MI ÚLTIMA REFLEXIÓN DEL AÑO: MENOS COSAS, MÁS VIDA

Hace semanas, incluso meses, que le estoy dando vueltas a la cabeza respecto a la abundancia de cosas (y aquí englobo cosas materiales, experiencias, citas en la agenda) con las que vivimos. Nos quejamos de estrés, pero a veces no nos damos cuenta de que el consumismo atroz en el que vivimos genera más y más cosas, más y más necesidades, más y más compromisos que aún nos estresan mucho más.

Ya os contaba hace tres meses en este viernes vital que me agobiaba vivir con tantas cosas y tener siempre una lista interminable de compromisos y cosas por hacer. Es cierto que la organización y la priorización ayudan un poco, pero si tienes miles de cosas, por más que optimices tu tiempo y lo gestiones divinamente, es posible que llegues a hacer más cosas pero del estrés no te libra nadie. Harás (o tendrás) más cosas y tendrás más estrés. Por ello, la única solución es decir no. De hecho, de decir no ya había hablado antes, allá por el mes de julio aquí. Probablemente este post no aporte más novedad que organizar mis pensamientos que llevo rumiando bastante tiempo, y que el blog me pone fecha de publicación.

El caso es que hubo una lectura que me marcó bastante este año, y también os lo conté en el blog: La magia del orden, de Marie Kondo. Escribí sobre él allá por el mes de abril, por lo que estas ideas que sigo rumiando empiezan a ser viejas. Por lo que he podido ver (y oír) este libro no sólo ha sido un indudable éxito de ventas, sino que ha marcado a muchas personas. Miro a mi alrededor y veo trastos. Es cierto que no he sido capaz de sacarlo todo, ponerlo entre mis manos y decidir si quiero seguir con eso en mi vida o no, pero sí me ha influido muchísimo a la hora de comprar y también a la hora de desechar.

A través de este libro, creo que he llegado a algunos aprendizajes:

1.  Compro muchas menos cosas porque me he dado cuenta de que necesito muchas menos cosas y que las cosas se han convertido en una carga. Está genial la experiencia que te proporciona algo. Pongamos por ejemplo un libro, una lectura de ésas que disfrutas muchísimo y que con suerte (con muchísima suerte) volverás a leer dentro de ¿diez años? Mientras, el libro, junto con cientos de libros más, se queda en la estantería cogiendo polvo y olvido. Parece mentira que alguien que ama tanto las bibliotecas personales como yo las amé en el pasado (crecer en una casa con cerca de 5.000 volúmenes marca) reniegue del libro. No reniego para todo, pero el 90% de los libros que tengo o que han pasado por mis manos, los considero prescindibles, o que al menos no necesito su versión en papel y la digital tiene la ventaja de no ocupar espacio, polvo y olvido.

2. Me resulta más fácil deshacerme de muchas cosas que no necesito. Estoy muy lejos de convertirme en una minimalista, para qué engañarnos, pero sí es cierto que muchas veces soy mucho más consciente de todo lo que me sobra. Y es mucho, demasiado. Uno de mis propósitos de 2017 es aligerar el equipaje, deshacerme de las cosas que no me aportan, que me sobran, que llenan mi casa y mi vida.

3. Todo lo que dejo de tener, de consumir, de almacenar tiene un doble efecto positivo: me libera y me produce menos estrés y además me hace ahorrar. Llevo meses consumiendo menos, haciendo menos cosas, dejando de gastar dinero en cuestiones que no necesito, escogiendo más y quedándome con menos y mejor… y eso se traduce en una agenda más liberada, menos estresada, y más dinero en el banco. Haced la prueba durante unos meses y darle recorrido. Os sorprenderá, sobre todo el ahorro que supone después de una temporada.

Leyendo en internet uno encuentra cosas fascinantes. Una de ellas ha sido el reto de Un año sin compras, que descubrí a través del blog Escarabajos, bichos y mariposas. Me parece alucinante y sin embargo ni lo voy a intentar, porque ese reto no es para mí. Una cosa es que quiero vivir con menos cosas y eso implica por un lado que voy a comprar mucho menos y que voy a deshacerme de muchas cosas que no necesito. Pero lo de no comprar nada en un año creo que no estoy preparada para ello, y admiro mucho a María, de Escarabajos, bichos y mariposas, que lleva varios meses con este reto y parece que lo está logrando. Mucho ánimo con ello. Pero yo, pobre mortal, sigo comprando, aunque menos. El lunes de esta semana, sin ir más lejos, me compré un anorak estupendo en Cortefiel al 50%. Voy a poner las marcas porque me da la gana. La razón por la que lo compré fue porque el abrigo anorak que me había comprado hace un año en Zara y que me costó más de 100 euros murió. La calidad de Zara me parece nefasta, no entiendo por qué la gente compra aquí y no en el chino, cuando cuesta tres veces más y la calidad es similar. En los abrigos, es muy frecuente que se rompa el forro, o la cremallera (como le pasó al mío con un año de uso), pero es que además en seguida parecen como sobados, rozados, con brillos… Otro de los aprendizajes es que lo siento mucho, pero Zara no es para mí. Pero a lo que iba, que me compré un anorak, y quizá no lo necesitaba del todo, pero un buen anorak largo para la moto se me hace imprescindible, aunque tengo cuatro abrigos de lana muertos de risa. Y si se me hace imprescindible para ya, pues en un año entero, ni te cuento la cantidad de cosas imprescindibles que voy a necesitar.

Y ahora, mi reflexión navideña. Porque está muy bien eso de no consumir tanto, hacerlo más responsablemente, no comprar mil cosas que no necesitas, pero… ¿qué hacemos en Navidad? Consumir de un modo totalmente irresponsable, comprar por comprar (tengo que salir del paso del regalo de mi tía, a mi hija le regalo treinta cosas, compro comida para alimentar a un regimiento…), comer mucho más de lo que es necesario y sobre todo recomendable, tener mil compromisos y generar consumo, estrés y poco másAsí a bote pronto, ésa es la Navidad, la gran fiesta consumista de enero. Luego tiene otras muchas cosas bonitas pero nos pasamos tres pueblos comprando cosas innecesarias.


¿Cómo me planteo yo esta Navidad? Pues de un modo un poco diferente.

Por primera vez en años, Nochebuena y Navidad las pasaremos en mi casa con mi padre y su mujer, por lo que en esta ocasión somos casa de acogida navideña. Pero lejos de estresarme, he decidido ir sobre seguro, con platos que sé que salen bien y que gustan y sin volverme loca. Para ello, tirad de recetas tradicionales más o menos sencillas y de las recetas para inútiles del Comidista, desde aquí declaro mi pasión por esta web y algunas de sus fantásticas recetas tan sencillas de hacer y tan resultonas.

En el tema regalos, lo tengo controlado. Pocos e intensos. Papá Noel lo tiene fácil porque necesitamos renovación tecnológica en mi casa, así que vendrán con dos tablets y sendas fundas para los adultos de la casa. Para los niños, la humana y el peludo, sus cosillas que nunca fallan: es decir, pinturas, libros e incluso una caja de maquillaje para una y pelotas y chuches para el otro. Luego los Reyes se lo currarán un poquito más, pero como son previsores ya tienen todo desde el Black Friday, para evitar agobios de última hora y ahorrarse un dinerillo. Algunos regalos más complicados, véase mi padre, se han solventado tirando de productos gourmet, de ésos que no te compras porque son caros pero que te encantan y devoras cuando te los regalan.  Simplificar, comprar algo bueno e intentar acertar, con tiempo y pensándolo un poquito pero sin volvernos locos.

