DIY NAVIDEÑO: LOS REYES MAGOS CON ROLLOS DE PAPEL HIGIÉNICO

El año pasado, cuando ya se acercaban las Navidades, compartí con vosotros una manualidad que habíamos preparado mi hija y yo para su colegio. Se trataba de un DIY del Rey Melchor que hiccimos para el Belén del cole. La única consigna era que tenía que ser un personaje del Belén hecho por nosotras. Como os podéis imaginar, aquel Belén tenía de todo y con muchas repeticiones, pero era de lo más gracioso y había verdaderas joyas de las manualidades.

El caso es que a mi hija le gustó tanto el Melchor que hicimos, que quiso que lo repitiésemos para tenerlo en casa. Empezamos por hacer un Rey Gaspar (que es su preferido), muy parecido al Melchor que hicimos en el cole pero con su característica barba naranja en lugar de blanca. Y en las tardes sucesivas nos fuimos animando y continuamos repitiendo otro Rey Melchor y por último un Rey Baltasar. Se nos echó la Navidad encima y no compartí este DIY de los Tres Reyes Magos con vosotros, pero cuando los hemos recuperado al sacar todos los adornos navideños este año, he pensado que estaría bien publicarlo cuanto antes, por si alguno de vosotros os animáis a hacerlo. Es un DIY navideño bastante fácil que podéis hacer con niños, por lo que se puede convertir en un buen plan navideño de manualidades en familia. Que luego las vacaciones de Navidad son largas y hay ratillos que podemos ocupar con este tipo de cosas chulas. De hecho, nuestra idea es completar este año la colección haciendo un Papá Noel y un reno, veremos en qué acaba la cosa...



¿Qué necesitamos? Materiales 

Es bastante sencillo, son cosas que de una u otra manera es posible que tengamos en casa, pero además, como en todas las manualidades, merece la pena echarle imaginación y aprovechar lo que tengamos a mano customizándolo con un poco de inventiva. Siempre animo a que os animéis a reciclar materiales siempre que sea posible, y en este caso sin duda lo es.

Lo primero que necesitáis es un rulo de cartón del rollo de papel higiénico. Esto es la base de todo y además un material que suele venir muy bien para hacer un montón de manualidades con niños.

Además, necesitaréis productos típicos para manualidades como cartulinas, folios, rotuladores, pegamento, tijeras, celo goma Eva etc. Podéis aprovechar también aquí para reciclar trozos de revista o de envases, papeles de regalo... lo que se os ocurra. En nuestra casa suele haber bastante de casi todas estas cosas, por lo que para hacer los Reyes Magos el año pasado tiramos de lo que había y nos amoldamos.

En el caso de las capas de los Reyes, utilicé un papel de estraza, que es más fino y manejable. Era de color grisáceo, pero con distintos rotuladores lo fuimos tuneando para adaptarlo a los colores que llevaba cada Rey Mago.


¡Manos a la obra!

Como ya os contaba el año pasado cuando os hablé del Rey Melchor, el primero que hicimos, debemos empezar por cortar un trozo de cartulina para forrar con ella el rulo de papel higiénico. Hay un pequeño truco, que consiste en hacer pequeños cortes en los bordes, así los trocitos se adaptan bien a la curva del rulo y los puedes pegar fenomenal con un celo por el interior, asegurándote de que queda bien y no se mueve. Es la parte más difícil, que mejor si lo hace un adulto.

Para la cara del rey no teníamos ninguna cartulina o papel, así que cogimos rotuladores,  color chicha para hacer las caras de Melchor y Gaspar y un marrón para la de Baltasar. Cuando ya lo tengas pintado, nada más que recortarlo para utilizarlo como cara y también como manos. En la cara, dibujaremos los ojos y una pequeña naricilla.

Con cartulinas de colores (blanca para Melchor, naranja para Gaspar y negra para Baltasar), hicimos la barba. Las barbas de Melchor y Gaspar llevan un poco más de trabajo, pero la de Baltasar es muy facilita. Sin embargo, la de Melchor y Gaspar es mucho más bonita y divertida también. Simplemente necesitáis una cartulina rectangular a la que le haremos unos cortes en vertical y en paralelo. Iremos enrollando esos hilillos de cartulina y nos quedará una buena imitación de los tradicionales rizos de las barbas de sus Majestades Melchor y Gaspar, Reyes Magos de Oriente. Estoy segura de que este detalle es lo mejor de este do it yoourself o manualidades de toda la vida a lo españolé. Aunque reconozco que lo que más me "cabrea" es que mi hija dice que el que mejor nos salió es Baltasar, cuando yo creo que de lejos es el que peor nos quedó de los tres, empezando porque el rulo es más estrecho que el de los otros dos. De hecho, mi idea era repetirlo pero ella no quiere porque está perfecto según su gusto... ¡¡¡cosas de niños!!!

En mi opinión, lo mejor es utilizar la goma Eva para las coronas. Aquí también tenemos dos modelos: la tradicional corona de Melchor y Gaspar y más bien la corona-turbante de Baltasar. Muy fáciles de hacer con Goma Eva ambas y el resultado es bastante bueno (creo).

Para mí, la parte más difícililla de esta manualidad es hacer el manto de sus Majestades. Ya os contaba antes que utilizamos papel de estraza que pintamos de colores, reciclándolo de un papel de estraza que venía dentro del embalaje de un mueble de Ikea. El papel de estraza, al ser menos rígido y manejable viene genial para trazar la sensación de vuelo en la capa o el manto de sus majestades. Como os decía antes, nuestro papel de estraza era grisáceo, por lo que cogimos rotuladores de diferentes colores y haciendo rayas imitamos la textura de una tela de hilos. Cada rey tenía sus propios colores, para diferenciarlos entre sí, por lo que también de diferentes colores fueron sus mantos tuneados. Una vez hecha, la recortamos en forma redonda y se colocamos a cada uno de los Reyes, pegándola con celo justo por debajo del pelo y hasta donde van las manos.


Resumiendo, una propuesta de manualidades navideñas que creo que es muy resultona, a los niños les encanta colaborar, pintar, recortar, pegar, elegir los colores... y luego el resultado permite tener un nuevo adorno navideño en casa y, como en nuestro caso, reutilizarlo al año siguiente. ¿Os animáis a hacerlo? 

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VIERNES VITALES 74: DEJA IR AL APEGO

Os contaba la semana pasada que me he embarcado en un reto para noviembre: deshacerme de 465 cosas a lo largo del mes. La verdad es que creía que me iba a resultar difícil y está siendo sorprendentemente fácil. Es cierto también que tengo demasiado de casi todo, por lo que ya avanzado el mes, me he desprendido de más de 150 objetos y mes está resultando fácil. Simplemente estoy quitando de mi vida cosas que no sirven, que no quiero, que no necesito. 

Sin embargo, una parte importante de este reto de deshacerte de cosas es saber desprenderte más allá de los superfluo. Seamos claros, desprendernos de cosas que no sirven o que ya no queremos es muy fácil. También lo es deshacerte de cosas que puedes tener repetidas o que no te dicen ni fu ni fa. Sin embargo, empieza a ser más complicado cuando aparece el apego

¿Qué es el apego? Más allá de las definiciones que podamos encontrar en los diccionarios, para mí el apego es una querencia que nos hace daño. Entiendo como el daño el dolor, el sentido negativo de esa conexión o la limitación que aporta a nuestra vida.

A veces, desarrollamos apego hacia cosas físicas. Llenamos nuestras vidas de trastos que en realidad no nos aportan nada y que lo que sí hacen es saturar nuestras casas, nuestras vidas, nuestro entorno... y generar caos y desorden. En primera persona, entono el mea culpa y reconozco que tengo (tenemos) demasiadas cosas que inundan nuestras vidas. Además de tener un volumen de cosas mucho mayor de lo que necesitamos, en muchas ocasiones las mantenemos por cuestiones sentimentales, es decir, por apego.

A mí, se me suele olvidar hasta lo que tengo (por eso, entre otras cosas, soy muy consciente de que tengo demasiado), cuando me pongo a reorganizar los armarios y sacar cosas de mi vida, me doy cuenta de la cantidad de cosas que acumulo sin siquiera ser verdaderamente consciente de ello. Pero cuando haces limpieza y quieres deshacerte de lo que no necesitas, al principio resulta sencillo... hasta que te encuentras con la muralla del apego. Entonces la tarea de limpieza se hace muy cuesta arriba. Te encuentras con cosas que no usas, a veces ni siquiera recordabas que las tenías, pero sobre ellas tienes apego y se te hace difícil deshacerte de ellas. El objeto que te regaló tu hermana, o que era de tu abuela, o que compraste en aquel viaje... Cosas que en realidad no te hacen ningún bien (sólo se acumulan y generan caos en tu vida), pero aún así las mantienes y se te hace tremendamente difícil dejarlas ir.


