VIERNES VITALES 45: SI NO TRABAJASE, TE ASEGURO QUE NO ME ABURRIRÍA

Hace unos meses tuve un intercambio de opiniones con uno de mis grandes amigos. Él sostenía que dejar de trabajar sería muy aburrido y que yo no lo aguantaría. Yo, por el contrario, opinaba que si tuviese disponible todas las horas al día que echo en la oficina, desde luego aburrirme no me iba a aburrir.

Conjeturas aparte (que ya seguiré conjeturando sin duda a lo largo de este blog), el hecho es que confieso que alguna vez he fantaseado con la idea de no trabajar, de tener todo ese tiempo libre para hacer otras cosas. Obviamente, es sólo una fantasía, porque como no soy sobrina de Rockefeller ni creo que venga nadie a dejarme una herencia multimillonaria (de la lotería y demás ni hablamos, porque yo nunca juego), tengo que seguir trabajando porque tengo que vivir. Y para vivir, nos guste o no, necesitamos dinero.

También creo que si tienes la suerte de trabajar en algo que te guste, serás infinitamente más feliz. Personalmente, disfruto mucho de mi trabajo, por el hecho de que la comunicación ha sido siempre mi vocación (yo que iba para periodista y acabé estudiando derecho, pero como la cabra tira al monte, terminé en el monte de la comunicación, y tan contenta). Ahora bien, obviamente mi trabajo, como el de todos, tiene áreas, proyectos y momentos absolutamente apasionantes, frente a otros que resultan monótonos, repetitivos y aburridos. Y en cualquier trabajo, aunque te apasione, hay de todo: de un tipo de momentos y de los otros.

Esta semana descubrí un blog que me gustó mucho: Blogueandodemivida. Y en concreto, me gustó mucho este post. En él, su autora me vino a recordar los intercambios de opiniones que de vez en cuando podemos tener en torno a trabajar. Me ha gustado el post, especialmente esa parte en la que dice: Yo creo que ya he tenido suficiente "emoción" en mi vida, en cualquier caso, pasar 37 horas semanales en la oficina no lo considero yo precisamente emocionante. Pues eso.

Si yo tuviese todo el día libre, estoy segura de que perdería mucho el tiempo, actividad que por cierto ahora mismo me llama soberanamente la atención, porque aquí la que suscribe no es de perder el tiempo. Pero ojo, que la velocidad de nave espacial que llevo por la vida hace tiempo que sé que no es normal y mi cuello me lo recuerda constantemente. Sí, que mi fisio lo deja nuevo y yo se lo agradezco ad infinitum, pero me duele y mucho. Intento rebajar el ritmo, como ya os lo he contado otras veces, pero debo confesar que casi nunca lo consigo. Eso sí, en lo que me he hecho un máster graduada con honores es en efectividad y gestión del tiempo. Pero eso, no le ayuda a mi cuello.


Y sí, haría muchas cosas. Por ejemplo:

Dormir más. Levantarse a las seis y media es un horror. Siempre he dicho que el ser humano está programado para levantarse con la luz, y que lo contrario es antinatural. Si además lo haces tan pronto, supone que como duermas mal, te cueste dormirte o trasnoches por cualquier causa, al día siguiente estás cansado, con un humor horrible y eso encima lo vas arrastrando durante toda la semana.


Llevar a mi hija al cole. Llevo muy pocas veces al cole a mi hija al cabo del año y la verdad es que me gustaría hacerlo mucho más a menudo. Es cierto que la recojo el 95% de los días, pero acompañarla a la entrada del cole también tiene su importancia. De hecho, ella me lo pide a menudo y a mí me cuesta no poder hacerlo.



Desayunar fuera de casa. Qué queréis que os diga, eso de desayunar tranquilamente a las nueve y media, cada día en un bar, o en el que más te guste, con tu cafecito, tus tostadas, tu montadito o tus churros (allá los gustos de cada uno), en lugar de hacerlo en la cocina de tu casa, de pie, corriendo y mirando el reloj porque llevas tres minutos y ya llegas tarde, tiene que ser un placer. Eso sí, nada de grupo de madres del cole, para eso me temo que no valgo.



Conocer mucho más mi Madrid del alma. Os aseguro que me propondría como reto conocer y reconocer mucho más mi Madrid. Descubrir museos, palacios y lugares que no conozco, redescubrir otros que hace demasiado tiempo que no visito. Y para eso, queridos míos, Madrid es un filón casi inagotable, podría hacer un listado con cientos de lugares y cosas que hacer. Y me quedarían muchísimas más.



Pasear más con mi perro. Paseo con Athos todos los días, pero volvamos a lo mismo, una cosa es sacarle a toda prisa quince minutos antes de las siete de la mañana y otra pasear a media mañana bajo el sol.



Estudiaría y haría mil y un cursos. Entre que siempre he sido un ratón de biblioteca y sigo teniendo alma de gafapasta (a pesar de haberme operado de miopía hace años), os aseguro que siento interés por las disciplinas más diferentes. He hecho cursos de meditación, zumba, teatro, italiano, talleres radiofónicos, escritura, aerobic, clases de costura… Si tuviese tiempo, y dinero, vamos que no iba a encontrar un montón de cosas de este tipo con las que formarme y ser más feliz. Empezando por hacerme el máster de coaching que tengo planeado y un montón de cursos de cocina. Y muuuuuchas cosas más. 



Y esto nos lleva al capítulo pasta. Creo que mi amigo, al menos en lo que a mí se refiere, no acertó con eso de que me aburriría sin trabajar. Yo no me aburriría, el problema es que para no aburrirme, necesitaría mucho dinero. Y sin nómina, ni herencia, ni lotería, mal vamos. Así que de momento, a seguir soñando…

¿Y tú?, ¿qué opinas de todo esto? 

NURIA ESPERT EN INCENDIOS: NO HAY PALABRAS

Esto es un no-post. Lo escribo porque si no lo hago reviento. Es un post que va a tratar de una obra de teatro alucinante pero sin ahondar en ella.

