Marcas favoritas o categorías de productos favoritos: desde una marca en concreto hasta un genérico como estantería de madera.
- Que no salgan tantos unicornios y la aplicación funciones bien. Porque en muchas ocasiones ni te informa de los mensajes recibidos, no carga, se queda pensando el chat, no funciona, n identifica bien lo que buscas (a veces incluyes palabras que expresamente salen en el producto y sin embargo dicho producto no se te muestra en el listado) etc.
- Marcar amigos: usuarios a los que ya has comprado en otras ocasiones y que quieres seguirles la pista.

En fin, mil utilidades más que harían que se encontrasen mejor las cosas y que se vendiese mucho más. Lo peor de todo quizá sea que se queda colgada habitualmente, no funcione, y sobre todo el tema del chat. A veces quedas con alguien y no puedes contactar con él porque la aplicación se queda pensando durante 15 minutos. Creedme que me ha pasado y fastidia mucho.

Darle otra vida a las cosas.

Soy una profunda defensora de darle vida a las cosas que no usas. Lo aprendí probablemente mientras vivía en el sur de Inglaterra (donde las tiendas de segunda mano es algo súper habitual) o en mi etapa de Erasmus en Italia. Nunca he entendido por qué en España parece que nos da repelús utilizar cosas de segunda mano, salvo entre familiares y poquito más. Lo cierto es que muchas cosas que no usamos pueden ser perfectas para otras personas, y cosas que otras personas no usan, perfectas para nosotros.

Hace años comencé a regalar libros (y conseguir otros) a través de plataformas como Bookmooch, Book  Crossing o la librería física en Madrid Librería Libros Libres (hoy denominada Tuuuuu Librería). Pero al margen de los libros, existían pocas plataformas para la compra, venta y cambio de otras cosas. He utilizado Segundamano en alguna ocasión y también Ebay, pero muy poquito. Sin embargo, me declaro absolutamente adicta al Wallapop. Pero sobre todo porque me ha permitido encontrar tesoros y convertir en tesoros (para otros)  cosas que no utilizaba, pero también para hacer orden en tu vida. Aún no me he puesto a fondo con Wallapop, pero lo cierto es que llevo más de 80 ventas, 80 cosas que sin duda no utilizaba, o al menos sin las que puedo vivir perfectamente.  80 huecos en mi casa, que además me han reportado algún que otro eurillo y mucho espacio, aunque reconozco que parte de los eurillos y del espacio han sido reinvertidos en comprar tesoros a terceras personas.

Echadle un vistazo porque merece la pena. Hay muchas cosas que nos da pena tirar o que no tenemos a quien regalarlos y que sin embargo a través de esta aplicación podemos darles otra vida. 


LA BÚSQUEDA (PSICÓTICA) DE LA FELICIDAD

Al poco de dar a luz mi ginecólogo me dijo una frase que cada vez resuena más en mi cabeza: 
Estás en esa época en la que aún crees que eres inmortal

Hace poco, leí una frase similar en algún sitio (no recuerdo ahora mismo dónde), que hablaba de que cuando somos jóvenes nos creemos inmortales.

Bien, debe de ser que ya no soy joven, porque no me creo inmortal, aunque tampoco vivo con la espada de Damocles sobre mi cabeza pensando en la muerte. Sin embargo, en este 2015 que cada vez va tocando más a su fin, he perdido dos abuelos, ya muy mayores, y me ha dado por reflexionar más que en la muerte, en el significado de la vida, en la oportunidad que nos brinda cada día para vivir, ese regalo inmenso que tenemos en forma de días y que muchas veces desaprovechamos entre la rutina, los enfados y los vaivenes de muchas cosas que no merecen la pena. Porque lo que de verdad merece la pena es vivirlo intensamente.

También he pensado muchas otras cosas contradictorias, que voy lanzando como puedo en este cuaderno de bitácora. Me ha dado por pensar en que quizá perseguimos la felicidad de un modo hasta psicótico precisamente por ese tiempo que se nos escapa entre los dedos. Quizá esa necesidad de felicidad venga intrínsecamente ligada a esa pérdida de inmortalidad. La infancia, probablemente la etapa más feliz de nuestra vida, y también la más ignorante, transcurre con mundos maravillosos en las que las aventuras surgen solas, nadie nos insta a buscarlas, crearlas, lucharlas… y sin embargo nos llenan de felicidad. Con los años somos más conscientes, menos ignorantes de las cosas buenas y malas del mundo, y tras muchos reveses, terminamos buscando la felicidad como el santo grial.

