MI ÚLTIMA REFLEXIÓN DEL AÑO: MENOS COSAS, MÁS VIDA

Hace semanas, incluso meses, que le estoy dando vueltas a la cabeza respecto a la abundancia de cosas (y aquí englobo cosas materiales, experiencias, citas en la agenda) con las que vivimos. Nos quejamos de estrés, pero a veces no nos damos cuenta de que el consumismo atroz en el que vivimos genera más y más cosas, más y más necesidades, más y más compromisos que aún nos estresan mucho más.

Ya os contaba hace tres meses en este viernes vital que me agobiaba vivir con tantas cosas y tener siempre una lista interminable de compromisos y cosas por hacer. Es cierto que la organización y la priorización ayudan un poco, pero si tienes miles de cosas, por más que optimices tu tiempo y lo gestiones divinamente, es posible que llegues a hacer más cosas pero del estrés no te libra nadie. Harás (o tendrás) más cosas y tendrás más estrés. Por ello, la única solución es decir no. De hecho, de decir no ya había hablado antes, allá por el mes de julio aquí. Probablemente este post no aporte más novedad que organizar mis pensamientos que llevo rumiando bastante tiempo, y que el blog me pone fecha de publicación.

El caso es que hubo una lectura que me marcó bastante este año, y también os lo conté en el blog: La magia del orden, de Marie Kondo. Escribí sobre él allá por el mes de abril, por lo que estas ideas que sigo rumiando empiezan a ser viejas. Por lo que he podido ver (y oír) este libro no sólo ha sido un indudable éxito de ventas, sino que ha marcado a muchas personas. Miro a mi alrededor y veo trastos. Es cierto que no he sido capaz de sacarlo todo, ponerlo entre mis manos y decidir si quiero seguir con eso en mi vida o no, pero sí me ha influido muchísimo a la hora de comprar y también a la hora de desechar.

A través de este libro, creo que he llegado a algunos aprendizajes:

1.  Compro muchas menos cosas porque me he dado cuenta de que necesito muchas menos cosas y que las cosas se han convertido en una carga. Está genial la experiencia que te proporciona algo. Pongamos por ejemplo un libro, una lectura de ésas que disfrutas muchísimo y que con suerte (con muchísima suerte) volverás a leer dentro de ¿diez años? Mientras, el libro, junto con cientos de libros más, se queda en la estantería cogiendo polvo y olvido. Parece mentira que alguien que ama tanto las bibliotecas personales como yo las amé en el pasado (crecer en una casa con cerca de 5.000 volúmenes marca) reniegue del libro. No reniego para todo, pero el 90% de los libros que tengo o que han pasado por mis manos, los considero prescindibles, o que al menos no necesito su versión en papel y la digital tiene la ventaja de no ocupar espacio, polvo y olvido.

2. Me resulta más fácil deshacerme de muchas cosas que no necesito. Estoy muy lejos de convertirme en una minimalista, para qué engañarnos, pero sí es cierto que muchas veces soy mucho más consciente de todo lo que me sobra. Y es mucho, demasiado. Uno de mis propósitos de 2017 es aligerar el equipaje, deshacerme de las cosas que no me aportan, que me sobran, que llenan mi casa y mi vida.

3. Todo lo que dejo de tener, de consumir, de almacenar tiene un doble efecto positivo: me libera y me produce menos estrés y además me hace ahorrar. Llevo meses consumiendo menos, haciendo menos cosas, dejando de gastar dinero en cuestiones que no necesito, escogiendo más y quedándome con menos y mejor… y eso se traduce en una agenda más liberada, menos estresada, y más dinero en el banco. Haced la prueba durante unos meses y darle recorrido. Os sorprenderá, sobre todo el ahorro que supone después de una temporada.

