DISNEY ON ICE MUNDOS ENCANTADOS EN MADRID 2016

Ayer mi hija Henar y yo fuimos al espectáculo de Disney on Ice en el Palacio de los Deportes de Madrid. Era la tercera vez que íbamos a disfrutar este espectáculo de patinaje sobre hielo con la maravillosa magia Disney como telón de fondo. No es un espectáculo precisamente barato (unas buenas entradas como las que nosotras teníamos costaron sus 44 eurazos por entrada), pero la verdad es que los niños (y los padres) lo disfrutan (disfrutamos) muchísimo.

Además, el gran reclamo de la edición de este año era la película Frozen. Aunque Frozen se estrenó hace ya dos años y medio (en las Navidades del 2013 para ser más exactos), ha sido un absoluto fenómeno viral para nuestros peques. Como mi hija aún no había cumplido los dos años por aquel entonces, en nuestra casa pasó sin pena ni gloria, pero luego por supuesto ha llegado la fiebre por el fenómeno Frozen. Me extrañó que no incluyesen esta aventura princesil en las anteriores ediciones de Disney on Ice (al menos no las que trajeron a España en 2014, titulada Vuelve a soñar, y la del 2015: 100 años de magia). Pero como debe de ser cierto eso de que a la tercera va la vencida, esta vez, con el Disney on Ice Mundos encantados sí han venido Elsa y Anna y todo el universo Frozen (a excepción del reno Sven, para mí de lo mejorcito de la película y que se le echó de menos sobre la pista de hielo del Palacio de los Deportes.

La programación para Disney on ice Mundos encantados incluía cuatro historias de la factoría Disney: Toy Story, La Sirenita, Cars y Frozen, que fueron presentados exactamente por ese orden. Como os decía antes, era nuestra tercera vez y aunque el espectáculo sin duda merece la pena, al final te gastas 100 euros prácticamente sin hacer nada (después de pegarme con mi hija por no comprar merchandising, debiendo claudicar frente a las palomitas de 9 euros, eso más las entradas arroja 97 euros, un importe entiendo que elevado). Y la verdad es que precisamente en esta ocasión, a mí se me quedó corto… y flojo. Probablemente extrañe levantar una opinión en internet en contra del mundo Disney, pero esta vez con Disney on Ice lo voy a hacer, al menos un poquito.

Entro a hablar en detalle de cada uno de los mini-espectáculos.

Toy Story

La historia de Toy Story sin lugar a dudas no defraudó a los seguidores de esta película (que me constan que son muchos, aunque no me encuentro entre ellos). A mi hija se le hizo un poco raro porque no conocía la historia, pero le gustó. Quizá resultó un poco larga, pero me pongo en duda a mí misma porque cuando una historia no te engancha, te puede resultar más larga de lo que es en realidad. En cualquier caso, a este espectáculo de patinaje sobre hielo versionando a Toy Story no le faltaba de nada, todos los personajes de la película, impresionantes piruetas y una representación muy lograda de esta historia.


La Sirenita

Después le tocó el turno a la Princesa Ariel y su exótico mundo submarino. Y aquí viene una de mis primeras grandes críticas: si Toy Story fue representada prácticamente en su totalidad, en el caso de La Sirenita, para mi gusto (y el de mi hija) se quedó muy corto, más aún si tenemos en cuenta que ventilaron la historia en 10 minutos, cuando la anterior había durado prácticamente 40. Se centró en el pasaje de Bajo del mar, probablemente el más divertido de toda la historia, pero la adaptación en esta ocasión pasó muy de puntillas (por no aparecer, ni siquiera apareció el Rey Neptuno y su tridente) y mi hija, con sólo 4 años, se quejó de que había sido muy corta. Creo que tenía razón.


Tras ello asistimos a un descanso de unos 20 minutos. Si tenemos en cuenta que el espectáculo comenzó casi 10 minutos tarde (sobre las 16.10) y que acabó a las 18.05, si además le quitamos 20 minutos de descanso, nos quedamos con hora y media escasa. En las ediciones del 2014 y del 2015 se llegó prácticamente a dos horas y media en total, tengo la sensación de que este año nos han robado media hora.

Cars

Hay que reconocer que ver a casi todos los personajes de Cars derrapando sobre hielo fue muy bonito, porque además eran representaciones muy logradas. Sin embargo, tengo dos críticas a esta actuación. La primera de ellas, la duración, de nuevo cortísimo (unos 10 minutos) y la segunda, que los coches eran de verdad y no eran patinadores disfrazados, por lo que nada de piruetas ni acrobacias. Y no nos engañemos, este espectáculo está lleno de magia Disney, pero también es especialmente bonito por el espectáculo de patinaje artístico, más aún si tenemos en cuenta que los que están sobre la pista son grandes patinadores que han conseguido muchos éxitos durante su carrera deportiva profesional y que, antes de retirarse del todo, pasan un tiempo de gira en estos espectáculos. Aún así, me gustó, aunque creo que no es una historia para incluir en Disney on Ice sino en otros de los espectáculos Disney (como el Mickey’s Music Festival por ejemplo).

 

Frozen

El broche de la tarde, como no podía ser de otro modo, fue Frozen. Y lo considero muy acertado, porque si bien la parte central creo que dejó bastante que desear, Frozen fue verdaderamente mágico. Echamos de menos a Sven, que sin duda es mi personaje favorito de esta película, pero todos los demás estaban allí. La representación tuvo una duración adecuada (alrededor de media hora) y se pasó volando, como no podía ser de otra manera. Esta adaptación supo perfectamente representar los principales escenarios de Arendel, el palacio de hielo de la reina Elsa y los mejores momentos de esta película. Y por supuesto a los niños, y especialmente a mi hija, les encantó.



No nos olvidemos además de los grandes maestros de ceremonia: Mickey y Minnie, acompañados por Donald y Goofy en algunos pasajes y que nunca pueden faltar en un espectáculo Disney que se precie. 


En conclusión: me gustó mucho ir de nuevo a ver Disney on Ice y volveremos el año que viene, pero creo que este espectáculo en concreto, aunque tiene una magia innegable (especialmente en el capítulo Frozen), es el más flojo de los tres que yo he visto en sus tres últimas ediciones. Y es una pena, además de algo en lo que los organizadores deberían reparar más. 


