YO SOY UNA PERSONA (Y NI SOY NI QUIERO SER UN RECURSO)

Hoy no me siento especialmente inspirada, quizá porque me siento especialmente tranquila, y las musas, cuando vienen, siempre suelen hacerlo de una manera agitada, el sosiego no es su caldo de cultivo. Sin embargo, me apetece escribir este último post personal del año. Sí, porque esta tarde empiezan mis vacaciones. Y eso se traduce en que voy a abandonar mis ataduras al llamado entorno digital hasta que me dé la gana. Previsiblemente hasta el 7 o el 8 de enero, pero eso dependerá de lo que pase por mi cabeza. Si me apetece escribir en el blog, compartir algo en Instagram (muy probable) o tuitear, pues lo haré; y si no, pues no lo haré. Pero estos días los voy a dedicar a mi familia, al sosiego siempre que sea posible y a mí misma cuando me dejen (pssss, planeo escaparme sola en plan frikie una tarde al cine a ver Star Wars Episodio VII).

Y no me llevo deberes. Ni digitales, ni personales, ni nada de nada. Si me da por pensar, pensaré; si me da por dormir, dormiré; y si me da por soñar, soñaré. Por cierto, hace unas semanas estuve en una lectura dramatizada de Hölderin, y me quedo con una frase preciosa de uno de sus poemas:

El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona.  

Pues eso. Yo tengo la mala costumbre de reflexionar demasiado y probablemente la peor costumbre aún de soñar cada vez menos. Me voy a plantear intentar invertir la balanza para el 2016, ¿no os parece un buen propósito?

Pero, ejem, reflexionando… llevo unos cuantos días con una paz extraña, después de una tormenta claro está. Una sensación de ésas que parece que te hacen pisar más fuerte, pararte y colocarte bien sobre los pies, en posición estable y segura. Es difícil de explicar, pero si habéis hecho yoga o simplemente algún taller de movimiento, sabréis de qué os hablo.

El caso es que si pienso en el sentido de la vida (esa pregunta a la que tanto filósofos han dedicado toda su vida para encontrar la respuesta) me queda claro que tiene que ver con las personas. Al final, después de todo, de verdad, con lo bueno y con lo malo, lo que quedan son las personas. La vida transcurre en encuentros y desencuentros con otras personas. Aprendemos a hablar, a escribir, a expresarnos de cualquier forma porque hay alguien que recibe esa expresión. Si no, nada tendría sentido.

Hace un par de días me pasó algo curioso, un encuentro con desencuentro. Una persona a la que en su día le debí muchas cosas (pero cuya deuda he pagado con creces) me escribió un email, extraño, como ella misma es. En él hablaba de sentimientos, sin embargo utilizó un término muy de esa persona: recurso. Yo para ella siempre he sido un recurso, y apela a la humanidad mezclándola en la misma frase con la palabra recurso, que es lo más opuesto a lo humano, al sentimiento al que ella quería apelar. Y es que nuestra expresión no es ni más ni menos que la transcripción de lo que realmente pensamos. Me dedico a la comunicación, que es el arte, o la técnica, de contar sólo la parte que te interesa de las cosas (aunque suene cruento, sólo lo hago a nivel profesional), pero en muchas ocasiones no puedes controlarlo y la humanidad, el verdadero yo, te juega pasadas como ésta, utilizando recurso cuando quieres apelar a la emotividad.



Pues bien, reivindico mi derecho a ser persona y a ser considerada como tal, con sus cosas buenas y sus cosas menos buenas, con sus cosas malas, que también los tengo.  Y en el 2016 quiero relacionarme aún más con otras personas. Con ello, no aspiro a que todos los encuentros sean buenos, ya que los desencuentros forman parte de nuestra esfera como personas, ni a que todas las personas sean buenas para mí ni yo ser buena para todas las personas con las que me cruce. Pero creo que deberíamos recordar, cada segundo de nuestra vida, que nuestro gran verdadero valor es que somos seres humanos, con sentimientos, emociones, alegrías, tristezas, aciertos y equivocaciones.

Y lo que os deseo a vosotros que pasáis por aquí, lo mismo que me deseo a mí misma, es que seamos muy humanos en 2016, con las cosas buenas y malas. Que no nos convirtamos ni nos dejemos convertir ni en máquinas ni en recursos. Disfrutad de vuestra gente, de los que siempre están ahí, de los que amáis y los que os aman, quered, amad, soñad… y nunca perdáis esa verdadera esencia única que cada uno tenemos dentro.

¡Hasta pronto! 

PLANES NAVIDEÑOS CON NIÑOS: MADRID, OVIEDO Y SEGOVIA.

Navidad, navidad, dulce navidad... Pero más de dos semanas sin cole y los peques todo el día en casa… se me ponen los pelos de punta. Sobre todo con esa temida frase que oigo constantemente… Me aburro. Y mira que yo le busco planes a mi hija y que no hay un solo día que no hagamos cosas, vayamos a sitios, descubramos nuevos horizontes… Pero nada, ni por ésas.

Sé que hay mil y una páginas maravillosas que se dedican a contar planes para hacer con niños y que tienen especiales de Navidad con muy buenas ideas. Lo sé de buena tinta, porque aquí la que suscribe suele frecuentarlas y tomar ideas. Pero he decidido escribir aquí algunos de mis planes imprescindibles que yo haría estas navidades si tienes niños pequeños en casa. Muchos de ellos son para Madrid (algunos los llevaremos a cabo, otros supongo que no, por falta de tiempo), pero como vamos a estar unos días en Segovia y otros en Oviedo, también incluyo planes de ambos lugares, por si a alguno le resultasen útiles.


Espectáculos infantiles.


Lo siento, pero ya sabéis que tengo devoción por ellos. De hecho, aunque estaremos algunos días fuera de Madrid no nos perderemos por nada del mundo Las Navidades en el Circo Price, para mí un imprescindible cada año. El año pasado el espectáculo fue grandioso y este año vamos el mismo día de Nochebuena a disfrutar de la experiencia única. Si tenéis la oportunidad, no dejéis de llevar a vuestros hijos, es un espectáculo mágico para mayores y para niños.




