MI EXPERIENCIA CAR2GO


Creo que no desvelo nada si digo que me encantan las nuevas fórmulas de la denominada economía colaborativa. El mundo está cambiando en muchísimos aspectos y esta nueva realidad de consumo es sin duda un síntoma de ello. Creo que mis padres, y un porcentaje alto de su generación, no podrán entender mis preferencias sobre la compra-venta de segunda mano (algo que ya me gustaba en mis veranos adolescentes en Inglaterra), o las nuevas fórmulas de compartir alojamiento, coche y muchas otras cosas. A este respecto, me gustaría dejar por escrito dos reflexiones: la primera es que entiendo que mis padres no me entiendan, porque estoy segura de que yo no entenderé muchos hábitos de mi hija dentro de unos años (y ya me voy mentalizando sobre ello); y la segunda, que es cierto que con familia (que incluye niña, marido y perro) hay ciertos modelos de consumo colaborativo que me hubiesen chiflado hace años (como dejar mi casa y utilizar otras casas de gente desconocida, o compartir coche) que me han pillado “mayor” o con otros hábitos (léase a veces miedos) que los hace incompatibles.

Dicho lo cual, hoy quiero hablar de Car2Go. Los que andéis por Madrid seguro que habréis visto un montón de smarts blancos con letras azules con las menciones Súbete y Conduce. No pueden tener un claim más claro porque efectivamente se trata de eso, que cojas el coche, te subas y te lo lleves por Madrid, así de fácil. Ahora bien, el proceso pasa por darse de alta previamente y a ese respecto, me gustaría escribir un post explicativo sobre algunas dudas que a mí me surgieron.


Qué es

Car2Go es un sistema de utilización de vehículos que lleva funcionando varios años en diversas ciudades europeas y que llegó a Madrid hace apenas unos meses (en octubre-noviembre del año pasado si no me equivoco. Se trata de coches eléctricos de modelo smart, idóneos para moverte dentro de la ciudad, que te permiten trasladarte de un punto a otro respetando el medio ambiente y que además su alquiler es únicamente por uso. De esa manera si necesitas algo, lo buscas, lo coges, te montas y voilá, a conducir.


Darse de alta

Para poder utilizar la flota Car2Go tendrás que registrarte previamente en su web. Es un proceso muy sencillo en el que te pedirán tus datos personales, incluyendo tu carnet de conducir. Recibes al momento el email de confirmación con un código QR y con él tienes que acudir a un punto de validación donde comprueben que efectivamente tienes carnet en vigor. Normalmente esos puntos suelen ser autoescuelas, al menos yo fui a una cerca de mi casa. Tienes que llegar con el email (es imprescindible enseñar el código QR que has recibido, así que no lo borres y lleválo en tu móvil) y presentar tu carnet de conducir en vigor. Una vez que el sistema valide tus datos (sólo te lleva unos minutos) ya podrás comenzar a utilizar Car2Go y puedes coger tu primer coche.


Descárgate la App y busca coche

Te descargas la App en tu móvil (es imprescindible, luego os cuento por qué), autorízala a que conozca tu posición y mediante el sistema de geolocalización te dirá dónde hay un Car2Go cercano y disponible. La posibilidad de buscar el Car2Go más cercano también puede hacerse mediante web, así como la posibilidad de reservar el vehículo en los treinta minutos previos.
A través de la app podrás ver dónde hay un coche disponible, reservarlo, gestionar tu cuenta, y sobre todo abrir el coche. Vamos, que si no tienes el móvil encima estás perdido.


Reservar un coche

Puedes reservar el coche tanto mediante la app como la web durante un máximo de 30 minutos antes de que vayas a cogerlo. Se supone que el sistema bloquea ese coche, de manera que otro usuario no podrá cogerlo. De ahí que a veces puedes estar viendo un Car2Go aparcado delante de ti y que no aparezca en la aplicación, de manera que no puedas reservarlo ni tampoco abrirlo (aunque como me pasan cosas muy raras, luego os cuento más a este respecto). Me parece alucinante porque ese coche se “bloquea” para ti y tú no pagas nada por él hasta que comienzas a utilizarlo. Es además una funcionalidad muy útil. Conozco gente que utiliza el Car2Go para irse a su casa después del trabajo y que 20 ó 30 minutos antes de salir busca un coche cercano, lo reserva y así de ese modo puede contar con él cuando salga.

Una pequeña advertencia, es posible reservar y luego anular reserva, así como reservar otro vehículo. Ahora bien, si has cancelas una reserva del coche X pensando en reservar el coche Y pero por el camino alguien lo coge o lo reserva y no está disponible cuando quieras reservar ese segundo coche (ocurre en cuestión de segundos a veces), ten en cuenta que no vas a poder volver a reservar el coche X que habías reservado previamente durante un máximo de 2 horas. A veces no hay muchos coches cerca, así que ojito con esto.


Llega al coche

Estás delante del coche que quieres coger y que está disponible, que has reservado con anterioridad o que simplemente has encontrado, está libre y vas a empezar a utilizar. Hay algunas cosas previas que debes saber.

Lo primero, según mi recomendación personal es que si el coche está disponible, lo reserves, no vaya a reservarlo alguien antes y te quedes ahí delante mirando. Puedes anular la reserva y no tiene coste, así que de ese modo te aseguras tener ese coche.

Da una vuelta alrededor del coche y verifica los posibles daños que pueda tener, ya que el navegador te pedirá que los identifiques cuando comiences a usarlo. Es súper importante que verifiques los daños y que los comuniques, ya que de no ser así podrían imputarte tales daños.

Ponte delante de la luna en la parte del conductor y conecta tu aplicación con el sistema, sigue los pasos y el coche se abrirá. Abre la puerta y siéntate. Si necesitas previamente meter algo en el maletero, tendrás que seguir las indicaciones que encontrarás en la luna, son muy sencillas. Ábrelo, mete lo que necesites, coloca bien la compuerta cuando lo cierres (que los anclajes hagan clic) y comprueba que está bien cerrado.


Comienza tu trayecto Car2Go

Verás la pantalla del navegador, que te habrá identificado y que te recibirá con tu nombre y apellidos. Te pide tu código de navegación, un código de 4 dígitos que habrás dado en tu proceso de alta a través de la web (así que más te vale poner un código que recuerdes), introdúcelo, el sistema te reconoce y todo ok.

En ese momento tendrás que informar sobre los posibles daños del coche. Súper importante, así que moléstate en hacerlo bien. Si ya hay daños que han sido comunicados previamente, el propio navegador te los dice, sólo tendrás que dar de alta nuevos daños.
Coge la llave (que está a la derecha del navegador) sácala e introdúcela en su cavidad en la zona central al lado de la palanca de cambios. Gira a la derecha y arranca. Y ahora voy a decir una obviedad pero que al parecer no lo es tanto. Es un coche eléctrico, de manera que no emite ningún ruido al arrancar.

La palanca de cambio tiene cuatro posiciones: te interesa saber que la N es para dejar el coche aparcado, la D para ir hacia adelante y la R para ir hacia atrás. La cuarta posición es la P que yo creía que era de Parking, pero no me ha quedado nada claro. Es súper sencillo, porque al ser automático no tienes que mirar la palanca de cambio mientras conduces, ni pisar el embrague (eso al principio se hace rarísimo) ya que no existe, sólo tiene dos pedales: freno y acelerador. Y el freno es súper suave, en cuanto le coges el tranquillo resulta muy sencillo (pero en mi primer trayecto yo pegué más de un frenazo por pisar el pedal más de lo que se necesita).  
La verdad es que conducir un coche automático es genial, sólo tienes que dirigir el volante y mirar al frente, mucho más sencillo que mi coche diesel de toda la vida.