Lo mismo ocurre con otras cuestiones más allá de los objetos. Tenemos apego a relaciones, a situaciones, a nuestra zona de confort. Una vez, un gran amigo me dijo que debía trabajar internamente el peor escenario en el trabajo, y que ese escenario no consistía en quedarse sin trabajo sino en trabajar en algo que no me guste ni me llene. Debemos valorar lo que de verdad importa en nuestra vida y dejar ir lo demás. No es nada fácil, el apego sigue ahí y casi siempre es como una droga. Además, luego está su amigo el miedo que en seguida aparece rodeado de su corte de fantasmas para recordarnos todo lo malo del mundo.

Estoy en el proceso de intentar des-apegarme. No es nada fácil, pero cada vez lo consigo más, empezando por las cosas físicas, que es un poquito más sencillo, pero continuando con las emocionales: relaciones, situaciones, tareas, retos, confort... De hecho, trabajar el desapego va a ser sin duda uno de mis retos del 2018. Soy muy consciente de que no es nada fácil, pero como droga que es, el camino de rehabilitación es complejo y duro, pero lo que te espera al final del camino sin duda merece mucho la pena.

Cuando eres capaz de des-apegarte, la magia vuelve. Otra vida se abre, otro camino... y ese camino es más sencillo porque no irás cargando con todo el peso de aquello a lo que sientes apego emocional. Obviamente, hay una parte de apego emocional bueno, pero también una parte mucho más amplia de apego emocional malo. Este último es el que quiero limitar, diluir, al menos reducir. Y sé que ese camino, cuando consiga recorrerlo, me llevará a ser más libre y por tanto más feliz.


Feliz Viernes, disfruta del fin de semana, que te lo has ganado. 

LA VISITA, UN DRAMA EN EL PARÍS OCUPADO

Hacía ya varios años que no iba al Infanta Isabel, uno de los teatros con más solera de Madrid, pero quisieron la casualidad y mi amiga Rosana que volviese a ocupar ayer una de las localidades de su patio de butacas. La propuesta teatral de la tarde era sencilla pero muy interesante. Se trataba de La visita, un drama en toda regla sobre la visita de Adolf Hitler al Teatro de la Ópera de París durante la ocupación nazi. Una obra corta (ronda los 60 minutos escasos) pero intensa. 

Esta obra se basa en una historia real, pues en el verano de 1940 Hitler efectivamente visitó el París ocupado. El carácter de esa jornada curiosamente no fue militar sino  cultural y comenzó con la visita al Teatro de la Ópera de París de madrugada, antes de las 6 de la mañana. La Ópera resplandecía aquella noche con todas sus luces encendidas y un modesto empleado acompañó al Fuhrer y su séquito a descubrir los recovecos, secretos y tesoros de este emblemático edificio parisino. Curiosamente, Hitler sabía mucho, muchísimo, sobre la Ópera de París, había leído mucho sobre ella y mostró un gran interés en conocer cada detalle del edificio. Al finalizar el recorrido, uno de los acompañantes de Hitler, por orden del propio Fuhrer le ofreció al guía una gran propina de 50 marcos, que éste rechazó

Hasta aquí lo que sabemos de la historia y éste es el punto de arranque de esta propuesta. Sobre el escenario, dos actores, Luis Perezagua y Pilar Barrera, marido y mujer en esta ficción, en el salón de su casa el París ocupado, donde falta casi de todo, comenzarán un diálogo intenso. En medio de lo previsible, aparecerá lo sorprendente. Marie sabe que su marido se ha ido en mitad de la noche a enseñar la Ópera de París a unos extranjeros pero desconoce que entre ellos se encuentra el hombre más odiado del mundo, a quien ella odia con todas sus fuerzas porque en esa guerra provocada por los alemanes ha perdido a su familia. Cuando él le cuenta que ha hecho de guía para Hitler ella casi no puede soportarlo


Pero la historia seguirá avanzando de un modo sorprendente. Más allá de los detalles, el guía, el hombre modesto, tendrá la idea y la posibilidad de matar al Fuhrer. Lo tenía todo planeado, una oportunidad única de acabar con la guerra que asolaba Europa, un momento en el que nadie miraba para él y en el que él podría apretar el gatillo y en un solo instante, aunque le costase la vida propia, acabar con la tragedia de millones de seres humanos. 

Sin embargo, el Fuhrer volverá a mostrar una faceta sorprendente. Se subirá al escenario y comenzará a recitar versos de Schiller. Se emocionará y al contemplar esa emoción, el viejo guía sentirá compasión, una debilidad que le impedirá llevar a cabo sus planes. Horas después, en su casa y ante su mujer abrirá su corazón y se lamentará de esa oportunidad única y fallida

Si has leído hasta aquí, te imaginarás que se trata de una obra con una gran carga dramática. Probablemente es una de esas obras que va a pasar bastante desapercibida dentro de la cartelera madrileña, pero creo que merece la pena invertir una hora en ella. Luis Perezagua y Pilar Barrera son dos actores de larga trayectoria que realizan un trabajo impecable y que encarnan perfectamente sus dos personajes, dotándolos de absoluta verosimilitud. 

¿Qué hubiese podido pasar si aquel guía hubiese logrado matar al Fuhrer? La historia tal y como la conocemos no sería la misma. 

DIY: PECECITO DE COLORES

El jueves pasado fue fiesta en Madrid, el Día de la Almudena, patrona de la ciudad, y por tanto ni hubo cole ni trabajo en nuestro caso y pudimos disfrutar de un gran día en familia, celebrando de verdad como se merece que era fiesta. Salimos a comer fuera,  dimos un paseo por el centro  (al que hacía mucho tiempo que no íbamos juntos) y aunque el plan teatral se nos fastidió en el último minuto, nos volvimos antes a casa y Henar y yo aún tuvimos un buen rato para disfrutar de un pequeño ejercicio de hazlo tú mismo, Manualidades con niños de las que tanto disfrutamos. 

Como fue improvisado, se me ocurrió sobre la marcha recuperar una idea que tenía en recámara.  De hecho, hace un par de meses os había escrito un post sobre manualidades con niños facilitas para hacer en casa y con temática marina, más concretamente manualidades de peces de colores. Uno de aquellos do it yourself  era bastante fácil y precisaba de materiales que normalmente tenemos en casa, especialmente cartulinas o folios de colores, tijeras, pegamento, celo y poquito más.

Al fin y al cabo se trataba de hacer algo sencillo y rápido, que nos mantuviese entretenidas durante un rato y algo en lo que Henar pudiese participar de manera activa. Porque una de las razones para hacer manualidades con los niños, yo diría que la primera, es que los niños exploren y desarrollen su creatividad. Para ello, aunque a veces (como en esta ocasión), tomemos una referencia, lo cierto es que hay que dejar que los niños desarrollen su potencial. Y por eso, debemos dejarles hacer a su gusto y a su manera. Que recorten, aunque no quede perfecto, que dibujen, peguen, den ideas... Y así, de esta manera, cuanto más vayan creciendo más habilidades irán teniendo y disfrutarán muchísimo del proceso del do it yourself pero también de su propia creatividad, explotando más ideas y atreviéndose a hacer cosas a su gusto. No hay nada que perder y muchísimo por ganar. 

Por eso debemos abandonar esa idea que a veces los adultos tenemos de hacer que las cosas sean perfectas o casi. Las manualidades tienen esa magia: no son perfectas y por eso son únicas. No las ha hecho una máquina "a granel", no encontrarás dos iguales, aunque las hagas tú y pongas todos tus sentidos en conseguir que sean lo más parecidas posible. No lo son, ni les hace falta, son únicas y maravillosas.

Por cierto, el modelo que tomamos de referencia fue éste. Lo saqué de la página de Pequeocio y me pareció algo divertido y como dije antes sencillo de hacer, ya lo tenía yo en mi radar de manualidades. Sin embargo, si lo comparáis con el pez que hicimos Henar y yo, encontraréis notables diferencias. Y ahí es donde radican cosas tan importantes como la orginalidad, la imaginación, la creatividad... Es cierto que seguimos un modelo claro, que en este caso lo imitamos, pero también lo hicimos un poco a nuestro modo.

Lo primero que hicimos es coger lo que teníamos a mano. Y teníamos folios de colores (de esos del Ikea que son de un gramaje un poco mayor que el folio mayor pero que no llegan a ser cartulina), así que escogimos los colores entre las dos y nos pusimos manos a la obra. No teníamos pajitas de colores (de hecho teníamos sólo una que utilizamos como espina central del pez) pero improvisamos con tiras de los papeles de colores. Y por ejemplo, tiramos del toque mágico de las estrellitas, que se nos ocurrió sobre la marcha. Para ello, tenemos un pequeño troquelador que compré hace tiempo en una Tienda Tiger y que da muy buenos efectos, o al menos a nostras nos lo parece. Yo troquelaba las estrellas (ya que se necesita un poco de fuerza y Henar se cansaba) y mi hija las iba pegando a su gusto. Empezamos por la cola del pez y luego decidimos añadir alguna que otra más como podéis ver.

