MIENTRAS TANTO EN EL OFF DEL TEATRO LARA

Ayer volví al Lara, mi teatro fetiche de Madrid, tras demasiados meses de ausencia. En esta ocasión acudí al Off, a ver el reestreno de la tercera temporada de una comedia que había cosechado muy buenas críticas en sus temporadas anteriores. Reconozco que la comedia no es el género teatral que más me gusta, pero que ahora en el verano apetecen obras más frescas, más ligeras, con menor carga emocional… que inviten a la risa pero también a la reflexión. Y sin duda Mientras tanto logra todo ello.

Tres mujeres en la treintena, tres amigas en un mundo de sueños y dificultades a partes iguales. Una obra ligera pero a la vez con un punto reflexivo que nos invita a pensar un poco en el mundo que habitamos y el tipo de vida que llevamos.

Carlota, Ana y Emilia son tres buenas amigas a las que les unen muchas cosas y les separan otras. En ese punto indefinido de los treinta y tantos, cada una de ellas habita una vida diferente en una gran ciudad. Carlota, a punto de casarse con su novio, quiere tener un niño; Emilia sigue en los mundos de Peter Pan y se obstina en no querer ser adulta; Ana está estancada en una vida y un trabajo que no le gustan pero que no abandona por miedo. A lo largo de cinco situaciones diferentes, veremos cómo estas amigas pasan tiempo juntas, conversan, se ríen, se pelean… y la vida mientras tanto sigue su curso.



Para alguien como yo, que también tengo treinta y tantos, aunque ninguno de los personajes refleja mi vida actual, resulta sencillo sentirse identificada en alguno de los sketchs, alguna frase, algún sueño de cualquiera de esos tres personajes, alguna frustración… Mientras tanto resulta una comedia divertida, fácil de ver, ideal para una tarde de verano. Pero también las historias que se entretejen sobre el escenario hacen pensar y llevan a una reflexión que impacta directamente sobre el corazón de Itaca (de donde viene la historia del nombre de este blog). Itaca es el camino, es la vida misma, es ese mientras tanto. La vida sucede mientras tanto, mientras hacemos planes que no siempre se cumplen, mientras suceden cosas que no siempre nos gustan, mientras esperamos, mientras tenemos sueños, mientras tenemos vida, en definitiva, mientras vivimos. Ese mientras tanto, ese camino, es lo más valioso que tenemos.

Dirigida por Miguel Angel Cáscano (a quien también debemos el libreto en coautoría con María Inés González), esta historia está protagonizada por tres actrices maravillosas, frescas y vitales: Rocío Vidal (Carlota), Marta Romero (Emilia) y Marta Naharro (Ana). Cada una de ellas resulta muy creíble en su papel, consigues empatizar con sus personajes y además coralmente consiguen un gran feeling.

Con una escenografía funcional en el Off del Lara, esta obra es una oportunidad estupenda para disfrutar del teatro este verano en Madrid. Si buscas una obra fresca, que te haga pasar un buen rato, pero que a la vez te haga reflexionar un poquito sobre tu propia vida (algo que casi siempre yo busco y encuentro en el teatro), ésta es una gran oportunidad para hacerlo las tardes de los jueves. Podéis comprar las entradas aquí.


NOTA: La foto es oficial del espectáculo.


Muchas gracias a Lemon Press por la invitación a ver esta obra, que sin duda disfrutamos mucho y recomendamos con muchas ganas.

VERANO EN EL NORTE: LAS COSAS QUE NOS GUSTAN DE VERANEAR EN EL CANTÁBRICO #VERANOENELNORTE

Ayer escuché un alegato encendido en contra de las vacaciones en el norte y he de reconocer que me dolió un poco mi corazón cantábrico. La buena señora tenía clarísimo que veranear en el norte era tirar el dinero y que irte a Levante, más aún con niños era muchísima mejor opción. Porque no podía entender cómo había algunos que aún se arriesgaban a ir al norte en vacaciones de verano, y además con niños, ¡qué poca responsabilidad!

Le respondí, lo más amablemente que pude (que no estoy segura cuánto de amable fue) que no sabía si recordaba que yo era del norte, que mi hija pasaba cada verano varias semanas en el norte y que ahí podía verla, siendo una niña absolutamente normal. Y lo que quizá es peor, que se lo pasaba fenomenal, aunque ella no pudiese entenderlo.

Se me ha ocurrido contar cosas que pasan en el norte y no en Levante, formas de disfrutar el verano que a los del norte nos funcionan. Y quizá sea cuestión de estirpe, no lo sé, pero es que encima nos lo pasamos fenomenal. Así que aquí va mi alegato sobre las buenas cosas del #veranoenelnorte.