NOTA: Las fotos son las oficiales de internet, si desean que las quite, lo haré en la mayor brevedad posible tras recibir un email a tal efecto. 

Y NO MIRES ATRÁS, QUE TE VA A DESPEINAR EL VIENTO.

Hoy me he levantado con aires del norte, evocando días de invierno frente al mar, con viento, y esta bellísima canción de Aute.

   

 Ahora solo la vida te espera con los brazos abiertos y el firme deseo de hacerte feliz. 

 Y no mires atrás, que te va a despeinar el viento, el viento… 

 Ya no hay puntos suspensivos, llegó el rotundo punto final.


Disfrutad este viernes gris, tan del norte.

INTENTANDO RECUPERAR MI PASIÓN LECTORA

Hace años yo era una ávida lectora. Me movía en transporte público (lo que me dejaba muchas horas para dedicarlas a la lectura) y además invertía una parte importante de mi tiempo en casa a leer. Obviamente, en la situación actual, y desde hace varios años ya, mis hábitos lectores se han reducido considerablemente. Es cierto que leo muchísimas cosas por internet, pero libros, lo que se dice libros… se quedan relegados a algunos ratos de vacaciones y poquito más. Llevo muchos años utilizando la moto para todo y en casa tiempo hay poco y tiempo tranquilo para leer aún menos. La maternidad cambia muchas cosas, una de ellas es ésa.

El caso es que llevo varios años incluyendo entre mis propósitos vitales leer más. Este año ni siquiera los he escrito, aunque si alguien tiene curiosidad puede cotillear los del 2014 y los del 2015. Ya os adelanto que la lectura era siempre uno de los propósitos que se quedaban sin cumplir, y que esa espinita se me ha quedado clavada durante estos últimos años. Y por ello, sin llegar a recoger por escrito los propósitos, la lectura sigue siendo uno de mis propósitos de este año.

Tengo grandes amigos que llevan blogs de lectura (os recomiendo El búho entre libros, De lector aLector y Leyendo en el bus). Reconozco que prefiero no leerlos porque cada vez que veo su velocidad lectora, me abruma y me meto un poquito más en mi pozo de culpabilidad y falta de tiempo. Pero tienen muy buenas reseñas y cuando me interesa una lectura, o decido brujulear sobre un libro, siempre miro a ver qué opinan ellos (eso de leer las novedades tres años después tiene sus ventajas, sueles ir sobre seguro en cuanto a qué te va a gustar y qué no). En las redes encontramos mil y un nuevos retos: Los 25 españoles, 52 libros en un año,  Autores de la A a la Z… Me da vértigo sólo de pensarlo. Pero mi reto de este año es leer más y mejor. Y en lo que llevamos de 2016 (sí, ya sé que casi dos meses), llevo leídos tres libros y medio, de lo que me siento orgullosa. Sobre todo porque dos de ellos además han sido libros largos (no es que los valore al peso, pero libros de 700 páginas lógicamente conllevan más tiempo que libros de 300).

Pero como leo poco, me he dado cuenta de que aún comparto menos. Por ello, quisiera hacer un pequeño repaso en forma de post de mis cuatro últimas lecturas (incluye la última del 2015), porque además me han gustado mucho, cada cual a su estilo, y con estilos muy diferentes dicho sea de paso.

Los besos en el pan. Almudena Grandes.

Me gusta mucho la prosa de Almudena Grandes, algunos de sus libros, como El corazón helado o Inés y la alegría se encuentran entre mis libros favoritos. Le pedí a mi Papá Noel particular vía Amazon su último libro, Los besos en el pan, pensando inicialmente que formarían parte de sus Episodios de una Guerra, evocando los Episodios Nacionales de Galdós adaptados a los sucesos del siglo XX (el siguiente después de Las cuatro bodas de Manolita, que me dejó un grato recuerdo), pero me equivoqué, este libro no pertenece a esa serie. En cualquier caso, es un libro bueno, que con la prosa especial de Almudena refleja nuestra sociedad de hoy, la vida, con los vaivenes de la crisis, en un barrio de Madrid. Y ni qué decir que me encantó. Me lo leí en Navidad, en ratos de cama y manta y me voló entre los dedos.

 Los besos en el pan es una novela coral que recorre un año en la vida de varias generaciones, familias, vecinos y personas interrelacionadas que viven en un barrio de Madrid al que, como a casi todos, le ha golpeado la crisis. A algunos con más intensidad que a otros, pero esa maldita crisis ha cambiado las reglas del juego y los principios en los que creíamos. Una vez más, Almudena Grandes le da un peso especial a las mujeres en la historia, aunque también hay hombres, aunque con un peso menor. A través de las páginas del libro recorreremos algunas consecuencias de la crisis, que a menudo han ocurrido cerca de nosotros, igual no nos han sacudido directamente a nosotros, pero sí a algunos de nuestros vecinos o a personas con las que nos cruzamos cada día: el paro, el hambre infantil, la desmantelación de la sanidad pública, la burbuja inmobiliaria, el hambre, la desesperación… Una novela en forma de puzle muy bien trazado, con la maestría que Almudena lleva años demostrando en estas lides (y ante la que yo caí rendida hace muchos años con su Atlas de geografía humana).

Una lectura muy entretenida y que a mí personalmente se me escapó entre los dedos. Se disfruta, se paladea, pero también te toca esa fibra interior que te hace pensar, aunque a veces no queramos.

Valoración: un 8,5.


El juego de Ripper. Isabel Allende.

El nombre de Isabel Allende me retrotrae a una adolescencia muy lejana, a esa época de los quince o los dieciséis años, en los que leí obras de esta autora como Paula o su más conocida obra, La casa de los espíritus. Allende bebe de las fuentes del realismo mágico sudamericano, pero yo abandoné pronto su prosa, en pos de Vargas Llosa y sobre todo en pos del gran Gabo (a finales del 2015 volví a releer algunas de sus obras, entre ellas la inolvidable Crónica de una muerte anunciada), pero ésa es otra liga, que poco o nada tiene que ver con la Allende, al menos en mi opinión. El caso es que esta autora jamás volvió a interesarme ni nunca volvió a picar mi curiosidad a lo largo de todos estos años. Sin embargo, hace ya un tiempo, leí por ahí que había sorprendido a los lectores con El juego de Ripper, una novela que se alejaba diametralmente de lo que había escrito hasta el momento y que no compartía el realismo mágico de siempre. Me lo descargué en el kindle y ahí se ha quedado durmiendo el sueño de los justos me temo que un par de años al menos, pero en enero del 2016 le llegó su hora.

