MI ÚLTIMA REFLEXIÓN DEL AÑO: MENOS COSAS, MÁS VIDA

Hace semanas, incluso meses, que le estoy dando vueltas a la cabeza respecto a la abundancia de cosas (y aquí englobo cosas materiales, experiencias, citas en la agenda) con las que vivimos. Nos quejamos de estrés, pero a veces no nos damos cuenta de que el consumismo atroz en el que vivimos genera más y más cosas, más y más necesidades, más y más compromisos que aún nos estresan mucho más.

Ya os contaba hace tres meses en este viernes vital que me agobiaba vivir con tantas cosas y tener siempre una lista interminable de compromisos y cosas por hacer. Es cierto que la organización y la priorización ayudan un poco, pero si tienes miles de cosas, por más que optimices tu tiempo y lo gestiones divinamente, es posible que llegues a hacer más cosas pero del estrés no te libra nadie. Harás (o tendrás) más cosas y tendrás más estrés. Por ello, la única solución es decir no. De hecho, de decir no ya había hablado antes, allá por el mes de julio aquí. Probablemente este post no aporte más novedad que organizar mis pensamientos que llevo rumiando bastante tiempo, y que el blog me pone fecha de publicación.

El caso es que hubo una lectura que me marcó bastante este año, y también os lo conté en el blog: La magia del orden, de Marie Kondo. Escribí sobre él allá por el mes de abril, por lo que estas ideas que sigo rumiando empiezan a ser viejas. Por lo que he podido ver (y oír) este libro no sólo ha sido un indudable éxito de ventas, sino que ha marcado a muchas personas. Miro a mi alrededor y veo trastos. Es cierto que no he sido capaz de sacarlo todo, ponerlo entre mis manos y decidir si quiero seguir con eso en mi vida o no, pero sí me ha influido muchísimo a la hora de comprar y también a la hora de desechar.

A través de este libro, creo que he llegado a algunos aprendizajes:

1.  Compro muchas menos cosas porque me he dado cuenta de que necesito muchas menos cosas y que las cosas se han convertido en una carga. Está genial la experiencia que te proporciona algo. Pongamos por ejemplo un libro, una lectura de ésas que disfrutas muchísimo y que con suerte (con muchísima suerte) volverás a leer dentro de ¿diez años? Mientras, el libro, junto con cientos de libros más, se queda en la estantería cogiendo polvo y olvido. Parece mentira que alguien que ama tanto las bibliotecas personales como yo las amé en el pasado (crecer en una casa con cerca de 5.000 volúmenes marca) reniegue del libro. No reniego para todo, pero el 90% de los libros que tengo o que han pasado por mis manos, los considero prescindibles, o que al menos no necesito su versión en papel y la digital tiene la ventaja de no ocupar espacio, polvo y olvido.

2. Me resulta más fácil deshacerme de muchas cosas que no necesito. Estoy muy lejos de convertirme en una minimalista, para qué engañarnos, pero sí es cierto que muchas veces soy mucho más consciente de todo lo que me sobra. Y es mucho, demasiado. Uno de mis propósitos de 2017 es aligerar el equipaje, deshacerme de las cosas que no me aportan, que me sobran, que llenan mi casa y mi vida.

3. Todo lo que dejo de tener, de consumir, de almacenar tiene un doble efecto positivo: me libera y me produce menos estrés y además me hace ahorrar. Llevo meses consumiendo menos, haciendo menos cosas, dejando de gastar dinero en cuestiones que no necesito, escogiendo más y quedándome con menos y mejor… y eso se traduce en una agenda más liberada, menos estresada, y más dinero en el banco. Haced la prueba durante unos meses y darle recorrido. Os sorprenderá, sobre todo el ahorro que supone después de una temporada.

Leyendo en internet uno encuentra cosas fascinantes. Una de ellas ha sido el reto de Un año sin compras, que descubrí a través del blog Escarabajos, bichos y mariposas. Me parece alucinante y sin embargo ni lo voy a intentar, porque ese reto no es para mí. Una cosa es que quiero vivir con menos cosas y eso implica por un lado que voy a comprar mucho menos y que voy a deshacerme de muchas cosas que no necesito. Pero lo de no comprar nada en un año creo que no estoy preparada para ello, y admiro mucho a María, de Escarabajos, bichos y mariposas, que lleva varios meses con este reto y parece que lo está logrando. Mucho ánimo con ello. Pero yo, pobre mortal, sigo comprando, aunque menos. El lunes de esta semana, sin ir más lejos, me compré un anorak estupendo en Cortefiel al 50%. Voy a poner las marcas porque me da la gana. La razón por la que lo compré fue porque el abrigo anorak que me había comprado hace un año en Zara y que me costó más de 100 euros murió. La calidad de Zara me parece nefasta, no entiendo por qué la gente compra aquí y no en el chino, cuando cuesta tres veces más y la calidad es similar. En los abrigos, es muy frecuente que se rompa el forro, o la cremallera (como le pasó al mío con un año de uso), pero es que además en seguida parecen como sobados, rozados, con brillos… Otro de los aprendizajes es que lo siento mucho, pero Zara no es para mí. Pero a lo que iba, que me compré un anorak, y quizá no lo necesitaba del todo, pero un buen anorak largo para la moto se me hace imprescindible, aunque tengo cuatro abrigos de lana muertos de risa. Y si se me hace imprescindible para ya, pues en un año entero, ni te cuento la cantidad de cosas imprescindibles que voy a necesitar.