En el norte el espacio no es problema, tienes todo el que quieras

Es algo que no puedo entender, cuando vas a Levante y cualquier playa parece la Gran Vía en medio de una manifestación y con cinco o seis musicales estrenándose ese día. Poner la toalla se convierte en un deporte de alto riesgo, no te vayas a pasar 2 centímetros del mínimo perímetro, pero cualquiera puede venir e invadirte. De los niños, las patadas de arena y demás ya ni hablamos. Y por supuesto, vete madrugando para colonizar tu preciado trocito de arena, que si pretendes llegar a la playa a las once, anda que vas apañao.
En el norte no tenemos esos problemas, normalmente hay playa de sobra, puedes llegar a la hora que quieras y no tienes que dejar el coche a cinco kilómetros. No te abrasa el sol (otra gran ventaja) y puedes recorrer la playa, chapotear, hacer castillos de arena… sin agobios.
Es cierto que no siempre hace bueno, que a veces llueve, que otras sale el sol pero hace hasta frío. Pero los niños que pasan sus veranos en el norte aprenden a convivir con ello, a pasear con la playa con sudadera, a ir a la playa aunque esté nublado, a que el agua está fresquita y no es un caldo recalentado… Que digo yo que cada cosa tiene su encanto, pero el norte también.




En el norte, cuando hace malo, hacemos otras cosas

Creo que éste es verdaderamente el gran enigma, que muchos no entienden. Es cierto que so pasas dos semanas de vacaciones en el Cantábrico, seguro que algún día te hace malo, seguro que algún día llueve o diluvia y seguro que hay varios días con el cielo nublado. Como os contaba antes, aunque esté nublado, uno puede seguir haciendo de todo, sí, incluso yendo a la playa. Pero cuando hace malo de verdad, también hay otras opciones, de hecho siempre y en todo lugar las hay. No ir a la playa no se convierte en un drama, y no sé si será porque crecí en el norte, pero a mí a los cinco días de playa empiezo a aburrirme soberanamente.
En el norte, cuando hace malo, aprovechamos para pasear con sudadera o jersey (y no se acaba el mundo), para visitar lugares, para ir al cine, para salir a comer fuera (aunque eso yo lo suelo hacer cuando hace bueno y cuando hace malo), para pintar… Hay mil opciones de ocio para niños, y no todos ellos pasan por la playa. De hecho, simplemente columpiarse delante del Cantábrico es ya un recuerdo precioso que yo suelo evocar en invierno.




En el norte se come mejor y sin agobios

Empiezo por decir que me encantan las buenas paellas en los chiringuitos en Levante, pero no me gustan las colas, el  torrarte al sol y que no te entre nada que esté a más de quince grados. Levante está genial para el otoño y la primavera, pero en los meses de verano, el norte gastronómicamente hablando está muchísimo mejor.
En primer lugar porque como se come en el norte, discúlpenme, pero no se come en Levante. Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco… elige lo que más te guste; carne, pescado, marisco… Y el mal tiempo ayuda a que los platos calientes en agosto sienten fenomenal (a ver quién es el valiente que se toma algo caliente con cuarenta a la sombra), la variedad es amplísima y a un precio estupendo. Eso sí, la báscula te echa la bronca cuando vuelves a casa, pero para eso están las vacaciones, ¿o no? Y que me quiten lo bailao.
En el norte no hay colas, puedes ir al chiringuito de la playa o a los miles de bares, restaurantes, terrazas, chigres… y elegir. Comida de la tierra y del mar, riquísima. Yo no la cambio, gracias.



En el norte, es un placer dormir con manta

Y quien dice dormir con manta dice muchas otras cosas, porque el calorazo pegajoso de Levante a mí me agobia. En el norte el aire acondicionado la mayoría de las veces ni existe porque no es necesario. Puede hacer bueno o malo durante el día, pero por la noche uno se arrebuja entre las mantas y duerme a pierna suelta.
Sales a cenar fuera, muchas veces con chaqueta, sudadera o abrigo de verano (algo que suele hacer mucha gracia a los no norteños), te tomas algo en una terraza aunque haga fresquete y llegas a tu casa y duermes del tirón.




El norte es muy bonito

Y aquí, espero que estemos todos de acuerdo. Toda la cornisa cantábrica es muy bonita, una alegría ver verde (del de verdad, verde intenso) en pleno verano. Tiene un montón de pueblos y ciudades llenos de encanto, que te permite hacer turismo, algo que en Levante se echa de menos, ya que aunque hay pueblos con encanto, casi todos han sido engullidos por grandes macrourbanizaciones de playeros de verano.  



Y con esto, no quiero menospreciar a los veranos en Levante, que también tienen su encanto. A mí también me gusta el sol y la playa, y es cierto que cuando vas al norte te la juegas más, porque sabes que habrá días sin son y con lluvia. Pero uno ya va preparado para ello y, como os decía, hay muchos otros planes que poder hacer y disfrutar. Y los niños se lo pasan bomba, sin necesidad de tanta playa, que al final también incluso aburre.

Por ello, en todos los lugares hay cosas buenas y cada uno es libre de elegir lo que más le guste. Personalmente, me gusta huir del calorazo del verano de Madrid y escaparme a mi norte querido, aunque no le hago ascos a unos días de sol y playa en Levante, en el sur o en las islas, sin embargo los prefiero fuera de temporada. Me encanta estar a mi aire, no sufrir agobios de gente, tener problemas para poner la toalla en la playa, dar mil vueltas buscando aparcamiento, torrarme al sol a cuarenta grados a la sombra… Mi elección es el norte, pero si la tuya es otra, disfruta de ella sin arengas dictatoriales para quien te escucha.


