VIERNES VITALES 43: APRENDER A DECIR NO

Hace ya un mes y medio escribí un post titulado ¿Qué pasa si no lo hago?, en el que reflexionaba sobre todas esas cosas que muchas veces hacemos porque, por una razón u otra, creemos que tenemos que hacer. Y sin embargo, si nos paramos a pensar, muchas de ellas no son tan obligatorias como pensábamos y no pasa nada si no las hacemos o si simplemente las retrasamos o las cedemos a otros.
Recupero este tema porque hace poco leí un post de mi amiga Esther en el que exponía lo difícil que le resultaba decir que no. “Se supone” que en estas fechas prevacacionales, donde por fin ha llegado el verano y tenemos buen tiempo, siempre debemos estar disponibles para salir, hacer vida social, disfrutar del buen tiempo… pero a veces quizá no nos viene bien o incluso no nos apetezca. Si dices que no te apetece, en seguida te colgarán la etiqueta de rara (o algo peor) y son esos miedos los que nos empujan a decir que sí, cuando en realidad nos encantaría decir que no.
A riesgo de resultar borde, me temo que yo practico la sinceridad. Al menos lo hago en mi parcela de vida privada de libertad. Hay momentos y situaciones (profesionales, familiares, vitales, de agenda…) en que no puedes decir no. Pero existen muchas otras (a menudo muchas más de las que podríamos creer inicialmente) en que sí puedes hacerlo. Podéis encontrar decenas de libros que hablan sobre los mejores métodos para decir que no. Algunos de ellos apuestan por ser sincero, otros por poner excusas creíbles. He leído tres o cuatro que creo que tocan todas las corrientes respecto el no, y las conclusiones a las que he llegado son las siguientes:
Me plantean un plan que puede ser súper apetecible, pero lo cierto es que no me apetece. Las razones pueden ser varias: porque me siento cansada, porque incluir esa actividad en mi agenda me va a estresar, porque no me apetece (por mil razones: prefiero estar sola, prefiero hacer otra cosa, no me apetece hacer precisamente eso o con esas personas) y sin embargo me entran mil remordimientos y lo que me apetece es decir no, pero tengo miedo a que siente mal, creo que debo decir que sí y el largo etcétera. Pues bien, allá vamos con lo que yo suelo hacer.

1. ¿Qué es lo que yo quiero?
¿me apetece o no me apetece?
Aquí habla el corazón, tu yo interior, tu primera necesidad, lo que dirías si fueses totalmente sincero. Sí o No. Si es sí, no hay problema en aceptar la propuesta, ¿por qué entonces hay tantos problemas (o me lo parece a mí) en decir no?

2. ¿Qué es lo que yo necesito?
 ¿realmente me vendría bien hacer eso o no?
Aquí hablan mi cuerpo, mis fuerzas… Quizá no me apetezca nada pero puede que me venga bien airearme, que ese café con una amiga me refuerce el ánimo aunque mi agenda explote. Pero puede ser que no, que lo que realmente necesite es quedarme en casa y descansar, salir a dar un paseo sola o hacer otra cosa, con otras personas y en otro lugar.


3. ¿Cuál es mi prioridad?

Después de los dos primeros puntos, deberé tener claros cuáles son mis prioridades. Las prioridades que sólo me afectan a mí, mi universo interior, no lo que quieren, desean o esperan otros. Establece prioridades: en tu vida, tus amistades, tu mundo, tu casa, tu agenda.


Como este post va sobre el NO (decir sí suele ser mucho más sencillo), pongámonos en la situación de que alguien a quien queremos nos plantea algo, pero en realidad mi yo interior me grita que diga que no, que ni me apetece ni me viene bien hacer eso.


4. Piensa en la otra persona. 
Evalúa y escanea todas las implicaciones.

La otra persona es alguien a quien quiero y está claro que quiere pasar ese tiempo conmigo, hacer ese plan. Pero a mí no me viene bien. Eso no quiere decir que la quiera menos, o que esa persona sea menos importante para mí. Que haga o deje de hacer eso no cambia en absoluto lo que siento a esa persona. Puede ser que me encantase hacer ese plan con ella en otra ocasión pero no precisamente ahora.