Efectivamente, El juego de Ripper nada tiene que ver con la obra anterior de Isabel Allende. Nos presenta una novela de misterios policiacos y asesinatos, en los que salvo alguna jerga chilena que puede identificarla, podría haber sido escrita por otro, probablemente por muchos otros. El libro se deja leer, de hecho en algún que otro punto engancha y al menos yo en seguida me vinculé emocionalmente a su protagonista, la astuta Amanda. Pero poco más, es un libro que se deja leer y que en ocasiones permite entretenerte, pero creo que su autora no logra sacarle el jugo que a priori una historia así podría haber tenido, al menos en mi opinión. Pero fue positivo leerlo, te da otra visión.

Valoración: 7


Política para Amador. Fernando Savater.

Cuando yo hacía tercero de BUP me enganché a los libros de Fernando Savater, en concreto a dos de ellos: Ética para Amador y sobre todo Política para Amador. Hace unos años me volví a cruzar con el primero y lo incluí en mi biblioteca, pero nunca volví a cruzarme con su Política. Nunca, hasta hace unas semanas. Lo encontré en una librería de mi barrio a un precio ridículo (2,5€, lo que demuestra lo que valoramos la cultura en este país) y me entregué a su lectura de una manera probablemente desmesurada. Mi amigo Antonio me preguntó la semana pasada si creía que este libro había sido capaz de resistir el tiempo y yo creo que sí lo ha hecho y que quizá hoy más que nunca sea recomendable releer este tipo de cosas.

Amador es el hijo de Fernando Savater, un chaval al que su padre le dedicó dos obras imprescindibles para intentar explicar a un adolescente lo que es la ética y lo que es la política, o lo que ambas pretenden ser. No es moco de pavo precisamente, dos obras sin duda ambiciosas que sin embargo consiguen explicar con palabras sencillas lo que de otro modo quizá nadie entendería. Yo nunca he entendido por qué un hombre como Savater se dejó meter en política pero he releído con absoluto paladeo su Política para Amador y me he hecho infinidad de preguntas, sobre mí misma, sobre lo que estamos viviendo, sobre lo que buscan los que quieren guiar este país, sobre hacia dónde vamos… Demasiado para explicarlo en este post, pero una relectura obligada para las personas que hoy tenemos entre veinte y cuarenta años.

Valoración: 8,5

Los juegos del hambre. Suzanne Collins.

Si me llegan a decir que yo leería este libro, directamente no me lo creo. Literatura juvenil de aventuras, de la que me siento tan lejana y tan desvinculada, pero debo reconocer que me lo pasé bien con este libro y que consiguió engancharme. Se trata de una trilogía y me temo que no he comprado los otros dos (la edición digital de éste la adquirí en un Kindle Flash), por lo que veo difícil que continúe con ella. No ha sido capaz de picar suficientemente mi curiosidad, aunque lo he disfrutado.

Los juegos del hambre es la típica novela adolescente, llena de aventuras y una especie de idealismo juvenil, con todos los ingredientes para convertirse en el éxito de ventas que ha sido. Pero no deja de ser una lectura divertida.

Valoración: 7





Y hasta aquí puedo leer. Ahora estoy con un libro de David Trueba, al que nunca he leído. A ver si me animo a contaros qué tal. 

TE DOY UNA CANCIÓN... COMO DOY EL AMOR

Esto iba a quedarse en un tuit, pero ha terminado un post, improvisado y chiquitito, pero post al fin y al cabo.

Últimamente hay una etapa de mi vida que viene frecuentemente a mi memoria. Cuando fui madre empecé a recordar mi infancia con intensidad. Desde hace meses recuerdo con demasiada frecuencia y también bastante intensidad mi etapa universitaria, especialmente los últimos años. Recuerdo inviernos con mucha lluvia, las calles mojadas del Oviedo Antiguo, las noches de los jueves sin dormir, las noches de vino, rosas y besos, esa sensación de que no importa el mañana, los sueños, las risas, la alegría que da la ignorancia, las canciones de Silvio Rodríguez, Aute, Víctor Manuel, Pablo Milanés, Víctor Jara, Paco Ibáñez...

Sé, aunque no quiero profundizar en ello, que tengo una herida mal cerrada, una cicatriz a la que no le suelo prestar demasiada atención porque en su día intenté cerrar el círculo y no pude hacerlo (no siempre la vida o los demás te permiten hacer lo que quieres). Hay reflexiones difíciles de hacerse a uno mismo, mucho menos dejarlas por escrito.

Y todo esto, y muchas cosas más me evoca esta canción de Silvio, al que dejé de escuchar habitualmente, aunque aún conservo algún CD con mi música de entonces perdida por mi coche (creo que de todos ellos sólo se ha salvado Sabina y a veces Serrat); mi coche también es uno de esos restos que quedaron tras la lluvia tantos años después. En cualquier caso, esta canción es un sorbito de nostalgia pero también una fuerte sensación de estar viva y querer vivir intensamente.



¡Buen viernes!

MIS MOMENTOS DE ENERO

Mis 10 momentos de enero… Me encanta hacer esta recapitulación mensual, pero la verdad es que al final termino escribiéndola a mediados del mes siguiente y tengo que hacer un esfuerzo de memoria, frecuentemente tirando de calendario para discernir mis buenos recuerdos del mes anterior y que no se entremezclen con los buenos recuerdos del mes en curso.

Excluimos la parte de Navidad (que llegó hasta el 7 de enero y cuyos momentos estelares ya os conté aquí) y tomamos los buenos momentos de enero. Los meses de invierno suelen ser sencillos y tranquilos, sin grandes momentos memorables de media. Pero esos pequeños momentos son los que dan la felicidad, aquellas pequeñas cosas que cantaba Serrat y que se convierten en nuestros mejores recuerdos porque también fueron nuestras mejores vivencias. Haber empezado los #366happydays (de los que os hablé aquí), me hace, junto a mi agenda, poder revisar mejor las vivencias de cada mes. Y la verdad es que hallo mucha felicidad en ello, recordando las buenas cosas y dándoles valor.


