VIERNES VITALES 44: LIBERA TU LISTA DE COMPROMISOS

Hace unos meses escribí una pequeña reflexión sobre la importancia de saber decir no. Si tenéis curiosidad, podéis leer el post completo aquí. En resumen, a las conclusiones a las que llegué es que muchas veces es necesario decir no. Desgraciadamente, el mundo en el que vivimos va a una velocidad imposible y nos exige llevar agendas interminables que, casi siempre, se convierten en una fuente inagotable de estrés.

Cada vez evoco más la vida de mis abuelos en un pueblo de Castilla. Sin duda vivieron épocas muy duras, en las que faltaban a veces las cosas más esenciales, y se deslomaron trabajando en el campo de sol a sol. Sí, pero no tuvieron estrés, con el que nosotros convivimos a todas horas. En invierno estaban en casa, no trabajaban, no se levantaban al alba, no vivían el ritmo trepidante de la gran ciudad. Mi abuelo murió el año pasado con 91 años, mi abuela aún está viva. Y yo me pregunto cuántos años viviré yo… Aunque viva lo mismo, o incluso más, será por los avances de la ciencia y la medicina, pero es posible que el estrés acabe conmigo antes. Es necesario pensar un poquito en la calidad de vida que llevamos.

Hay cosas que no podemos cambiar. Si entro a trabajar a las 7.30, me temo que me toca levantarme a las seis y media o antes, sacar al perro, irme corriendo a trabajar… Mi horario normal está muy lleno per se, salgo volando cerca de las tres y empiezo a correr de nuevo. La mayoría de los días recojo a mi hija a las cuatro, otras veces a las cinco, un día la llevo a piscina, otros al parque… Y además, de vez en cuando tengo vida social y cultural, o al menos lo intento. Y sí, frecuentemente estoy muy cansada. Por eso, he aprendido a decir que no. Y me pregunto las cosas que os contaba en aquel post: ¿qué es lo que yo quiero?, ¿qué es lo que yo necesito?, ¿cuál es mi prioridad?

Tras tomar una decisión pensando en el yo, pienso en el impacto que llevará mi acto frente a terceras personas (decir sí o no) y luego, sencillamente decido y lo cuento con sinceridad. Me sirve para liberar mi agenda y sobre todo para tener la conciencia tranquila. Sé que no le gusta a todo el mundo y que hay gente que no soporta un no, pero no importa.

Un poco al hilo de aquel post, había escrito otro antes: ¿qué pasa si no lo hago? También, si de nuevo sentís curiosidad, aquí lo tenéis. En aquel post reflexionaba sobre el hecho de que, en realidad, puedes sacar muchas cosas de la lista y no pasa nada. De hecho, es bueno sacar cosas de la lista, delegar, pedir ayuda, tomarte las cosas con calma. Más no es sinónimo de mejor en la mayoría de las ocasiones.

Pues bien, hoy he leído un artículo estupendo que os recomiendo que leáis. Habla de la necesidad de reducir compromisos y lo que cuenta nos sonará a muchos. Me ha parecido muy formativo, porque nos cuenta, de manera sencilla, que debemos hacer una lista con nuestra situación actual. Yo no era nada de listas, pero he descubierto hace tiempo que te facilitan mucho el orden vital porque hasta que no ves en una lista la cantidad de cosas que tienes encima, no eres verdaderamente consciente del jardín en el que te has metido, o te han metido, pero la realidad es que ahí estás.

Empieza por la lista de todos tus compromisos (los tuyos y los de otros que terminan salpicándote, por ejemplo cuando tienes hijos esto es inevitable: sus compromisos terminan siendo los tuyos).

Ahora, califícalos: cuáles son importantes y cuáles no lo son, puedes prescindir, cancelar, delegar, posponer…

Ya tienes tu sublista con las cosas verdaderamente importantes. Mi consejo: repásala de nuevo, igual hay alguna de ellas que se pueden salir de la lista. Y sigue sin pasar nada.

Y ahora: reduce tu lista de compromisos prescindibles o no importantes. Esta parte es la que más le cuesta a mucha gente, sobre todo por el miedo al qué dirán, cómo se lo tomarán etc.


Si habéis leído el artículo que os recomendaba, veréis que incluye muy buenos consejos. Si existe algún compromiso que te cuesta anular, deberías preguntarte qué valor da a tu vida, cuál es su importancia, qué pasaría si lo dejases… Me ha gustado mucho también el truco de estar dos semanas sin hacerlo y ver qué ocurre. Probablemente puedas vivir sin ese compromiso y en realidad no pase nada. Libérate de la sensación de culpa y disfruta del alivio y del tiempo. En contrapartida, debes esforzarte por aprovechar el tiempo extra, bien sea para descansar, para meditar… Y cuando quedes con una amiga para tomar un café, que sea porque realmente te apetece mucho y estés ahí al 100%. Más vale una tarde presente que muchas citas con la cabeza y el corazón ausentes.