Evalúa cómo crees que es de importante eso para ella en este preciso momento. Quizá simplemente quiera que nos veamos, o que pasemos un tiempo juntas, pero no le importaría que fuese para otra cosa, o en otro momento. Podríamos posponerlo o cambiarlo por otra actividad en otra fecha que nos venga bien a ambos.

O quizá realmente sí sea importante para esa persona. Pero, ¿cómo de importante es en realidad? No es lo que tú creas que esa persona piensa, sino lo que piensa en realidad, ¿por qué no se lo preguntas directamente?


5. Habla con sinceridad y sin miedo.

Es una de esas situaciones en las que para la otra persona es importante, pero realmente a ti no te viene bien y debes decir que no. No le des más vueltas, plantéalo con sinceridad y dile sin miedo que no te viene bien. No pongas excusas, simplemente dile la verdad: no me apetece, estoy cansada y prefiero quedarme en casa, o prefiero hacer otra cosa. No tengas miedo. Querer a alguien implica aceptar cosas que no siempre nos gustan de esa persona. Si la persona te quiere y no es una absoluta egoísta, deberá entender también que otras veces sí pero que esta vez no. Y que nada está cambiando, ni nos queremos más ni menos, pero esta vez tengo que decirte que no. Si no lo entiende (hay almas muy egoístas por el mundo), quizá debas plantearte qué harías tú si fueses ella, esperar a que se le pase el enfado (si crees que es un enfado y que debes permitirle la pataleta, que todos tenemos días malos). Pero si es de esas personas egoístas que siempre exigen, siempre se enfadan, siempre quieren imponer las cosas… creo que en ese caso deberías plantearte si te merece la pena seguir manteniendo esa relación.

Eso sí, sé asertivo (esa palabra que está tan de moda), ponte en la piel del otro, al que probablemente no le gustará tu respuesta y no seas tan vehemente o combativo que le hagas daño con ese no. Explícale las razones y normalmente entenderá que debas decir no. Habrá otros muchos momentos en el futuro para decir sí.


¿Ves? El No también ayuda para muchas cosas. La vida es cuestión de prioridades, son cambiantes, no hay normas siempre aplicables, pero debes encontrar tus prioridades en cada momento, establecerlas bien, ser consciente de por qué estás estableciendo esas prioridades y aceptar el mundo como es, también con todos esos NO (lo siento, no me gusta noes) que pronunciarás tú y también te pronunciarán otros).




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4 comentarios:

  1. Ayer, hablando con "mi Carmen" (psicoterapeuta y osteopata) creo que llegué a una conclusión. Y es que yo antes me apuntaba a todos los saraos y estaba en todos los fregaos, pero de un tiempo a esta parte y con todo lo que me ha ocurrido me he retirado bastante, porque necesito mis energías para otras cosas, y este fin de curso ha resultado muy agotador. Quizás sea sólo que algunas personas me echan de menos. No fui a la cena fin de curso, entre otras cosas porque ese día me tocó estar en Málaga corrigiendo reclamaciones de Selectividad, y luego pasé allí el resto del día con una compi. Resultado: ayer (último día de curso) muchas personas me llamaron rancia. Pero hice lo que me apetecía, con lo cual me sentí estupendamente. Gracias por este viernes vital. Un beso.

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    1. Probablemente quien te llame rancia no merece la pena. Y lo que sí merece es que tú estés bien, porque si no te cuidas tú no te van a cuidar los que te llaman rancia. Un abrazo y buen verano, preciosa!

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  2. Yo esto lo llevo regular nada más... pero me entreno, y voy sin prisa pero sin pausa. Tengo la ilusión de conseguirlo totalmente algún dia.
    Un besito!

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    1. A entrenarse, Ali EB, que es bueno saber decir no.

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