¿Y tú eres de #veranoelenorte o prefieres otras opciones?

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MI HIJA CRECE TAN RÁPIDO: QUERRÍA PODER PARAR LAS AGUJAS DEL RELOJ

Esta reflexión lleva rondándome varias semanas. Que el tiempo pasa y no se puede parar es algo que todos sabemos. Especialmente se nota en la vida de un niño pequeño. Parece que un año en un adulto no es nada, es simplemente otro año más. Los días vuelan, las semanas y los meses van pasando y de pronto te encuentras otra vez en las uvas, volviendo a escribir tus propósitos de nuevo año (yo últimamente ni los escribo). Pero en el caso de un niño, un curso es un mundo, lo que crece, lo que aprende, lo que experimenta… Sacas la ropa del año pasado y no le vale casi nada, los juguetes se le quedan pequeños (son de bebés, mamá), las rayas en la pared cada vez están más altas (sí, yo sigo poniendo rayas en la pared con lápiz, como hacía mi madre en los ochenta).


Es una alegría ver crecer a nuestros hijos. Ahora que Henar está a punto de acabar su primer año de cole, echo la vista atrás y veo todo lo que ha sido este curso. Esa niña pizpireta que ha crecido unos 10 centímetros, ha pasado de ser casi un bebé a una niña súper-espabilada (un año pesa mucho en estas etapas), que sabe hablar y vocalizar mucho mejor que cuando empezó, conoce todas las letras a la perfección, ha aprendido inglés, se ha divertido un montón en sus clases de chiquirritmo y hace unas coreografías estupendas (tiene el ritmo en la sangre esta chica). Noto su crecimiento en mil cosas: hace meses andar un kilómetro hacía que se cansase y tuvieses que cogerla, ahora corre que se las pela… A nivel de vocabulario y pronunciación el salto ha sido un mundo (aunque la R /gr/ según ella- se le siga atragantando); lo mismo con los espectáculos, hemos conseguido hace unos meses aguantar de un tirón películas en el cine y obras de teatro a decir, ¿ya se ha acabado? Se me ha hecho muy corto.

Y ahora, nos queda por delante el verano. Un verano largo en el que seguro que notamos también el paso del tiempo respecto al año pasado. Es difícil que los calendarios coincidan, pero entre campamentos (éste será su primer año), estancias en el pueblo, vacaciones aquí y allá y días haciendo encaje de bolillos, lo superaremos. Y no sólo eso, sino que estoy segura de que lo vamos a pasar alucinantemente bien. Tenemos muchas ganas de playa, de cenas en terrazas, de pintar con tizas en la calle, del norte aunque haga malo,  pasear junto al mar, mucho parque, muchos paseos, muchos juegos, muchos dibujos, mucha vida y más aún en verano.


Me da pena que los días de mi hija se me escabullan entre los dedos, no poder parar el tiempo y disfrutarla al 100%. Por eso intento pasar tiempo con ella, verla crecer y sonreír, llorar y amar, aprender y vivir… Eso no quiere decir que a veces me cueste la vida llegar a todo y que, por ende, no llego a casi nada. Disto mucho de ser perfecta y a veces no le hago tanto caso como debería, la enchufo un rato (demasiado largo) a la tele o disfruto de mis días de Rodríguez en Madrid aunque sea trabajando y a 40 grados. Pero tuve una hija para verla crecer, para acompañarla en esta aventura que es vivir. Lo hago cada día y estoy segura de que este verano será intenso y que lo vamos a vivir con mayor intensidad aún.





ACEPTA LO QUE PASA Y VIVIRÁS MUCHO MEJOR

No sé si le habrá pasado a todo el mundo, pero una de las grandes revelaciones que he tenido en la vida es ésta que hoy quiero compartir con vosotros. Llega un momento en que de pronto todo lo que parecía complejo se soluciona en un instante y te das cuenta de que la mayoría de las personas o las situaciones que se cruzan en nuestra vida no son como queremos, y no pasa nada. Especialmente revelador es el hecho de reconocer primero y después aceptar que la gente no tiene por qué pensar como tú, no tiene por qué entenderte, no tiene por qué estar de acuerdo contigo o querer lo que tú quieres. Y eso, en contra de lo que pudiera parecer, no es ni bueno ni malo, no te hace daño, simplemente es.

Probablemente no puedas hacer nada para cambiarlo, es más, yo diría que aunque pudieses creo que sencillamente no debes. La diversidad es lo que hace que el mundo sea como es, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Somos seres sociales hasta puntos insospechados, pero lo más grande que tenemos vive en nuestro interior y a menudo nos obcecamos en mirar fuera, mirar incluso el reflejo en las miradas de los otros, esperando su aprobación o su comprensión. Pero lo más importante está en nuestro interior y no debemos olvidarlo. Es genial cuando encuentras esa conexión emocional con un amigo, cuando sientes el cariño de un abrazo, cuando alguien comparte tu punto de vista y te apoya en tu discurso. Pero debemos aprender a vivir también con la otra parte, cuando nuestra pareja piensa de manera opuesta a algo que para ti es muy importante, o cuando ese amigo al que tanto necesitas tiene otros planes y no está, o cuando tienes un jefe que no es que no te comprenda, es que en el fondo no le importa nada lo que pienses o sientas. No pasa nada, todo eso está ahí y debes aceptarlo y seguir viviendo.

