VACACIONES PERFECTAS? ENCUENTRA LAS TUYAS Y SOBRE TODO DISFRÚTALAS


Este año he descubierto un nuevo calendario de vacaciones, consistente en adelantar una parte de las mismas, no cogerlas todas seguidas, y pasar un verano mucho más llevadero. Me he encontrado con frases del tipo: así no vas a poder desconectar, o ¡qué vacaciones más raras coges! Aunque hayan salido con buena intención de la boca de sus interlocutores, me apetece escribir una pequeña reflexión sobre las ¿vacaciones perfectas?  y… ¿para quién?

Para mí las vacaciones perfectas son las que más se adaptan a lo que yo necesito en ese momento. Esa “perfección” es la mía y es más, es cambiante. No se aplica a otros, porque la perfección para otros, en todo caso, será otra. También podríamos hablar de que la perfección no existe (creo yo), pero eso ya es harina de otro costal.

Hace diez años o más, para mí las vacaciones perfectas consistían en un gran viaje, con muchas cosas que hacer, visitando una gran ciudad, o muchos lugares, sin parar, una agenda apretada de eventos y lugares. Recuerdo que un amigo mío, un par de años mayor que yo, me dijo cuando él ya había empezado a trabajar y yo aún estaba en los últimos años de carrera, que él lo que quería era irse a la playa, con sol, vuelta y vuelta y no pensar en nada. A mis veintipocos aquello me parecía una aberración… sobre todo un aburrimiento supremo. Bien, como a todo gochín le llega su San Martín, he de reconocer que aunque mi playa suele ser del Cantábrico y no tiene por qué tener sol, lo de echarme en la toalla , sentarme a mirar el mar o simplemente dejar pasar el tiempo frente al azul del Cantábrico se acerca hoy en día mucho a mi concepto de vacaciones perfectas. Ya si hace solazo ni os cuento. Hace cosa de un mes ya os confesé lo que me gusta del verano en el norte.

Pues bien, como decía antes, este verano he cogido vacaciones “raras”, que consisten en 12 días en julio (que ya he disfrutado en el #veranoenelnorte y encima con solazo), una semana larga a mediados de agosto y una escapada a finales de verano. Para mí, este tipo de vacaciones, actualmente tienen ventajas muy claras:

Me permiten  desconectar: sí, yo soy de las que sale por la puerta de la oficina y todo lo que hay dentro se queda allí, da igual que sea un viernes y vuelva el lunes o que sean tres semanas. Más tiempo no significa más y mejor.

Paso mucho mejor el verano: esto para mí es fundamental. Hace años solía coger vacaciones en agosto y más bien hacia la segunda semana. El mes de julio se me hacía interminable y la primera semana de agosto quería morirme en el calor de Madrid. Además, tradicionalmente julio es un mes con bastante trabajo, lo que no ayudaba. Así, con vacaciones intermitentes al estilo Guadiana, llevo el verano mucho mejor, se pasa volando. Dos semanas fuera, dos semanas dentro, diez días de vacas, diez días de trabajo… Con esa equidad se sobrelleva todo muchísimo mejor, porque además los fines de semana, entre piscinas, pueblo y alguna que otra cosilla, parece que estás como de vacaciones. Y no sólo yo, sino que mi hija, de cuatro años, también lo lleva mucho mejor. En estos años de infancia creo que este modelo es el que mejor nos funciona (el que mejor funcionaría sería obviamente todo el verano de vacaciones, pero como no me encuentre una lámpara mágica y aparezca un mago, apañada voy).

Evito los mogollones: para ser totalmente sinceros, yo suelo intentar evitar los mogollones siempre. Me gusta ir al norte, evito Levante y las playas del sur en temporada alta etc. Pero sí es cierto que en julio suele haber menos follón que en agosto, y como en agosto voy a la Costa da Morte, donde hay poca gente, pues mucho mejor.

Las vacaciones de este año (las de julio) han sido fantásticas. Creo que una imagen (o un mix de ellas) vale más que mil palabras.


Es cierto que estoy un poco cansada de que nos pasemos el día (y me incluyo) subiendo fotos fantásticas a las redes sociales, porque la vida no es tan bonita como queremos hacerla muchas veces. Pero cuando digo que estas vacaciones han sido fantásticas, os prometo que digo la verdad. Es cierto que después de casi dos semanas de vacaciones tenía ganas de volver a casa y sobre todo tenía ganas de tener tiempo a solas (eso de ir en pack familia a todos los lados me agota). Tengo una preciosa hija de cuatro años y hemos pasado ratos maravillosos estos días, pero confieso que también me gusta estar unos días trabajando en Madrid y recuperando un poco de tiempo de soledad y de mí misma. Pero en las vacaciones lo hemos pasado taaaaaaan bien.

