ME LLAMO MIGUEL. ITACA SE HA ENAMORADO DE MI HISTORIA

Se cae a pedazos, esta casa se cae a pedazos

Así comienza su historia Miguel, con la mirada perdida atravesando la ventana de una de las salas más especiales de La Malhablada, en el corazón histórico de Salamanca, a escasos metros de la Ponti y la calle de la Compañía, probablemente la calle más bonita de esta ciudad única en el mundo. 

Miguel, catedrático de Universidad, ensimismado en las palabras, busca desesperado esa inspiración, esas musas que parece que le han abandonado, como en aquella canción de Serrat, esa misma canción que, precisamente, suena en la radio de la cocina, donde está su mujer, cacharreando.

Se inicia un diálogo intenso entre ambos que evocará toda una vida, desde la primera noche pasada en esa casa que compraron con toda la ilusión para formar un hogar y que hoy, se cae a pedazos. En esa habitación que hoy es el despacho de Miguel aunque quien construyó la casa seguro que lo imaginó como el comedor, al lado de la cocina, con todos los ruidos, pero a Miguel no le importa. Allí, sobre su mesa reposa su máquina de escribir, que sólo le faltaría ser una Hispano Olivetti con caries para ser ya absolutamente perfecto. La pared, de ladrillos vistos, guarda los secretos de toda una vida, los mensajes encerrados en pequeños rollitos de papel que Miguel le iba dejando a su mujer.

Me gustan las natillas pero sin galleta

Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. El tiempo pasó y ante nosotros emergen los restos del naufragio y la historia que hay detrás, la de verdad, la que casi nunca se cuenta. Y de fondo otra canción, o varias… Canciones que no son para la persona amada, o que son para personas que un día se cruzaron en nuestras vidas y que amamos un poquito sin querer. A veces resulta tan difícil recordar ciertas cosas del amor de nuestra vida, y sin embargo se cuelan retazos de pequeñas aves de paso que ni siquiera querríamos recordar. Las viejas canciones, Serrat…

Se cae a pedazos, esta casa se cae a pedazos

No podéis haceros una idea de lo que ha significado esta obra de microteatro en mi vida, apenas 15 minutos, toda una vida encerrada en ella. Sin querer desvelar más, estamos ante un gran drama y un texto único, inimaginable. Firmado por la grandísima Patricia Sánchez (de la que me enorgullece enormemente poder considerar una de mis mejores amigas), Me llamo Miguel te sacude por dentro, es tristísimo y bellísimo a partes iguales.

Conocí este proyecto hace algo más de dos años. Cuando Patricia lo escribió, específicamente para esta sala de La Malhablada, en Salamanca, se acordó de mí. Nunca le he preguntado exactamente por qué, quizá por Serrat probablemente. El caso es que me lo lanzó por email, algo que nunca hace con sus textos, y cuando lo recibí me enamoré de él. Desgraciadamente, sólo lo representaba en Salamanca y entonces, lo de escaparme un finde para verlo sonaba más a utopía que a cualquier otra cosa. Ella y Carlos San Jorge lo representaron dos años seguidos, durante el mes de enero, en esa sala de La Malhablada para la que había sido concebido, y yo seguía implorando que lo trajesen a Madrid. Este año, me han hecho el mejor regalo de cumpleaños posible. El pasado otoño, Patricia me preguntó qué quería que me regalase y yo le dije que nada, no quiero más trastos en mi vida. Pero su regalo, representando de nuevo Me llamo Miguel sólo para que pudiese ir por fin a verlo, ha sido el mejor regalo de todos.


Este fin de semana he pasado unos días inolvidables en Salamanca, rodeada de grandes amigos, en una ciudad a la que llevo ligada muchos años (o muchos siglos diría yo). He disfrutado, mucho más aún de lo que me hubiese planteado, esta obra única que es Me llamo Miguel.