Fue un proceso muy divertido y en equipo ir decidiendo qué colores poníamos, cómo los colocábamos y Henar se involucró mucho en la realización: cortando, pegando, proponiendo... Insisto en que para que los niños disfruten de las manualidades debemos dejarles hacerlo por ellos mismos, aunque no quede perfecto, aunque se equivoquen, ¿qué importa? Forma parte del aprendizaje. 

Aquí os dejo algunas fotos en las que ella iba cortando y haciendo cosas. No tienen muy buena luz porque ya había anochecido y teníamos las luces encendidas, además de que a mi hija, eso de que le saques fotos mientras "está trabajando" cada vez le mola menos.


En el caso del ojo del pez ella misma cogió un lápiz y le dibujó el ojo. Mi idea inicial había sido superponer varios círculos de diferentes colores pero a ella le gustó así, pues así se quedó, y tan bien que está. Es importante también dejar a los niños que sus ideas se hagan realidad. Si nosotros como padres insistimos en no salirnos del guión, seguir el manual y hacer las cosas como dice el libro o modelo en cuestión, ¿dónde está el terreno para la imaginación y la creatividad? 



De momento nuestro pececito de colores se quedó colgado en el salón. Es cierto que es muy probable que a no tardar termine adornando la habitación de la princesa de la casa, que al fin y al cabo ha sido la artista de esta obra de arte y nada mejor que ser ella quien atesore su obra.

Espero que os sirva de inspiración y os animéis a hacer esto o algo similar con vuestros niños, disfrutando del proceso y pasando un rato estupendo, que al final es de lo que se trata. En esta manualidad podéis además utilizar un montón de materiales ya que, como habréis visto, acepta casi cualquier cosa. Quizá algún día nos animemos a hacer otro con materiales reciclados, utilizando cartones, retales, recortes de revista... lo que se te ocurra será perfecto.



Sí te interesa, aquí puedes encontrar muchos otros posts e ideas de Hazlo tú mismo.

VIERNES VITALES 73: EL DÍA QUE DESCUBRES LA RESPUESTA

Muchas veces nos obcecamos con algo, entramos en bucle y no sabemos salir de un problema, buscando soluciones donde no las hay porque seguimos dándole vueltas a los mismos argumentos que en realidad no nos llevan a ninguna parte. Así expuesto parece obvio pero cuando te encuentras en el centro del bucle no consigues ver más allá. Para ello, a menudo puedes necesitar ayuda (de otros o la tuya propia, tu interior esconde recursos maravillosos) y esa ayuda puede tener muchas formas, a cada cual le impactan más unas u otras, pero hay momentos o palabras capaces de hacer clic en tu interior y hacerte ver las cosas de otra manera, desde otro punto de vista. Es muy posible que desde esa nueva perspectiva encuentres otro camino y que en ese otro camino encuentres la respuesta que necesites.

En esta entrega de Viernes Vitales me gustaría centrarme en el concepto de ayuda interior. Es precisamente uno de los pilares en los que se basa el coaching, ya que la figura del coach no es la de un padre, un maestro o un mentor, alguien que te da la solución a tu problema. El coach, por el contrario, te escucha y te acompaña, te hace preguntas tendentes a que hagas ese clic en tu interior. Ese clic que te puede llevar a la respuesta o la solución que tanto tiempo llevas buscando y que antes no habías logrado encontrar.

Por ello, nunca olvides que quien más te quiere eres tú mismo, quien más puede ayudarte también frecuentemente eres tú. Dentro de ti, en tu yo más íntimo, habitan infinitos recursos que quizá desconoces o que simplemente has olvidado que tenías y que siguen dentro de ti. Estos recursos son capaces de mejorar mucho tu vida, pero debes llegar hasta ellos en un camino a menudo nada fácil y que lleva al reconocimiento de tu yo más íntimo. Tú puedes ayudarte a ti mismo, para ello lo primero que debes hacer es querer hacerlo y lo segundo encontrar tus propias herramientas. En ese aprendizaje para hallar tus recursos y herramientas, a veces es muy positivo tener alguien al lado, pero no siempre es imprescindible. Conocerse a uno mismo de verdad pasa por establecer un verdadero diálogo interior contigo y en ese diálogo no se necesita a nadie más.

Ese diálogo, ese camino, frecuentemente termina en una respuesta. La palabra respuesta es para mí una de las palabras más mágicas que existe por todo lo que encierra en su interior. Hay muchas preguntas y muchas respuestas pero cuando te encuentras de frente, de pronto, con la verdadera respuesta que llevas tanto tiempo buscando y que no encontrabas, todo cambia. Lo primero que yo suelo sentir es incredulidad, pero no ante la respuesta en sí, sino ante la apabullante verdad que está delante de mí y que no había reconocido hasta entonces. La respuesta no es prácticamente nunca una complicada y enmarañada fórmula ininteligible, sino que es algo simple, sencillo... apabullante e increíblemente simple y sencillo, me permito añadir. Ya no te preguntas dónde ha estado la respuesta todo este tiempo, sino dónde he estado yo todo este tiempo. Cómo es posible no haberme dado cuenta antes, no haber encontrado esa respuesta que ahora se me antoja clarividente, cristalina.

Pero después de la incredulidad llega el reconocimiento de la conexión. Esa respuesta, de una u otra forma, viene de tu yo interior, de tus propios recursos. Ahí está la verdadera conexión, en tu viaje has logrado conectar contigo mismo, con tu yo más íntimo, con el lugar en tu interior donde habita la verdad, donde se hallan las respuestas. Frecuentemente no habrá sido un camino fácil, pero lo has hecho, has llegado y ahora tienes paz, certeza, verdad.

Creo que en este mundo de locos que nos obstinamos en seguir viviendo, frecuentemente olvidamos lo que de verdad importa. Y uno de los grandes pilares de lo que de verdad importa eres tú mismo.


¿Quién eres tú en realidad?, ¿qué piensas?, ¿qué sientes? 

Añado otra pregunta, ¿cuánto tiempo hace que no hablas contigo mismo? Para ello, simplemente necesitas estar a solas, dedicarte tiempo y mirar a tus ojos interiores. Si le dedicas tiempo a tu familia, tus amigos, el trabajo o cuestiones operativas, ¿por qué no inviertes parte de ese tiempo en conocerte mejor y hablar con tu yo interior? 

RETO MINIMALISTA DE NOVIEMBRE: 465 COSAS FUERA DE MI VIDA

Lucía Terol, de Sencillez Plena, nos proponía hace unos días lo que ella denomina juego y yo reto. En realidad, creo que tiene un poco de ambas cosas. Pero más allá del nombre, me parece un proyecto fantástico que voy a intentar poner en práctica con todas mis fuerzas y que os comparto aquí, por si alguien quiere unirse. 

Se trata del Juego Minimalista de los 30 días. Se trata de un reto (con mi denominación) que te ayudará a simplificar tu vida, a llevar una vida más minimalista y menos llena de cosas inútiles. En palabras de Lucía, deja ir aquellas cosas que no te aportan valor y sobre todo deja espacio para que la magia ocurra

Igual vosotros sois de esas personas capaces de tener todo en orden, pero desgraciadamente no es mi caso, el caos es algo habitual. Y aunque me esfuerce en ordenar, nunca acabo del todo, y cuando algo está ordenado, con el paso de un par de semanas o meses seguro que dejará de estarlo. Es cierto que parte de la culpa reside en mí misma y mi desorden personal (falta de hábito), pero otra también es que tengo demasiadas cosas. Lo de tener demasiado es algo a lo que le llevo dando vueltas en los últimos meses y una de las cosas que he aprendido reflexionando es que es cierto que compro mucho menos pero también es cierto que aún acumulo cientos o miles de cosas que no necesito y que continúan ahí. 

Con este juego, Lucía nos propone ponernos manos a la obra y cada día del mes dejar ir un número de cosas

El primer día, dejas ir una cosa; el segundo día, dos; el tercero, tres... y Así sucesivamente hasta que el último día dejas ir treinta cosas. 