En cuanto a eventos, las Navidades en nuestro caso también implican algún viaje, pero he decidido ir menos días al pueblo (porque me aburre, así que Henar y yo nos quedaremos más tiempo en Madrid), pasar más días en Oviedo y descansar mejor y sobre todo no agobiarse con mil planes. Es una época de eventos, fiestas, reuniones… pero mantener la agenda a raya es más necesario que nunca. Si no, terminamos las vacaciones con más estrés que empezamos. Para ello yo empiezo cogiéndome las dos semanas de Navidad de vacaciones (planifico todo el año para tener estos días), tener tiempo para estar en casa, para viajar, pero también para descansar. Y aunque hacemos planes, vuelvo a lo de antes, no nos volvemos locos. Navidad puede convertirse en un tiempo para disfrutar o en un infierno de estrés en el que queramos que acabe cuanto antes y volver a la oficina. Disfrútalo y recuerda que en la mayoría de las ocasiones menos es más.



¡¡¡Feliz Navidad!!!

MADRID CON NIÑOS 29: VUELVE AL CIRCO PRICE POR NAVIDAD, LAS NAVIDADES DEL PRICE 2016

No es que huela a Navidad, es que ya no nos queda nada. En mi casa, desde hace unos años, una de las tradiciones navideñas por antonomasia y que más disfrutamos  es acudir la mañana de Nochebuena al Circo Price a ver su espectáculo de Navidad. Llevamos haciéndolo tres años seguidos, así que podemos considerarlo ya una tradición absoluta.

Lo cierto es que el espectáculo de Navidad en el Price es algo que si estáis en Madrid y os gusta mínimamente la Navidad no podéis perdéroslo por nada del mundo. Si os gusta bastante o mucho este período del año, o si tenéis niños en casa, muchísimo menos. Yo descubrí este espectáculo hace ya unos cuantos años y lo disfruté en sus ediciones de allá por el año 2010 y 2011. Cuando nació mi hija dejamos de ir un par de años pero cuando creció un poquito (dos años y algo para ser exactos), decidimos volver y os puedo asegurar que es un espectáculo precioso con el que los niños y los mayores disfrutamos muchísimo.

Este año hemos hecho un poquito de trampa. Es cierto que vamos toda la familia a verlo el día de Nochebuena, pero también es cierto que Henar y yo ya lo hemos visto, gracias a unas invitaciones de mi periódico favorito. Por eso, puedo hablaros de primera mano de la edición de este año, que me ha parecido aún mucho más navideña que otras, si eso es posible.


El hilo conductor es la historia de una niña que, el día de Navidad, descubre que no hay ningún regalo para ella y decide ir hacia el corazón de la Navidad a descubrir qué ha pasado. Iniciará un viaje mágico que le llevará al más puro sentimiento navideño, con una estética de estas fechas, llena de magia, alegría y belleza. Y por supuesto aderezado con infinidad de espectáculos circenses que nos dejarán boquiabiertos: trapecistas, equilibristas, incluso osos polares (aunque no reales sino animatrónicos, pero en niños pequeños cuelan que son de verdad).


Este espectáculo tiene infinidad de cosas buenas: nos acerca al espíritu de la Navidad, durante sus cerca de dos horas de duración nos encontramos en una burbuja de belleza y felicidad y desconectamos del mundanal ruido, que suele venir bien. Pero es que, además, aunque hayas visto otros espectáculos anteriores de Navidades en el Circo Price, incluso si vas cada año, no dejará de sorprenderte. Cada nueva Navidad, el Circo Price se renueva y es capaz de presentarnos un nuevo espectáculo lleno de magia, en el que acercarnos de nuevo a las mágicas Navidades de nuestra infancia. Para mí, sin lugar a dudas, se ha convertido en un espectáculo imprescindible que recomiendo encarecidamente. Mucho más que un circo, mucho más que un espectáculo navideño para pasar el rato, un evento imprescindible para niños y mayores.

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VIERNES VITALES 51: TÚ NO ERES LA ETIQUETA QUE TE HAN PUESTO

Está muy de moda poner etiquetas a todo. Nos pasamos la vida etiquetando a las personas y recibiendo etiquetas de otros, aunque no las queramos. Tú puedes ser el simpático, la borde, el bicho raro, la chica inteligente, quien tiene, o no tiene, don de gentes, el responsable, la caótica, el informal, la sensible, el formal, la empática y una extensísima lista más.

A menudo las etiquetas, aunque sean positivas (que a veces también lo son) encierran una carga demasiado dura de llevar. Se supone que siempre tienes que ser de ese modo, si la etiqueta es buena, o que deberías modificar tu conducta si la etiqueta es mala.

Ejemplos claros:

Fulanito es ese primo/tía/hermana/abuelo al que siempre tooooda la familia recurre, porque tiene la mente clara, es organizado, siempre da buenos consejos y ayuda. Por ende, fulanito, al que queremos mucho, también le tiranizamos con nuestros problemas y él siempre debe de tener su mejor sonrisa y la solución precisa. No puede tener sus propios problemas, ni tener días malos en los que nos diga que no está dispuesto a escucharnos. Nunca nos preocupamos por lo que él puede estar pasando porque siempre vamos a contarle nuestro rollo. Fulanito el majete, el magnífico, el que siempre está ahí no tiene derecho a muchas cosas porque para eso es nuestro fulanito, al que recurrimos sin importarnos nada más.  

Conclusión: de una etiqueta positiva sale una carga enorme.

Menganito es negativo. Sí, esa persona que no ve las cosas como nosotros, porque nos hemos empeñado en la chachi-idea de hacer un photocall en la cena de Nochebuena en casa de los tíos. Y Menganito no quiere, incluso pone mala cara cuando nosotros estamos de fiesta. Menganito no bebe, a Menganito no le gustan las reuniones con mucha gente, Menganito siempre es aburrido y demasiado responsable. Menganito no mola nada. Debería cambiar, debería ser como uno de esos muñecos a pilas que les tocas y cantan una canción navideña. Y si toca disfrazarse, pues aunque a Menganito no le guste, que se aguante, porque en esta familia alguien ha decidido que toca hacer el chorras, y lo que decide el grupo está muy por encima de lo que necesiten sus integrantes. Donde esté la masa borrega, que no vengan gente como Menganito a fastidiarnos…

Conclusión: una etiqueta negativa que le pone a Menganito la carga del mundo sobre sus espaldas, porque es un rancio y se lo merece.

Seguro que os suena. Extrapolémoslo al mundo familia, o al mundo empresa, o a cualquier otra masa. No sólo tenemos cientos de etiquetas, sino que nosotros, sí, nosotros mismos, nos pasamos el día etiquetando y juzgando a las personas. A veces de modo positivo y otras de modo negativo.

Si la etiqueta es mala, aún es peor. Probablemente determinadas personas, que se creen con todo el derecho del mundo a etiquetar y a grabar a sangre y fuego su etiqueta, terminan hundiendo a muchas personas, por el mero hecho de ser diferentes. Cuando uno estudia psicología se da cuenta de que “el etiquetador” tiene un gran problema de falta de seguridad, pero para “el etiquetado” no es ninguna solución saber eso. El etiquetado tiene que seguir con su vida, sobrevivir y llevar la carga de la etiqueta, muchas veces llega a pensar que el etiquetador tiene razón, y aún la tiene más aún porque parece que es un sentimiento generalizado entre la masa. La masa cree que eres aburrido, que eres borde, que eres demasiado responsable, que haces esto mal o que lo otro podrías hacerlo mejor.