La semana pasada, el martes para más señas, fui al Teatro de la Abadía. Me gusta este teatro, tiene un halo especial y una programación muy cuidada. Especialmente me gusta la sala Juan de la Cruz, que hoy es una sala de teatro pero recoge el espíritu de la iglesia del colegio que en su día fue. La cita era ineludible, una de las grandes obras de la temporada, Incendios, dirigida por Mario Gas y con un elenco de excepción, capitaneados por Núria Espert, que está grandiosa en su actuación.

¿Y por qué no voy a escribir mi opinión sobre esta representación? Porque directamente no creo que se hayan inventado aún las palabras precisas para describirla. Es una obra de tres horas, un drama personal y coral de proporciones casi bíblicas. Es tremenda, apasionante, única. No me extraña que tenga todas las entradas agotadas para todas las funciones, ésta es una de esas representaciones que no olvidaré en la vida. Ni yo, ni nadie que vaya a verla.

Todo el elenco está alucinante. Algo tremendamente difícil per se con una Núria Espert que lo llena todo. Pero ellos lo logran, hacen que esta obra se te grabe a fuego, con un texto intenso y único que nunca olvidarás.



Si la vuelven a reponer, o simplemente si tenéis ocasión de verla cuando se vayan de gira, de verdad, no os la perdáis. No hay palabras (y que yo no encuentre qué decir ocurre muy pocas veces). 

MADRID CON NIÑOS 25. EDICIÓN OTOÑO: SIMPLIFICO, ORGANIZO Y LO PASAMOS BIEN

Os conté hace tiempo que quería/necesitaba simplificar mi vida y mi agenda. Pues bien, uno de los principales focos de estrés en mi agenda es mi hija de casi cinco años. Entre que ella es muy movida y siempre quiere hacer cosas nuevas, y que yo la llevo a todos los lados desde que era bebé, me encuentro con el hecho de que tener que hacer muchas cosas los fines de semana me genera mucho estrés. No sólo por hacerlas, sino por pensarlas, planificarlas etc.

Por eso, he abierto un capítulo en cómo simplificar mi agenda con Henar. He llegado a una serie de conclusiones que expongo en este blog porque es posible que algún padre o madre como yo pueda sacar partido de ello. Al fin y al cabo son trucos que sirven para tener planes con niños en este otoño en Madrid sencillos, prácticos y además económicos. Allá voy con mis conclusiones.

1. Teatro: Sacarme el abono teatral infantil del Auditorio de Colmenar Viejo

Quien dice Colmenar Viejo dice cualquier otro teatro o auditorio. Lo cierto es que hay buenas ofertas que, por un precio razonable, nos dan planes de manera periódica. Para mí el teatro es algo fundamental en mi vida y siempre me he puesto como meta meterle el gusanillo teatral a la peque de la casa, y creo que lo estoy consiguiendo.

En mi caso escogí Colmenar por las siguientes razones:

- Queda relativamente cerca de mi casa. Vivo en Madrid norte y tardo lo mismo, o menos en llegar a Colmenar que al centro.

- Resulta muy económico. El abono cuesta 12 euros por persona e incluye 6 obras. Además, aparcar en Colmenar, muchas veces delante, y otras muy cerca del Auditorio es fácil, rápido y gratis.

- Tengo dos grandes amigos en Colmenar, y después del teatro vamos a merendar sus famosos Manolitos juntos, con lo que me sirve para ver a mis amigos y pasar un rato muy agradable. Esto es un plus al plan teatral en sí, pero un plus de los buenos.





2. Rentabilizar mi Pase Anual

Hace años que en mi casa compramos cada año el Pase Anual, que nos permite ir al Parque de Atracciones, el Zoo y el Teleférico. Siempre nos compensa, pero quizá los primeros ocho meses de este año lo hemos utilizado menos que en años anteriores. Por ello, también hay más ganas de utilizarlo e ir más veces. Para ello:

- Escojo los domingos que hace bueno (los típicos buenos domingos otoñales) y nos escapamos al Parque de Atracciones. A veces comemos en casa y luego vamos (esto se puede hacer hasta finales de octubre, luego con el cambio de hora ya no es tan recomendable). Nos pasamos allí tres o cuatro horas, Henar se lo pasa fenomenal y lo disfrutamos mucho. Cierto es que ayer tiré de este plan, el Parque estaba hasta los topes, yo estaba hecha polvo y ahora me estoy arrepintiendo de no haberme quedado en casa. Pero pasarlo, la nena se lo pasó bien, eso sí. 

- Los días que no hace tan bueno, o que no son domingos, vamos al Teleférico. Me gusta mucho el Teleférico per se, me parece un paseo precioso, pero además a mi hija le encanta y después del paseo, ella está media hora en el parque de bolas y yo aprovecho ese tiempo para tomarme un café frente a Madrid conmigo y mis pensamientos. Es uno de mis momentos favoritos.


- Uno o dos días, también de buen tiempo, iremos al Zoo. No soy muy pro-Zoo, de ahí lo poco que vamos. Pero como han pasado meses desde nuestra última visita, un par de ellas de aquí a fin de año no están de más. Daremos una vuelta, veremos la exhibición de delfines, la de las aves exóticas (no puedo con las rapaces, me dan verdadero miedo) y para casa.

- Ir al Parque Warner con los puntos del Club de la Diversión. Otra de las cosas buenas del Pase Anual (y que conste que este post no está en modo alguno patrocinado, esto es lo que pienso de todo corazón) es sumar puntos y poder canjearlos por entradas. Nosotros los destinamos siempre a entradas para ir a la Warner y solemos ir un finde de octubre o de noviembre, aprovechando que aún hace bueno y hay mucha menos gente.


3. Tirar de los planes clásicos que no fallan

Hay ciertos planes que a mi hija siempre le encajan, simplemente con no repetirlos dos fines de semana seguidos, ya le sirven. Entre ellos, los siguientes:

- El cine. Es así de triste, pero probablemente nueve de cada diez películas que veo son infantiles, o lo que es lo mismo, me las suelo ver todas. Para ello, teniendo en cuenta que los precios del cine en fin de semana son absolutamente prohibitivos, solemos ir a Yelmo, que las películas infantiles antes de las cinco cuestan algo menos de 5 euros.

