SER MINIMALISTA POR ENTREGAS, PARTE 2: MINIMALISMO Y MEDITACIÓN


Probablemente existan definiciones mejores para la meditación, pero al fin y al cabo meditar significa coger tus pensamientos, sentarte con ellos, y simplificarlos evitando que te preocupen. No existe la mente en blanco como creen algunos, pero a través de la meditación aprendes técnicas que con ejercicio continuo se convierten en hábitos y que te hacen enfocar tu vida de otra manera (y mejorarla).

Si los monjes budistas renuncian a todas sus posesiones y se dedican a meditar, será por algo. Al no tener cosas, tampoco tienen que preocuparse por ordenarlas, limpiarlas, organizar su armario y encontrarlas, porque lo cierto es que cuando tienes tantísimas cosas frecuentemente no sabes dónde están. Si empiezas a vivir con menos cosas, tu mente se calma más. Si vives con menos preocupaciones, podrás hacer más cosas y mejor; si consigues alcanzar tus objetivos, te sentirás más realizado.

He leído hace poco el libro El arte de ser minimalista, de Everett Bogue. He podido sacar bastantes conclusiones de su lectura y una de las partes que más me ha gustado es precisamente aquélla que se refiere a la meditación, o a la tranquilidad en tu día a día. Como ya os conté, estoy metida de lleno en un curso de 8 semanas sobre Mindfulness y la meditación, la concentración, el bajar el ritmo es algo que puede ayudarnos mucho. Y en ésas estoy ahora mismo. Comparto con vosotros una de las cosas que más me han gustado del libro de Bogue, un minimalista que dejó su trabajo y su ciudad, Nueva York, para ir por el mundo trabajando por internet, viviendo donde quiere en cada momento y llevando una vida más simple pero también más sana y feliz (minimalista).


16 trucos simples para despejar tu mente

Una mente llena de preocupaciones es uno de los mayores obstáculos de la vida y sin embargo nuestra mente (al menos la mía) se pasa la vida saltando de tema a tema, de preocupación en preocupación, a la velocidad de la luz. El cerebro es muy útil y nos ayuda a conseguir cosas increíbles, pero muchas veces se obstina en no callarse. La mente a menudo se encalla en un problema y entra en un círculo vicioso de negatividad que te impide conseguir tus metas. Pensar demasiado puede llegar a ser igual de malo que tener demasiadas cosas. Pon en tu calendario tiempo para intentar liberar tu mente. No es necesario que tu mente esté llena de pensamientos a todas horas, sino que la mente debería estar quieta para que las acciones lleguen a su pleno potencial.

Siéntate en silencio

Pon una almohada, una manta doblada o una esteriila enrollada  en el suelo, apaga las luces y siéntate por 15 minutos. Escucha la conversación en tu mente e intenta no interactuar con ella. Intenta sentarte más tiempo cuando tengas un poco de práctica y también repetir estos pequeños momentos de silencio a menudo en tu día a día.


Da un paseo

Meditar mientras te das una vuelta es el mejor camino para calmar tu mente. Hay algo en la repetición del movimiento de poner un pie ante el otro que es muy relajante. Anda durante 20 ó 30 minutos sin destino fijo, disfrutando del paseo y las sensaciones, tu mente se calmará mucho.



Escribe

Abre un cuaderno, coge un boli y entrégate a la corriente de escribir hasta que el oleaje de tu mente se haya calmado. En muchas ocasiones, el hecho de ordenar las ideas, pararnos a identificarlas y escribirlas nos hace estar mucho mejor y ver las cosas desde otras perspectivas.


Ríete

En general la vida suele ser bastante ridícula y necesitas un poco de sentido del humor y en ocasiones aceptar la locura. Ríete de los pensamientos de tu cabeza. Con algo de suerte, riéndote te darás cuenta que tus pensamientos no son tan serios, y tu mente se relajará.


Respira profundamente

Inhala y exhala muy profundamente por 10 minutos. Toma cada respiración lenta y deliberadamente. Tu mente se calmará a partir de la décima exhalación. No sé si ocurre a partir de la décima pero respirar profundamente es una de las actividades que generan más sosiego.  