Bien, tengo una familia (no mi núcleo familiar que he formado con marido, hija y perro sino los familiares tipo tíos, primos y demás) de la que paso bastante. De hecho, paso de casi todos los convencionalismos de este mundo y mucho más aún de los familiares. Y claro, así me va. Descubrí hace mucho que no soy perfecta y que a menudo soy mucho más imperfecta a los ojos de otros que se creen con derecho a juzgarme y etiquetarme según sus normas, que no tienen por qué ser las mías. Simplemente, en contraprestación a ello, aprendí a asumir cómo soy y aceptarme. Los demás pueden pensar lo que quieran, algunos pensarán mal, otros pensarán bien, pero la fortaleza es algo que nos pertenece y que está dentro de nosotros mismos, hay que buscarla y darle vida y seguridad. 

No te creas las etiquetas que te pongan otros, tú no eres esa etiqueta


NOTA: La foto ha salido de Twitter, espero no infringir nada, si eres el autor y quieres que la retire, escríbeme un email y lo haré lo antes posible. Gracias y disculpa. 

MANUALIDADES NAVIDEÑAS CON NIÑOS: SU MAJESTAD EL REY MELCHOR

Que a mi hija le gustan las manualidades es un hecho consumado. Además, en el cole, de vez en cuando tienen ideas adicionales (como fue el caso), que nos hacen ponernos manos a la obra. En esta ocasión, la consigna era realizar algún personaje o animal para el Belén del cole, usando para ello el rulo de cartón del interior del rollo de papel higiénico. Ni qué decir que cuando fuimos a ver el Belén nos encontramos con cosas alucinantes. Algunas de ellas espantosas, pero las menos, y otras, la mar de originales, hechas sencillamente con el rulo de papel higiénico y mucha imaginación. Eso sí, había infinidad de vírgenes y de ángeles, pero casualmente no había ningún Rey Melchor. De los tres Reyes Magos había dos Reyes Gaspar desperdigados por el Belén pero ni un Melchor ni un Baltasar. 

A mi hija aquello le pareció imperdonable, ¡¡¡no tener al rey Melchor!!! En mi casa, que somos antimonárquicos, he de reconocer que sí somos devotos de su Majestad el Rey Melchor, a quien esperamos ansiosos a que llegue cada año con su generosidad y deposite regalos debajo del árbol. Cuando era pequeña siempre fue mi rey preferido, y creo que por claras influencias también es el de mi pequeña princesa. Estaba claro que había que hacer un rey Melchor para el Belén.

El resultado fue éste, que así visto queda hasta mono. Es cierto que nos llevó un buen rato, pero también que es una manualidad facilita de hacer con los peques y que termina siendo la mar de resultona. En esta época navideña, en la que si no hace buen tiempo terminamos estando más horas en casa a lo largo de las vacaciones, ponerse con el DIY (do it yourself), el hand made o las manualidades de toda la vida, y además utilizando reciclaje e imaginación, puede ser una buena opción para entretener a los peques y pasar un buen rato juntos.


En este caso, lo que utilizamos fue el rulo de cartón del interior del papel higiénico como base, un trozo de cartulina, una hoja de papel blanco, unos rotuladores de colores, un trozo de papel de estraza, un trozo de goma Eva y un pequeño bote de purpurina. Por supuesto, tijeras, pegamento y celo, que no falten nunca. No hemos comprado nada esta vez, sino que hemos tirado de lo que teníamos en casa, por lo que los colores se han amoldado a lo que había.

Lo primero que hicimos fue cortar un trozo de cartulina, en este caso azul celeste y forrar con ella el rulo de papel higiénico. En los bordes, hicimos pequeños cortes con las tijeras para que luego los trocitos se adaptasen bien y pudiese pegarse con celo y quedase bien el borde del rulo, que es la zona más difícil.

Con rotulador color chicha (como dice mi hija), en una hoja blanca pintamos un trozo y luego lo recortamos, utilizándolo para la parte de la cara y las manos de su majestad el Rey Melchor. Pegamos primero el trozo de la cara y le dibujamos unos ojos y una pequeña naricilla.

Cogimos un trozo de papel blanco para la barba y lo recortamos en forma rectangular, haciendo cortes verticales paralelos con las tijeras. Simplemente rizándolos un poco queda una barba bastante chula y fácil de hacer, que pegaremos alrededor de la cara. La misma técnica la utilizaremos para el pelo del rey.

La corona la hicimos con goma Eva y simplemente la pegamos en la parte superior del rulo, cubriendo todo el contorno.

Quedaba “la parte más difícil” (aunque no es para tanto) que consiste en hacer el manto a su Majestad Melchor. Para ello, utilizamos un trozo de papel de estraza (éste en concreto había venido en el interior del embalaje de un mueble de Ikea y lo guardamos para este tipo de cosas). El papel de estraza es menos rígido que el papel normal, por tanto más manejable para hacer un manto que se supone que tiene que tener un poco de vuelo. Como nuestro papel de estraza era grisáceo, simplemente lo pintamos con rotulador azul oscuro, haciendo rayas imitando a una textura como de tela de algodón. Luego sólo hubo que recortarla en forma redonda, ponérsela al rey y pegarlo justo por debajo del pelo y hasta donde van las manos. Para que tuviese vuelo, cortamos un triángulo en la mitad de la parte trasera y pegamos otro trozo del papel de estraza tuneado con rotulador azul por la parte inferior. El resultado por detrás quedó así.



La verdad es que es una manualidad navideña para hacer con niños muy divertida, pasamos un rato entretenido. Los niños pueden pintar, decorar con purpurina (que fue lo último que hicimos), incluso recortar y pegar. Necesitan un adulto que les ayude con las partes más complejas, pero por lo demás ellos pueden hacer gran parte de este hand made tan resultón. De hecho, me ha gustado tanto el resultado que creo que estas navidades vamos a hacer los tres Reyes Magos para nuestra casa. Si nos animamos, os enseñaré el resultado.


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Tarjetas Navideñas Caseras 2015



VIERNES VITALES 50: BUSCA TU MOTIVACIÓN

Seguro que habréis oído mil veces hablar de la motivación, o de la vertiente interna: la automotivación. Sí, son términos que en cualquier curso o texto sobre fortalezas, habilidades, técnicas de mejorar la autoestima y la búsqueda de la felicidad aparecen. Motivar, aumotivar… Pero más allá de todo ello, tengo una pequeña reflexión que querría compartir con vosotros en este viernes vital.

La motivación viene de motivo. ¿Y qué es un motivo? La razón que hay debajo o detrás de algo. Así de simple. A veces son motivos de peso, otras veces son verdaderas tonterías, pero siempre hay algo. En ocasiones ni siquiera llegan a ser motivos, pueden ser incluso impulsos.

Creo que viene bien recordar en el día a día cuáles son tus motivos, y, por ende, cuáles son las motivaciones que tienes en la vida.

Lo primero de todo es hacer un análisis. ¿Tienes motivaciones?, ¿cuáles son?