Pero la felicidad extrema también está penalizada. Si eres feliz, si lo cuentas, si lo compartes, si entras en ese estado zen, levantarás suspicacias, dudas, envidias… Seguramente hay que estar verdaderamente fumados para estar así de felices, y si no, seguro que es pura fachada, como las casas perfectas del Pinterest. No sé cuál es mi grado de felicidad real, pero creo que mi grado de felicidad y aceptación personal es más que aceptable y ha entrado en una época de confort, de flotación vital, que ya necesitaba. Mi vida, y mucho menos mi casa, no son nada Pinterest ni lo serán nunca, lo siento.  


En cualquier caso, de momento, mi tiempo de flotación está funcionando, que no es poco. Y después de muchos años de convulsión, una necesita un tiempo de paz, de zona de confort, de descanso. Que sí, que está muy bien eso de los retos y de hacer cumbre en picos diferentes, mirar hacia abajo, sentirte satisfecho, o aprender del fracaso si te quedas a la mitad, pero también está bien descansar, coger aire, reflexionar sobre las cosas que son verdaderamente importantes y planificar el futuro en la medida en que sea planificable. Con lo del futuro, me temo que abro otro melón, otro de los puntos que tengo ahí colgados y que me gustaría explorar. Digamos que en mi consciente más íntimo tengo un plan sobre lo que me gustaría hacer, pero sobre todo sobre lo que no me gustaría hacer en absoluto, y especialmente sobre qué tipo de vida quiero llevar.

De momento, os dejo un artículo muy interesante que podéis leer aquí y que nos habla de cimas, metas, éxitos y especialmente sobre la faceta agridulce de ese supuesto éxito profesional cuando para conseguirlo dejas demasiada vida y felicidad en el intento. Me resulta muy inspirador y sobre todo recoge muy bien el punto de inflexión en el que estoy y lo que pienso.

Este fin de semana he disfrutado de unos días verdaderamente memorables y llenos de vida, aprovechando al máximo este veranillo de noviembre, con esos días dorados y calurosos de otoño (gracias por este regalo magnífico, Naturaleza). Hemos estado en familia, el sábado pasamos un día estupendo en La Granja, el domingo fue un día más normalito y ayer, La Almudena y Fiesta en Madrid pasamos un día verdaderamente fantástico en el Parque Warner. Creo que en global ha sido un finde lleno de buenos momentos. Además, sigo con el libro de La Magia, a ver si a finales de semana o principios de la próxima me animo a escribiros sobre mis avances mágicos.

Buena semana a todos. 


VIERNES VITALES 34: LA ILUSIÓN DE LA NAVIDAD

Me resulta curioso verme escribiendo un post sobre la Navidad. Pero no ya por las fechas (desde hace tiempo Navidad se adelanta en el calendario y ya está presente en las tiendas desde octubre), sino por la pasión con que veo estas fechas, tan lejana de aquel hastío o incluso disgusto con que las veía años atrás. En eso, soy consciente de que mi hija también ha obrado el milagro, porque hoy, gracias a ella, vuelve a gustarme la Navidad y la espero con ilusión.

Quizá sea pronto para hablar de Navidad, pero revisando el blog en el mes de noviembre del año pasado (cuando escribía mucho más habitualmente por cierto), he visto que el 24 de noviembre hablé sobre los planes de Papá Noel con Henar y para aquel entonces prácticamente casi todos los regalos estaban comprados. Bien, para eso sigo siendo una cagaprisas incorregible y confieso que ya tengo ciertas cosas o en casa escondidas en los altillos o que están viniendo en transporte después de ese click de compra vía página web. Pero bueno, de eso ya os hablaré otro día.

El caso es que hoy es viernes, y también recuperando viejas costumbres, quisiera retomar un viernes vital de reflexión sobre la Navidad. Y especialmente sobre las ganas de que llegue la Navidad. Ya os decía el otro día que noviembre es ese mes maldito y triste y que en diciembre, esperando la Navidad parece que recuperamos la sonrisa. Pero noviembre también forma parte de nuestras vidas y merece ser vivido con intensidad, nada de tirarlo a la basura, que es nuestra vida! Y se nos escapa.