En muchos momentos no hacíamos nada: sí, sentarte en la toalla y mirar al mar, dejando que la mirada y los pensamientos se confundan con el azul del horizonte. Ese mindfulness natural es lo mejor del mundo, aunque con niños pequeños dura poco, pero no debemos olvidar que una de las cosas que debemos hacer en vacaciones es descansar y recargar pilas. 

El ritmo bajó: no todos los días había playa, pero sí casi todas las tardes hubo siestas. Paseamos, desayunamos en terrazas, hicimos castillos de arena, pintamos muchísimo (en eso parece que Henar no está por la labor de relajarse), salimos a comer y cenar fuera cosas riquísimas sin tener que cocinar ni recoger ni fregar y un largo etcétera de esas pequeñas cosas que tienen las vacaciones de verdad.

Y además hizo solazo: soy una gran fan del #veranoenelnorte pero no quiero engañar a nadie, cuando hace frío, llueve o está nublado un día y otro, y el siguiente…. me quiero cargar a alguien. Pero cuando hace sol un día, y otro, y al siguiente… vuelvo a creer en los milagros. Este año nos ha tocado la lotería, porque hemos estado en el norte 13 días (entre Asturias y Cantabria) y hemos tenido 9 con un solazo increíble, que nos han regalado eternas mañanas de playa.



Pues bien, seguro que algún día recuperaré mi pasión por patear ciudades y descubrir muchas cosas, pero confieso que ahora mismo soy muy feliz mirando el azul del Cantábrico, descansando y cargando pilas, sin más. Eso es lo que yo llamo a día de hoy “vacaciones perfectas”. 

AYUDA, CON DAVID LUQUE Y ERNESTO ARIAS EN EL OFF DE LA LATINA

El domingo pasado tuve la suerte de disfrutar de nuevo de una estupenda tarde teatral para adultos. Una tarde calurosa del mes de julio, pero sin duda mágica por muchas razones. Volví a ver Ayuda, de Los Lunes Teatro, una obra que ya había visto (y por cierto, me había encantado) el año pasado en el Teatro Lara. De hecho, de ella os hablé ya en su momento (si tienes curiosidad, puedes leerlo aquí).
  
Por aquel entonces, el reparto que yo vi fue de dos grandes actores: Óscar de la Fuente y Ernesto Arias. Sin embargo, esta obra ha sido interpretada, si no me equivoco, por cinco actores diferentes en total. Se estrenó inicialmente con David Luque en el papel de Arnold y con Óscar de la Fuente como Lukasz. Un tiempo después, Ernesto Arias tomó el relevo de David Luque poniéndose en la piel de Arnold. Y ahora, estas semanas del mes de julio, tenéis la oportunidad de redescubrir esta obra con Ernesto y David como Arnold y Lukasz respectivamente.
  
Me encantan las historias que te hacen pensar y Ayuda es un buen ejemplo de ello. Un gran texto de María  Goos bajo la dirección de Fefa Noia, que nos presenta una historia entre dos hombres con muy poco en común, que se ven abocados a compartir vida durante varias semanas.

Lukasz es un inmigrante del este, que como muchos ha venido a España buscando camino, intentando conseguir el dinero suficiente para volver a su pueblo y abrir una farmacia. Pero después de casi una década sufriendo desigualdades, teniendo que trabajar como ayuda doméstica cuando en realidad es farmacéutico, limpiando los desperdicios de esos mundos de ricos frívolos, sigue buscando ese golpe de suerte que le lleve de vuelta a su país, a una vida mejor.

Arnold, por su parte, es el banquero poderosos y sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa por el poder y el dinero. Ese tipo de hombres con familias bien, con niñas con lazos que salen bien en las fotos, casas despampanantes que casi no pisa porque trabaja 15 horas al día… Y un buen día su vida salta en pedazos: le echan del banco, su mujer se va con las niñas, sufre un accidente y termina con una hernia sin poder moverse, tirado en un sofá con la única ayuda de Lukasz.