Leyendo en internet uno encuentra cosas fascinantes. Una de ellas ha sido el reto de Un año sin compras, que descubrí a través del blog Escarabajos, bichos y mariposas. Me parece alucinante y sin embargo ni lo voy a intentar, porque ese reto no es para mí. Una cosa es que quiero vivir con menos cosas y eso implica por un lado que voy a comprar mucho menos y que voy a deshacerme de muchas cosas que no necesito. Pero lo de no comprar nada en un año creo que no estoy preparada para ello, y admiro mucho a María, de Escarabajos, bichos y mariposas, que lleva varios meses con este reto y parece que lo está logrando. Mucho ánimo con ello. Pero yo, pobre mortal, sigo comprando, aunque menos. El lunes de esta semana, sin ir más lejos, me compré un anorak estupendo en Cortefiel al 50%. Voy a poner las marcas porque me da la gana. La razón por la que lo compré fue porque el abrigo anorak que me había comprado hace un año en Zara y que me costó más de 100 euros murió. La calidad de Zara me parece nefasta, no entiendo por qué la gente compra aquí y no en el chino, cuando cuesta tres veces más y la calidad es similar. En los abrigos, es muy frecuente que se rompa el forro, o la cremallera (como le pasó al mío con un año de uso), pero es que además en seguida parecen como sobados, rozados, con brillos… Otro de los aprendizajes es que lo siento mucho, pero Zara no es para mí. Pero a lo que iba, que me compré un anorak, y quizá no lo necesitaba del todo, pero un buen anorak largo para la moto se me hace imprescindible, aunque tengo cuatro abrigos de lana muertos de risa. Y si se me hace imprescindible para ya, pues en un año entero, ni te cuento la cantidad de cosas imprescindibles que voy a necesitar.

Y ahora, mi reflexión navideña. Porque está muy bien eso de no consumir tanto, hacerlo más responsablemente, no comprar mil cosas que no necesitas, pero… ¿qué hacemos en Navidad? Consumir de un modo totalmente irresponsable, comprar por comprar (tengo que salir del paso del regalo de mi tía, a mi hija le regalo treinta cosas, compro comida para alimentar a un regimiento…), comer mucho más de lo que es necesario y sobre todo recomendable, tener mil compromisos y generar consumo, estrés y poco másAsí a bote pronto, ésa es la Navidad, la gran fiesta consumista de enero. Luego tiene otras muchas cosas bonitas pero nos pasamos tres pueblos comprando cosas innecesarias.


¿Cómo me planteo yo esta Navidad? Pues de un modo un poco diferente.

Por primera vez en años, Nochebuena y Navidad las pasaremos en mi casa con mi padre y su mujer, por lo que en esta ocasión somos casa de acogida navideña. Pero lejos de estresarme, he decidido ir sobre seguro, con platos que sé que salen bien y que gustan y sin volverme loca. Para ello, tirad de recetas tradicionales más o menos sencillas y de las recetas para inútiles del Comidista, desde aquí declaro mi pasión por esta web y algunas de sus fantásticas recetas tan sencillas de hacer y tan resultonas.

En el tema regalos, lo tengo controlado. Pocos e intensos. Papá Noel lo tiene fácil porque necesitamos renovación tecnológica en mi casa, así que vendrán con dos tablets y sendas fundas para los adultos de la casa. Para los niños, la humana y el peludo, sus cosillas que nunca fallan: es decir, pinturas, libros e incluso una caja de maquillaje para una y pelotas y chuches para el otro. Luego los Reyes se lo currarán un poquito más, pero como son previsores ya tienen todo desde el Black Friday, para evitar agobios de última hora y ahorrarse un dinerillo. Algunos regalos más complicados, véase mi padre, se han solventado tirando de productos gourmet, de ésos que no te compras porque son caros pero que te encantan y devoras cuando te los regalan.  Simplificar, comprar algo bueno e intentar acertar, con tiempo y pensándolo un poquito pero sin volvernos locos.

En cuanto a eventos, las Navidades en nuestro caso también implican algún viaje, pero he decidido ir menos días al pueblo (porque me aburre, así que Henar y yo nos quedaremos más tiempo en Madrid), pasar más días en Oviedo y descansar mejor y sobre todo no agobiarse con mil planes. Es una época de eventos, fiestas, reuniones… pero mantener la agenda a raya es más necesario que nunca. Si no, terminamos las vacaciones con más estrés que empezamos. Para ello yo empiezo cogiéndome las dos semanas de Navidad de vacaciones (planifico todo el año para tener estos días), tener tiempo para estar en casa, para viajar, pero también para descansar. Y aunque hacemos planes, vuelvo a lo de antes, no nos volvemos locos. Navidad puede convertirse en un tiempo para disfrutar o en un infierno de estrés en el que queramos que acabe cuanto antes y volver a la oficina. Disfrútalo y recuerda que en la mayoría de las ocasiones menos es más.