Debe de ser por eso que los de los supermercados ya tienen el turrón de Suchard en las estanterías (soy adicta, menos mal que sólo lo venden en esta época del año). Y no hay nada mejor que empezar un noviembre a dieta y que tu marido aparezca el lunes con una tableta de tu turrón favorito. Porque si el resto de los dulces navideños me dan bastante igual, con el Suchard no puedo contenerme, eso sí, el clásico, el de toda la vida, nada de esas mezclas raras con galleta y otros elementos que hacen ahora. En eso, me permito ser contraria a la innovación.

Pero no quedó ahí la cosa, que el otro día, aprovechando que iba al teatro y que llegué 10 mins antes, me dio por pasarme por una conocida cadena de tiendas de chorradas (sí, de ésas en las que entras, picas y compras cosas que luego en realidad no sirven para mucho salvo que son bonitas) para inspirarme para Navidad. Y gracias a la fortuna no piqué y “esta vez” no compré nada, pero vamos, que me quedó un poco el gusanillo por ahí.


Si a eso le sumas las ganas que tengo de montar el árbol (en el puente de diciembre lo pongo, si no es antes), que ya estoy planificando los viajes en esas fechas y muchas otras cosas más… me miro a mí misma y me pregunto ¿quién eres?, ¿qué has hecho con la de antes, la de hace años? Creo que me queda muy poco de casi nada de lo que en su día fui, pero en cuestión navideña, me temo que nada de nada. De lo cual me alegro. Y mucho. ¿Y por qué? Pues porque lo verdaderamente importante no es que te guste o no la Navidad, lo importante es que te guste la vida. Puede que haya fechas vinculadas a recuerdos tristes (no todas las navidades de todo el mundo han sido felices) pero penar y recordar el dolor pasado no sirve de nada. Lo que es importante es superar las cosas que pasaron hace tiempo y mirar hacia adelante, así como mirar al presente. Sí, una de las mejores cosas que he aprendido en estos años es a mirar a mi alrededor, al hoy, a las oportunidades que se nos prestan cada día, a las cosas que pueden hacernos felices si realmente estamos dispuestos a aprovecharlas y brindarles la oportunidad que se merecen.

Para mí, la Navidad es una oportunidad, porque realmente hoy, gracias a una niña preciosa que me ha devuelto parte de mi niñez, me brinda la ocasión de ser feliz, de disfrutarla, de ilusionarme con chorraditas como la decoración navideña, los regalos que querría comprar, las cosas que vamos a hacer durante las vacaciones de Navidad. Hace años, las navidades para mí pasaban sin pena ni gloria. Tanto era así que ni siquiera me esforzaba en coger vacaciones en esas fechas; ahora, coger vacaciones esos días se convierte en un asunto de importancia trascendental. Pero no sólo eso, sino que pienso en las cosas que voy a hacer con Henar, su ilusión, las Navidades del Circo Price (no nos las perdemos por nada del mundo), los mercadillos, las luces, incluso la cabalgata de Reyes aunque nieve. Por eso realmente son mágicas, porque son una oportunidad única de disfrutar y no meternos en esos túneles negros, sino luchar por nuestra felicidad, y por nuestra vida. Cada minuto que nos mantenemos en el sótano lúgubre de nuestros pensamientos es un minuto perdido.

¿Y tú, eres capaz de ilusionarte?


MI REVISIÓN TEATRAL DE OCTUBRE

Se está convirtiendo ya casi en una costumbre esto de escribir un post multi-reseña con los espectáculos teatrales a los que he asistido el mes anterior. Yo diría que es optimización del tiempo pura y dura, que también sirve.
Este mes de octubre me ha brindado la oportunidad de asistir a cuatro espectáculos teatrales y/o musicales, dos de ellos con mi hija Henar y otros dos para público adulto. Normalmente sigo el criterio cronológico, pero en este caso hablaré primero de los espectáculos para mayores y luego de los infantiles (aunque no lo son tanto).
Liberto. Teatro La Abadía.
Liberto es un espectáculo revelación de la pasada temporada que ha venido directamente de Barcelona al Teatro de La Abadía. Y es un espectáculo que os puedo asegurar que no deja indiferente a nadie. La historia que cuenta no puede ser más cruenta: el nacimiento de un hijo con problemas, abocado a morir en pocas semanas y el sufrimiento intenso de sus padres. Como madre, me resultó brutal esta obra, cómo enfrentarse a una situación así de dura, y el debate sobre la eutanasia no permitida, no poder ahorrar sufrimiento a un bebé. Puedes hacerlo con un perro o un gato pero no con tu hijo o contigo mismo.
La puesta en escena es rompedora, con unas interpretaciones magníficas de las tres actrices y música de rock en ocasiones demasiado alta para mi gusta (pero tengo oído de perro, no soy la media). Ya han acabado las representaciones y mis impresiones sobre esta obra con contradictorias. Por un lado reconozco la apuesta a todos los niveles y creo que es de justicia reconocer también que las tres chicas lo hacen muy bien y que es capaz de sacudir tus emociones y tu yo más interno (en eso consiste una parte de la esencia del teatro). Pero por otro lado, reconozco que me sacudió demasiado, más de lo que estaba dispuesta aquella noche…