- El Ikea. Otro gran clásico que crea adicción, y no precisamente en mí. Hace algún tiempo, el padre de un amigo de mi hija me preguntó sobre mi adicción a Ikea, ya que iba mucho, tenía que chiflarme. La verdad es que no, es otro sitio más y no le tengo ningún apego especial, pero a mi hija le encanta. Para mí, además tiene ventajas claras:

                - Comemos bien. Sí, en Ikea se come bien y por poco precio. Henar se come fenomenal su menú infantil y yo disfruto mucho las albóndigas de pollo, lo reconozco.

                - Es económico. Comemos por buen precio, aparcamos gratis y delante, no tardo mucho en llegar, Henar se entretiene durante horas (primero dando saltos en la zona de comedor y luego en el parque de bolas, también gratuito).

                - Me regalan una hora para mí misma. Sí, la dejo en el parque de bolas y tengo una hora para mí solita. Me suelo llevar un libro, me siento en un sofá, me tomo un café, y a disfrutar… (una sensación parecida a la del Teleférico, pero además es gratis y dura el doble). Cuando no hace mucho frío, hasta aprovecho para pasearme por las tiendas del centro comercial que hay allí al lado.

- Merienda en La Vaguada. Otro de los clásicos, lo tenemos al lado de casa, podemos ir andando o aparcar fácil y gratis, y además es un sitio estupendo cuando hace frío. Eso sí, los sábados por la tarde y especialmente en las épocas prenavideñas se pone infernal. Pero una merienda de tortitas en el Vips o la afición de mi hija por el McDonald’s siempre convierten esta opción en un plan fácil y que funciona, yo no le pido más.


Eso fuera de casa, que luego en casa por supuesto hacemos galletas, vemos películas de princesas, pintamos, bailamos… entretenemos el tiempo como podemos en los días fríos. Ah, y el parque se lo dejo a su padre siempre que puedo, aunque me suele tocar pringar entre semana, pero los fines de semana o hago planes alternativos o me escaqueo todo lo que me es posible. Lo siento, soy así de malamadre, odio el parque. 

Sólo con esto, digamos que tengo unos cuantos fines de semana ya llenos de cosas. Siempre surgen cosas nuevas: algún cumpleaños, algún plan que surge de repente, invitaciones que a veces nos llegan a determinados eventos… Pero además, querría añadir una última categoría.

4. Cosas novedosas que me gustaría hacer con Henar este otoño 

Tengo un listado de cosillas que he visto por ahí y que me gustaría hacer con Henar durante los próximos meses. Algunas de ellas son: 

- Inspector Thyssen. Me han hablado maravillas de esta iniciativa del Museo Thyssen para los más pequeños, a quienes plantean un taller de detectives en el que ir descubriendo enigmas relacionados con el arte y la pintura. Seguro que iremos y que nos encantará.

- Alicia en el País de las Maravillas con La Maquineta. Aunque entra dentro de la categoría teatro, creo que es un plan específico en sí. Me encantan los musicales de esta compañía, ya hemos disfrutado de La bella durmiente y El gato con Botas (en dos ocasiones esta obra, la última hace un par de semanas). Tienen en cartel, al menos hasta Navidad, Alicia en el País de las Maravillas, y le tengo unas ganas… Se lo he prometido a mi hija, tengo que cumplirlo.

- Talleres de cocina. Ya he ido con mi hija hace un par de semanas a un taller de repostería infantil organizado por Demos la vuelta al Día, una genial iniciativa de la cadena de supermercados. Pero es algo que me gustaría repetir, los talleres de cocina son muy divertidos y a los niños les encanta.

 


Y vosotros, ¿qué hacéis con los niños? Compartid los trucos, que nos vienen bien a todos. 

Espero que alguna de estas ideas te puedan servir si buscas planes con niños en Madrid para estos próximos meses de otoño. 

VIERNES VITALES 44: LIBERA TU LISTA DE COMPROMISOS

Hace unos meses escribí una pequeña reflexión sobre la importancia de saber decir no. Si tenéis curiosidad, podéis leer el post completo aquí. En resumen, a las conclusiones a las que llegué es que muchas veces es necesario decir no. Desgraciadamente, el mundo en el que vivimos va a una velocidad imposible y nos exige llevar agendas interminables que, casi siempre, se convierten en una fuente inagotable de estrés.

Cada vez evoco más la vida de mis abuelos en un pueblo de Castilla. Sin duda vivieron épocas muy duras, en las que faltaban a veces las cosas más esenciales, y se deslomaron trabajando en el campo de sol a sol. Sí, pero no tuvieron estrés, con el que nosotros convivimos a todas horas. En invierno estaban en casa, no trabajaban, no se levantaban al alba, no vivían el ritmo trepidante de la gran ciudad. Mi abuelo murió el año pasado con 91 años, mi abuela aún está viva. Y yo me pregunto cuántos años viviré yo… Aunque viva lo mismo, o incluso más, será por los avances de la ciencia y la medicina, pero es posible que el estrés acabe conmigo antes. Es necesario pensar un poquito en la calidad de vida que llevamos.

Hay cosas que no podemos cambiar. Si entro a trabajar a las 7.30, me temo que me toca levantarme a las seis y media o antes, sacar al perro, irme corriendo a trabajar… Mi horario normal está muy lleno per se, salgo volando cerca de las tres y empiezo a correr de nuevo. La mayoría de los días recojo a mi hija a las cuatro, otras veces a las cinco, un día la llevo a piscina, otros al parque… Y además, de vez en cuando tengo vida social y cultural, o al menos lo intento. Y sí, frecuentemente estoy muy cansada. Por eso, he aprendido a decir que no. Y me pregunto las cosas que os contaba en aquel post: ¿qué es lo que yo quiero?, ¿qué es lo que yo necesito?, ¿cuál es mi prioridad?