Has llegado a tu destino, aparca

Una de las principales ventajas de este sistema es que sólo pagas por el trayecto y que tanto el seguro como el aparcamiento está incluido en el precio. Puedes aparcar dentro del perímetro de la M-30 en las zonas verde y azul. Se trata de un smart que ocupa poquísimo espacio, por lo que en la mayoría de las zonas podrás aparcar más o menos bien y sin que te cobren nada por el aparcamiento.

Finaliza tu viaje

Tienes aparcado el coche, pon la palanca en posición N, saca la llave del contacto en la parte central, introdúcela en el contacto situado a la derecha del navegador, sigue las instrucciones del sistema y acaba tu viaje. Sal del coche, cierra la puerta y espera los 15 segundos (con cuenta atrás) hasta cerciorarte de que el coche está cerrado y todo está ok. Si te has dejado algo dentro, tienes tiempo para volver a abrirlo y cogerlo (acuérdate especialmente si has dejado algo en el maletero).


Costes

Darse de alta cuesta 19 euros, es un pago inicial (en algunos momentos han tenido promociones a cero euros, brujulead por internet en cualquier caso por si encontráis alguna que sirva) y único.

Luego, pagarás únicamente por el uso. Es decir, si no coges ningún Car2Go en un mes, no te cobrarán nada. Los pagos se hacen mediante tarjeta de crédito que habrás vinculado previamente a tu cuenta. Por el trayecto pagarás 0.19€/minuto, lo que está fenomenal, teniendo en cuenta que no estás pagando ni seguro, ni combustible, ni mantenimiento de coche, ni parking… Eso sí, pagarás desde el momento en que abras el coche, por lo que si te tiras diez minutos aparcado sin moverte, también los pagas.


Ventajas que le veo

Muchas y muy evidentes.

Puedes disponer de un coche “cuando quieras” sin los costes asociados a tener tu propio coche, sino sólo el disfrute.

Te olvidas del coste del aparcamiento, que en Madrid sí supone bastante.

Es una alternativa perfecta al transporte público (especialmente el metro en Madrid se ha convertido en una alternativa casi de lujo, porque entre que vas y vuelves te has gastado cuatro euros, si son dos personas multiplica), al coche privado (al menos en desplazamientos urbanos) y al taxi (que si el metro es caro, mejor al taxi ni lo nombramos).

Son vehículos eléctricos no contaminantes.

Una vez que le coges el tranquillo es facilísimo de conducir. Y en el primer viaje se lo coges.


Inconvenientes

Aparcar en el centro, o en determinadas zonas, es casi una utopía, aunque lleves un smart. Si te tiras quince minutos dando vueltas te va a salir cara la idea.

A veces no hay coches disponibles cerca de ti. A este respecto, a finales del día, si buscas en la app, verás que la gran mayoría de los coches están en los barrios (siempre dentro del anillo de la M-30), por lo que quizá te tengas que dar un buen paseo para coger un coche. Aunque bueno, el lado positivo es que caminar es saludable.


Consejos / Recordatorios

Si puedes reservar, reserva. No pierdes nada y te evitas quedarte sin el coche. Ten en cuenta que si anulas la reserva de un coche en concreto, aunque no te costará nada, te imposibilitará volver a reservar ese coche en concreto durante las dos horas siguientes.

Revisa la carga de batería. La app te dice cuánta batería le queda al vehículo, tienes obligación como usuario de dejarlo con una batería mínima del 20% (para que puedan recoger el vehículo y llevárselo a cargar). Me han contado algún caso de alguien que se ha quedado sin batería, o casi, pero además si tienen que llevarlo en grúa, te pueden cobrar según tarifa (unos 50 euros).

No puedes aparcar fuera de la M-30. Creo que la limitación al anillo de la M-30 es sólo para aparcar y no para circular, pero no estoy segura de este punto. En cualquier caso, aparcar dentro de la M-30 en zonas verde o azul es requisito imprescindible.

Las cosas raras que me pasan

Sí, me pasan cosas raras. Y las admito como algo normal, un rasgo vital sin más, hace tiempo que no le doy más vueltas. La primera tarde, recién salida de verificar mi carnet en la autoescuela cerca de mi casa, reservé un coche y veinte minutos después llegué a cogerlo. La reserva aparecía en mi móvil pero el coche no se abría. A los dos o tres minutos llegó un chico, que me dijo que tenía ese coche reservado y cuando intentó abrir, efectivamente se abrió. El coche más cercano estaba lejos, y yo había quedado 20 minutos después. Le debí de dar pena al chico (que ya se había encontrado con una situación así tres o cuatro veces según me dijo) y como mi destino le pillaba de camino, se ofreció a llevarme. Cuando llegué, me bajé, le di las gracias, y hasta hoy. Quizá algún día me lo vuelva a cruzar, con o sin Car2Go de por medio, ya que vivimos cerca, pero fue una anécdota curiosa. Según me dijo un compañero, al ser el primer trayecto, quizá el sistema falló. Sólo falló esa vez, después de cenar me cogí un coche para la vuelta y sin ningún problema. Y también hasta hoy.


En conclusión, normalmente me muevo en moto y probablemente no seré una heavy user de este sistema, pero eso no impide que me encante. Hay momentos en los que hace frío, o calor, o llueve, y no apetece tanto la moto. Teniendo en cuenta que si no lo usas no pagas nada por ello, puede venir fenomenal y sin duda lo usaré. 

DESCUBRIENDO EL HYGGE (BIENESTAR DANÉS)

Estas mini-vacaciones semanasanteras, en las que he hecho muy poquito más allá de dormir y leer, que no está mal, he descubierto un nuevo concepto de estilo zen: el hygge. Me sorprendió bastante, porque suelo ser bastante afín a este tipo de cosas y leer bastante sobre estos temas, pero, salvo error por mi parte, no recordaba haberme cruzado antes con este término. Ahora está de moda en las noticias de los últimos días porque es un término asociado a la felicidad danesa. Y sí, muchos pensarán que qué nos importa a nosotros, que tenemos sol y estamos tan lejos de Dinamarca lo felices o no que se sientan los daneses, pero lo cierto es que han salido en el ranking como el país más feliz del mundo. Y qué queréis que os diga, a mí personalmente me llama la atención, precisamente por el tema del sol que tanto esgrimimos los españoles. Es cierto que el sol nos da más vitalidad, energía, alegría… pero también que en España, incluso con sol, tenemos cierta tendencia al pesimismo. Y en un país donde casi ni lo ven (hay determinados meses al año en los que sólo tiene cuatro miserables horas de luz, y no siempre aparece el sol en ellas), resulta que son súper felices. Pues bien, creo que entender mejor en qué consiste el hygge ése merecerá la pena. Aunque sólo sea por cultura general, y si podemos aplicar algo a nuestras vidas, pues mejor que mejor.

El Hygge danés

No he encontrado una traducción exacta a este término danés, pero el hygge se asocia al calor del hogar, al bienestar. Probablemente un danés lo definiese como ese momento en el que te sientas frente a la chimenea con una manta de lana, con una copa de vino caliente y con el perro al lado. Menos lo del vino caliente, creo que todo lo demás lo entiendo.  Esos momentos en los que te sientes bien, interna y externamente, tranquilo, en tu lugar en el mundo. Lógicamente, al ser un término danés está muy asociado a estar en casa, calentito, tranquilo, disfrutando de esa atmósfera hogareña. A mí me ocurre algo similar en invierno, que me meto en casa bajo las mantas siempre que puedo, pero es cierto que cuando llega el buen tiempo y el sol, nos invitan a coger zapatilla y echarnos a la calle, algo muy español. No renuncio a las terracitas y el buen tiempo (forma parte de nuestra marca como nación y además es estupendo), pero creo que para esos días grises en los que todos nos sentimos un poco más tristes y/o cohibidos, nos puede venir bien entender el concepto hogareño y acogedor del hygge… y ponerlo en práctica.


