SER MINIMALISTA POR ENTREGAS. PARTE 4: CONTROLA TU AGENDA

Además de estar terminando mi curso de 8 semanas de Mindfulness y de seguir leyendo libros sobre minimalismo, recientemente he hecho un curso de gestión del tiempo. Entre todo, creo que he sacado una serie de conclusiones sobre la esclavitud de la agenda que me gustaría compartir con los que de un modo u otro pasáis por aquí.

Uno de los principios del mundo capitalista en el que nos movemos es que nos hayan convencido como sociedad que necesitamos muchas cosas en nuestra vida. En realidad, que necesitamos mucho de todo, porque quien dice cosas dice actividades, experiencias, reuniones, citas familiares, compromisos de muchos tipos… cientos de cosas que llenan nuestras agendas, nos roban nuestro tiempo y ¿nos hacen más felices? Piénsalo un momento.

Perdemos el equilibrio vital haciendo posturas funambulistas imposibles para llegar a todo, con esa sensación de no llegar a nada o a casi nada. El minimalismo aplicado a tu vida también implica eliminar actividades, compromisos y citas para tener más tiempo para ti y para lo que es verdaderamente importante. En este punto, te invito también a pararte a pensar, ¿qué es lo realmente importante?

En un libro sobre minimalismo leí que, al contrario de lo que muchas veces podemos pensar, ser minimalista no explica tener pocas cosas, o realizar pocas actividades, sino que ser minimalista es relacionarte con el mundo de otra manera. Si dejas a un lado lo que no aporta, lo que no es importante, lo que no es indispensable y sin aquello que puedes vivir perfectamente e incluso mejor, tendrás menos gasto, menos estrés, podrás disponer de más tiempo para ti o para cosas importantes.


Manos a la obra: revisa tu agenda y elimina obligaciones

Hace un par de semanas escribí un post muy personal que se titulaba ¿qué pasa si no lo hago? y que pretendía hablar de un minimalismo impuesto. Resumiendo, que en mi vida personal pasaron cosas que no estaban previstas, que dieron al traste con la planificación que yo tenía en mente y me obligaron, sobre la marcha, a modificar mucho mis agendas, adaptarme como pude y en el fondo sobrevivir.

Sin embargo, lo cierto es que mi agenda vital suele estar demasiado repleta de cosas y muchas veces, incluso en temporadas normales sin grandes sobresaltos, me hace vivir una vida demasiado rápida y cansada. Por ello, he decidido, de un tiempo a esta parte, meterle tijera a mi agenda. No es fácil, porque de 24 horas que tiene al día, tengo la mala costumbre de dedicar 7 horas (y mejor si son ocho, si pueden ser 9 ó 10 un fin de semana, ya tiro cohetes) a dormir, otras 7 horas a trabajar, 3 horas más se me van en comidas, desplazamientos y tiempos varios, y, de media, dedico entre 3 y 4 horas cada tarde a estar con mi hija. 7+7+3+4=21 horas ya vienen ocupadas por defecto y en esas 3 horas que faltan muchas veces pierdo el tiempo, otras veces hago algún curso, voy al teatro, paso tiempo con amigos… El problema además es que ni siquiera esas 3 horas suelen ser seguidas, sino que son espacios de tiempo que vas perdiendo aquí y allá. De hecho, tengo la sensación muchos días, de no tener esas 3 horas “libres”, ni siquiera tener unos minutos libres.

Ante esto, yo veo dos caminos:

El primero: desocupa parte de tu agenda, elimina cosas.

El segundo: ordena lo que tienes.

En realidad, no estoy descubriendo nada nuevo, cualquier manual del orden y la simplicidad en general se basa, de una u otra manera, en estos dos principios: ten menos y ordénalo de manera que lo encuentres; haz menos y ordena el tiempo que dedicas a cada cosa. Al final, es lo mismo. Una regla que parece muy sencilla, pero que luego en el caos de esta vida de locos que llevamos, ¿por qué se nos olvida una y otra vez? Dicen que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, ¡benditas dos veces!, ¡quién las pillara! Yo, me temo que con determinadas piedras tropiezo muchas, muchísimas veces más.