¡¡¡Feliz Navidad!!!

MADRID CON NIÑOS 29: VUELVE AL CIRCO PRICE POR NAVIDAD, LAS NAVIDADES DEL PRICE 2016

No es que huela a Navidad, es que ya no nos queda nada. En mi casa, desde hace unos años, una de las tradiciones navideñas por antonomasia y que más disfrutamos  es acudir la mañana de Nochebuena al Circo Price a ver su espectáculo de Navidad. Llevamos haciéndolo tres años seguidos, así que podemos considerarlo ya una tradición absoluta.

Lo cierto es que el espectáculo de Navidad en el Price es algo que si estáis en Madrid y os gusta mínimamente la Navidad no podéis perdéroslo por nada del mundo. Si os gusta bastante o mucho este período del año, o si tenéis niños en casa, muchísimo menos. Yo descubrí este espectáculo hace ya unos cuantos años y lo disfruté en sus ediciones de allá por el año 2010 y 2011. Cuando nació mi hija dejamos de ir un par de años pero cuando creció un poquito (dos años y algo para ser exactos), decidimos volver y os puedo asegurar que es un espectáculo precioso con el que los niños y los mayores disfrutamos muchísimo.

Este año hemos hecho un poquito de trampa. Es cierto que vamos toda la familia a verlo el día de Nochebuena, pero también es cierto que Henar y yo ya lo hemos visto, gracias a unas invitaciones de mi periódico favorito. Por eso, puedo hablaros de primera mano de la edición de este año, que me ha parecido aún mucho más navideña que otras, si eso es posible.


El hilo conductor es la historia de una niña que, el día de Navidad, descubre que no hay ningún regalo para ella y decide ir hacia el corazón de la Navidad a descubrir qué ha pasado. Iniciará un viaje mágico que le llevará al más puro sentimiento navideño, con una estética de estas fechas, llena de magia, alegría y belleza. Y por supuesto aderezado con infinidad de espectáculos circenses que nos dejarán boquiabiertos: trapecistas, equilibristas, incluso osos polares (aunque no reales sino animatrónicos, pero en niños pequeños cuelan que son de verdad).


Este espectáculo tiene infinidad de cosas buenas: nos acerca al espíritu de la Navidad, durante sus cerca de dos horas de duración nos encontramos en una burbuja de belleza y felicidad y desconectamos del mundanal ruido, que suele venir bien. Pero es que, además, aunque hayas visto otros espectáculos anteriores de Navidades en el Circo Price, incluso si vas cada año, no dejará de sorprenderte. Cada nueva Navidad, el Circo Price se renueva y es capaz de presentarnos un nuevo espectáculo lleno de magia, en el que acercarnos de nuevo a las mágicas Navidades de nuestra infancia. Para mí, sin lugar a dudas, se ha convertido en un espectáculo imprescindible que recomiendo encarecidamente. Mucho más que un circo, mucho más que un espectáculo navideño para pasar el rato, un evento imprescindible para niños y mayores.

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VIERNES VITALES 51: TÚ NO ERES LA ETIQUETA QUE TE HAN PUESTO

Está muy de moda poner etiquetas a todo. Nos pasamos la vida etiquetando a las personas y recibiendo etiquetas de otros, aunque no las queramos. Tú puedes ser el simpático, la borde, el bicho raro, la chica inteligente, quien tiene, o no tiene, don de gentes, el responsable, la caótica, el informal, la sensible, el formal, la empática y una extensísima lista más.

A menudo las etiquetas, aunque sean positivas (que a veces también lo son) encierran una carga demasiado dura de llevar. Se supone que siempre tienes que ser de ese modo, si la etiqueta es buena, o que deberías modificar tu conducta si la etiqueta es mala.

Ejemplos claros:

Fulanito es ese primo/tía/hermana/abuelo al que siempre tooooda la familia recurre, porque tiene la mente clara, es organizado, siempre da buenos consejos y ayuda. Por ende, fulanito, al que queremos mucho, también le tiranizamos con nuestros problemas y él siempre debe de tener su mejor sonrisa y la solución precisa. No puede tener sus propios problemas, ni tener días malos en los que nos diga que no está dispuesto a escucharnos. Nunca nos preocupamos por lo que él puede estar pasando porque siempre vamos a contarle nuestro rollo. Fulanito el majete, el magnífico, el que siempre está ahí no tiene derecho a muchas cosas porque para eso es nuestro fulanito, al que recurrimos sin importarnos nada más.  