No sólo en invierno

Aunque el invierno sin duda influye en este concepto, los daneses sostienen que es una filosofía de vida: reuniones con familia y amigos, el tiempo que pasas leyendo un libro, paladeando el sabor del café humeante… sentirte “en casa”, olvidándote del mundanal ruido. Sin duda, todo este tipo de cosas podríamos decir que son “buenas para el alma”, un momento de tranquilidad, relax, desconexión de los problemas y prisas…

El hygge propugna, ni más ni menos, que una especie de hedonismo sencillo, relacionado con el sosiego, la tranquilidad, el bienestar, la hospitalidad (algo que los españoles solemos hacer pero de manera mucho más ruidosa), la casa etc. que nos lleva a momentos de menor preocupación donde estar tranquilos y felices.
  

Casas más hygge, más Pinterest?

Es un tema al que le doy bastantes vueltas últimamente. Mi vida está muy alejada del concepto minimalista y mi casa no es nada Pinterest, para qué negarlo. Pero lo cierto es que creo que en España, quizá por esa apuesta por vivir más en la calle que en casa, no solemos cuidar nuestras casas, y su decoración, como deberíamos. Tenemos demasiadas cosas: armarios llenos, estanterías abigarradas de cosas… que hasta hacen daño a la vista. No hablemos de segundas residencias que utilizamos más como trasteros que como otra cosa, y lo cierto es que el concepto nórdico en general (que todos conocemos más bien por la tienda sueca por antonomasia que por otra cosa) lo practicamos poco. Si compramos velas en la tienda sueca (asociadas precisamente a esos momentos hygge) las ponemos al lado de las cosas más variopintas. Y si a eso le sumamos que normalmente no tenemos chimeneas… lo cierto es que al menos mi casa es muy poco hygge, para qué negarlo.


Los nórdicos en general, y los daneses en concreto, cuidan la decoración de sus casas y los espacios en los que viven, buscando una armonía en la que seguro que es más fácil que aflore el concepto hygge. Es lógico, ya que pasan mucho tiempo dentro de ellas (la falta de luz y las frías temperaturas fuera invitan a ello), pero aunque nosotros pasemos muchos meses echados a la calle, lo cierto es que también hay muchos momentos en los que vivimos en nuestras casas, y tenerla llenas de cosas y a veces no demasiado ordenadas (entono el mea culpa) no creo que ayude a ello, por lo que adoptar las costumbres de decoración nórdica en este sentido, creo que ayudaría.


Aplicándome el cuento (o al menos intentándolo)

Como tarea personal, me propongo intentar liberar mi casa de cosas. Haré una revisión profunda de mi armario y de mis cosas superfluas, pondré a la venta a través de aplicaciones online cosas que en realidad no necesito y que ocupan espacio y no me generan ningún tipo de hygge si somos sinceros. De hecho, creo que me voy a poner un reto personal: el de las 50 cosas. Durante el próximo mes de abril, tendré como reto liberar mi vida, mi casa, mi mundo, de 50 cosas que no necesito y que llenan mi vida, mis armarios, mi casa, y me alejan del hygge (me río yo sola). Pondré en venta al menos 25 cosas que crea que puedan servirle a otras personas y me desharé de 25 trastos que no sirvan para nada. Y creedme, pienso cumplirlo.

Aparte, creo que el hygge, lo hogareño, el sentirte bien en tu espacio, es algo que deberíamos copiar un poquito a los daneses, o intentarlo. Por supuesto, no conlleva renunciar a los placeres hispanos de toda la vida, menos aún ahora que se acerca el buen tiempo. Pero no creo que haya nada malo en coger lo bueno de allá y mantener lo bueno de aquí, no creo que sea incompatible.



Blog Hello Hygge Lectura muy interesante (en inglés).


LA FELICIDAD EN LAS PEQUEÑAS COSAS

Hace unos días leí un artículo muy interesante en El País sobre la Felicidad, ese elemento que buscamos a veces de manera desesperada. Me parece muy interesante, lo comparto con vosotros, podéis leerlo aquí. Sobre todo, porque da pistas sobre cosas que sí producen felicidad y sobre ciertas pautas o comportamientos que deberíamos añadir a nuestras vidas para hacerlas más felices. Son estudios hechos por varias Universidades en el campo de la Psicología Positiva, con una clara base científica, que relacionan el cerebro con la felicidad y que personalmente creo que merece la pena analizar un poco las pistas que nos dan, aunque la felicidad sea como el santo grial y nunca se encuentre, o no del todo.

Cumplir metas y objetivos no siempre da la felicidad

Muchas veces no ofuscamos en conseguir algo y destinamos todas nuestras fuerzas a ello, pensando que cuando lo logremos seremos más felices. Pero la realidad es que no suele ocurrir, cuando logramos una meta o un objetivo sentimos una satisfacción momentánea (que a algunas personas les dura más y a otras menos) pero poco después, empezamos a querer más, buscar nuevos objetivos o nuevos retos.

La felicidad no se logra con lo que nos falta, 
sino que reside en lo que tenemos y saber valorarlo.



La Teoría del Bienestar de Seligman


Martin Seligman, dentro de la corriente de Psicología Positiva, propuso su Teoría del Bienestar, que incluye cinco elementos como constructores de la felicidad. Dichos elementos favorecen el bienestar, las personas lo buscan como un fin en sí mismo (otorga placer o sentido a nuestra vida) y se pueden medir.

1. La emoción positiva

El placer, el éxtasis la comodidad, el hedonismo de la vida… Nos los producen cosas como la comida, el sexo, el descanso, el agua caliente en la ducha, contemplar un atardecer… Forma parte de la felicidad, pero no es todo, sino un aspecto.


2. El flow

Entramos en el estado de flow (fluir) cuando nos entregamos a algo que nos apasiona. Perdemos la noción del tiempo y en general de nosotros mismos y esto sucede porque entramos en un estado en que bajan los niveles de ansiedad y alerta.


3. El sentido

Se relaciona con los demás, hacer algo significativo con o por los otros: pasar tiempo con la familia, ayudar a alguien… en definitiva darle otro sentido o propósito a nuestra vida más allá de nosotros mismos.


4. El éxito

No sucede con todo el mundo, pero existen determinadas personas que son capaces de acompañar el éxito de emociones positivas, flow y sentido. Si es así, el éxito forma parte de la felicidad. En mi caso, quizá porque vivo una vida tranquila, alejada de éxitos, no significa casi nada, pero está ahí, entre los elementos de Seligman.


5. Relaciones positivas

Si no comulgo del todo con el éxito, he de reconocer que sí lo hago absolutamente con este elemento. Relaciones positivas como relaciones con otras personas. Dentro de ellas se engloban las relaciones sexuales satisfactorias, pero especialmente las relaciones con otras personas en todas sus dimensiones: la amistad, las risas, la familia (cuando es buena), la complicidad, la ayuda…
Somos animales sociales y una gran parte del sentido de nuestra vida, del sentido de nosotros mismos, reside en los demás.


Los porcentajes de la felicidad

Según diversos estudios, un 50% de la felicidad de una persona se suele deber a predisposiciones genéticas. Además, un 10% puede ser mejorada por las circunstancias de vida (tener suerte, cumplir retos, tener éxito, tener más dinero etc.) pero, y aquí viene lo importante, un 40% de nuestro potencial de felicidad depende de nuestra voluntad. De ahí que la felicidad se entrena, de hecho el que se entrena es el cerebro y es el que nos consigue mayor felicidad y sentirnos más felices. La voluntad de ver positivamente las cosas, de querer entrar más en estado de flow y ayudar a los demás.
A este respecto, existen una serie de actividades que está comprobado científicamente que aumentan el nivel de felicidad cuando las practicas de manera frecuente.


1. Cultiva el agradecimiento

Sé agredecido con lo que tienes, no busques constantemente lo que te falta.

2. Practica ejercicio

Está demostrado que una práctica habitual de ejercicio mejora nuestra vida a todos los niveles, también a nivel de felicidad. Entrenar el cuerpo sirve además para entrenar la mente, hacer equipo, generar más confianza etc.