Y ahora, hablemos de Miguel, o de Carlos San Jorge, quien encarna este personaje de una manera única. El texto de Patricia te eriza la piel, pero la interpretación de Carlos te deja sin palabras. Tres veces vi esta obra de microteatro el pasado sábado. La primera, con todos los sentidos; la segunda fijándome en los detalles; la tercera meciéndome en los sonidos; intentando atrapar el tiempo que se nos escapa entre los dedos, los agujeros de la memoria, las lágrimas de Miguel. Patricia está estupenda como mujer de Miguel, dándole la réplica, pero Carlos… Carlos está absolutamente divino en este papel. Es imposible no amar a Miguel, no querer levantarte y abrazarlo, a pesar de sus errores o sus faltas. Carlos es además uno de mis grandes amigos, tengo la suerte de tener a estas dos personas y dos grandes actores dentro del círculo de amigos de verdad, pero creo que a partir de ahora Carlos ha dejado de ser sólo Carlos y para mí siempre tendrá un pedacito de Miguel. Hay papeles que te marcan, personajes que se quedan debajo de la piel,  yo creo que Miguel es uno de ellos.

No puedo estar más agradecida por este gran regalo, por esa tarde inolvidable, además en mi Salamanca añorada. Esta obra es tan grande que se merece ser mayor. Patricia insiste en que es una píldora de quince minutos que si alargásemos a cuarenta y cinco perdería su esencia, yo estoy segura de que no. Es una de esas historias devastadoras que te impactan y se quedan a vivir en lo más profundo de tu corazón y tu memoria. Ojalá me haga caso y deje que Miguel salga del comedor de La Malhablada y evoque su vida de un modo más extenso. La Hispano Olivetti con caries se la pongo yo, es lo único que le falta a Miguel.

Gracias Patricia y Carlos, mis queridos amigos, sois maravillosos.

Se cae a pedazos, esta casa se cae a pedazos 

JUICIO A UNA ZORRA EN EL TEATRO KAMIKAZE

La semana pasada tuve la oportunidad y el placer de acudir al Teatro Kamikaze, la iniciativa privada impulsada entre otros por Miguel del Arco e Israel Elejalde y que ha recuperado la sede del Teatro Pavón para ofrecernos teatro de alta calidad. Todo lo que sale de Kamikaze Producciones sin duda lo es y ahora la compañía tiene su propia sede en Madrid. Es cierto que el precio de las entradas es alto y que eso te hace pensar sobre si ir o no a ver sus montajes, pero también lo es que siempre son de alta calidad y que casi siempre te dejan alucinado, por lo que bien merece la pena apoyar este proyecto, que no tiene subvenciones, y disfrutar del teatro con mayúsculas. Los propios promotores del teatro os recibirán y explicarán brevemente el proyecto antes de cada representación.

En una gélida tarde de invierno pocos planes se me ocurren mejor que ver al torrente dramático de Carmen Machi en el que para mí es uno de sus mejores papeles sobre las tablas: Helena de Troya. Creo sin dudar que esta actriz es una de las mejores actrices que tenemos en nuestro país y que muchos, que nunca le han dado la oportunidad de verla sobre las tablas, la etiquetarán en su papel televisivo más reconocible, que a mi juicio le dio popularidad pero le ha hecho mucho daño. Porque Carmen Machi es mucho más que una Juani de tres al cuarto, es un torrente de energía sobre el escenario teatral y su Helena de Troya en  Juicio a una zorra pasará a la historia como uno de sus mejores papeles sobre el escenario.  

No se trata precisamente de una novedad teatral, de hecho yo la vi en este obra, a las órdenes de Miguel del Arco, en la sala grande del Teatro de la Abadía hace ya unas cuantas temporadas. Entonces, sencillamente me cautivó, y ahora, no pude resistir volver a verla. El texto es del propio Miguel del Arco, y nos muestra la historia reescrita. De hecho, en más de una ocasión a lo largo de la obra, la propia Carmen Machi en la piel de Helena de Troya se quejará sobre quién escribe la historia, ya que frecuentemente la historia ha sido contada por hombres, que han anulado el papel de la mujer y que han convertido a tantas mujeres en una suerte de prostitutas, rameras, zorras, causantes de los más grandes desastres. Me viene a la memoria María Magdalena o la propia Helena de Troya.