1.       Los hermanos Karamazov

Me encanta el teatro (como sabéis los que pululáis por aquí), pero de vez en cuando sale alguna obra verdaderamente especial. Porque es capaz de tocarte una fibra interna, porque es una de esos montajes memorables que evocamos en nuestro ideario teatral años después. Bien, creo que Los hermanos Karamazov cumplen esas dos características, y además nos regalaron una mágica noche de Reyes (que como era noche del día 6 ya lo saco de Navidad) con unas interpretaciones brillantes, de las que me quedo especialmente con la de Juan Echanove como el patriarca Fiodor Karamazov y un Óscar de la Fuente alucinante en su papel de Smerdiakov. Si alguien le pica la curiosidad, creo que me explayé un poquito más en el post sobre Mi revisión teatral de enero. 



2.       Volver a Zumba (y al ejercicio en general)

Desde finales de noviembre hasta bien entrado diciembre arrastré una cervicalgia que me hizo ver las estrellas (literalmente). Mi cuerpo me dejó bien clarito que bajase el ritmo y que desde luego, matarme en la elíptica (mi gran amor del gimnasio) y hacer Zumba no era algo muy recomendable. Por ello, en todo el mes de diciembre no pisé el gimnasio, y aunque lo intenté con Zumba una tarde fue a muy medio gas. Por eso, los momentos de gimnasio, y sobre todo las tardes de Zumba las volví a acoger con los brazos abiertos en el mes de enero. Especialmente he disfrutado las tardes de los viernes con sesiones de más de hora y media de Zumba, en las que me lo paso como los indios. Y yo que pensaba que me gustaba el aerobic, esto es aún  mejor. Además, creo que he conseguido recuperar fuerzas y llegar al viernes en bastantes buenas condiciones (he de decir que la elíptica ha pasado a segundo lugar y que a veces la saco del calendario sin remordimientos). Y mis tardes de Zumba cada viernes son una cita ineludible.
  
3.       Los desayunos del Faborit

Cada viernes vamos a desayunar tres o cuatro compañeros fuera de la oficina, en concreto al Faborit. Es especial porque suele ser el único día que vamos, empezamos la mañana así (abrimos el local a las 7.30 de la mañana y solemos ser los primeros) y se ha convertido en uno de esos hábitos bonitos que sé que dentro de años evocaré como algunos de mis mejores recuerdos laborales de esta etapa de mi vida.


4.       Plani Q1 con mi Pilar

Esto también será un recuerdo laboral, y ahora que lo pienso, también asociado a un desayuno. Pilar es mi mano derecha, mi columna (qué bien tiene puesto el nombre) y me encanta por su cabezonería y su profesionalidad. Hemos decidido desde hace un tiempo hacer un desayuno trimestral en el que enfocar las cosas que a priori queremos hacer en el siguiente trimestre. Alguna se cae, casi todas salen y también se incorporan otras muchas que no tenemos allí planificadas. Primero desayunamos tranquilamente durante media hora en Le Pain Quotidien, nos ponemos moradas y pasamos de dietas e historias ese día (la Nutella está permitida) y después, nos tiramos dos horas a toda mecha, en sesiones maratonianas, divertidas y muy eficaces. Me encantan esos momentos.



5.       Mi amigo Antonio

Creo que es un tema que ya he tocado en este blog en otros momentos: los grandes amigos. Tengo la inmensa suerte de haber conocido gente maravillosa en mi andadura vital, y algunos de ellos son hoy grandes amigos a los que nunca les podré agradecer lo suficiente todo lo bueno que aportan a mi vida. Antonio es uno de ellos, y aunque lo veo poco (menos de lo que quisiera), sé que siempre está ahí. Comer con él y echar un agradable rato de historias y risas un viernes de enero fue un regalo atrasado de Navidad maravilloso. He tenido otros buenos momentos con buenos amigos en enero, pero esta vez me quedo con éste.


6.       Cocinando en invierno

Yo soy muy solar, con luz y calor me convierto en una corre-calles (que diría mi abuela), pero en invierno me apago y me quedo en casa todo lo que puedo. Me sirve para hacer cosas impensables en otro momento del año, como ver series, meterme a leer bajo las mantas o cocinar. Y este mes de enero he cocinado varios días, a veces con más fortuna que otras, todo hay que decirlo. Pero he recuperado algunas de las recetas de mi abuela (lo tradicional siempre triunfa) y he conseguido hacer cosas curiosas que han aprobado en la mesa familiar. Y la verdad es que, aunque sea una actividad que no suelo frecuentar, resulta súper desestresante y divertida.



7.       Pintando con Henar

Mi hija es muy intensa, más aún que su madre (alguno dirá que ya es decir… en fin…), pero los buenos ratos que pasamos pintando, viendo Magic English y haciendo chorraditas varias en casa son una bendición del cielo. Tengo claro que quiero ver crecer a mi hija, eso supone renunciar a varias cosas (especialmente en el mundo profesional), pero no me importa porque es lo que quiero hacer. Tener las tardes libres en gran parte para estar con ella es algo a lo que no estoy dispuesta a renunciar mientras me sea posible.


8.       Desayuno bajo el sol

Creo que voy a tener que reflexionar sobre mi amor hacia los desayunos. No era consciente, pero tres de mis momentos de enero son desayunos, así que deben de gustarme más de lo que pensaba. El caso es que un sábado que hizo un día espléndido, llevé a Henar a un taller de galletas en inglés y cuando estuve allí me encontré con la sorpresa de que los niños se quedaban solos y a los papás nos daban una hora libre. No me lo pensé, disfruté de un maravilloso desayuno con café, zumo, pincho de tortilla y lectura bajo el sol (hay que llevar siempre el Kindle en el bolso, nunca sabes cuándo te va a sorprender la vida). Fue un momento estupendo.