Y ahora voy y me aplico el cuento

Sí, que las teorías siempre son muy bonitas, más aún si están bien escritas y parece que las entendemos a la primera. Otra cosa muy diferente es llevarlas a la práctica. Os contaré algunas cosas que yo he eliminado, o he liberado de mi agenda.

Vida social: la que realmente quieres. Es cierto que cuando empiezas a decir no te conviertes en alguien borde, o al menos la gente lo percibe así. También es cierto que no se puede llevar al extremo y pasarse la vida diciendo no, no y no, sino que a veces tienes que ceder. Pero personalmente he reducido bastante mi vida social, o más bien mis compromisos sociales. Procuro ver a mis amigos, sigo comiendo fuera con gente con cierta asiduidad, voy mucho al teatro (siempre menos de lo que me gustaría) pero he reducido mi agenda estresante. Eso quiere decir que hay personas a las que veo menos, que en verano me paso la vida en la calle (porque me encanta) y en invierno me paso los domingos por la tarde viendo series en la cama bajo las mantas (porque también las disfruto mucho). Hay personas a las que ya no veo porque no me aportan, hay otras a las que quizá veo menos que antes. Eso sí, cuando voy a algún sitio o quedo con alguien doy el 500%. Y así creo que todo fluye mejor.

La agenda familiar muy bien organizadita. Mi amiga Elena tiene un sistema de lo que ella llama puntos familia, que yo le copié hace cosa de un año y que realmente funciona. Una niña de cuatro años necesita salir a la calle, ir al parque, jugar con sus amigos, jugar en casa etc. Personalmente, odio el parque, no es precisamente mi hábitat natural. Aún así, he de decir que normalmente suelo ir al parque, de media, tres o cuatro tardes a la semana. Pero voy yo, y al costillo lo libero. Ello quiere decir que el costillo me libera a mí del resto de tardes. Así todo el mundo tiene su tiempo y su espacio, y no estamos todos aburridos sentados en un banco en tardes interminables, sino que disponemos de tiempo para hacer lo que cada uno disfruta más. Y se agradece, os lo aseguro. Lo mismo ocurre con los horarios de entrada y salida del cole (yo me encargo de las tardes, el buenpadre de las mañanas), las actividades, los fines de semana etc. La organización facilita muchísimo la vida.

El gimnasio fuera. El año pasado me apunté a un gimnasio con el sano propósito de ir dos veces por semana después de trabajar. Los primeros meses lo llevé bien, pero en invierno empecé a llevarlo muy mal. Aunque suene fatal, lo sé, me di cuenta de que mi cuerpo agradecía mucho más echarse una siesta de 40 minutillos los lunes y los miércoles (que eran los días que mi hija salía más tarde del cole y los únicos que podía ir al gimnasio), que pegarme la paliza en el gimnasio. Eso no quiere decir que dejase de hacer ejercicio y llevar una vida lo más sana que puedo, pero de lo que me di cuenta es que las clases de zumba o aerobic me encantan y las máquinas del gimnasio terminan aburriéndome. Por ello, sigo yendo a clases de zumba y aerobic, he dejado las máquinas y mi propósito es echarme una siesta dos tardes a la semana.

Este blog lo escribo cuando quiero. Con ello, quiero decir que puedo escribir tres posts en una semana, como estar diez días sin escribir. No pasa absolutamente nada. Yo esto lo hago por puro hobby, agradezco muchísimo a todos los que me leéis y me escribís, pero ni es un trabajo ni tengo que estar vinculada a una calendario editorial precisamente.

Y muchas otras cosas que, si un día me siento inspirada, os contaré. Lo cierto es que liberando nuestra agenda de compromisos y organizándola, las cosas fluyen mejor y la vida se hace más fácil. 

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5 comentarios:

  1. Si la vida es muy fácil. Somos nosotr@s quienes la complicamos... Compromisos, los justos y necesarios, los que no se pueden ni se quieren quitar de esa lista. Y luego, vivir.
    Besotes!!!

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    1. No sé si la vida es tan fácil, pero sí es cierto que nosotros la complicamos más aún

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  2. A estas alturas pocas cosas hago ya por compromiso, aunque alguna hay, pero tiene que ser muy gordo. Un besote.

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    1. Me alegro leer eso, Esther ;)

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    2. Quizás, el hecho de que mis prioridades últimamente hayan sido otras y con tanto tema médico y demás me hayan ayudado. Ya ves, algo bueno saco de todo esto. Un beso.

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