Y ahora, mi reflexión navideña. Porque está muy bien eso de no consumir tanto, hacerlo más responsablemente, no comprar mil cosas que no necesitas, pero… ¿qué hacemos en Navidad? Consumir de un modo totalmente irresponsable, comprar por comprar (tengo que salir del paso del regalo de mi tía, a mi hija le regalo treinta cosas, compro comida para alimentar a un regimiento…), comer mucho más de lo que es necesario y sobre todo recomendable, tener mil compromisos y generar consumo, estrés y poco másAsí a bote pronto, ésa es la Navidad, la gran fiesta consumista de enero. Luego tiene otras muchas cosas bonitas pero nos pasamos tres pueblos comprando cosas innecesarias.


¿Cómo me planteo yo esta Navidad? Pues de un modo un poco diferente.

Por primera vez en años, Nochebuena y Navidad las pasaremos en mi casa con mi padre y su mujer, por lo que en esta ocasión somos casa de acogida navideña. Pero lejos de estresarme, he decidido ir sobre seguro, con platos que sé que salen bien y que gustan y sin volverme loca. Para ello, tirad de recetas tradicionales más o menos sencillas y de las recetas para inútiles del Comidista, desde aquí declaro mi pasión por esta web y algunas de sus fantásticas recetas tan sencillas de hacer y tan resultonas.

En el tema regalos, lo tengo controlado. Pocos e intensos. Papá Noel lo tiene fácil porque necesitamos renovación tecnológica en mi casa, así que vendrán con dos tablets y sendas fundas para los adultos de la casa. Para los niños, la humana y el peludo, sus cosillas que nunca fallan: es decir, pinturas, libros e incluso una caja de maquillaje para una y pelotas y chuches para el otro. Luego los Reyes se lo currarán un poquito más, pero como son previsores ya tienen todo desde el Black Friday, para evitar agobios de última hora y ahorrarse un dinerillo. Algunos regalos más complicados, véase mi padre, se han solventado tirando de productos gourmet, de ésos que no te compras porque son caros pero que te encantan y devoras cuando te los regalan.  Simplificar, comprar algo bueno e intentar acertar, con tiempo y pensándolo un poquito pero sin volvernos locos.

En cuanto a eventos, las Navidades en nuestro caso también implican algún viaje, pero he decidido ir menos días al pueblo (porque me aburre, así que Henar y yo nos quedaremos más tiempo en Madrid), pasar más días en Oviedo y descansar mejor y sobre todo no agobiarse con mil planes. Es una época de eventos, fiestas, reuniones… pero mantener la agenda a raya es más necesario que nunca. Si no, terminamos las vacaciones con más estrés que empezamos. Para ello yo empiezo cogiéndome las dos semanas de Navidad de vacaciones (planifico todo el año para tener estos días), tener tiempo para estar en casa, para viajar, pero también para descansar. Y aunque hacemos planes, vuelvo a lo de antes, no nos volvemos locos. Navidad puede convertirse en un tiempo para disfrutar o en un infierno de estrés en el que queramos que acabe cuanto antes y volver a la oficina. Disfrútalo y recuerda que en la mayoría de las ocasiones menos es más.



¡¡¡Feliz Navidad!!!

2 comentarios:

  1. Felices fiestas para ti y los tuyos. Zara=caca. No sólo es su mala calidad, también la explotación laboral a la que somete a sus trabajadores.

    ResponderEliminar
  2. No sabes cómo me ha gustado tu entrada y como coincido contigo en tu planteamiento y el reto de estar un año sin comprar es genial, aunque creo que imposible de cumplir.
    Te deseo felices fiestas y que el año nuevo nos haga un poco menos conquistas, para empezar no estaría mal.

    ResponderEliminar

Este blog no es nada sin tus comentarios :)