Empecemos por David Luque, en la piel de Lukasz. Chapó por este actor, al que he visto en algún otro montaje, pero que me sorprendió muy positivamente. No era fácil, yo seguía teniendo en mi memoria la interpretación de Óscar de la Fuente, que por muchas razones es uno de mis actores favoritos, y que además en el papel de Lukasz se salía. Pero no hago comparaciones, sólo os digo que David Luque está verdaderamente fantástico como Lukasz, creíble, gracioso… extraordinario. Es capaz de dotar al personaje de mil y un matices, todos ellos me sorprendieron muy positivamente. Creo además que es muy reseñable además el hecho de que él interpretó durante mucho tiempo a Arnold y es sin duda un reto ponerse en los zapatos de Lukasz. Y lo hace brillantemente.

Sigamos con Ernesto Arias, paisano mío y actor al que le tengo un cariño y un respeto especiales. Ernesto está magnífico, como siempre. Sólido y brillante, capaz de interpretar a ese tiburón que es Arnold, verle caer al vacío y además reconocer en él las sombras y las dudas. Porque aunque, para mí, el personaje de Lukasz es muy especial, creo que las dobleces de Arnold son de lo más interesante: ese doble mundo de hombre casi inmortal que se ve en un punto donde ni quiere estar ni nunca pensó que estaría, y la duda, aunque sea momentáneamente, pasa por él. Esa duda de poner en tela de juicio si aquello en lo que creías era real, si creías bien o mal.



Os adelanto que los dos personajes, y los dos actores, dan mucho juego. Ambos tienen recovecos en sus personalidades, la magia del teatro en estado puro. Ninguno es un pobrecito, ninguno es inalcanzable, los dos tienen sus luces y sus sombras y Ernesto y David conocen muy profundamente estos personajes (de hecho los han interpretado muchas veces) y son capaces de regalarnos transformaciones, sorpresas y sueños.

En su día escribí que Ayuda fue una de las obras que más me habían gustado en los últimos tiempos. Lo reitero y por eso no quiero dejar de escribir estas palabras.  Me parece una oportunidad única que podáis disfrutar de esta obra tan especial en un escenario íntimo como es el Off de la Latina (antigua Escalera de Jacob), un verdadero lujo. Tienen aún cuatro representaciones más, de jueves a domingo, esta semana y la próxima. Y podéis reservar las entradas directamente a través de este enlace.



Por si a alguno le queda alguna duda, deciros que este post lo escribo porque me da la gana, o en su traducción: porque realmente me encanta esta obra, he disfrutado mucho con los cambios de elenco y creo que es una oportunidad poder ir a verla. Si estáis en Madrid, no la dejéis pasar. Estoy segura de que estará a la altura de vuestras expectativas y mucho más aún. 

366 HAPPY DAYS: JUNIO


¡7 de julio San Fermín! Y me acabo de dar cuenta de que no he publicado un pequeño post con los mejores momentos de junio, así que ahí vamos.

Junio ha sido un mes de transición: final del cole, comienzo de las vacaciones, campamento científico… en mi caso un mes de preparación del verano, cuadrando calendario y agendas laborales, familiares, vacacionales… Porque este verano se presenta complicado en cuanto a calendarios, pero tengo la esperanza de que va a ser un buen verano, tranquilo y a la vez lleno de buenos momentos.

Me quedo con 5 fotos de junio, que creo que hacen un buen resumen del mes.


La primavera de los campos de Castilla 

La primavera de este año ha sido especialmente odiosa para los alérgicos (entre los que me hallo), pero es cierto que ha sido una de las mejores primaveras de los últimos años. Ahora que los campos castellanos han mutado a su característico color amarillo con las espigas y los toques de color de las efímeras amapolas, empieza el verano de verdad. He estado dos veces en el pueblo de mis abuelos este mes de junio, para una celebración familiar una de ellas. Me ha dado bastante nostalgia de esos tiempos pasados que no volverán.



Malakids, festival para niños marchosos 

Tengo una chica marchosa en casa que se pone sus mejores galas y se echa a la calle a disfrutar de su primer festival Malakids, urbano, fresco y con encanto a partes iguales. Sólo nos pasamos un ratito por allí, pero nos dio tiempo a disfrutar de sus talleres, su buen ambiente, incluso un pequeño concierto para los niños. Le tenía yo ganas a este festival, así que viendo la buena experiencia, seguro que nos animamos a repetir en próximas ediciones.



Athos, el compañero más fiel

También tengo un peludo amoroso que le encanta jugar con su pelota y que te recibe con una fiesta cada vez que llegas a casa. Me gusta esta foto, tan serio, como diciendo “amita, ¿no ves que tengo una pelota?, ¿a qué esperas para jugar conmigo?



