EL ALCALDE DE ZALAMEA EN EL TEATRO DE LA COMEDIA

La semana pasada tuve el inmenso placer de disfrutar de un gran clásico, El alcalde de Zalamea, y además protagonizado por Carmelo Gómez. Tener a una amiga como Beti desde los lejanos años de colegio hace que conozca muy bien mis debilidades; y por ello, que acierte plenamente en sus regalos. Como me dijo por mi cumpleaños: "Te voy a regalar las entradas para ver a El alcalde de Zalamea  por tu cumpleaños, pero no porque me toque sino porque quiero regalártelas para que veas a Carmelo". Normalmente, pagamos las entradas de teatro cada vez una, no hacemos cuentas, es una costumbre muy asturiana, pero ella tenía especial interés en regalarme esas entradas porque sabe de mis pasados amores por Carmelo Gómez. Justo cuando empezó la representación, ya a oscuras, me susurró: ¡Feliz Cumpleaños!

Carmelo fue mi primer amor platónico actoral. Me enamoré perdidamente de él con quince años, tras su interpretación del Magistral Don Fermín de Pas. Una, que es carbayona de cuna, obviamente se conoce la historia de La Regenta de principio a fin, y qué decir que si lees esa historia y eres chica, te enamorarás irremediablemente de esa figura de amor imposible del Magistral Don Fermín de Pas, como lo hace la propia Ana Ozores. Quizá podría haber interpretado Carmelo a Álvaro Mesía y quizá yo no me hubiese enamorado de él a los quince años, quizá... Pero interpretando al Magistral de la Catedral de Oviedo y además con la planta y buen ver que tenía Carmelo hace veinte años… uno más uno igual a dos.

En cualquier caso, ese amor platónico se me pasó hace tiempo, pero siempre me quedó esa simpatía hacia Carmelo, que me ha hecho ir a verlo varias veces a los teatro madrileños (me vienen a la cabeza dos obras: Días de vino y rosas, con Silvia Abascal en el Teatro Lara –mi teatro fetiche- y Elling, con Javier Gutiérrez en el Teatro Galileo). La primera me gustó, la segunda me desagradó bastante, más aún desde la butaca en primera fila que teníamos. Por eso, estaba predestinada a que El alcalde de Zalamea me gustase, lo necesitaba como agua de mayo.


Carmelo Gómez sigue siendo uno de los grandes actores contemporáneos y es un lujo ir a verlo sobre las tablas, mucho más aún en el papel de Pedro Crespo. Sentía además curiosidad por conocer en primera persona el Teatro de la Comedia, porque he ido muchas veces a lo largo de los últimos años al Teatro Pavón, pero el Teatro de la Comedia ha estado cerrado durante toda mi vida en Madrid, y verlo con estos ojitos se convertía ya en una necesidad. Llamativo también el hecho de ver esta obra contando con el grandísimo actor Joaquín Notario entre el elenco, quien había protagonizado la obra en el Pavón hace unos cuantos años, que en su día disfruté intensamente y de la que guardo un especial recuerdo.

Y ¿cómo se habla sobre un clásico como El Alcalde de Zalamea? Tarea difícil sin duda, siendo como es una de las obras de dramaturgia más conocidas del Siglo de Oro español. Esta gran obra de Calderón constituye un gran drama de honor; narra la historia de un buen hombre del pueblo llano, Pedro Crespo, labrador sin ningún tipo de hidalguía, pero de familia de gran honra. Un día ha de alojar en su casa a un Capitán del ejército del Rey Felipe II y con tanto soldado revoloteando, decide esconder a su bella hija y su sobrina en una de las estancias de la casa, donde los soldados no las verían. Pero lo prohibido siempre, absolutamente siempre, despierta las más profundas pasiones, el capitán y sus soldados urdirán un plan para entrar en tales estancias y el propio capitán decide que Isabel, la hija de Pedro Crespo ha de ser suya.

La tragedia está servida, con rapto de por medio y todos los elementos imprescindibles que han convertido esta historia en uno de los grandes clásicos. Deshonra, honor y un desenlace que, aunque previsible, no deja de ser, ninguna de las veces que la ves representada, arrebatador e intenso como pocos.  