Tras tomar una decisión pensando en el yo, pienso en el impacto que llevará mi acto frente a terceras personas (decir sí o no) y luego, sencillamente decido y lo cuento con sinceridad. Me sirve para liberar mi agenda y sobre todo para tener la conciencia tranquila. Sé que no le gusta a todo el mundo y que hay gente que no soporta un no, pero no importa.

Un poco al hilo de aquel post, había escrito otro antes: ¿qué pasa si no lo hago? También, si de nuevo sentís curiosidad, aquí lo tenéis. En aquel post reflexionaba sobre el hecho de que, en realidad, puedes sacar muchas cosas de la lista y no pasa nada. De hecho, es bueno sacar cosas de la lista, delegar, pedir ayuda, tomarte las cosas con calma. Más no es sinónimo de mejor en la mayoría de las ocasiones.

Pues bien, hoy he leído un artículo estupendo que os recomiendo que leáis. Habla de la necesidad de reducir compromisos y lo que cuenta nos sonará a muchos. Me ha parecido muy formativo, porque nos cuenta, de manera sencilla, que debemos hacer una lista con nuestra situación actual. Yo no era nada de listas, pero he descubierto hace tiempo que te facilitan mucho el orden vital porque hasta que no ves en una lista la cantidad de cosas que tienes encima, no eres verdaderamente consciente del jardín en el que te has metido, o te han metido, pero la realidad es que ahí estás.

Empieza por la lista de todos tus compromisos (los tuyos y los de otros que terminan salpicándote, por ejemplo cuando tienes hijos esto es inevitable: sus compromisos terminan siendo los tuyos).

Ahora, califícalos: cuáles son importantes y cuáles no lo son, puedes prescindir, cancelar, delegar, posponer…

Ya tienes tu sublista con las cosas verdaderamente importantes. Mi consejo: repásala de nuevo, igual hay alguna de ellas que se pueden salir de la lista. Y sigue sin pasar nada.

Y ahora: reduce tu lista de compromisos prescindibles o no importantes. Esta parte es la que más le cuesta a mucha gente, sobre todo por el miedo al qué dirán, cómo se lo tomarán etc.


Si habéis leído el artículo que os recomendaba, veréis que incluye muy buenos consejos. Si existe algún compromiso que te cuesta anular, deberías preguntarte qué valor da a tu vida, cuál es su importancia, qué pasaría si lo dejases… Me ha gustado mucho también el truco de estar dos semanas sin hacerlo y ver qué ocurre. Probablemente puedas vivir sin ese compromiso y en realidad no pase nada. Libérate de la sensación de culpa y disfruta del alivio y del tiempo. En contrapartida, debes esforzarte por aprovechar el tiempo extra, bien sea para descansar, para meditar… Y cuando quedes con una amiga para tomar un café, que sea porque realmente te apetece mucho y estés ahí al 100%. Más vale una tarde presente que muchas citas con la cabeza y el corazón ausentes.



Y ahora voy y me aplico el cuento

Sí, que las teorías siempre son muy bonitas, más aún si están bien escritas y parece que las entendemos a la primera. Otra cosa muy diferente es llevarlas a la práctica. Os contaré algunas cosas que yo he eliminado, o he liberado de mi agenda.

Vida social: la que realmente quieres. Es cierto que cuando empiezas a decir no te conviertes en alguien borde, o al menos la gente lo percibe así. También es cierto que no se puede llevar al extremo y pasarse la vida diciendo no, no y no, sino que a veces tienes que ceder. Pero personalmente he reducido bastante mi vida social, o más bien mis compromisos sociales. Procuro ver a mis amigos, sigo comiendo fuera con gente con cierta asiduidad, voy mucho al teatro (siempre menos de lo que me gustaría) pero he reducido mi agenda estresante. Eso quiere decir que hay personas a las que veo menos, que en verano me paso la vida en la calle (porque me encanta) y en invierno me paso los domingos por la tarde viendo series en la cama bajo las mantas (porque también las disfruto mucho). Hay personas a las que ya no veo porque no me aportan, hay otras a las que quizá veo menos que antes. Eso sí, cuando voy a algún sitio o quedo con alguien doy el 500%. Y así creo que todo fluye mejor.

La agenda familiar muy bien organizadita. Mi amiga Elena tiene un sistema de lo que ella llama puntos familia, que yo le copié hace cosa de un año y que realmente funciona. Una niña de cuatro años necesita salir a la calle, ir al parque, jugar con sus amigos, jugar en casa etc. Personalmente, odio el parque, no es precisamente mi hábitat natural. Aún así, he de decir que normalmente suelo ir al parque, de media, tres o cuatro tardes a la semana. Pero voy yo, y al costillo lo libero. Ello quiere decir que el costillo me libera a mí del resto de tardes. Así todo el mundo tiene su tiempo y su espacio, y no estamos todos aburridos sentados en un banco en tardes interminables, sino que disponemos de tiempo para hacer lo que cada uno disfruta más. Y se agradece, os lo aseguro. Lo mismo ocurre con los horarios de entrada y salida del cole (yo me encargo de las tardes, el buenpadre de las mañanas), las actividades, los fines de semana etc. La organización facilita muchísimo la vida.

El gimnasio fuera. El año pasado me apunté a un gimnasio con el sano propósito de ir dos veces por semana después de trabajar. Los primeros meses lo llevé bien, pero en invierno empecé a llevarlo muy mal. Aunque suene fatal, lo sé, me di cuenta de que mi cuerpo agradecía mucho más echarse una siesta de 40 minutillos los lunes y los miércoles (que eran los días que mi hija salía más tarde del cole y los únicos que podía ir al gimnasio), que pegarme la paliza en el gimnasio. Eso no quiere decir que dejase de hacer ejercicio y llevar una vida lo más sana que puedo, pero de lo que me di cuenta es que las clases de zumba o aerobic me encantan y las máquinas del gimnasio terminan aburriéndome. Por ello, sigo yendo a clases de zumba y aerobic, he dejado las máquinas y mi propósito es echarme una siesta dos tardes a la semana.