 El Príncipe. Teatros del Canal.
Había ido a los Teatros del Canal en agosto pero para ver un espectáculo de ballet y la verdad es que hacía ya unos cuantos meses que no acudía allí a ver una representación teatral. Pero cuando mi amiga Beti me animó a acompañarla a ver El Príncipe, una adaptación de la obra de Maquiavelo interpretada por su adorado Fernando Cayo. Dicen que Maquiavelo se inspiró en César Borgia y en Fernando el Católico para realizar su obra cumbre. Ambos aparecen en esta adaptación teatral, con una escenografía al principio sorprendente (yo me esperaba algo más histórico) y con una sólida interpretación por parte de Fernando Cayo en este gran monólogo.
Si os soy sincera, creo que esta obra merece la pena, pero no fue buena idea ir a verla un viernes por la tarde, día en el que mis fuerzas flaquean.

Hedda Gabler. Fuenlabrada.
Nunca en mi vida había estado en Fuenlabrada, pero una buena obra teatral bien merece el paseo en coche. De hecho, desde hace tiempo, aprovecho la oferta cultural de las ciudades cercanas a Madrid (mejor si están en el norte, que me quedan más cerca) para ver obras que en su día no pude ver, y además a un precio muy asequible. Esto exactamente es lo que ocurrió con Hedda Gabler, que en su día no vi cuando la representaron en el María Guerrero y a la que le tenía cierta curiosidad.
Hedda Gabler es una obra de Ibsen y con este autor nada te deja indiferente. Tenía ciertos recelos porque ha habido obras de Ibsen que me han gustado mucho y otras… Pero sentía doble curiosidad, por ver por primera vez a Cayetana Guillén Cuervo sobre el escenario (no me explico cómo no la había visto antes, pero seguiré su trayectoria a partir de ahora) y el siempre reclamo de volver a ver a Ernesto Arias sobre las tablas.
Me gustó mucho esta obra, una tragedia en toda regla que se palpa casi desde el minuto uno. Una historia, como tantas en la vida real, de un matrimonio desencantado en el que uno no ve y la otra calla su hastío, tan evidente por otra parte… Personajes con profundidad que todos los actores del elenco, incluidos los secundarios, interpretan con maestría. Una Cayetana Guillén Cuervo que lo borda y un Ernesto Arias que nos sorprende en este registro encarnando a Jorge Tessman. El viaje a Fuenlabrada sin duda mereció la pena.
 

Y ahora, pasemos a los infantiles
Raro resultaba no haber ido al TeatroLara desde agosto, así que en octubre hemos ido por partida doble. En concreto, dos domingos seguidos.

Mis primeras Cuatro Estaciones. Teatro Lara.
 Aunque ésta era la segunda ocasión que asistíamos a ver este espectáculo, una vez el gran Ara Malikian y su estupendo grupo musical nos han dejado sin palabras. Este espectáculo pretende (y consigue) acercar al público infantil el maravilloso mundo de la música clásica, demostrando a los niños que este tipo de música no es un señor con cara de pescado muerto tocando, sino que la música es un maravilloso universo por descubrir. Y los niños cogen el guante, porque asisten embelesados al concierto, participando activamente en él.
 Desgraciadamente, Henar estaba un poco pachuchilla ese día y se le hizo largo (por la enfermedad, no por el concierto), por lo que no lo disfrutamos como lo hubiésemos hecho de estar totalmente sanos. Pero aún así fue una vez más maravilloso. Ara Malikian es clarísimamente un genio al violín, pero además tiene una vis especial para conectar con el público infantil (y también adulto) y en este concierto la explota al máximo. Elige para ello las mágicas Cuatro estaciones de Antonio Vivaldi y nos guía en un concierto recitado por los mundos de la alegre primavera, el soporífero verano (que a Vivaldi no le gustaba nada), el locuaz otoño de vendimias y el frrrrrrío y lluvioso invierno.
 Resulta un espectáculo grandioso. Tanto me gusta que me he propuesto asistir a verlo una vez cada año. Lo programan de manera periódica en el Teatro Lara, estad atentos y comprad entradas, merece muchísimo la pena. Las próximas fechas serán 7 y 14 de noviembre.
  