Helena de Troya, Helena de Esparta, Helena la argiva… o Helena la zorra. Helena, la mujer más hermosa del mundo, por cuya culpa se desencadenó la mítica Guerra de Troya, o eso al menos es lo que nos han contado.

Yo sólo tomé una decisión, posiblemente la única que tomé en mi vida. La de amar a un hombre por encima de todas las cosas. Los hechos que le siguieron fueron decisiones de hombres poderosos obsesionados con la posteridad y la riqueza.

Carmen Machi, en un monólogo estremecedor de algo más de una hora de duración, ante una mesa ceremonial llena de botellas de vino, toma el pulso de la historia y se atreve a dar la versión real de Helena de Troya, la que la historia escrita por hombres nunca contó. Se somete al juicio del público con una interpretación irónica y mordaz, que encierra a una mujer cuyo único pecado fue amar y elegir, algo vedado a las mujeres. Hija de Zeus se encara con su padre y reivindica su verdadera historia, atravesando el recuerdo y el dolor en un escenario en el que Helena sigue envejeciendo, perdida está la belleza que la hizo mítica, y ahora es una mujer derrotada, dolida, que lo ha perdido todo… menos su dignidad.


El texto es grandioso, la dirección de Miguel del Arco espectacular, pero para Carmen Machi, sencillamente no hay palabras suficientes. La verdadera historia de Helena de Troya te dejará sin respiración, estarás más de una hora viendo a esa mujer sobre el escenario, que es capaz de captar la atención del preguntarte sobre tantas cuestiones. Sencillamente espectacular, una obra que merece ser vista y vuelta a ver. Apasionante.


No os la perdáis. Ni a la Machi ni a Miguel del Arco ni a esta Helena de Troya en la que todas las mujeres deberíamos reflejarnos al menos un poco, con sus luces y sus sombras

VIERNES VITALES 53: SOBREVIVIR

Cuando empieza un año, parece que todos tiramos de imaginario colectivo, agenda en mano y memoria y nos ponemos a rememorar el año pasado y a soñar sobre el año nuevo. Sí, en esos sueños nos ponemos metas, retos, o listados interminables de objetivos. Algunos de ellos los conseguimos con mejor o peor fortuna, otros, la mayoría, no tanto. Es fácil hacer un listado de propósitos en los que incluir cosas tales como hacer más deporte, comer mejor, dormir mejor, pasar más tiempo con los amigos, descansar más, cuidarnos más, ahorrar, estudiar, ser más reflexivo, ser más ordenado… Pero las listas a menudo se estrangulan a sí mismas y tener una gran lista no hace el objetivo más sencillo, sino todo lo contrario, se diluye en un mar de propósitos en los que algunos salen a flote y los conseguimos y otros muchos se hunden.

Creo que deberíamos echar mano del poder de lo simple. Pocos objetivos, razonables, que dependan en gran medida de nosotros. Con esas tres características, creo que tenemos muchas más posibilidades también razonables de conseguirlos o al menos de acercarnos.


Cuando dibujé mi 2017 le puse tres objetivos. Uno de ellos es bastante personal y prefiero mantenerlo para mí y la agenda que duerme en mi mesita. Otro de ellos habla de un proyecto del que probablemente termine hablando antes o después por estos lares. Esos dos objetivos eran concisos, dependían de mí en gran medida y, aunque ambos exigen un esfuerzo, son razonables, por lo que es posible que si le pongo empeño y las cosas salen como espero, salgan adelante. Pero el primer objetivo de todos, el que engloba a todo lo demás y del que hoy quiero hablaros es uno amplio y simple: sobrevivir.

Sí, sobrevivir, que parece una obviedad, pero quizá no sea tanto. Hay que sobrevivir a la enfermedad, a la estructura financiera, al estrés, al mundo… Sobrevivir conlleva también aceptar muchas cosas que no nos gustan, cambios que a menudo se producen en nuestras vidas sin pedirnos permiso, y que también frecuentemente nos pasan una factura emocional dura. Mi mundo vive así, se mantiene de ese modo, a veces como buenamente puede. Soy totalmente consciente de la fortaleza que tengo y del músculo que intento sacarle cada año, aunque como todo hijo de vecino tengo mis momentos muy plof, pero también la fuerza suficiente para levantarme y seguir. Eso es precisamente sobrevivir. Ni más ni menos.