3. Entrena tu optimismo

Llevo años entrenando mi optimismo, aunque quizá haya empezado a conseguirlo en el último año. Es cierto que pequeños gestos diarios como pararte a agradecer cosas, hacer listados de las pequeñas cosas que te hacen felices, o simplemente publicar una foto diaria con un momento feliz cada día, te hacen reconocer mejor esos momentos y ser y sentirte más feliz.




4. Vive con alegría y trabaja para modular tu neuroplasticidad dirigida a la felicidad

Viene un poco en la línea del punto anterior, el cerebro es capaz de hacer nuestra vida más feliz si lo entrenamos para ello. Vivir con alegría y tomarse las cosas con optimismo hace que tengamos mejores resultados, pero también que seamos más felices. Un cerebro feliz es más inteligente, más creativo y más productivo, mejora nuestra salud y tenemos mejor calidad de vida. Esforzarnos en ejercicios cotidianos para fomentar y reconocer la felicidad funciona.



Uno de los ejercicios orientados a la felicidad que practico habitualmente son los 366 happy days. Consiste en sacar una foto cada día de un momento que te haya hecho feliz. Hay días que resulta muy sencillo hacerlo, pero hay otros (especialmente en invierno, al menos para mí), que no resulta tan fácil. En ese caso tienes que esforzarte en reconocerlo, y de esa manera, día a día, consigues entrenar tu cerebro y vas notando cómo te das cuenta sin esfuerzo de pequeños momentos que te hacen felices. Pueden ser cosas sin importancia, desde una frase que lees, algo bonito que se cruza en tu camino, el despertar de la primavera, un plato delicioso o un rato de relax. Todas esas pequeñas cosas que hacen que la vida merezca la pena.

366 Happy Days de Enero
366 Happy Days de Febrero



Pero también me esfuerzo en llevar una agenda de la felicidad, donde repaso de manera semanal y mensual las cosas que he hecho, los encuentros con amigos, buenos ratos, proyectos, logros, sorpresas, escapadas... Me hace ser más consciente de lo que ha sido la semana, el mes, el año, tener la sensación de vivir la vida con mayor plenitud.


Hoy es miércoles santo, y ante la mayoría de nosotros se presentan cuatro días de fiesta, vacaciones, descanso... Aprovechémoslos como un regalo de la vida. Si te has ido de vacaciones, exprímelas al máximo, si te quedas en casa, aprovecha para descansar, para vivir, para ser feliz... La felicidad está en las pequeñas cosas. 

ANÉCDOTAS SOBRE MIS VENTAS Y COMPRAS EN WALLAPOP

Hace ya unos meses os hablé sobre Wallapop y mi experiencia con esa plataforma de compra y venta de segunda mano. Era un post introductorio que hablaba sobre su funcionamiento, mi experiencia con ella etc. Si tenéis interés, podéis leerlo aquí.   

El caso es que meses después sigo siendo usuaria habitual de esta aplicación, donde sigo vendiendo y comprando muchas cosas y a través de la cual sigo coincidiendo con personas. Y me pasan, a veces, cosas curiosas. Por eso, me ha apetecido escribir este post con pequeñas (buenas) anécdotas que me han ocurrido a través de Wallapop. Y aquí estoy.

Coincidir con la hija de un amigo de mi padre

Yo soy de Oviedo, pero llevo muchos años en Madrid (y soy madrileña de devoción). El caso es que hace unos meses, quedé con una chica para venderle un juguete que a mi hija se le había quedado pequeño y en lugar de tirarlo, teniendo en cuenta que estaba como nuevo, Wallapop era una opción estupenda para darle nueva vida. Hasta ahí, todo normal. Quedo con la chica y de eso que te quedas mirando pensando yo la conozco, pero ella te mira del mismo modo. Curiosamente, ninguna de las dos dijo nada. Pero más adelante en la conversación (una chica encantadora, por cierto), me cuenta que sólo podía quedar esa tarde porque al día siguiente se iba a Asturias. Y ahí ya se abrió la veda, ¿eres asturiana?, yo soy de Oviedo… blablablá… y descubrimos que habíamos vivido una en una calla… ¡y la otra en la de al lado! Y no sólo eso sino que nuestros padres eran ambos profesores, se conocían y eran amigos. Unos días después me mandó un whatsapp con el teléfono de su padre para que le dijese al mío que lo llamase y quedasen un día, que hacía mucho tiempo que no se veían. La cara de mi padre mientras se lo explicaba era todo un poema que has conocido¿ a quién?, que vendes ¿qué? Hubo un momento en el que se dio cuenta que mejor no seguía preguntando…

Comprarle un Trivial a la madre de un amigo de la guarde de mi hija

Sí, esas cosas pasan, no sólo te encuentras con gente que te suena sino que de repente te encuentras con gente que conoces. Y la sorpresa es mayúscula. Me ha ocurrido una sola vez, además estuve mareando la perdiz un par de semanas porque no me venía bien acercarme a por el Trivial Pursuit que pensaba comprar (a pesar de estar cerca de mi casa), y cuando llegué y me encontré con la madre de un compañero y amigo de Henar de la guarde… ¡¡no me lo podía creer!! Sí, esas cosas pasan, pero cuando te pasan resulta súper gracioso. Además, a esta chica hacía meses que no la veía, su hijo y la mía van a colegios diferentes y aunque vivimos relativamente cerca es difícil encontrarse.

Protectores de tacones para una boda

Por razones que no vienen al caso, digamos que llegaron a mis manos diversas bolsitas con protectores de tacones. Sí, ese elemento absolutamente inservible donde los haya excepto en las bodas y demás eventos al aire libre, donde los tacones se hunden en los jardines y además de ser incómodos, terminas destrozando los zapatos. Yo, que suelo ser una todoterreno urbanita, tengo tres pares de zapatos de tacón para todo tipo de eventos, y los cuido como oro en paño (porque no quiero comprar más y espero que me duren, ya que los uso dos veces al año con suerte). Pero es cierto, que el detallito de las bodas está muy bien, te pones los protectores de tacones y solucionas los problemas del jardín. El caso es que a través de Wallapop vendí los protectores de tacón que habían llegado a mis manos, y se los vendí a una chica encantadora que se casa dentro de unos meses. Entiendo perfectamente que necesitando 80 o 100 bolsitas con los protectores, no se quiera gastar el pastizal que cuestan (unos 2,50 cada par de protectores, para que os hagáis una idea) y comprarlos a través de Wallapop es una opción estupenda para ella. Una chica encantadora por cierto, me recordó a mí cuando era más joven. Yo probablemente ahora no me recorrería Madrid recogiendo bolsitas de este tipo, pero entiendo que lo haga y demuestra que este tipo de aplicaciones resultan muy útiles para gente que tiene algo que no necesita y gente para lo que ese algo le viene de perlas.



Me encanta el concepto de segunda mano. Ya me gustaba cuando me pasaba los veranos en Inglaterra durante mi adolescencia. Allí era muy normal ir a tiendas de segunda mano, donde se vendía prácticamente de todo. Nunca entendí esa reticencia española ante la segunda mano. Llenamos nuestras casas de cosas que no necesitamos, ocupan espacio, generan agobio y ahí siguen porque no las vamos a tirar. Está clarísimo que lo que a uno no le sirve a otro le viene genial y viceversa. El intercambio es más complejo (de hecho a mí solamente me ha ocurrido en una ocasión en este más de un año utilizando asiduamente Wallapop), porque es más difícil que yo tenga algo que tú necesites y que yo necesite algo que tú tengas, pero la venta a través de este tipo de aplicaciones está fenomenal. Más aún si tienes niños (que tienen cientos de cosas que se quedan nuevas) o si quieres renovar tu estantería de libros, tu armario de ropa o cualquier otra parte material de tu vida.