Conclusión: de una etiqueta positiva sale una carga enorme.

Menganito es negativo. Sí, esa persona que no ve las cosas como nosotros, porque nos hemos empeñado en la chachi-idea de hacer un photocall en la cena de Nochebuena en casa de los tíos. Y Menganito no quiere, incluso pone mala cara cuando nosotros estamos de fiesta. Menganito no bebe, a Menganito no le gustan las reuniones con mucha gente, Menganito siempre es aburrido y demasiado responsable. Menganito no mola nada. Debería cambiar, debería ser como uno de esos muñecos a pilas que les tocas y cantan una canción navideña. Y si toca disfrazarse, pues aunque a Menganito no le guste, que se aguante, porque en esta familia alguien ha decidido que toca hacer el chorras, y lo que decide el grupo está muy por encima de lo que necesiten sus integrantes. Donde esté la masa borrega, que no vengan gente como Menganito a fastidiarnos…

Conclusión: una etiqueta negativa que le pone a Menganito la carga del mundo sobre sus espaldas, porque es un rancio y se lo merece.

Seguro que os suena. Extrapolémoslo al mundo familia, o al mundo empresa, o a cualquier otra masa. No sólo tenemos cientos de etiquetas, sino que nosotros, sí, nosotros mismos, nos pasamos el día etiquetando y juzgando a las personas. A veces de modo positivo y otras de modo negativo.

Si la etiqueta es mala, aún es peor. Probablemente determinadas personas, que se creen con todo el derecho del mundo a etiquetar y a grabar a sangre y fuego su etiqueta, terminan hundiendo a muchas personas, por el mero hecho de ser diferentes. Cuando uno estudia psicología se da cuenta de que “el etiquetador” tiene un gran problema de falta de seguridad, pero para “el etiquetado” no es ninguna solución saber eso. El etiquetado tiene que seguir con su vida, sobrevivir y llevar la carga de la etiqueta, muchas veces llega a pensar que el etiquetador tiene razón, y aún la tiene más aún porque parece que es un sentimiento generalizado entre la masa. La masa cree que eres aburrido, que eres borde, que eres demasiado responsable, que haces esto mal o que lo otro podrías hacerlo mejor.



Bien, tengo una familia (no mi núcleo familiar que he formado con marido, hija y perro sino los familiares tipo tíos, primos y demás) de la que paso bastante. De hecho, paso de casi todos los convencionalismos de este mundo y mucho más aún de los familiares. Y claro, así me va. Descubrí hace mucho que no soy perfecta y que a menudo soy mucho más imperfecta a los ojos de otros que se creen con derecho a juzgarme y etiquetarme según sus normas, que no tienen por qué ser las mías. Simplemente, en contraprestación a ello, aprendí a asumir cómo soy y aceptarme. Los demás pueden pensar lo que quieran, algunos pensarán mal, otros pensarán bien, pero la fortaleza es algo que nos pertenece y que está dentro de nosotros mismos, hay que buscarla y darle vida y seguridad. 

No te creas las etiquetas que te pongan otros, tú no eres esa etiqueta


NOTA: La foto ha salido de Twitter, espero no infringir nada, si eres el autor y quieres que la retire, escríbeme un email y lo haré lo antes posible. Gracias y disculpa. 

MANUALIDADES NAVIDEÑAS CON NIÑOS: SU MAJESTAD EL REY MELCHOR

Que a mi hija le gustan las manualidades es un hecho consumado. Además, en el cole, de vez en cuando tienen ideas adicionales (como fue el caso), que nos hacen ponernos manos a la obra. En esta ocasión, la consigna era realizar algún personaje o animal para el Belén del cole, usando para ello el rulo de cartón del interior del rollo de papel higiénico. Ni qué decir que cuando fuimos a ver el Belén nos encontramos con cosas alucinantes. Algunas de ellas espantosas, pero las menos, y otras, la mar de originales, hechas sencillamente con el rulo de papel higiénico y mucha imaginación. Eso sí, había infinidad de vírgenes y de ángeles, pero casualmente no había ningún Rey Melchor. De los tres Reyes Magos había dos Reyes Gaspar desperdigados por el Belén pero ni un Melchor ni un Baltasar. 