Pequeños grandes momentos: meriendas veraniegas

Las meriendas de verano, en una terraza, con buena temperatura y manjares como éstos son sencillamente perfectas. Ésta es de un bar de un pueblo que hay en Segovia, donde pasamos ratos estupendos. Si piensas en la gran felicidad que aportan cosas tan pequeñas como éstas, te das cuenta de las cosas verdaderamente importantes de la vida. Y de lo importante de ser conscientes de ellas y valorarlas.



Sobrevolando el cielo de Madrid 

En las tardes de junio hemos tenido que entretener muchos pequeños ratos con planes (os contaba algunos de mis trucos aquí). Entre ellos, nuestros viajes en Teleférico, un planazo que nunca nos falla y que nos encanta. Nunca me canso de disfrutar el precioso cielo de Madrid desde este medio de transporte tan especial.


Además, me encantó ver a Lola Herrera en Cinco horas con Mario, disfruté grandes conversaciones con amigos, Henar se lo pasa fenomenal en su campamento científico, hemos ido al cine (a ver Buscando a Dory), hemos estrenado algo estupendo (que igual un día me animo a contarlo por aquí) y en definitiva junio ha sido un mes bonito y soleado, tranquilo y de transición, como decía al principio. Antesala del verano y de las ansiadas vacaciones. Veremos qué nos depara julio primero y agosto después, yo les tengo muchas ganas.

MADRID CON NIÑOS 24: BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS EN KARPAS TEATRO

Este domingo disfrutamos de un planazo teatral en Karpas Teatro. He de reconocer que no conocía esta pequeña sala de cámara situada en el centro, muy cerca de Antón Martín y del Museo Reina Sofía. Nos gustó muchísimo. Además, fuimos a disfrutar de una obra de teatro para niños de uno de los cuentos clásicos por excelencia: Blancanieves y los siete enanitos, y ya os adelanto que nos encantó.

Nuestro reclamo fue Nerea Rojo, la actriz protagonista, que encarna a una lindísima y maravillosa Blancanieves con la que te encariñas desde el minuto uno. Es cierto que nosotras partíamos con ventaja porque Nerea, además de una actriz estupenda y una chica majísima es la monitora del campamento de mi hija y en un par de semanas le tiene adoración, así que ir a verla interpretando una de las princesas de los cuentos por excelencia era un acierto seguro. Pero más allá de Nerea, que lo hace fenomenal, la verdad es que la obra nos gustó muchísimo. El elenco está fantástico, todos ellos lo hacen fenomenal tanto a nivel individual como coralmente, los niños disfrutan muchísimo y es una adaptación divertida, musical y muy amena, que hace que te metas de lleno en la historia, disfrutes muchísimo de ella y que la hora aproximada de duración se te pase literalmente volando.

Todos conocemos la historia de Blancanieves y su terrible madrastra, cómo escapó al bosque huyendo de su madrastra, que quería matarla, y se encontró con una pequeña casita habitada por los siete enanitos, cómo terminó envenenada con una brillante manzana roja y el príncipe vino a salvarla con un beso. Finales edulcorados aparte (y aunque no sea uno de mis cuentos preferidos precisamente porque eso de que venga un príncipe a salvarte no creo que sea una buena enseñanza para las niñas precisamente), Blancanieves y los siete enanitos es una de las grandes historias de la literatura infantil con la que todos hemos crecido. Además, la factoría Disney la dotó de una estética muy definida y la convirtió en una de sus grandes princesas (la primera de ellas, si no me equivoco). Todas las niñas conocen a Blancanieves y todas la quieren.

Ir a ver Blancanieves en el teatro y además interpretando el papel protagonista su querida Nerea, para mi hija Henar fue un plan estupendo de domingo. Esta adaptación teatral mantiene la estética Disney y la historia original, aunque tuneándola un poco y adaptándola, en la medida de lo posible, a los tiempos actuales. En el texto encontraremos muchos guiños cómicos que los niños probablemente no entenderán pero que a los papis y mamis nos la hacen mucho más amena y divertida. Ello, unido a la interpretación de los actores, que lo hacen fenomenal, y a su ritmo musical consiguen que se te pase volando.