Y el día 5 acudiremos a mi querido Teatro Lara (mi teatro fetiche de Madrid) a embelesarnos con otro espectáculo imprescindible: 100% Burbujas. Para mí las burbujas siempre han sido elementos mágicos, en los que envolver los sueños. Qué mejor aún si además mientras entramos en esa atmósfera efímera rodeados de historias. Tengo muchísimas ganas de compartir ese rato con Henar. Sé que los dos espectáculos le van a encantar.


Como estaremos en Segovia unos días y el Teatro Juan Bravo tiene una programación estupenda en Navidad (a precios más estupendos aún), nos acercaremos el 29 a disfrutar de Pinocchio. El cuento clásico de la marioneta de madera convertida en niño es una historia con la que generaciones y generaciones hemos crecido y soñado. Creo que le va a gustar, el frío segoviano, ese sabor a antaño del Juan Bravo y una historia inolvidable.

Cine.

No nos olvidemos del cine, que nos saca de más de un apuro en alguna tarde tonta que otra. La película de las Navidades es sin duda La película de Snoopy, otro de esos personajes con los que hemos crecido (la vidaes cíclica, está claro, todo vuelve como los boomerangs). Este año Disney parece que no ha atinado, fui a ver El viaje de Arlo con Henar en el puente de diciembre y no me dio ni frío ni calor. A Snoopy lo podremos encontrar sin problema en casi todos los cines de España.

Y ahora pego el salto a Oviedo. Aunque no suelo ejercer mucho de carbayona, la verdad es que mi ciudad tiene bastantes planes infantiles durante las Navidades. En el Filarmónica llevan 27 años (desde que yo era niña) poniendo cine para niños cada Navidad. Ya he mandado a mi padre a recoger las entradas, así que Henar y yo iremos a ver Las aventuras de Peabody y Sherman, que vale que ya se estrenó hace un tiempo, pero como no la vimos, a nosotras nos va a venir bien de todos modos. Para niños más mayores además tienen Charlie y la fábrica de chocolate también en el mismo Teatro Filarmónica.


Cosas varias.

En Conde Duque tenemos La Navideña feria internacional de las cultura, abierta del 17 al 22 de diciembre y que tiene un pintón.

Y luego están los medios de transporte navideños. A mí eso de pasearme en un autobús de dos pisos a ver las luces navideñas me parece muy neoyorquino y muy chic, aunque confieso que nunca lo he hecho y que todas las navidades me prometo a mí misma que de este año no pasa. No sé si de este año pasará o no, pero El Autobús de la Navidad en Madrid hace un recorrido muy chulo y teniendo en cuenta sus precios asequibles de este año lo convierten en una buena opción.

Y si no, mi hija disfrutará del Trenecito de la Navidad en Oviedo, que recorre el Campo San Francisco y en el que seguro montamos uno de los días que estemos allí. Ya sé que no es exactamente lo mismo, pero para todo lo demás: imaginación.


Reyes, Papá Noel y el Príncipe Aliatar.

Los Reyes Magos disponen de su propia Cabalgata de Reyes, imprescindible en el calendario. El año pasado hizo tantísimo frío que ni lo intenté, pero este año, que el tiempo parece benévolo, seguro que vamos. Eso sí, tendré que buscar un pueblecillo donde hagan una cabalgata pequeña y que se vea algo. Porque la de Madrid no dudo que es grandiosa, pero para ver por la tele, porque hay tantísima gente que se hace imposible. Os recomiendo la de Segovia, por cierto, maravillosa. Pero como yo las fiestas de árbol las paso en mi casa y mi casa está en Madrid, probablemente acabemos en Las Rozas o Colmenar.

No sé si nos quedaremos con ganas (que todo pinta a que así será), pero en la Plaza de Pontejos de Madrid los de Coca-Cola han montado una Casa de Papá Noel que es un reguero de pólvora en blogs. Parece que está chulísima, aunque sólo estará abierta hasta el día 24. No estaría mal acercarse a verla, a ver si nos escapamos el 23 aunque me dan escalofríos las colas que puede tener.


Y llegamos al Príncipe Aliatar, que ya sé que es un desconocido para todo el mundo excepto para los asturianos, pero el Príncipe Aliatar es una institución en Asturias, el paje real al que entregar la carta y que se la lleve a sus Majestades. Tendrá su recepción en Oviedo en el Campo San Francisco del 30 de diciembre al 4 de enero. Y sólo por curiosidad, Aliatar fue un árabe del siglo XV en Granada y para más inri era el suegro de Boabdil. Ni idea de cómo llegó a convertirse en el paje de los Reyes Magos en Asturias pero si hay Reyes Magos y todo lo que nos han contado sobre la navidad, el niño, el pesebre y demás, a estas alturas de la peli uno se puede creer todo.

Ah, y a todo eso, le sumaremos manualidades varias: arbolitos, renos, muñecos de nieve… Tenemos pa’ to’.


¡Felices Fiestas! 

VIERNES VITALES 39: BALANCE DE PROPÓSITOS 2015

A menos de dos semanas de acabar el año, que ahí es nada, y el 2015 prácticamente ha volado por completo. Me hice un listado de propósitos para el año nuevo (allá por mediados de enero) que si alguien tiene interés puede leer aquí. Pero la verdad es que no he hecho la revisión trimestral como hice en otros años. Y ahora que se acaba el año, me apetece revisar sobre lo que planifiqué en enero del año pasado, lo que he cumplido y lo que no, y ya de paso repasar cosas chulas que nos ha deparado este 2015 y que no tuve en cuenta en su momento.

Empezaba con los Propósitos no cumplidos del año anterior, y que, aunque 2014 fue un buen año, me quedaron cosas pendientes en el tintero. Sobre todo el propósito de siempre: 

Leer más. En realidad, no lo he cumplido. Puedo decir que sí, porque he leído más que el año pasado, pero aún así mucho menos de lo que me gustaría. Yo, que hace años era un ratón de biblioteca, y para lo que he quedado… Pero siendo sincera y realista, el tiempo sencillamente no me da para más y lo de dedicar tardes enteras a leer me parece una quimera. Aún así, he leído unos cuantos libros (no más de 10 o 12) aprovechando las vacaciones y algunos (escasos) ratos libres, así que este propósito incumplido se quedará conmigo para el 2016.



