VIERNES VITALES 51: TÚ NO ERES LA ETIQUETA QUE TE HAN PUESTO

Está muy de moda poner etiquetas a todo. Nos pasamos la vida etiquetando a las personas y recibiendo etiquetas de otros, aunque no las queramos. Tú puedes ser el simpático, la borde, el bicho raro, la chica inteligente, quien tiene, o no tiene, don de gentes, el responsable, la caótica, el informal, la sensible, el formal, la empática y una extensísima lista más.

A menudo las etiquetas, aunque sean positivas (que a veces también lo son) encierran una carga demasiado dura de llevar. Se supone que siempre tienes que ser de ese modo, si la etiqueta es buena, o que deberías modificar tu conducta si la etiqueta es mala.

Ejemplos claros:

Fulanito es ese primo/tía/hermana/abuelo al que siempre tooooda la familia recurre, porque tiene la mente clara, es organizado, siempre da buenos consejos y ayuda. Por ende, fulanito, al que queremos mucho, también le tiranizamos con nuestros problemas y él siempre debe de tener su mejor sonrisa y la solución precisa. No puede tener sus propios problemas, ni tener días malos en los que nos diga que no está dispuesto a escucharnos. Nunca nos preocupamos por lo que él puede estar pasando porque siempre vamos a contarle nuestro rollo. Fulanito el majete, el magnífico, el que siempre está ahí no tiene derecho a muchas cosas porque para eso es nuestro fulanito, al que recurrimos sin importarnos nada más.  

Conclusión: de una etiqueta positiva sale una carga enorme.

Menganito es negativo. Sí, esa persona que no ve las cosas como nosotros, porque nos hemos empeñado en la chachi-idea de hacer un photocall en la cena de Nochebuena en casa de los tíos. Y Menganito no quiere, incluso pone mala cara cuando nosotros estamos de fiesta. Menganito no bebe, a Menganito no le gustan las reuniones con mucha gente, Menganito siempre es aburrido y demasiado responsable. Menganito no mola nada. Debería cambiar, debería ser como uno de esos muñecos a pilas que les tocas y cantan una canción navideña. Y si toca disfrazarse, pues aunque a Menganito no le guste, que se aguante, porque en esta familia alguien ha decidido que toca hacer el chorras, y lo que decide el grupo está muy por encima de lo que necesiten sus integrantes. Donde esté la masa borrega, que no vengan gente como Menganito a fastidiarnos…

Conclusión: una etiqueta negativa que le pone a Menganito la carga del mundo sobre sus espaldas, porque es un rancio y se lo merece.

Seguro que os suena. Extrapolémoslo al mundo familia, o al mundo empresa, o a cualquier otra masa. No sólo tenemos cientos de etiquetas, sino que nosotros, sí, nosotros mismos, nos pasamos el día etiquetando y juzgando a las personas. A veces de modo positivo y otras de modo negativo.

Si la etiqueta es mala, aún es peor. Probablemente determinadas personas, que se creen con todo el derecho del mundo a etiquetar y a grabar a sangre y fuego su etiqueta, terminan hundiendo a muchas personas, por el mero hecho de ser diferentes. Cuando uno estudia psicología se da cuenta de que “el etiquetador” tiene un gran problema de falta de seguridad, pero para “el etiquetado” no es ninguna solución saber eso. El etiquetado tiene que seguir con su vida, sobrevivir y llevar la carga de la etiqueta, muchas veces llega a pensar que el etiquetador tiene razón, y aún la tiene más aún porque parece que es un sentimiento generalizado entre la masa. La masa cree que eres aburrido, que eres borde, que eres demasiado responsable, que haces esto mal o que lo otro podrías hacerlo mejor.



Bien, tengo una familia (no mi núcleo familiar que he formado con marido, hija y perro sino los familiares tipo tíos, primos y demás) de la que paso bastante. De hecho, paso de casi todos los convencionalismos de este mundo y mucho más aún de los familiares. Y claro, así me va. Descubrí hace mucho que no soy perfecta y que a menudo soy mucho más imperfecta a los ojos de otros que se creen con derecho a juzgarme y etiquetarme según sus normas, que no tienen por qué ser las mías. Simplemente, en contraprestación a ello, aprendí a asumir cómo soy y aceptarme. Los demás pueden pensar lo que quieran, algunos pensarán mal, otros pensarán bien, pero la fortaleza es algo que nos pertenece y que está dentro de nosotros mismos, hay que buscarla y darle vida y seguridad. 

No te creas las etiquetas que te pongan otros, tú no eres esa etiqueta


NOTA: La foto ha salido de Twitter, espero no infringir nada, si eres el autor y quieres que la retire, escríbeme un email y lo haré lo antes posible. Gracias y disculpa. 

2 comentarios:

  1. Ton soy la rancia y la rara de mi familia, por ambas partes (materna/paterna), menos mal que de un tiempo a esta parte m pasa como a ti, paso de esos convencionalismos, aunque reconozco que a veces me cuesta o me duelen determinadas situaciones. Un abrazo.

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  2. A mí no me duelen, he aprendido a distinguir muy bien quién me importa y quién no, a quién le importo a quién no. Esto creo que es fundamental en la vida y debemos tenerlo claro en ambientes como familia, trabajo y amigos. Un abrazo!

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