A mi hija aquello le pareció imperdonable, ¡¡¡no tener al rey Melchor!!! En mi casa, que somos antimonárquicos, he de reconocer que sí somos devotos de su Majestad el Rey Melchor, a quien esperamos ansiosos a que llegue cada año con su generosidad y deposite regalos debajo del árbol. Cuando era pequeña siempre fue mi rey preferido, y creo que por claras influencias también es el de mi pequeña princesa. Estaba claro que había que hacer un rey Melchor para el Belén.

El resultado fue éste, que así visto queda hasta mono. Es cierto que nos llevó un buen rato, pero también que es una manualidad facilita de hacer con los peques y que termina siendo la mar de resultona. En esta época navideña, en la que si no hace buen tiempo terminamos estando más horas en casa a lo largo de las vacaciones, ponerse con el DIY (do it yourself), el hand made o las manualidades de toda la vida, y además utilizando reciclaje e imaginación, puede ser una buena opción para entretener a los peques y pasar un buen rato juntos.


En este caso, lo que utilizamos fue el rulo de cartón del interior del papel higiénico como base, un trozo de cartulina, una hoja de papel blanco, unos rotuladores de colores, un trozo de papel de estraza, un trozo de goma Eva y un pequeño bote de purpurina. Por supuesto, tijeras, pegamento y celo, que no falten nunca. No hemos comprado nada esta vez, sino que hemos tirado de lo que teníamos en casa, por lo que los colores se han amoldado a lo que había.

Lo primero que hicimos fue cortar un trozo de cartulina, en este caso azul celeste y forrar con ella el rulo de papel higiénico. En los bordes, hicimos pequeños cortes con las tijeras para que luego los trocitos se adaptasen bien y pudiese pegarse con celo y quedase bien el borde del rulo, que es la zona más difícil.

Con rotulador color chicha (como dice mi hija), en una hoja blanca pintamos un trozo y luego lo recortamos, utilizándolo para la parte de la cara y las manos de su majestad el Rey Melchor. Pegamos primero el trozo de la cara y le dibujamos unos ojos y una pequeña naricilla.

Cogimos un trozo de papel blanco para la barba y lo recortamos en forma rectangular, haciendo cortes verticales paralelos con las tijeras. Simplemente rizándolos un poco queda una barba bastante chula y fácil de hacer, que pegaremos alrededor de la cara. La misma técnica la utilizaremos para el pelo del rey.

La corona la hicimos con goma Eva y simplemente la pegamos en la parte superior del rulo, cubriendo todo el contorno.

Quedaba “la parte más difícil” (aunque no es para tanto) que consiste en hacer el manto a su Majestad Melchor. Para ello, utilizamos un trozo de papel de estraza (éste en concreto había venido en el interior del embalaje de un mueble de Ikea y lo guardamos para este tipo de cosas). El papel de estraza es menos rígido que el papel normal, por tanto más manejable para hacer un manto que se supone que tiene que tener un poco de vuelo. Como nuestro papel de estraza era grisáceo, simplemente lo pintamos con rotulador azul oscuro, haciendo rayas imitando a una textura como de tela de algodón. Luego sólo hubo que recortarla en forma redonda, ponérsela al rey y pegarlo justo por debajo del pelo y hasta donde van las manos. Para que tuviese vuelo, cortamos un triángulo en la mitad de la parte trasera y pegamos otro trozo del papel de estraza tuneado con rotulador azul por la parte inferior. El resultado por detrás quedó así.



La verdad es que es una manualidad navideña para hacer con niños muy divertida, pasamos un rato entretenido. Los niños pueden pintar, decorar con purpurina (que fue lo último que hicimos), incluso recortar y pegar. Necesitan un adulto que les ayude con las partes más complejas, pero por lo demás ellos pueden hacer gran parte de este hand made tan resultón. De hecho, me ha gustado tanto el resultado que creo que estas navidades vamos a hacer los tres Reyes Magos para nuestra casa. Si nos animamos, os enseñaré el resultado.