Pasemos a la parte importante de la vida: los propósitos fundamentales del día a día, nuestras verdaderas motivaciones. Y ahí, estoy satisfecha con ellos, porque creo que sí los he cumplido, todo lo que la vida y el tiempo me lo permiten.

El primero, pasar mucho tiempo (y también de calidad) con mis dos chiquitines: Henar y Athos (el peludo también cuenta). Paso mucho tiempo con ambos, por separado y en conjunto. Además, desde el verano he establecido horarios mucho más racionales en mi casa que nos permiten que las cosas funcionen mejor, tener más tiempo independiente para hacer cosas que nos gustan los dos progenitores y dedicar tiempo de calidad. Con Henar paso mucho tiempo, especialmente los fines de semana, vamos al teatro, al cine, al zoo, al parque de atracciones, al Ikea, al Teleférico… leemos, pintamos, hacemos todo tipo de manualidades (Pinterest es fantástico para ello) y sobre todo veo crecer a mi hija. Renunciar profesionalmente a muchas cosas merece la pena cuando tienes una sonrisa en casa a la que ves crecer y te das cuenta de que ése es el verdadero sentido de la vida.



 En cuanto al siguiente propósito, mimar más mi relación de pareja, digamos que hemos cumplido una parte pero nos queda terreno para mejorar. Valoro mucho la estabilidad emocional y familiar de mi vida y mi marido sigue siendo una pieza fundamental en ella, un apoyo continuo, aunque pasemos poco tiempo (demasiado poco) juntos como pareja). Me quedo con este propósito para reforzarlo en 2016.



Y pasamos al Tiempo para mí misma. No puedo quejarme de este propósito, aunque a veces querría que el reloj marcase tres o cuatro horas más al día para que me cundiese más. Aún así, también he decidido modificar mis tiempos últimamente, bajarme de trenes, aligerar la agenda y no agobiarme tanto. A ver si funciona, lo mantendremos como propósito para el 2016. En tiempo para mí misma 2015 me he apuntado a clases de costura, luego al curso de Espectadores en Acción, al gimnasio, al teatro, a comer o cenar de vez en cuando con amigos… Poco a poco…



Siguiente propósito: llevar una vida más saludable. Propósito conseguido. Adelgacé lo que me propuse, y lo que es más importante, lo mantengo. Hago ejercicio de manera regular (aunque ahora tengo una lesión de cervicales y hago menos de lo que me gustaría), mantengo mi peso, miro lo que como… y me siento bien. Ojalá el 2016 me mantenga en el camino correcto en este sentido.


  
Pasar más tiempo con mi gente. Es un propósito muy ligado a tener tiempo, pero también a aprovechar bien ese tiempo. No ha estado mal 2015, aunque me pasa lo mismo que con la lectura, me gustaría tener más tiempo y ver más a mi gente. Pero no puedo quejarme. Y además he conocido a personas maravillosas en este 2015.


  
Y llegamos al blog, este cuaderno de bitácora personal que cada vez es más un totum revolutum en el que es difícil encontrar algún sentido, pero que me encanta. No escribo por encargo, escribo lo que me da la gana y cuando quiero, y además hay gente que me lee y me comenta, no puedo estar más contenta: ¡¡¡gracias, gracias, gracias!!! He dejado Ciao, después de escribir allí durante más de nueve años, la verdad es que no lo hecho nada de menos y además hacía tiempo que debía haberlo dejado, porque cuando algo no aporta, más vale seguir otro camino. Pero este blog sin ataduras para mí es una constante alegría.



Llegamos al tema de siempre: ahorrar. Tampoco puedo quejarme porque estoy en números negros y nunca el negro fue un color tan bonito. En 2015 he podido hacer algo de hucha, aunque no sea mucha, y además desgraciadamente mi abuela se fue, pero fue muy generosa con todos. Ahora tengo un piso en Oviedo que quiero vender, así que si a alguien le interese, que me lo diga, tiene unas vistas estupendas al Naranco y es una gran oportunidad. 2015 me ha permitido ahorrar, disfrutar, llegar a final de mes y darme cuenta cada vez más de las cosas que son verdaderamente importantes en la vida. Y además, como yo siempre he sido una hormiguita ahorradora, no voy a empezar ahora a dejar de serlo.



Y una de las cosas en las que me he gastado el dinero en 2015, y con muchas ganas por cierto, ha sido en viajar. Viajar siempre es un placer, y aunque me ocurre algo parecido a lo que me pasa con la lectura (fui una viajera empedernida pero ahora lo soy mucho menos de lo que me gustaría), no me puedo quejar de 2015. Y, por supuesto, tengo muchos planes viajeros para el 2016. En 2015 pensaba visitar Londres y no pudo ser (no importa, ya llegará el turno de regresar a esta ciudad maravillosa). En su defecto he ido dos veces a mi adorada Sevilla, he vuelto a callejear por esa Lisboa que me hace tanta falta, he pasado unos días de verano estupendos en La Coruña y quizá no haya viajado demasiado (no he abandonado la península), pero tampoco lo he echado de menos. Veremos qué viajes nos depara 2016…




2014 me sirvió mucho para cerrar heridas. Fue un año excelente de crecimiento personal, pero 2015, a su modo, ha sido un año de asentamiento personal diría yo. En enero fui a una presentación sobre Mindfulness y es una disciplina en la que me gustaría profundizar. Pensé apuntarme al curso de 8 semanas con retiro espiritual incluido la pasada primavera, pero no me encajaba; en otoño opté por Espectadores en Acción (dos cursos semanalmente se hace imposible), pero lo haré la próxima primavera. La aceptación, el crecimiento, el seguir adelante… cerrar heridas al fin y al cabo.