Desocupa espacio y tiempo, elimina obligaciones


Coge tu agenda (física o mental) y revisa.

¿Qué cosas haces por rutina o por el mero hecho de que se tienen que hacer?, ¿has pensado en alguna forma de hacerlas de otra manera?, ¿crees que existe un modo en que se hagan solas?, ¿se puede encargar alguien de hacerlas en lugar de tú mism@?, ¿qué ocurre si las hace otra persona?, ¿qué ocurre si no se hacen?, ¿y si simplemente las cambias de tiempo y las haces más adelante?

Todas esas preguntas hablan de esos términos tan de moda que son eficiencia, delegar, ordenar etc. Pero de moda o no, muchos de esos trucos funcionan.

Os voy a poner un ejemplo gilipollesco total: la camiseta blanca del espectáculo de mi hija del próximo lunes. Mi hija, tras un curso entero yendo a clase de chiquirritmo tiene el próximo lunes el espectáculo para los padres, algo que para ella, objetivamente, es muy importante. Bien, ese espectáculo tiene su hueco en mi agenda y para mí también es súper importante asistir. Pero, el problema viene que, entre las cosas que tiene que llevar como vestuario está una simple camiseta blanca, un elemento de fondo de armario que yo tengo en mi armario pero no en el suyo. No os podéis hacer una idea del tiempo que llevo pensando en esa dichosa camiseta blanca, que he invertido en preocuparme y que aún no he ido a comprar. Pienso mucho, no hago nada: ¡mal! El caso es que, ayer, volviendo a casa conduciendo, a toda velocidad como siempre, puse en calendario que el domingo por la tarde (el resto del finde estamos a otras cosas) y de repente se me encendió la bombilla: ¿y si le digo a mi costillo que la compre? Normalmente yo siempre me ocupo de estas cosas (tendría que ahondar en el por qué lo hago), pero en esta ocasión no tenía más tiempo disponible y me agobiaba. Solución: vete a la tienda X, compra una camiseta blanca, lisa y de manga corta (más fácil imposible) y de esta talla (con talla en número y en centímetros, para que no haya equivocaciones). La camiseta al parecer ya está en casa, y os puedo asegurar que si no es exactamente como yo creía y hay algo incorrecto en mis instrucciones, esta vez me va a dar igual y no le voy a poner pegas.

Pues bien, como esto: todo. Las cosas que son importantes se quedan, las que te hacen felices también. Da igual que esté cansadísima, ir al teatro y disfrutar de unas cañas y una buena conversación un miércoles por la noche, aunque me quite horas de sueño me da horas de felicidad. En ese caso, conscientemente decido estresar mi agenda.

Las cosas que no son importantes, se van. Irse, no se suelen ir, pero yo puedo sacarlas de la agenda. Bien haciéndolas pronto y quitándotelas del medio, o bien no haciéndolas. Puedo decidir no hacerlas o puedo intentar delegarlas.

Un no a tiempo ayuda mucho más de lo que crees. Quien me conoce sabe que soy una persona a la que no le pesa demasiado decir no (a pesar de que es una palabra maldita en esta sociedad). Hace años cuando decía que no solía poner una excusa, pero he descubierto hace ya tiempo el poder liberador del no. Lo primero es que puedes decir no y no tienes por qué justificarlo con una súper explicación. Ahí es donde normalmente la gente inventa cosas que sostengan ese no. Lo segundo, que en determinadas relaciones, momentos o personas, puedes decir no y decir la verdad, incluso cuando la razón por la que has dicho que no es porque no te apetece, porque es tu prioridad o porque eso no es importante. Os sorprenderíais, las relaciones sanas aguantan el no y las que no lo aguantan muchas veces es porque no son relaciones sanas. También para pensarlo, no sólo sobre los demás sino sobre nosotros mismos, ¿Cómo aceptas que te digan que no?


