REVISIÓN TEATRAL DE MARZO

Me temo que marzo ha sido un mes muy cortito, teatralmente hablando. He asistido a dos representaciones teatrales, ambas de teatro para adultos, por lo que no he podido compartir momentos teatrales infantiles con mi hija. Entre la Semana Santa (que ocupa dos fines de semana) y el finde en el que nos escapamos a Ciudad Rodrigo, el mes se nos hizo bastante corto. Además, pensaba llevar a Henar a alguna función al Teatro Juan Bravo en Segovia, durante los días que estuviésemos en el pueblo, pero no tuvieron programación, ni infantil ni para adultos en toda la Semana Santa, así que me temo que tuvimos que optar por la opción B e irnos al cine a ver Kung Fu Panda.

Por ello, el resumen teatral de marzo va a ser cortito, allá vamos…


El minuto del payaso. Auditorio de Alcobendas

Este monólogo había estado el pasado otoño en la sala Margarita Xirgú del Teatro Español y me habían hablado muy bien de él. No me había llamado la atención en su momento, pero después de la recomendación, y viendo que lo iban a representar en Alcobendas, me animé a sacar un par de entradas y me llevé a una buena amiga. Lo primero que tengo que decir es que no sólo la representación, sino los espectadores, nos acomodamos dentro del escenario. Al parecer, resulta habitual en Alcobendas que para montajes entre semana hagan representaciones íntimas, con muy poco aforo, instalando el patio de butacas sobre las tablas. Y qué queréis que os diga, la experiencia es alucinante para cualquiera que ame el teatro. Al finalizar la obra, abrieron el telón y pudimos contemplar la visión desde el escenario, y aunque el teatro estuviese vacío, os aseguro que es increíble, tiene que ser alucinante para los actores tras una representación con un aforo completo.

Pero vayamos a la obra, El minuto del payaso es un monólogo a cargo de Luis Bermejo al que, si la memoria no me falla, nunca había visto actuar anteriormente sobre las tablas. Amaro Junior, un payaso de una larga tradición familiar de circenses, espera su turno para salir a escena y repasa su vida desde sus inicios en el mundo familiar del circo hasta hoy. La actividad del payaso es un acto absoluto de generosidad, consigue regalar la sonrisa, y muchas veces la carcajada, al espectador, que frecuentemente lleva una vida gris y que es capaz, durante su actuación, de desconectar de sus runrunes internos y entregarse a la magia del espectáculo.

Sin embargo, un payaso no siempre es feliz, aunque su trabajo le exija esa eterna sonrisa cuando está frente al público. Una carcajada puede salvar una vida pero Amaro Junior nos expone una gran tristeza, la tristeza del cómico, en la que el espectador casi nunca repara. Un texto que sin duda te hace reflexionar sobre la mítica frase El espectáculo siempre debe continuar, ya que como espectadores desconocemos cómo se sienten los actores y actrices cuando están actuando, pero lo hacen para nosotros, se ponen sus máscaras y dejan sus problemas para aliviarnos los nuestros. Ésa es la gran generosidad de los que hacen posible el teatro y por la que nosotros, espectadores desde el patio de butacas, siempre estaremos en deuda con ellos, porque una entrada no paga su entrega y su generosidad.



Reconozco que, aunque no puedo sentir más afinidad con el sentido del texto, en ocasiones el humor utilizado para hilarlo se situaba muy lejos de mi sentido del humor (sé que soy muy british y tengo demasiado humor negro para el español), pero también tengo que arrodillarme ante el tremendo trabajo actoral que desarrolla Luis Bermejo. Soy consciente de que si fuese más afín a algunas de las bromas de esta obra, me habría gustado mucho más. Pero con el paso de los años, además del pane et circense, he sabido desarrollar una empatía o una mayor profundidad ante el trabajo del actor. Luis Bermejo estuvo magnífico, en este papel que le lleva de la risa al llanto, lleno de recursos, que exhibe una gran complicidad con el público y que además resulta tremendamente expresivo en esa cercanía. Un trabajo intenso, de una entrega absoluta.

La escenografía es sencilla y sugerente, evocando el mundo entre bambalinas. Un buen texto, un grandísimo actor y una obra muy recomendable, de la que yo no disfruté al 100%, pero insisto en que es responsabilidad mía.

Hamlet. Teatro de la Comedia

Si me ha costado encontrar las palabras para la obra anterior, con ésta ya ni os digo. Hamlet, una de las grandes obras de la literatura universal y probablemente una obra imprescindible este año con el 400 aniversario de la muerte de Shakespeare (y de Cervantes, dicho sea de paso). Quién no ha visto Hamlet, o Romeo y Julieta alguna vez, o muchas. Parece que es una obra con la que no caben (muchas) sorpresas. Pero una adaptación llevada a cabo por Miguel del Arco sin duda ha de sorprender, a cualquier teatrero que se precie de serlo no le queda duda.

Tenía entradas para el Teatro de la Comedia para ver este montaje desde hace meses, pero las saqué para las últimas semanas de representación y no hacía más que oír, y leer, que el Hamlet de Del Arco era sorprendente y que todo el elenco estaba fantástico, pero que lo que hacía Israel Elejalde sobre el escenario no tenía palabras para ser definido. Mi amiga Beti (compañera de correrías desde nuestros tiempos de colegio hace ya demasiados años) adora a este actor, pero yo no había caído en sus redes. No hace falta que diga que con este Hamlet he caído, y con todo el equipo. No sólo eso, sino que estoy segura de que este montaje será de los que se recuerdan durante años… o décadas.


Hamlet, príncipe de Dinamarca, hijo de un padre asesinado que clama venganza, se vuelve loco y deja demasiados muertos en el camino, constituyendo con toda certeza uno de los personajes teatrales más complejos de todos los tiempos. Personaje que Miguel del Arco dibuja con una profunda ironía, y que nos muestra un alma herida, desgarrado por el dolor de la orfandad y la traición de su madre y su tío.

Pero sobre las bases del Hamlet de Del Arco, Israel Elejalde llega más allá de todo lo imaginable. La puesta en escena ya de por sí te deja sin palabras, pero  la desgarradora interpretación de Elejalde te deja sin palabras. Y en un montaje que supera con creces las tres horas, es algo muy de admirar. La contemporaneidad de todos los elementos (luces, personajes, ambientación) sorprende inicialmente (no si ya has visto otros montajes de Del Arco), porque te esperas un clásico. Pero este montaje recupera lo mejor del Hamlet clásico con una nueva iconografía. Y un Israel Elejalde arrasador, que transita por la locura y nos envuelve en ella. Muy bien acompañado por el resto del elenco (algunos más que otros), del que destacaría a Ángela Cremonte, en el papel de Ofelia y que sorprende absolutamente en su locura final. Está sublime.

Todavía no he dejado de darle vueltas a la cabeza con este montaje, sin duda uno de los que más me han impactado en los últimos tiempos.


Y hasta aquí mi marzo teatral, que aunque haya sido corto, sin duda ha sido intenso como pocos. 

NOTA: Las fotos son las oficiales de ambos espectáculos. 


2 comentarios:

  1. Breve pero bueno e intenso. Hace tiempo que no voy al teatro. A ver si vienen cositas buenas por aquí.
    Besotes!!!

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  2. Ya veo que te gustó. Por cierto, está mucha gente leyendo una pseudo-novela llamada Madrid que seguro que te gustaría. Besos!

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