Y quizá relacionado con cerrar heridas está bajar menos al submundo, o durante menos tiempo. Me considero optimista, pero tengo momentos muy de submundo. No puedo quejarme del 2015, ha sido un año de estabilidad y cordura, que no es poco. Y sobre todo, quizá lo que más he aprendido es a juzgar mucho menos de lo que lo hacía. El juicio personal es algo inherente al ser humano, aunque no seamos nadie para juzgar seguimos en la rueda del juicio, juzgamos y nos juzgan constantemente. Espero seguir en esa línea en 2016 y juzgar menos, incluso también menos a mí misma o con menos rigor.



Uno de mis propósitos más importantes (ligado a pasar más tiempo con mi hija), era hacer algo especial con Henar cada mes. Tengo una niña maravillosa pero con una energía inagotable que a su madre la agota a mitad de la jornada. No os lo perdáis, en el puente me dijo que como teníamos cuatro días, había que hacer una cosa diferente ¡¡¡¡cada día!!! ¿A quién habrá salido? (es una pregunta retórica, no hace falta que nadie me la conteste, que sé perfectamente a quién es clavadita). Pero aunque a veces me agobie y sea más #malamadre de lo que debiera, hago todo lo que está en mi mano. Las cosas especiales a veces son muy especiales y otras veces son más normalillas, pero hacemos muchísimas cosas juntas. Nos solemos ir los sábados y los domingos solas y pasar el día entero fuera, dándole aire a los chicos de la casa, y pasando un tiempo estupendo. Doy gracias a la fortuna por darme esta niña de mis ojos y enseñarme lo importante que es ver crecer a nuestros hijos. Y lo dejo, que me pongo ñoña.
  




No perder el tiempo con gente nociva. Cómo decirte, cómo contarte (que empezaría diciendo Sabina en una de sus viejas canciones)… Este propósito lo cumplo de pe a pa. En el momento en que aparece la vertiente personal (en la profesional no sueles poder hacerlo) ni un momento nocivo con gente más nociva aún. He dejado muchas cosas, y sobre todo muchas personas, que no me aportaban, y ahora me encuentro en ese momento en el que quiero aligerar la agenda. Mi agenda está llena de cosas que me encantan y es difícil meter tijera, pero sobrecargarla también es nocivo y al menos a mí se me suele olvidar (ahí tengo mis cervicales recordándomelo). En este 2015 he metido mucha tijera a muchas cosas, situaciones, personas, obligaciones… y me siento fenomenal. Seguiré recortando en 2016 y dejando hueco para añadir personas, cosas, relaciones, experiencias que sí me aporten.


   
Tenía también como propósito aprender a coser, y lo cierto es que lo conseguí.  Vamos, tampoco para tirar cohetes, pero si me conocéis, ya sabéis que de donde no hay no se puede sacar. Después del verano lo dejé aparcado, pero es algo temporal. Ese tiempo que me hace falta para todo, quizá cuando Henar sea más mayor hasta me deje sacar la máquina y hacer cosas en casa… Y si no, el arsenal de telas que tengo las dedicaré a revenderlas en Wallapop, qué remedio!




Y el propósito que lo engloba todo es ser feliz con quien soy y como soy. Obviamente, estoy muy muy muy lejos de ser perfecta y tengo mis propios demonios. Sé que hay muchas cosas que debería cambiar o mejorar y no me siento orgullosa de todo lo que hago, pero creo que soy fiel a mi yo más interno, me autoplanteo muchas cosas e intento ser mejor, aunque no siempre lo consiga. Me esfuerzo por ser sincera, especialmente conmigo misma, y aunque mi vida no sea nada Pinterest, estoy contenta de ser quien soy y de vivir la vida que hago. Todos los esfuerzos en este camino bienvenidos serán.


Gracias 2015 por ser un buen año. Te llevaste a dos de mis abuelos (mi abuela materna en enero y mi abuelo paterno en mayo), pero la vida los mantuvo 34 añazos a mi lado, no todo el mundo tiene esa suerte. Has sido un buen año, tranquilo y esperanzador. Después de otros años más convulsos, serás un año que recordaré con templanza, algo que me viene muy bien (puro torbellino que soy).

Y tú, 2016, que estás ahí a la vuelta de la esquina, sé benévolo. Ven con las cosas que tengas que venir, buenas y malas, pero dosifícalas para que podamos asumirlas y vivirlas.





En enero os deseaba que el 2015 os hiciese crecer como personas y alcanzaseis la felicidad en vuestras vidas. Es el mismo deseo que comparto con vosotros para 2016, que seáis capaces de reconocer la felicidad en las pequeñas cosas y vivirlas intensamente. Cada segundo que respiramos es un viaje que ya nunca más volverá. 

A PUERTA CERRADA, LA PENSIÓN DE LAS PULGAS.

Los miércoles de diciembre (y aún quedan tres) se representa en La Pensión de las Pulgas una obra muy especial, un texto del existencialista Jean Paul Sartre, dirigida por Ernesto Arias y que sin duda no dejará indiferente a nadie.

Fui a verla el miércoles pasado, además me sirvió para conocer in situ La Pensión de las Pulgas, de los mismos creadores que la desgraciadamente desaparecida Casa de la Portera y con un formato muy similar. Cada vez proliferan más salas alternativas, diferentes del concepto de teatro al que estamos acostumbrados, donde las representaciones cobran un halo especial. En el caso que nos ocupa, sin duda el lugar donde se representa le añade un toque especial al texto, que ha sido traducido por Alfonso Sastre y sin duda adaptado precisamente a la sala donde se representa (una de las protagonistas incluso habla del papel de las paredes). La Pensión de las Pulgas es una antigua casa, con varias estancias, situada en el número 48 de la calle Huertas. Merece la pena que vayáis a verla y disfrutar de la experiencia.