9.       De vuelta al Teleférico

El Teleférico es uno de nuestros destinos habituales. Su entrada se incluye dentro del Pase Anual (antiguo Bono Parques) y Henar y yo le sacamos mucho partido. Es un buen plan, disfrutas de unas vistas fantásticas de Madrid, es un recorrido lleno de encanto y luego Henar se lo pasa bien media hora en el parque de bolas y yo me tomo un café leyendo con vistas a Madrid. Lo increíble es que cuando fuimos un domingo de enero nos dimos cuenta de que llevábamos meses sin ir. Esperemos a que regrese un poco el buen tiempo, pero nos encantará ir mil veces al Teleférico.



10.   Comiendo con E

E es mi marido, y comer con él, a solas, y en un restaurante, desde que somos padres se ha convertido en un lujo. Aprovechando el Gastrofestival, comimos un viernes a mediodía en los Galayos, junto a la Plaza Mayor, un restaurante que me gusta mucho y al que también hacía demasiado que no íbamos. Fue un gran momento y todo estaba de vicio, pero especialmente el postre (sí, ese día pequé).



Ahora que lo pienso, qué buen mes lleno de cosas bonitas! 



REVISIÓN TEATRAL DE ENERO

Un clásico por estos lares, mi revisión teatral del mes anterior. Y en este caso enero nos ha cundido: siete obras, lo que creo que está francamente bien. Cuatro de ellas corresponden a espectáculos para público adulto y tres de ellas para público infantil. Creo que casi todas siguen en cartel, por lo que aún tenéis tiempo de ir a disfrutarlas.


Empiezo por la parte de teatro para adultos.


Los Hermanos Karamazov. Teatro Valle Inclán.

Función de Reyes, no se podía pedir más. Tener una gran amiga como Virginia que te regala por Reyes la posibilidad de disfrutar de este obrón no tiene precio (además de su amistad que como diría Sabina vale más que el oro del Perú). Tenía muchas, muchísimas ganas de ver este montaje desde que Óscar de la Fuente me hablase sobre él una noche del verano de Madrid, allá por el mes de agosto. Sin duda se trataba de una de las grandes apuestas del CDN para esta temporada, la adaptación de la gran (y extensa) obra de Dostoyevski: Los Hermanos Karamazov.

Intento hacer un brevísimo resumen sobre la trama, por si alguien no la conoce: Fiodor Karamazov es el patriarca de una familia de varones en la profunda Rusia decimonónica. Un hombre egoísta, borracho, déspota y maldito que no siente amor ni respeto por nada ni nadie y al que sus hijos, a excepción del pequeño, odian. Casado dos veces, con la muerte de sus dos mujeres atrás, no siente ningún cariño por Dimitri ni por Iván, sus dos hijos mayores, sí algo más por Aleksei, el pequeño, convertido en una especie de santo de conducta intachable, incluso al borde de todas las tragedias. Vive entre lujos y riquezas, rodeado de sirvientes, entre los que se encuentra Smediakov, a quien muchos creen su hijo ilegítimo.


Juan Echanove en el papel de Fiodor Karamazov está increíble, absolutamente vibrante, déspota, maravilloso. Aunque probablemente el parricidio y la tragedia de esta obra era conocida por cualquiera de los que haya asistido a una de las representaciones, y además se masca en el ambiente desde el inicio, me gustó muchísimo la interpretación de Echanove, al que recordaba por papeles con un carácter mucho más blando. Y me gustó muchísimo.

De hecho, probablemente casi todo el elenco está muy bien en su papel. Pero si hay alguien que destaca, incluso por encima de Echanove (y mira que es difícil) es mi admirado Óscar de la Fuente en el papel de Smediakov, el verdadero parricida. Óscar es un actor increíble en cualquiera de los registros que yo he tenido la ocasión de verlo, aún recuerdo con cariño y admiración el maravilloso papel de Lukas que desarrollaba en Ayuda. Pero si el papel de Fiodor Karamazov está hecho para el lucimiento de un buen actor, no creo que Smediakov esté precisamente a la par. Aquí tienes que ser un grandísimo actor para hacerlo ni de cerca a lo que Óscar consiguió con esta interpretación. Smediakov es retrasado, físicamente deforme, con problemas quizá mentales y al menos físicos con una epilepsia que Óscar interpreta y que te crees que de verdad le va a dar algo. Sin duda este gran actor firma una interpretación para el recuerdo y un Smediakov absoluto y mágico, con lo dificilísimo que es este papel y esta interpretación. Chapó, me quito el sombrero.

Sin duda Los Hermanos Karamazov en esta adaptación del CDN es una de esas obras que quedan en el imaginario teatral y que años después se seguirán recordando. Yo tuve la suerte mágica de disfrutar de una inolvidable función de Noche de Reyes, en una noche fría y larga, pero de puro gran teatro.



Lluvia constante. Auditorio Alcobendas.

Otra de las obras a la que tenía muchas ganas era este duelo, mano a mano, entre Sergio Perís-Mencheta y Roberto Álamo, dos grandísimos actores. Actualmente la están representando en el Teatro Bellas Artes y estarán varias semanas, por lo que tenéis aún la oportunidad de verla. Yo la vi sin embargo en el Auditorio de Alcobendas, tenía desde meses atrás las entradas, antes de saber que la iban a representar en el Bellas Artes. Le tenía muchas ganas, entre otras cosas porque se cancelaron las representaciones que iban a hacer en los Teatros del Canal el pasado otoño.

Lluvia constante es una historia dura y terrible. Tengo sentimientos muy encontrados con referencia a esta obra y, aún hoy, varias semanas después, no lo tengo claro y me siento aún más incapaz de reflejarlo en palabras. Sin duda son dos grandes actores sobre el escenario, y me sorprendió mucho la interpretación de Perís-Mencheta, al que sin duda “le pegaba” mucho más el papel de su compañero y a quien recuerdo de papeles mucho más intensos (Marco Antonio, Enrique VIII…). La historia es atroz, una historia de autodestrucción, con puntos de locura, vida al límite, sueños rotos, realidad aplastante, adicciones, túneles sin salida… en un ambiente gris, negro, podrido… Con un punto de desasosiego que se te queda pegado al alma y no eres capaz de quitarte de encima: la mayor miseria humana. En todos los sentidos (si la has visto, espero que entiendas mi frase).


Cabaret. Teatro Rialto.