Creo que ha sido un gran acierto reabrir el Teatro de la Comedia, después de tantos años, precisamente con este montaje de El alcalde de Zalamea. Y siempre es un placer volver a reencontrarte con dos grandes como son Joaquín Notario y Carmelo Gómez, por ese orden. Porque, para mí al menos, teatro clásico en Madrid y Joaquín Notario son casi sinónimos. La adaptación anterior que vi en el Pavón hace cinco años estaba protagonizada precisamente por Joaquín Notario y resulta cuanto menos curioso verlo ahora de nuevo, no en el papel de Pedro Crespo, sino en la piel de Don Lope de Figueroa, y los diálogos entre Notario y Gómez son un lujo para un espectador.


Me gustó mucho esta obra pero no me enamoró. Le doy un 8, que está francamente bien, pero no fue capaz de encandilarme. Quizá porque aunque Joaquín Notario borda el papel de Don Lope, viejo, cansado, con cojera… le falta pasión. Aquella tarde no nos embriagó como otras tardes, algo que compartimos Beti y yo al salir del teatro. Y sobre Carmelo, aún sigo dándole vueltas… en este papel es capaz incluso de darle un toque de humor, eso sí, muy negro y muy de Castilla, a Pedro Crespo. Es algo increíble y muy difícil de hacer en mi opinión, pero no tengo claro que Pedro Crespo necesite ese enfoque, ya que la figura que dibujó Calderón creo que no guardaba resquicios para el humor, ni siquiera el más negro del mundo.

Pero la adaptación es buena, la obra es magnífica, los actores y actrices están francamente bien en sus papeles. No me creo a Nuria Gallardo en el papel de Isabel Crespo, no por interpretación, sino por edad. Me resulta curioso que a alguien como Carmelo, con su estupenda planta y su buen ver no le ofrezcan papeles por su edad (o al menos de eso se ha quejado recientemente) y que nos quieran colar por su hija a alguien a quien le lleva cinco años y que si se descuida el hijo podría ser él. Ya sé que en el arte del teatro debería poder quitarme de la cabeza la imagen física y creerme el papel sin más, pero me cuesta.

Mención especial y maravillosa a Clara Sanchís, en el papel de La Chispa, sin duda la mejor interpretación de toda la obra. Está maravillosa en ese papel tan difícil por otra parte, a pesar de ser un papel secundario, ¡menuda secundaria de lujo!. Un registro muy alejado de las otras interpretaciones que yo haya podido conocer a esta actriz. Sencillamente fantástica, un trabajo impresionante.

Aludir también al papel de la música en esta adaptación, recurso del que Helena Pimenta suele echar mano en sus trabajos. En esta ocasión la presencia de la música es constante y hace aún más especial este montaje. Ha confiado para ello en Rita Barber, a la que conocí por casualidad en una pequeña obra musical en el Teatro Galileo hace casi diez años y que se titulaba Lágrimas y sonrisas y fue capaz de enamorarme. Rita tiene una gran voz sin lugar a dudas, pero las expresiones faciales que suele poner (exageradas para mi gusto), creo que chirrían, más aún en un montaje como ése. Por ello, mi recomendación es disfrutar de su excelente voz y fijar nuestra mirada en los actores.

Por último, y sobre filias y fobias, Jesús Noguero está bien en su papel del Capitán don Álvaro de Atayde, pero a mí me resultó inevitable recordar la interpretación de Ernesto Arias en ese papel en el Pavón hace cinco años.

En cualquier caso, muy recomendable este montaje, para el que hay entradas agotadas en todas las sesiones que les restan en Madrid. Pero la buena noticia es que luego se van de gira a Sevilla, Valladolid, Valencia, Barcelona o Santander entre otros lugares, así que aún estáis a tiempo de disfrutarlos.

Y gracias a mi amiga Beti, por quererme y soportarme durante tantos años sobre todo, pero también por regalarme esa tarde con Carmelo y el gran teatro clásico.

NOTA FINAL: Las imágenes son las oficiales, sacadas de la web de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. 


2 comentarios:

  1. Pero qué envidia me das!
    Besotes!!!

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  2. NO quiero leer más porque lo veré en febrero y te entiendo perfectamente con Carmelo Gómez, a mí me sigue chiflando. Besos.

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