Pero volvamos a la obra que fuimos a ver el pasado miércoles. A puerta cerrada, de Jean Paul Sartre es un texto demoledor, que toca directamente el punto más íntimo de cada uno, nuestros pecados más inconfesables. La verdad es que hace mucho tiempo que no leo a los existencialistas, tuve un tiempo en la Universidad en que me dio fuertemente por esta corriente, leí a Sartre (aunque no esta obra) y sobre todo leí mucho a Albert Camus. Sin embargo, ese tiempo creo que ha pasado para mí, me he vuelto mucho más mundana y menos existencial, lo que no estoy muy segura si es bueno o malo. En cualquier caso, me gustó muchísimo el texto de esta obra y su clara moraleja: nosotros somos nuestro principal obstáculo, o lo que es lo mismo: uno mismo y los seres humanos que nos rodean somos nuestro mayor infierno.

Como os comentaba antes, este montaje está dirigido por Ernesto Arias, a quien me gusta seguirle la pista en casi todos sus trabajos. La ponen en escena cuatro actores jóvenes, sin duda con muchas ganas, aunque me falta elenco. Me explico (o al menos lo intento): a nivel individual podríamos analizar sus interpretaciones y, con sus más y sus menos, todos ellos aprobarían. Sin embargo, en conjunto creo que no se entienden. Cada uno cuenta su historia e interpreta su papel, pero el conjunto coral entre todos creo que falla. Desconozco sus carreras previas, pero está claro que llevar a cabo este montaje es asumir un gran riesgo, porque no es precisamente un texto fácil de representar. Y el mundo sin duda es de los valientes, por lo que les alabo su valentía (no sólo por el texto, sino por el lugar de representación, con decenas de ojos mirando alrededor fijamente) y espero que tomen mis palabras no como un castigo sino como unas palabras de amiga, si me lo permiten.



Los tres protagonistas, Garcín, Inés y Estelle, entran en una habitación para recibir una tortura. Les acompaña un mayordomo, que se va y cierra la puerta con llave tras de sí. Mientras, los tres protagonistas se miran y se reflejan en las miradas de los otros, sus juicios, sus valores… pero la tortura que están esperando parece que no llega. Sin embargo, a través de un texto desgarrador se van dando cuenta de que la verdadera tortura se encuentra en la mirada del otro. Recordando a Hobbes: el hombre es un lobo para el hombre. Para uno mismo y para los demás. Al principio creen que se encuentran allí por error, que ellos no han hecho nada, pero poco a poco irán brotando sus secretos más inconfesables.

El mayordomo tiene un papel muy corto y con poca interrelación con los demás. Sin duda el más fácil de todos, pero David López lo resuelve fantásticamente bien. A destacar ese toque de ironía sin perder la compostura ni la corrección. Me gustó.

En cuanto a los tres protagonistas, Garcín está interpretado por Casimiro Aguza, a Inés le da vida Sonia de la Antonia y finalmente Elena González-Vallinas se mete en la piel de Estelle. Son tres personajes bien diferentes y con mucha complejidad, lo que decía antes, unos valientes enfrentándose a  ellos. Elena González-Vallinas es sin duda la que más me gustó de los tres. Sonia de la Antonia lo hace bien pero con muchos altibajos, y, para mi gusto, Casimiro Aguza vive el papel demasiado al límite, resultando difícilmente creíble.

Son personalidades muy complejas las que se encuentran tras Garcín, Inés y Estelle, que además van cambiando conforme avanza el texto y se tienen que enfrentar a sus mayores demonios, a ellos mismos. Creo que los tres actores le ponen pasión (quizá en determinados momentos demasiada), pero les haría dos recomendaciones:

La primera es clara:  que se reflejen de verdad en los ojos de sus compañeros. Da igual lo bien que lo hagan o no si no hay verdadera interacción entre ellos. El espectador se lo cree cuando ellos se lo creen. No me creo que a Inés se sienta atraída por Estelle, lo dice el texto, pero allí no sucede. Es una obra con mucho sentimiento transversal, con motivos ocultos e inconfesables, no todos ellos bonitos, pero que no tiene sentido sin el de al lado.

La segunda es que no vayan de 0 a 100 sin frío ni calor. Y a esto me refiero en que cuando se desesperan lo hacen demasiado deprisa, pisando el acelerador, pasan de estar bien a gritar de desesperación, sin que entre medias se respire el crescendo tan necesario. Y lo mismo, salen de la desesperación sin más.

Me gustó mucho el recurso de la luz cuando cada uno se confiesa a sí mismo y confiesa sus pecados más inconfesables. Una pena que al estar esa luz debajo de los asientos de los espectadores, muchas veces el que la tapa con sus piernas no se entera y se pierde el efecto.

Y a Ernesto, si me lo permite, le diría que cuando Inés se confiesa, que Estelle no llore, con todos mis respetos, mejor sin ello.


Pero la obra me gustó. Me dio para pensar (que es lo que yo siempre busco en el teatro), también para autoconfesarme mis pecados más inconfesables. Los actores que la interpretan le ponen mucha pasión y valentía, y eso siempre es positivo. El resultado es bueno. Y la mano de Ernesto Arias se nota. Merece la pena ir a verla.

Hoy 16 y próximos miércoles 23 y 30 a las 22 horas en la Pensión de las Pulgas. Reserva previa por teléfono en el 638752812.


¡Gracias! 

NOTA FINAL: La foto es la oficial, si es necesario que la quite, previo email lo haré a la menor brevedad. 

TARJETAS NAVIDEÑAS CASERAS 2015


Me gusta hacer tarjetas navideñas caseras. Es algo que ya me gustaba cuando era adolescente, pero casi siempre (o siempre) termina pillándome el toro. En realidad, no son difíciles de hacer; bueno, hay virguerías por el mundo pero yo voy a lo básico y gracioso sin más. Lo que necesitas es una tarde, algo de inspiración de internet, algo de imaginación y un poquito de paciencia y maña, la ecuación no es muy compleja.