A mi pobre amiga Virginia, que le va más la comedia que la tragedia (lo opuesto a mis gustos), la arrastré a los Karamazov y a Lluvia constante, así que le debía una obra divertida, de pasar el rato y que le gustase. Nada mejor que Cabaret, el mítico musical del Berlín nazi de la II Guerra Mundial, mundialmente conocido por la adaptación cinematográfica en la que Liza Minelli era la protagonista principal. En Madrid, que yo recuerde, se ha representado dos veces como musical de éxito en los últimos diez años. Allá por el 2006 con Natalia Millán en el papel protagonista y ahora con Cristina Castaño (que nos sorprendió muy gratamente en este espectáculo por cierto).


Cabaret es un espectáculo musical estéticamente muy bonito, resulta ameno, divertido, y tiene una buena moraleja vital. La vida es un cabaret, o al menos así deberíamos plantearnos vivirla, porque es todo lo que tenemos. Hay quien dice que la vida es una mierda, y está claro que muchas veces precisamente fácil no es, pero debemos vivirla de la mejor manera posible, incluso en los tiempos más oscuros (y el Berlín nazi sin duda lo era).



Cabaret Clandestino. Teatro La Estación P. Pío.

Tan malo, tan malo, tan malo… y tan alejado de mi gusto el Cabaret del Teatro la Estación (del que os hablaré más adelante en este post), que no lo podíamos haber ahorrado. Y gracias al cielo que fuimos con invitaciones, porque si tengo que pagar 40 eurazos por ver eso, me da algo. No merecería la pena ni mencionarlo en esta revisión teatral, pero sin duda no merece la pena dedicarle una palabra más.




Con Henar he disfrutado de tres espectáculos estupendos y diferentes, así que comienzo el repaso teatral infantil.


100% Burbujas. Teatro Lara.

Reconozco que me sorprendió muy gratamente este espectáculo infantil, en el que una especie de alquimista de sueños con forma de burbujas nos encandila, a pequeños y mayores, regalándonos un universo onírico. David Vega es el autor e intérprete de ese personaje mágico, con tintes de profesor chiflado, que nos llevará de la mano por un universo burbujeante increíble, en el que aparecerán grandes burbujas de colores, pequeñas burbujas cuadradas, con diferentes gases en su interior… Algo que a priori parece raro para montar un espectáculo de más de una hora, y que sin embargo se vuelve apasionante y se queda corto.


A mi hija le encantó, salió de allí transportada a un universo mágico. Además, disfrutamos del espectáculo el 7 de enero, tras la venida de sus majestades de Oriente y el último día de vacaciones de Navidad, un broche perfecto. Como perfecto es siempre volver a nuestro querido Teatro Lara (mi teatro favorito), al que mi hija llama El teatro de los fantasmas, en alusión a la fantástica obra de Esos locos fantasmas, que vimos allí hace un par de meses. Ambas obras (100% Burbujas y Esos locos fantasmas) están en cartel en el Lara, podéis comprar sus entradas aquí.



La bella durmiente. Teatro Bellas Artes.

Me ha salido una hija de lo más musical. El tema teatral se lo estoy inculcando yo mes a mes, pero el tema musical lo lleva dentro. Es algo que me alucina, creo que tiene una capacidad especial para ello y no soy capaz de identificar de quién la ha heredado (debe de ser un antepasado remoto). En cualquier caso, como disfruta tanto con la música, incluyo los espectáculos musicales, porque sé que le chiflan y es otra forma de poder encauzarlo por el mundo titiritero que a su madre le apasiona.

En este caso fuimos a ver su primera ópera, obviamente una adaptación para niños, pero fue toda una experiencia. Se trata de una adaptación del cuento de Perrault de La bella durmiente y destaco lo del cuento de Perrault, porque lo que solemos conocer, yo la primera, es la adaptación que hizo Disney. Y son diferentes. A Henar le encantó, un espectáculo de alrededor de una hora en el Teatro Bellas Artes que confieso que a mí incluso me resultó hasta largo, pero que a ella se le pasó volando. Tanto fue así que me dijo ¿Se ha acabado ya, mamá? Creo que ha durado muy poquito. A veces pienso que estoy creando un monstruo, y que aún sin cumplir los cuatro años siente que una ópera para niños de una hora y cuarto es corta… dios nos coja confesados. Apunto sus preferencias, y seguro que repetimos con este tipo de espectáculos. Está en cartelera varias semanas más, por lo que podéis ir a disfrutarla con vuestros hijos.



Caperucita Roja. Teatro La Estación.

Y de un cuento de Perrault a otro, ya que fuimos a ver el clásico de Caperucita (mucho más conocido, quizá porque no hay película Disney que lo distorsione), en versión musical (que también le encantó a mi hija) y en un nuevo espacio teatral: el Teatro La Estación Príncipe Pío. Me había quedado con ganas de llevar a mi hija a disfrutar de esta obra cuando estuvieron en el Teatro Galileo, pero esta vez no dejé pasar la oportunidad. 


Es cierto que la visibilidad no era la mejor (el sistema de compra de entradas de este nuevo teatro no te permite reservar localidades) y que no lo considero óptimo para el público infantil, por lo que me voy a pensar mucho volver a este teatro con Henar. Pero en cualquier caso la obra fue divertida, muy identificable por los niños (el cuento de Caperucita es uno de los más universales) y los tres actores realizan un espectáculo divertido, ameno, con gracia y muy buena música. Sé que en el Galileo lo habríamos disfrutado más, pero estuvo bien. Es un espectáculo muy recomendable. 



Y hasta aquí nuestro enero teatral, que sin duda no ha estado mal. Febrero será más tranquilo, pero ha empezado maravillosamente bien con La Respiración, de Alfredo Sanzol en La Abadía y espero que se mantenga, o incluso mejore con José María Pou interpretando a Sócrates en el Matadero. De infantiles, tendremos mundo Disney y alguna otra cosilla. Ya os lo cuento el mes que viene. 