Este blog lo escribo cuando quiero. Con ello, quiero decir que puedo escribir tres posts en una semana, como estar diez días sin escribir. No pasa absolutamente nada. Yo esto lo hago por puro hobby, agradezco muchísimo a todos los que me leéis y me escribís, pero ni es un trabajo ni tengo que estar vinculada a una calendario editorial precisamente.

Y muchas otras cosas que, si un día me siento inspirada, os contaré. Lo cierto es que liberando nuestra agenda de compromisos y organizándola, las cosas fluyen mejor y la vida se hace más fácil. 

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COSAS QUE ME GUSTAN DEL OTOÑO


Hoy empieza el otoño y he de decir que es mi estación favorita. Además, hoy, 21 de septiembre, también son las fiestas de San Mateo, el patrón de Oviedo. Y aunque soy madrileña de devoción, siempre tendré un trocito de corazón carbayón. Mi particular festejo de este día que empieza el otoño es escribir un listado de las cosas que más me gustan de esta época del año.


Los colores de otoño

Soy una nostálgica empedernida, y no hay nada más bello que los colores del otoño, cuando el mundo se torno amarillo, ocre, rojo, naranja, dorado… Me encantan los árboles en octubre, amarillos e intensos, a medio camino entre el calor pasado del verano y el frío futuro del invierno. Los paseos otoñales, los parques, la vida en un día soleado de otoño tiene un color único y especial, lleno de magia.

 

El tacto de los primeros jerseys

Es muy curioso cómo el ser humano necesita los cambios. Uno de los que más me sorprenden es que, tras meses cálidos, agradeces los primeros jerseys. La sensación de taparte con la manta, enfundarte en el suave calor de un jersey en octubre se vuelve casi mágica. Ya habrá tiempo para aburrirnos con el frío, pero estos primeros días dorados de otoño y esa sensación de la textura agradable de un jersey es uno de los pequeños momentos mágicos del año, que si no estás atento, te pasarán desapercibidos.


La melancolía

Una de mis amigas de toda la vida siempre se ha preguntado cómo me paso la vida escuchando música de Sabina y Serrat, y jamás escucho a Bisbal. Conociéndome, es fácil entenderlo, pero detrás hay una explicación con una base mucho más melancólica, esa adicción a los colores de otoño y las canciones de poso triste. Curiosamente, no me ponen triste, sino nostálgica, y me parece que todo ello tiene un poso especialmente bello.  


Estar más en casa

Sí, contradictoria con patas que es una. Con el buen tiempo, yo soy de las de zapatilla y afuera, o lo que es lo mismo, me encanta estar en la calle, salir, hacer cosas… Pero cuando empieza a hacer frío, me encanta estar en casa, leer, ver series, escribir… Supongo que es algo muy relacionado con la temperatura y que también el cuerpo pide, como el tacto de los primeros jerseys que os contaba antes. Pero esa sensación de casa, también me da una especial alegría.


La luz

Si empecé este post con los colores de otoño, no creo que haya nada mejor para acabarlo que la luz. Y es que los colores de otoño son aún más bonitos y vibrantes con esa luz dorada, melancólica, mágica… que tiene esta estación. Es una luz robada a los atardeceres de verano, que viene condensada en las tardes de octubre. Una luz que muchas veces cierro los ojos y soy capaz de evocar con nitidez.



En definitiva, ¡¡¡Bienvenido Otoño!!!, te espero con los brazos abiertos

EL CIELO QUE ME TIENES PROMETIDO

Vuelve el curso escolar y la rutina, pero también tiene sus cosas positivas, como la vuelta al teatro. En este verano he ido a ver un infantil (Blancanieves y los siete enanitos), una obra de adultos en julio (Ayuda) y otra en agosto (Trabajos de amor perdido), pero obviamente han sido dos meses de sequía teatral. Cierto que nos hemos dedicado a viajar, descansar, pararnos en esos instantes de absoluta felicidad frente al azul del Cantábrico… Pero también que echaba de menos esa sensación única de sentarte en el patio de butacas y esperar a que empiece la función.

Pero ya aviso que este otoño viene cargadito: tengo unas cuantas entradas ya compradas con fechas marcadas en mi calendario teatral (la próxima Incendios, en La Abadía, me muero de ganas por ver a Núria Espert) y acabo de estrenar temporada en el María Guerrero con El cielo que me tienes prometido, obra de la que hoy vengo a hablaros.

Hacía tiempo que no iba al María Guerrero, y me resulta raro, porque el Centro Dramático Nacional suele tener siempre obras que me llaman y suelo pasar por sus teatros con asiduidad. Pero si bien la temporada pasada fui al Valle Inclán, curiosamente no fui al María Guerrero, por lo que hacía fácilmente un año y medio que no pasaba por este teatro madrileño con tanto encanto y especialmente por el patio de butacas de su sala principal, absolutamente mágico. Siempre es una alegría volver al María Guerrero, que además lleva el nombre de una de las mejores actrices teatrales que ha dado este país.

Pero no me enrollo más en estos aspectos. Tenía muchas ganas de ver El cielo que me tienes prometido por muchas razones.

Me llamaba la atención el texto y la dirección de Ana Diosdado, que aunque estrenó esta obra hace año y medio, desgraciadamente murió hace casi un año, pero el elenco, capitaneado por María José Goyanes, ha seguido adelante con la obra.

También me interesaba el encuentro entre dos grandes mujeres de la historia: Teresa de Jesús y Ana Mendoza de la Cerda, más conocida como La Princesa de Éboli.

El elenco de actrices conformaba la tercera razón: la gran María José Goyanes, que creo que no se deja ver mucho sobre las tablas pero que siempre es un placer verla (yo la vi la última vez, si mi memoria no falla, hace ya demasiados años en el Teatro Galileo, en una de esas obras que llegaban hondo: Dile a mi hija que me fui de viaje), Irene Arcos y Elisa Mouliaá.

No necesitaba más para situarla la primera en mi calendario de vuelta al cole teatral. Y como ya habréis adivinado, no me defraudó en absoluto. 