Tú no debes hacer lo que haces para obtener el beneplácito del de enfrente. Es posible que te excedieses al enviar ese whatsapp, o que metieses la pata cuando dijiste aquello, o que las cosas no saliesen como pensabas. No pasa nada, el mundo no se acaba y aunque muchas veces le damos un peso inmenso a las cosas, la vida está llena de frustraciones, equivocaciones, tropiezos, malos entendidos, historias varias… y no pasa nada. También están las cosas buenas para compensar.




Está claro que cuando escribo un post en el fondo lo hago para que alguien me lea. Si no, no lo mostraría en público, no lo subiría a un blog. Ahí sale mi animal social, ése que por más que me obstine vive en mí y en todos vosotros. Ahora bien, puede ser que nadie lo lea, o que leyéndolo nadie diga nada, no haya comentarios, ni emails… O que quizá lo que creo que pudiera encajarle, o incluso gustarle, a ese potencial lector, no lo haga en absoluto. No esté de acuerdo con mi planteamiento, me escriba o me diga algo que no me guste, es más, que me moleste, o que me duela. Ahí entra el yo interior, la joya que habita en nuestro interior.

No siempre somos capaces de que las cosas no nos afecten y no nos molesten, pero cuando tenemos un sentimiento amplio de aceptación (ojo, aceptar algo no significa estar de acuerdo, sino simplemente aceptar que es así, sin valoraciones), las cosas resbalan mucho más. Y no sólo eso, sino que las cosas malas cuentan menos y las buenas pesan mucho más. 

MADRID CON NIÑOS 23: PLANES BARATITOS PARA LAS TARDES DE VERANO

Llega el mes de junio y muchos padres y madres empezamos a hiperventilar. Hacer el encaje de bolillos para que los niños estén entretenidos hasta que vuelvan al cole (dentro de casi tres meses) se convierte en una tarea a veces titánica. Entre los cruces de calendarios, las vacaciones intermitentes, por supuesto los campamentos, las actividades de todo tipo…. Y las larguísimas tardes, no nos olvidemos de ellas.

El cole, al menos en la Comunidad de Madrid, termina el próximo martes 21 de junio. En julio tenemos campamento la primera quincena, en la segunda vacaciones intermitentes (las mías) y eternas (las de mi hija). Tendrá tiempo para ir al norte (a la playa si el tiempo es benévolo), al pueblo, a sobrevivir al fin y al cabo. Y de agosto ya ni hablamos, ese mes infinito…

El caso es que a partir del 21 y hasta el 1 de julio (que comienza el campamento) su padre y yo (más bien yo) hemos trazado un plan de entretenimiento, que incluye acostarse más tarde, levantarse por ende también más tarde, entretenerse por las mañanas con parque al lado de casa, ir a comprar el pan, sacar a Athos al parque, pintar, hacer manualidades y algo de tele (hay que utilizarla como comodín, especialmente cuando yo no estoy), comer…. Y esperar a que venga mamá de trabajar sobre las 3, que empieza la fiesta. Menuda fiesta, aquí estoy, como loca buscando planes para entretener a la princesa de la casa esas tardes, sobrevivir al calor de Madrid y no dejarse una fortuna en el intento. Así que, por si algún progenitor necesita inspiración, le dejo unas cuantas ideas para entretener las tardes entre semana en Madrid sin dejarse un gran presupuesto en el intento.

El Teleférico

En mi casa, el tren que vuela (como lo llamaba mi hija cuando era más pequeña) es un clásico. Solemos ir varias veces al año, y especialmente cuando hace buen tiempo. El teleférico une el centro de Madrid (en concreto el Paseo de Pintor Rosales) con la Casa de Campo. Si te subes a una de sus cabinas blancas y azules harás un viaje en el tiempo por el precioso cielo azul de Madrid. Podéis encontrar toda la información práctica en su web, pero os resumo y os doy mis truquillos:

El viaje tiene un coste de ida y vuelta de 5,90 euros por persona (a partir de 3 años todos pagamos igual). Lo bueno es que se incluye dentro del Pase Anual que desde ya os recomiendo que os compréis, es un comodín fantástico para tirar de planes en el parque de atracciones, zoo y otros y entretener estas tardes del año. El billete se puede sacar online (recomendable los fines de semana para evitarte las colas) o en taquilla. A veces en taquilla podéis sacarlo más barato con los descuentos que suelen tener en los Family Check.

Se puede coger desde Pintor Rosales o desde la Casa de Campo. Si vas en transporte público, mejor cogerlo desde Pintor Rosales; si vas en coche, mejor desde la Casa de Campo, que puedes aparcar sin pagar la hora y entre semana no suele haber problema. Además, las colas suelen ser mayores en el centro que en la Casa de Campo.