Nerea Rojo está fantástica en el papel de Blancanieves, dulce, melodiosa, cándida, llena de amor… Imposible no enamorarse de ella y su interpretación. Me gustó muchísimo también Belén Orihuela en su papel de la madrastra, mala malísima y sin embargo con un punto muy divertido (que también mantiene una estética muy Disney). Apuntar que sobre el escenario hay cinco actores y actrices, interpretando varios papeles: Blancanieves, la madrastra, la vieja en la que se convierte la madrastra para darle la manzana a Blancanieves, el espejo, el guardia real y el príncipe. Además, el resto del elenco, mientras Nerea Rojo está en escena interpretando a Blancanieves, se colocan detrás del atrezzo de la casa de los enanitos y dan vida a estos siete pequeños mediante marionetas llenas de gracia.



Otra de las cosas que me gustaron mucho fue el atrezzo, fantástica la casa de los enanitos y el jardín anexo, todo el vestuario de los actores y especialmente las marionetas, estilo muy vintage, de los siete enanitos. El humor que late en sus interpretaciones los hacen aún más estupendos.

Y por supuesto, al acabar la función, nos encontraremos a todos los actores (a excepción de la actriz que interpreta a la madrastra convertida en vieja, que es otra actriz diferente aunque no creo que los peques pillen ese matiz) sentados en la salida, dispuestos a sacarse fotos con los niños y éstos disfrutan muchísimo la posibilidad de saludarlos, especialmente a Blancanieves en el caso de mi hija Henar.

En definitiva, un montaje teatral infantil excepcional que merece mucho la pena. Creo que el domingo era la última representación antes del parón de verano, pero esperemos que vuelvan en otoño y que vayáis a verlos, son estupendos y es una representación genial para los peques y para los mayores. De todas formas, este grupo teatral de Karpas Teatro seguirán representando todo el mes de julio otra gran obra infantil, Los tres cerditos, con la actuación de Caperucita por Nerea Rojo incluida en esa obra (un mix de cuentos).

Podéis encontrar la programación del Karpas Teatro aquí. Es posible reservar directamente las entradas a través de su web.


Además, el grupo de actores de Karpas Teatro desarrollan varias obras de teatro para adultos y ahora que tengo fichada a Nerea Rojo, os puedo asegurar que a la vuelta del verano me pasaré varias veces por esa sala a disfrutarla a ella y a sus compañeros. Muchas gracias a todo el elenco por hacernos disfrutar de esa gran sesión teatral para niños y no tan niños

VIERNES VITALES 43: APRENDER A DECIR NO

Hace ya un mes y medio escribí un post titulado ¿Qué pasa si no lo hago?, en el que reflexionaba sobre todas esas cosas que muchas veces hacemos porque, por una razón u otra, creemos que tenemos que hacer. Y sin embargo, si nos paramos a pensar, muchas de ellas no son tan obligatorias como pensábamos y no pasa nada si no las hacemos o si simplemente las retrasamos o las cedemos a otros.
Recupero este tema porque hace poco leí un post de mi amiga Esther en el que exponía lo difícil que le resultaba decir que no. “Se supone” que en estas fechas prevacacionales, donde por fin ha llegado el verano y tenemos buen tiempo, siempre debemos estar disponibles para salir, hacer vida social, disfrutar del buen tiempo… pero a veces quizá no nos viene bien o incluso no nos apetezca. Si dices que no te apetece, en seguida te colgarán la etiqueta de rara (o algo peor) y son esos miedos los que nos empujan a decir que sí, cuando en realidad nos encantaría decir que no.
A riesgo de resultar borde, me temo que yo practico la sinceridad. Al menos lo hago en mi parcela de vida privada de libertad. Hay momentos y situaciones (profesionales, familiares, vitales, de agenda…) en que no puedes decir no. Pero existen muchas otras (a menudo muchas más de las que podríamos creer inicialmente) en que sí puedes hacerlo. Podéis encontrar decenas de libros que hablan sobre los mejores métodos para decir que no. Algunos de ellos apuestan por ser sincero, otros por poner excusas creíbles. He leído tres o cuatro que creo que tocan todas las corrientes respecto el no, y las conclusiones a las que he llegado son las siguientes:
Me plantean un plan que puede ser súper apetecible, pero lo cierto es que no me apetece. Las razones pueden ser varias: porque me siento cansada, porque incluir esa actividad en mi agenda me va a estresar, porque no me apetece (por mil razones: prefiero estar sola, prefiero hacer otra cosa, no me apetece hacer precisamente eso o con esas personas) y sin embargo me entran mil remordimientos y lo que me apetece es decir no, pero tengo miedo a que siente mal, creo que debo decir que sí y el largo etcétera. Pues bien, allá vamos con lo que yo suelo hacer.