Este simple ejercicio ilustra muchas cosas en tu vida. Probablemente, si reflexionas sobre ello, te darás cuenta de que a veces tu vida la guían otras cosas: los impulsos, los quehaceres, las necesidades… Muchos de ellos pueden ser motivos pero pocos de ellos son motivaciones. Te sorprenderá darte cuenta de que hay cosas que haces y que no sabes muy bien por qué las haces. Puede ser que en el pasado hubiese un motivo, incluso una motivación especial. Pero también es muy posible que se haya diluido en el tiempo y que sigas haciendo ciertas cosas por inercia.

Primera decisión: abandona las cosas para las que no tengas motivos ni motivaciones. 

Quien dice cosas dice actividades, personas, cargas o incluso cosas físicas… Hacer limpieza de tu mundo y de tu vida.

Solías ir a clases de inglés porque querías mejorar el nivel, pero ahora que has llegado a un cierto nivel, quizá no las necesites tanto. Quizá puedas aprovechar ese tiempo para hacer otra actividad.

Hace años tenías una compañera de trabajo con la que sigues viéndote una vez al mes. Lo cierto es que habéis evolucionado por caminos diferentes y en muchas ocasiones te resulta un esfuerzo tomar ese café. Espácialos, deja que haya más tiempo entre uno y otro. Te darás cuenta si quieres seguir manteniendo esa relación o no, si te aportas y le aportas o quizá debamos pasar a vernos menos. La vida sigue fluyendo.


Te encantó aquel abrigo en la tienda y no dudaste en comprártelo pero lo cierto es que lleva tres años sin moverse del armario, cogiendo polvo. ¿De verdad lo necesitas?


El segundo paso es buscar motivaciones.

Y aquí, aviso a navegantes, abrimos la caja de Pandora. Buscar motivaciones… ¿a todo? Bueno, habrá que ir poco a poco, pero lo cierto es que deberíamos intentar abarcar al máximo la búsqueda de la motivación. Pero tampoco hay que volverse locos, ni siquiera hay que tomar decisiones, estoy en la fase búsqueda de la motivación. A veces existe y a veces no, por eso cuando no existe, o la buscamos y la encontramos o quizá sea mejor abandonar lo que estamos haciendo, porque no aporta demasiado. 

Y no sólo buscar motivaciones sobre cosas concretas, sino buscar inspiraciones sobre nuestra propia vida. ¿Qué me motiva?, ¿qué me ilusiona?, ¿qué me inspira?

Os doy un ejemplo personal, llevo varios meses dándole vueltas al tema de hacer un curso de experto en coaching. Me motiva muchísimo porque me parece que el coaching es capaz de cambiar el mundo, o al menos de convertirlo en un lugar mejor. Yo recibí coaching hace unos años y reorienté mi modo de vivir y de ver las cosas. Creo que desde entonces soy capaz de disfrutar mucho mejor de lo que me ocurre, aceptar y superar las cosas no tan buenas y seguir adelante.

Por ello, hacer un máster de coaching me motiva muchísimo, entre otras cosas porque, aunque sea un sueño, me encantaría en el medio plazo dedicarme profesionalmente a ello. Sin embargo, conlleva una inversión de tiempo, esfuerzo y dinero lo suficientemente grande como para planteárselo muy seriamente. ¿Qué he hecho? Planificar. He localizado el máster que quiero hacer, he decidido posponerlo un curso académico, así tengo el tiempo previo suficiente para ahorrar el importe del curso (y cuando digo ahorrar es con un plan de ahorro en el que me quito de otras cosas y ese dinero lo destino al máster) y también para plantear el tiempo que me va a llevar el curso y estructurar mis horarios, especialmente los familiares, de cara a poder aprovecharlo al máximo.

La motivación es el qué quiero hacer en el futuro. Las motivaciones del presente las tengo claras. Pero viene bien cambiar alguno de los motivos o motivaciones actuales y plantear a más medio plazo. 


En definitiva, enfoca tu mundo desde la motivación. Debes buscar la motivación en lo que haces, o lo que es lo mismo, revisar si las cosas que haces, la vida que llevas, te motivan o no. En caso de que no lo hagan, plantéate si puedes volver a motivarte con ello o simplemente resulta más sencillo dejar atrás todo aquello que ya no te aporta. Con ello, conseguirás descolapsarte, encontrar hueco para hacer cosas que realmente te motiven.


¿Cuánto tiempo hace que no le das un repaso a las motivaciones de tu vida? 

PEQUEÑA SUITE EMOCIONAL: UNA ODA A LA VIDA

De nuevo, tengo varias opiniones teatrales y de espectáculos pendientes. Entre ellos, un espectáculo diferente y emocionante al que me invitaron los chicos de Lemon Press y que tanto a mí como a nuestro acompañante nos encantó. Es una pena porque creo que era la última función, pero es tan divertido y está tan bien hecho que confío en que lo vuelvan a programar antes o después por los teatros de Madrid y podáis ir a verlo.

Se trataba de Pequeña suite emocional, un viaje emocionante que recorreremos a través de vivencias y recuerdos, en el que no falta la nostalgia y la emoción. En ella, Roger Álvarez, como maestro de ceremonias y con una voz impresionante, nos recordará a través de su oda a la alegría de vivir, las cosas verdaderamente importantes de la vida y todas esas cosas bonitas que conforman nuestra existencia y que frecuentemente olvidamos en el estruendo de la rutina y la apatía.

En cinco canciones, Roger Álvarez nos irá desgranando cinco historias que nos llevarán de viaje a lejanos lugares. Quizá Lisboa o Tabarca no sean lugares tan lejanos físicamente, pero las canciones que las evocan hablan de sueños, de infancia, de tiempos pasados, de mundos perdidos que seguimos buscando.


Decir que “me encantó” este espectáculo os aseguro que se queda corto, muy corto. No esperaba nada especial de él, fue una invitación que llegó en el momento justo y que encajó en mi agenda. Probablemente haya sido cosa del destino, en el que creo a pies juntillas, porque últimamente encajar en mi agenda es tarea difícil. Fui, llegué y disfruté. Alrededor de una hora y media que se me evaporó entre los dedos en una especie de éxtasis emocional y grupal en el que todos los que estábamos en la sala off del Lara terminamos cantando a voz en grito a la vida. Me pareció como sesión de coaching grupal que me recargó las pilas de la alegría, un auténtico regalo que no esperaba y que agradezco infinitamente.

En seguida conecté con Roger Álvarez, al que recordaba de alguna que otra serie en televisión, pero al que, si no me equivoco, nunca había visto sobre un escenario. Es un actor y un músic
o extraordinario, que supo captar la atención de su público e invitarnos a una especia de oda a la vida llena de emociones positivas. Si además la primera canción hablaba de mi adorada y añorada Lisboa y Roger Álvarez tiene raíces asturianas, no podía no gustarme. La función, creo que la última, era especial, ya que él estaba rodeado de su gente y eso se notaba en toda la sala.

En definitiva, a veces obras que te pasaban desapercibidas se convierten en una experiencia alucinante, y sin duda la Pequeña suite emocional de Roger Álvarez lo logra. Si la vuelven a representar y tenéis la oportunidad de conseguir entradas, no dejéis pasar la oportunidad, porque es una de esas obras que sin duda os dejarán un poso emotivo y que recordaréis durante mucho tiempo.


Gracias a Roger Álvarez por hacernos ese regalo extraordinario que es su Pequeña suite emocional

MIEDO O SOLTAR


Cuando Elena González-Vallinas me escribió para que fuese a ver su último proyecto, no pude decirle que no. A esta joven actriz la conocí cuando interpretaba uno de los difíciles papeles de A puerta cerrada en la desaparecida Pensión de las Pulgas. El reclamo para ver aquella obra en su día fue que la dirigía mi querido y admirado Ernesto Arias, pero la obra fue capaz de sorprenderme. Gente joven con muchas ganas y talento, entre los cuales destacaba ella, Elena.  Por eso, cuando me escribió para contarme su último proyecto, me encantó la idea de volver a verla en escena.