Puedes montarte en la cabina y hacer el viaje completo (ida y vuelta) sin moverte de tu asiento, simplemente enseñando por la ventana el Pase Anual o el ticket. Nosotros solemos ir hasta la Casa de Campo y hacer el viaje completo sin bajarnos. Si sales desde Pintor Rosales, mejor bajarte en la Casa de Campo, tomarte un café en la terraza con vistas y de paso dejar a los peques en el parque de bolas (al precio de 3 euros media hora, a mi hija le encanta y para mí es un placer ese café con vistas).

Con el Pase Anual, a mí este plan me sale súper baratito, ya que sólo pago los 3 euros del parque de bolas, mi café con vistas y la gasolina del coche. Si no, sale un poco más caro (casi 6 euros por cada viaje en Teleférico). La merienda nos la llevamos de casa aunque en verano he de decir que muchas veces cae un helado.


El Parque de Atracciones

Un clásico sin el que no podríamos sobrevivir, os lo aseguro. Vuelve a pasar lo mismo, la entrada la incluye el Pase Anual, al que le sacamos muuuuuucho partido. Hay muchas familias en Madrid con Pase Anual que pasan muchas tardes calurosas de verano en el Parque de Atracciones. Ni qué decir que cuando me refiero a Parque de Atracciones me refiero a la zona de niños, Nicklodeon Land, porque aparte de un par de atracciones en la zona de adultos, no solemos salir de allí.

Podéis encontrar toda la información práctica en su web. Pero también os cuento mis pequeños trucos, por si os pudiesen servir.

Lo primero, ahorro en la entrada. Sacándolas online con antelación os salen mucho más baratas, especialmente los miércoles, aunque los casi 20 euros por entrada no os los quita nadie, de ahí lo de que mejor sacar el Pase Anual.


En cuanto al aparcamiento, nosotras siempre aparcamos en la zona más cercana a Venta de Batán, porque se accede directamente a la zona de niños desde allí. El aparcamiento es gratis, pero probablemente os encontréis gorrillas (aunque entre semana no tanto), por lo que tened a mano 50 centimillos o un euro.

En cuanto a la merienda, lo mismo, nos la llevamos de casa. He de decir que como en el Parque de Atracciones echamos muchas horas yo suelo pasar por un Rodilla y llevarme unos cuantos sándwiches, fáciles de llevar, de comer, y mucho mejores que la comida del parque. Obviamente, el café para los papis y el helado para la niña no suelen faltar, así que hay que incluirlos en el presupuesto.

Como veréis, con el Pase Anual ir una tarde a la semana (por lo menos) al Parque de Atracciones durante las semanas de verano que estás en Madrid se hace imprescindible y sale muy bien de precio. Los eurillos del café y el helado, a lo que sumar la gasolina del coche y el pack de 12 sandwiches del Rodilla (unos 14 euros, con suerte sobra alguno y te los llevas a casa y te sirven para la merienda del día siguiente).


Vamos al cine

Esto es todo un clásico, los miércoles puedes ir al cine por unos 4 euros en prácticamente todos los cines de Madrid. No es que la cartelera de cine infantil sea para tirar cohetes (sobre todo por el hecho de que no suele dar para ir todos los miércoles, ya que ponen un par de nuevas películas a lo sumo), pero siempre hay algún estreno estival que nos viene muy bien. Este año estrenan Buscando a Dory (la secuela de Nemo) y alguna otra cosilla más.

Otra opción es ir a los Yelmo antes de las 17 horas cualquier día, ya que las películas infantiles cuestan 4,90 euros.

Y por supuesto, no nos podemos olvidar del Cine de Verano en parques de Madrid (el de la Bombilla es uno de mis favoritos), aunque el problema es que suelen poner las películas mucho más tarde (cuando el solazo lo permite y se va a dormir), lo que entra en colisión frontal con mis horarios.

Si quieres ahorrar, ya sabes, las palomitas de casa, aunque algo extra caerá seguro. Contabiliza las entradas, los extras, la gasolina… y poco más.


Ikea y su universo infantil


Es otro de nuestros clásicos. Es cierto que Ikea parece que ha reducido mucho (demasiado diría yo) su presupuesto para talleres de niños, pero la merienda en el Ikea, más la hora gratuita en el parque de bolas, la zona de niños y una excursión por la tienda te permite pasar una tarde con aire acondicionado por poquito presupuesto. Y a mi hija al menos le encanta.

La merienda no la llevamos de casa, que Ikea tiene unos precios muy buenos y muchas opciones. Normalmente vamos al de San Sebastián de los Reyes, ya que tiene una buena zona infantil, pero eso va a gustos. Súmale el coste de la gasolina y algún cacharro que es posible que termines llevándote a casa.


Al agua patos: la piscina municipal


Quien tenga piscina en su casa o urbanización puede ir directamente a ella. Para quien no, las piscinas municipales (aunque algunas más que otras) hacen muy buen apaño. La entrada de adulto es de 4,50 euros y la de infantil de 2,70 euros, así que puede ser una opción estupenda. Podéis encontrar toda la información en la web. Existen bonos de 10, pero el ahorro es muy pequeño, así que salvo que estéis seguros de ir 10 veces, probablemente no os merezca la pena.