La historia que reproduce es el encuentro, que se produjo realmente, entre Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli, dos símbolos de su tiempo y dos mujeres con una visión de la vida absolutamente antagónica. Mientras Teresa llevó al extremo el sacrificio en la vida terrenal, la vida abnegada con escasez de todo, pasando hambre, frío, penurias etc., la Princesa de Éboli, devastada por la muerte de su esposo, ha vivido siempre de manera ampulosa, rodeada de muchas cosas bellas y cree que esta vida ya tiene suficientes sinsabores para añadirle más. La Princesa de Éboli se recluyó en el convento de Las Carmelitas de Pastrana tras la muerte de su esposo, destrozada por el dolor, pero no estuvo dispuesta a vivir bajo las estrictas órdenes de la congregación dictadas por Teresa. El duelo entre las dos mujeres, histórico e interpretativo en este caso, está servido.  

Entre medias se cuela la figura de Mariana, una joven sirviente de la princesa cuya vocación no es profesar como novicia, sino casarse con el preceptor de los hijos de la propia princesa. Su carácter jovial, alegre, dicharachero, marcará un magnífico contrapunto entre las dos personalidades de Teresa de Jesús y la Princesa de Éboli. 

El texto es realmente bueno, me gustó especialmente la escenografía, que de manera sencilla te transporta al convento carmelita de Pastrana. Sin duda se nota bien la mano de Ana Diosdado tras el texto y la dirección. Pero las tres actrices, absolutamente brillantes cada una en su papel, hacen que esta obra sea realmente magnífica. El duelo interpretativo entre María José Goyanes e Irene Arcos, como Teresa de Jesús y Ana Mendoza, la Princesa de Éboli, está servido. Con el estupendo contrapunto de Elisa Mouliáa en el papel de Mariana. Las tres brillantes, las tres defendiendo personalidades diferentes, que se sostienen maravillosamente por sí mismas en cada interpretación, pero que ganan mucho más en conjunto. 

Con un final fantástico, en el que las posiciones enfrentadas terminan teniendo un punto de conexión, aunque a veces parezca imposible. 

Magnífica obra y estupendo homenaje a la figura de Ana Diosdado, tristemente desaparecida. 

EL LARGO CAMINO DE VUELTA A LA RUTINA

Para mí los peores días de septiembre son estos. No cuando empieza el mes y vuelves de vacaciones (no suelo estar hasta el 31 de agosto en la playa precisamente), sino cuando ya ha avanzado la mitad de mes y aquí estás, exactamente en medio de la nada. El verano, la playa, el sol, las siestas… se han quedado como un sueño lejano. A veces entras en esa paranoia mental en la que te paras a pensar si han existido en realidad o son obra de tu subconsciente. Pero la rutina, tal y como la conocemos, tampoco se ha instalado aún en tu vida.

Son esos días en los que a veces hace un calor insoportable (y de eso el septiembre de este año sabe mucho), como de repente te quedas helado cualquier mañana sin saber ni cómo. Esos días en los que si te fijas en la gente conviven las sandalias de tiras, incluso las chanclas (nunca lo podré entender, que la gente sea capaz de andar con chanclas) con las botas. Y lo peor de todo es que no hace tiempo ni de una cosa… ni de la contraria. Con una te hielas, con la otra se te cuecen tus pobres pies.


La vuelta al cole de los peques de la casa… pero lo mismo, con un horario que no es ni chicha ni limoná. Aún se resisten como gato panza arriba a abandonar el parque antes de las ocho y media, lo que se traduce en que se acuestan más tarde de lo que debieran, se levantan cansados y nos arrastramos como podemos durante la semana. Pobrecillos, ellos también tienen lo suyo, que su edén de vacaciones, trasnoche, jugar y pasarlo genial sin amanecer antes de las once ha sido totalmente real. Para ellos no ha sido ningún sueño. Y la vuelta, pues eso, que cansa.

Lo mismo me pasa con este blog. Estoy aquí, con los temas por los aires, sin saber muy bien de qué escribir, ni cómo hacerlo. Del verano me quedan buenos recuerdos y un viaje estupendo a Disneyland París, del que quizá me anime a hacer un post tipo guía que pueda solucionar las dudas que yo tuve y le sirva a quien quiera preparar ese viaje. Tengo alguna película que he visto de la que me gustaría escribir, algún libro… Pero aún no he hecho mi vuelta al cole madrileña cultural. Eso sí, mañana empiezo estrenando la temporada en el María Guerrero, prometo venir con buenos planes teatrales.


Hasta entonces, aquí sigo, entre dos mares. ¿Os pasa también a vosotros o soy la única rara de este mundo?

AL CINE CON NIÑOS: LA VIDA SECRETA DE TUS MASCOTAS

Este verano hemos ido a ver varias películas infantiles. Ya os hablé de Buscando a Dory y hoy toca hablar de La vida secreta de tus Mascotas. La conoceréis probablemente más con el nombre de Mascotas, sin más. Ha sido sin duda uno de los grandes estrenos infantiles de este verano y en mi casa, que no nos perdemos una (infantil, porque el cine adulto ya es otro cantar), por supuesto también hemos ido a verla este verano. 

Yo, que tengo perro, siempre he pensado a qué dedicará las horas muertas cuando está solo en casa. La verdad es que hace años se pasaba mucho tiempo solo, pero ahora está acompañado la gran mayoría del tiempo. Aún así, tengo claro a qué se dedica mi Athos, básicamente a dormir, roncar y dormitar en toda la extensión de dichos términos. Pues bien, parece que ése es uno de los perfiles más comunes de nuestras mascotas, pero no todos hacen lo mismo mientras no estamos en casa. Y aunque a nuestra vuelta están preparadísimos a la puerta esperándonos con todo su amor, parece que las lían pardas durante nuestra ausencia.

De eso trata esta película, me resulta sorprendente que a nadie se le haya ocurrido antes. Si ya en su día vimos lo que hacían los juguetes en la saga Toy Story, lo de las mascotas era un paso más en el mismo camino.