Como podréis imaginar, los primeros días está chupado. Por lo menos en mi caso, pero ay, madre, que a partir del día 10 o 12 yo calculo que la cosa se va a complicar muchísimo. Y ahí es donde está el reto, en elegir y dejar ir de verdad cosas que no necesitamos. Porque si vais sumando 1+2+3+4+5+6+7 etc. hasta 30, te encuentras con que si logro terminar el reto, al final de mes me habré desprendido de ¡¡¡465 cosas!!! No estoy en absoluto segura de poder lograrlo, pero sí de que lo voy a intentar, de hecho ya he empezado a hacerlo. 


Lucía nos da unos consejos fantásticos para este juego, así que los comparto con vosotros: 

¿Qué cosas puedo dejar ir? Aquellas que no te inspiran felicidad y que no necesitas. Reflexionando un poco sobre esto y planificando sobre qué quiero hacer este mes y de qué quiero desprenderme, creo que yo tengo muchas cosas de este tipo. Objetos que tengo repetidos, que fueron regalos que nunca usé, que compré y nunca he utilizado, que no me gustan, prendas de ropa que ya no me valen o que no me quedan bien... Como veis, la lista es amplia. Más allá de ello existen también objetos útiles, que puedo usar, que incluso están bien pero que en realidad no me hacen feliz, ahí está el reto, en conseguir sacarlos de mi vida. Pueden ser objetos físicos o también aprovechar para hacer una limpieza digital

¿Qué hago con las cosas que dejo ir? Si se trata de objetos, antes de tirarlo, puedes donarlos, regalarlos, venderlos... intentar que tengan una segunda vida, que alguien los pueda utilizar y darles uso. 

¿Quién gana el juego? Teóricamente quien consiga llegar más adelante con los días, o quien consiga terminar el mes con 465 objetos menos en su vida. Pero personalmente creo que todos los que jugamos ganamos. Esto no es una competición, sino un reto personal, un desafío en el que podremos avanzar más o menos pero del que seguro sacaremos grandes aprendizajes. Dentro de unos días estaremos dejando ir más de 10 objetos cada día y creo que no resultará sencillo (aunque en mi caso yo tengo muchas cosas de las que desprenderme). Lucía dice que ella cree que la competición no es necesaria, pero sí lo es compartir el camino, porque lo hace más divertido. Eso es precisamente lo que yo estoy haciendo con este post :) 

Para ello, además nos da la oportunidad de compartir tus avances en el grupo de Facebook Esencia Minimalista

Yo ya he empezado, ¿y qué he hecho hasta ahora? Bueno, lo primero es decir que no estoy tirando cada día, sino que ayer domingo me puse a revisar un par de cajones y un rincón de mi habitación y empecé a tirar cosas. Ha sido sólo un espacio pequeño, pero del que han salido 22 cosas que ni necesitaba ni me hacían feliz. Obviamente, me ha resultado súper sencillo, porque tengo muchísimas cosas, demasiadas, que no necesito. Entre ellas había un poco de todo: tres camisetas, un par de pulseras, varias películas en VHS que estoy segura de que no volveré a ver en mi vida, cosméticos viejos... 

Soy consciente de que esas primeras cosas son un grano de arena en la playa y que, de momento, no me ha supuesto ningún esfuerzo. Pero también de que según vaya avanzando el mes el reto será cada vez más grande, pero lo afronto con la mayor ilusión. No sé si seré capaz de desprenderme de casi 500 cosas, pero como dije antes, sé que es un camino de aprendizaje. De momento, además, he empezado a pensar en cosas de las que quiero desprenderme, que por varias razones no he tirado aún pero que tienen que irse fuera porque no las necesito y no me hacen feliz. Mi idea es ir abordando poco a poco determinados ámbitos: mis cajones, mis armarios, mis estanterías, el baño, la cocina etc. Además, el domingo también conseguí identificar unas cuantas cosas que no quiero y que he puesto en venta a través de Wallapop. De momento no las cuento como cosas de las que me he desecho, pero todas las cosas personales que venda en Wallapop a lo largo de noviembre, también pasarán a engrosar esta lista, y entre todas ellas, espero conseguir el reto de los 465 objetos, o incluso más, ¿quién sabe? (de repente me ha dado la venta positiva). 

¿Qué os parece el reto? ¿Os animáis? 

VIERNES VITALES 72: LA TEORÍA DE LA FELICIDAD DE EINSTEIN

Probablemente hayáis leído estos días la noticia sobre la recién descubierta Teoría de la Felicidad de Albert Einstein. Ha salido prácticamente en todos los sitios y, en realidad, no es una teoría del genio como tal, pero los medios la han llamado así enlazando el contenido de dos pequeñas notas manuscritas que Einstein entregó a un botones del hotel donde se hospedaba en Tokio en 1922. Una de esas dos notas ha estado dando vueltas en mi cabeza en las últimas semanas y dice lo siguiente: 

Una vida tranquila y modesta trae más alegría que una búsqueda de éxito ligada a un constante descontento. 


Einstein fue un genio en muchos campos, también en éste. No sé si realmente quiso escribir sobre el concepto de la Felicidad pero su reflexión entronca directamente con muchos de los ámbitos vitales en los que he intentado ir avanzando durante los últimos años. 

Vida tranquila y modesta, o vida sencilla. Cada vez más y más gente buscamos una vida más sencilla, con menos lujos, menos eventos, menos obligaciones, menos cosas... Minimalismo, consumo responsable a nivel económico, pero también el disfrutar de las pequeñas cosas, tener más tiempo para uno mismo, que el trabajo sea un medio de ganarnos la vida pero no se convierta en nuestra peor cárcel que responde a la cárcel más amplia aún del dinero. 

Alegría, serenidad, calma. La tranquilidad, las pequeñas cosas, el volver a conectar con nosotros mismos y con lo que somos en realidad... haciéndolo siempre desde la serenidad, que creo que es esa alegría de la que habla Einstein en su pequeña reflexión. 

Búsqueda, crecimiento, camino hacia lo que quiero. Me parece otro término fundamental en esa frase de Einstein, él la liga al éxito, pero yo la ligo a otras muchas cosas que no tienen que ver con ese éxito que bebe de otros, de reconocimiento de terceros. Porque ese éxito, eso que hacemos porque es lo que se supone que debemos hacer, lo que la sociedad espera de nosotros, lo que otros quieren que hagamos... frecuentemente lleva el descontento. Y ese descontento nos desconecta de nosotros mismos y de nuestra esencia, nos separa de la vida sencilla y serena que en realidad yo quiero vivir. 

Creo que ahora entenderéis por qué esa frase me ha marcado tanto, porque creo que condensa en muy pocas palabras la filosofía de la vida que quiero vivir y de la persona que quiero ser. Es un camino largo, inexorable, pero también constante. Y aunque sé que me queda mucho por recorrer y desconozco sus vicisitudes, sé que estoy en la vereda correcta

Gracias Einstein, por este regalo inesperado, allá donde estés. 

#SALVEMOSLOSMUEBLES: DIY CON LA CÓMODA ANEBODA DE IKEA

Hace un par de semanas fuimos a Ikea a comprar una cómoda Brimnes a la que le tenía echado el ojo desde hace tiempo. Aprovechando que durante el mes de octubre estaba de oferta, ya no había más excusas. Tenía el sitio perfecto en mi habitación, era un mueble más grande que la cajonera Aneboda que ya tenía sus años y que tan buen trabajo había hecho, pero que ya merecía una jubilación.  

Sin embargo,  la cajonera Aneboda no esperaba que no sólo no se iba a jubilar en la casa del pueblo (donde también haría su apaño pero menos), sino que iba a convertirse en el nuevo mueble molón de la  habitación de la princesa. Quienes me leéis de manera habitual, ya sabéis que me suele gustar el hazlo tú mismo y me gusta mucho ponerme manos a la obra y tunear cosas. Reconozco que había visto miles de cosas chulísimas que se podían hacer con muebles, pero nunca hasta ahora me había embarcado en esa aventura. Sin embargo, cuando la princesa pidió un mueble nuevo para ella, lo vi claro. La cómoda Aneboda de Ikea tuneada quedaría perfecta y a ella le encantaría.  

Además, probablemente hayáis oído hablar del proyecto Salvemos los muebles (hastag #salvemoslosmuebles), con el que Ikea quiere reutilizar, reciclar y darle nueva vida a viejos muebles. Me gustan mucho los muebles de Ikea, en casa tenemos unos cuantos (si lo pienso, no hay ni una sola habitación que no tenga un mueble de la marca sueca), son útiles, muy prácticos y además disfruto mucho montándolos. Pero la idea de tunearlos y darles más vida, una segunda oportunidad,  me parece fantástica.  El proceso (al menos en mi caso) me parece súper divertido pero además me gusta reutilizar y reciclar, en definitiva hacer un consumo más responsable.


El mueble tenía algo más de diez años (según mis calculos) y en determinadas partes necesitaba una mano de pintura.  Nada que un pincel y un poco de chalk paint de color blanco no resolviera en pocos minutos. Pero además poniéndole un poco de imaginación podía quedar muy molón. 