Las piscinas municipales suelen estar bastante llenas, aunque bien merece la pena por el chapuzón, especialmente cuando hace mucho calor.

MADRID CON NIÑOS 22: VISITAS TEATRALIZADAS EN EL CASTILLO DE MANZANARES EL REAL

Hace unos meses una amiga me comentó de pasada que habían visitado hacía un tiempo el Castillo de Manzanares el Real, que tenían una visita teatralizada y que los niños se lo pasaban muy bien. Me quedé con la copla (ahí, en mi interminable lista mental de futuribles) y hace unos días me acordé de ello. Pensé que era un plan estupendo para un finde de junio, aprovechando que aún no ha empezado el gran calor. Así que me puse manos a la obra y diseñé la excursión familiar. Aquí os lo cuento, por si a alguien le viene bien la información.


Un poquito de historia

El Castillo de Manzanares el Real es conocido también como el Castillo de los Mendoza, una fortaleza del siglo XV. Estas tierras fueron propiedad de los Mendoza, una de las familias aristocráticas más importantes de la historia de Castilla, desde la donación que a los mismos les hizo Juan I de Castilla en el siglo XIV. Diego Hurtado de Mendoza, almirante mayor de Castilla (y al que si habéis visto la serie de televisión Isabel sin duda recordaréis), fue quien levantó el actual castillo, rematado en estilo gótico isabelino ya en época de su hijo Íñigo López de Mendoza. Los Mendoza fueron durante varios reinados (el de Juan II y el de sus hijos Enrique IV e Isabel I) una de las familias más influyentes política y económicamente en Castilla.

Sin embargo, los Mendoza habitaron esta residencia apenas durante un siglo. A partir del siglo XVIII llegó el declive de esta construcción, que fue prácticamente abandonada, siendo reconstruido en el siglo XX. Actualmente, alberga el museo de los castillos españoles y una rica colección de tapices que veremos durante la visita teatralizada.  

La construcción es preciosa, su silueta imponente, coronado por cuatro torres (tres circulares y la torre del homenaje, de planta octogonal) se erige en las orillas del pantano de Manzanares el Real. Rematado en estilo gótico isabelino, tiene dos patios interiores y una preciosa terraza sobre el azul de las aguas del pantano. Dice la wikipedia, que todo lo sabe, que la galería gótica del primer piso está considerada como la más bella de la arquitectura militar española. No sé si es así o no, pero es un lugar increíble con unas vistas preciosas.


Datos prácticos

Lo primero es contaros que, efectivamente, los fines de semana existen visitas teatralizadas en el Castillo de Manzanares el Real. Y además, que dichas visitas necesitan reserva previa. La información la podéis encontrar en la web de la comunidad de Madrid.


El horario de las visitas es el siguiente:

Del 1 de octubre al 30 de junio, las visitas teatralizadas se desarrollan los sábados y domingos a las 11 y a las 12 de la mañana respectivamente.
Entre el 1 de julio y el 30 de septiembre tienen el mismo horario (sábados y domingos a las 11 y las 12), pero existe también una visita teatralizada nocturna: los viernes a las 21 y a las 22 horas.

La reserva previa hay que hacerla por teléfono. Nada de email, aunque lo ponga la web de la Comunidad de Madrid, y es más, la reserva telefónica únicamente en horario de 10 a 14 horas de martes a viernes al teléfono 918530008. Os lo digo de buena tinta, que escribí un email que ignoraron y cuando llamé por teléfono un jueves a las 14.15 horas me cogieron el teléfono pero me dijeron, literalmente, que llamase al día siguiente porque la chica que recogía las reservas estaba sólo hasta las 14 horas.

Se supone que el pase de las 12 horas es el de los niños, porque se supone también que los actores adaptan el vocabulario a los niños. Digo todo lo de las suposiciones porque cuando reservé sólo había hueco para el grupo de las 11 y en aquel grupo había ocho niños, así que no entiendo mucho las diferencias con el de las 12, pero lo dejo aquí para que lo sepáis. También me dijeron por teléfono que para el horario de los niños (a las 12) había que reservar con aproximadamente un mes de antelación.

En cuanto al precio de la entrada, nosotros pagamos 8 euros por adulto (la visita teatralizada) y 4 euros por niño.


La duración de la visita teatralizada es de una media hora larga, en ella Don Pedro de Zúñiga y Salcedo y Doña Isabel Asensio nos mostrarán los entresijos de este castillo de los Mendoza, en un tono de humor e ironía que lo hace ameno. Comenzando en el patio de armas, visitaremos las salas principales de la fortaleza, así como la sala de las damas y los aposentos del marqués. Por último, subiremos a la galería superior, donde se pueden visitar las cuatro almenas del castillo y disfrutar de unas preciosas vistas desde la galería-mirador sobre el pantano de Manzanares el real.

Después, puedes volver a visitar todo el castillo a tu aire si lo deseas. Además, antes de llegar al patio de armas, de donde sale la visita, existe una zona de centro de interpretación, que explica muchas cosas interesantes sobre la historia del castillo, así como un vídeo (que nosotros, al ir con niña, no vimos). Puede venir muy bien disfrutar de estas dos cosas, porque aunque la visita teatralizada incluya una explicación sobre el edificio y parte de su historia, es una explicación breve en la que faltan muchos detalles, enfocada más a un carácter lúdico.