Max (diminutivo de Maximiliano) es el perro protagonista de esta divertida historia. Su dueña, Katie, lo cuida y lo adora, pasa momentos estupendos con él y su vida es fantástica, excepto cuando ella se tiene que ir a trabajar. Max se tira horas delante de la puerta esperando a que Katie regrese para darle su mejor bienvenida. Pero un día la cosa cambia, Katie aparece con un nuevo compañero para Max: Duke, un gran y ruidoso perro que acabará con la armónica vida de Max hasta aquel momento. Además, le hará salir de casa en ausencia de Katie y vivir una aventura casi épica.

Pero Max y Duke no están solos. En el fondo, casi todas las mascotas del vecindario, que sufren igualmente el abandono laboral de sus dueños, se conocen y se consuelan entre ellos. Así conoceremos a Gidget, Mel, Chloe, Buddy, Norman y Plumita (perros, gatos, pájaros y demás familia). Todos viven en el mismo edificio que Max y todos ellos se unen para rescatar a Max y a Duke cuando estos desaparecen durante el paseo en el parque. Y a ellos se les unirá Tiberius, un peligroso halcón que terminará haciendo buenas migas  con ellos (a pesar de querer comérselos bastantes veces). La aventura con la bella ciudad de Nueva York como telón de fondo está servida.

Eso sí, no lo tendrán fácil. En las cloacas de la ciudad, una especie de inframundo animal, viven cientos de animales resentidos contra los seres humanos que los abandonaron. Están liderados por un pequeño conejo, Pompón, de apariencia encantadora pero que es de lo más peligroso y además está tarado. Esa dualidad entre la comodidad de las mascotas queridas y el grupo de los olvidados hace que pensar.

En definitiva, la película resulta muy divertida, tiene buen ritmo y los niños (y también los mayores) la disfrutan (disfrutamos) mucho. Personalmente, me gusta además los mensajes subliminales que contiene. Entre ellos, una oda a la adopción de mascotas, ya que Max y Duque son adoptados, así como el no abandonar a nuestras mascotas. Desgraciadamente, la historia de Los Olvidados es la historia de muchísimos animales que cada año son abandonados. Caprichos de gente que un día se cansó y no volvió a pensar qué sería de aquellos pequeños. No puedo entender como hay personas que son capaces de hacer esto, yo no abandonaría a mi Athos por nada del mundo, él es un miembro más de mi familia y lo quiero con locura. No sabría vivir sin él.

Aunque el argumento es sencillo, la película sin duda funciona. Quizá a Max le falte un poco de chispa como protagonista y la historia podría haber dado más de sí, pero se deja ver y lo pasamos bien en el cine. Os lo dice alguien que se traga auténticos bodrios infantiles en la gran pantalla, por lo que encontrarse con una historia divertida en dibujos animados, aunque esté lejos de convertirse en una obra maestra… ¡me basta!

Si queréis ir a verla, aún la tienen en la cartelera en varios cines, estáis a tiempo. 



LECTURAS DE VERANO: CÓMO NO SER UNA DRAMA MAMÁ

Este verano (pongamos de junio hasta aquí) he disfrutado unas cuantas lecturas, lo que no está nada mal. Después de años leyendo muy poco, sigo intentando recuperar mi pasión lectora y 2016 va a estar mucho menos en barbecho que los tres o cuatro años que le precedieron, así que vamos en el buen camino.

A mis manos han llegado lecturas de todo tipo, desde novelas hasta un libro de lectura ligera en el que reírme de mí misma y mi faceta de mamá (que falta me hace muchas veces), pasando por ciertas lecturas financieras motivacionales (que no sé si sirven de algo, pero que últimamente me interesan). Aquí os dejo un pequeño resumen de mis impresiones sobre ...

Cómo no ser una drama mamá

Yo soy de las que pienso cómo es posible que se escriban ciertas cosas, se editen en libros y que la gente las lea. Y luego voy y las leo yo y me quedo tan ancha. Sí, pura contradicción con patas. El caso es que tenía un ejemplar de este libro muerto de la risa desde que hace un par de años lo hubiese comprado en una oferta del Vips y me lo llevase a casa. Siempre lo dejaba para otro momento y parece que ha llegado este verano. Un libro que cuenta la versión de las frases que te decía tu madre y que ahora tú te esfuerzas en no decir a tus hijos (y terminas diciendo, por cierto, da verdadero pánico).

Escrito en capítulos cortos, cuenta con humor la perspectiva de hijo cuando escuchabas aquellas frases como ¿Tú qué te crees, que soy el Banco de España? (ésa era tipiquísima de mi padre) o Tómate pronto el zumo, que se le van las vitaminas… pero, ¿qué vitaminas ni qué ocho cuartos?

La verdad es que es imposible no reírte cuando vuelves a leer algunas de esas frases memorables tales como Come zanahoria que es bueno para la vista. Bien, aquí una exmiope, que heredó de su padre una miopía atroz que gracias al cielo una maquinita láser le quitó cuando rozaba la treintena. Me he pasado media vida tomando zanahorias porque es una de mis verduras favoritas, me las como crudas. Pues no, siento deciros que como seas miope por genética ni convivir con Bugs Bunny te salva.

O algunas de aquellas como Esto ya pasa de castaño oscuro, que nunca he estado del todo segura de qué significa en realidad. O aquella manía de Si no te lo comes para comer, lo tendrás para merendar, para cenar, para desayunar… Doy fe, recuerdo perfectamente que yo estuve un día y medio sin comer, con un plato con un trozo de tortilla delante de las narices. Y me lo comí, claro que lo hice, porque después de 30 horas, la hipoglucemia que debía arrastrar era de escándalo. Pero vamos, que el hecho de que me pudiese dar un jamacuco en cualquier momento no amilanó a mi madre ni un ápice. Yo disfruto de una buena tortilla, pero mi progenitora, que nunca se ha distinguido por su cocina precisamente, hacía unas tortillas horribles, hasta se le quemaban y estaban negras, pero claro, yo las tenía que comer sí o sí.