Además, Miedo o soltar aborda una temática que siempre me ha interesado y que he trabajado durante mis últimos años. Las raíces de lo que somos, de lo que nos contaron, de lo que nos forjaron, en ocasiones pesan demasiado. Pero lo que más suele pesar es el MIEDO, así con mayúsculas. Un miedo que es difícil de verbalizar y hacer entender mediante palabras cuáles son sus verdaderas raíces e implicaciones. Por ello, una obra que escenificaba ese miedo, que convertía en palabras la emoción, que llenaba la escena de sentimiento, bien merecía la pena ir a verla.


Todos tenemos miedo de algo, pero en muchas ocasiones ese miedo es hacia nuestra propia historia. Muchas veces sabemos que estamos viviendo algo para lo que no estamos hechos, algo que en realidad no queremos vivir, pero nos sentimos aprisionados por cadenas invisibles del miedo, que nos impide avanzar, soltarnos, seguir adelante. Por eso, ese título, Miedo o soltar es perfecto para dar voz a esa sensación entre el miedo y la inmovilidad o soltar y el futuro. Ese miedo a veces es además mucho más real, habla de relaciones familiares nocivas que conformaron nuestra historia, de dolor, de guerra, de relaciones personales agresivas.

Elena González-Vallinas es la autora, directora y también actriz de este proyecto: Miedo o soltar. Historia de las despedidas en 4 partes. Se trata de un proyecto artístico en el que han trabajado durante meses en un proceso de creación multidisciplinar.

4 actrices jóvenes sobre el escenario: la propia Elena acompañada por Ana Batuecas, Berta García y Claudia Ruiz. Con una escenografía minimalista, diferente y bajo el orden del caos, vestidas en diversas tonalidades de blancos, llenan la escena. Interpretan diferentes personajes, con una trayectoria vital intensa, que han atravesado el dolor, el sacrificio y el miedo en varias dimensiones. Todas ellas se sienten de un modo u otro atadas a sus creencias o las de otros, a una vida en la que no son felices y en la que se debaten sobre el miedo continuista que les impide avanzar y dejarlo todo atrás, atreverse a dar el salto y a soltar el lastre de todo aquello que no les gusta de sus vidas. 

Me ha gustado mucho esta propuesta escénica, sin duda muy lograda y trabajada en la que las cuatro actrices se desnudan emocionalmente sobre el escenario, mostrando su miedo, su sufrimiento, las raíces de todo y su fuerza para luchar por su vida y su libertad.



Están en el Umbral de Primavera, en Lavapiés, todos los jueves de diciembre a las 21 horas. Podéis reservar las entradas aquí

MIS ABUELOS

La historia de uno mismo arranca mucho antes de nacer, porque los que vinieron antes de nosotros nos forjaron de alguna manera, yo al menos lo creo. En el caso de los abuelos es más aún, porque si hemos tenido la suerte de compartir años con ellos, también nos han influido directamente a través de las cosas que hicieron por nosotros, de todo lo que nos legaron.

De mis cuatro abuelos tuve la suerte de conocerlos a todos. Lo pienso y me siento absolutamente agradecida. Mi hija por ejemplo no ha tenido esa suerte. Y con los cuatro viví, más o menos experiencias, que de una manera u otra me han marcado.

Empiezo por mi parte materna.

Mi abuelo Pepe, más conocido por muchos como el Señor Montero, era un hombre forjado a sí mismo. Salió de un pueblo minúsculo del territorio de frontera salmantino y terminó dirigiendo una empresa minera asturiana allá por los setenta. Dicen que me parezco mucho a él, en la parte social y afectiva y también en esa forma seria, a veces drástica, que tenemos de tratar los problemas (quien me conoce bien, lo sabe). Persona de carácter, con ideas claras, directo y buena persona, estoy muy orgullosa de parecerme a él, en lo bueno y también en lo malo, que casi siempre forja carácter. Se murió cuando yo aún no había cumplido siete años y él aún no tenía edad para morirse. Los recuerdos que tengo de él no estoy muy segura de que sean míos o de lo que me han contado, pero sí recuerdo que los viernes dormía en su casa y que él me dejaba su cama para que yo durmiese con mi abuela, que me hacía cosquillas en el sofá y que con él aprendí el Santa Bárbara bendita, himno de los mineros. De él sin duda es mi pasión por los perros, que la sandía sea mi fruta favorita y muchas de mis dotes sociales que su hija no heredó pero sí su nieta. Sé que políticamente habríamos tenido muchos encontronazos pero también que yo era su única nieta y que me quiso con toda su alma.

Mi abuela Aila, que en realidad se llamaba Áurea, del latín dorado. Mi abuela fue una señora bien del Oviedo de los años cincuenta, sesenta, setenta, ochenta… Quien conoce hoy Oviedo sabe que esa ciudad nunca ha abandonado el espíritu de La Regenta de Clarín, pero en aquellas décadas más aún. Mi abuela era una mujer elegante de ojos verdes, mujer de, a quien le costó mucho adaptarse a los nuevos tiempos. Pero era una buena persona, que conectó conmigo de una forma especial, como nunca logró conectar con su hija. Recuerdo de ella su amor a las plantas, su mano izquierda con los perros (era el gran Coronel para todos los que tuvimos), su cariño a veces seco pero intenso y verdadero. Los mejores recuerdos que tengo de ella, y es la abuela con la que más tiempo he pasado, se refieren a cosas tan simples como ponerme el pijama en el radiador y la sensación de ponérselo calentito sobre la piel; que me hacía cocido castellano que tanto me gustaba, sus pequeños detalles, incluso sus riñas. Con el paso de los años se reblandeció y en la vejez apareció su gran humanidad, se perdió su a veces inflexibilidad y se convirtió en una persona afectuosa y cariñosa. Se fue sin despedirse y tantas veces recuerdo lo que tantas veces me dijo: te acordarás mucho de mí cuando no esté. Y tenía razón, me acuerdo muchísimo de ella y no puedo más que estarle eternamente agradecida, porque probablemente no fuese una abuela al uso, pero a veces hizo de madre, otras de abuela, pero se preocupó por mí y por mi bienestar y quiso que así fuese, incluso después de su muerte. Me acuerdo tanto de ti, Aila.


Y ahora sigo con la rama paterna.

Mi abuelo Anastasio fue agricultor en una Castilla helada. Un hombre fuerte, duro, que sacó a su familia adelante y logró que sus seis hijos, que salieron de un pueblo que casi no sale ni en los mapas, tuvieron todos ellos carrera universitaria y un futuro mucho mejor. La verdad es que yo nunca encajé con él, éramos muy diferentes, pero le reconozco y le he reconocido desde hacer tantos años cuánto le debemos. Porque si no hubiese sido por él, su buena cabeza y su esfuerzo, ninguno estaríamos donde estamos ni hubiésemos vivido la vida que llevamos. Él, que siempre nos decía a sus nietos: vosotros habéis nacido de pie. Al final de su vida conecté más con él, con su humor y su cariño. Dejó una fuerte huella en su familia, en cada uno de nosotros de un modo diferente. Y sobre todo nos dio la lección de morirse tranquilo, sabiendo que ya había hecho por su familia, por lo que tanto había luchado, tanto como había podido hacer y aún más. Ya no le quedaba nada, sus hijos eran mayores y tenían a su vez hijos, casi todos también mayores, incluso nietos. Y él quería morirse y dejar que los demás viviésemos nuestras vidas. Probablemente es el abuelo del que menos tengo, más allá de esa sensación de tener casi siempre frío que compartimos, o de ir por la vida con chaqueta en agosto… nadie nunca me ha entendido, excepto mi abuelo, que era igual. Pero aunque no congeniásemos mucho durante décadas, sí lo hicimos los últimos años y le debo también un agradecimiento infinito por lo que hizo por sus hijos.