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Tarjetas Navideñas Caseras 2015



VIERNES VITALES 50: BUSCA TU MOTIVACIÓN

Seguro que habréis oído mil veces hablar de la motivación, o de la vertiente interna: la automotivación. Sí, son términos que en cualquier curso o texto sobre fortalezas, habilidades, técnicas de mejorar la autoestima y la búsqueda de la felicidad aparecen. Motivar, aumotivar… Pero más allá de todo ello, tengo una pequeña reflexión que querría compartir con vosotros en este viernes vital.

La motivación viene de motivo. ¿Y qué es un motivo? La razón que hay debajo o detrás de algo. Así de simple. A veces son motivos de peso, otras veces son verdaderas tonterías, pero siempre hay algo. En ocasiones ni siquiera llegan a ser motivos, pueden ser incluso impulsos.

Creo que viene bien recordar en el día a día cuáles son tus motivos, y, por ende, cuáles son las motivaciones que tienes en la vida.

Lo primero de todo es hacer un análisis. ¿Tienes motivaciones?, ¿cuáles son?

Este simple ejercicio ilustra muchas cosas en tu vida. Probablemente, si reflexionas sobre ello, te darás cuenta de que a veces tu vida la guían otras cosas: los impulsos, los quehaceres, las necesidades… Muchos de ellos pueden ser motivos pero pocos de ellos son motivaciones. Te sorprenderá darte cuenta de que hay cosas que haces y que no sabes muy bien por qué las haces. Puede ser que en el pasado hubiese un motivo, incluso una motivación especial. Pero también es muy posible que se haya diluido en el tiempo y que sigas haciendo ciertas cosas por inercia.

Primera decisión: abandona las cosas para las que no tengas motivos ni motivaciones. 

Quien dice cosas dice actividades, personas, cargas o incluso cosas físicas… Hacer limpieza de tu mundo y de tu vida.

Solías ir a clases de inglés porque querías mejorar el nivel, pero ahora que has llegado a un cierto nivel, quizá no las necesites tanto. Quizá puedas aprovechar ese tiempo para hacer otra actividad.

Hace años tenías una compañera de trabajo con la que sigues viéndote una vez al mes. Lo cierto es que habéis evolucionado por caminos diferentes y en muchas ocasiones te resulta un esfuerzo tomar ese café. Espácialos, deja que haya más tiempo entre uno y otro. Te darás cuenta si quieres seguir manteniendo esa relación o no, si te aportas y le aportas o quizá debamos pasar a vernos menos. La vida sigue fluyendo.


Te encantó aquel abrigo en la tienda y no dudaste en comprártelo pero lo cierto es que lleva tres años sin moverse del armario, cogiendo polvo. ¿De verdad lo necesitas?


El segundo paso es buscar motivaciones.

Y aquí, aviso a navegantes, abrimos la caja de Pandora. Buscar motivaciones… ¿a todo? Bueno, habrá que ir poco a poco, pero lo cierto es que deberíamos intentar abarcar al máximo la búsqueda de la motivación. Pero tampoco hay que volverse locos, ni siquiera hay que tomar decisiones, estoy en la fase búsqueda de la motivación. A veces existe y a veces no, por eso cuando no existe, o la buscamos y la encontramos o quizá sea mejor abandonar lo que estamos haciendo, porque no aporta demasiado. 

Y no sólo buscar motivaciones sobre cosas concretas, sino buscar inspiraciones sobre nuestra propia vida. ¿Qué me motiva?, ¿qué me ilusiona?, ¿qué me inspira?

Os doy un ejemplo personal, llevo varios meses dándole vueltas al tema de hacer un curso de experto en coaching. Me motiva muchísimo porque me parece que el coaching es capaz de cambiar el mundo, o al menos de convertirlo en un lugar mejor. Yo recibí coaching hace unos años y reorienté mi modo de vivir y de ver las cosas. Creo que desde entonces soy capaz de disfrutar mucho mejor de lo que me ocurre, aceptar y superar las cosas no tan buenas y seguir adelante.

