MIS MOMENTOS NAVIDEÑOS

Le debía a  Esther mis 10 momentos navideños (diciembre es un mes doble: el mes como tal y Navidad), así que allá voy con ellos.

Lo primero que quiero es hacer una pequeña reflexión sobre lo que significa para mí la Navidad. Crecí en una familia en la que nunca se le dio una especial importancia a estas fechas, por lo que no tengo especial vinculación emocional, ni por ende familiar, con ellas. De hecho, más bien las odié durante varios años (bueno, igual no tanto, pero no me gustaban especialmente), pero desde que nació Henar obviamente la cosa ha cambiado drásticamente. Yo era de las que trabajaba todas las Navidades, porque total para qué. Y ahora soy de las que se cogen todas las navidades para nada en especial, simplemente para vivirlas.

Mis momentos navideños, como casi todo en el resto de mi vida, no son nada espectaculares. Pero sí creo que son bonitos, intensos y con mucho cariño. ¡Muy vitales!


1. El día 24: Navidades en el Price y vinitos con los amigos.

Me gusta más el día 24 que la noche del 24. Ese día dieron comienzo oficialmente mis Navidades, y qué mejor que hacerlo disfrutando del maravilloso espectáculo de Las Navidades en el Circo Price. Nos lo pasamos fenomenal, fuimos a la función de las 12, y antes de las 3 estábamos de vuelta en el barrio tomando el aperitivo (y mucho más) con unos buenos amigos. Había ambiente de alegría, sosiego y cariño. Además, como en mi casa no se hacen grandes cenas navideñas, no había tampoco agobios, simplemente vivir intensamente ese día.

2. La ilusión de Papá Noel.

Ni qué decir que la peque de la casa se tiró semanas preguntando que cuándo venía Papá Noel y luego cuándo venían los Reyes. Y hacer de Papá Noel (y luego de los Reyes) por la noche, mola. Mola mucho. Personalmente, no disfruto tanto teniendo que madrugar (me tira demasiado mi almohada), pero es una maravilla tener niños en casa que disfrutan tantísimo y que nos devuelven la ilusión de nuestra infancia. La mía abre sus regalos y los de todo el mundo, incluidos los del perro, que como dice… no tiene manos, pobrecito.


3. Un trocito de Segovia.

Segovia es la tierra de mi familia paterna, y también la de los antepasados de mi marido. Y la verdad es que cada vez le tengo más cariño a este lugar. No sentí la menor vinculación hacia esa ciudad durante casi treinta años, pero ahora es un lugar que visito asiduamente, que conozco bien, y al que le tengo cariño. Porque además Segovia es una ciudad especial y preciosa, con una larga historia entre la memoria de sus adoquines. Y estas Navidades la he visitado varios días. Hemos ido al Teatro Juan Bravo a ver un infantil, hemos salido de tapas por lugares emblemáticos como el Jose María o la Judería, la hemos paseado con muchas ganas. Y San Antonio me ha encontrado aparcamientos estupendos cada día.


4. Unas Navidades de viajes familiares.

Unas Navidades familiares, relajadas y con viajes, así han sido. Y la verdad es que las necesitaba muchísimo. El fin de año laboral (último trimestre) fue muy duro, lo que se me juntó con un problema de espalda repercutido directamente por el estrés. Por ello, necesitaba unas vacaciones como nunca, y sobre todo que esas vacaciones fuesen tranquilas. Sin duda lo han sido. Han tenido tres escenarios (Madrid, Segovia y Oviedo) y algunos kilómetros en la carretera obviamente, pero han sido vacaciones de no madrugar, salir, descansar, familia, amigos, abrazos e ilusiones. Hacía mucho tiempo que no pasaba unas vacaciones navideñas tan completas y bonitas.

5. Empezar el año comiendo fabes.

Sé que esto es difícil de entender si no eres asturiano. Pero para mí ya se ha convertido en una costumbre comenzar el año comiendo una estupendísima fabada. Llevamos varios años cerrando el año e iniciando el nuevo en casa de mi amiga Molli, y el menú del día 1 es de lo más especial: fabada asturiana al estilo tradicional. Sé que no es un menú muy apropiado si has salido de fiesta la noche anterior, pero como no es el caso, nos lo pasamos fenomenal. Son una cena y una comida estupendas, con un montón de gente, nada de protocolos y muchas risas y cariño.

6. Un paseo por Oviedo.

Mi primer intento frustrado de ir una noche a ver Star Wars terminó en un precioso paseo una noche por Oviedo, la ciudad donde nací y crecí, y que es especialmente bonita con las luces de Navidad. Hacía muchos años que no dedicaba una o dos horas a pasear sin rumbo por ella, y en una estupenda noche de invierno con viento del sur lo hice. Me perdí por sus rincones más bellos y volví de regreso a mi infancia por un ratito.


7. Y si te toca llorar, es mejor frente al mar.

Me gusta el mar y soy de tierra de mar, pero como crecí tierra adentro (Oviedo está a 30 kms del mar), no es un elemento que eche demasiado de menos. Sin embargo, después de unos cuantos meses, echas de menos ese azul infinito, así que aprovechando que estábamos en Oviedo, nos acercamos a Candás y Luanco a ver un ratito el mar. Fue una mañana de sol, frío y viento, en la que fuimos además con mi padre y nos gustó mucho pasear frente al mar.

8. Una tarde de cine viendo Star Wars.

Hice un intento en Oviedo y no pudo ser por tema de horarios, pero el 5 de enero me escapé a ver Star Wars. Yo solita, con muchas ganas y sin necesidad de palomitas. Y me lo pasé fenomenal.

9. El día de Reyes.

Las fiestas de árbol (Nochebuena y Reyes) yo tengo claro que las paso en mi casa. Me encanta hacer de ayudante de Papá Noel y de paje de los Reyes y la tremenda ilusión que se respira. Eso sí, los Reyes Magos tuvieron la brillante idea de traerle a Henar un libro de manualidades de animales de la sabana y nos tiramos tres días pintando. Pero esos ratos familiares, de casita e ilusión, son estupendos.

10. Mucho tiempo con Henar (y Athos).

Es cierto que sobrevivir a unas navidades con niños (y aquí me sale el ramalazo de malamadre total) es agotador. Y que a veces te dan ganas de emigrar al polo norte, donde no te encuentren. Pero también es cierto que unas Navidades así son mágicas. Y estas navidades, de sencillas e intensas, han logrado ser absolutamente mágicas y encantadoras. Hemos sobrevivido a ellas (con nuestros más y nuestros menos) y han tenido momentos para el recuerdo. Yo, desde luego, no necesito pedir más.




¡Buen lunes! 

Mis momentos de noviembre.
Mis momentos de octubre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Este blog no es nada sin tus comentarios :)