Recomendación para llegar hasta Manzanares. Desde Madrid, lo más fácil es coger la carretera de Colmenar y una vez pasado este pueblo, en la desviación coger dirección Soto del Real (por Cerceda también es posible ir pero se da más vuelta). Al lado del Castillo hay un parking gratuito y al menos cuando fuimos nosotros no fue difícil aparcar.


Visita con niños

Lo dicho, la visita teatralizada es una opción estupenda para conocer este castillo y especialmente si lo hacemos con niños. Su duración, poco más de media hora, se adapta muy bien a lo que un niño o niña de poca edad puede aguantar e incluso disfrutar. Henar, a sus cuatro años, se lo pasó muy bien y aguantó bien la visita, emocionada por visitar un castillo con príncipe y princesa (aunque Don Pedro de Zúñiga y Doña Isabel de Asensio no fuesen príncipes, bien lo parecen para los niños).


Al final de la visita, también lo pasamos muy bien en la parte superior del edificio, visitando las torres y contemplando las vistas desde la galería. La zona está muy bien acondicionada y los niños pueden recorrerla a su gusto. Eso sí, desde una de las almenas divisó algo mucho más terrenal, un parque para niños, y entonces perdimos la batalla porque toda su obsesión fue ir corriendo a subirse a los toboganes y ya el castillo y todo lo demás le sobraban. Obviamente, nuestra jornada en Manzanares el Real tuvo la parte cultural del castillo y la inevitable parte de parque de niños, pero estuvo muy bien en conjunto.


Volviendo al castillo, quizá lo peor fue bajar la escalera de caracol con Henar.

En resumen, que nos ha gustado mucho la experiencia de conocer este castillo y hacerlo además a través de una visita teatralizada. Es un buen plan tanto para adultos como para niños. Y además, una vez en la sierra, existen muchas otras opciones para aprovechar el viaje, ir a comer a algún buen restaurante o incluso hacer un picnic.



MARIO, A TI SIEMPRE TE HAN PERDIDO LAS PALABRAS

En la biblioteca de casa de mis padres había más de 2.000 volúmenes, pero algunos de ellos los recuerdo de un modo especial. Uno de ellos era precisamente Cinco horas con Mario, del grandísimo Miguel Delibes, un libro que recuerdo con una edición de tapas duras en piel de color marrón, que pasó por las manos de varias generaciones. La primera vez que lo leí tenía 14 o 15 años y obviamente no entendí nada. Después lo leí de nuevo en la universidad y me maravilló, hoy pretendo releerlo en este 2016 y encontrar en él nuevos matices.

Ayer, volví a ver Cinco horas con Mario sobre las tablas de un teatro. No era la primera vez que lo hacía, hace unos cinco años disfruté muchísimo de la interpretación que Natalia Millán hacía de Carmen Sotillo sobre las tablas del Teatro Reina Victoria (que me encantó y que, si tenéis curiosidad, podéis leer lo que me inspiró en aquella ocasión en este post). Pero entonces me quedaba la espinita de no haber podido ver a la gran Lola Herrera en este mítico papel. De esa interpretación hablaban las crónicas de medio Madrid; mi tío Ignacio, al que tanto quise, hablaba de aquello como de algo mágico. Yo ya pensaba que Lola Herrera nunca volvería a ponerse en la piel de Carmen Sotillo, pero este año, coincidiendo con el 50 aniversario de la obra, nos ha regalado la oportunidad de volver a verla, y mi amiga Azahara (que sé que me suele leer) en seguida se acordó de mí y me avisó, así que sacamos las entradas semanas atrás y ayer disfrutamos de una estupenda tarde teatral y una experiencia inolvidable. 

Te sientas en el patio de butacas y ves aparecer a esta grandísima actriz que es Lola Herrera en un escenario con una escenografía minimalista, apenas unas sillas, un aparador y un ataúd, en la noche de velatorio de Mario Díez Collado, catedrático de instituto, irreverente izquierdista, en definitiva librepensador, que ha fallecido la mañana anterior de un ataque al corazón. Su viuda, Carmen Sotillo, se sienta al lado del féretro y comienza a hablar durante cinco horas que vuelan (en el teatro mucho más aún) en el que le echa en cara media vida.

El texto de Delibes es definitivamente increíble, capaz de burlar a la censura de la época (que está claro que no sabían lo que era una ironía), pone en boca de Carmen los valores del régimen mientras perfila con fina ironía aquel pensamiento diferente de la España soterrada, la de los vencidos, la que el régimen quiso acallar durante cuatro décadas.