Este año, una vez más, me pilló el toro. Mentalmente tenía anotado que debía hacerlas en el puente, pero la verdad es que lo dediqué a otras muchas cosas. Y este sábado pasado me dio el gran agobio porque no es que no tuviese las tarjetas hechas, ¡es que no tenía aún la idea que quería hacer!, así que dediqué un rato del sábado noche en la cama a buscar inspiración Pinterest. Y apareció esto… 


Las tarjetas de navidad hand made que hice el año pasado habían sido de árbol de navidad, por lo que tocaba cambiar de icono. Es curioso porque la mayoría de las tarjetas do it your self que hay por ahí con motivos navideños son de árboles, así que me costó un poco encontrar algo que me gustase y para lo que me sintiese capacitada. Pero ese muñeco de nieve mirando hacia arriba me pareció que tenía un toque. Decidí tomarlo como modelo inspirativo y tunearlo un poquito, y éste fue el resultado. 




Dista de parecerse mucho al modelo original, pero creo que precisamente ahí está la gracia. Yo quería que mi muñeco de nieve tuviese ojos, que la bufanda le tapase el cuello (además de que resultaba mucho más fácil de hacer) y además, haciéndolo el domingo por la mañana y sobre la marcha, tenía que tirar del material que tenía, que no era mucho. La base de la tarjeta (la tarjeta verde en sí) es comprada. Hace un par de años cogí una megaoferta y compré un montón de tarjetas y sobres para tunear y hacer manualidades de todo tipo. Me sirven para hacer tarjetas caseras facilitas para navidad, invitaciones para cumpleaños y cualquier otra historia que se me vaya ocurriendo. El muñeco de nieve está hecho con papel blanco sin más y el resto de los materiales con reciclados.

Había  que añadirle el efecto Frozen, que está tan de moda entre los niños y que a mi hija la tiene loca, imitando las estrellas polares y los copos de nieve con un lápiz plateado.Y la verdad es que poquito más.


 Aquí os dejo la foto de las tarjetas que hice el año pasado

y años anteriores...

 

Y aquí una foto de todas las tarjetas que recibimos en casa las pasadas navidades, que como veis fueron todas hand made. Probablemente enviar tarjetas de navidad, en la época de internet, haya pasado de moda. Por eso un porcentaje muy alto de las personas que aún enviamos algunas, muchas menos de las que deberíamos, hacemos nuestras felicitaciones y tarjetas navideñas caseras.


Tengo nueve unidades y creo que no van a ser suficientes, así que me va a tocar echar otro rato en estos menesteres…

¡Ya huele a Navidad! 

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VIERNES VITALES 38: SI NO PUEDES BAJARTE DEL TREN, VETE MÁS DESPACIO Y MIRA EL PAISAJE.

Los gurús de gestión del tiempo tienen razón en muchas de las cosas sobre las que hablan (aunque frecuentemente repiten todos ellos un discurso similar). Sin embargo, yo a mí misma me pregunto muchas veces en qué tipo de mundo vivimos, con listas de cosas, prioridades, gestiones de toda índole, persiguiendo el tiempo y que siempre se escapa entre los dedos porque hacemos tantas cosas que, al menos yo, creo que nunca llegamos a casi nada.

Normal que luego tengamos estrés, el cuerpo nos juegue malas pasadas, haya problemas de insomnio, de estómago, musculares… (aquí cada cual tiene el suyo). Porque por mucho que lo creamos, el cuerpo humano no está diseñado para esto. Pero nosotros ahí seguimos, porque ni el mundo nos deja bajarnos del tren ni muchas veces nosotros mismos estamos dispuestos a permitírnoslo (y entono el mea culpa, porque yo soy la primera que lo hago, muy mal por cierto).

El caso es que una de las cosas que los manuales, cursos o disertaciones varias sobre la gestión de tiempo te graban a fuego es dejar de lado las cosas que no aportan. Es un término amplio: desde las cosas que no te aportan física o psíquicamente, o las que pierdes el tiempo y no obtienes resultados (curioso el dato de que el 80% de nuestros resultados se consigue con el 20% de nuestros esfuerzos, con la doble lectura de que realmente por ese 20% de los resultados que nos quedan… ¿merece la pena, de verdad, invertir el 80% de nuestros esfuerzos?).

Pues bien, he empezado a eliminar cosas que no aportan, o que me exigen demasiado, o que creo que pueden ser prescindibles. Y hombre, no es la panacea, pero funciona.

1. Aligerar la agenda.

Intentar llevar una agenda laboral, personal, familiar, teatral y de veinte mil cosas más no me resulta fácil. A veces quiero hacer algo y no puedo porque además debo cruzarla con la agenda de mi costillo, de mi hija, del cole y de los astros si nos ponemos. Pero se puede.

Y a veces la propia vida tira sus dados. Por ejemplo: el próximo miércoles tengo la última sesión de Espectadores en Acción, curso que he disfrutado muchísimo y que no nos renuevan. He hecho lo que ha estado en mi mano por renovarlo, pero la verdad es que disponer de la tarde de todos los miércoles para eso a veces complica la agenda vital con el resto de las cosas. Por ello, si no lo han renovado, pues qué le vamos a hacer. Recuperar los miércoles me servirá para descansar, ver a mi gente que veo menos de lo que quisiera y recuperar fuerzas. El último trimestre del curso lo utilizaré para hacer el curso de ocho semanas de Mindfulness que llevo tiempo queriendo hacer, pero incluso ese curso lo he trasladado un trimestre, lo que me da más tiempo en general, algo que necesito.

2. Reducir los compromisos.

Cuando hablo de compromisos, me refiero a esas cosas que tienes que hacer pero que en realidad no te apetecen demasiado. Hay cosas que son lentejas y que a veces no tienes ni la posibilidad de dejarlas, pero hay otras prescindibles. Lo primero, identificar esos prescindibles, esas cosas que no te apetecen, que no te aportan y que en realidad no pasa absolutamente nada porque digas que no. Sacar de tu vida la gente nociva, las obligaciones porque sí y darle aire a tu mundo, merece la pena.

