MINI-ESCAPADA A CIUDAD RODRIGO

Este fin de semana ha tocado escapada familiar, y teniendo en cuenta que no nos movíamos desde NocheVieja a Oviedo (el pueblo no cuenta) y que la última vez que nos habíamos escapado de finde había sido… ¡¡¡en septiembre!!!, la verdad es que me ha encantado irme una noche fuera y más teniendo en cuenta que he dormido en un castillo, como en un cuento de princesas.

Nos hemos ido a Ciudad Rodrigo, la cuna de los Montero (y de la mitad de mi familia), lugar que visito muy poco (no iba desde el 2009, ya ha llovido) y al que tengo un cariño sensorial especial.


Ciudad Rodrigo es una ciudad de cuento, una ciudadela donde la historia se respira a cada rincón y una gran desconocida. Se trata de una ciudad de frontera, muy próxima a Portugal, y que casi nadie conoce. Es una alegría por no encontrártela llena de madrileños por doquier (adoro Madrid, pero no encontrarme millones de madrileños en los mismos lugares) y disfrutarla, pero estoy segura de que si Ciudad Rodrigo estuviese cerca de Madrid sería un lugar muy visitado, que no tiene que envidiar nada a lugares como Sigüenza, Medinaceli o ciudades más grandes como Segovia o Toledo.

Nos alojamos además en un lugar maravilloso, el Parador de Ciudad Rodrigo, que fue en su día el Alcázar o Castillo del rey Enrique II, fundador de la dinastía de los Trastámara (a la que pertenecía Isabel La Católica).


Sólo a modo de pequeña pincelada, Enrique II era hermanastro de Pedro I El Cruel, a quien mató y le robó el trono (injustos los apodos de la historia muchas veces). Instauró la dinastía de los Trastámara y unió las dos líneas (la de su hermanastro y la suya propia) con el matrimonio de su hijo Enrique III El Doliente con Catalina de Lancaster. Catalina fundó el Convento de Santa María La Real de Nieva, villa a la que curiosamente otra línea familiar mía está vinculada. Fue la abuela de Isabel La Católica y ni qué decir que esos lugares donde habitó la historia a mí particularmente son capaces de tocarme la fibra sensible, más aún cuando la historia de mis antepasados transcurrió por ahí cerca.

Soy una sentimental, lo sé. Por eso, a pesar de que conocí muy poco estas tierras (ya que mi abuelo se murió cuando era niña y él iba una vez al año), le tengo un cariño especial a Ciudad Rodrigo y me siento un poquito como en casa. Me encantó además pasearla y compartirla con mi familia: con mi hija, mi marido y mi perro (porque una de las razones de peso de alojarnos en este Parador es que admiten perros). Nos hizo muy buen tiempo y además a la vuelta pudimos parar en Salamanca, comprar hornazo, comer ibérico, pasear por la ciudad…


Si vais a Ciudad Rodrigo, os cuento algunos planes imprescindibles: pasead su muralla, tomad buen ibérico en la Plaza Mayor (si es en una terraza al sol, mucho mejor), alojaros en la ciudadela, merece la pena, y descubrid una ciudad fascinante, que se enfrentó a los franceses y no dejó que pasaran, territorio de frontera en guerra casi constante con Portugal (para entenderlo del todo, deberíais visitar Almeida, al otro lado) y en definitiva un lugar apacible, cálido en verano, con buena gente, donde tienen una gastronomía increíble y que yo siento como algo tan cercano. Eso sí, que no se llene de cientos de turistas por doquier por favor, que perdería su encanto único. Reconozco que me gustan los sitios tranquilos, huyo de los mogollones y prefiero haberme escapado este finde, antes de Semana Santa, para poder disfrutar de este lugar con encanto casi para nosotros solos.


Los atardeceres sobre el río Águeda son además unos de los más bonitos de la ancha Castilla. Foto sin filtros y un poco tarde, pero de verdad que merece la pena.



3 comentarios:

  1. Me alegro de que hayas disfrutado de esta escapada mirobrigense, me parece precioso ese rincón salmantino y además guardo preciosos recuerdos de él. :)

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  2. Se ve bonito, no lo conozco, así es que gracias por esta visita.

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  3. Gracias Virginia, corazón... :)

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