Esos locos fantasmas.  Teatro Lara.
Como curiosidad os diré que el día que fuimos a ver a Ara Malikian a mi hija le llamó la atención un cartel de un espectáculo del Lara, Esos locos fantasmas. Casualmente, y aprovechando que estábamos allí para el concierto, iba a recoger las invitaciones para el domingo siguiente, así que parece que todos los astros se alinearon. Y no sólo eso, sino que nos encantaron los Locos Fantasmas. Ya os lo conté con mucha más extensión aquí, pero no me resisto a recordarlo en este post mensual.

Esos locos fantasmas es un musical familiar imprescindible que estará en el Teatro Lara cada domingo hasta finales de año. Una niña huérfana entra en un viejo teatro a punto de ser demolido huyendo de la policía. Allí se encontrará con los fantasmas de los personajes que en su día fueron interpretados sobre las tablas de aquel viejo altar de la poesía. Se quedaron allí tras el cierre del teatro, olvidados por los actores y el público que nunca regresaron. Aquellos fantasmas locos, extravagantes y divertidos, están lleno de magia y la pequeña niña descubrirá los entresijos de ese mundo único que es el teatro. Todos juntos vivirán una aventura muy divertida y musical, a pesar de que el propio teatro, y los sueños y espíritus del viejo noble arte del teatro, parecen estar a punto de desaparecer. El viejo teatro será demolido a la mañana siguiente. Pero todos juntos conseguirán, unidos, parar con el amor y el respeto al teatro, unidos por sus voces y su protesta, impedir la demolición del teatro, su hogar.
La puesta en escena es fantástica, la caracterización de los actores y actrices (a medio camino entre lo clásico y lo futurista, con una reminiscencia clara al Cirque du Soleil) es estupenda. Pero lo mejor son los propios actores y actrices, cinco personas sobre el escenario que realizan una actuación vibrante, musicalmente maravillosa (¡qué bien lo hacen!), divertida e intensa, en un espectáculo redondo, que se nos pasó en un suspiro y que disfrutamos muchísimo. Jorge Ahijado como el fantasma de la Comedia, Fernando Samper como el fantasma Dramón (el espíritu del Drama), Paula Guida como el espíritu del Melodrama y Baol B. Bursala como el Espectro, el antagonista del grupo. Acompañados por Ruth Ge que interpreta a la niña de esta historia. Todos ellos lo hacen fenomenal, no os podéis hacer una idea de la fantástica hora larga que pasamos ayer en el Teatro Lara. Debéis hacérosla, porque debéis ir y a verlos. De verdad, no dejéis pasar la oportunidad.
Un musical además con un mensaje claro y precioso, por el que hay que apostar: el teatro y la cultura son un bien nuestro, de todos, que estamos dejando morir (o ahogar con impuestos y otras atrocidades) y que tenemos el deber moral de cuidar y de fomentar entre nuestros peques. Porque un mundo sin teatro sería un mundo demasiado triste para soportarlo.

No estuvo mal octubre, cinco obras: tres de adultos y dos infantiles. Ahora que lo pienso, cinco también fueron las obras de septiembre, aunque cuatro fueron de adultos frente a una infantil. 
Estoy segura de que noviembre también va a ser un buen más teatral.

De momento, tengo ya entradas para El burlador de Sevilla en el Teatro Español, para ver a mi adorado Carmelo en El alcalde de Zalamea y también para El Público, la adaptación de la obra de Lorca por Álex Rigola en La Abadía, que presiento que me va a enamorar. Con Henar iré a ver un infantil la próxima semana y seguro que noviembre nos sorprende con algo que aún no esté en mi agenda. 
Buen noviembre a todos, también teatral.