3. Convencionalismos a raya y simplicidad al poder.

En este punto quiero hacer una reflexión sobre las próximas Navidades, que a más de uno les traen de cabeza. Y recomendaros la lectura de esta Guía de Navidades Minimalistas de Valedeoro, a quien merece la pena que sigáis por estos mundos de internet. En Navidad nos agobiamos con los regalos, las celebraciones, los viajes, los horarios, los espectáculos… Yo, que soy una cagaprisas, suelo tener el tema regalos controlado entre otras cosas porque empiezo meses antes. Y eso no me genera tensiones. A mí en un centro comercial estas semanas no me pillan ni muerta. Y salvo un par de compras de última hora, que tengo totalmente identificadas, no dejo que las prisas y los atascos me maten.

En tema comidas también soy de lo más sencillo del mundo. Cenas más bien frugales con cosas especiales que no comas todos los días y comidas sencillas (hay recetas al horno muy fáciles), poca gente a comer y cero convencionalismos.

En cuanto a la agenda de navidad de espectáculos varios, digamos que ahí se me suele ir un poquito más la mano, pero sobrevivo.


Como sabéis quienes me leéis, hace unas semanas estuve bastante tocada con una cervicalgia muy fuerte. Voy mejorando, aunque no estoy bien del todo aún, pero fue un toque de mi cuerpo, al que no le suelo dejar bajarse de los trenes tan fácilmente. La propia vida puso de nuevo sus límites y por ejemplo, he tenido que dejar de ir al gimnasio durante tres semanas (de hecho, todavía no he vuelto, pero espero poder hacerlo la próxima semana). Eso se traduce en controlar más la dieta obviamente, pero también en tener más tiempo. Suelo trabajar de 7.30 a 14.30 horas, y al menos lunes y miércoles salgo zumbando para ir al gimnasio de 14.45 a 16.15 y luego salir zumbando de nuevo a buscar a mi hija al cole. Pues bien, algunos ratos de lunes y miércoles (que son los días que sale a las 5 y tengo esa hora de más) he podido ir a mi casa y meterme en la cama a dormir la siesta, así como lo leéis. Me ha servido muchísimo.

Soy incapaz de bajarme de ciertos trenes, pero al menos espero poder rebajar la velocidad y disfrutar más del paisaje. Voy teniendo una edad y con ella también otras prioridades.


¡Buen viernes! 

NOTA: La foto es mía desde un tren, en concreto el tren de vuelta de Cascais a Lisboa tras un día de playa. Me encanta por los recuerdos y la tranquilidad de esos días. 

MIS MOMENTOS DE NOVIEMBRE.

Aunque este mes voy con retraso, no quiero dejar de escribir este post, que se está convirtiendo ya en todo un clásico de todos los meses, un ejercicio de optimismo en vena: recordar y registrar por escrito los 10 momentos más especiales del mes.

En el caso de noviembre constituía un reto aún mayor, ya que es un mes al que tradicionalmente le tengo bastante tirria. No me gusta que llegue el frío y lo inunde todo y además está entre octubre, que es mi mes preferido junto a los de verano,  y diciembre, que desde que tengo una hija  y he recuperado el espíritu navideño ha subido muchas posiciones en el ranking anual.

Pero vamos con nuestro noviembre. Mis 10 momentos mágicos del mes han sido éstos:


1. El día familiar en La Granja

Nos hizo un día fantástico, aprovechamos para ir a ver a mi abuela y sacarla un rato a pasear, pero además comimos todos juntos y sobre todo pasamos un rato estupendo al sol otoñal a la entrada del Palacio. De hecho, a mí me habría encantado comer allí, en una terraza, y es un plan que me reservo para cuando llegue la primavera.  Además, ir a La Granja por la carretera de las siete revueltas, especialmente con los colores de otoño tiñéndolo todo, es un espectáculo grandioso.


2. La Warner

Y de La Granja a la Warner, poco o más bien nada que ver, pero las dos cosas las hicimos en el mismo puente de la Almudena y lo pasamos fenomenal. Un acierto ir a la Warner en La Almudena porque había muy poquita gente, nos hizo un día fantástico, nos lo pasamos fenomenal, no nos cansamos, hasta comimos medianamente bien y todo… Y es que, lo confieso, me encanta la Warner, aunque solamente visite la zona de niños, pero yo subiendo y bajando en el carrusel soy feliz (qué de tonterías llenan mi vida de color).

3. Compartir un café con Ernesto Arias

He tenido la inmensa suerte de conocer personalmente a este actor, cuya carrera llevo siguiendo varios años, y además compartir con él dos clases (recibir dos clases suyas como profesor en el curso de Espectadores en Acción ha sido un lujo) y conocerlo como persona. Pero además, un café hablando de teatro, la tierrina y algunos otros temas fue uno de los mejores momentos del mes de noviembre. Al día siguiente pagué caro acostarme más tarde de mi hora (el despertador implacable a las 6.15 duele) pero mereció, y mucho, la pena.

4. El Alcalde de Zalamea en el Teatro de la Comedia

Aunque ya os escribí sobre mi noviembre teatral (si alguien siente curiosidad puede leerlo aquí), debo hacer mención a la tarde que pasé con mi amiga Beti disfrutando El Alcalde de Zalamea. Me regaló las entradas por mi cumpleaños y no olvidó susurrarme la felicitación cuando apagaron las luces para comenzar la representación. Volver a ver a Carmelo Gómez y a Joaquín Notario en una obra de teatro clásico como ésta es un lujo. Y además me encantó conocer el Teatro de la Comedia y disfruté especialmente con la interpretación de Clara Sanchís.


5. El curso de Espectadores en Acción

Me da pena pensar en que este curso, que tanto he disfrutado durante estos meses, está llegando a su fin. Pero me han gustado muchas de las cosas que he descubierto gracias a él y que me hacen ver el teatro con otros ojos. Me llevo un buen sabor de boca en general y el anhelo de poder apuntarme a alguna otra edición en el futuro.