Te permite además tener pequeños encuentros con personas. El 99% de la gente con la que te cruzas en Wallapop es encantadora (hay algún garbanzo negro, pero son los mínimos) y muchos tienen historias curiosas detrás. Una vez vendí un viejo maletín de maquillaje, que envié por correo y todo. Era sólo el maletín vacío, pero la chica me escribió entusiasmada contándome que le habían robado en casa y que una de las cosas que se habían llevado era ese maletín, que le encantaba. Era un trasto que vivía en mi altillo desde hacía años y me encantó que le causase tanta ilusión a alguien. De hecho, el envío costó más de lo previsto pero le dije a la chica que daba igual, para mí no significaba nada y para ella ese objeto era algo verdaderamente importante.



Seguiré utilizando Wallapop y como ahora parece que hay muchas plataformas de venta de segunda mano, probablemente empezaré a utilizar alguna más. Me encanta darle otra vida a las cosas que ya no uso y comprar además cosas de otras personas que viven aburridas en sus armarios y que a mí me encanta. Está muy relacionado además con el Minimalismo, plantearte si realmente necesitas lo que tienes, deshacerte de cosas que no necesitas, generar menos consumo, reutilizar… La verdad es que cada vez me gusta más como concepto y estilo de vida y además permite ahorrar bastante en tus compras y generar ingresos por cosas que no usas. Dejemos los prejuicios aparte

MINDFULNESS: MI NUEVO PROYECTO PRIMAVERAL

No es nuevo que yo hable de Joaquín Sabina, al que debo la banda sonora de mi vida. Y en esta ocasión, no se me ocurre inicio mejor para este post que uno de sus versos más bellos: la primavera sabe que la espero en Madrid.

Reconozco que tengo una relación bastante de amor-odio con la primavera. Por un lado, me encanta esta estación, sobre todo porque no me gusta nada el invierno, y en cuanto sube algo la temperatura y sale el sol, ya estoy yo como los lagartos intentando captar toda la vitamina D posible y además quitarme ese color blancuzco de invierno,  que en mi caso presenta un color prácticamente enfermizo (es lo que tiene mezclar la sangre albina con la castellana). Pero por otro, la primavera supone la elevación de los niveles de polen, y con ellos mis horribles semanas de todos los años. Porque soy muy alérgica y lo paso francamente mal, pero no aprendo, voy por el mundo en moto, como una aspiradora de polen, y claro, así me va.

Sea como fuere, la primavera despierta del letargo del invierno y yo, como los osos, salgo de mi cueva y me encanta estar en la calle y emprender nuevos proyectos. Me parece la época perfecta para iniciar un proceso de coaching o un cambio en tu vida (el sol ayuda a recuperar fuerzas) y desde hace más de un año tenía pendiente hacer un curso de Mindfulness de 8 semanas con retiro espiritual incluido. Y…. (redoble), ¡por fin!... ¡¡¡me he matriculado!!!! Y empiezo en abril, así que voy a hacerlo con muchísimas ganas. Gran parte de mi tiempo personal en abril y mayo lo voy a dedicar a este curso y a pensar en hacia dónde va mi vida (y sobre todo hacia dónde no quiero que vaya) y creo que la disciplina del Mindfulness puede ayudarme a saber dónde estoy, disfrutar del día a día, ser más consciente de todo y en general vivir más en positivo (que sólo tenemos una vida y frecuentemente la enturbiamos buscándonos problemas que no existen).

Conocí el Mindfulness a principios del 2015 (hasta entonces jamás había oído hablar de esta disciplina, y eso que había pasado por meditación, yoga, coaching…). Como creo que, en general, sigue siendo un concepto bastante desconocido, me apetece escribir un pequeño post sobre el Mindfulness ahora, entre otras cosas porque me permitirá medir lo que he aprendido (y cotorrearlo después en otro post) después del curso.

A nivel puramente teórico, os puedo decir que el Mindfulness es una disciplina con orígenes milenarios, relacionado con la doctrina budista. Sin embargo, el concepto de Mindfulness aparece en Estados Unidos en la década de los setenta, en el ámbito de la psicología clínica y la psiquiatría. Habitualmente Mindfulness se traduce como Conciencia Plena en español y se supone que es una traducción del término sánscrito sarati, que significa recordar. El recuerdo como forma de venir al presente, de rememorar que estamos en el presente (y por tanto no debemos estar en otro lugar, ni en el pasado ni en el futuro).


Parece fácil, pero no lo es, y si no, haced la prueba (y si sois del género femenino ya ni os cuento). Os pongo un ejemplo: salgo a pasear con el perro, y en lugar de hacer eso, pasear con Athos, fijarme en el parque, en la primavera, tener conciencia plena del lugar donde estoy, de lo que siento… se me cruzan mil pensamientos: desde la lista de la compra pendiente hasta el problema que me ronda la cabeza, pasando por qué tiempo hará en vacaciones o un ruido que me lleva a otro recuerdo del pasado. Un totum revolutum que nos hacen estar constantemente viviendo otras dimensiones y no vivir el minuto que debemos vivir. Y eso sin hablar, si nos ponemos a compartir una comida con un amigo al que hace tiempo que no vemos, ni saboreamos los platos que nos ponen, ni nos fijamos en miles de detalles que hay a nuestro alrededor, simplemente hablamos y hablamos… con lo que en realidad nos daría igual qué hemos comido ni dónde ni cómo. Ejemplos tontos, pero que dan para hacernos recapacitar un poquito.

Pero el Mindfulness pretende ir un poquito más allá. Lo primero a lo que te ayuda es a darte cuenta de la realidad que te rodea y con suerte de tu propia realidad. Pone en tus manos una serie de técnicas para que saborees más el presente, para que te des cuenta de dónde estás, qué ocurre a tu alrededor, cómo te sientes… Depende del grado de interiorización al que llegues, podrás quizá darte cuenta de cosas de ti mismo: qué te ocurre, cómo te sientes, por qué te sientes así… O por lo menos te das cuenta de cosas externas en las que no habías reparado. Volviendo al paseo con Athos, cada mañana paseo con él al lado de mi casa y nunca me había dado cuenta de lo torcidos que están algunos árboles, que crecieron así buscando la luz. Me di cuenta precisamente a través de un ejercicio de Mindfulness y me sentí tonta por no haberme dado cuenta antes. Los árboles llevan allí décadas y yo los había visto cientos de veces, pero nunca me había parado a mirarlos, a mirarlos de verdad. Esta vida que llevamos, a toda velocidad, pasa muchas facturas que desconocemos o que no queremos conocer.

La otra dimensión es a darnos cuenta pero no juzgar. Aceptar es algo sumamente difícil, pero mucho más es hacerlo sin enjuiciar. El ser humano se pasa el día enjuiciando, a propios y a extraños (el auto-enjuiciamento sin embargo no siempre se nos da bien). Pues bien, te puedes dar cuenta de que algo desagradable está sucediendo, y censurarlo o querer cambiarlo. El Mindfulness te ayuda a convivir con ello sin juzgarlo: prestar atención de manera intencionada al momento presente pero sin juzgarlo. Podemos trabajar en nuestro estrés, nuestro dolor, los desafíos con los que nos topamos y tenemos que afrontar etc. Nos ayuda a recuperar nuestro equilibrio interno, entendiendo más y mejor y ejercitando la compasión, algo extremadamente difícil con nosotros mismos y más aún con los demás.


Son simples pinceladas que en realidad no descubren nada pero para eso pretendo hacer el curso y ver si de verdad me sirve. Seguro que algo aprenderé. Creo que otro tipo de vida es posible y que cada vez más personas de mi generación nos damos cuenta de que lo que nos han contado puede ser reinterpretado. Ya os diré qué tal me va con el Mindfulness, de momento es un renacimiento primaveral que afronto con ilusión. 

MINI-ESCAPADA A CIUDAD RODRIGO

Este fin de semana ha tocado escapada familiar, y teniendo en cuenta que no nos movíamos desde NocheVieja a Oviedo (el pueblo no cuenta) y que la última vez que nos habíamos escapado de finde había sido… ¡¡¡en septiembre!!!, la verdad es que me ha encantado irme una noche fuera y más teniendo en cuenta que he dormido en un castillo, como en un cuento de princesas.