Espero poder cerrar el 2017 (aunque que c
onste que no tengo ninguna gana ni necesidad de que pase rápido, todo lo contrario) diciendo que he logrado sobrevivir. Eso sería un gran éxito, un reto conseguido. Mi principal objetivo del año. Probablemente hayas pensado que menuda gilipollez, pero piénsalo, ¿estás seguro de que lo es?

INTENTANDO RECUPERAR MI PASIÓN LECTORA: DISPARA, YO YA ESTOY MUERTO

Propósito de año nuevo repetido de años anteriores: leer. Ya no digo leer más, leer mejor, leer temáticas diferentes, sino leer. He decidido primar el sentido del propósito en sí frente a florituras. Y en la denostada sección de este blog Intentando recuperar mi pasión lectora hoy le toca el turno, ¡por fin! a una reseña bibliográfica. En mi defensa, aunque nadie me lo ha pedido y no creo que sirva de mucho, diré que hay libros que no reseño por aquí pero que sí leo. Aún así, mucho me temo que siguen siendo muchos menos de los que me gustaría. En cualquier caso, la semana pasada leí un libro que me gustó y que quiero compartir con vosotros en esta pequeña ventanita al mundo.

Dispara, yo ya estoy muerto, un título cuanto menos sugerente y que anima a adentrarte en la historia que encierran las páginas de este libro. Se trata de una novela de la escritora Julia Navarro, a la que me une una relación de filias y fobias, me temo. Hace bastantes años, leí su primera novela, La hermandad de la sábana santa, de la que tengo un gran recuerdo. Sin embargo, luego probé con otras dos: La sangre de los inocentes primero y mucho más tarde Dime quién soy, con bastantes claroscuros. Tengo la sensación de que esta mujer, sin duda una buena escritora, es de las que piensan que los libros se venden al peso. Con eso, quiero decir que al menos sus novelas más recientes superan con creces las 800 páginas. Esto, en sí mismo, no creo que esté ni bien ni mal, siempre y cuando la historia dé para llenar todas esas páginas. Sin embargo, la sensación que me producen todas las novelas suyas que he leído, a excepción de la primera, es que la historia es buena, pero sería mucho mejor con doscientas o trescientas páginas menos. Como leo en Kindle, a mí me da igual que el libro tenga 100 páginas o 1.000, “pesa” lo mismo. Pero cuando a mitad del libro me dan ganas de cerrarlo y dedicarme a otro, algo no bueno está ocurriendo.

Esta sensación exacta se repite en cada uno de los libros de Julia Navarro que han caído en mis manos, y en el caso de Dispara, yo ya estoy muerto, ha vuelto a suceder. Empiezo diciendo que la historia es fantástica, que es un libro que bien merece ser leído y que en muchos momentos será muy capaz de captar tu atención y generarte sed de lectura, de seguir adelante y descubrir la historia familiar, de entender. Con el conflicto entre israelíes y palestinos como telón de fondo, asistiremos al paso de la historia, la de varias generaciones de judíos y de musulmanes, familias que fueron amigos y compartieron la vida y la tierra y cuya amistad se rompió por política. El final del libro es fabuloso, tiene un buen nudo, un buen planteamiento, un excelente desenlace… Pero lo mismo de siempre, sobre la mitad del libro le sobran fácilmente doscientas páginas. La autora divaga en cosas que, bajo mi punto de vista, no van a ningún lado. Y lo que es peor, te hacen mirar todo lo que te queda por delante y plantearte si merece la pena seguir. En esas una compañera me dijo que este libro le había encantado y que lo consideraba el mejor de la autora. Teniendo en cuenta que confío en su criterio, creí que merecía la pena seguir con él y me alegro de haberlo hecho, porque a pesar de ese “parón” a la mitad, el libro luego mejora muchísimo. Pero quizá Julia Navarro debería plantearse escribir menos al peso y reducir la cantidad de páginas que incluye en cada libro, ya que sus historias merecen la pena y en mi humilde opinión las alarga artificial e innecesariamente.