¿Qué necesitamos? 

Lo primero, pintura chalk paint,  será vuestra mejor aliada. Quien haya inventado esta pintura se merece un premio a nivel mundial. Nada de lijar, decapar, imprimación y capas de pintura. Coges el pincel, lo impregnas en la pintura y le das una mano. Con una segunda mano, queda perfecto y puedes cambiar de un color a otro sin ningún problema. 

Nosotras (porque Henar también ayudó) utilizamos pintura chalk paint blanca para mejorar las imperfecciones y manchas del paso del tiempo y chalk paint verde, amarilla mostaza y frambuesa para los tiradores. Utilicé pinturas La Pajarita porque creo que son fantásticas. Las tenía por casa de otros DIY anteriores por lo que no las compré específicamente.  Elegí las que mejor quedaban con los colores de los gatos. 


Si os fijáis,  hay dos listones de color rosa claro, arriba y abajo. Sin también de chalk paint pero en este caso de la mezcla resultante entre frambuesa y blanco. 

Por supuesto también necesitamos un par de pinceles (uno más ancho y otro más estrechito para los detalles) y quizá para las franjas de colores os pueda venir bien también la cinta de carrocero. 

Y más allá de la pintura, seguro que os habréis fijado en las láminas de gatos. En realidad son piezas de tela, saqué la inspiración de Pinterest. Sin embargo, se pueden utilizar otros materiales como papel adhesivo, papel normal o incluso de pared según he visto en internet. Mi idea era comprar un papel adhesivo pero no encontré en internet algo que me gustase y busqué en su defecto otras alternativas que tenía por casa. Otra vez poniendo en práctica lo de utilizar lo que tienes y reciclar (mandamientos de la pirámide del consumo responsable). Podéis elegir entre un montón de telas diferentes, este mueble estaba orientado a una habitación infantil pero las opciones son infinitas. 

Ahora os cuento cómo hice las placas de tela. Medí al milímetro el tamaño del plástico de los cajones de este modelo de Aneboda. Podéis utilizar esta táctica tanto con Aneboda como con Brimnes porque además es muy sencillo. Recortamos un trozo de buen cartón  (también reciclado, en este caso de una caja de una tostadora, pero podéis utilizar cualquiera, el de Ikea esta genial) y lo recortamos exactamente con la forma y medidas de la parte de plástico de Aneboda. Se trata de que encaje a la perfección,  así que poner interés en hacerlo lo mejor posible. La tela esta pegada sin más, extendiéndola y tensándola al máximo,  para sujetarla por detrás con cola y un celo que sea adherente de verdad. Encima, por la parte trasera, pegué un trozo de cartulina para estar doblemente segura de que no se saldría la tela. La pegué con cola. 

La idea es que la pieza encaje perfectamente en el orificio del cajón,  ya que lo bueno es que tiene una pequeña profundidad. No sería necesario ni siquiera pegarla, ya que encajando perfectamente hace clac y no se mueve, pero aún así yo la pegué también directamente a la parte plástica con la misma cola. 

El resultado final, ya colocado en la habitación de mi princesa, ha sido este. Como veis, queda muy bien en el conjunto y nos proporciona un espacio extra de almacenaje, para intentar mantener el orden, en la medida de lo posible... Desde luego Henar está tan contenta, porque además colaboró en la pintura, así que este trabajo en equipo aún lo hace más especial. La familia que customiza unida.... 



¿Os ha gustado? ¡Salvemos los muebles!

UNA HABITACIÓN PROPIA

Una habitación propia es una obra teatral a la que le tenía muchas ganas. Basada en el texto homónimo de Virginia Woolf, es un monólogo imprescindible sobre la historia de la mujer, un texto conmovedor, de esos que te hacen removerte por dentro desde tu butaca. Pero más allá aún es un regalo imprescindible para el espectador, ya que disfrutar a Clara Sanchís en este papel es una auténtica delicia. Me gusta muchísimo esta actriz, cada vez que tengo la suerte de verla sobre las tablas es capaz de fascinarme más que en la obra anterior. Y en Una habitación propia, simplemente se sale, resulta absolutamente magistral.

Una escritora imparte una conferencia sobre sobre "Las mujeres y la literatura" ante un foro de jóvenes estudiantes. Estamos en 1928 y, aunque recientemente la mujer ha accedido al sufragio universal y parece que las cosas empiezan a cambiar, la situación para el género femenino no es fácil, como no lo ha sido en toda la historia. Las palabras de esta escritora son muy irónicas pero también muy reales. La mujer debe enfrentarse a muchas dificultades y para poder dedicarse a la literatura necesita dinero y una habitación propia.

No se trata de una obra feminista, pero sí una obra que basándose en el humor, expone una situación  de clara desigualdad entre sexos en los albores de la revolución social que empezaría a cambiar el mundo. Ha pasado casi un siglo desde entonces y las cosas han mejorado en muchos aspectos, al menos en la igualdad de hombre y mujer frente a la ley, aunque a veces la realidad no sea tan igualitaria.


Clara Sanchís está absolutamente soberbia en este papel. Es cierto que esta actriz nos tiene acostumbrados a interpretaciones fascinantes, pero esta vez el listón está aún más alto. No tiene que resultar nada sencillo interpretar este papel per se, pero menos aún mantener la atención del público durante unos 75 minutos, como ella lo logra. Su interpretación asciende por colinas dramáticas y desciende por rampas de humor, aunando tragedia y comedia, pero por encima de todo resultando en todo momento absolutamente creíble y enganchando al espectador en sus curvas interpretativas. Además, la actriz se nos descubre también como una excelente pianista, utilizando este instrumento para dotar aún más de matices intensos su excelente interpretación.

Tenía muchas ganas de ver esta obra, que reponen en el Teatro Español hasta este domingo 29 de octubre. Tuvo un gran éxito el año pasado y ésta era una oportunidad única de disfrutarla. Todas las localidades están vendidas y es algo que me resulta absolutamente lógico, porque ésta es una de esas veces en las que se aúna texto, interpretación y surge la magia. Estoy segura de que las grandes musas Talía, Euterpe y Melpómene estaban allí acompañando a una Clara Sanchís que se revela como una de las mejores actrices de teatro de su generación. Esto es TEATRO, con mayúsculas.


NOTA FINAL: Aunque las entradas estén agotadas para todas las funciones del Teatro Español, acabo de ver que a partir del 7 de diciembre habrá nuevas funciones en el Teatro Galileo, ¡no perdáis la oportunidad de ver esta obra y a una fascinante Clara Sanchís! 

MADRID CON NIÑOS 39: EL TELEFÉRICO

Recuerdo perfectamente la primera vez que visité el Teleférico de Madrid. Yo aún vivía en Oviedo y vine un finde (era uno de los puentes de otoño) a visitar a mi entonces novio (desde hace años ya mi marido) a Madrid. Se le ocurrió llevarme al Teleférico y aquel primer viaje a bordo de una de las cabinas azules me pareció sencillamente maravilloso

No sabría explicar por qué, pero tardé muchos años, más de diez en volver al Teleférico. Una década en la que vivía en Madrid y hacía muchísimos planes, descubría muchos rinconcitos de mi Madrid pero nunca en ese tiempo volví al Teleférico, y eso que de vez en cuando recordaba con cariño aquel primer viaje. Hasta un día, creo recordar también que en 2014, en el que se me ocurrió que volver al Teleférico podía ser un plan para niños maravilloso y que a mi hija Henar le podría encantar aquel viaje mágico. Recuerdo que era muy pequeña, sobre los dos años y poco; efectivamente, el Teleférico la enamoró como me había enamorado a mí tiempo atrás. He de decir que nos enamoró, ya que desde entonces el Teleférico ha formado parte imprescindible de nuestros planes habituales, de nuestro Madrid con niños

El hecho de que, además, los viajes en el Teleférico se incluyesen dentro del Pase Anual (que adquirimos desde hace tres o cuatro años ya), facilitaba mucho las cosas. También que en la Casa de Campo hubiese una terraza estupenda, con unas vistas fantásticas a Madrid. Y además, la también magnífica zona para niños, consistente en un divertido parque de bolas donde los peques se lo pasan en grande mientras los mayores nos tomamos un café con las increíbles vistas del horizonte de Madrid. Creo que es uno de mis mejores recuerdos recurrentes de los últimos años, ya que han sido muchas las ocasiones en que hemos ido al Teleférico y las dos, Henar y yo, hemos disfrutado de un tiempo juntas y luego de un tiempo de ocio cada una por separado, en un lugar que se me antoja mágico

A bordo de alguna de las cabinas azules hemos mantenido conversaciones maravillosas entre madre e hijas, muchas de ellas muy graciosas. Os contaba un par de ellas en este post. Nos gusta tanto el Teleférico y todo lo que ofrece que incluso el último cumpleaños de Henar lo celebramos allí (también podéis ver mis impresiones cumpleañeras aquí). 