Nos hemos ido a Ciudad Rodrigo, la cuna de los Montero (y de la mitad de mi familia), lugar que visito muy poco (no iba desde el 2009, ya ha llovido) y al que tengo un cariño sensorial especial.


Ciudad Rodrigo es una ciudad de cuento, una ciudadela donde la historia se respira a cada rincón y una gran desconocida. Se trata de una ciudad de frontera, muy próxima a Portugal, y que casi nadie conoce. Es una alegría por no encontrártela llena de madrileños por doquier (adoro Madrid, pero no encontrarme millones de madrileños en los mismos lugares) y disfrutarla, pero estoy segura de que si Ciudad Rodrigo estuviese cerca de Madrid sería un lugar muy visitado, que no tiene que envidiar nada a lugares como Sigüenza, Medinaceli o ciudades más grandes como Segovia o Toledo.

Nos alojamos además en un lugar maravilloso, el Parador de Ciudad Rodrigo, que fue en su día el Alcázar o Castillo del rey Enrique II, fundador de la dinastía de los Trastámara (a la que pertenecía Isabel La Católica).


Sólo a modo de pequeña pincelada, Enrique II era hermanastro de Pedro I El Cruel, a quien mató y le robó el trono (injustos los apodos de la historia muchas veces). Instauró la dinastía de los Trastámara y unió las dos líneas (la de su hermanastro y la suya propia) con el matrimonio de su hijo Enrique III El Doliente con Catalina de Lancaster. Catalina fundó el Convento de Santa María La Real de Nieva, villa a la que curiosamente otra línea familiar mía está vinculada. Fue la abuela de Isabel La Católica y ni qué decir que esos lugares donde habitó la historia a mí particularmente son capaces de tocarme la fibra sensible, más aún cuando la historia de mis antepasados transcurrió por ahí cerca.

Soy una sentimental, lo sé. Por eso, a pesar de que conocí muy poco estas tierras (ya que mi abuelo se murió cuando era niña y él iba una vez al año), le tengo un cariño especial a Ciudad Rodrigo y me siento un poquito como en casa. Me encantó además pasearla y compartirla con mi familia: con mi hija, mi marido y mi perro (porque una de las razones de peso de alojarnos en este Parador es que admiten perros). Nos hizo muy buen tiempo y además a la vuelta pudimos parar en Salamanca, comprar hornazo, comer ibérico, pasear por la ciudad…


Si vais a Ciudad Rodrigo, os cuento algunos planes imprescindibles: pasead su muralla, tomad buen ibérico en la Plaza Mayor (si es en una terraza al sol, mucho mejor), alojaros en la ciudadela, merece la pena, y descubrid una ciudad fascinante, que se enfrentó a los franceses y no dejó que pasaran, territorio de frontera en guerra casi constante con Portugal (para entenderlo del todo, deberíais visitar Almeida, al otro lado) y en definitiva un lugar apacible, cálido en verano, con buena gente, donde tienen una gastronomía increíble y que yo siento como algo tan cercano. Eso sí, que no se llene de cientos de turistas por doquier por favor, que perdería su encanto único. Reconozco que me gustan los sitios tranquilos, huyo de los mogollones y prefiero haberme escapado este finde, antes de Semana Santa, para poder disfrutar de este lugar con encanto casi para nosotros solos.


Los atardeceres sobre el río Águeda son además unos de los más bonitos de la ancha Castilla. Foto sin filtros y un poco tarde, pero de verdad que merece la pena.



REVISIÓN TEATRAL DE FEBRERO

Febrero no ha sido tan teatral como enero, cuatro obras en total: dos para adultos y dos infantiles, pero no han estado mal. Os lo voy contando rapidito, que, para no variar, aunque pretendía publicar este post la semana pasada, la gripe me ha impedido conseguir mis planes. Allá vamos.

Teatro para adultos

He podido ver dos únicas obras para adultos este mes, pero las dos me han gustado. Reconozco que La respiración, del genial Alfredo Sanzol en el Teatro La Abadía fue capaz de conquistarme y que me parece una obra absolutamente recomendable. En el caso de Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano me encantó volver a ver a José María Pou sobre el escenario, un actor que nunca defrauda, que siempre me ha gustado pero por el que siento pasión desde que vi uno de sus últimos montajes, A cielo abierto. Os hago un pequeño resumen de mis impresiones sobre cada una de ellas.

La respiración. Teatro La Abadía

Hay obras mágicas en el teatro, especialmente aquellas que vas a ver por alguna razón (no importa cuál), de las que en realidad no sabes casi nada y que de repente en el patio de butacas te enamoran. Esto exactamente es lo que me ocurrió con La respiración. Reconozco que fui a verla más que nada por la curiosidad de cómo sería el último montaje de Alfredo Sanzol, que siempre sorprende, y de un modo especial cuando escribe sus propias obras influenciadas por su propia vida.

Sabía muy poco de La respiración antes de ir a verla. Apenas unos trazos de su sinopsis: una mujer separada que se enfrentaba como podía a la soledad intentando seguir adelante tras un matrimonio fallido de muchos años. A priori, una historia que no me suscitaba especial interés, porque además se presentaba como una de esas historias tristes, pero terminó convirtiéndose en todo lo contrario, un auténtico canto a la vida y a recuperar la esperanza. Esta obra resulta una auténtica catarsis de emociones, que consigue arrastrar al espectador y que hizo que la gran mayoría de los asistentes terminásemos extasiados y aplaudiendo como si no hubiese un mañana. Se necesitan más textos así, desgarradores, que te bajen a los infiernos y te refloten a la superficie, en un viaje emocional en el que arribas a la isla de la esperanza.


Chapó a todo el elenco, especialmente Nuria Mencía en el papel protagonista (que está sublime) y el contrapunto estable que le da su madre en la ficción, interpretado magistralmente por Gloria Ortiz. El resto de actores tienen un papel de mucho menor peso en la trama, aunque están bien. Tengo un comentario personal sobre Martiño Rivas pero me lo voy a guardar. Y ni qué decir que chapó y enhorabuena al genial Alfredo Sanzol que, una vez más, ha sido capaz de sorprendernos y enamorarnos en esta historia de los infiernos dantescos de la soledad donde finalmente se llega a la estabilidad emocional que todos necesitamos.


Sócrates, juicio y muerte de un ciudadano. Naves del Español

Me va la tragedia, lo reconozco, pero aunque este género arranca de la gran tragedia griega, a veces resulta demasiado intensa. No me apetecía un Sócrates, y mucho menos ir al Matadero. Esto es una absoluta fobia personal y es que ese lugar me da mal rollo y es un mal rollo intrínseco, que nace de la boca del estómago. Puede resultar absurdo pero igual que en el Teatro Lara me siento como en casa en el Matadero me da la sensación de encontrarme en el infierno, los horrores que han visto esas paredes, aunque fueran muertes de animales y no de personas, estoy segura de que siguen ahí y aunque se llame en realidad Las Naves del Español todo el mundo en Madrid lo llama “El Matadero” y es un lugar que no me gusta nada.

Todo esto viene a que pocos son capaces de hacerme superar mis propias fobias y que me anime a ir hasta allí. Pero José María Pou, la razón por la que me animé con Sócrates a pesar del Matadero, es sin duda uno de ellos.

La historia de Sócrates no le es ajena a casi nadie (menos a los que estudiamos latín y griego en BUP, cuando existía eso), el filósofo que tanto luchó por la defensa de la Democracia en Atenas y que murió precisamente por ella o por su perversión. El hombre más sabio de todos los hombres, honrado, sin perversión, sin ambición y lo más alejado del endiosamiento y la arrogancia. Ese hombre murió por los ideales que él mismo había defendido con tanto ahínco, en el fondo por uno de los mayores pecados del ser humano: la envidia.