Y ahora, al lío, ¿qué narra la historia de Dispara, yo ya estoy muerto?
«Hay momentos en la vida en la que la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando. Aquella frase de Mohamed Ziad la había atormentado desde el mismo instante en que la había escuchado de labios de su hijo Wadi Ziad.»

Aunque Ezequiel Zucker nos habla desde el presente, la historia familiar arranca desde finales del siglo XIX y termina a mediados del XX. Ismael Zucker, el abuelo de Ezequiel, era un comerciante ruso de pieles que tras regresar de París se encuentra con que toda su familia, a excepción de su hijo Samuel, que le acompañó en aquel viaje, ha sido asesinada en un progromo contra los judíos en la etapa pre-final de la Rusia de los zares. Su hijo Samuel crecerá y luchará en la clandestinidad contra el zarismo, pero las cosas se pondrán difíciles y terminará huyendo a Palestina, la tierra de sus antepasados. Allí, comparará unas tierras que las bautizará con el nombre de la Huerta de la Esperanza, donde convivirán con muchos otros judíos que han huido de Europa y con la familia Ziad, una familia musulmana con la que establecerán una estrecha relación personal de amistad y familiar, hasta que el paso de las décadas y los enfrentamientos entre judíos y árabes que daría origen a la formación del nuevo estado de Israel les separará.

La guerra entre religiones es el telón de fondo de esta historia. Esa guerra entre judíos y palestinos por un pedazo de tierra que ambos se creen con derecho a poseer y del que expulsar a los otros. Sin embargo, la historia de Dispara, yo ya estoy muerto profundiza en las personas, en la amistad que unió a dos familias durante generaciones. La familia Zucker y otros judíos procedentes de Rusia trajeron ideas socialistas antes de la Revolución. Samuel lo dio todo por salvar a los miles de judíos que huían de Europa y de Alemania durante la II Guerra Mundial. Pero el enfrentamiento entre árabes y judíos se tornó inevitable, y aún sigue cruentamente vigente. Esta novela, que pretende contar la historia de una manera bastante imparcial, sin situarse en ninguno de los dos bandos, ni con unos ni con otros, pretende explicar los orígenes del conflicto, las generaciones que vivieron unidas, las amistades de familias que se rompieron por un tema político.

Ezequiel le cuenta la historia a Marián, una trabajadora de una ONG que está realizando un estudio sobre los asentamientos judíos en Palestina y que a su vez ha recogido la historia por parte de los Ziad. Los Ziad formaron parte de la Huerta de la Alegría y convivieron fraternalmente durante generaciones con los habitantes de la huerta, pero cuando se produjo la separación entre Israel (con la creación del nuevo estado) y Palestina, las diferencias irreconciliables hicieron que las familias se separasen para siempre.


No voy a profundizar más, hay decenas de personajes habitando esta historia, que nos enseñarán mucho sobre un conflicto que, al menos para mí y más allá de las noticias, era un gran desconocido. Una novela muy acertada y que bien merece la pena su lectura, a pesar de su excesiva extensión, como dije al principio. Una gran historia con la que comenzar este 2017, que espero que para mí sea mucho más lector que sus predecesores.

VIERNES VITALES 52: CELEBRA LAS COSAS QUE SALEN BIEN

Una de las cosas que no hacemos, o que quizá nadie nos ha enseñado a hacer en nuestra vida, es celebrar las cosas que nos salen bien. Podemos llamarlos éxitos, alegrías de la vida... como queráis. Pero el caso es que en muchas ocasiones algo sale bien, no tiene por qué ser fruto de la casualidad, o quizá a veces la suerte sí está de nuestro lado. La mayoría de las veces en cambio hay un trabajo o un esfuerzo detrás. Sea como fuere, hemos recibido una alegría y en lugar de dejar que nos llene el corazón, gritarla a los cuatro vientos, celebrarla y así expandirla, disfrutarla más, dejamos que pase sin pena ni gloria. Pasa el momento y seguimos inmersos en la rutina de nuestras vidas, en la lista de pendientes, en las cosas que no salen bien, en las piedras en el camino... ¿y qué ha sido de lo bonito, de lo bueno, de eso que merece la pena celebrarse? Como mucho, apuntamos mentalmente que ha salido bien y a otra cosa, mariposa, sin darle el valor que se merece y sin disfrutarlo verdaderamente. 