6. Reto para noviembre: La Magia.

Como creo que os comenté en algún post, el mes de noviembre, que no me suele gustar casi nada o muy poco, lo he dedicado a intentar multiplicar la magia en mi vida, haciendo los ejercicios del libro La Magia, de Rhonda Byrne (la autora de El Secreto). Me he pasado muchos ratos dedicada a ello y me ha hecho ver las cosas más en positivo. A ver si me animo a contaros mi experiencia un día de éstos…

7. Henar. 

Me siento agradecida por la vida que tengo, por la familia, por mi perro, por los amigos, por las cosas buenas que me pasan, pero especialmente por mi hija. Es cierto que después del puente de diciembre me dejó agotada de la vida, en plan #malamadre total que lo que quiere es tiempo para ella y vacaciones de hija. Pero ella es lo más bonito del mundo y he pasado momentos estupendos. Hemos ido a Ikea (cómo no) a hacer talleres de cosas inimaginables, al parque de atracciones, a la Warner (aunque ahí nos acompañó el buen padre), al teatro, hemos pintado, hemos saltado, nos hemos hecho cosquillas y nos hemos reído mucho. Henar, mi gran tesoro.  


8. Estar más en casita

Si algo bueno tiene el frío es estar más en casita. Sí, yo que soy de zapatilla y calle, con el frío me desinflo y me gusta quedarme en casa, meterme bajo las sábanas, poner la calefacción (o en su defecto la chimenea en el pueblo) y tirarme horas y horas en casa, muchas de ellas en la cama. Tardes de películas, de series, de internet, de lecturas… y también tardes de dibujos y de cosquillas. Mi casa….



9. Los días de otoño. 

Ahora que los árboles de desangran y se quedan sin hojas evoco los colores de otoño, los más bonitos del mundo; especialmente cuando estamos en días cálidos, de buena temperatura a mediodía, en los que pasear, pensar, disfrutar de la vida tan bonita en colores ocres y dorados. Os voy a contar una anécdota: cuando era pequeña fui durante años a clases de pintura y mi profesora estaba preocupada por mis elecciones de colores, que nunca incluían el amarillo o el naranja y que gustaban de rojos, azules y morados, colores más tristes. Es curioso que me enamore el otoño y sus ocres, sus dorados, sus rojos, sus naranjas… como muy pocas cosas en el mundo me enamoran.


10. Cantar en el coche “a grito pelao”.

 Sí, los que me ven por la calle deben de pensar que estoy loca, pero me encanta cantar las canciones de Sabina a grito pelao cuando voy sola en el coche. Y cuando llega el mal tiempo, no sabría explicar por qué, pero me llama más. Y cuando estás en esos momentos, el mundo se detiene. Sólo estoy yo y los versos de Sabina.



VIERNES VITALES 37: LA CONFIANZA

¡Buenos días a todos!

Hoy es un viernes vital con energía. Llevo unas semanas muy pocha, aunque las maravillosas manos de Yuri, mi fisio, han hecho milagros y voy mucho mejor, lo que se traduce también en mi estado de ánimo, así que vengo con ganas de escribir este viernes vital.

Estamos a 4 de diciembre, y además de ser viernes, es Santa Bárbara (bendita), patrona de los mineros. Para mí es una fecha importante, vinculada a mi pasado, a mi sangre y a mi estirpe. Y la verdad es que quizá me ponga a escribir sobre ello, porque me he levantado muy reivindicativa, como exige la fecha. Ya lo dice Ismael Serrano en una de sus canciones: el hecho de estar vivo siempre exige algo; y sin embargo, muchas veces parece que lo olvidamos.

Pero el viernes pasado quise escribir sobre la confianza y me lo impidió el hecho de que no me sentía nada bien y no tenía fuerzas para nada. Hoy no quiero perder ese tema y me gustaría reflexionar un poquito sobre él.

La confianza es algo maravilloso, algo que surge y se convierte en el mejor regalo del mundo. Confiar en alguien sin fisuras, sin esperar nada a cambio, es algo que viene directamente del Olimpo, del universo de los dioses. Creo que no es una competencia entrenable: voy a convertirme en una persona que confíe más y mejor, o voy a esforzarme en confiar en la persona X… Así no funciona, o confías, o no confías.

Esto me da para pensar en los amigos, los que tú mism@ escoges y en los que confías. Cuando se pierde la confianza se acaba la amistad. Y cuando la confianza es absoluta, la amistad resplandece. Tengo la inmensa suerte de tener muy buenos amigos, gente maravillosa que no me merezco, que están ahí (ellos saben quiénes son y muchos de ellos me suelen leer) y que hacen mi vida más fácil, más bonita y más intensa. De verdad que creo que no me merezco los buenos amigos que tengo y muchas veces me sorprenden cuando menos me lo espero. 


Esta reflexión sobre la confianza viene precisamente de un acto reflejo de una amiga, de esos actos puros que salen del corazón, no se prevén, no se ensayan, solamente explotan y llenan tu mundo. Hace un par de semanas le dije a una de mis grandes amigas (con la que llevo varias décadas de amistad desde que éramos niñas en un colegio de monjas) que se viniese a ver una obra de teatro conmigo a una sala alternativa y un miércoles a las 10 de la noche en una fría noche de invierno. La ecuación casi arroja un NO absoluto ya con el propio planteamiento. Una noche de frío invierno, un miércoles cuando al día siguiente toca madrugar muchísimo y en la que lo único que te apetece es quedarte en casa bajo las mantas. Pero es que además ni siquiera sabía el nombre de la obra, que ya tiene delito, sino simplemente tenía el impulso de que me gusta su director y quería ver este nuevo trabajo suyo. Vale, que yo esté loca puede estar bien, pero arrastrar a otros con mis locuras… Pues bien, el SI fue rotundo e inmediato. Seguido de ¿cómo se llama la obra? Y ante mi No lo sé la respuesta fue: ¡Vale!

¿Cómo se paga esa confianza? Cómo se puede valorar ese contigo al fin del mundo, cómo agradecerlo, cómo mantenerlo… Esa confianza absoluta, generosa y única no tiene precio. Y cuando la recibes, como símbolo de esa amistad que aún tiene menos precio posible, no te queda nada más que sentirte profundamente afortunada y agradecida al azar por haber cruzado a esa persona en tu vida, a esa persona por seguir queriéndote y soportándote y a la vida por dejarte ver esas cosas divinas en el mundo de a pie. 


¡Gracias y buen viernes a todos!