El caso es que la situación futura del Teleférico me entristece. No sé si lo sabréis, pero el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que recuperará la concesión del Teleférico (en manos de Parques Reunidos desde 1969, entidad que lleva por tanto casi medio siglo gestionándolo) y que a partir del 1 de enero la gestión corresponderá a la EMT. No sé si los cambios serán buenos o malos pero temo que de momento el Teleférico esté cerrado un tiempo. En la web actual en la sección de horarios vemos cómo estará abierto hasta el 31 de diciembre, luego, no se sabe. Me da pena y miedo que nos quiten durante un tiempo el Teleférico, qué va a ocurrir con la cafetería y la zona de niños, si la gestión va a seguir igual de bien que hasta ahora... 

Por eso, os recomiendo con todas mis fuerzas que visitéis el Teleférico este otoño. No sabemos qué ocurrirá a partir de enero, ojalá nada y todo siga igual de bien. Pero por si las moscas (yo no las tengo nada conmigo), no dejéis de embarcaros en este viaje maravilloso. Madrid desde el Teleférico es precioso. El viaje a bordo de una de esas pequeñas cabinas azules es mágico, os lo aseguro, pero especialmente cuando vas desde la Casa de Campo en dirección Pintor Rosales y puedes deleitarte en los perfiles de nuestro querido Madrid y su famoso cielo.

Podéis cogerlo desde Pintor Rosales, bajaros en la Casa de Campo, dar una vuelta o tomaros algo allí. Los niños además pueden disfrutar del Parque de Bolas. Un rato en la Casa de Campo siempre es una buena idea para hacer excursiones, incluso para acercarte andando hasta el Parque de Atracciones, que está a un paseo. Además, al lado de las instalaciones del Teleférico hay un parque con columpios para los peques, o podéis hacer un picnic. Hay muchas opciones. También es posible hacerlo como solemos hacerlo nosotros. Vamos en coche hasta la Casa de Campo y aparcamos en el espacio habilitado frente al Teleférico. Desde allí nos subimos en una de las cabinas y hacemos el recorrido completo de ida y vuelta sin bajarnos. A la vuelta, disfrutamos un rato como os contaba antes: ella en el parque de bolas y yo tomándome un café y leyendo con Madrid en el horizonte.

Para mí, Madrid sin el Teleférico no será el mismo, por lo que espero que de verdad no nos dejen durante un tiempo a los madrileños sin nuestro pequeño viaje por el cielo de Madrid.


Más posts de Madrid con niños


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VIERNES VITALES 71: NUNCA DEJES DE HACERTE PREGUNTAS

Ya lo dijo Albert Einstein: Lo importante es no dejar de hacerse preguntas. No puedo estar más de acuerdo. Algunos dichos del refranero popular, como aquel de "La curiosidad mató al gato" ,creo que están muy equivocados. Todas las personas tenemos nuestra inteligencia pero haciéndonos preguntas a nosotros mismos y a los demás, buscando y encontrando soluciones, conseguimos que nuestro nivel de conocimiento crezca, pero además iremos creciendo como personas a lo largo de nuestra vida. 

Los niños, como aún no saben de normas sociales, preguntan sin más. Su curiosidad infinita les hace crecer y crecer constantemente, porque lo que hay ahí fuera es un universo por descubrir. Y esa aventura para descubrirlo es fascinante, ellos no piensan dejar pasar esa oportunidad única y ese gran viaje que es la vida. 

Sin embargo, parece que la sociedad nos corta las alas a la hora de hacer preguntas. No sé cuándo exactamente empezamos a ser conscientes de determinadas normas sociales, de que ciertas cosas no se deben preguntar, que mejor quedarse callado. Quien pregunta abiertamente parece demostrar su ignorancia y a menudo recibe la mofa de los demás. Esos demás que probablemente tampoco saben la respuesta a lo que están preguntando, pero que prefieren callarse y no saber, reírse del que pregunta, que es más fácil. Por eso, en un momento determinado de nuestra vida dejamos de preguntar, de hacerlo abiertamente, hacerlo a terceros. Los convencionalismos sociales nos pesan mucho más que la propia vida y todo el universo por descubrir


Esta semana he ido a ver una película al cine, a ver si me animo la próxima semana y os escribo un post sobre ella. La película se titula La reina Victoria y Abdul, quizá hayáis oído hablar de ella. No pasará a los anales como una película imprescindible, pero a mí me gustó. En ella, se narran los últimos años de la anciana Reina Victoria de Inglaterra, una mujer de marcado carácter y personalidad que, ya anciana, vivía presa del boato y el convencionalismo de todos los que la rodeaban. Sin embargo, un buen día, conoció a Abdul, un indio de clase baja que se convirtió primero en su lacayo y poco después en su maestro. Se hicieron muy amigos (según cuenta la película, basada en hechos reales -aunque probablemente exagerados), pero sobre todo, lo que queda de manifiesto en la película es la curiosidad de la reina. A pesar de su avanzada edad, la reina Victoria seguía haciéndose preguntas y de la mano de Abdul, con más de ochenta años, aprendió su idioma y un montón de cosas de La India, totalmente desconocidas para ella. 

Pues bien, no debemos olvidar nunca la plasticidad de nuestro cerebro, que siempre, absolutamente siempre, podemos seguir aprendiendo, seguir creciendo, seguir haciéndonos preguntas. 

Últimamente, estoy leyendo mucho sobre psicología y neuroplasticidad. De hecho, me acabo de embarcar en una nueva aventura al respecto, ya os lo contaré más adelante. Pero, resumiéndolo mucho: nuestro cerebro es una auténtica obra de arte. Hasta hace unos 15 años, la ciencia creía que el número de neuronas y conexiones de nuestro cerebro era fijo en edad adulta. Sin embargo, hoy la ciencia sabe que el cerebro es altamente maleable . ¿Eso qué significa? Que podemos cambiarlo, podemos generar nuevas conexiones, nuevas neuronas, desarrollar determinadas partes de nuestro cerebro. El crecimiento de neuronas, la neurogénesis, existe. 

Pensamiento, emoción y acción son detonantes de actividad neuronal, reorganizan el cerebro y esculpen las denominada experiencia psicosocial futura. No somos fruto de nuestra genética, sino también de nuestro comportamiento en el medio social, construimos nuestra propia neurobiología. Y todo esto deriva en que necesitamos seguir haciéndonos pregunta, necesitamos tener curiosidad, es bueno para nosotros mismos

Me resulta difícil hablar de todo esto sin utilizar terminología que quizá no se entienda bien. Pero vamos, la conclusión a la que quiero llegar es que podemos hacer crecer nuestro cerebro o determinadas partes cerebrales, podemos cambiar para ser mejores. Para ello, nuestra curiosidad y seguir haciéndonos preguntas y haciéndolas a otros es fundamental. 

Nunca pierdas tu curiosidad, nunca dejes de hacerte preguntas. 

EL RETO DEL DISFRAZ DE HALLOWEEN 2017

Se acerca Halloween, sí esa fecha en la que las madres hiperventilamos en búsqueda de un disfraz para nuestros retoños con el que salir del paso como sea. Pero, ay amigo, que estos retoños crecen y ya van teniendo su propia personalidad y sus propios gustos. Reconozco que cuando mi hija (de 5 años) me dijo que no quería ir de bruja la entendí perfectamente. No porque ir de bruja esté mal, sino porque la pobre ha ido de bruja los dos últimos años y el año anterior incluso fue de brujaraña (sí, existe, podéis verlo aquí). En conclusión, que a pesar de los diversos posts que yo he escrito en este blog sobre posibles disfraces de Halloween, al final llegaba la fecha (situada por cierto en medio de la nada) y terminaba tirando del recurso disfraz de bruja porque era lo más sencillo

Reconozco que lo pensé y mi idea inicial fue disfrazarla de vampiro. Vi cosas muy chulas por Internet (el Pinterest que todo lo sabe sobre todo) y que eran sencillas y resultonas. Básicamente consistía en tunear una camiseta o chaqueta con alas de murciélago, maquillar un poco añadiendo colmillos extra y andando. 