Un retrato maravilloso y tremendamente inteligente de las dos Españas. Por un lado, la familia de Carmen, de inquebrantables principios, una niña bien, educada para ser mujer de su casa, para no dar que hablar, para mirar para otro lado y si se tercia aprovecharse del sistema, señoras bien conscientes de su clase y absolutamente carentes de conciencia. Por el otro, Mario, que venía de una familia muy diferente. Mario, con su integridad que le costó algún disgusto (y más a los ojos de su mujer), librepensador, conocedor del poder de las palabras, amante de los libros y alejado de los convencionalismos que tanto quería su mujer (ser amigo de un bedel, no comprarse un seiscientos, discutir con los guardias o empecinarse en ir al instituto en bicicleta, como los obreros, a pesar de ser catedrático). Un hombre consciente de la difícil época que vivía y, al contrario que su mujer, poseedor de una gran conciencia.

Pero a lo largo de esas cinco horas, además de reproches, Carmen terminará confesando cosas inconfesables para una mujer de su sobriedad y buen estar, que nunca ha dado que hablar. No debemos dejar de reparar en que el papel de Carmen Sotillo es un papel realmente difícil para una actriz, una mujer doble, que no pensaba por sí misma porque pensar era malo, al igual que las palabras, que al fin y al cabo no hacen otra cosa que transmitir ideas, el gran enemigo del régimen. Un papel lleno de matices que Lola Herrera lleva toda la vida interpretando de una manera mágica, que capta al espectador durante hora y media, ella sola sobre el escenario. Una obra y una interpretación maravillosas que dejan al espectador fascinado.

Palabras, Mario, a ti siempre te han perdido las palabras… 

Esas palabras que expresan ideas, esas ideas tan malas que nos hacen creernos lo que no somos. Esas ideas, Mario, esas palabras…

Y sin embargo las ideas y el pensamiento, la conciencia, son nuestra única patria como seres humanos.




Gracias a Lola Herrera por esa inmenso acto de generosidad que le ha llevado a hacernos este grandísimo regalo, a volver a meterse en la piel de Carmen Sotillo a sus más de ochenta años. 

366 HAPPY DAYS DE MAYO


Después de un abril difícil, mayo ha sido un mes intensamente bueno (a pesar de la alergia, pero yo sigo empastillada y lo voy llevando mejor o peor). El costillo salió del hospital y se ha ido recuperando progresivamente y muy bien. Hemos hecho muchísimas cosas este mes, incluso hemos tenido un viajecillo al norte, lo que, a falta de vacaciones, es un buen sustituto. Y ya, sólo queda esperar al buen tiempo y al veranito, que cada vez se aproxima más.


Día 124: El exilio carbayón sienta muy bien 

Henar comenzó el mes con un viaje de exilio programado a Oviedo, pero se lo pasó fenomenal en casa de los abus, hizo un montón de cosas y por supuesto pasó a saludar a su amiga Mafalda, que siempre la espera sonriente en su banco del Campo San Francisco.



Día 125: te echo mucho de menos 

Ni qué decir que me vino (o mejor dicho, nos vino) fenomenal esos días que estuvo fuera, para organizarnos y para estar todos más tranquilos, que realmente lo necesitábamos. Pero la verdad es que la eché taaaanto de menos. Aquí el dibujo que me hizo para el día de la madre, ¡puro amor!



Día 127: Primavera

Aunque le tengo una alergia horrible a la primavera, es taaaaan bonita…..




Día 136: El azul del Cantábrico

Y en el puente de San Isidro, nos fuimos al norte, que excepto la princesa, los demás no lo pisábamos desde Nochevieja y ya iba siendo hora. Pasamos tres días estupendos, el tiempo nos respetó e incluso pudimos acercarnos a la playa, no a bañarnos pero sí a pasear y pasarlo bien. Anticipo veraniego, en pocas semanas (yo ya voy tachando los días en el calendario) espero poder disfrutar de un merecido descanso de #veranoenelnorte.



Día 138: Athos, el perro más fiel 

No puedo olvidarme de nuestro fiel mosquetero, que es puro amor y apoya al núcleo familiar con su amor incondicional, acompañando en los mejores y los peores momentos.



Día 141: Deliciosidades peruanas

Y cuando el costillo se encontró con fuerzas, me lo llevé a disfrutar de la cocina de Gastón Acurio, y es que la comida peruana tiene algo muy especial, pero cuando está por medio este chef, ya es deliciosa y sorprendente a partes iguales.




Ni qué decir que la princesa ha descubierto una nueva pasión primaveral: la bici. Aquí la veis, totalmente equipada con su primera bicicleta entrenando para rodar y correr la Vuelta un año de éstos… Nos queda un verano muy bicicletero por delante.


Día 142: con bici y a lo loco 




Y debe de ser que las ruedas le gustan, porque no hay más que verla con su amigo Hugo, los dos de polizones en mi moto. Miedo me dan estos dos cuando crezcan….


Día 145: Dos polizones motorizados con mucho peligro




Nada mejor que cerrar el mes con un fin de semana segoviano. Pensábamos haber ido a Segovia a pasar el puente del 1 de mayo, pero como no fue posible, bueno es cerrar el mes con un paseo por los adoquines segovianos, en una ciudad llena de encanto.


Día 149: Segovia



Además, en mayo creo que he avanzado bastante con el Mindfulness (un mes de éstos os cuento algo más sobre el proyecto) y en general tengo la sensación de que ha sido un buen mes, que vino a cicatrizar los estragos de abril.

¡Adiós mayo! 
¡Bienvenido junio!