Y ahora, ordena lo que tienes

Hemos quitado la obligación de tener que ir hoy al curso (porque se espera que vaya, porque lo he pagado, porque cómo no voy a ir…), la de ir corriendo a comprar una camiseta (se ha ocupado mi costillo), la de llamar por decreto a la abuela (o la has pospuesto a mañana), la del gimnasio (a mi cuerpo le suele venir bien pero hoy me siento demasiado cansada y no pasa nada por no ir, no se acaba el mundo)… pero no puedes dejar de ir a trabajar, dejar de cumplir tus horarios, dejar de ir a buscar a tu hija al cole etc.

Hay cosas que tienen que seguir ahí: por urgencia, necesidad, importancia, felicidad… Otras cosas simplemente las puedes recolocar. Voy el sábado a hacer la compra en lugar del jueves, pongo la lavadora cuando esté llena, ya llamo otro día a fulanita. Desocupa espacio, ten más tiempo para ti y aprovecha ese tiempo.

Hay muchas cosas que nos quitan mucho tiempo pensando en que las tenemos que hacer: deja de pensar  y hazlas. Deja de procrastinar (otra palabra de moda), ponte a hacer la maleta, o a hacer la lista de las cosas que vas a meter esta tarde en la maleta, ponlo en tu agenda y dedícale un tiempo, ni más ni menos que el que necesita.


Las que puedes dejar para otro momento, déjalas pero agéndalas. Las harás en el momento que mejor encajen, pero buscarás ese momento, te dedicarás a ello cuando llegue y hasta entonces te olvidarás.

Y con el tiempo que has logrado reunir para ti y lo importante, dedícatelo y hazlo bien. Si has logrado tener media hora para ti, utilízala en algo que te guste: si te gusta escribir un post, hazlo; si prefieres dar un paseo y pensar, ¿a qué esperas?; si tienes sueño, duerme. Pero hazlo con sentido y con conciencia. Aprovecha esos momentos, paladéalos, son sólo tuyos.

Es imprescindible cuidarnos a nosotros mismos, desconectar, tener tiempo para nosotros. No pasa nada porque no contestes al teléfono aunque suene, ni porque no hayas contestado a los 357 mensajes del grupo de whatsapp, ni siquiera que no los hayas leído (quizá debas pensar si te compensa estar en ese grupo, empezando por ahí); tampoco pasa nada porque no pongas la lavadora todos los martes y los viernes (yo compro mucha ropa de más, especialmente para mi hija, a sabiendas de que no es nada minimalista pero que me permite vivir sin preocuparme de las lavadoras y me da mucha más tranquilidad). En realidad, hay muchas cosas que pueden esperar. Y otras que si no te aportan, no te hacen feliz y te puedes permitir el prescindir de ellas: hazlo, es liberador.


El secreto de la felicidad: escoge tus prioridades

Probablemente no exista el secreto de la felicidad como tal, pero de existir, seguro que tiene que ver con tu propia elección. No siempre te dejan elegir, pero muchas veces, por costumbre, no lo hacemos. Muchas veces hablamos y pensamos alrededor de lo que nos gustaría hacer, pero no lo hacemos, ni siquiera lo intentamos. Piensa qué quieres y cómo conseguirlo. Dedica tiempo cada día en alcanzar tu verdadera meta. Y cuando vayas consiguiendo progresos en el camino, recompénsate, celébralo y mímate.


Empieza a eliminar lo superfluo de tu vida y vive con intensidad las cosas que te ocurren.


1 comentario:

  1. Pues sí, hay que eliminar obligaciones. Y pedir ayuda o compartir tareas, que no es nada malo. Que no existen ni los superman ni las superwoman, aunque nos hayan hecho creer que sí. Y hay que preguntarle a nuestro cuerpo y a nuestra mente si puede o no hacer más, y hacer caso a sus señales. Y cuidarlos un poquito, que se lo merecen.
    Besotes!!!

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