Mi abuela Agusti, la única que aún vive, aunque sin duda está en el final de su camino. A mi abuela hay que haberla conocido para saber lo que significa de verdad ser una gran mujer. No hay palabras que le hagan justicia suficiente, esa gran mujer, de una fortaleza inagotable, que vivió una vida difícil y dura, con seis hijos, que trabajó dentro y fuera, espartana, castellana, recia y que sin embargo tenía una dulzura íntima y profunda. Yo soy infinitamente más cariñosa que ella pero conecté con ella, y ella conmigo, como creo que pueda conectar con muy pocas personas a lo largo de mi vida. Mi abuela, mi querida abuela, que personalmente siempre me adoró, siempre me apoyó y me quiso infinitamente, y que aún me quiere. A veces demasiado dura, a veces demasiado seca, pero infinitamente abuela, infinitamente madre, infinitamente querida. Físicamente me parezco mucho a ella y a su familia, los Yanguas, y me siento tan orgullosa de ella. A ella le está costando asumir el final del camino, no lo hace del modo que consiguió hacerlo mi abuelo. Ella ha sido la gran madre, que bajo sus alas cabíamos todos. Y yo nunca jamás, ni aunque viviese mil vidas, podría olvidarla. Mi agradecimiento por ella, por todo lo que hizo nunca será suficiente.

El tiempo que vivimos con nuestros abuelos es un tiempo feliz y un regalo único que nos da la vida. Estoy atravesando una época un tanto melancólica, debe de ser el tiempo, que sin duda influye, y no quería dejar pasarlo sin escribir esta pequeña reflexión sobre mis abuelos y la indeleble huella que han dejado en mi vida

MADRID CON NIÑOS 28: LA ISLA DE LAS LUCIÉRNAGAS

El pasado finde tuvimos doblete teatral infantil. Ya os lo iré contando por aquí, porque Henar y yo lo pasamos fenomenal. Disfrutamos de dos obras estupendas; la primera de ellas, el sábado por la tarde en la Sala Off de mi querido Teatro Lara fue La isla de las luciérnagas, de Los Absurdos Teatro.

Tenía ganas de ver esta obra, que ya la tenía fichada entre las novedades teatrales de otoño. En realidad, ha llegado al Lara hace un par de meses, aunque el año pasado estuvo en La Escalera de Jacob, pero no me enteré. Tenía ganas de ir a verla porque me habían hablado bien de ella, el argumento parecía interesante y además de esos que merece la pena que nuestros hijos vean para que les cale el mensaje. Y, por último, tenía muy buenas referencias de Los Absurdos Teatro, ya que los dos actores de esta obra, Patricia Estremera y Alfonso Mendiguchía, son amigos de dos grandes amigos y actores, mis queridos Patricia Sánchez y Carlos San Jorge, de Edulogic Producciones. Estaba claro que Henar y yo teníamos que ir a ver esta obra sí o sí.

La isla de las luciérnagas, es una obra de teatro familiar llena de aventuras y de valores. Escrita por la propia Patricia Estremera, nos presenta a Rubino y Policleta, dos personajes muy diferentes entre sí pero que sin embargo son grandes amigos. Ambos, en una travesía a bordo del barco de Policleta, sufren un naufragio y llegan hasta las costas de un lugar desconocido. Allí descubrirán que se trata de la Isla de las Luciérnagas, un sitio enigmático que les deparará grandes aventuras que tendrán que vivir y solucionar juntos. Porque Juntos todo es mucho mejor. Ése es el lema de la obra y el mensaje a nuestros peques (y también de paso para nosotros, los grandes, por si se nos había olvidado), porque hacer las cosas juntos, ayudarse, apoyarse y quererse y respetarse tal y como somos cada uno, es lo mejor que podemos hacer y siempre consigue mejores resultados.


Rubino y Policleta no estarán exactamente solos sobre el escenario. Uno de los puntos fuertes de esta obra es que los narradores son dos simpáticos besugos que nos irán adentrando en la historia, presentándonos a Rubino y a Policleta como dos grandes amigos que vivieron la aventura de su vida, a medio camino entre la realidad y la leyenda. Los besugos, que tras una estructura que recuerda al más puro teatro de títeres le pondrán su contrapunto a la obra, haciéndola aún más dinámica y divertida.

Y es que La isla de las luciérnagas es una obra magnífica, palabrita de teatrera y también de teatrera infantil. Tiene todos los elementos para hacernos pasar una tarde estupenda. Su hora de duración te pasará en un suspiro, el texto es potente, Patricia Estremera y Adolfo Mendiguchía hacen un trabajo actoral fantástico para meterse en la piel de Policleta y Rubino, viceversa o bicicleta, como cada uno quiera. Hay mucha química entre ellos y eso se nota. Es imposible no cogerles cariño a estos personajes tan diferentes entre sí y que sin embargo hacen tan buen tándem. Muy cómplices con el público, conectan de un modo especial con los niños, que lo pasan en grande.

Ah, no se me puede olvidar hablar de la escenografía. Me ha encantado. La escenografía es un elemento muy importante del montaje teatral, que a menudo olvidamos cuando hablamos de una obra. Con una escenografía sencilla, pero llena de imaginación, han conseguido representar el mar con sus olas donde viven los dos graciosos besugos narradores, el barco de Policleta y la isla de las Luciérnagas. Todo ello precioso y con muchísimo gusto, amplificado por la cercanía que da una sala Off como la del Lara.

Lo dicho, absolutamente recomendable, salimos encantadas. Una de esas obras que te dejan poso y que no me importaría volver a ver más adelante. De las mejores obras de teatro infantil que he visto en los últimos meses y me atrevería a decir que también en los últimos años.

Ya sabéis, cada sábado a las 17 horas en el Lara, ¿a qué esperáis para llevar a vuestros peques?


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HOY ME HE LEVANTADO NOSTÁLGICA: PAPÁ CUÉNTAME OTRA VEZ

Hoy no hay entrega de Viernes Vitales como tal, pero sí una pequeña reflexión acompañada de una canción que marcó una parte de mi vida.

 


Esta canción me hace vieja, habla de tiempos muy lejanos, de mi más fresca juventud. Pero también forma parte de la banda sonora de mi vida, reflejo de una forma de entender el mundo, de unas ideas políticas, culturales, vitales… de un universo que ya no existe y cuyos cimientos se me resquebrajan bajo los pies.

Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo. Y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana, y canciones de los Rolling y niñas en minifalda.

Papá cuéntame otra vez nos cantaba en nuestra juventud los sueños que tuvieron y a veces vivieron nuestros padres.

Pero también habla de un desengaño, el vital, el emocional, el último.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada, y tras tanto puño en alto why tanta sangre derramada, al final de la partida no pudisteis hacer nada,y bajo los adoquines no había arena de playa. 