Ahora bien, mis dos favoritos del despotismo maternal son los siguientes: Si eres mayor para trasnochar, también para madrugar. Eso de que te acostases a las tres de la mañana y que a las nueve, por c..j..n…s te levantasen, a ser posible a grito pelado. O su versión más sibilina, cuando la susodicha de mi madre se ponía a pasar la aspiradora a las nueve de la mañana un domingo, chocando contra la puerta de tu habitación, cayéndosele de todo y haciendo todo tipo de ruidos para que si no te levantabas, al menos no ibas a dormir más, eso te lo aseguro.

Y el colmo del despotismo: Porque lo digo yo y punto. Nada más que decir, oh mi coronel.

Miedo me da utilizar algunas de tales tretas y frases con mi hija. Lo peor de todo es que es muy probable que acabe haciéndolo (espero que no con todas).


En definitiva, un libro con el que te ríes, una de esas lecturas absolutamente prescindibles pero que en verano te hace pasar un buen rato, que no es poco.

Por si a alguien le interesa la lectura, le tenéis en Amazon a distancia de un clic


MIS MOMENTOS DE VERANO


Debería haber escrito un post recopilatorio de los 10 mejores momentos con los que me quedo del mes de julio, e ídem del mes de agosto, pero como ya estamos a uno de septiembre, he decidido recortar y hacer éste, con los mejores momentos del verano. 

El azul del Cantábrico

Hay quien no entiende el #veranoenelnorte y quienes, como yo, no entendemos el verano sin el norte y sin el azul del Cantábrico. Ya os conté en un post las cosas que más me gustan del verano en el norte. Y lo cierto es que este verano hemos subido dos veces, la primera a Asturias y Cantabria en julio y la segunda en agosto a Galicia. Además, nos ha hecho un tiempo de escándalo y hemos pasado mañanas de playa maravillosas en las que sentarse y disfrutar de vistas como éstas, frente al azul intenso y único de mi Cantábrico. Y que no nos falte nunca.



El abrazo de mi (hermano) Sergio 

Y a veces la vida te da grandes sorpresas, como escribirle un whatsapp a tu hermano (no de sangre pero sí de alma) y encontrarte con que está a cien kilómetros de ti y que al día siguiente se planta allí a verte. A disfrutar de otro cachito de #veranoenelnorte. No me canso de decir que la familia no siempre es la de los lazos de sangre, que hay sangre que no es nada y gente con quien no tienes genética en común pero que un día el destino pone en tu camino y son más sangre que nadie. Ése es el caso de mi Sergio, a quien quiero como un hermano y al que conocí hace casi quince años. Y desde entonces, aunque no nos vemos tanto como nos gustaría, no puedo vivir sin él. Verlo en Santoña fue uno de los grandes momentos de este verano.



Bajar las revoluciones

También os lo conté en este post, la necesidad de no hacer nada, o casi nada, de bajar las revoluciones y recargar pilas. Para mí es una de las cosas más importantes y este verano he tenido también tiempo para ello. Sentarte en la playa, mirar el mar, al infinito y más allá (como diría uno que yo me sé), no pensar, descansar... 



Dormir en un pazo 

Tengo la inmensa suerte de tener un pequeño paraíso donde me olvido del mundanal ruido una semana cada verano. Allí consigo desconectar, olvidarme de todo, tengo mi habitación, la misma desde hace muchos años, y aunque las cosas cambien, regresamos cada año a ese lugar, de fortaleza y seguridad. Nos sentimos como en casa, incluso mejor. Y sin él, el verano no sería igual ni el #veranoenelnorte sería tan especial. 



La comida del norte

No me puedo olvidar de la comida en el norte. La foto ilustrativa es de Galicia de este verano, pero podría ser de Asturias, de Cantabria... #Veranoenelnorte es también sinónimo de buenísima comida de gran calidad del mar y de la tierra. Ya en septiembre nos ponemos a dieta, pero lo bien que hemos comido este verano.



Madrid de Rodríguez (especial mención a las noches por el centro)

Voy a ser sincera, me encanta estar de Rodríguez en Madrid varias semanas en verano. Es cierto que llego el domingo por la noche a las mil y una y también que me voy el viernes a mediodía echando virutas. Pero entre semana aprovecho para todo: para dormir la siesta, ir de compras, pasear por el centro, quedar a cenar... Ya os conté mi experiencia en las Noches de verano del Museo Sorolla, pero ha habido muchas otras noches estupendas, especialmente paseando por el centro de Madrid. Que también me gusta hacer de turista guiri en mi ciudad, aunque sólo lo haga en verano. 



Dormir un poquito más 

Me gusta mucho dormir un poquito más y este verano lo he hecho siempre que he podido: siestas, diez minutitos más antes de levantarme, remolonear todo lo que he podido en cualquier sitio (especialmente en la playa). Y me ha sentado fenomenal. 

Disney

Sí, ¡¡¡Hemos ido a Disney!!!Por fin. Fue un empecinamiento personal y me llevé a hija, padre y abuelos a Disneyland París y lo pasamos fenomenal. La ilusión de una niña de 4 años cuando ve a Mickey Mouse no es redactable, no hay palabras que lo expresen. Han sido unos días fantásticos y un broche estupendo a este verano tan lleno de magia que hemos tenido. 




Un verano inolvidable 


Me siento una persona afortunada porque creo que soy capaz de disfrutar los pequeños placeres de la vida. Y sí, digo pequeños, porque las grandes cosas suelen ser casi siempre pequeñas, por eso hay que saber mirarlas con los ojos adecuados. Este verano he hecho un calendario un poco raro, con tiempos de vacaciones mezclados con semanas de trabajo, pero el resultado ha sido un verano lleno de cosas buenas y bonitas, que me ha dejado un gran sabor de boca y que ha hecho que se me pase volando. Ya lo decía Mafalda: "al verano había que multarle por exceso de velocidad". Y es totalmente cierto, pasa demasiado deprisa. En nuestras manos está disfrutar de la vida y sus cosas, aunque sean pequeñas, porque son las más bonitas. La vida es lo que te esta pasando ahora mismo.