MI NIÑA CUMPLE 4 AÑOS: 10 ALTERNATIVAS DE REGALOS QUE NO SEAN JUGUETES

Uno de los posts que me dio por escribir en su día y que más visitas tiene es Mi niña cumple 2 años:alternativas de regalos que no sean juguetes. Mi hija nació en febrero y tenemos la casa llena de juguetes nuevos de Navidad y Reyes. Resulta imposible que no le regalen nuevos juguetes en estas fechas, por lo que al menos en casa intentamos que sus regalos de cumpleaños sean otras cosas, alternativas a juguetes que le puedan encantar a una niña en su cumpleaños. No escribí el post cuando cumplió 3, pero como buscar ideas para regalos a niñas y niños en internet es algo que todos (con sus más y sus menos) solemos hacer, me animo a escribirlo ahora.

Tengo unos cuantos regalos claros, de los que creo que tienen muchas posibilidades de acertar. Obviamente, generalizar no siempre sale bien, y dependerá del carácter de cada niño o niña, pero me aventuro con unas cuantas ideas que quizá puedan funcionar (desde luego con mi hija sí). Ahí van.

1. Disfraces.

A la mayoría de las niñas que conozco les encanta disfrazarse, y no sólo en Carnaval, sino el día de su cumple, cada vez que hay una fiesta, o a veces incluso en casa. A mi hija cada vez le gusta más, y aunque yo era antiprincesas, ni qué decir que no sólo he tenido que pasar por el aro, sino que soy la primera que anda a la busca y captura del siguiente disfraz princesil. A este respecto, lo tengo claro, la calidad de los disfraces oficiales de la Tienda Disney, al menos los de princesas, no tiene parangón. Es cierto que su precio suele ser elevado (especialmente en la edición lujo) pero también que son verdaderamente preciosos, de buena calidad y resistentes, así que la inversión merece la pena. Mi truco es comprarlos cuando los rebajan (que suele suceder un par de veces al año) y guardarlos. Así compré el de Cenicienta (el año pasado) y también el de la Bella, que es mi princesa favorita junto a La Sirenita (lo compré talla 5/6 años, y aún lo tengo pendiente en un armario, probablemente se lo traigan los reyes en la próxima edición). Os puedo contar que este año llevará el Disfraz de la Bella Durmiente (que a pesar de ser además rosa –no puedo con ese color- es realmente bonito) y que es oficial de la tienda Disney pero que lo he comprado totalmente nuevo, con etiqueta y todo, a través de Wallapop por un precio fantástico (trucos de madre para llegar a final de mes).


La foto es de la Tienda Disney y se corresponde con el mismo modelo del disfraz de mi hija de este año, comprado a través de Wallapop con etiqueta y todo. 


2. Libros. 
(Y si son de manualidades mejor).

También dependerá del carácter del niño, pero a la mía le encantan las manualidades. El amor a los libros es algo que me esfuerzo en inculcarle. El caso es que los Reyes Magos trajeron a casa un fantástico libro sobre los animales de la sabana, que además tenía varias hojas llenas de animales para pintar, recortar y montar. Fue realmente divertido pintarlos, montarlos y jugar con ellos. He brujuleado por internet y hay cosas realmente estupendaS.



3. Entradas para espectáculos infantiles.

En realidad ésta es una actividad a la que en mi casa dedicamos muchos fines de semana. Raro es el mes que no vamos a dos o tres espectáculos infantiles y también es algo que quiero inculcar a mi hija desde pequeñita (la primera vez que la llevé al teatro tenía 9 meses). Es cierto que dependiendo de dónde vivas te resultará más o menos sencillo encontrar espectáculos para peques, pero hay cosas fantásticas: teatro, magia, circo, títeres, musicales, incluso el Disney on Ice próximamente. Los niños disfrutan muchísimo y aprenden, merece mucho la pena, tanto si están acostumbrados a ir como si es su primera vez o no van habitualmente.



4. Una caja con chuches.

Sí, ya sé que soy malamadre total postulando que llenemos de chuches la boca de nuestros hijos, con los consiguientes problemas de caries y demás. Pero a los niños les encantan las chuches, y una caja bonita con unas cuantas gominolas no les van a hacer un daño excesivo (es lo mismo que me digo a mí misma con el chocolate) y es un regalo muy sencillo, muy vistoso y con poco presupuesto.

5. Moldes para hacer galletas.

Hay que ser un poco original e innovador de vez en cuando, ¿no? Yo suelo hacer galletas con mi hija (además de gelatina, bizcochos y algunas otras cosas sencillitas). El caso es que a mi hija le encanta hacer plasti de galletas (en vez de plastilina, tenemos masa de galletas) y entretenemos alguna que otra tarde de lluvia y frío del invierno. Y pensando, pensando… se me ocurrió el otro día que un pack de moldes cortadores de galletas con diferentes formas y dibujos (si es Disney ya ni os cuento) podía ser una excelente opción.


6. Kit del cocinero.

Y quien dice moldes de galleta, también dice productos del kit del cocinero. Nosotros tenemos el mandil (muy chulo), pero también hay otras cosas como un libro de recetas, un gorro de cocinero, algún instrumento de cocina (rodillo para amasar, cucharón etc.) con estética infantil. Al margen del boom de los programas de cocina para niños, la verdad es que es una actividad muy divertida en la que suelen pasárselo muy bien.

7. Maleta/neceser de viaje.

A mi hija se le regalamos hace un par de años, pero con tres o cuatro años está fenomenal, tener su propia maleta con ruedas, edición niños, adaptada a su edad, y que le permite moverse con gracia por los aeropuertos o donde pinte. Es algo muy útil y nosotros la usamos mucho. Otra opción, si ya tiene maleta, es un neceser o una mochila. Hoy en día se hacen cosas fantásticas para niños, sólo es cuestión de saber buscar con un poco de tiempo y paciencia.




8. Clases o talleres de música, de dibujo 
o de lo que le guste a cada niño.

Hay clases con periodicidad semanal, pero también hay talleres muy chulos. En este caso, se trata de ponernos en la piel del niño en cuestión. Por ejemplo, a mi hija le chifla la música. Por ello, la apunté a Chiquirritmo como extraescolar, en lugar de a Cuentos Vivos (teatro para niños), que hubiese sido lo que a mí me habría gustado más. Pero si al niño o niña se le da especialmente bien la música, el dibujo, el teatro, las manualidades… pues animémoslo a desarrollar su creatividad y talento en esa área.