Por ello, hacer un máster de coaching me motiva muchísimo, entre otras cosas porque, aunque sea un sueño, me encantaría en el medio plazo dedicarme profesionalmente a ello. Sin embargo, conlleva una inversión de tiempo, esfuerzo y dinero lo suficientemente grande como para planteárselo muy seriamente. ¿Qué he hecho? Planificar. He localizado el máster que quiero hacer, he decidido posponerlo un curso académico, así tengo el tiempo previo suficiente para ahorrar el importe del curso (y cuando digo ahorrar es con un plan de ahorro en el que me quito de otras cosas y ese dinero lo destino al máster) y también para plantear el tiempo que me va a llevar el curso y estructurar mis horarios, especialmente los familiares, de cara a poder aprovecharlo al máximo.

La motivación es el qué quiero hacer en el futuro. Las motivaciones del presente las tengo claras. Pero viene bien cambiar alguno de los motivos o motivaciones actuales y plantear a más medio plazo. 


En definitiva, enfoca tu mundo desde la motivación. Debes buscar la motivación en lo que haces, o lo que es lo mismo, revisar si las cosas que haces, la vida que llevas, te motivan o no. En caso de que no lo hagan, plantéate si puedes volver a motivarte con ello o simplemente resulta más sencillo dejar atrás todo aquello que ya no te aporta. Con ello, conseguirás descolapsarte, encontrar hueco para hacer cosas que realmente te motiven.


¿Cuánto tiempo hace que no le das un repaso a las motivaciones de tu vida? 

PEQUEÑA SUITE EMOCIONAL: UNA ODA A LA VIDA

De nuevo, tengo varias opiniones teatrales y de espectáculos pendientes. Entre ellos, un espectáculo diferente y emocionante al que me invitaron los chicos de Lemon Press y que tanto a mí como a nuestro acompañante nos encantó. Es una pena porque creo que era la última función, pero es tan divertido y está tan bien hecho que confío en que lo vuelvan a programar antes o después por los teatros de Madrid y podáis ir a verlo.

Se trataba de Pequeña suite emocional, un viaje emocionante que recorreremos a través de vivencias y recuerdos, en el que no falta la nostalgia y la emoción. En ella, Roger Álvarez, como maestro de ceremonias y con una voz impresionante, nos recordará a través de su oda a la alegría de vivir, las cosas verdaderamente importantes de la vida y todas esas cosas bonitas que conforman nuestra existencia y que frecuentemente olvidamos en el estruendo de la rutina y la apatía.

En cinco canciones, Roger Álvarez nos irá desgranando cinco historias que nos llevarán de viaje a lejanos lugares. Quizá Lisboa o Tabarca no sean lugares tan lejanos físicamente, pero las canciones que las evocan hablan de sueños, de infancia, de tiempos pasados, de mundos perdidos que seguimos buscando.


Decir que “me encantó” este espectáculo os aseguro que se queda corto, muy corto. No esperaba nada especial de él, fue una invitación que llegó en el momento justo y que encajó en mi agenda. Probablemente haya sido cosa del destino, en el que creo a pies juntillas, porque últimamente encajar en mi agenda es tarea difícil. Fui, llegué y disfruté. Alrededor de una hora y media que se me evaporó entre los dedos en una especie de éxtasis emocional y grupal en el que todos los que estábamos en la sala off del Lara terminamos cantando a voz en grito a la vida. Me pareció como sesión de coaching grupal que me recargó las pilas de la alegría, un auténtico regalo que no esperaba y que agradezco infinitamente.

En seguida conecté con Roger Álvarez, al que recordaba de alguna que otra serie en televisión, pero al que, si no me equivoco, nunca había visto sobre un escenario. Es un actor y un músic
o extraordinario, que supo captar la atención de su público e invitarnos a una especia de oda a la vida llena de emociones positivas. Si además la primera canción hablaba de mi adorada y añorada Lisboa y Roger Álvarez tiene raíces asturianas, no podía no gustarme. La función, creo que la última, era especial, ya que él estaba rodeado de su gente y eso se notaba en toda la sala.

En definitiva, a veces obras que te pasaban desapercibidas se convierten en una experiencia alucinante, y sin duda la Pequeña suite emocional de Roger Álvarez lo logra. Si la vuelven a representar y tenéis la oportunidad de conseguir entradas, no dejéis pasar la oportunidad, porque es una de esas obras que sin duda os dejarán un poso emotivo y que recordaréis durante mucho tiempo.


Gracias a Roger Álvarez por hacernos ese regalo extraordinario que es su Pequeña suite emocional