Sin embargo, se cruzó en mi camino un vestido de HM muy rebajadito y que me iba a sacar del apuro. Aprovecho este momento para compartir con vosotr@s que en H&M hay cosas muy chulas para Halloween que te permiten salir del paso. No tengo ningún tipo de acuerdo ni promoción con esta marca, pero la verdad es que tienen cosas chulas y a buen precio y puede ser un buen recurso para quitarnos el tema disfraz de Halloween pronto sin sufrir pesadillas. Yo aquí lo dejo, por si a alguien le sirve. En mi caso el vestido probablemente fuese de Halloween (o no, quién sabe), pero yo me lo encontré por casualidad en las rebajas de verano: un vestido negro con una cara de gata en lentejuelas sobre el pecho. Se me encendió la bombilla y vi que con unos accesorios extra, iba a ser una equipamiento fantástico para la fiesta del día más terrorífico del año. Sí, mi hija llevaría un disfraz de gato de niña en Halloween. Ella tan contenta, que este año no va de bruja, y yo también, porque me he quitado otro desvelo tonto de la lista. 

Más o menos, la idea viene siendo la de esta foto, aunque en este caso las imágenes son de Internet y el vestido es de C&A, pero he visto que vestidos gatunos hay varios en diversas tiendas. Cualquiera mono y que no se vaya de precio creo que estaría bien. Personalmente, tengo mis dudas de que se lo vuelva a poner porque un vestido negro y con el corte que tiene el que yo le compré en HM no sé si se presta a otras ocasiones que no sea una fiesta de disfraces. 



En cuanto a los accesorios, en este caso sí me lo voy a currar un poquito. Tampoco mucho, pero sí lo suficiente como para hacer unas orejas de gato do it yourself y un rabo de gatita. Creo que terminaré escribiendo un post con el disfraz en sí una vez que se lo ponga en la fiesta de Halloween, pero no quería dejar pasar la oportunidad de compartir la idea, por si a alguien le puede servir de inspiración. 

Para las orejas de gato he tirado de una manualidad facililta e ideal para hacer con niños. Simplemente con una diadema de color negro, la customizamos con unas orejas hechas de goma Eva. Hay más opciones, también las puedes hacer con otros materiales como el fieltro (aunque en ese caso hay que coser, creo que lo de cortar y pegar es más fácil), papel o lo que se os ocurra. No tiene mucha ciencia. En nuestro caso las orejas por fuera son de color negro y el color de dentro es rosa. Simplemente hay que cortar un cuadrado un poco más pequeño del color interior y pegarlo en la parte delantera. Vamos, que con un ratito con cola, tijeras y un poco de creatividad y paciencia, tenemos unas orejas estupendas. Teniendo en cuenta que la gatita que tiene el vestido de Henar es gris plata con lentejuelas, pensé en poner la parte de las orejas de color gris, pero al final me decanté por el rosa, ya que ése era el color de las orejas por dentro de esa gata. Disquisiciones aparte, que hacer una diadema de orejas de gato es muy fácil y además un plan con niños estupendo. 

En cuanto a la cola de gato, ¿qué tal reciclar unos viejos leotardos? También serviría perfectamente un calcetín de adulto largo. Como además de manualidades se trataba también de reciclar, cogí unos viejos leotardos de Henar de color negro con estrellitas en plata. Ya no los iba a usar porque le quedan pequeños y no están en buen estado como para que alguien los aproveche. Sin embargo, para hacer de cola de gato están genial. Simplemente hay que rellenarlos con un alambre para darle forma y dentro del leotardo puedes meter algodón, relleno de cojín, papel higiénico enrollado... lo que se te ocurra. 

Mi hija está contenta yendo de gatita y yo también, sobre todo porque he salido del paso y ¡¡¡¡el reto del disfraz de Halloween 2017 está conseguido!!!!! 

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El reto del disfraz de Halloween 2015

El reto del disfraz de Halloween 2016

MIS TRUCOS DE AHORRO 8: LA ROPA DE LOS PEQUES

Sí, hago esfuerzos por hacer un consumo responsable, no comprar de más, no acumular más de los que necesito, ahorrar... Y sin embargo, en el tema de la ropa para mi hija he de reconocer que se me va la mano. Compro de más, más cosas de las necesarias, algunas se usan un par de veces o incluso alguna vez se han quedado con la etiqueta puesta y todo. ¿Y por qué lo hago? Pues no os creáis, que es una reflexión en toda regla que he tenido que hacerme a mí misma e interiorizarlo.

Mis razones, a grosso modo, son las siguientes:


1. Quiero que mi hija vaya mona

Hasta aquí es normal, casi todas las madres queremos que nuestros hijos vayan bien vestidos, se sientan bien con lo que lleven, vayan cómodos, tengan ropa para cada ocasión... Y en el caso de tener una niña la oferta se multiplica. Creo que las niñas tienen, de media, más ropa que los niños.


2. La oferta de ropa de niña en el mercado es mayor 

Compramos más ropa de niña porque es súper sencillo. La oferta en el mercado es mayor, ya que las madres de niñas solemos comprar más cosas para ellas y encontramos una oferta amplia en el mercado a la hora de elegir los modelos de nuestras hijas. Nos gustan tantas cosas y hay tanta variedad que al final pecamos más de la cuenta.



3. Las niñas (como mujeres en potencia que son) desarrollan antes sus propios gustos 

También estoy convencida de este punto. Mi hija tiene 5 años y cada vez tiene más claro qué tipo de ropa quiere y qué le gusta. En el caso de los niños, hay un poco de todo, pero normalmente al niño, de media, le suele dar igual qué le pongas. Las niñas muy pronto empiezan a elegir sus colores favoritos, sus prendas favoritas, sus iconos preferidos... Si ya como madre compras de más, ellas ayudan a que sigas comprando o aumentes las compras


4. Comprar en rebajas te hace ahorrar dinero pero muchas veces compras más de lo que necesitas

Yo soy de las típicas madres que aprovechamos ofertas, compramos con antelación, aprovechamos las rebajas para pertrecharnos de ropa para el año siguiente... Todo eso está genial porque te ahorras un buen dinero (os lo aseguro), pero también tiene el riesgo de que no aciertes del todo con el volumen de ropa que necesitas. A veces, te faltan ciertas cosas que terminas comprando en temporada, pero en realidad cuando sacas toda la ropa te das cuenta de que tienes demasiadas camisetas o pantalones de una determinada talla. Al final, has comprado de más. 


5. La ropa de niños pequeños ocupa poco espacio

Dicho así, parecerá una tontería o una verdad de perogrullo, pero es una verdad absoluta diría yo. Una verdad que además hace que compres mucho, porque como ocupa poco espacio, en realidad no te parece que estés comprando tanto. Cuando los niños van creciendo, su ropa comienza a ocupar más espacio y te vas dando cuenta de ello, porque donde antes cabían cinco prendas, ahora caben la mitad o menos. Pero cuando son pequeños, compras y acumulas casi sin medida. 


Una vez que ya sabes cuál es tu realidad y por qué estás comprando de más, pongamos en práctica algunos trucos o consejos para comprar lo que de verdad necesitas, hacer un consumo mucho más responsable y ahorrar





Aquí van mis 10 trucos de ahorro con la ropa de los niños: 


1. Haz una lista de necesidades reales 

Éste debe de ser sin duda el primer paso y el primero que yo muchas veces incumplo. No te dejes llevar por estímulos externos y haz una lista real de cuánta ropa necesita de verdad tu hijo o tu hija. Hazte preguntas como ¿lleva uniforme en el cole?, ¿cuántos pantalones, jerseys, camisetas necesita de verdad?; En cuanto a la ropa de fin de semana, exactamente igual, ¿cuántos vestidos o abrigos va a ponerse de verdad?, ¿es posible que tenga diez modelos diferentes y que algunos de ellos se pongan un par de veces o se queden sin estrenar? Si haces una lista ajustada a la realidad, estarás comprando lo que realmente necesitas, haciendo un consumo responsable y además ahorrando. Lo demás es engañarse a uno mismo e incumplir todos estos propósitos. No pasa nada si luego necesitas algo que no hayas tenido en cuenta en la lista porque se te haya olvidado, se haya roto, lo necesite o simplemente te haga ilusión a ti comprarlo o a él o a ella tenerlo y ponérselo. Eso lo podrás comprar más adelante, regalárselo como algo especial o aprovechar incluso un regalo que quieran hacerle los abuelos o que le traigan los Reyes. Todo eso también es ahorro.

En este apartado, he decir que en mis necesidades reales, más allá del minimalismo existe un concepto clave: comodidad. Además, para mí, la comodidad ha de entenderse en un doble sentido: cómodo para ti y cómodo para ellos (cómodo para mí y cómodo para mi hija). ¿Qué significa eso? Pues que los niños deben ir cómodos y contentos con la ropa que llevan, pero tú debes de estar cómoda también: verlos bien, tener ropa suficiente para no entrar en el caos etc. Mi hija probablemente tenga más camisetas de las que necesita, pero eso a mí me hace posible poner la lavadora cuando se llena y no tener que andar limpiando la ropa a toda prisa porque se ha quedado sin camisetas. Aquí, cada uno pone en práctica sus propios trucos.