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas, y  ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias, pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza. 

La escucho, releo sus palabras y pienso que todo es parecido en el fondo, aunque las generaciones y las vidas sean tan diferentes hoy y ayer.

En el hoy, echo de menos a aquella chica de veintipocos que descubrió la izquierda a través de un amor alemán puro y único, que ya forma parte del pasado. Qué habrá sido de ti, Karl De una chica que vivió, se fue de su casa, empezó una nueva vida y quien en realidad no puede quejarse de que le hayan ido mal las cosas. Sin embargo, ahora su fe política, la única fe que le quedaba, se le ha resquebrajado y ya no sabe ni qué pensar ni hacia dónde seguir.

Qué lejos queda aquel mayo, queda lejos Saint Denís, qué lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París.

Qué lejos queda aquel París que yo no viví pero que recorrí tantas veces buscando las huellas de lo que fue la primavera de la vida y la lucha. Qué lejos quedan aquellos años de universidad, aquellas noches de vino y rosas sin dormir, aquellos veranos mediterráneos con lecturas de Sartre, los cantautores, las risas, la juventud, aquellos sueños que tuvimos, aquel tiempo en que nos creíamos inmortales. Y el mundo sigue como siempre, podrido de crueldad, que es lo que cantaba Ismael Serrano.

Hoy, sus canciones son los añicos de lo que un día fuimos, de lo que un día yo fui. Ahora soy otra cosa. Y hoy, simplemente. hoy me he levantado nostálgica y esta canción me ha hecho añorar inviernos de lluvia y sueños y amor a flor de piel, cuando creíamos que todo era posible.


Pero bajo los adoquines no había arena de playa. 

MANUALIDADES DE OTOÑO CON NIÑOS: UN ERIZO

Me encanta el otoño con sus colores dorados, sus atardeceres, sus árboles melancólicos… Pero también es cierto que en otoño anochece temprano, mucho antes de que los niños se vayan a la cama. Y si no queremos tirarnos la tarde viendo la tele después de venir del parque, hay que pensar en planes alternativos para hacer en casa. Es cierto que con niños un poco más mayores los juegos de mesa vienen bien para entretener esas horas. Sin embargo, con niños de la edad de Henar (ella tiene cuatro, pero yo incluiría el segmento de dos a seis aproximadamente) hay que buscar otro tipo de cosas que les entretengan. En el caso de mi hija, el gran plan, sin ninguna duda, es hacer manualidades.

La verdad es que tengo bastante paciencia y un poquito de imaginación para hacer este tipo de cosas. Aunque también reconozco que, en determinados momentos, tanta manualidad me supera, porque no es que todas las tardes tenga ganas de ponerme con las tijeras y el pegamento precisamente. Pero soy consciente de que ésta es una etapa, como otras tantas, y en general disfruto de poder compartir esos ratos con mi hija, que sé que en un día no muy lejano los echaré de menos.

Hoy en día, con los mundos de internet al alcance de un clic, la verdad es que las cosas se ponen mucho más fáciles. Uno tira del gran oráculo buscador, introduce palabras clave tipo “manualidades otoño”, “manualidades niños”, “manualidades hojas de otoño” o similares y aparecen un montón de ideas. Si tiras de Pinterest ya ni te cuento. El handmade, do it your self y en general hacerlo tú mismo con tus manitas está de moda. El caso es que en tardes de otoño e invierno con niños en casa, tirar de manualidades es un buen plan.

Un buen día encontré en internet una foto de un erizo hecho con hojas de árboles de distintos colores. Me pareció una idea sencillísima y brillante, sobre todo por lo fácil que parecía. Simplemente necesitabas un trozo de cartón, unos rotuladores (o en su defecto pinturas tipo plastidecor) y pegamento en cola. ¡Esta vez no necesitaba ni tijeras! Y sobre todo, lo que necesitabas son hojas de otoño de diferentes formas y tonalidades.

El hecho de utilizar hojas de otoño como material también te da la oportunidad de dar paseos por el parque, elegir las hojas que más os gusten e involucrar a los niños en la recogida de hojas. Es una buena actividad complementaria. A la salida del cole vamos recogiendo las hojas en el parque y luego cuando ya estemos en casa elegimos las que más nos gustan, las ordenamos y a hacer nuestro erizo otoñal.

A este respecto, voy a hacer una acotación importante. Intentad utilizar hojas no muy secas. Parece una tontería, pero las hojas muy secas se rompen más y se pegan mucho peor. No son planas sino que suelen tener rugosidades más pronunciadas y en conjunto suelen quedar peor. Lo mejor es escoger hojas recién caídas del árbol o en su defecto mover un poquito el árbol y recoger las hojas que vayan cayendo. Las tonalidades de otoño son infinitas y hay hojas verdaderamente bonitas, por lo que si os lo curráis podréis hacer un erizo muy chulo, o incluso si os apetece hacer una familia de erizos, uno de cada color.

Otra recomendación es que no dejéis mucho tiempo las hojas. De un día a otro se secan, por lo que lo idóneo es recogerlas ese día y pegarlas esa misma tarde. Otra opción para los muy currantes era lo que hacíamos cuando éramos pequeños, depositarlas entre las páginas de un libro y dejar que se sequen totalmente planchadas. Yo soy más de hacer las cosas sobre la marcha.

Llegamos a casa, cogemos un cartón y dibujamos la forma de nuestro erizo, con su naricilla y todo. El niño o la niña sólo tiene que coger rotuladores o pinturas y ponerse manos a la obra. Y después, a pegar hojas imitando las púas. Las hojas de otoño, que no lo he dicho hasta ahora pero ya os lo imaginaréis, en esta manualidad hacen las veces de las púas del erizo. Las más puntigudas abajo y las más bonitas arriba, intentando que la parte más puntiaguda de todas las hojas siempre se sitúe hacia afuera, como las propias púas del erizo. Y hala, con un poco de paciencia vamos poniendo la cola (mejor que lo haga el adulto) y el niño pone la hoja del árbol encima. Y así una y otra vez con todas las capas que vayamos queriendo poner.

El resultado en nuestro caso fue éste. 


Como veréis es una manualidad para hacer con niños estupenda para las tardes de otoño. Muy divertida, muy facilita y que permite estar en contacto con la naturaleza, disfrutar de las bonitas tardes doradas de otoño en el parque y luego pasar un rato familiar en casa muy do it yourself. A los niños les encantará, es muy fácil de hacer y la verdad es que queda estupendo.

VIERNES VITALES 49: CHINCHES, MOSCONES Y OTRO TIPO DE SERES MALVADOS

Hace unos días tuve una conversación con un coach que me abrió los ojos y me dio mucha fuerza. Es lo que tienen los coach, son capaces de hacerte ver las cosas de otra manera y de que seas capaz de darle la vuelta a la tortilla. La conversación giró sobre la maldad y sí, la maldad también existe. De hecho, todos nosotros hemos sido malos en alguna ocasión, nos hemos comportado mal, hemos hecho daño a alguien siendo conscientes de ello, hemos sido crueles, o simplemente no hemos hecho lo correcto. Es un episodio duro enfrentarte a tus propios demonios interiores, a las veces en que tú mismo has fallado, no te has comportado bien y tienes que sobrellevar esa carga aunque sea en la conciencia.