9. Pegatinas.

Supongo que también dependerá de cada niño, pero a la mía le encantan las pegatinas (relacionado con que le encantan las humanidades, supongo). Y hay miles de pegatinas en el mercado. Hay otra versión, que son los sellos de caucho y un montón de tintas, pero personalmente prefiero dejarlo para cuando sean un poquito más mayorcitos y demuestren un “mejor uso de razón”.


10. Un picnic o una excursión.

Vale que mi hija nació en febrero y no está el tiempo precisamente para irse de excursión a la sierra (al menos no para mí) o para montar un picnic en el parque, pero la verdad es que el rollo picnic y las excursiones (que también pueden ser culturales) me parece una opción estupenda. Y yo soy muy pro-picnic. Un día hice uno con unas amigas y todos nuestros niños en el Retiro y la verdad es que fue un planazo, me lo apunto para repetirlo esta primavera. 

#366HAPPYDAYS: ENERO.

Este año me he sumado al reto de los #366happydays. Realmente, esto viene de antiguo como suele decirse. En el último trimestre de 2014 me sumé a un reto muy parecido, los #100happydays y que consistía en subir una foto cada día con algo bonito que te hubiese pasado a lo largo de ese día.

No es que todos los días sean buenos (que claramente no lo son), pero sí es cierto que siempre hay algo bueno cada día. Quizá muchas veces ese “algo” no sea susceptible de ser plasmado en una fotografía, o quizá la fotografía no diga nada especial a quien la vea porque no sea especialmente bonita. Pero es un buen ejercicio, porque te hace reflexionar sobre esas pequeñas cosas de la vida que son las que le dan sentido a casi todo, así como terminas viendo el pasar del mes, o del año, recordando esos buenos momentos inmortalizados en fotografías.

La culpable en esta ocasión ha sido mi amiga Esther, del blog El Anafre. En realidad, yo la “empujé” a ella a los #100happydays y por la ley del quid pro quo ella me ha animado a mí al #366happydays, y se lo agradezco infinitamente (¡muchas gracias, guapa!). Y como ya ha terminado enero, ya tengo un poco de histórico para plantear este post. A lo largo del mes de enero he subido 31 fotografías y repasándolas ahora, tengo más sensación de haber vivido ese mes, y no de que se me haya escapado entre los dedos sin enterarme.

Enero tiene de todo. El final de las Navidades y la ilusión de Reyes, la vuelta a la rutina, los días de invierno… y también tiene muchas otras pequeñas cosas. Si miro mis fotos, hay un poquito de todo: fotos de las vacaciones, la magia del día de Reyes, tardes en casa con Henar y Athos, pequeños breaks intensos de café y pensamientos, la magia del orden que le he inculcado a mis cajones… un poquito de todo. Pero al final, ¿qué es la vida más que ese poquito de todo y de nada? 

Día 1: Un paseo por la bella ciudad de Oviedo (aún más bella en Navidad). 

Hacía mucho que no me perdía entre las calles de la ciudad que me vio nacer y crecer. 




Día 2: Y si te toca llorar, es mejor frente al mar


Día 3: Propósitos vitales en servilletas inspiradoras

Curiosamente, me he dado cuenta de que las frases bonitas tienen una fuerte presencia en mi vida. Este post es un resumen, pero en realidad había dos fotos más con frases de optimismo. 



Día 6: La mágica mañana de Reyes

Una que yo me sé iba acelerada abriendo sus regalos y los del perro... porque mamá, el pobrecito Athos no tiene manos. 



Día 7: Teatro del grande. 

He disfrutado muy buenas obras en este mes de enero, pero Los Hermanos Karamazov fue sencillamente espectacular. Para no aburrir con muchas obras, sólo incluimos ésta en este post resumen. 



Día 8: Manualidades

Un clásico en mi casa, nos pasamos las tardes pintando. 



Día 9: La magia del orden

Inspirada por un libro que no llegué a leer, pero del que leí lo que otros dijeron sobre él. Así de guapos y ordenados se han quedado mis cajones, y lo mejor es que tres semanas después aún duran. Me siento orgullosa! 


Día 10: Hacemos galletas

Otro clásico en mis tardes, bizcochos y galletas suelen caer en alguna de esas tardes frías de invierno. 


Día 14: Es mi momento 

Café y pecado, todo junto. 



Día 16: Las albóndigas que hacía mi abuela tuneadas

Estaban deliciosas, aunque esté mal que yo lo diga. Después de un intento frustrado (pero muy frustrado) de hacer gnocchis, tenía que salir airosa de mi siguiente duelo con los fogones. 


Día 19: La rutina de enero también tiene cosas buenas. 

Planificación trimestral con mi Pilar, una mañana estupenda, aunque muchas cosas por hacer. 



Día 23: Un saco de amor en forma de perro

Te despistas y cuando vuelves a la cama te encuentras esto. Te mira fijamente y no te dice nada. Mi vida sin perro no sería igual de bonita. 




Día 28:Nos encanta saltar en los charcos, ¡raining day! 



Día 30: Precioso día de invierno desde el Teleférico

¡¡¡2 meses sin ir al Teleférico!!!! Otro de nuestros clásicos, no me lo podía creer! 



Día 31: Domingo y último día de mes. 

Qué mejor que terminarlo con una puesta de sol sobre mi parque. Y un buen rato para pensar en lo que ha sido enero... 



Como veis, mi vida es muy normalita, pero en ella también hay muchos momentos bellos, si sabes estar atento y reconocerlos. En invierno estoy más en casa, cocino más, ordeno más (me estoy convirtiendo en una maruja...) veo Juego de Tronos, leo, hago manualidades y galletas, salto en los charcos cuando llueve y me inspiro en frases inspiradoras. Voy al teatro, incluso a un musical he ido este mes, he ido tres veces al cine (y lo alucinante es que dos han sido a ver películas de adultos y sólo una infantil, esto no se daba desde ni me acuerdo...), me he subido dos veces al potro de tortura del dentista, he desayunado 10 días fuera y comida tres con amigos. He vendido un montón de cosas en Wallapop (y compradas otras), he hecho fotos y he intentado enamorarme un poquito de mi vida, que es la que tengo. 

¡Adiós Enero! 
¡Bienvenido Febrero!