Mi 2017 no tiene muchos retos, lo reconozco, y la mayoría de los pequeños mini-retos que tiene consisten en cosas no demasiado difíciles de conseguir si me lo propongo. Una de esas cosas es precisamente celebrar más, darme el gusto de paladear las cosas buenas, ser consciente del camino recorrido hasta ellas y dar gracias a la vida por ponerlas en mi camino, por conseguir que saliesen bien.

Ayer tuve un hito en el camino de este tipo. En este caso laboral, un proyecto que me ha llevado varios años y que en los últimos meses se ha materializado. Ayer era el día en el que celebrábamos el acto de entrega. No me voy a extender más ni a dar más detalles, pero lo cierto es que salió francamente bien, mucho mejor de lo que yo pensaba que iba a salir. La gente disfrutó muchísimo, fue algo sencillo y emocionante. Tuve la suerte de poder compartirlo con gente a la que quiero y que me quiere e incluso personas con las que no tengo mucha relación se acercaron a darme las gracias por haberlo hecho posible. Por detrás llevó semanas de trabajo no siempre bonito, bastante e intenso y a veces agotador. Pero viendo el resultado... mereció tanto la pena. 


Estoy infinitamente agradecida a la vida por las oportunidades y las personas tan magníficas
que pone en mi camino. Si estás dispuesto a recorrerlo con los brazos abiertos, te darás cuenta de que las oportunidades se van presentando a cada paso. A veces, un árbol no nos permite ver el bosque, pero está ahí. La piedra en el camino que nos quita la alegría nos predispone a creer que el camino será malo, pero no lo va a ser, va a tener nuevos senderos, nuevos caminos, e incluso las cosas malas con el paso del tiempo se convierten en cosas buenas e inesperadas. Y sin piedras, sin sufrimiento, creo que no seríamos capaces de reconocer la magia y el agradecimiento de lo bueno.

Ya sé que este post es muy filosófico, está escrito del tirón y desde el corazón. Pero necesitaba compartirlo en esta pequeña ventanita al mundo. Sé que 2017 será un año intenso, nos tendrá deparadas muchas cosas en el camino, no todas buenas, pero podremos aprender y seguir adelante. Y cuando te pase algo bueno, párate, celébrarlo y disfrútalo. Te lo mereces

LA MAGIA DE LA MAÑANA DE REYES

Si no somos capaces de emocionarnos en la mañana de Reyes teniendo en casa niños, o estamos muertos por dentro o como poco merecemos estarlo. La noche de Reyes, la magia, los nervios... y la emocionante mañana siguiente es uno de los días más mágicos del año y de toda la vida diría yo.  

Personalmente,  hacía muchos años que había dejado de amar la Navidad pero con una niña de cuatro años he vuelto a estar absolutamente enamorada de estas fechas y de un modo especial de la magia de los Reyes Magos. He recuperado esa pasión navideña ya hace años, desde que nació mi hija, pero este año ha sido especial, mejor que nunca. No recordaba estos momentos tan intensos y llenos de sueños desde mi infancia y poder vivir de nuevo, con intensidad, la Navidad es para mí un gran regalo de la vida, por el que me siento absolutamente agradecida. 

