VIERNES VITALES 34: LA ILUSIÓN DE LA NAVIDAD

Me resulta curioso verme escribiendo un post sobre la Navidad. Pero no ya por las fechas (desde hace tiempo Navidad se adelanta en el calendario y ya está presente en las tiendas desde octubre), sino por la pasión con que veo estas fechas, tan lejana de aquel hastío o incluso disgusto con que las veía años atrás. En eso, soy consciente de que mi hija también ha obrado el milagro, porque hoy, gracias a ella, vuelve a gustarme la Navidad y la espero con ilusión.

Quizá sea pronto para hablar de Navidad, pero revisando el blog en el mes de noviembre del año pasado (cuando escribía mucho más habitualmente por cierto), he visto que el 24 de noviembre hablé sobre los planes de Papá Noel con Henar y para aquel entonces prácticamente casi todos los regalos estaban comprados. Bien, para eso sigo siendo una cagaprisas incorregible y confieso que ya tengo ciertas cosas o en casa escondidas en los altillos o que están viniendo en transporte después de ese click de compra vía página web. Pero bueno, de eso ya os hablaré otro día.

El caso es que hoy es viernes, y también recuperando viejas costumbres, quisiera retomar un viernes vital de reflexión sobre la Navidad. Y especialmente sobre las ganas de que llegue la Navidad. Ya os decía el otro día que noviembre es ese mes maldito y triste y que en diciembre, esperando la Navidad parece que recuperamos la sonrisa. Pero noviembre también forma parte de nuestras vidas y merece ser vivido con intensidad, nada de tirarlo a la basura, que es nuestra vida! Y se nos escapa.

Debe de ser por eso que los de los supermercados ya tienen el turrón de Suchard en las estanterías (soy adicta, menos mal que sólo lo venden en esta época del año). Y no hay nada mejor que empezar un noviembre a dieta y que tu marido aparezca el lunes con una tableta de tu turrón favorito. Porque si el resto de los dulces navideños me dan bastante igual, con el Suchard no puedo contenerme, eso sí, el clásico, el de toda la vida, nada de esas mezclas raras con galleta y otros elementos que hacen ahora. En eso, me permito ser contraria a la innovación.

Pero no quedó ahí la cosa, que el otro día, aprovechando que iba al teatro y que llegué 10 mins antes, me dio por pasarme por una conocida cadena de tiendas de chorradas (sí, de ésas en las que entras, picas y compras cosas que luego en realidad no sirven para mucho salvo que son bonitas) para inspirarme para Navidad. Y gracias a la fortuna no piqué y “esta vez” no compré nada, pero vamos, que me quedó un poco el gusanillo por ahí.


Si a eso le sumas las ganas que tengo de montar el árbol (en el puente de diciembre lo pongo, si no es antes), que ya estoy planificando los viajes en esas fechas y muchas otras cosas más… me miro a mí misma y me pregunto ¿quién eres?, ¿qué has hecho con la de antes, la de hace años? Creo que me queda muy poco de casi nada de lo que en su día fui, pero en cuestión navideña, me temo que nada de nada. De lo cual me alegro. Y mucho. ¿Y por qué? Pues porque lo verdaderamente importante no es que te guste o no la Navidad, lo importante es que te guste la vida. Puede que haya fechas vinculadas a recuerdos tristes (no todas las navidades de todo el mundo han sido felices) pero penar y recordar el dolor pasado no sirve de nada. Lo que es importante es superar las cosas que pasaron hace tiempo y mirar hacia adelante, así como mirar al presente. Sí, una de las mejores cosas que he aprendido en estos años es a mirar a mi alrededor, al hoy, a las oportunidades que se nos prestan cada día, a las cosas que pueden hacernos felices si realmente estamos dispuestos a aprovecharlas y brindarles la oportunidad que se merecen.

Para mí, la Navidad es una oportunidad, porque realmente hoy, gracias a una niña preciosa que me ha devuelto parte de mi niñez, me brinda la ocasión de ser feliz, de disfrutarla, de ilusionarme con chorraditas como la decoración navideña, los regalos que querría comprar, las cosas que vamos a hacer durante las vacaciones de Navidad. Hace años, las navidades para mí pasaban sin pena ni gloria. Tanto era así que ni siquiera me esforzaba en coger vacaciones en esas fechas; ahora, coger vacaciones esos días se convierte en un asunto de importancia trascendental. Pero no sólo eso, sino que pienso en las cosas que voy a hacer con Henar, su ilusión, las Navidades del Circo Price (no nos las perdemos por nada del mundo), los mercadillos, las luces, incluso la cabalgata de Reyes aunque nieve. Por eso realmente son mágicas, porque son una oportunidad única de disfrutar y no meternos en esos túneles negros, sino luchar por nuestra felicidad, y por nuestra vida. Cada minuto que nos mantenemos en el sótano lúgubre de nuestros pensamientos es un minuto perdido.

¿Y tú, eres capaz de ilusionarte?


5 comentarios:

  1. Reconozco que yo ando perdiendo muchos minutos (y más que eso) en ese sótano lúgubre, tus post me invitan a pensar, pero por el momento aún me cuesta salir, y eso que el año pasado volví a recuperar esa ilusión por la Navidad que mencionas. Espero hacer de tripas corazón y qué primeros de diciembre me pille inspirada para volver a decorar mi casa en esos días. Un abrazo grande.m

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    1. Estoy segura de que lo harás, @Esther, porque aunque estas pasando una época negra, eres puro optimismo, una luchadora y una superviviente. Ánimo!

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  2. Con los niños siempre disfrutamos más de estas fiestas. Y yo no me puedo resistir ni al turrón de chocolate ni a las hojaldrinas...
    Besotes!!!

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    1. Si, @Margari, vivamos unas navidades estupendas y las esperamos con ilusión!

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  3. Yo soy muy muy de Navidad, quizás porque nací en Nochebuena... pero me gusta y me ilusiona, y cuando ayer vi un folleto de Carrefour anunciando adornos me puse tan contenta! Aunque aún falta un montón... pero estoy deseandito!
    Besotes!

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