Se me ocurren pocos actores que encajen mejor en el papel de Sócrates que José María Pou y aunque la obra se me hizo en ocasiones larga y demasiado densa, he de decir que sólo por verlo a él mereció la pena, incluso tener que ir al Matadero. Pou estuvo soberbio, con esa infinidad de matices de los que es capaz de dotar sus interpretaciones en una especie de calma continua que tan difícil me parece de hallar (calma junto a mil matices actorales es casi contradictorio, pero él lo logra). Estuvo muy bien acompañado en el elenco, especialmente por Amparo Pamplona (a la que hacía mucho que no veía) y Carles Canut. La mano de Mario Gas detrás se intuía perfectamente.


Teatro infantil

También fui con Henar a dos espectáculos infantiles en febrero. Uno de ellos no era técnicamente teatro, ya que fue el espectáculo de Disney On Ice, del que ya os hablé pormenorizadamente aquí. Del otro, os hablo ahora mismo.

The Princess and the Dragon. Auditorio Alcobendas

No era en realidad la primera vez que veíamos esta obra, ya que la habíamos disfrutado hace casi dos años en el Teatro Galileo. De hecho, ya os hablé en su día sobre ella aquí. Pero en aquella ocasión el espectáculo fue en español y en este caso en inglés.

El primer aprendizaje que saqué es que mi hija, a sus cuatro años, aún es demasiado joven para tragarse una obra completa en inglés, porque pierde el hilo. Por ello, creo que en futuras ocasiones esperaré un par de años para que pueda enterarse mejor en inglés. Pero la obra estuvo bien, como cuando la vimos en el Galileo. Teatro para títeres bien montado y con buen trasfondo. La princesa Valentina es una princesa muy especial que, cuando tiene un problema, se pone rauda y veloz a pensar para encontrar soluciones. El Dragón Artimañas quiere comérsela pero ella no está dispuesta a permitírselo y será capaz de conseguir lo que se proponga, es una chica con muchos recursos (y de armas tomar).


Creo que no tengo que explicar mucho más por qué me gustan este tipo de historias para mi hija. Además, vino bien ver esto, que ya con el mundo princesil Disney tenemos bastante (aunque afortunadamente está cambiando y desde Blancanieves, Cenicienta y La Bella Durmiente las princesas han cambiado y no esperan príncipes salvadores). Ya lo decía Sabina: las niñas ya no quieren ser princesas… aunque a la mía le va el mundo princesil y el brilli-brilli una jartá, que dirían en el sur.

Disney On Ice: Mundos Encantados

Ya os lo conté pormenorizadamente y con ganas aquí. Resumiendo, que es un espectáculo muy bonito, que en mi casa no nos perdemos ningún año y que a mi hija le encanta, aunque el de este año me pareció el más flojo de los tres que he visto.




Y hasta aquí ha llegado mi febrero teatral. En marzo, entre Semana Santa y demás, creo que no va a ser un mes especialmente teatral, pero la semana pasada fui a ver una obra a Alcobendas (de la que ya os hablaré el mes que viene) y este jueves voy, ¡¡¡¡por fin!!!!, y sin que la gripe me lo impida, a ver el Hamlet de Miguel del Arco en el Teatro La Comedia con un Israel Elejalde que creo que hace una interpretación para la que no hay palabras. Todo el mundo habla maravillas de esta obra y yo me muero por verla. 



NOTA: las imágenes de La respiración y Sócrates son oficiales de ambos montajes, si incumplo derechos al publicarlas, por favor enviadme un email y las retiraré a la mayor brevedad posible, gracias. 

#366HAPPYDAYS FEBRERO

Empecé el año con los #366happydays en Instagram y la verdad es que estoy encantada porque es una dosis de vitalidad y optimismo. Consiste en recoger en forma de foto un momento especial cada día, y aunque nos parezca difícil siempre hay algo especialmente bonito cada día, si nos molestamos en identificarlo. 

Cada mes haré un post con algunos, no todos, los happydays de ese mes. Podéis ver mis #366happydays de enero. Y ahora, vamos con lo que nos ha deparado febrero. 

Día 34: Texturas de invierno

Mi amiga Carmen me retó a que buscase bellos momentos de invierno (cuando yo odio el frío) y creo que alguno he encontrado. Es cierto que prefiero el otoño y temperaturas más cálidas pero el gélido invierno azul también tiene su encanto. Esta foto está sacada a la puerta de mi casa, mirando al cielo invernal. 


Día 35: La respiración en el Teatro La Abadía

Lo incluí dentro de mis 10 momentos de febrero, y no es para menos. Me encanta el teatro y procuro no dejar pasar un mes sin disfrutar de él, pero además existen obras de las que te llegan a lo más profundo del alma y ésta sin duda fue una de ellas. 



Día 36: Con brilli-brilli y a lo loco: fiesta de carnaval

No faltaba un perejil para el atuendo de la princesa de la casa. Pero la fiesta de Carnaval del cole fue todo un éxito y la verdad es que consiguieron que peques y mayores nos lo pasásemos bien (y también lo incluí en los 10 momentos del mes). 




Día 37: Paseando con el Athejos

La vida con perro es diferente, yo diría que es mejor. Y los buenos paseos al sol son una experiencia mágica. 




Día 41: La presentación del libro La incertidumbre de lo definitivo, ilustrado por mi amiga Patricia Sánchez

Una tarde mágica en una librería preciosa en Malasaña que no conocía, con una presentación actoral magnífica. 




Día 44: Pecando, que es gerundio. 

Pero de vez en cuando no hace daño a nadie. Estuve 10 días de mes a dieta después de las fiestas familiares y todo en orden. 




Día 44: Henar cumple 4 añazos. 

Celebramos su cumple tres veces, así que pecamos bastante. La tarta además estaba deliciosa (regalo de mi amigo Antonio). Me da pena que el tiempo pase tan rápido pero me siento muy afortunada por poder ver crecer a mi hija, que me enseña tantas cosas cada día. 




Día 48: Vasquitos y nesquitas. 

Mi padre me trajo una estupenda caja de vasquitos y nesquitas, de la que dimos buena cuenta. Pero como después de los excesos cumpleañiles me puse diez días a dieta, se los dejé en custodia al Pato Donald durante esos días. 



Día 54: Hoy conduzco yo, amita

Y cualquiera que lo vea ahí, tan erguido y señorial, podría creérselo. De copiloto va exactamente igual y es de lo más divertido. 




Día 58: Algo se muere en el alma cuando un amigo se va

Algo se muere y además da una pena infinita, pensar en que ya no desayunaré cada mañana a las 7.30 con mi puercoespín sevillano, ni lo tendré al lado para trabajar codo con codo. Ahora empieza otra etapa, en la que lo echaré de menos, pero que estoy segura de que sabremos mantener el contacto. 




Y hasta aquí algunos pequeños momentos inmortalizados en forma de 366 happy days.

Adiós Febrero... ¡¡Bienvenido Marzo!!!

MIS MOMENTOS DE FEBRERO

Este mes me he propuesto escribir los posts de revisión mensual (los 10 mejores momentos y mi mes teatral) durante los primeros días de marzo. Y aquí estoy, con la revisión de los 10 mejores momentos que me ha dejado este mes. Me va a resultar más fácil porque los tengo más frescos (cuando me pongo a escribir dos semanas después, a veces me encuentro con que tengo que echar la memoria atrás cinco o seis semanas y me resulta más difuso) y además porque los 366 happy days y mi agenda me permiten vislumbrar mejor lo que ha dado de sí el mes y sus mejores momentos. Así que… allá vamos!