Ayer, fuimos un poco a contracorriente y acertamos.  El día 5 es el día de la cabalgata,  pero la cabalgata en Madrid,  reconozcámoslo,  es un poco agobiante. Sin embargo, como Henar a sus casi 5 años está on fire  en cuanto a magia navideña e ilusión por los Reyes Magos, no quería que pasase estos días sin verlos. Es cierto que en Oviedo habíamos estando visitando al príncipe Aliatar,  mensajero de los Reyes (y que sólo aparece por Asturias, por lo que es muy normal que nunca hayas oído hablar de él ), pero no es lo mismo. Ir a la cabalgata es un clásico para ver los Reyes, pero mientras que las cabalgatas pequeñas me parecen mágicas,  la de Madrid es demasiado grande y masificada para mi gusto. Buscando opciones me encontré con la información de que sus Majestades los Reyes Magos de Oriente estarían en el Parque de Atracciones para recibir a todos los niños que quisieran acercarse a verlos y contarles sus deseos. Menudo acierto, ya que el Parque estaba prácticamente desierto (yo nunca lo había visto tan vacío y mira que  on el pase anual solemos ir cuando hay poca gente) y los Reyes recibían a los niños con cariño,  no había colas y se tiraban un buen rato con cada niño. Henar estuvo encantada contándole a su querido Rey Gaspar lo que había pedido, y con esta foto os podéis hacer una idea de la magia de ese momento. La cabalgata la vimos un rato, más bien cortito, por la tele, y tan a gusto, que ver y hablar con tu Rey Mago preferido de tú a tú, es mucho más mágico. 


Y visto todo lo que ha aparecido debajo del árbol de Navidad esta mañana, parece que Henar tiene enchufe con su querido Gaspar, porque los Reyes se han portado estupendamente con todos nosotros. La carta a los Reyes Magos de mi hija contenía tres deseos. Ninguno de ellos aparecieron en el árbol cuando vino Papá Noel, creo que hay que mantener la especial magia de los Reyes Magos y además viene muy bien que los niños esperen por sus regalos, de ese modo aprenden que las cosas tardan en llegar. Es cierto que este año los Reyes han sido blandos y han accedido a la tres peticiones de la pequeña de la casa. Dejaremos para el año que viene la lección de que no siempre llega todo lo que pides, o que no siempre en la vida se consigue lo que quieres. Henar ha tenido sus tres regalos  (todo de la Bella y la Bestia, que desde que en Disneyland París le dije que era mi princesa favorita, ha decidido imitarme y convertirla, por el momento, también en la suya), pero además Gaspar ha decidido traerle todos los muñecos de la película en lugar de sólo la muñeca, como ella había pedido. Es curiosa la lógica de los niños, porque desde que lo vio estaba segura de que ése había sido el regalo de Gaspar, su rey favorito y por tanto el que le había hecho el mejor regalo. 


Y no sólo eso, sino que sus Majestades se han portado fenomenal con toda la familia. Desde luego, conmigo han acertado de pleno, con dos cosas que me hacían mucha ilusión y que además son muy prácticas y le daré buen uso.  Últimamente estoy muy saturada de cosas, por lo que agradezco no recibir regalos físicos. La excepción es que me haga verdadera ilusión o que me resulte útil.  Y estos dos regalos hn cumplido los dos requerimientos, son muy útiles  (mi modelo favorito de gafas, éstas son las terceras que tengo, y mi agenda favorita) y además me encantan porque como acabo de decir son mis favoritos.  Gracias Reyes Magos, especialmente a Melchor. A papá y Athejos, también le han traído dos regalos a cada uno, con los que también han acertado de pleno.  



Resumiendo, que hemos pasado unas vacaciones de Navidad estupendas, con mucha ilusión,  en familia y que tienen como broche la magia de los Reyes Magos. La ilusión de mi hija, que nos transmite a todos y con la que recuperamos la pasión por la Navidad, los nervios, la magia... es lo más parecido a la felicidad. Recordemos que la felicidad no se persigue, se crea y se identifica en los pequeños momentos. Sonríe a la vida, disfruta de estos pequeños momentos, crea tus sueños y vívelos con toda la intensidad . No nos olvidemos tampoco de ser agradecidos, dar gracias a la vida por todas las cosas buenas que pone en nuestro camino cada día.  

¡¡¡¡Feliz día de Reyes!!!!