1. ¿Qué es lo que yo quiero?
¿me apetece o no me apetece?
Aquí habla el corazón, tu yo interior, tu primera necesidad, lo que dirías si fueses totalmente sincero. Sí o No. Si es sí, no hay problema en aceptar la propuesta, ¿por qué entonces hay tantos problemas (o me lo parece a mí) en decir no?

2. ¿Qué es lo que yo necesito?
 ¿realmente me vendría bien hacer eso o no?
Aquí hablan mi cuerpo, mis fuerzas… Quizá no me apetezca nada pero puede que me venga bien airearme, que ese café con una amiga me refuerce el ánimo aunque mi agenda explote. Pero puede ser que no, que lo que realmente necesite es quedarme en casa y descansar, salir a dar un paseo sola o hacer otra cosa, con otras personas y en otro lugar.


3. ¿Cuál es mi prioridad?

Después de los dos primeros puntos, deberé tener claros cuáles son mis prioridades. Las prioridades que sólo me afectan a mí, mi universo interior, no lo que quieren, desean o esperan otros. Establece prioridades: en tu vida, tus amistades, tu mundo, tu casa, tu agenda.


Como este post va sobre el NO (decir sí suele ser mucho más sencillo), pongámonos en la situación de que alguien a quien queremos nos plantea algo, pero en realidad mi yo interior me grita que diga que no, que ni me apetece ni me viene bien hacer eso.


4. Piensa en la otra persona. 
Evalúa y escanea todas las implicaciones.

La otra persona es alguien a quien quiero y está claro que quiere pasar ese tiempo conmigo, hacer ese plan. Pero a mí no me viene bien. Eso no quiere decir que la quiera menos, o que esa persona sea menos importante para mí. Que haga o deje de hacer eso no cambia en absoluto lo que siento a esa persona. Puede ser que me encantase hacer ese plan con ella en otra ocasión pero no precisamente ahora.

Evalúa cómo crees que es de importante eso para ella en este preciso momento. Quizá simplemente quiera que nos veamos, o que pasemos un tiempo juntas, pero no le importaría que fuese para otra cosa, o en otro momento. Podríamos posponerlo o cambiarlo por otra actividad en otra fecha que nos venga bien a ambos.

O quizá realmente sí sea importante para esa persona. Pero, ¿cómo de importante es en realidad? No es lo que tú creas que esa persona piensa, sino lo que piensa en realidad, ¿por qué no se lo preguntas directamente?


5. Habla con sinceridad y sin miedo.

Es una de esas situaciones en las que para la otra persona es importante, pero realmente a ti no te viene bien y debes decir que no. No le des más vueltas, plantéalo con sinceridad y dile sin miedo que no te viene bien. No pongas excusas, simplemente dile la verdad: no me apetece, estoy cansada y prefiero quedarme en casa, o prefiero hacer otra cosa. No tengas miedo. Querer a alguien implica aceptar cosas que no siempre nos gustan de esa persona. Si la persona te quiere y no es una absoluta egoísta, deberá entender también que otras veces sí pero que esta vez no. Y que nada está cambiando, ni nos queremos más ni menos, pero esta vez tengo que decirte que no. Si no lo entiende (hay almas muy egoístas por el mundo), quizá debas plantearte qué harías tú si fueses ella, esperar a que se le pase el enfado (si crees que es un enfado y que debes permitirle la pataleta, que todos tenemos días malos). Pero si es de esas personas egoístas que siempre exigen, siempre se enfadan, siempre quieren imponer las cosas… creo que en ese caso deberías plantearte si te merece la pena seguir manteniendo esa relación.

Eso sí, sé asertivo (esa palabra que está tan de moda), ponte en la piel del otro, al que probablemente no le gustará tu respuesta y no seas tan vehemente o combativo que le hagas daño con ese no. Explícale las razones y normalmente entenderá que debas decir no. Habrá otros muchos momentos en el futuro para decir sí.


¿Ves? El No también ayuda para muchas cosas. La vida es cuestión de prioridades, son cambiantes, no hay normas siempre aplicables, pero debes encontrar tus prioridades en cada momento, establecerlas bien, ser consciente de por qué estás estableciendo esas prioridades y aceptar el mundo como es, también con todos esos NO (lo siento, no me gusta noes) que pronunciarás tú y también te pronunciarán otros).




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