Pero hay personas que son malas, personas perversas que incluso disfrutan haciendo el mal. Sí, los malos malísimos de las películas también existen de vez en cuando en la vida real, y es muy probable que termines cruzándote a alguno de ellos a lo largo de tu existencia. También hay personas que quizá no sean malas porque sí, pero que de repente la toman con alguien y machacan a esa persona, la atacan sistemáticamente, agazapados en la sombra esperando un despiste, un error, para caer sobre su víctima. Curiosamente, pueden ser buenas personas en otros momentos de sus vidas pero en esos momentos o con determinadas personas son verdaderamente perversos.

Frecuentemente la maldad lleva asociada algún tipo de enfermedad u otros aspectos como la envidia o la inseguridad. Es totalmente cierto, muchos de los que tienen malos comportamientos, especialmente si tienen un foco sobre una persona concreta, encierran en realidad muchas inseguridades y frecuentemente envidias. Pero hay veces que no, hay personas perversas y malas, afortunadamente las menos, que son malas porque sí, contra cualquiera.

Bien, quienes me conocéis personalmente probablemente sabéis que soy una persona que no dejo indiferente a nadie. Por ello, tengo amigos maravillosos y gente que no me merezco de lo fantásticos que son, que me quieren como soy, que me apoyan y que sé que siempre están ahí. Pero al no pasar desapercibida, también hay personas que no pueden verme delante, algunas de ellas, la mayoría por cierto, son muy inseguras y quizá lo que les molesta es mi seguridad, sobre todo mi independencia y mi fortaleza. He vivido ciertas cosas en mi vida, desde pequeña, que me han hecho que frecuentemente tenga que sacarme yo solita las castañas del fuego, por eso mi nivel de fortaleza interior probablemente sea mayor que la media. Hace casi tres años pasé una época muy difícil en mi vida, que reconduje a través del coaching y algunos de mis fantasmas (los demonios son internos, los fantasmas son externos) ahí siguen. Hay algunos que ya no están, otros nuevos que han venido a hacerme la vida más movidita como una montaña rusa, pero sobre todo muchos de los viejos y de los nuevos tienen algo en común: no me afectan. Me afectan infinitamente menos que antes y aunque siguen insistiendo en chinchar, la verdad es que a mí me da bastante igual. Ya lo decía mi abuela que no hace daño quien quiere sino quien puede. Lo jod… de la historia es por qué narices tenemos que aguantar esos chinches, normalmente asociados a esferas de tu vida que no puedes controlar y delimitar, tales como el trabajo o la familia. Pero lo que sí puedes controlar y delimitar es el impacto que hacen en ti, dejarles que te afecten o impedírselo, y ahí es donde aparece la fortaleza personal y sobre todo la habilidad para desarrollarla. No siempre es fácil, de hecho casi nunca lo es.


Reconozco que hay momentos en los que, como a todo el mundo, me da el bajón, me enfado, me pongo triste, pienso en la injusticia del mundo, bla, bla, bla… Pero en la vida hay de todo y la mayoría de las veces la culpa no es de un tercero, sino que nosotros tenemos mucho que ver en ello y mucho que decir. De hecho, lo primero que debes hacer es quererte a ti mismo, tomar la decisión de luchar por ti, tus intereses y ser capaz de que las cosas no nos afecten, o si lo hacen (no siempre resulta fácil controlarlas), conseguir que nos afecten menos. Como me dijo otra amiga coach hace tiempo, seguimos bajando al sótano de nuestros miedos y nuestras frustraciones (podéis incluir vuestras iras, enfados, llantos… a cada cual lo suyo), pero nos quedamos menos tiempo. De eso se trata, de saber sobrevivir mejor, de bajar menos veces a ese sótano lúgubre y de saber salir más rápido de él, sin que nos afecte demasiado el paseíto.

Y os aseguro que, aunque sea a largo plazo, esa fortaleza termina espantando a los moscones y a los chinches. Saber convivir con ellos y saber que, en el fondo, son pequeños desgraciados que más merecerían nuestra compasión que otra cosa, es lo que nos hace fuertes, lo que nos permite avanzar. Y esa fortaleza es lo mejor que tenemos, para crearla hay que trabajar en ello

AY SOLE, SOLA....

Aunque siento predilección por el drama, de vez en cuando me gusta disfrutar de una buena comedia, siempre que el texto y el montaje lo merezcan. Creo firmemente además en las producciones de off, aquellos montajes desarrollados en salas pequeñas, con una total cercanía al espectador y en las que un número reducido de actores, muchas veces incluso un actor o actriz únicos como monologuistas, nos cuentan su historia. Es un teatro vivo y valiente, directo, en el que sobran los oropeles y el buen oficio se hace absolutamente necesario. En España se está desarrollando mucho teatro de este tipo, de alta calidad, sin subvenciones y con muchas dificultades, que regala al espectador una experiencia única, aunque no siempre es así. Pero cuando lo es, cuando el espectáculo y el intérprete son capaces de enamorarte, la experiencia del espectador se convierte en mágica.

Pues bien, la semana pasada fui a ver una obra de off, un monólogo en el que la actriz Úrsula Gutiérrez se desnuda teatralmente ante el espectador, con un texto hilarante y una interpretación por parte de esta actriz que lo hace aún mejor. Sole Solá es teóricamente una influencer de éxito, adorada por una legión de seguidoras de su blog de belleza. Sin embargo, la realidad de Sole es bastante diferente, actriz sin papeles, bajo el cegador triunfo de su amiga Bárbara, a quien envidia bastante, malvive sin dinero, sin trabajo y sin casa. De hecho, la obra se desarrolla en el apartamento de Bárbara, que le ha dejado quedarse unos días allí. Sole cuida de Culosucio, el gato de Bárbara y mientras, sigue subiendo vídeos glamurosos a su blog, que mantiene porque es lo único que le queda, ya que su carrera de actriz no despega.




Casi me atrevería a decir que es una comedia perfecta, que te arranca carcajadas, algo que a mí no me sucede así como así. Tiene ese punto ácido y también crítico con este mundo de redes sociales y de eterno postureo en el que nos movemos, intentando proyectar una imagen de nosotros mismos que casi nunca coincide con la verdadera realidad.

 Me ha gustado mucho esta obra, reconozco que me ha sorprendido muy positivamente. Su pequeña escenografía, la cercanía y la magia que nos ofrece el Off del Teatro Lara, un texto mordaz, ácido, divertido e inteligente y una actriz que lo da todo. Simpaticé con el personaje desde el principio, también haciendo un poco de autocrítica personal. Probablemente lo que más me gusta del buen teatro es ese punto en el que te hace reflexionar sobre algún aspecto de la vida, y esta obra tiene unos cuantos.

Además, especial mención merece la actriz que encarna a Sole, Úrsula Gutiérrez, que dota al personaje de cercanía, acidez y una fuerza intensa que hará que Sole, por mal dadas que vengan, nunca abandone y siga luchando. Porque la vida es eso, la lucha constante, el salir adelante. Ninguno somos perfectos, aunque a veces juguemos a creérnoslo. Sole encarna esa imperfección en un mundo de perfección que es puro postureo.

Excelente texto, magnífico montaje que estoy segura de que brilla más aún por la cercanía de la sala off, y fantástica Úrsula Gutiérrez, que borda a Sole Solá y además tiene una voz maravillosa, os sorprenderá cuando cante. Y es que Sole, no lo he dicho aún, es una cordobesa en Madrid, con ese inevitable y especial aire del sur.

No dejéis pasar la oportunidad de verla. Estará en el Off del Lara todos los miércoles a las 20.15 horas hasta el 4 de enero. Entradas aquí