2. Practicidad al poder 

Decía antes que los niños deben ir cómodos pero nosotros debemos de ser prácticos. Para ello, comprar ropa ponible es fundamental. Lo de ponible es un término que utilizaba mi madre, cosas que de verdad se vayan a poner y les vayan a sacar partido. Para ello, puedes echar mano de trucos de toda la vida como comprar básicos, prendas que combinen entre sí, cosas que sepas que realmente les van a dar uso y por supuesto que sean prácticos y cómodos para ellos. En este punto, si quieres que se pongan algo y que les saques mucho partido, además de sentirse cómodos, seguro que si les gusta querrán ponérselo más veces, así que ser un poco flexibles y comprarles cosas que ellos quieran (con princesas, superhéroes o lo que quiera cada niño), permite acertar y sacarles rentabilidad.


3. No te dejes llevar por las ofertas 

Entono el mea culpa, hasta este año yo me dejaba llevar por las ofertas. Compraba muchas veces online en últimas rebajas y lo iba amontonando en un cajón. Cuando al año siguiente sacaba la ropa siempre tenía camisetas o pantalones de más y a veces incluso de tallas que se habían quedado pequeñas. Tener clara tu lista siempre está bien. Puedes comprar cosas extra o darte caprichos, pero al menos debes ser consciente de ello, no encontrarte con que has comprado de más por ahorrar dinero.

A este respecto, más allá del ¿de verdad lo necesita?, que está claro que es fundamental, también debemos enjuiciar la propia oferta. Puede ser que esté tirado de precio pero que no te guste del todo, que a tu hijo no le vaya a gustar, que probablemente se lo pongas dos veces o que sea de mala calidad. No todas las ofertas merecen de verdad la pena, piénsalo antes de comprar, y especialmente en el caso digital, que lo de darle a un botón es demasiado fácil y nos hace comprar por impulso.



4. Ojo con las tallas, no compres para dentro de demasiado tiempo 

Esto es otra de las cosas en las que yo picaba. De pronto encontraba algo en rebajas que me gustaba mucho y lo compraba, pero como no tenían la talla que utilizaba mi hija en ese momento o que iba a utilizar a la temporada siguiente, pues compraba algo mucho más grande, porque ya le llegaría la hora. Pues bien, craso error. Cuando llegaba la temporada, te olvidabas de que tenías en el armario aquella prenda y cuando te acordabas era demasiado tarde y le quedaba pequeña. O si te acordabas cuando le valía, tenía demasiada ropa y esa prenda estaba de más. Con los zapatos aún es peor, porque de repente les crece el pie dos números en un año y al siguiente uno solo, o al revés. Las posibilidades de que cuando quieras ir a ponérselos no le valgan se multiplican.



5. Haz un mix entre calidad y ropa de tralla 

Está muy bien tener ropa de calidad, pero en el caso de los niños muchas veces necesitas mucha ropa de tralla que te saque del apuro, especialmente si van al cole vestidos de calle, es decir, no llevan uniforme. Necesitarás muchos leggins, camisetas, pantalones de deporte etc. Cosas que muchas veces no llegan a quedarles pequeños, sino que se rompen antes. Y sí, no hay ropa, por mucha calidad que tenga, capaz de aguantar meses de parque, de tirarse por el suelo, de rebozarse en todo... Hay manchas que no salen, roturas que no tienen solución... Para eso, la ropa de tralla es lo mejor. Prendas baratas, monas y que según se vayan destrozando, las vamos cambiando por otras. C'est la vie, y en el caso de los niños mucho más.

Pero es cierto que hay ciertas prendas en las que merece la pena invertir en calidad. Para mí, el calzado es fundamental. Merece la pena que los niños utilicen buenos zapatos (cómodos y de calidad), tanto para el día a día como para los días especiales. También merece la pena invertir en buena ropa de abrigo, teniendo además un abrigo para el día a día y otro para los fines de semana y ocasiones más especiales. Y como mamá de niña que soy, me gusta que mi hija lleve cosas monas, vestidos chulos y algunas prendas especiales más allá de la ropa de tralla de los días normales.



6. Compra de un año para otro 

Comprar de un año para otro te permite ahorrar muchísimo dinero y además tener un porcentaje de error pequeño. Ya sabes que tu hija necesitará un nuevo abrigo el próximo año, mejor comprárselo ahora y ahorrarte un porcentaje del precio, o aprovechar para comprarle algo mejor ya que está rebajado. Cuando éramos pequeños, nuestras madres llevaban lo de la compra anticipada al extremo, porque al final terminábamos utilizando la ropa tres años: el primer año te quedaba enorme, el segundo te quedaba bien y el tercero pequeña. No me gusta exagerar, me gusta que mi hija lleve ropa adecuada a su talla y hacerlo con mayor antelación de un año vista es complicado.



7. Revisa tu armario y da segundas oportunidades

Muchas veces compramos por comprar y no le sacamos todo el partido que podríamos a lo que tenemos en el armario. En el caso de los niños más aún, ya que muchas prendas se les quedan pequeñas cuando están prácticamente nuevas. Sin embargo, hay segundas oportunidades que podemos darles; por ejemplo: un vestido corto, sirve perfectamente de camiseta al año siguiente con unos leggins debajo; los pantalones pirata son cada vez más una tendencia al alza, o podemos convertir unos pantalones largos en cortos con poco trabajo y un poquito de imaginación; las camisetas ya un poco más viejas sirven perfectamente como parte de arriba de pijama y así con un montón de cosas más. La verdad es que si buscas en Internet ves un montón de opciones para sacarle mayor provecho a la ropa y darle una segunda oportunidad para que les valga algunos meses más o una temporada entera más. Es importante dar una vuelta profunda a los armarios y cajones y rescatar ropa que a priori habíamos olvidado o desechado sin más.


8. Recicla y customiza 

Va un poco en la línea de lo anterior, hay veces que reciclando o costumizando puedes darle una segunda vida a o una prenda. Os conté en este post la pasada primavera cómo customicé unos pantalones para salvarlos y que pudieran durar un poquito más, ya que estaban perfectos pero tenían agujeros en las rodillas. Otra vez Internet será sin duda tu mejor aliado, porque hay mil ideas para customizar, reciclar y darle una nueva vida a tus prendas. Ahora, cada vez que voy a tirar una prenda ya inservible que no está en buen estado, veo qué puedo sacar de ella. Me quedo con todo lo reutilizable: cremalleras, botones, adornos... y el resto lo meto en una bolsa y lo llevo a reciclar al H&M. En el caso de los niños muchos de esos adornos que tiramos con las prendas sin más, nos permiten customizar y hacer cosas chulas.




9. Prendas que sirven para varias estaciones 

Esto es fundamental y muchas veces ni lo pensamos. Hay prendas a las que podemos sacar mucho más partido porque se pueden usar prácticamente en cualquier época del año. De hecho, es bueno tenerlo en cuenta en la planificación cuando compramos ropa de una determinada temporada. Por ejemplo, hay chaquetas que sirven para entretiempo, para el verano en el norte y para llevar en invierno encima de una camiseta y debajo de un abrigo. Busquemos ropa transversal, como yo la llamo; los niños crecen deprisa y cuantas más oportunidades tengamos de ponerles algo mucho mejor, porque estaremos sacándole partido a la prenda y además ahorrando al no comprar otras prendas más.



10. La segunda mano: compra, vende, intercambia 

Soy muy fan de la segunda mano y me alegra ver que poco a poco va calando en este país y ya no se la repudia como hace pocos años. En nuestra época era algo habitual heredar de familiares y amigos pero luego en este país creímos que nos habíamos hecho ricos y empezó a ser mal visto. Yo utilizo la segunda mano, compro y vendo muchas cosas a través de plataformas de internet, eso sí, compro y vendo cosas en buen estado. A mi hija Henar le he comprado dos o tres abrigos maravillosos, un vestido fantástico para ir a una boda, o zapatos nuevos que se habían quedado pequeños. Y lo mismo digo, he vendido de todo, ropa que casi no se ha puesto, con etiquetas, disfraces... Si además tienes amigas o conocidas que tienen niños, ¿por qué no intercambiar o donar cosas? Es bueno para todos.


Si lo pienso, al fin y al cabo se trata de aplicar la lógica y los principios de la Pirámide de Consumo Responsable. Os hablé de ella hace tiempo, la tenéis linkada aquí. Se trata de unos principios totalmente lógicos: pensar antes de comprar. Y para ello, plantearse los siguientes pasos: utiliza lo que tienes, toma prestado, intercambia, vende a través de segunda mano, hazlo tú mismo y si ninguna de las anteriores funciona: compra. 


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