Muévete más despacio

Rebaja el ritmo, empieza a prestar atención a cada acción. Fíjate en cada movimiento que haces desde el principio hasta el final. Todo ello ayudará muchísimo a tu a tu mente a enfocarse en la tarea del momento y calmará la conversación interna.

Habla con alguien

De vez en cuando la mejor manera de calmar la mente es hablar y compartir tus pensamientos con otra persona. No transmitas tu frustración, porque eso sólo producirá otra persona frustrada. Simplemente cuéntale sin acritud lo que pasa por tu mente y tal vez juntos encontraréis una solución.


Tira tu lista de cosas pendientes

De vez en cuando la lista de ToDo se hace tan larga que resulta abrumadora. Hay tantas cosas que hacer en tu día a día que parece que nunca llegarás al final. ¿Por qué no dejar de hacer algunas de ellas? Una de las habilidades más importantes de cualquier persona es aprender a dejar las cosas cuando es hora de no seguir adelante. Tómate el tiempo de abandonar y tu mente te lo agradecerá.


Acuéstate en el suelo

Donde estés, interrumpe lo que estás haciendo y déjate caer. Asegúrate que no haya nada con que puedas tropezar. Entonces quédate acostado en el suelo por 15 minutos y respira.


  Hazte un sándwich.

La acción de preparar con atención una comida sencilla (un sándwich, una ensalada etc.), colocar el pan, cortar unas hojas de lechuga y un tomate, preparar el jamón y el queso… puede ser una buena manera de calmar tu mente. Si focalizas tu atención en cada uno de los pasos y no corres, cuando comiences el primer bocado tu mente estará silenciosa.


Lava los platos

Los profesores budistas adoran lavar los platos y al parecer tienen buenas razones para ello, ya que el acto de limpiar lentamente un plato después del otro, secarlos y colocarlos es una manera muy poderosa de enfocarse y calmar la mente. La llegada del lavavajillas nos ha privado de un ritual que podríamos aprovechar a nuestro favor.


 Date un baño

Entra en la ducha y deja fluir el agua caliente. Puede ser la limpieza profunda de tu mente. No te apresures, deja que el agua corra por tu cabeza por tu cuerpo. Una ducha caliente, especialmente justo antes de dormir, puede calmar hasta las mentes más frenéticas.


 Enciende una vela

Observar el movimiento de una vela es una manera muy buena de calmar los pensamientos. Pon la vela cerca de un lugar donde puedas sentarte cómodamente. Enciéndela y mira como se deshace la cera.


 Escucha música relajante

No hay nada tan calmante como la música para silenciar el cerebro. Pon música suave, mejor sin palabras, y observa como tus pensamientos se van silenciando poco a poco.


Practica una postura de yoga

Otra manera de sosegar la mente es ponerte hacia abajo.


Deja ir los problemas

En algunos momentos es posible que estés pensando en algún problema que no consigues resolver y del cual sabes que no hay solución, y que nunca lograrás lo que quieres lograr. Dile a ti mismo que no lo harás. Que está bien así, ya que lo has intentado. Abre espacio para una nueva meta ambiciosa y deja esta antigua abandonarte.



Algunos de estos consejos me resultaron curiosos (nunca le había visto la parte positiva a lavar los platos por ejemplo), pero la verdad es que la mayoría de ellos son útiles, los puedes hacer de un modo relativamente fácil en tu día a día y te ayudan a bajar el ritmo y estar mejor contigo mismo y con el mundo.

Yo suelo ir a toda velocidad por la vida. Mira que intento bajar el ritmo, pero reconozco que me cuesta mucho. Pero lo que sí he logrado es empezar a dar pequeños pasitos. Por ejemplo, bajar el ritmo de vez en cuando y hacer movimientos lentos, ir tranquilamente andando de mi casa al garaje, parar, focalizarme en hacer algo... Poco a poco. 

Y tú, ¿crees que vives demasiado rápido? 

Ser Minimalista por entregas. Parte 1: Cosas

2 comentarios:

  1. En mi caso creo que no, suelo tomarme las cosas con calma, intento no agobiarme con los problemas, intentando ver siempre la parte positiva. A veces cuesta, pero lo intento. Muy buena entrada y muy buenos consejos.
    Besotes!!!

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    1. Qué suerte Margari! Cada vez consigo ser más positiva pero muchas veces me falta paciencia o serenidad, aunque nunca me falta empuje.

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