1. La Respiración

Quienes me leéis de vez en cuando sabéis que el teatro es una de mis grandes pasiones. Ya os lo contaré en otro post, pero este mes me ha dejado dos obras de teatro para adultos y dos espectáculos infantiles, que creo que no está mal. La que más me ha gustado de todas ha sido La Respiración, del inimitable Alfredo Sanzol. La representaban además en el Teatro La Abadía, al que me une un “algo” especial, aunque me hubiese encantado que la hubiesen representado en la sala Juan de la Cruz, que es donde realmente La Abadía tiene ese halo único. Sea como fuere, La Respiración es una obra imprescindible, con tintes autobiográficos nos cuenta el sufrimiento y el miedo a la soledad y al fracaso tras un matrimonio fallido de muchos años. Uno se acostumbra a las rutinas y cuando todo explota por los aires es difícil mantener nuestro espacio en el mundo, porque lo hemos compartido durante tanto tiempo que parece que se ha difuminado. Os escribiré de un modo más completo sobre esta obra, porque me ha encantado. Es positiva, vitalista, llama a seguir adelante y vencer las dificultades de la vida, la dirección es fantástica, las interpretaciones actorales más aún y a todo el público que asistió a la representación a la que yo fui nos enamoró.



2. Fiesta de Carnaval del cole

San Wallapop me salvó de una buena, ya que in extremis conseguí un estupendo atuendo de La Bella Durmiente sin estrenar, con etiqueta y todo, y a un precio magnífico. Es lo bueno de que mi hija aún se deje dirigir, porque le encantó el vestido y no me puso pegas sobre si prefería esto o aquello (sé que me queda poco tiempo con estas libertades). El caso es que el vestido rosa con brilli-brilli (creo que técnicamente ahora lo llaman glitter) con tiara incluida con plumaje y todo fue un éxito rotundo. Lo utilizamos tres veces en el mes: en la fiesta del cole (estreno mundial), en su cumpleaños (atuendo princesil imprescindible) y para ir a ver Disney on Ice. Pero en la súper fiesta del cole nos lo pasamos bomba, y lo digo y lo escribo en plural. Era un viernes e inicialmente lamenté perderme la clase de Zumba pero la verdad es que la fiesta estuvo muy bien, por sencilla y también por revolucionaria, ya que cortaron la calle para hacer un pasacalles de cientos de niños con sus familias (como lo leéis). Cuando acabamos de dar la vuelta a las calles aledañas mi hija dijo muy risueña Mamá, ya hemos dado la vuelta a todo Madrid. No fue para tanto, pero un poco heavy sí que fue. Luego tuvimos bailoteos varios y chocolate con bizcochos. Además, la tarde se sostuvo, no hizo casi frío (nada que ver con el invierno que llegó pocos días después) y fue un buen momento para recordar.


3. Entre fogones

Lo mío con los fogones nunca ha sido una historia de amor mantenida en el tiempo, pero cuando hace frío lo cojo con más ganas. Además, ahora me dedico a recuperar y tunear algunas recetas que hacía mi abuela, así como dedicarme a hacer cosas raras que alguien me cuenta, encuentro por internet, o incluso en algún libro de recetas rebajado que hallo en el Vips y que no consigo vencer la tentación a llevármelo a casa. Es divertido y permite comer en familia cosas alejadas del sota, caballo y rey al que nos depara el resto del año.


4. La presentación del libro de mi amiga Patri

Tener una gran amiga como Patricia Sánchez (actriz, dramaturga, ilustradora y artistaza en todos los sentidos, además de una maravillosa persona y amiga) es ya de por sí una alegría inmensa. Pero cuando además presenta un libro que ha ilustrado (La incertidumbre de lo definitivo, de Carlos Vicente y con ilustraciones de Patricia Sánchez) y lo hace en Madrid, rodeada de su gente y con un emotivo encuentro en el que participaron dos grandes actores como Alfonso Mendiguchia y mi también gran amigo Carlos San Jorge, ese momento sin duda tenía que ser parte integrante de los 10 mejores momentos de febrero.


5. El cumple de Henar

Yo hace nada tenía un bebé con carácter, que ya apuntaba maneras. Y de pronto me encuentro con que tengo una ratita presumida de 4 añazos (ay, cómo vuela el tiempo…) que pinta nuestro mundo de colores. Parece mentira, porque yo no era nada maternal, y en cierto sentido creo que sigo sin serlo, pero mi hija ha cambiado mi mundo y mi modo de ver la vida y de entenderla (o tratar de hacerlo). 4 años es un hito, una pequeña señorita en ciernes, con sus enfados, con sus amores absolutos, que crece a pasos agigantados, me sorprende casi a diario y que le da otro sentido a mi vida. Ver crecer a mi hija, acompañarla en su camino, es mi prioridad y algo que me hace absolutamente feliz. Soplar la vela con el 4 forma parte de ese caminar.



6. Paseando con Athos

Tengo otro pequeño amor por casa, en este caso peludo. Es un saco de pelos y amor infinito, que se echa conmigo a ver series, que me hace una fiesta cada vez que vuelvo a casa, que es todo corazón y con el que paseo bajo el sol de invierno. Y es que la vida con perro es también otra vida, algo que no quieres cambiar por nada del mundo.

 

7. El descanso del guerrero

Este mes, para no variar, también ha venido cargado de trabajo. Pero me siento orgullosa porque en tiempos de inundaciones (y la ha habido, inundación de mucho trabajo y sin tiempo), cuando eres capaz de mantener la calma has triunfado. Y no se trata de triunfos profesionales, porque esos no son tan importantes como algunos quieren vendernos, si no personales. En la anterior inundación (allá por noviembre) perdí la calma, me invadió el estrés y terminé con una cervicalgia que me hizo ver las estrellas. Pero esta vez he sido capaz de controlarlo, respirar y decir: lo que salga saldrá, y lo que no… no es asunto mío. Salió, y además salió bien, y cuando pasamos esa página (una de tantas al fin y al cabo), me quedó la calma y el descanso del guerrero. Un guerrero que esta vez mantuvo la calma y no tuvo una cervicalgia con dolor agudo, todo un éxito personal, que las cosas importantes de la vida sabemos cuáles son.

8. Mi amigo Cristóbal

Cristóbal, hasta el viernes pasado, era mi compañero de trabajo, pero también y sobre todo mi amigo. Un puercoespín andalú (sevillano para más señas) con el que me he agarrado muchas veces pero al que adoro, que llenaba mis días y mis desayunos con pullitas, salero y mucho entendimiento. Como no podía ser de otra manera llegó el día en que se fue a seguir construyendo su camino, de hecho hoy es su primer día en su nuevo trabajo. Y yo lo voy a echar muchísimo de menos, me duele sólo pensarlo. Pero sé que esto es lo que tenía que hacer y me alegro infinitamente por él, le deseo todos los éxitos en su nuevo camino, aunque yo lo voy a echar de menos y las cosas sin él nunca serán las mismas.


9. Casita, manta y Downton Abbey

Ésta es otra de esas cosas que yo sólo hago en los meses de frío, meterme en la cama (si me dejan) y aprovechar para taparme hasta la nariz, resguardarme del frío y aprovechar para ver series. Enero lo dediqué a ver cuatro temporadas de Juego de Tronos (bueno, en realidad la última la vi en febrero) y este mes me estoy viendo Downton Abbey (ya voy por la tercera temporada). Resulta muy relajante y un plan muy acorde con el invierno.

10. Disney

Iba a hablar en concreto del espectáculo Disney On Ice (del que ya os hablé aquí y que nos gustó, aunque menos que en otras ediciones), pero el final de febrero ha sido muy Disney. Primero por el espectáculo sobre hielo, para mí una cita anual imprescindible con mi hija, y después porque La Semana Mágica de Disneyland París es una oportunidad estupenda para reservar (y empezar a soñar) con un viaje que nos lleve a ver a Mickey Mouse y sus amigos esperamos que en este año 2016. Planazos con mi princesa de 4 años que me emocionan sólo con pensarlos…



Echando la vista atrás febrero, además de un mes frío, ha sido un mes emocionante, lleno de pequeñas cosas felices.


¡Buen marzo!